Índice - Deseos de Cosas Imposibles
#1
Bienvenidos a lo que va ser (si las cosas salen bien) el fanfic más largo que he hecho en lo que llevo escribiendo sobre estas cosas. Es una historia que por ahora esta siendo una montaña rusa de emociones... escribirla, digo, leerla no lo sé xd. Es probable que les guste o puede que no, pero al menos esta bien hacer el intento. En un principio, trataré que la publicación sea semanal, pero si me surge algún imprevisto, no alcanzo a corregir el cap o simplemente no alcanzo a mantener el ritmo (llevo escrito hasta el cap 30, pero ahorita estoy yendo lentito), supongo que tendré que romper con eso.

Agradecimientos a @Maze  por su beteo de los primeros caps.  Bueno, vamos con el indicé. Esta historia va estar dividida por arcos como buen chonen.
Indicé
Primera Parte: Nos Veremos en La Isla Bonita
Primer Arco: Vida Diaria...Más O Menos

Capítulo 1: Se Deben Respetar Todas las Tradiciones... Más o menos
Capítulo 2: No Hay Muchas Reglas en el Club de la Lucha
Capítulo 3: Las Escaleras al Cielo No Están a la Venta
Segundo Arco: Antara
Capítulo 4: Ojala Pudieras Regresar en el Tiempo
Capítulo 5: Los Muertos no Ocupan Terapia… o Al Menos No Merece la Pena Dársela
Tercer Arco: Los Sobrevivientes
Capítulo 6: Los Poetas que Se Pierden en Islas Bonitas
Capítulo 7: El Recorrido de Alfred es Más Infructuoso que la Investigación

Capitulo 8: Los Corazones No Pueden Quemarse
Capitulo 9: Bienvenidos a Laboratorios Valt
Capítulo 10: A Veces Se Te Escapa el Aire
Capitulo 11: Un Mal Ofrecimiento
​​​​Capítulo 12: Charlie No Nombra los Capítulos, los Capítulos Nombran a Charlie
Capítulo 13: A Veces es Bueno Detenerse por Unos Segundos
Cuarto Arco: Las Sombras de La Isla Bonita
Capítulo 14: Déjate Arrastrar por el Río Babel
Capítulo 15: Es Imposible Atrapar una Sombra
Capítulo 16: Regreso de Soñar (Los Primeros Tres Minutos)


Segunda Parte: Las Sombras de la Noche Que Vagan sin Destino
Primer Arco: Luces Antes que Sombras

Capítulo 17: Asuntos Familiares
Capítulo 18: Las Bebidas No Vienen del Paraíso
Capítulo 19: Las Justas de las Playas No Son Justas
Capítulo 20: La Sombra de La Sirvienta es Más Grande que la del Guardia
Capítulo 21: La Sombra de la Debilidad 
Capítulo 22: ¿Duelo de Caballeras?
Capítulo 23: ¿Es Malo Lamentarse?
Segundo Arco: Noveno Sicario
Capítulo 24: Mente Insana, Cuerpo Sano y Viceversa
Capítulo 25: Un Pequeño Exito No es Mejor que un Gran Fracaso
Tercer Arco: Octavo Sicario
Capítulo 26: El Gran Evento Benefico de Laboratorios Valt (1/2) - El Gran Evento Benefico de Laboratorios Valt (2/2)
Capítulo 27: El Paraíso Perdido
Capítulo 28: ¿Qué Estás Haciendo?
Cuarto Arco: Séptimo Sicario

Capítulo 29: حلم ليلة الصيف (Un Sueño de una Noche de Verano)
 
Indice de personajes (Posibles Spoilers)
Mostrar Protagonistas (Candelor)
Denisse Flower: Una eevee inventora y con poca moralidad. Líder.

As: Earth, Wind And Fire Puede cambiar de eeveelución por dos-tres segundos para resistir ataques o aprovecharse de su morfología. Además, puede cambiar al Flareon Mode y al Jolteon Mode, que le permite usar ataques de esas eeveeluciones hasta cierto punto. 

Laura Miller: Una glameow de barrio que prefiere el combate agresivo. 

As: ???-Hace girar las cosas con su cola. 

Michelle Granat: Una brionne amable con aspiraciones de exploradora.

As: Famous Blue Raincoat - Congela cualquier líquido que moje su cuerpo. Sudor, agua o cualquier fluido.

Zaira Flower (anteriormente Moad): Una meowstic originaria de Silem. Fue adoptada por la Familia Flower, haciéndose hermana de Denisse y de Leandro.

As: Time Out - Detiene partes del cuerpo de una persona o cualquier otro objeto con solo chasquear los dedos. La parálisis dura por cuatro segundos. Solo puede detener un objeto a la vez. Mientras un objeto es detenido, sigue acumulando energía cinética al ser golpeado o movido, la cual explota de golpe cuando se acaba la parálisis y puede causar un impacto mayor. 


Mostrar Made In Heaven
 
Melina De la Rosa: Una steenee que busca muchos beneficios. Líder de Made In Heaven, un grupo revolucionario.
As: ???

Asunción De la Cruz: Una sylveon vieja y melancólica. Antigua madre adoptiva de Zaira.

Remedios De la Estrella: Una lopunny shiny que siempre habla de tú. Lleva una chaqueta muy impráctica para hacerse la atractiva.


Mostrar Excalibur
Señor Excalibur: Sawk. Paralitico por un hecho desconocido y a pesar de eso, tiene mucho poder espiritual. Padre de Danielle y Director de la secundaria Excalibur

Danielle Excalibur: Una honedge que tiene la caballerosidad, ante todo. Líder del club de pelea de la secundaria Excalibur e hija del director.

As: Buen Caballero - Durante un combate, puede declarar una predicción de lo que puede pasar y una mejora que quiere recibir en sí misma. Si se acierta, se obtiene lo que se pidió. Si se falla, se obtiene lo contrario. Las cosas que se pueden pedir son mejores dependiendo de la exactitud de la predicción. 

Elizabeth Seagull: Una vulpix de hielo que tiene una doble vida. Una como una ojou-sama y otra como una combatiente eficaz. 

As: Winter in F Minor - Puede hacer copias de si misma o de otros objetos o pokémon con solo tocarlas. El daño que recibe la copia será el mismo que el que reciba el original, pero en una escala menor. Dependiendo de que tan meticulosa es la copia, ocupa más esfuerzo o menos.

June: Una pachirisu que solo quiere combatir. 

As: Beat It - Puede controlar la electricidad que produce y adquiere del entorno para recubrir sus músculos en una red de protección que absorbe los golpes.

Beatriz Folk: Una zizagoon iracunda. Antigua amiga de Laura y ex habitante de Villa Celebi así como hija adoptiva de Sir Valt.

As: Highway to Hell - Controla el aire que toca su cuerpo para impulsarse y alcanzar velocidades altas.


Mostrar Sombras de la Noche
Líder: Gustavo Cerati. Un Torracat taciturno. Sobreviviente de la Isla Bonita. 

Primer Sicario: Carlos Santana. Un sandslash de hielo con una actitud fría.

Segundo Sicario: Ana Gabriel. Una gliscor adicta a las apuestas. 

Tercer Sicario: ¿???

Cuarto Sicario: ¿??

Quinto Sicario: ¿??

Sexto Sicario: ¿??

Séptimo Sicario: Una medicham de Silem

Octavo Sicario: Alejandra Guzmán. Una Aromatisse expresidiaria bastante preocupante y digna para tener más de treinta.

As: Reina de Corazones - Un ángel que acompaña a su usuaria a todas partes, pero que se hace débil con el tiempo. Para remediarlo, puede separarse de él y luego volver a unirse, lo que le devuelve la fuerza original. Puede invocar fuertes vientos con sus alas Al unirse, se vuelven uno solo y todas sus habilidades pasan a la usuaria.

Noveno Sicario: Alfred. Un Mewtwo creado por el doctor Misaka e inventor. Se obsesiona bastante fácil. Sus invenciones más famosas son los genesect elementales.

As: The Model - Su consciencia se mueve de aparato electrónico a aparato electrónico, pudiendo controlarlo desde dentro. Lo que podrá hacer depende del aparato. Por ejemplo, puede ver a través de aparatos que tengan una cámara y puede mostrarse a si mismo con aparatos que tengan una pantalla. También puede mover a otras personas. El problema es que su cuerpo físico estará vulnerable mientras use la habilidad.

Decimo Sicario: Jorge Drexler. Un dhelmise viajero.

As: Movimiento – Puede moverse entre cuerpos de agua cercanos uno del otro. Sirven piscinas o cualquier contenedor que tenga suficiente agua con profundidad para sumergirse parcial

Onceavo Sicario: Soda Stereo. Un mimikyu tramposo.

As: Persiana Americana – Es capaz de crear persianas ocultas para atacar a través de ellas y desplazarse.


Mostrar North Marine Star - Dignos de Mención
Lady Valt: Sylveon shiny. Delegada de 1-A en Candelor. Un poco huraña por la evolución prematura.

Leandro Flower: Umbreon. Estudiante aniversario. Hermano mayor de Denisse Flower.

María: Lopunny. Sirvienta de los Flower.

