Colección- Destinos Fracasados

Extension largaColección
FranquiciaMystery Dungeon
GéneroAcciónComedia
Resumen

Cinco fracasados forman un equipo explorador bajo sus propias reglas, pero todos sabemos que las cosas no son tan faciles

#1
Buenas.

Esta no es una historia cualquiera sino una novelización de un rol vía discord que compartimos @Fafnir, @Ri0luuu!, @Gigavehl , @"Deskhore"  y yo. Desde ahora debemos avisar que esta serie de historias va incluir temas fuertes y chistes que pueden ser desagradables para alguien sensible, se recomienda discreción.

La historia de hoy es protagonizada por:
Sebastian Labelle por @DoctorSpring 
Cristina Vera por @Ri0luuu! 
Diesgo por @"Deskhore" 
Laren Wilgerton por @Gigavehl 

El Smeargle Lunatico

Un día tranquilo sucedía en el café spinda, o al menos lo que podía considerarse tranquilo en un lugar como este, donde un conejo raro te sirve bebidas con un bailecito y de vez en cuando un pokémon extraño te regalaba un huevo en un intento de coqueteo raro que no funcionaba del todo bien. En aquel momento, tres pokémon estaban alrededor de una mesa redonda.

El motivo de la reunión no es importante, digamos que coincidieron en un mismo lugar y en el mismo instante.

Una especie de perro hada extraño con ojeras en los ojos y un gorro a lo Sherlock, un zorro negro con pelo rojo y una joven chacal rara estaban hablando de cosas insignificantes hasta que el primero de ellos, decidió interrumpir la monotonía de la conversación.

—¿Alguien más escuchó el rumor del smeargle violador? —dijo Sebastian Labelle sin venir a cuento.

—No, ¿Cómo llegó a tus afeminados oídos? —preguntó el zorua.

—Bueno, estaba caminado por aldea, viendo a las doncellas y buscando una musa para mi nuevo poema, cuando en la fila
de la tienda Kecleon, escuché a unas doñas hablar.

La riolu miró al sylveon con desconfianza, pero Sebastian no lo notó.

—Dicen que antes de atacar, marca a sus victimas con una pintura verde fosforescente y después de dos semanas, ataca a su presa como braviary en celo.

—Vaya. Deberían cuidarse ustedes dos. No fuera a darse el caso…

 La tipo lucha cruzó los brazos mientras que el hada ignoró el comentario.

—Nadie está a salvo —remarcó Sebastian.

—Sería bueno atraparlo —continuo Diesgo—. Seguramente hay una recompensa por su cabeza.

Cristina, que hasta ese momento estaba a una distancia saludable de la conversación, levantó las orejas.

—¿Recompensa?

—Sí, hay una recompensa por él. Eso creo…

—Las doñas dan una recompensa bastante grande por capturar a ese enfermo —afirmó Labelle.

—Podemos atraparlo.

—Dicen que después de cometer sus crimines, se mete a una oscura y húmeda cueva.

Cris inclinó la cabeza.

—No perdemos nada por investigar.

—Pues sería buena idea —siguió Diesgo—. Tú y Cristina pueden ir de carnada. Son lo suficientemente afeminadas como para atraerlo.

—¡Cállate! —exclamó la riolu temblando.

—No creo que le interesen las planas —remarcó Sebastian—, pero yo que voy a saber.

—¿Y qué propones tú? —dijo el zorua algo irritado.

—Deberíamos ir a comprar unas esferas a la tienda kecleon y ponérselas en el pecho. A lo mejor cuela.

Cristina infló sus mejillas. Diesgo negó con la cabeza. 

—Es demasiado plana para atraerlo.

—¿Pueden dejar de pensar en que no tengo pechos? —musitó la riolu.

—Es un hecho de que no los tienes y nunca los tendrás. Tampoco creo que una hembra quiera participar en esto.

—Tal vez si le pagamos lo suficiente… —sugirió Sebastian.

—Terminaríamos dándole toda la recompensa.

—Tienes razón. Las hembras son unas expertas en quitarte todo el dinero.

Cristina gruñó exasperada, luego se estampó contra la mesa, mientras susurraba.

—¿Si pensamos otra forma de atrapar a ese bicho?

—Eres tan ingenua… —dijo el zorua con una leve sonrisa—. No va a caer si no hay una hembra linda de por medio.

—¿Y si mejor le damos unas patadas por culo? —sugirió Cris.

—Yo opino lo mismo que la niña. A veces la mejor solución es la más sencilla.

La tipo lucha suspiró.

—Si quieren hay que hacerlo —dijo Diesgo—. Pero hay muchas otras opciones.

—Sí, pero tienen que ver con la forma de una mujer….

—Seguro hay una hembra perdida en la cueva y así tenemos doble recompensa —susurró Sebastian envuelto en fantasías.

Cris se alejó un poco del sylveon, solo por si acaso. De repente, una idea llegó a la mente del zorro, dándose cuenta del donphan en la habitación.

