Longfic- Desquiciada Libertad

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GéneroSuspensoTerror
Resumen

¿Cómo reaccionarías frente a un virus que convierte en zombis a humanos y pokémon?

AdvertenciaViolenciaMutilacionesTrastornos mentalesSuicidio/Intento de
#46
Holi mis amores, lamento la enorme espera que les hice esperar, pero me surgió un bloqueo de escritor considerable, tenía las cosas que iban a pasar en este capítulo, pero las palabras simplemente no me salían, además, la universidad hace lo suyo y no me deja tiempo, por eso también he estado algo ausente en el foro. Los amo. Ahora a comentar lo que me comentaron.

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@Nemuresu me alegra que te hayan gustado los capítulo, la idea que tenía era sorprender, supongo que es lo que queremos cuando escribimos, pero creo que me doy por pagado cuando sorprendo. Desde que se me ocurrió la idea, pensé en que Victor haría que otro descubriese a Amanda, lo más lógico era usar a Michael, pero lo que más me costó fue pensar en qué oportunidad lo haría, pero esas cosas se me ocurren cuando escribo. Que Michael lo descubriese así de rápido, no lo tenía planeado de esa forma, tenía pensado que alguien lo delatase, pero me pareció buena idea.

@Lizzar El error que cometió Victor fue enorme, la idea de ese momento es contrastar la inteligencia de una persona con su ansiedad, aunque la forma en que sucedió se me ocurrió en el momento. Sí fue un plan de Michael o no, puede ser, quizás, quién sabe, yo no lo sé, habría que preguntarle.

 
Capítulo 12
 
     Victor sintió cómo se le aceleró el corazón, por unos segundos deseó desaparecer de la faz de la tierra hasta que todo se olvidase y regresase a la lúgubre normalidad. Su malsana alegría se esfumó tan rápido como apareció. El rubio asesino volteó para ver la cara de horror y tristeza de la única persona que había depositado en él su entera confianza. Michael se hallaba parado frente a él, intentando no mirar hacia el cadáver de Amanda, del cual Houndoom había dejado de alimentarse.
 
     —No quería creerlo. Tenía la esperanza de estar equivocado —comenzó a llorar lentamente—. Pero ahora veo…ahora veo que nos engañaste a todos…me mentiste —aquellas últimas palabras calaron hondo en el asesino, como un cuchillo que se hunde lentamente en el corazón.
 
     —¿Cuándo te percataste? —intentó guardar la compostura, como si no le afectase del todo aquella situación. Tragó saliva.
 
     —Supuse que el otro asesino usaba fuego, por las mordidas cauterizadas de los dos primeros cuerpos, entonces pensé en Houdour y Houndoom —intentó calmarse al mismo tiempo que se secaba inútilmente las lágrimas—. Tenía esa teoría. Pero no sospeché de ti hasta que me dijiste que viese la reacción de Amanda ante la muerte de Alice. Te veías muy ansioso porque fuese atrapada, como si ya supieses que era ella.
 
     Su ambición lo había delatado, el éxtasis y la emoción de deshacerse de su única contendora lo habían cegado tontamente, cual adolescente temerario experimentado algo por primera vez. Nuevamente se topaba con algo no previsto.
 
     —Cuando Amanda estaba en la escalera, amenazándonos con matarnos, ¿cómo supiste que haría algo para detenerla?
 
     —Me arriesgué, si mi teoría era cierta, la atacarías de alguna manera, sólo te di la oportunidad para hacerlo…y la tomaste. Ahora me arrepiento de haberlo averiguado —dijo rápido para evitar llorar, había sido más inteligente que el rubio.
 
     —Ya veo —hizo una pequeña pausa que no demoró en interrumpir—. Ella me contactó —comenzó a explicar—. Quería toda la atención sobre ella, sobre sus actos, pero aún no se atrevía a mostrarse tal cual era. Quería que yo estuviese pendiente de ella, de su próximo movimiento.
 
     —¿Y por qué la mataste? No era necesario —cuestionó mientras se secaba una lágrima.
 
     —¿No era necesario? ¡¿No era necesario?! —le gritó sin pensarlo— ¡Me quitó mi libertad! Nadie me dice qué hacer…sólo yo decido.
 
     —¡¿Pero por qué eres así?! ¿Por qué matas? —le preguntó, esta vez estalló en llanto, no soportaba la verdad.
 
     —Necesito hacerlo —comenzó a llorar—. Es la manera que tengo de expresarme. Sólo así puedo ser libre. Sólo así puedo acercarme a la libertad…en su máxima expresión —miró a Michael entre lágrimas, con dolor en su hablar, luego levantó el arma y lo apuntó—. Lo siento, ahora tendré que matarte. Será…será rápido, ¿sí? Si dolor, para que no sufras.
 
     Durante su corto período como asesino, Victor sólo vivió el día a día, ejecutando sus despiadados planes para su egoísta y cruel regocijo, sin pensar en el futuro. No se había preparado para una ocasión así, no había pensado en el momento en que Michael lo supiese. Ahora su libertad corría peligro nuevamente, sólo había una opción, debía silenciarlo matándolo sin titubear, pero su mano temblaba, no tenía ganas de hacerlo, deseaba que todo fuese una pesadilla, un mal sueño que acabase pronto. Bajó el arma y miró al suelo, llorando desconsolado.
 