Elektra Smith: Pikachu. Estudiante de Candelor y miembro del club de la lucha. 
As: High Voltage - En vez de generar electricidad, genera plasma.

Sansa Stark: Charmeleon. Estudiante de Candelor y iembro del club de la lucha
As: ¿?

Claudia Granat: Gothitelle. Tutora de segundo año de Candelor. Esposa de Larissa Granat y madre de Michelle Granat. Responsable y diligente.

Larissa Granat: Una primarina que actualmente es modelo. Antigua exploradora. Esposa de Claudia Granat y madre de Michelle Granat.

Sir Valt: Vaporeon shiny. Padre de Lady, de Beatriz y otros hijos adoptivos. Químico y dueño de Industrias Flower. Sobreviviente de la Isla Bonita.

Leonard Flower: Flareon. Padre de Denisse, Zaira (adoptivo) y Leandro. Inventor y dueño de Industrias Flower

Iris Flower: Espeon. Esposa de Leonard y madre de Denisse, Zaira y Leandro. Ama de casa… más o menos.

Miss Valt: Delcatty. Madre de Lady y antigua esposa de Sir. Falleció de pokérus de pulmón cuando Lady era una niña.

Hijos adoptivos de Señor Valt: Zizagoon monocromáticos. Hijos adoptivos de Sir Valt y hermanos menores de Beatriz y Lady.
Unos estudiantes de primaria irascibles.

Harry Seagull: Spheal. Hijo del alcalde y estudiante de primaria. Hermano menor de Elizabeth Seagull.


Lisa o Elisa Valt (anteriormente Folk): Linoone. Esposa actual de Sir. Antigua habitante de Villa Celebi y Ex esposa de Ramon Folk. Madre de Beatriz, los mapaches y madrastra de Lady. Muda debido a un incidente desconocido, pero se sospecha.

Berenice Scarlet: Una jynx. Esposa del señor Scarlet.

Señor Scarlet: Glalie. Dueño de chocolates Scarlet.

King: Un Kingler que es mala gente.

Señor Spinda: Dueño de la cafetería Spinda. 

Comandante Gonda: Golem. Capitán de Policía de North Marine Star.

Alcalde Seagull: Walrein. Alcalde actual de Puerto Lugia en su antiguo mandato. Un poco anticuado.

Señora Seagull: Esposa del alcade. Una ninetales de hielo con muchas ocupaciones.

Anastasia Whirlpool: Machoke. Líder del club de pelea. 
As: ¿??


Mostrar Dignos de mención en Villa Celebi
Nicole: Sentret. La chismosa profesional del Barrio Gris.

Comandante Smoke: Un anciano Torkoal que fue de los sobrevivientes de la Isla Bonita. Antiguo comandante. 

Reina Gray: Una minccino. Estudiante de sexto de primaria. Cohibida.

Roy Gray: Un ambipom ex líder de los Dynamic Punch. Muerto en una pelea de pandillas. Hermano de Reina y Ray.

Ray Gray: Un aipom adicto a las bebidas hasta tal punto que su mente esta echada a perder. Hermano de Reina y Roy.

Samanta Fox: Una nickit estudiante de secundaria. Hermana menor de Diego Fox. Bastante vaga.

Diego Fox: Un thievul. Lider de los Dark Thieves. Hermano mayor de Samanta. Un caballero embustero.

Adrián: Un zorua enamorado de Laura. 

Keira: Una eevee con flequillo. Le gusta pedir favores

Jayden: Un sneasel con hoces de hielo, supongo. Lleva su Walkmon a todos lados.
As: Mirage - Crea copias fantasmas de sí mismo con pisar el suelo.

Señor Appeston: Un slaking. Buen tendero, mejor persona.

Ramón Folk: Obstagoon. Un sujeto violento. Ex marido de Lisa Folk.
As: Every Breath You Take – Al tomar aire, crea una armadura alrededor de sus músculos. Puede mantenerla para defenderse y soltarla para atacar.

Reyes Gray: Una cinccino. Madre de Ray, Roy y Reina. Secuestrada.

Lucía Miller: Una purugly. Madre de Laura. Trabaja en una tienda. 

Lider del Barrio Gris: Un stoutland capitán de policía. Se sospecha que tiene un as.

Hijo del lider del Barrio Gris: Un Herdier pervertido que también es policía. Se sospecha que tiene un as.

Mostrar Otros
Akram/Antara Moad: Un meowstic. Imitador de terrorista y tío de Zaira.
As: Rewind - Rebobina un objeto a su estado anterior. No funciona con pokémon al menos que se chasquee los dedos en el mismo instante en que fueron explotados.

Dr. Misaka: Un drowzee. Creador de Arthur y Alfred.

Arthur Rembad: Un Mewtwo creado por el doctor Misaka. Miembro de los poetas perdidos.
[Imagen: g325fpf.png]
Los Fan Arts usados en esta edicion son propiedad de sus respectivos autores
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Longfic- Deseos de Cosas Imposibles

Extension largaLongfic
FranquiciaMystery Dungeon
GéneroAcciónComedia
Resumen

Una joven eevee planea convertirse en líder mundial, pero los sueños no son fáciles y menos uno así

AdvertenciaDrogasViolencia
#91
Capítulo 26: El Gran Evento Benéfico del Señor Valt (2/2)

I

En el centro de la plaza Celebi, el gran evento benéfico de Laboratorios Valt estaba ocurriendo dentro de una tarde soleada donde los pokémon que asistían preferían ocultarse en las sombras que creaban los techos de lona que había mandado a instalar el vaporeon previendo ese problema. Aunque tampoco era una maravilla, organizar algo así en dos días era digno de la gran influencia del científico. Las crías más ágiles saltaban en el trampolín de anchas dimensiones mientras que las que no eran capaces de seguir el ritmo preferían mantenerse cerca de los puestos de comida gratis quienes tenían la orden de servir todo lo que pidan los niños. Después de todo, eso no era cosa de todos los días. Un Mr. Mime con buenas referencias (y un buen salario) entretenía a su público o al menos lo intentaba. Un inflable en forma de probeta brillaba por el sol. Mientras tanto, una carpa cerrada con un broche metálico protegía al benefactor que había hecho todo aquello posible. A pesar de que trataba de beber de un vaso de agua, el temblor de su pata no dejaba de alejarlo de ese mundano objetivo. Esa maldita zorra le miraba, sentándose con la cola por delante, como si estuviese protegiéndose de cualquier cosa.

—No hay forma de que mi esposa no se enteré —comentó Sir rindiéndose y apartando el vaso de plástico.

—Dile que es una sorpresa —dijo Denisse con la mirada perdida.

—A todas las hembras le gustan las sorpresas. Puede funcionar.

—A mí no me gustan —protestó la chica de una manera tan adorable que no pudo evitar reírse un poco.

—Quizás cambies de opinión cuando seas mayor.

En unos cuantos minutos debía a salir a dar un discurso, sin más seguridad que la de un cuarteto de colegialas y un escondite. La meowstic estaba escondida dentro de la multitud, mirando a través de sus ojos espirituales. La gata y la foca estaban camufladas entre el público para asegurarse de que el sicario no se hubiese adelantado y contenerlo cuando llegase. La zorra de pelaje café era la encargada de cuidarlo por si el criminal decidía un ataque más frontal. El futuro con su familia estaba en patas de una niña en la edad exacta donde apenas comienza a dejar de serlo. Una niña consentida y malcriada, además. No podía ni imaginar cómo reaccionaría la señora Flower si se diera cuenta de que su princesa era una psicópata.

—No estés tan nervioso —dijo Denisse incorporándose con una de esas sonrisas infantiles que le asustaban por contraste—. Laura actúa rápido y Michelle se asegurará de que nadie del publico salga herido.

—No sabes a lo que te estás enfrentando….

—¡Y no voy a saberlo hasta que lo vea!

Unos acordes de saxofón saliendo de su móvil le avisaron de que era la hora. Denisse sacó un peine para cubrirse los ojos con el pelaje, luego salió por una puerta oculta, prometiendo verlo desde cerca. No sería del todo ideal que alguien la viera salir de su tienda. Después de hacer un último esfuerzo, Sir vació el vaso de agua dentro de su garganta con un carraspeo. De una manera rutinaria, revisó si sus escamas moradas estaban lo suficientemente brillantes. No tendría otro discurso más importante que ese. Al levantar el cierre de la carpa, lanzó un suspiro, salió al exterior y fue iluminado por la luz de un sol que calentaba a todos en Puerto Lugia. El escándalo de voces desapareció poco a poco al mismo tiempo que subía a un pequeño estrado, justo debajo de la probeta inflable. No muchos iban a hacer caso de lo que diría o siquiera los escucharían, que estarían haciendo bien porque no preparó más que patrañas. Solo ocupaban la atención de otro pokémon especial.

—Oh, Arceus —dijo un científico ateo antes de prender el micrófono.