—¿Tú no podías transformarte en cosas? —dijo iluminado dirigiéndose a Diesgo—. Nosotros vamos por detrás con un bote
de gas pimienta y cuando vaya a querer tocar esos pechos imaginarios, lo dejamos ciego de por vida.

—¡No es mala idea! —exclamó Cristina entusiasmada por probar un bote de gas pimienta.

—¿Qué te parece una lopunny? —sugirió Sebastian comenzando a ponerse a tono—. Son tan lindas y tan codiciadas que sus padres les obligan a llevar gruesos abrigos encima para no terminar manteniendo a sus nietos.

—Se daría cuenta. Por estos rumbos no hay —dijo Diesgo.

—Cuando ves esas caderas y esas piernas, se te olvida el sentido común —defendió el sylveon.

—¿Qué tal una lucario? —dijo el zorua imperturbable—. O bueno, también están las braixen.

Sebastian se enderezó, en más de un sentido. Cristina se alejó un poco más.

—Uff, esas piernas dejan pendejo a cualquiera.

—Bueno, vuelvo rápido, voy fuera —dijo el tipo siniestro largándose de la cafetería.

Diesgo salió por la puerta, dejando solos a los otros dos pokémon. Sebastian no tardó en notar que la silla de la riolu no estaba a la distancia correcta de la suya.

—¿Quieres tomar algo, niña? ¿Qué tal una malteada de fresa? A mi me encantaban cuando era un eevee. Mi madre siempre me la compraba los fines de semana.

—¡Sí, dale!    

Usando sus encantadoras cintas, llamó al mesero, pidiéndole otra cerveza para él y la malteada para la niña. Mientras tanto, el transformado pokémon volvió a entrar al local.

Era una linda braixen, pero no cualquier braixen, sino que tenía un  aspecto como si todos los variables que surgen al parir a
un hijo (gentes, posición sexual, atención médica adecuada durante el embarazo) hubieran salido perfectos a un nivel impresionante. Su pelaje amarillo era más amarillo que cualquier amarillo y ni hablar de esas delgadas y largas piernas.

Sebastian tembló mientras el mesero servía las bebidas. A pesar de la costumbre del empleado a hacer bailes eróticos durante la preparación de los mejunjes, el servicio era bastante eficiente.

—¿Quién es esa mamacita que anda entrando? Se parece a ti, pero con más pecho…

Cristina miró a la pokémon que entraba.

—Ñeñeñeñe, cállate…

—¿Y bueno? —preguntó la zorra sentándose en el sitio de Diesgo.

Las neuronas finalmente le ganaron el pulso a las hormonas, aun demasiado activas pese a que Sebastian ya andaba por los veinte.

—Ah, eres tú, Diesgo…Supongo que te ves bien, hasta hueles como una hembra ¿Eso es parte de la ilusión?

—Sí, inclusive puedo fingir la voz de una hembra.

—¿Cómo es que sabes el olor de una hembra en pleno periodo fértil? —preguntó el sylveon secándose la baba.

Durante esta escena, la riolu olisqueaba la malteada de fresa, hasta que agarró suficiente confianza para bebérsela.

—Al ser criado por peligrosas hembras, aprendes mucho. Lo malo es la marca en el glúteo, aunque me transforme sigue estando ahí.

Acto seguido, el joven les mostró dicha marca a los dos pokémon. Una especie de esfera con un botón en el centro.

—Ahhh…. —tembló Sebastian antes de que un capón de Cristina lo devolviera a la realidad—. Recuerda Sebastian, es
Diesgo…

—Mis cuidadoras lo hicieron para poder identificar cuando estoy haciendo la transformación —siguió Diesgo tratando de ignorar la emoción de su compañero.

—¿No tienes otra marca en la entrepierna de casualidad?

Cristina le metió una tremenda cachetada al sylveon, aunque un cubetazo de agua hubiera sido más eficaz y menos doloroso.

—¡Concéntrate!

—Si quieres puedes mirar, pero te llevaras una sorpresa —susurró la supuesta braixen con una sonrisa torcida.
Cris soltó una risita.

—No estoy tan desesperado todavía…

Unos momentos después, los tres pokémon ya estaban afuera y dirigieron sus pasos a la cueva oscura y húmeda.

La cueva oscura y húmeda, como su nombre lo dice, es una cueva con mucha oscuridad y humedad, tanto que los pokémon que vivían en ellas se veían afectados por semejante eufemismo. No sería diferente en el caso del pobre Tom, que nuestros amigos conocían como el smeargle violador, aunque fuese una criatura normal como cualquier otra. Después de no poder pagar el alquiler, el pobre mono pintor y su madre tuvieron que quedarse en ese lugar. No tardó mucho para que los dos perdieran la cordura y la madre de Tom muriera de una esas enfermedades raras. 