     —Eres…eres el límite que jamás podré pasar —lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. Se le acercó abruptamente, tomándolo del cuello de la camiseta lo llevó contra la estantería de libros—. Por tu culpa nunca seré libre —le dijo en voz baja, mirándolo directamente a los ojos, las lágrimas pararon. Michael lo observó sorprendido y temeroso, la inestabilidad emocional de Victor era como una bomba, tornándolo absolutamente impredecible, su respiración se agitó—. Te odio…te odio por eso —se le acercó aún más—. Pero también te amo.
 
     Sus labios se juntaron en un agresivo pero suave beso que los llenó de un calor que les hizo olvidar la frialdad del mundo, sólo existían ellos dos, no había nada más, no había problemas, no había muertes, no había errores, no había libertad. Ambos se estremecieron en los brazos del otro, tan pasional, tan íntimo, que nada lo podía arruinar.
 
     —Jamás te haré daño —dijo Victor entre lágrimas—. Te lo prometo.
 
     —Prométeme que no volverás a matar —le suplicó—. Puedo olvidar lo que hiciste, pero no sigas matando. Eres una buena persona…Por favor —una lágrima recorrió su mejilla izquierda.
 
     —Está bien. Amanda será la última —le limpió la lágrima—. Ahora hay que salir de aquí —le tomó la mano—. Houndoom, Gastly, vamos.
 
     Ambos caminaron por los pasillos de libros, por el mismo recorrido que había hecho Amanda luego de que su Alakazam fuese incinerado tan brutalmente. Esperanzados por tener una vida juntos, dejando el pasado enterrado en aquel moribundo sitio de lectura y dispuestos a sobrevivir. Llegaron a donde estaba el resto, en la entrada de la biblioteca. Alex se acercó inmediatamente a ellos.
 
     —¿Qué pasó con Amanda? —preguntó sin esperar, se notaba ansiedad en su voz, ni a él ni a los demás les importó verlos tomados de la mano.
 
     —Está muerta —contestó Victor, a lo que Alex respondió con cara de asombro—. Es una larga historia —le contestó sonriendo, adelantándose a otra pregunta por parte del destituido presidente estudiantil.
 
     Junto a los otros dos estudiantes sobrevivientes, se dirigieron hacia la salida del pasillo, con suma cautela, procurando no emitir ningún ruido. Antes de que Victor abriese, la puerta, para cerciorarse del estado del siguiente corredor, Alex lo detuvo.
 
     —¿A dónde iremos? —preguntó con una voz tan imperceptible que casi pareció sólo una modulación de vocales.
 
     —Hacia afuera —contestó el rubio con el mismo tono de voz—. Debemos salir de la universidad.
 
     —¡Pero el exterior no es seguro! —exclamó sin medir el volumen de su voz.
 
     —¿Y aquí lo es? —preguntó Michael— Y baja tu tono de voz.
 
     —Al menos aquí estamos en un lugar que conocemos —volvió a susurrar.
 
     —No estás obligado a ir con nosotros.
 
     Alex no tuvo nada más para argumentar en contra de la improvisada salida, sabía que quedarse en la universidad por más tiempo sería una sentencia de muerte, las plantas zombis no demorarían en buscar en cada rincón hasta contagiar el virus, sin mencionar a los recientemente infectados estudiantes que no lograron huir del inesperado ataque. No obstante, no sabían a qué atenerse en el exterior.
 
     Victor abrió la puerta hacia el siguiente corredor, para luego asomarse cautelosamente y mirar en todas las direcciones, no había rastro de algún infectado. Le hizo señas a los demás para que lo siguiesen, decidieron ir por el camino de en frente. Dieron varios pasos, mirando en todo momento hacia todos lados, el rubio dejó salir a Gastly para que se adelantase y les advirtiese ante un posible encuentro con los zombis, a pesar de aquello, todos se mantuvieron nerviosos y agitados.
 
     —Anna —dijo Alex, rompiendo nuevamente el silencio, a Victor ya le estaba hartando su actitud, no tenía paciencia con personas que no fuesen Michael—. Debió haber ido hacia los dormitorios. Tal vez no sabe de lo que está sucediendo.
 
     —¿Ahora te preocupas de ella? —le preguntó Victor burlonamente— ¿Después de semejante humillación? Incluso para mí eso es cruel —le sonrió, le había prometido al psicólogo dejar de matar, pero su sarcasmo no había acabado.
 
     —Alex tiene razón —intervino Michael—. Los infectados nos siguieron a las salas, debe estar sola en las habitaciones.
 
     —Tendríamos que cruzar toda la universidad —le contestó el rubio, pero no pudo negarse a la mirada de Michael, a veces sentía una hipnosis de los profundos ojos azules del psicólogo—. Está bien. Pero sólo será para ver cómo Anna te rechaza nuevamente —contestó mirando directamente al ex presidente estudiantil.
 