II

A Michelle le alegraba que los niños del otro lado del pueblo estuvieran pasándosela bien, pese a que el objetivo del evento benéfico era otro. Al menos era un más que agradable efecto secundario. Era una lástima que tuvieran que interrumpir a los niños mientras estaban jugando, si es que el plan salía bien. La brionne llevaba la bufanda como una especie de muñequera alrededor de su aleta para no llamar tanto la atención y se echó un poco de tierra encima. Ojalá esa horrible estrategia de camuflaje no estuviera funcionando tan bien. Aunque obviamente no eran todos, una gran cantidad de crías se veían descuidadas, con los pelajes desarreglados y uno que otros detalles como callos en los caninos o un olor raro cuando caminaban cerca de ella para los que necesitaba disimular el acto reflejo de su nariz. No todos eran crías, sino que había uno que otro que acababa de dejar la niñez, aprovechando que no evolucionaron todavía. Si eso no fuera poco, muchos parecían estar a la defensiva para su corta edad, molestándose entre si e incluso llegando a pegarse o peor, pegarle a uno que no podía defenderse. Aun así, tenía que aguantarse las ganas de intervenir. Arreglar problemas de críos no era más importante que asegurarse de que nadie saliera peor por un sicario.

«Tus amigas te están contagiando, Michelle. Te estas volviendo muy cínica»

A sus espaldas, comenzaba a escuchar la voz de Sir Valt en un tono perfecto para mostrar seriedad a la vez que no dejaba de ser amigable, diferente a lo frío que era el alcalde del pueblo. Eso era lo único que podía apreciar, porque los nervios no le dejaban registrar ni una sola palabra dentro de su mente. Cuando pensaba en que eran mentiras, se aterraba de que cualquiera pudiera mentirle de manera tan descarada. Agarrándose el sensor debajo de su pecho para notar cualquier movimiento fuera de lo normal, avanzó entre los pokémon. La comida que ofrecían en el evento, hamburguesas y hot dogs, quizás eran suficientes por un día para cualquiera, pero no en su condición. Los intestinos son como la felicidad; no notas lo importantes que son hasta que tienes menos que de costumbre. Una figura imponente detuvo su nervioso caminar. Un joven herdier que debía ser unos cuantos años mayor que ella, los suficientes para que fuera poco ético intentar cualquier cosa.

—Buenas…—dijo el canino con una gorra bastante parecida a la que llevaría un policía—. ¿Qué hace una hembra en un festival para mocosos?

—No sé de qué me hablas —respondió Michelle consciente de por dónde iban las cosas.

—Yo ya sé cuando una niña comienza a convertirse en una señorita —insistió el tipo normal moviendo la nariz—. Tú tienes trece por lo menos, ¿sabías que soy policía? ¿Quieres que te arreste por tramposa?

—Eres demasiado joven para ser policía —dijo Michelle asqueada, luego dio la media vuelta—. Me tengo que ir. 

—¿Adonde vas? Yo siempre consigo lo que quiero.

Un poco harta, Michelle agarró a la fuerza una de las patas del canino y la apretó con rabia mientras activaba su As. El supuesto policía comenzó a retorcerse y a apretar los dientes, seguro que para no gritar en frente de todos. Después de soltarlo por fin, aquel pervertido escapó de ahí, cojeando por tener una extremidad lesionada. No estaba de humor para aguantar esas cosas. Aunque pensándolo mejor, podría meterse en problemas o meter en problemas a Laura quien era la que vivía aquí. La chica se tocó la mejilla con la misma aleta con la que había aplicado la presión, para volver al presente. El presente donde la vida de varios pokémon dependía de lo que hiciera. Una cierta caballera llamó su atención desde la multitud. Una caballera gris plateado, que sea quien sea su dueño, la arrastraba por el suelo. Nunca había visto una especie como aquella. Era demasiado sospechoso, quizás hasta el punto de ser un señuelo. Al sentir su celular vibrar, lo agarró de su cintura y contestó, asegurándose de que nadie la viera usando un modelo tan caro.

—¿Estás bien, Michi? —dijo Denisse—. Tu pulso cardíaco aumentó un poco.

—Sí, estoy bien, Deni. Una falsa alarma.

—¡Ten más cuidado!

—Lo siento… encontré a alguien sospechoso. Es una especie que nunca había visto antes. Me da miedo que pueda ser un señuelo para distraernos.

—¿El del cabello gris? Si, es probable, pero necesitamos ver a donde nos lleva. Zaira miró su aura; está tranquilo, no presenta ninguna emoción. Yo voy a estar vigilando de cerca. Síguelo a donde vaya.

—Está bien

III

Aunque ya debería estar acostumbrada y venía avisada desde casa, la sangre de Laura no podía evitar llegar al punto de ebullición mientras escuchaba la sarta de mierda que soltaba ese puto científico. Era como si de ahora en adelante hubiese decidido usar la boca en vez del culo.  No dejaba de encontrar estúpidos clichés como “sin ustedes el pueblo no sería nada” o “desde ahora conozco su sufrimiento y pienso remediarlo” e incluso la obligada anécdota para caer bien y que todos digan que ese multimillonario que no se dignó a pagar más que unos puestos de comida basura y un trampolín es igual que ellos. A Valt le hubiese ido bien como político. Era el típico idiota de orígenes humildes que tuvo mucha suerte. Aun así, su responsabilidad era cuidarlo, así que tendría que aguantarse las ganas de rasguñarlo hasta lugares donde no llegue ni el más mínimo rayo de sol.

«Déjate de estupideces y concéntrate» pensó la glameow dándose unos cuantos golpecitos en la cabeza.

A Valt debería alcanzarle el discurso para unos cuantos minutos y cuando acabase se quedaría el resto del evento en el escenario, a observar cómo iban las cosas o al menos eso es lo que fingiría estar haciendo mientras esperaba a que alguien lo mate. Si ella fuera el sicario, atacaría desde arriba o desde lejos. No dejaba de mirar el cielo como si en cualquier momento pudiera aparecer una nave especial que desintegraría a Valt con sus rayos láser. A pesar de que no encontró nada allá arriba, en el suelo que pisan los terrestres, una caballera gris le llamó la atención. De manera rápida y silenciosa, corrió hacia un edificio de baja altura para verlo todo desde un ángulo un poco mejor. Usando el sensor ese, llamó a Denisse, después de recordar cual era el botón que se suponía que mandaba mensajes.

—Oye zorra, estoy viendo un pokémon muy raro.

—Ah sí, Michi y yo ya lo estamos siguiendo. ¿Los conoces?

—¿¡Cómo demonios los voy a conocer!? ¡Es la primera vez que veo uno de esos en mi vida!

—Ustedes dos quédense cuidando al señor Valt. Debemos separarnos un rato. Puede ser una trampa o pueden estar preparando un ataque a distancia. Eso sí, no dejen que las vean juntas, puede ser sospechoso.

—Más te vale que esto salga bien.

Y colgó

IV

Desde su perspectiva, Denisse debía reconocer que no sabía lo que estaba pasando ni tampoco sabía qué demonios era esa cosa. Aunque conocía gran parte de lo que contenía la biblioteca de papá de memoria, no recordaba haber visto nunca a ese tipo de pokémon, ni siquiera en esos cuentitos de fantasía que muchas criaturas querían tomarse en serio o en un compendio de figuras mitológicas. A simple vista se trataba de una criatura sin pelaje, con unas alas en la espalda que asemejaban a las de cualquier ave. La piel, a pesar de ser pálida, era hermosa como una taza de porcelana.  No podía notar ninguna imperfección y hasta su interés científico le instaba a tocar esa belleza. No era hora para esas estupideces. Mientras aceleraba el paso, notaba que su disfraz era mejor de lo que le gustaría. Los eevee eran bastante comunes de ese lado del pueblo, cuando todos los arqueólogos e historiadores concordaban que en los tiempos salvajes y en la antigüedad era más escasa por una particularidad que era la prueba de que si Arceus existiera, seguro los odiaría. Al menos pudo respirar aliviada en cuanto puso una pata lejos de la muchedumbre. El ángel y Michelle entraban en un callejón. No había duda de que era una trampa. Afortunadamente, era hora de probar su nuevo invento.

—Eh, tú, te estoy hablando.

Aunque estaba preparando una Cola Férrea o el botón del modificador para asustarla, quien le increpaba le llamaba un tanto la atención por las pocas probabilidades de que existiera. Era un miembro de su especie o quizás debería decir, una miembra, pese a que esa palabra no existiera en ningún diccionario del mundo y pensaba inventarla. Era difícil de calcular su edad, pero podría jurar que tenía la misma que ella. La obra de la casualidad (o que había pocos peinados para eevee) quiso que llevaran el mismo flequillo cubriéndoles la vista. La única manera de diferenciarlos, aparte de su obvia superioridad que no era fácil de ver desde afuera, era el cordel rojo que rodeaba su pata.  A lo mejor era una familia tan numerosa que los peinados no alcanzaban y necesitaban distinguirlos con colores.

—¡Ese peinado es mío, zorra! —exclamó la hembra—. ¡Quítatelo!

—¡Quítatelo tú si tanto te molesta!

La otra eevee frunció el ceño.

—¿Quieres pelea o algo? ¡A ver quién es la que molesta a quien! 

—No tengo tiempo para…

En un segundo, sintió un enorme ardor en su mejilla. Acababan de golpearla. Los gritos de esa chica llamaron la atención de numerosos pokémon que no tardaron en rodearlos. 