En fin, como íbamos diciendo, nuestros tres amigos llegaron a ese lugar, donde lo primero que vieron fue a un corsola bailando de manera demasiado sensual. Tomando la decisión lógica, Diesgo ignoró aquella provocación que haría que un mareanie dejara a su esposa con la que tenía diez hijos, avanzando delante de sus compañeros. 

Un temblor le recorrió la espalda.

«Esto no me gusta nada» pensó el zorua transformado «Pero solo necesito verlo para conectarlo con la ilusión y así romperle el culo»

Una risilla retumbó en la cueva.

—Niña, no rías así, parece que estás loca —dijo Sebastian.

—Yo nunca me reí —susurró Cristina.

La braixen abrió sus ojos.

—¡Oh mierda, ahí viene!

Desde las húmedas y oscuras profundidades de la cueva, un mono salió de las penumbras. El smeargle soltaba espuma por la boca mientras sus ojos escaneaban el cuerpo de la zorra. Antes de que nadie pudiera hacer algo, Tom le dio tremenda tacleada al pokémon que lideraba la marcha y ante las miradas aterradas de sus compañeros, Diesgo se veía obligado a abrir sus piernas. No obstante, ese era parte de su plan. Lo que encontró Tom entre esas piernas fue algo impactante. Su vida pasó ante sus ojos, dándose cuenta de que a lo mejor había estado equivocado todo este tiempo en su orientación sexual.

—¿Te gusta lo que ves, primor? Esta así de grande y solo para ti.

No pudo llegar a una realización de su ser antes de que un garrotazo le dejara inconsciente. Diesgo desactivó la transformación mientras se guardaba el miembro.

—Eso fue raro —susurró Sebastian sintiéndose sucio.

—¿Y ya? —preguntó Cristina temblando.

—¿Cuánto fue lo que vieron?

—Creo que me voltee en el último momento —intentó convencerse el sylveon.

La riolu se acercó a Diesgo para ayudarle a levantarse.

—G-racias…

El zorro ató con la cuerda al smeargle mientras Cris alzaba al criminal sobre su espalda.

—¡Eso fue fácil!

—Para ti, a mí me querían violar…

—¿Saben dónde queda la comisaría? —preguntó Labelle.

—No, acabo de llegar a la aldea —recordó Diesgo.

—Ah bueno, síganme.

La comisaria de los magneton era un pequeño edificio de concreto donde varios pokémon metálicos se compartían los diferentes crímenes que sucedían en Aldea Tesoro.

—Nunca he estado en un lugar así… —susurró Cris.

—Yo he estado bastantes veces aquí—explicó Sebastian—. De pequeño, venía a acompañar a mi mamá a pagar la fianza de mi padre.

—¿Dónde pongo al perro violador? —preguntó la riolu.

—En aquella cesta que pone “violadores”.

Cristina lanzó al pequeño luchador en una cesta que tenía una etiqueta que ponía “violadores”

—¿¡Y la recompensa!?

—Sí, ¿cuánto me van a pagar? —preguntó Diesgo no muy entusiasmado.

—Esta en ese buzón.

El zorua se deslizó al sobre.

—¿¡Cuánto es, Cuanto es!? —dijo Cris dando saltitos.

—Noventa Mil. Treinta mil para cada uno. Si lo hubiéramos entregado muerto, serían cuarenta y cinco mil.

—¿Quién quería a un violador vivo? —preguntó Diesgo.

—¿Yo que sé? Me tengo que ir, voy a ver a una mienshao.

—Yo también tengo otras cosas que hacer.

—Está bien, nos vemos luego.


Unas horas más tarde, cuando la noche cayó encima de Aldea Tesoro, el susodicho que había puesto la recompensa caminaba por el área de celdas de la comisaría Magneton. Era una versión mas evolucionada de Cristina, además de que era macho. Se le veía erguido, pese a pasear por un lugar repleto de un olor a pis. En cuanto encontró la celda correcta, una sonrisa apareció en su hocico mientras el smeargle, habiendo sido cambiado por ciertas experiencias, alzaba la mirada.

—Ah, Tom, estas hecho mierda —observó Laren Wilgerton— y eso que mis amigos no hicieron gran cosa… ¿Me devuelves la mt?, ¿o era mo?

Al ser transformado, Tom intentó hacer cosas malas con su boca, antes de que un Puño Incremento del lucario le pusiera en su lugar.

—Estas mal, amigo —susurró el acero recogiendo un disco del suelo—. Supongo que si le doy esto a Sigur, me dejara en paz. Solo espero que no se lo haya cobrado con Sebas.

La celda se cerró de golpe.

—Adiós, Tom —dijo Laren largándose de ahí.
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#2
Me pregunto qué querrá Sigur de ese Lucario (aparte de posiblemente esa MT/MO). Seguramente aún busca vengar a su padre.

Y lol con lo del engaño al Smeargle violador. Las habilidades de un Zorua resultaron ser bastante útiles.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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