     Mientras tanto, en el sector de las habitaciones de los estudiantes, la espantosa noticia de la horda de zombis aún no llegaba a oídos ni ojos de la pelirroja, quien se distraía leyendo un libro al mismo tiempo que esperaba que hirviera el agua en una pequeña jarra de metal puesta en el fuego, pues el hervidor eléctrico se había descompuesto.
 
     Anna se paró de la cama sin prisa, no lograba concentrarse, la situación que había vivido en el gimnasio la había agotado, se sintió humillada. Le había entregado todo su amor y apoyo a alguien que no supo apreciarla, como si la hubiesen usado, sin embargo, ya no era capaz de derramar alguna lágrima, no estaba segura si era porque se le habían acabado rápidamente o quizás Alex nunca le importó realmente.
 
     Pero no era lo único que tenía en mente, la atroz muerte de quien fuera su enemiga la tenía algo confundida, la odiaba por lo que había hecho, estaba segura de que Alice lo había hecho sólo por verla en la situación en la que se encontraba ahora, pero se sentía algo culpable por encararla sólo a ella y no también a su ex novio. Su muerte la había descolocado, ya no tendría que seguir soportándola, el asesino se la había sacado de encima, pero no quería pensar de esa forma, no la odiaba tanto como para desearle la muerte. Anna no se sentía satisfecha con ello, pero tampoco apenada.
 
     Repentinamente, unos golpes a su puerta interrumpieron sus pensamientos. Lo primero que pensó fue en Alex acompañado de un desesperado y patético intento de arreglar las cosas, no tenía ganas de verlo y si lo veía, quizás lo golpearía en la cara, o en sus partes pudendas, se lo merecía.
 
     Quien fuera que estuviese del otro lado, volvió a golpear. Anna notó su insistencia y se paró, aunque sin prisa, al llegar frente a la puerta, acercó su mano a la perilla para sacarle el seguro, pero se detuvo, como si su propio cuerpo la alertase de un desconocido peligro. Sintió miedo, por lo que decidió permanecer en silencio, esperando que quien estuviese golpeando se fuese, pero éste no lo hizo, golpeó nuevamente, sabía que la chica estaba ahí.
 
     —¡¿Qui-quién es?! —preguntó intentando disimular su miedo, sentía una infundada desconfianza que no podía explicar.
 
     —Soy yo —la persona del otro lado no se identificó con su nombre, pero Anna la reconoció, era la voz de una chica y eso la reconfortó, sintió alivio al escucharla.
 
     La muchacha abrió la puerta y vio a otra niña, un poco más baja que ella. Aquella chica parecía estar mentalmente ausente, aunque era capaz de comunicarse, era como si estuviese en otro plano o dimensión. Su ropa estaba andrajosa, cubierta con tierra oscura, toda sucia, su rubio cabello estaba enmarañado, no traía puestos sus característicos anteojos y su mirada era extraña. A simple vista parecía irreconocible.
 
     —¿Mary? —preguntó Anna dubitativa— ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?
 
     —Sí —sonrió tímidamente, a pesar de su inquietante mirada—. Ahora lo estoy.
[Imagen: giphy.gif]
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#47
Bueno, solucionar la sorpresa que recibió Victor fue más fácil de lo que imaginé, pero el hecho de que Mary vuelva a aparecer solo me hace pensar que esa promesa hacia Michael no va a durar.
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#48
Y... por alguna razón dejé de leer esto JUSTO antes del clímax. Por los putos dioses. Éste final de arco fue fenomenal. Las muertes, las revelaciones, los twists, TODO fur extremadamente intenso, y se viene lo mejor; ¡van al mundo exterior! 

Pobre Alex. Pobre maldito bastardo. Al menos su pérdida de poder importa un poco menos ya que buena parte de la universidad murió, y lo mismo va para la humillación de Anna. Sobre Mary... o es lesbiana y quiere hacerle cositas a la colo o nos esconde algo más (como que sea la TERCERA ASESINA). De cualquier modo, esto se pone genial.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#49
Hello my niñes!!!!!! He vuelto después de mucho tiempo, debo disculparme por la enorme espera que les hice esperar y que ustedes esperaron, pero he estado muy mega híper giga bloqueado creativamente, tengo las ideas pero no fluyen fácilmente. Pero ya les traje un nuevo capítulus, tengo la sensación de que me faltan como máximo 2 más para concluir la historia, tengo la idea de lo que pasa, pero todavía no se me ocurre cómo sucederá. Los amo.

@Nemuresu Sinceramente no sé qué tanto problema la dará Mary a Victor, con la sorpresa que se llevó Victor la idea era dejar claro el amor que había entre él y Michael, y que Victor entendiese que incluso su libertad tiene un límite.

@Maze me agrada que te hayan gustado los giros, siempre es bueno sorprender al lector. Creo que ya tengo decidido el final de Alex dentro de la historia, no necesariamente tiene que ser muerte, pero algo le tiene que pasar, bueno, creo que tengo el final de todos. El caos en toda la universidad, tarde o temprano tenía que suceder, la utopía de Alex era imperfecta, pero cuando no hay un líder, todo cae. Lo de Mary es corto.
 