—¡Pelea de meowth! —gritó un wooloo que se había cortado las trenzas por el acosoescolar.

—¿¡Qué pasa!? ¿La zorra quiere llorar?

—¡Quiere llorar! ¡Quiere llorar!

De pronto, todo el público se quedó callado. Los ojos de Denisse se oscurecieron mientras sonreía a la vez que los de su rival se abrían tanto que querían rodar de sus cuencas.

—Estás muerta.

Antes de que nadie pudiese hacer nada o decir “algo”, un Cola Férrea impactó en la cabeza de la buscapleitos con tanta fuerza que la lanzó unos metros lejos. La defensora de los derechos de los peinados cayó contra el suelo, quedándose inconsciente. El público quedó más mudo que un Mr. mime en un velorio donde él era el muerto.  Era una suerte que en el último segundo se acordase de contenerse o pudo haberla matado. No quería escuchar los lloros de Michelle una semana más. El sonido de una foca haciendo chirp chirp desde el sensor le hizo salir corriendo hacia el callejón.

V

Era una brutal ironía que la supuesta mentalista del grupo estuviese tan nerviosa. Antes de eso, analizaba el aura de todos quienes veía desde su posición privilegiada, sin estar del todo segura de que andaba buscando en específico. A lo mejor debería enfocarse en no encontrar nada, porque después de todo, un psicópata no sentía emociones al hacer cosas malas. Los sentimientos de los pokemón tenían más matices que los que ella era capaz de vislumbrar con sus poderes, pero saber si estaban enojados, felices, asustados o tristes, era un primer paso. La mayoría de los asistentes caían en la segunda categoría, luego una parte eran indiferentes mientras que los demás pasaban de asustados, tristes y enojados por ser molestados. Aquello no le importaba porque debían concentrarse en su objetivo. Desde el sensor, escuchó la voz de su hermana.

—Zai, ya están viniendo. Laura se va quedar a la distancia, Michelle y yo vamos a buscar a un tipo sospechoso.

—De acuerdo.

Después de obedecer la última indicación de su hermana, que no sabría si lo hubiera hecho igualmente o no, movió sus elegantes patas para acercarse al estrado desde donde estaba hablando el señor Valt. No es que hubiera sido un reto ni nada, ya que nadie prestaba atención al discurso del científico, salvo uno que otro grupo que ni se molestó en alejarse de donde había pasado todo el festival. Desde su posición podía observar que, aunque este evento estaba pensado a niños, no eran pocos los adolescentes que perdían el tiempo aprovechándose de la caridad. Cuando vivía con tía Asunción, la había traído a uno que otro de ese tipo así que sabía que era costumbre. En su región natal venía una que otra organización sin fines de lucro, pero a su padre ni a su madre nunca les gustó pedirles nada, decían que querían convencerlos de que creyera en Arceus o de que podía votar. Más eso no importaba, quedó en el pasado. Además, Made In Heaven era el enemigo de su hermana, lo que significaba que de ella también. Unas pisadas rasposas contra la terracería le hicieron voltearse. Una steenee vestida de esa manera ridícula sonreía mientras seguía acercándose.

—No te acerques —dijo Zaira pensando en si sacar una esfera de metal o no—. Somos enemigas.

Melina puso una mueca de decepción.

—Te has vuelto igual de cortante que mi Deni. Que lastima. 

—¿Qué haces aquí? —dijo Zaira de forma más cortante.

—¿¡Ahora resulta que no puedo andar en mi pueblo!? Me enteré del evento benéfico del señor Valt. Se ve bastante recuperado después de que mataron a mi machoke favorita por su culpa.

—Fue tu culpa.

—¡Yo pensaba que mi Denisse iba a hacer lo lógico y matar al científico de cuarta ese! ¡Pero tuvo que dejarse ningunear! —Melina pisó unas cuantas veces la tierra—. ¡Que rabia¡¡Espero que no me vuelva a decepcionar!

—¿Ya te vas?

La tipo planta sonrió.

—Si eso es lo que quieres… Buena suerte con lo que sea que estén haciendo.

—Espera…

La antiguamente señorita Moad comenzó a sentir que su cabeza palpitaba cada vez que veía a la cara de la líder de Made In Heaven. Era como si algo quisiera salir de dentro. En un principio le achacaba a que no le gustaba verla o los nervios de que Denisse malinterpretase la situación si estaban las dos juntas, pero de inmediato supo que era algo más. Al no recibir respuesta de su antigua sobrina adoptiva, Melina acabó marchándose de ahí, no sin antes ensanchar su sonrisa en manera de despedida apresurada. No entendía por qué demonios se acercó esa tipa si ni iba a decirle nada. Volvió a centrar su atención al frente. El discurso de Valt acabó con uno que otro aplauso dado por una que otra señora. Ojalá no estuviese dictando o fuera a hacer preguntas luego. El festival continuó con normalidad y Zaira empezaba a impacientarse, pensando si sería mejor buscar a su hermana para ayudarla. De pronto, una sombra cubrió su mirada y al mirar al cielo, vio una aromatisse volando debajo de las nubes y bajando en arco en dirección al científico.

Desde la distancia, Zai jaló la cuerda que mantenía erguida la probeta inflable y el señor Valt logró esconderse en la trampilla oculta de metal mientras. como si fuera una pértiga, el material científico de goma golpeó a la pokémon sospechosa, enviándola al suelo con un fuerte estruendo. A continuación, Zaira fue corriendo hacia la sicaria, siendo acompañada de Laura que se había unido en el camino y saltó como una verdadera felina para reducir a la tipo hada. No creía que las cosas fueran a ser tan fáciles. A riesgo de que la capturada intentara algo, decidió quedarse un poco lejos para poder paralizar cualquier extremidad que la bailarina de cabaret intentara mover y aprovechó para usar sus ojos espirituales. El aura de esa supuesta asesina no podía ser más mundana.

—Oh, eso dolió —dijo la pokémon con una sonrisa tonta debajo de su máscara con nariz puntiaguda—. Estoy bien, no te preocupes.

—Eso me preocupa más —dijo la glameow clavando sus garras en las manos del hada.

—Au, duele.

—¿En serio es la sicaria? —preguntó la gata blanca inclinando la cabeza.

—Estas tipas son unas psicópatas, Zaira. No me creo su papel de buenita.

El aura no mostraba más que unos nervios consumiendo la felicidad hasta convertirla en miedo.

—Comienza a sentir miedo y tristeza por tu trato. Una sicaria no haría eso. Puede fingir una sonrisa e incluso el sudor, pero el aura no la puede cambiar a voluntad.

—No me creo una mierda. Lo siento, Zai. No hay manera de que una tipa este volando en el cielo solo sin querer.

—¡Lo juro, lo juro! ¡Fue sin querer queriendo!

La señorita Flower suspiró.

—Hagamos esto. Mantengámosla a buen recaudo mientras llega mi hermana. Quizás este peleando con el sicaria de verdad.

—O puede que sea esta tipa y esté preparada para matarnos cuando nos distraigamos o que el sicario todavía quiera atacar.

Zaira parpadeó.

—Átala, tengo que ir a ayudar a mi hermana.

—Lo que digas…

VI

La extraña figura venida de ninguna parte no hacía un gran esfuerzo por acelerar el paso, moviéndose como si tratara con una decisión importantísima al pisar el suelo con el talón, aterrizar la planta del pie y luego impulsarse hacia adelante. La caballera plateada poco a poco comenzaba a perder el impacto de tanto mirarla de manera que no era más que la parte de la punta de un trapeador. Michelle empezaba a considerar que lo mejor era darse media vuelta ya que el extraño ser no tenía nada más que hacer que llevarlas por toda la plaza. Al parecer Denisse pensaba lo mismo por lo que caminó rápido hasta alcanzar a la criatura por delante. A precaución de que Deni pudiera cometer una locura, ella también dio un ligero impulso para confrontar a ese raro personaje. Aunque claro, lo que no sabían era que él ya estaba esperando. En otro orden de cosas, la eevee lo esperaba también, pero lo que nunca podría adivinar era esa espada de fuego que estuvo a punto de achicharrarla.

—¿¡Dónde tenía escondido eso!?

A Michelle le parecía una pregunta pertinente, después de todo el tipo estaba completamente desnudo., No le gustó notar el hecho de que no hubiera nada cerca de la entrepierna, como si fuera uno de esos muñecos para niños. Los rasgos faciales eran imperceptibles a través de esa capa de grueso pelaje que les había llamado más la atención antes. A las dos les daba la impresión de que tampoco habría nada que ver si pudieran quitárselo. En el otro brazo materializó un escudo dorado de un gran tamaño que llevaba grabado un detallado globo ocular. Era imposible que atacaran de frente, pese a eso, Denisse se transformó en una espeon que dio un brinco sobre la criatura y luego usó su cola férrea para caer como un yunque encima de su cabeza. Al igual que como esperaba, el ser usó el escudo para protegerse desde el ataque de arriba. No había ninguna brecha que aprovechar ya que adelantó su arma en frente de él, asegurándose de que Michi no pudiese acercarse. A pesar de ser tipo agua, no quería arriesgarse a comprobar si ese filo ígneo podría cortarle una aleta o no. Aterrizando sobre el escudo, Deni transformó las puntas de sus patas en las de un jolteon y pisó con fuerza. El metal acabó electrificándose y el ser se estremeció.