Capítulo 13
 
 
     La rubia había llamado a su puerta hace pocos minutos, se veía relajada pero distraída al mismo tiempo, como si no estuviese consciente de su situación, no parecía estar al tanto de con quién hablaba realmente ni en dónde se encontraba, pero su expresión era una extraña mezcla entre satisfacción y desorden mental. Estaba sentada a los pies de la cama de la pelirroja.
 
     —¿Qué te sucedió, Mary? —preguntó Anna mientras se sentaba a su costado, facilitándole una taza de té de manzanilla.
 
     —No estoy segura —titubeó—. Todo es muy confuso —paró para tomar un sorbo—. El sol ya se pone—miró hacia la ventana—. ¿Sientes el frío previo al anochecer? La manera en que se impregna en tu piel, tan…satisfactoriamente. Me hace desear calor.
 
     —Pues…toma el té, está tibio —le contestó Anna, sin entender muy bien por qué Mary había cambiado de tema—. ¿Tienes sueño? ¿Quieres descansar un poco? Tal vez eso necesitas, para recordar lo que sucedió.
 
     Mary la observó con curiosidad, sus ojos parecían hechos de vidrio, Anna logró ver su reflejo en ellos. La profundidad de su inestabilidad era inmensa, más no perceptible para una persona que acababa de pasar por una situación desagradable, como lo había hecho la pelirroja. La estudiante de informática tomó delicadamente el rostro de su amiga y suavemente lo acercó al suyo. Ambas se dejaron llevar por su ímpetu, su deseo de contacto humano genuino imperó en ese preciso momento. Las dos cedieron ante un inocente beso prohibido.
 
     Se mantuvieron así por unos segundos, hasta que un golpe las interrumpió, alguien estaba del otro lado de la puerta, llamando con insistencia.
 
     Anna se levantó de golpe, dando gracias porque alguien las distrajese de lo que hacían y estaban a punto de hacer. La situación era sumamente incómoda, no fue capaz de mirar a la rubia a los ojos, sólo observó la puerta, esperando a que golpeasen por segunda vez. Un nuevo llamado detuvo el silencio eterno de la habitación.
 
     —Puede ser peligroso —advirtió Mary—. Pueden ser las plantas del invernadero.
 
     —¿De qué hablas? ¿A qué te refieres?
 
     —Supe que uno de mis pokémon estaba ahí —comenzó a llorar sin previo aviso, tan desconsolada como aquella que vez que descubrió la mitad del cadáver del guardia de seguridad, empezaba a actuar como siempre lo había hecho, o al menos eso parecía—. Intenté ayudarlo, pero era tarde. Mi hermosa Florges estaba…estaba hecha pedazos —su llanto se intensificó.
 
     —¡Anna! ¡Somos nosotros! —gritó Alex del otro lado.
 
     La pelirroja dudó en si abrirle o no, no tenía deseos de verlo, ni hablarle, ni mucho menos perdonarlo, pero no estaba sólo, había más gente con él. Por otro lado, la situación con Mary se estaba tornando extraña, sus repentinos cambios de ánimo incomodaban a la chica.
 
     Anna se acercó a la puerta y la abrió, eran Alex y dos estudiantes más, que habían logrado escapar de los horrores de Amanda y las plantas zombi que aterrorizaban la universidad. El ex presidente le sonrió tímidamente, se sentía aliviado de verla con vida.
 
     —¿Qué quieres?
 
     —Debemos irnos de inmediato —le contestó al mismo tiempo que la tomaba de la mano para llevársela.
 
     —¡Espera! ¡¿Qué demonios haces?! No iré a ninguna parte contigo después de lo que me hiciste —le reprochó sin pensarlo—. Además, no estoy sola.
 
     La muchacha apuntó con su mirada hacia su cama. Alex vio a Mary, alborotada e ida como cuando llegó, curiosamente ya se le había pasado el inesperado llanto, pero eso Anna no lo notó.
 
     —No tengo idea qué le sucedió —susurró la pelirroja a su ex novio—. He intentado sacárselo, pero no para de hablar incoherencias. Dice que su Florges fue destrozada, hecha pedazos en el invernadero. Quizás estuvo ahí encerrada todo este tiempo.
 
     —Tal vez ella las liberó —comentó Alex, pero Anna puso cara de no entender—. Luego de…luego de que te fuiste, Michael desenmascaró a Amanda como la asesina —su ex novia lo observó perpleja— y se defendió intentando matar a Victor, luego de toda esa confusión aparecieron las plantas zombi del invernadero. Escapamos a la biblioteca y nos encontramos con Amanda, pero ya está muerta.
 
     —¿Sólo quedan ustedes tres? —preguntó atónita, era sumamente difícil digerir toda esa información en tan poco tiempo.
 
     —Michael y Victor fueron a buscar un camino seguro para salir —explicó al mismo tiempo que la rubia se paraba directo hacia una de las ventanas de la habitación, la que estaba más cerca de los platos lavados que Anna había olvidado guardar—. Pero no sé si hay alguien más vivo en la universidad.
 
     Alex paró su explicación debido a la repentina acción de Mary. Anna se le acercó cautelosa, guardando la distancia, pues el actuar de la estudiante de informática era errático e impredecible.
 
     —¿Sucede algo, Mary? —preguntó la pelirroja.
 
     —¿Qué pasa? —irrumpió Victor en la habitación— ¿Anna necesita una invitación especial o algo?
 
     El joven asesino se detuvo en medio de la habitación, seguido por Michael, ambos se llevaron la sorpresa de encontrar a Mary con vida. El psicólogo estaba contento de verla, era una chica sensible a la que siempre le había tenido cariño, intentó acercarse a ella, pero el rubio lo detuvo con su mano izquierda, mientras metía la derecha en su chaqueta. Victor no estaba tan contento de verla ahí, no sabía qué tanto le había contado a Anna y Alex sobre lo sucedido en el salón audiovisual, aquella tortura psicológica que le había infligido. El rubio se percató de que la actual situación de la universidad y la mayoría de sus estudiantes, era culpa suya. Debió cerciorarse de que Mary muriese en aquella ocasión.
 
     —¿Qué sucede, Victor? —preguntó Michael.
 
     —Sí, Victor —dijo Mary con un sorpresivo tono burlesco, al mismo tiempo que volteaba a verlo directamente al rostro—. ¿Qué sucede?
 
     El chico sólo la observó, con desdén y desprecio, pues había sido parte de un fracaso, aquella tortura había sido una pérdida de tiempo, no había obtenido el mismo grado de regocijo que las veces que había matado. Aun así le preocupaba lo que pudiese decir y por lo visto, tenía ganas de decirlo.
 
     —¿Pensaste que había muerto? —le preguntó sonriendo, ya no había rastro de la niña dulce que alguna vez fue— Soy tu más grande error, ¿cierto? —Comenzó a acercársele lentamente, portando un filoso cuchillo de cocina.
 
     —Mary, detente —rogó Michael, pero la chica lo ignoró.
 
     —¿Tienes miedo de que sepan quién eres? —levantó el cuchillo— ¡Me vengaré, Victor! ¡Por Porygon y Florges!
 
     Mary se abalanzó contra su torturador, dispuesta a enterrarle el cuchillo y hacerle todo el daño que su mente pudiese imaginar, ya saboreaba su improvisada venganza. No obstante, Victor acabó con ella en un abrir y cerrar de ojos. El joven asesino no demoró en romper su promesa, disparándole a la desdichada muchacha en toda la cien. Mary cayó inerte al suelo, con un agujero en su rostro y manchando la suave alfombra de Anna.
 
     Aquel éxtasis olvidado volvió a su sangre tan rápido como se fue, la respiración de Victor se aceleró al sentir toda esa alegría malsana que tanto ansiaba, unas gotas de desesperada libertad que cayeron disimuladamente, su rostro no evidenció nada, pero el regocijo interior era inesperado y agradable. No era capaz de ignorar esa sensación. Michael lo observó por unos segundos.
 
     —¿Tú la hiciste desaparecer? ¡¿Fuiste tú?! —lo interrogó Alex, aproximándose a él peligrosamente— ¿También mataste?
 
     —Alex, tenemos que salir de aquí —intervino Michael—. No hay tiempo para esto.
 
     —¡Deja de defenderlo!
 
     El ex presidente estudiantil empujó al psicólogo, haciéndolo caer al suelo, lo que detonó en el enojo de Victor. El rubio asesino no dudó en acomodarle un fuerte golpe en todo el rostro a Alex, dejándole la nariz sangrando, no le agradó en lo absoluto que golpeasen a su amigo, aunque no estaba seguro si después del beso lo seguían siendo, tal vez eran algo más, esa era una conversación pendiente. En ese momento sólo primaron sus ganas de defenderlo y protegerlo, no le importaba de quién o qué.
 
     —Responde la pregunta, Victor —alegó Anna—. ¿La desaparición de Mary fue obra tuya?
 
     La pelirroja siempre había sentido rencor hacia el muchacho de los ojos fríos, él fue su primera sospecha en relación a los asesinatos, su instinto femenino le dijo que no confiase nunca en él, y estaba en lo correcto. Ahora lo tenía al descubierto, aunque no había modo de vengarse por lo que le hizo a Mary, o al menos hacer justicia, Victor era quien tenía un arma en ese momento.
 
     —Sí —respondió secamente, sin remordimiento alguno—. No te daré detalles, pero fue mi culpa. También maté al guardia y a Irvin —comentó como si nada.
 
     —¿Hace cuánto lo sabes? —preguntó Alex a Michael, mientras se paraba y se limpiaba la sangre de la nariz, se había manchado parte de su camiseta.
 
     —Hace algunas horas —confesó.
 
     —¿Y no te importa? —cuestionó Anna— Nos hizo la vida imposible cada vez que pudo. Se burló en nuestras propias caras y no nos dimos cuenta.
 
     —Es que me prometió no volver a hacerlo —Anna y Alex lo observaron con cara de no poder creer su ingenuidad, o estaba muy enamorado o simplemente era un tonto, acababa de matar nuevamente frente a sus ojos—. Sé que volvió a matar, pero lo atacaron.
 
     —¡Fue su culpa, Michael! —gritó Anna.
 