—¡Ahora, Michi!

—¡No es necesario que me lo digas!

La brionne congeló ambas aletas e intentó una tormenta de golpes que la criatura correspondió con la suya propia. El problema era que él era más rápido, como si tuviera extremidades de más. Si eso no fuera poco, sus puños eran del todo menos débiles. En el mismo momento en el que un puñetazo logró penetrar su defensa y darle en el vientre, alejándola unos centímetros, Denisse concentró el fuego de su cuerpo en su cola, impulsándose para darle con fuerza en la espalda. El resultado no fue nada complaciente, como si esa cosa no tuviese músculos ni huesos que resultasen lastimados. No entendían por qué habría reaccionado a la electricidad si las cosas eran de esa manera. Era posible que las hubiese engañado para que se confíen o que simplemente creyeron ver algo que no era y considerando que sus costillas podrían haberse roto enteras si no fuera porque Michelle pudo protegerse a tiempo con su As, podría ser cualquiera. En medio de esos pensamientos, el de plateados cabellos volteó  a una velocidad de vértigo que fue suficiente para imprimirle los nudillos a la eevee en el rostro.

—¿¡Denisse, estás bien!?

—¡Sí, estoy bien! —exclamó la espeon.

Otra serie de puñetazos trató de acabar con la de diferentes formas, esquivándolos por poco de un salto. La brionne se impulsó sobre su propia cola y a sabiendas de que perdería, empezó otro intercambio de golpes. Aunque claro, lo que no sabía era que perdería más rápido. La parte buena era que Denisse estaba esperándole en el lugar en el que aterrizó. Además de la sangre que bajaba de su hocico, sus movimientos torpes hacían ver que no se encontraba bien. Michelle logro levantarse, notándose la primera costilla rota. El ser volvió a mirarlas con los puños entrelazados como quien disfrutaba tronarle los huesos a ese par de hembras, salvo por su inexpresiva expresión. Los ataques de frente eran inútiles por la diferencia de fuerzas al igual que los que eran por la espalda gracias a la impenetrable armadura de piel. A todo esto, la eevee se sacudió los escombros de su pelaje.

—He usado demasiada energía solar. Ya no me queda nada. 

—¿Qué hacemos?

Antes de que Denisse pudiera dar una respuesta satisfactoria, la criatura comenzó a correr hacia ellas, pero se detuvo en mitad de su carrera. Arriba de un tejado, que no pudieron preguntarse como demonios llegó ahí, estaba Zaira siendo perfilada por la luz del sol, lo que le daba un buen toque. Una de las piernas de esa cosa había sido paralizada. Aprovecharon el momento para subir hacia donde estaba la meowstic. Lo malo era que cuatro segundos no bastaban para dar un agradecimiento. Al acabarse el tiempo, la criatura dio un enorme brinco en diagonal, destinado a darle otro puñetazo en la cara a la zorra. El puño quedó clavado en medio del aire gracias a Zaira. En el otro brazo que tenía libre, la cosa hizo aparecer un arco dorado (para variar) con una flecha de oro puro. Era increíble pensar en lo costoso que resultaría un trabajo de esa magnitud con un metal tan lujoso. A pesar de que le faltaba un brazo, usó sus piernas y el proyectil salió volando. Zai interpuso una esfera la cual salió disparada de su control mental. Si una de esas les daba, estaban muertas. Cuando la parálisis acabó, el puñetazo, cargado de más fuerza, golpeó en el borde de la casa en la que estaban lo que provocó que salieran disparadas hasta la plaza.

Al menos tuvieron la suerte de caer en el trampolín. En el escándalo, los dueños de las cosas alquiladas tardarían en acordarse en venir a desinstalarlo. El agresor aterrizó sobre él mismo en su persecución, haciéndolas saltar de nuevo y golpeandose contra la tierra, donde no había goma que las salvase de la tierra seca. Una lata dio en la sien de la criatura del lado contrario del estrado. Las chicas vieron la cola de Laura saliendo de la trampilla. A su pesar, sobre todo el de Denisse, lo mejor era una retirada estratégica. Las tres corrieron a refugiarse, pero el albino no pensaba dejarles ir tan fácil. Era todo o nada. Michelle activó la armadura de Famous Blue Raincoat y a su petición, se interpuso en el camino de la bestia con un coletazo de Denisse. El golpe agrietó la armadura, golpeando a sus otras dos amigas que se habían puesto en posición, haciendo que las tres cayesen en la trampilla debido al impacto como si fueran el único trío bolas de billar en la mesa. Cuando las cuatro estudiantes estuvieron a salvo, aseguraron lo que les separaba de una muerte segura. El acero inoxidable que financió el señor Valt aguantó unos cuantos impactos hasta que su rival tuvo que rendirse.

—¡No sé qué sea esa cosa, pero ahora quiero acabar con ella! —dijo Denisse dándole una patada a la pared y aguantándose el dolor al olvidarse de que era de acero también

—Ya encontraremos una manera —dijo Michelle tratando de animar a la líder.

—Sí, lo que sea. ¿Qué ha pasado? ¿Lograron capturar al sicario?

Las dos gatas se miraron.

VII

Algunas zonas de Laboratorios Valt estaban fuera del alcance de cualquier estudiante en una excursión. Debajo del elegante edificio, había un piso subterráneo donde las investigaciones más delicadas encontraban su escondite. Las paredes eran de acero inoxidable. Los empleados eran criaturas ariscas que habían aceptado ese trabajo con tanto secretismo porque su carácter les había valido ser pokémon solitarios. Las estanterías eran ocupadas por archivos asegurados con candados, órganos de diferentes especies y de diferentes peculiaridades conservados en formol y otras bebidas cerradas por intricados sistemas de seguridad en sus tapaderas. La única entrada a esa zona secreta eran unos túneles que pasaban por debajo del pueblo y lo más destacable era una especie de jaula de contención donde a través de un cristal veían a esa hembra que había caído en el cielo durante el evento benéfico de Valt.

—¡Que bonita prisión! —dijo Denisse mirándola como cualquier niña apreciando un unicornio—. ¿¡Cuánto costó!? ¿¡Tiene el número de quien la construyó!? ¿¡Me la prestaría!?

—Unos cuantos billones, no lo tengo y por supuesto que no —respondió Sir.

—Que grosero.

—Dime para que usabas esta cosa —dijo Laura chirriando los dientes.

—Agarramos a niños de la calle y luego les da..

—¡Hijo de puta! —exclamó la glameow siendo sostenida por Michelle.

—Es broma —dijo Sir con una risa triste—. Es una prisión de cuarentena. La usamos para tratar enfermedades infecciosas.

—No te creo una mierda.

—Bueno, de vez cuando probamos una que otra medicina con prisioneros condenados a muerte. No es por presumir, pero la mayoría no se muere y los tenemos que devolver de nuevo para que le apliquen la inyección letal.

—En la región de Insel y cercanas no existe la pena de muerte —comentó Denisse como si hablara del clima—. Debe salir caro.

—Sí, un poco.

—¿Está bien que la mantengamos encerrada? —preguntó Michelle—. No se ve que haya hecho nada malo.

—Es demasiado sospechoso que hubiera caído del cielo sin ninguna explicación —dijo Zaira—. Las aromatisse no pueden volar.

—¿Se habrá caído de un Flyuber de camino a otra isla? —volvió a insistir la brionne.

—¿No le han preguntado nada? —inquirió Denisse.

—Mi detective privado fue a buscar un familiar —dijo el vaporeon—. Aparte de eso, nada más.

—Quiero intentarlo —dijo la eevee.

—Haz lo que quieras. Eso siempre es lo que haces.

—No seas muy dura, Deni.

—Haré lo que tenga que hacer. 

—Más te vale que limpies bien cada vez que trates esas enfermedades infecciosas —dijo la señorita Miller al científico.

Lo único que sabía de interrogatorios eran las cosas que conocía en las películas, pero tampoco es que pudiera ser tan complicado a esas alturas. No era muy diferente a lo que tuvo que hacer con Valt, presionar en los puntos adecuados para que le diga lo que quiera. Cuando entró a la prisión de aislamiento, miró a esa hembra que le miraba con total indiferencia. Ojalá fuera con miedo o otra cosa, pero ni siquiera le provocaba curiosidad. Era la primera vez que miraba a una aromatisse en pokémon, quizás porque el pelaje que recubría su cuerpo no era adecuado para un entorno caluroso. Si no fuera poco, llevaba ese vestido negro de estilo gótico con espalda transparente y una falda ancha. Era mucho más genial que ese estúpido envoltorio de pastelillos que le obligó a llevar mamá en la fiesta. Los ojos detrás de esa mascara natural, seguro hecha de hueso, eran escarlata.

—Hola —dijo la tipo hada alzando un bracito—. Eres muy linda, ¿me quieres decir donde estoy? Esto es muy raro.