     —Anna, Alex —intervino Victor— y ustedes dos que no sé cómo se llaman —miró a los otros dos estudiantes que aún se mantenían en la entrada—. Sé que no me creen y nunca lo harán, pero necesitamos salir de aquí lo antes posible, esas plantas no tardarán en llegar…lo sé, es mi culpa. Pero les propongo algo, una vez estemos a salvo, pueden tomar las acciones que estimen conveniente…contra mí.
 
     —¡¿Qué?! —exclamó Michael— ¡No!
 
     —Acepto —dijo Alex.
 
     —Trato hecho —concordó Anna.
 
     —Bien. Vamos.
 
     Victor tomó la mano de Michael, dispuesto a salir cuanto antes de aquel caótico lugar para ponerlo a salvo, el trato con la ex pareja había sido sólo un intento desesperado de acelerar las cosas y abandonar cuanto antes la universidad, pues el escape se estaba dilatando mucho por dar tantas explicaciones que podían esperar.
 
     Inesperadamente, los otros dos estudiantes, que hasta ahora se habían mantenido al margen de todo plan y discusión, fueron atravesados por peligrosas lianas en varias partes de su cuerpo. El rubio sólo atinó a cerrar la puerta, cuidando no meter ruido. Entre él y Alex no dudaron en mover la cómoda y colocarla en la entrada, para impedir el rápido acceso de los muertos andantes. Era probable que esas lianas viniesen de algún pokémon planta capaz de atacar a la distancia, por lo que existía la posibilidad de que no supiesen que ellos estaban dentro de la habitación.
 
     Anna miró por la ventana, estaba casi oscuro, pero no vio indicios de algún ave infectada, luego la abrió y comenzó a salir por ella, estaban en el segundo piso, pero la arquitectura de la universidad permitía la posibilidad de caminar por un pequeño espacio, muy pegado a la pared. Si las plantas entraban, esa era su única salvación, pero debían hacerlo cuanto antes.
[Imagen: giphy.gif]
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#50
En este fanfic los secretos no duran nada. Ni tampoco los que los revelan. Como Mary nunca me cayó bien, no me molesta mucho su muerte. Y ahora que están en camino estoy muy seguro de que Vic no pretende cumplir su promesa. .

F por los chicos A y B.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#51
Parece que el Vic aquí está dispuesto a darle una chance a Alex y Anna para tomar venganza, aunque ya me puedo imaginar que él tendrá alguna forma de disuadirlos y transforman el trato en una pata de mono.
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#52
HABEMUS CAPÍTULUM

Holi mis niñes, les vengo con el ÚLTIMO CAPÍTULO. Lamento le enorme espera que les hice esperar y que ustedes esperaron, pero aquí está.

Pero antes debo comentar lo que me han comentado.

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@Maze Los secretos duran poco porque todo ocurre muy rápido. Tal vez debí desarrollar mejor a Mary como personaje, pues la puse muy al final y le di importancia solo para lucir a Victor.

@Nemuresu tienes razón con Victor, no hace las cosas porque sí, eso de dar chances no van con él, esa pata de mono vendrá.

Debo decir que es la primera vez que publico un fanfic hasta el final y es el segundo que termino en la vida, aunque es corto, estoy contento de poder haberlo hecho en este foro. Espero publicar muchos más hasta el final y compartirlo con ustedes. No sé si vuelva a publicar algo con el estilo de este fic, pues Desquiciada Libertad me surgió a raíz de una actividad en el extinto foro de CP, fue muy de la nada. Tal vez de la nada aparezca una historia similar o con el mismo toque.

Quiero agradecer a @Maze @Nemuresu @Abisai @Lizzar @Plushy @Velvet @Sodderpop @Gigavehl @Dr.Kaos por haberse tomado el tiempo de leerme y dejar sus comentarios. No importa si no leyeron completamente el fic, pues se dieron el tiempo de dejarme sus apreciaciones para que yo pudiese mejorar y avanzar. Amor infinito a todes. Besos y nos leemos.

 
Capítulo 14
 
 
     Los cuatro sobrevivientes decidieron saltar, no estaban muy lejos del suelo y no podían permanecer mucho rato en ese trecho, existía el riesgo de caer o de que llegase algún ave y no pudiesen escapar con rapidez. Ahora se encontraban entre la muralla externa de las habitaciones y la reja que daba el límite a aquella parte de la universidad.
 
     —El cielo comienza a aclararse —comentó Michael—eso nos ayudará.
 
     —Tendremos que saltar la reja para…
 
     Una fuerte explosión en la pared interrumpió a Anna, obligándola a ella y a Michael a separarse de Alex y Victor, pues del enorme agujero que quedó apareció una enorme bestia peluda, con dos grandes colmillos que quedaron enganchados en las rejas debido al impulso. Afortunadamente, no venía acompañado de más muertos andantes, pero el ruido podría atraer a otros.
 
     —El Mamoswine de Alice —susurró Michael.
 
     —Vamos debemos escapar de aquí —dijo Anna mientras lo tomaba de la mano y se lo llevaba.
 
     Victor comenzó a moverse en la dirección contraria, sin decirle nada a Alex, pero éste le siguió el paso, había un solo camino que seguir, quisiesen o no, debían ir juntos. No se detuvieron hasta encontrar una entrada de vuelta a la universidad, pues desde donde estaban, no había salida hacia el exterior. Debían refugiarse en caso de que la conmoción llamase la atención de más muertos andantes.
 
     Entraron por una pequeña puerta que usaba el conserje, atravesaron la sala donde se guardaban todos los artículos de aseo, a pesar de estar oscuro, era posible caminar esquivando todo lo que encontrasen para no tropezarse. Alex se aproximó a la siguiente puerta, pero estaba cerrada.
 
     —Maldición.
 
     —¿No tienes llaves de repuesto? —preguntó Victor sin apuro alguno.
 
     —Están en la oficina del centro de estudiantes.
 
     —Ya veo.
 
     La situación se tornó incómoda en segundos, ambos se llevaban mal, sin mencionar todo lo que el rubio había hecho en los últimos días, se había ganado el odio del ex presidente estudiantil por muchos motivos. No obstante, Victor parecía disfrutar de aquella situación, a su retorcida manera.
 
     Alex tomó la perilla e inútilmente intentó abrir la puerta por segunda vez, con la vaga esperanza de que las cosas cambiasen, no deseaba estar ahí un segundo más, ya estaba cansado, quería huir de todo eso, sólo quería estar tranquilo. Se dio vuelta para mirar a su desagradable acompañante, pero un fuerte golpe en la cabeza se lo impidió, todo se volvió negro.
 
     Victor no paró de golpearlo brutalmente hasta romper su cráneo y más, la cabeza de Alex quedó aplastada de la manera más dantesca posible, manchando con su sangre el suelo, el extintor en desuso con el que fue masacrado y a su desalmado asesino, quien no paraba de gozar tan aberrante escena patrocinada por él mismo.
 
     Su corazón se había acelerado y la sangre le hervía como nunca antes, el éxtasis del asesinato se había apoderado de su cuerpo y Victor no hizo nada para impedirlo. Vio aquella oportunidad para volver a sentir esa malsana expresión de libertad y la tomó, necesitaba saciar esa sed de sangre que debió reprimir cuando mató a Mary. Quitar una vida con sus propias manos se sentía a otro nivel, uno muy superior, indescriptible e inigualable.
 
     Ahora estaba arrodillado sobre el cadáver de Alex, con su ropa y rostro salpicados de sangre. Dejó el extintor a un lado y se paró para contemplar su macabra obra desde un ángulo diferente. Nuevamente había roto su promesa a Michael.
 
     —Hace mucho que deseaba hacer eso, ¿sabes? —comentó Victor al cuerpo inerte de Alex— Había fantaseado con matarte, pero no encontraba la manera adecuada. Verás…alguien con tanta importancia en la comunidad universitaria merecía una muerte fantástica e histórica, memorable, por lo que no podía deshacerme de ti de una forma vulgar, como si fueses alguien común y corriente —suspiró—. Sé que reventar tu cabeza no es de tu talla, lo reconozco, no está a tu altura, pero dadas las circunstancias, no me quedaba otra opción —sonrió amigablemente—. Pero no estés triste por eso, ¿eh? Ve el lado positivo —dijo con más ánimo—, eres el primer idiota que mato yo mismo…bueno el segundo, pero el primero que mato con el que puedo expresar mi enorme regocijo sin ocultarlo. ¡¿No es eso fascinante?! Después de todo, tu muerte sí cumplió con las expectativas. Además de darle un nuevo sentido a mi hermosa libertad, un nuevo significado —miró hacia la puerta—. Gastly, observa si hay peligro del otro lado —la gaseosa criatura salió por la hendidura de la puerta y no demoró en regresar—. Excelente, ábrela, Houndoom.
 
     El infernal can salió de la pokéball con una embestida directa contra la puerta, derribándola sin miedo a meter ruido. Victor avanzó y se detuvo en el umbral para mirar por última vez a Alex.
 
     —Fuiste patético en vida y en la muerte —indicó mientras sonreía con desdén—. Gracias. Siempre te llevaré en el corazón…si es que tengo uno —rió mientras se abandonaba el lugar.
 
     Caminó sonriente por los desolados pasillos, ya no le interesaba si se encontraba con algún pokémon o humano muerto deambulando, se sentía pleno y despreocupado, pero no quería morir, sólo estando vivo era seguro que volviese a matar, pero tampoco le importaba dar su vida para sentir semejante placer. Aceptaría cualquier precio por su libertad y ya tenía su mente puesta en su próximo objetivo.
 
     Llegó ante unas puertas azules, hace poco había estado ahí, huyendo con Michael de la manada de zombis, con Amanda recién desenmascarada ante la comunidad universitaria. Entró al gimnasio sin cautela, sólo para revisar el lugar, estaba vacío, o parecía estarlo, pues se sintió observado más no intimidado. La luz comenzaba a entrar por las ventanas, ya estaba por amanecer.
 
     Continuó su camino, saliendo por la otra entrada del lugar, atravesó el umbral destruido por Mamoswine para llegar al patio principal, no se veía ningún infectado. No encontró a Michael y Anna. Una enorme angustia recorrió su mente, una desagradable sensación de soledad lo ahogó, pero no demoró en ser interrumpida por una extraña luz en el cielo que se hacía más grande a medida que avanzaba. Era fuego, un fuego tan frío y estéril como el alma de su espectador. Un ave envuelta en llamas cayó a pocos metros del rubio. Estaba tan chamuscada que no se podía discernir qué especie era.
 