—¡Yo hago las preguntas! —exclamó Denisse, parándose de puntillas para parecer más alta.

—¡Que cosita tan adorable! ¿¡Este es uno de esos juegos de rol muy divertidos que hacen hoy en día!? ¿¡Te puedo dar un besito en la frente!? ¿¡Te puedo comer!?

—¡No estoy jugando!

Era demasiado fácil darle un coletazo que le rompiese los dientes para que se dé cuenta de que las cosas iban en serio. Si estuviera de humor, lo haría, porque valdría totalmente la pena aguantar los lloriqueos de Michelle. Antes prefería agotar todas las opciones, así que cerró los ojos, concentrándose por completo hasta que los volvió a abrir. La reacción de la prisionera le hizo saber que había funcionado. Los planos que quería financiar eran unos aparatos que servían para transformar ciertas partes de su cuerpo con el modificador de ADN en vez de hacerlo entero. Al recuperarse del susto, la aromatisse aplaudió. Los ojos de un umbreon habían sido inútiles en esa ocasión.

—¡Que buen truco para Halloween! ¡Recuerda que tienes que quitarte los ojos de contacto antes de dormir porque si…

Un brazo mecánico tocándole el pecho la calló.

—¿Por qué atacaste a mi socio hace rato?

—¿Socio? ¿Te refieres al Dr. Valt? Sus bebidas son ricas.

—Las aromatisse no pueden volar y un impacto con esas patas de aguja a una alta velocidad matarían hasta un golem —interrumpió Denisse con una sonrisa mordaz mientras el efecto parcial del modificador de ADN desaparecía—. Es bastante conveniente que estuvieras cayendo, apuntando directamente al cuello del señor Valt.

—¡Eso es una casualidad!

—¿Qué hubieras dicho si lo hubieras matado?

—¡Me pondría muy triste! ¡Menos mal que no pasó!

—¿Cuál era tu nombre?

—Gloria…

La señorita Flower escondió el brazo mecánico donde pertenecía mientras pensaba en lo ridículo que era ese nombre. Una parte suya consideraba que los golpes dejaron de ser un acto en contra de la moralidad para ser un acto en contra de la moralidad totalmente inútil. Era ese tipo de pokémon que no importara que tanto lo pasara mal, siempre pondría esa cara de tonta al mismo tiempo que se hacía la estúpida. A lo mejor existía la posibilidad de que esa señora cerca o dentro de los cuarenta le estuviera diciendo la verdad, lo que significaba que habían desperdiciado la trampa y no tendría el mismo efecto si la hicieran otra vez. Aun así, necesitaba saber porque esa imbécil estaba atravesando el aire como el proyectil de una resortera. A veces era indispensable aflojar para que la mascota no se escapara.

—Si me dices que no querías al señor Valt… te creo. ¿Por qué estabas volando?

—Fue un accidente. Estaba en el balcón de mi casa.

—¿Dónde vives? 

—En Plaza Celebi. Desde ahí podía ver la fiesta que estaban teniendo. 

Los edificios con balcones en el otro lado del pueblo eran bastante pocos. Ante el riesgo de que el señor Valt pudiera sufrir un ataque inesperado desde uno de esos, el grupo entero dio un paseo por los alrededores para asegurarse de no perderlos de vista. Si recordaba las palabras de Zai, que le decían en que ángulo más o menos caía Gloria y a que velocidad, era obvio que era una mentira en la que ni siquiera tuvo la vergüenza de profundizar. Las cuatro sabían que el balcón cercano a la plaza no era ocupado por nada más que una mecedora. Sus subordinadas tenían la orden de no quitarle el ojo ni a ese sitio ni a los tejados. La cara de frustración de Denisse porque la intentaban engañar de una manera tan simplona fue suficiente para que la prisionera tratara de retroceder.

—No me gusta que las niñas se enojen por mi culpa. Por favor, déjeme explicar. Les juro que estaba tomando una siesta en mi balcón cuando de repente caía desde las alturas ¡Oh Arceus, ni él sabe lo asustada que estaba! ¡Pensé que moriría en cinco segundos!

—¿Me quieres hacer creer que despertaste en medio del cielo?

Después de todo lo que vieron, no es fuera imposible de creer, solo que le parecía demasiado inverosímil. La única posibilidad coherente que podría ocurrírsele es que algún volador quisiese jugarle una broma de mal gusto. Era imposible que alguien tuviera el sueño tan pesado como para no despertar al sentir el tacto de las garras de un pájaro. Si hubiera sido un altaria no sería muy descabellado y, aun así, la resistencia del viento contra cualquier cuerpo que se moviera por los aires debería sacar de la ensoñación a cualquiera. Además, deberían encontrar a un pokémon capaz de volar sobre las nubes. Las dos hermanas Flower sabían que existían especies capaces de hacerlo; las mismas especies que tendrían otras cosas que hacer aparte de jugarle una broma a una hembra que no conocían ni en su casa… ¿no será?

VIII

A pesar de lo que dijeran las páginas de una enciclopedia que podría inventarse un niño de diez años, existían metales que no eran capaces de romperse por los puñetazos de un ángel o al menos un ángel solitario. Aunque Alejandra Guzmán insistía en que él era mejor estando solo, la verdad era que se sentía mucho peor. La pálida criatura de cabello gris escondió sus alas negras cerca de su espalda o más bien, las redujo al máximo de su tamaño para que no fuesen tan llamativas ante los ojos de los mundanos. La mirada del angélico ser recorrió de un lado a otro la escena de crimen de su amiga. Los puestos de comida de pocos nutrientes habían quedado abandonados. Un hot dog a medio hacer había sido dejado a su suerte encima de una plancha de metal, con la mitad de la cátsup puesta. Sin dudarlo, se lo comió entero, masticando cada bocado. Era inútil porque no sabía a nada. Los ángeles no habían sido bendecidos con papilas gustativas. 

Desde que recordaba que estaba vivo, ansiaba ser un pokémon corriente. Esa era la razón por la que aterrizó en la tierra, siendo expulsado del paraíso debido a esa decisión. Admiraba a las diferentes criaturas que vivían dentro de esa bola llena de agua en la que flotaban pedazos de tierra gigantes. La vida más miserable era más que apetecible que esa existencia inmortal que no le gustaba. Cuando conoció a Alejandra, al menos tuvo el consuelo de que estaría cerca de una pokémon, de que podría ver todo lo que hacía. Él entendía que tuvieran que separarse, pero era insoportable volver a la soledad. Ahora que el plan de matar a las niñas en su forma más pura había fracasado, tendría una excusa para volver a unir fuerzas con ella. Lo último que hizo fue dejarla en medio del cielo como le ordenó; como le ordenada cada vez que tenía un contrato difícil, sobre eso que los mortales llaman evento benéfico. No importaba que tendría que hacer, necesitaba encontrarla. 

Mostrar Da da da da, da da da da
@Maze Sí, quizas son demasiados personajes (y van a llegar unos cuantos más), pero voy a intentar controlarlos y presentarlos poco a poco. Michi a estas alturas esta desembarrancandose en cuanto a confianza en si misma se refiere, es normal que comience a exagerar. Sobre lo de Reina, en efecto, le tengo preparadas unas cuantas cosas junto a otras dos personajes. Una ya la conocimos en un capítulo anterior y otra hace su debut en este capítulo de manera oculta, pero no lo hará de manera oficial en unos cuantos más. 

y va haber más cosas.

@Sakura Con lo de zorra siempre he jugado con el doble sentido de esa palabra, de forma que nunca sabes si Laura la esta insultando de verdad o no. es muy divertido. jajaja que gracia (?). Ray va seguir molestando por un tiempo más o puede que para siempre, todavía no lo sé, pero pronto lo sabremos. Sobre el tipo, es más que nada que te quitan tu capacidad de usar ataques. Por ejemplo, Alejandra ya no podría usar carantoña o luz lunar o lo que sea que aprenda aromatisse (?). Es una medida que le hacen a los convictos para asegurarse de que no causaran daño. Aunque claro, los policías no toman en cuenta a los ases que funcionan de otras maneras.

@Nemuresu En efecto, esos perrillos van a hacer importantes pronto, pero todavía hay unos sicarios sueltos (??).

Eso es todo por ahora. Muchas gracias por seguir leyendo y lamento que este cap haya sido más que nada transición o como se escriba.

Hasta la proxima.

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#92
Oh God, a esas pobres chicas les espera una gran sorpresa, tras darle la oportunidad a esa Aromatisse de meterse en su "área" por así decirlo. Esa decisión va a costarles caro, o bueno, tal vez tengan con qué valerse contra ese tipo de tácticas.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#93
(17 Feb 2021
09:51 PM)
DoctorSpring escribió:
—Haz lo que quieras. Eso siempre es lo que haces.

When conoces tanto a Deni que ya te resignas.

Bueno, el señor Valt sigue vivo de momento, y no es que no confíe en la capacidad que tienen las chicas de protegerlo, es que creía que habría un giro dramático de los acontecimientos que acabaría en tragedia. Me gusta como el punto de vista va cambiando de una a otra durante el capítulo de forma más marcada, mostrándonos sus pensamientos, perspectiva y personalidad en profundidad; da la sensación de que la narración se adapta de forma fluida a cada una en vez de quedarse en un estado más neutral (por ejemplo, en la parte de Laura hay insultos y en las de las otras no).