     —El fuego los mata —comentó—. Alguien más lo descubrió —volvió a mirar hacia el cielo, pero unos pasos detrás de él lo alertaron sin preocupación.
 
     —¡Victor! ¡Estás bien! —comentó Michael lanzándose a sus brazos, con lágrimas en sus ojos. Anna observó desde atrás, con recelo y nerviosismo.
 
     —Michael, lo siento —lo alejó—, pero no puedo parar de hacer esto —lo miró con pesar, pero sin arrepentimiento.
 
     Se acercó a la pelirroja con su mirada fija en ella cual serpiente observando su presa. Hace un rato hubiese tenido el temor de hacerlo frente a Michael, pero la oportunidad de matar nuevamente estaba ahí, ya no se podía detener, deseaba acabar con todos, sentir ese placer inigualable de ver su sangre correr por las calles del mundo. Como una cruel y apropiada ironía, se había convertido en un esclavo de su propia libertad, la misma que tanto había anhelado, era la que ahora dirigía su vida.
 
     Un ruido inconfundible lo detuvo, volteó y lo que vio le destrozó el alma, sintió su corazón latir más fuerte que cuando besó a Michael, pues encontrar el amor no en más doloroso que una traición de ese mismo amor. Sus ojos se llenaron de sinceras lágrimas. Michael lo apuntaba con su arma, se la había quitado en el abrazo. También lloraba.
 
     —Esa sangre es de Alex, ¿cierto? —preguntó entre sollozos mientras temblaba.
 
     —¿Por qué me haces esto? ¡¿No me amas?! —lo enfrentó con indignación, intentando tergiversarlo todo inconscientemente a su favor, ya no respondía a la cordura— ¡¿Nunca confiaste en mí?!
 
     —¡Lo hice! Lo hice, lo aposté todo a ti —respondió llorando con rabia, se sentía tonto y decepcionado, herido y frustrado—. Pero me mentiste, mataste nuevamente…y más de una vez. Ocultaste que el fuego mataba a esas cosas, pudimos haber acabado con ellos quemándolos, pero te callaste.
 
     —No me matarás —sentenció, mirándolo con rabia—. No me matarás. ¡No me matarás! —gritó mientras se acercaba a él corriendo, enfurecido y descontrolado, no entendía por qué el amor de su vida no podía comprenderlo.
 
     El disparo tuvo lugar con los primeros rayos de sol asomándose en la lejana cordillera, pero no lo mató al instante, fue suficiente para tumbarlo en el suelo, sangrando desde la herida en su costilla izquierda y su boca, envuelto en un poderoso dolor, una cruel agonía equiparada al sufrimiento de sus víctimas, llorando desconsolado como un niño que no logró lo que quería, quejándose del sufrimiento, lanzó una última mirada a Michael, quien no paraba de llorar. Anna abrazó al chico, pero éste no quiso dejar de ver a su amado hasta que dejó de moverse.
 
     Los marrones ojos de Victor observaron por última vez el cielo de Azulona, tan vacíos como siempre los tuvo, carentes de un alma que sólo sintió segundos antes de su muerte. Su cuerpo yacía sobre su propia sangre, parecía ser de un rojo más oscuro que lo común.
 
     Houndoom y Gastly salieron de sus pokéballs, ya no tenían dueño, eran libres como él nunca lo fue. El oscuro can lanzó una llamarada a su difunto amo, prendiéndole fuego a su cuerpo, como si fuese un ritual pagano de alguna tribu desconocida que intentaba darle descanso a un guerrero caído. El cadáver ardió con fervor.
 
     —Debemos irnos —Anna lo tomó de la mano y se lo llevó de aquel nefasto lugar, a vista y paciencia del Gastly, quien sólo se limitó a observarlos hasta que abandonaron el patio.
 
     Llegaron a la entrada principal de la universidad más prestigiosa y devastada del país. La desolación de las calles era comparable con la más ruin de las guerras que han azotado al mundo. Pero la noche es más oscura antes del amanecer. Inesperadamente, las calles estaban siendo limpiadas por militares, quemando a todo muerto a su paso. Uno de sus vehículos se detuvo frente a ellos.
 
     —¡Civiles! —gritó un militar que en segundos se les acercó— Vengan con nosotros, los llevaremos al refugio.
 
     Se subieron a un convoy militar y partieron con rumbo desconocido pero seguro. Anna abrazó a Michael, apoyando la cabeza en su hombro, ya no tenía lágrimas para derramar, sólo había mucho por pensar. Estaban a salvo, pero con heridas que jamás sanarían. Mientras se alejaban, Michael pudo ver una columna de humo saliendo del centro educacional, sabía que era el cuerpo de Victor.
 
     <<Ahora eres libre —pensó y una última lágrima recorrió su suave mejilla.>>
 
[Imagen: giphy.gif]
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#53
Bueno, ese fue un final oscuro, fiel a lo ocurrido durante toda la historia.

Ahora Victor será libre de hacer sus locuras en el infierno, aunque no podrá nunca olvidar su traición a Michael.
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