Uy esa aromatisse, no me gusta nada que la hayan atrapado con tanta facilidad. No me malinterpretes, no en el sentido de que no me guste el hecho en sí, sino en el de que cuando las cosas van tan fáciles al principio es porque luego va a venir una catástrofe... como dice Nemu han metido al enemigo en su territorio y eso puede tener unas consecuencias nefastas. Además que la sicaria es muy muy buena engañando, me has hecho hasta dudar y pensar que a lo mejor se trataba de su hermana o algo, porque camuflar el aura como dice Zai son palabras mayores. Esto podría traerle problemas al grupo, pues ya me las imagino discutiendo porque unas piensan que es inocente y otras no. Oh boy, aunque parece que la hayan atrapado pueden pasar un montón de cosas a partir de ahora, veremos qué nos depara el siguiente capítulo.

Una lectura muy entretendia Doc, nos vemos en la siguiente  totodile
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#94
Llámame idiota pero no tengo la menor idea de qué es esa cosa ángel. Nyatenshi tal vez.

Tal vez tenías razón en que debía esperar al siguiente porque este no me deja con mucho qué decir. Mi teoría es que la Aromatisse fue víctima de hipnosis o algo similar por el verdadero sicario para usarla como distracción. Plus, me llamaron la atención las partes de Michi siendo un tanto más agresiva (A la pobre la tienen hasta las bolas) y el breve encuentro entre Milena y Zaira. Sieeeeeento qué esto es, más que nada, en preparación del próximo capítulo. 

Nos vemos luego. 
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
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#95
Capítulo 27: El Paraíso Perdido

I

Dentro de una cárcel de cristal acorazado donde cualquier movimiento para escapar era inútil, Alejandra comenzaba a perder la paciencia. Esas mocosas tardaban demasiado en descubrir lo que querían que descubriera. Aquella era una táctica que nunca había fallado desde que comenzó a ser sicaria. Esa criatura que llamaba ángel era un producto de su imaginación dado que en la cárcel comenzaba a aburrirse mucho. Era difícil encontrar cosas que hacer en un cuarto de hormigón de tres metros cuadrados y sus compañeras de celda no aportaban a hacer su visita más amena. En realidad, tenía sentido, porque después de todo la intención de una prisión no era de la que pasaras bien, pero si la regla de la minoría de edad no la detuvo, menos lo harían las demás. Dentro de la prisión regional de hembras de Insel había talleres de música o teatro, cosas que no le interesaban porque significaba convivir con las demás prisioneras a las que odiaba, aunque no conocía. Un pasatiempo más solitario sería más preferible. Era una joven bonita que acabó en prisión por cuestiones de amor así que podría escribir un libro sobre su vida. 

La idea aterrizó dentro de su mente mientras trabajaba en la lavandería. Una biografía donde explicase las vicisitudes de ser una hembra encandilada por los focos del éxito. Al salir de la prisión, buscaría una editorial para publicarlo, porque sabía que las memorias de una muchacha estarían bastante cotizadas. Después de todo, una podía mantenerse hermosa en estado de cautiverio si es que conseguía los productos adecuados. El conocimiento sobre cómo funcionaba el trueque con sus compañeras (realizando alguno que otro de poca moralidad), le bastó para obtener una oxidada maquina de escribir sin algunas teclas, pero con cintas de sobra y unos cuantos folios de papel de relativa calidad en donde plasmar sus ideas. Durante el ultimo tiempo libre antes de que mandaran a apagar las luces, Alejandra comenzaba a escribir, supliendo la falta de letras con una larga nariz que los guardias convirtieron en roma por el peligro de que funcionara como arma para apuñalar a jovencitas indefensas. 

Desde un principio supo que escribir no iba ser tan fácil, no era tan ingenua, pero el problema no era ese. Cuando comenzó a aporrear las teclas, las palabras que tenía en la mente no eran las mismas que aparecían en el papel. La historia de su nacimiento no era destacable. Nació en una familia normal en una región normal con ingresos normales, quizás con el pequeño inconveniente de que, aunque tampoco estaban muriéndose de hambre, eran demasiado pobres en comparación a sus demás parientes. Alejandra tenía que conformarse con ser parte de la aburrida clase media mientras sus primas vivían en enormes casas llenas de sirvientes. Al menos, esas obligadas integraciones le funcionaron para conocer los modos de las clases acomodadas, de como había que juntarse con ellos para disfrutar de sus beneficios por un solo día. En una de esas fiestas, llenas de bebidas que eran al menos diez sueldos de su padre, conoció a un respetable caballero ante sus inocentes ojos. Antes de ese argumento que parece ser sacado de una película mala de amor, encontró en el manuscrito una sarta de sin sentidos.

Unos bebes naciendo de mujeres sin necesidad de pasar por el útero. Unos arbustos secos que aprendían a hablar cuando acababan prendidos en llamas. Unas ciudades que eran destruidas por extrañas criaturas aladas humanoides. Un mundo creado en el tiempo récord de siete días. Eran los fundamentos de una nueva religión. Una pokémon que dudaba de poder articular una frase en cualquier tiempo, había escrito páginas y páginas de locuras. Después de intercambiar la maquina de escribir por una nueva paleta de maquillaje, metió las hojas dentro del excusado porque no tenía humor para conseguir un encendedor ni quería arriesgarse a prenderle fuego. Desde ese momento, pensó que las malas ideas inventadas por su imaginación habían desaparecido dentro del sistema de alcantarillado de la isla. No podía saber lo equivocada que estaba. 

II

Desde el único balcón de Plaza Celebi, las vistas eran bastante deprimentes. Los edificios construidos sin ningún orden formaban una especie de paisaje impresionista pintado con la miseria, como una de esas heridas o cicatrices que tenían cierto encanto artístico. Ninguna de las chicas quería recargarse porque a simple vista podían ver que la baranda de madera que evitaba que cayeran a un sucio pavimento estaba desvencijada. Al menos podían admirar la sierra donde los voladores que vivían en la Villa construyeron su barrio. Era el balcón donde supuestamente debería haber estado Gloria en el que tenían una buena visión de la plaza y encontraron una prueba que, a simple vista, indicaba que la aromatisse decía la verdad. Una pluma negra atorada en uno de los cables de la luz que al estar mal colocados formaban una telaraña amenazante en los cielos. Cuando las cuatro estuvieron mirándola de cerca, cayeron en la cuenta de que era demasiado grande para pertenecer a cualquier ave que conocieran o al menos había sido así hasta que lucharon contra esa cosa rara por primera vez. Si estaban en lo cierto, debía ser de las grandes alas de esa criatura. 

—¡Eso significa que Gloria decía la verdad! —exclamó Michelle triunfante.

Denisse sonrió.

—O eso es lo que quieren que pensemos. Es demasiada casualidad que una sola pluma se haya quedado atorada en el punto exacto donde no se la llevaría el viento. Ahora no tengo ninguna duda de lo que está pasando; ¡Esa señora y la criatura son cómplices! ¡Si nos atrajo a este balcón, es porque quiere que lleguemos a la conclusión de que la criatura está creando los problemas por si misma para que la persigamos!

—¡Ahí arriba!

Era un verdadero éxtasis cuando tus deducciones estaban en lo cierto, incluso si eso significaba el máximo peligro. La criatura de cabello gris lacio lucía como una verdadera figura religiosa detrás de los rayos del sol que perfilaban su mirada y hacían parecer a las nubes manchas de acuarela. Las grandes alas negras estaban extendidas a los lados, dándole el amenazante aspecto de un cuervo que estaba a punto de atrapar a su presa para comérselo hasta los huesos. En esa ocasión, sus presas eran unas niñas que, aunque tenían el aspecto de prepararse para lo que sea, en realidad buscaban por todos lados una manera de escapar, una apertura para tener un poco más de tiempo. Aunque claro que Denisse era la excepción porque su hocico mostraba una gran sonrisa que ni siquiera era desafiante sino tranquila. Era la típica sonrisa de quien sabía que tenía un esclavo nuevo. Antes de que ninguna de sus subordinadas moviera un dedo, la eevee alzó una pata en señal de espera. La criatura que estaba parada en un pilar invisible hizo aparecer su arsenal dorado mientras que la zorra preparaba el suyo. Arrancándose el medidor de pulsaciones del pecho, se lo mostró al ángel.

—Esto es un detonador a distancia. No te muevas ni un centímetro o mato a tu amiga.

No mencionó ningún nombre porque conocía la posibilidad de que esa sicaria le hubiera dado uno falso y desde el principio era obvio que ese farol tenía probabilidades de fracasar. Ante la sorpresa de sus compañeras, ese pequeño acto teatral funcionó. La criatura, sin tener ninguna expresión en su mirada más que la de una perpetua tristeza, como si fuera una estatua dentro de un museo deprimente, desapareció sus armas doradas. Los cinco compartieron un momento de silencio donde nadie movió ni un musculo ni dijo una oración. Cuando Denisse observó la primera señal de movimiento en esa cosa, hizo que sus amigas se quitaran sus aparatos. La criatura sabía que por más rápido que fuera en convertirlas en paté una a una, la que sobreviviría tendría el tiempo suficiente. Ahora que estaba segura de que el nudo en la correa de ese perro desproporcionado era más infranqueable que el gordiano, dio su primera instrucción. No le quedaba nada de energía solar.

Si esquivaba un golpe repentino, era porque habría sucedido un milagro. El problema era que Denisse no confiaba en los milagros.

—Aterriza frente a mí con las manos en la espalda.

La criatura aterrizó.

—Si le hacen daño a Alejandra, les va caer la furia de Dios encima. 

—Ah, puedes hablar. Es una lástima que no crea en ningún dios —dijo la eevee—. Ahora, dime, ¿Quién es Alejandra? Me dijo que se llamaba Gloria. Ella no es muy cooperativa.

—Gloria es un seudónimo. Es mi mejor amiga —respondió la criatura—. Mi ventana para observar el mundo mortal. Haría todo por ella.

—¿Qué estupideces estás diciendo? —preguntó Laura incrédula—. Alejandra es un nombre demasiado aburrido para una asesina.

—Oh, que interesante —volvió Denisse ignorando a la glameow por completo—. ¿Quién es el sicario de los dos?

—¿Sicario? Yo soy parte de las huestes de Dios y Alejandra solo es una trabajadora que manda a pokémon al reino de los cielos por dinero.

—¿El reino de los cielos? —preguntó Michelle sin entender nada.

—¿Dónde esta el reino de los cielos? —insistió Denisse.

—Un lugar que nunca verán. Ustedes van a ir al infierno.

—Hermana, se refiere al paraíso o al cielo —interrumpió Zaira—. El lugar donde, según muchas religiones, los pokémon buenos van después de morir.

—Oh, supongo que nunca lo conoceremos —dijo la zorra inflando las mejillas, después volvió a sonreirle al ángel—. Si no me dices lo que quiero saber y no haces lo que yo digo, al menos no vas a tener que morirte para ir al infierno porque te voy a hacer la vida imposible. A ver, siguiente pregunta… si Alejandra es la sicaria, ¿tú la ayudas?

—A veces le acompaño como testigo del señor y muchas veces me deja apoyarle, pero la mayoría del tiempo ella hace todo sola.

—Así que ya hemos atrapado a la segunda sicaria —confirmó Michelle.

—Parece ser que sí —dijo la glameow lamiéndose las garras—. Eso fue fácil.

—Pero su aura…

—Son psicópatas, Zai —respondió Deni.

—Oh…

—¡Pero eso es lo que yo te dije! —exclamó Laura.

—¡Uno menos! —exclamó Denisse—. Ahora, nos toca deshacernos de este pequeño problema. Bueno, ángel, ¿Qué estarías dispuesto a hacer por Alejandra?

—Lo que haga falta.

Cuando el ángel acabó de pronunciar esa fuerte afirmación, un viento de la misma potencia sopló desde detrás de las estudiantes, amenazándolas con echarlas del tejado. Denisse endureció su cola para usarla como peso y quedarse en el sitio. Michelle trató de congelar su aleta trasera en el suelo, pero el agua era llevada por la tempestad, pegándole en el rostro de la criatura cual brisa marina durante un paseo en el malecón del pueblo. La glameow logró sostenerla de la cintura antes de que fuese arrastrada, pero Zaira no tuvo tanta suerte. Al ver que no era capaz de agarrarse a ningún sitio y paralizar sus propias extremidades solo causaría que se le rompieran las piernas por la inmensa energía que se acumularía en ellas, lanzó sus esferas de metal contra la criatura en un acto de desesperación cuyo resultado fue el mismo que si estuviera jugando frontón. La criatura desplegó sus alas, dando un fuerte brinco al contrario de la dirección del viento y agarró a la meowstic mientras volvía a su sitio. Cuando el viento volvió a la normalidad, era demasiado tarde. Aunque la psíquica trataba de liberarse de su agarre, el ángel la tenía apretada contra su pecho en contra de su voluntad, con la espada de fuego a tan pocos centímetros de su cuello que eran capaces el olor acre del pelaje quemado . Denisse gruñó. La misma estrategia sucia había sido usada en su contra.

—Muchas gracias, mini mortal. Me has enseñado como manejar a los mortales mediante sus sentimientos. Ahora estamos iguales.

—¡Eso es trampa!

—¡Suelta a Zaira, hijo de puta! —exclamó Laura.

—Ustedes hace poco estaban amenazándome con la vida de mi amiga. Ahora yo hago lo mismo.

—Te recuerdo que todavía tengo el detonador —dijo Denisse tratando de no mostrar su frustración, sin mucho éxito.

—Yo tengo a tu amiga. Tienes que escuchar mis demandas.

—¿Qué es lo que quieres? —dijo Michelle sudando como un mar.

—Llévenme donde esta mi amiga. Voy a rescatarla.

—¿Estás consciente de que tu amiga quiere asesinarnos? —preguntó Denisse.

—¿Tú estás consciente de que puedo decapitar a tu amiga en cualquier momento?

—Mi vida no vale lo mismo que la misión —dijo la gata bípeda—. No le hagan caso.

—¡No digas eso, imbécil! —respondió la zorra—. Bueno, podemos hacer un trato. Si sueltas a Zaira, te llevaremos con tu amiga, la vas a rescatar de su prisión, pero… te harás al lado para que pelemos contra ella. 

—Lo rechazo. Rescataré a mi amiga y juntos nos iremos.

—¿Se irán del pueblo?

El ángel guardó silencio por un momento.

—Puerto Lugia es desagradable. Sí, nos iremos, la convenceré.

—¿Qué tal si te comprometes a largarte con ella lejos de aquí y a que nos deje en paz? —dijo Laura.

Esa no es la victoria que Denisse quería, pero no podía arriesgarse a perder a una subordinada…

—Como tú quieras. Suéltala ahora mismo.

—No la soltaré hasta que lleguemos.

—¿Cómo sabemos que cumplirás con tu palabra? Mira, te propongo algo.

Denisse sacó un pequeño tornillo.

—Esto es una bomba. La pegaremos en el cuerpo de Zaira y te daré un detonador. Si incumplimos nuestra palabra, tendrás el derecho de hacerla explotar. Eso sí, seguiré teniendo el mío como una garantía.

Otro silencio.

—Esta bien, pero las vigilaré mientras me guían, minimortales. No tienen permitido soltar ninguna palabra hasta que lleguemos y las cuatro irán detrás de mí.

No tenían otra opción, al menos por el momento. Denisse clavó el tornillo hasta el fondo en uno de los brazos de Zaira para convencer a la criatura de que no había ningún truco, le dio el supuesto detonador y asegurándose de que pudiera ver que la amenaza de que Alejandra podría convertirse en una mancha de pintura estaba a flor de piel, el quinteto comenzó a caminar hacia la entrada oculta que llevaba al laboratorio secreto del señor Valt. No había ninguna manera de decirle que estaban a punto de llevar a una criatura cuasi inmortal a sus instalaciones, que además de ser lo suficientemente fuerte para cargar kilos de oro sólido, al parecer podía invocar fuertes vientos de la nada sin mover siquiera ningún musculo. Si el ángel no era un sicario por su cuenta y solo acompañaba de vez en cuando a su amiga en sus trabajos de sicariato, quizás la primera vez que pelearon contra él fue porque ejerció su derecho a la defensa propia e iba a atacarlas en el balcón esta segunda vez porque suponía que tuvieron algo que ver en la desaparición de la aromatisse. Denisse lanzó un suspiro. El hecho de que eran rehenes bilaterales no le consolaba, considerando que esa cosa les superaba en fuerza. Esa era la razón por la que pensó que no cumpliría su palabra e intentaría matarlas en el ultimo momento, pero las cosas fueron diferentes. Cuando llegaron a la trampilla de metal, la plaza ya tenía a pokémon caminando por doquier, haciendo sus cosas. Al parecer, los incidentes en este lado del pueblo eran olvidados con abrumadora facilidad. Unos cuantos niños jugueteaban con la escotilla, intentando abrirla y por suerte la mera presencia del ángel los hizo huir. 

—¿Quiere ir primero, señor ángel? —preguntó Denisse.

—Me piensas encerrar ahí adentro. Que vaya la mini mortal rehén de primera. 

«Ah claro, no conoces como funcionan los detonadores remotos» pensó Denisse sin decirlo. Era mejor que siguiera creyendo que la situación era la que pensaba. Obedeciendo a las indicaciones del ángel, Zaira bajó por las escaleras hasta el subsuelo, seguida de la criatura que descendió de un salto. Antes de que las demás pudieran acompañarlos, se cerró de pronto. Asustadas, porque la vida de Zai podría correr peligro, las chicas intentaron abrirla sin que pudieran moverla ni un centímetro. Si las abolladuras en la escotilla por los golpes del ángel habían hecho difícil abrirla con facilidad, una definitiva hizo que fuera imposible. Si lo pensaba bien, la verdad que la fuerza con la que se cerró fue demasiado fuerte para que el viento lo haya hecho… a no ser que. Denisse mostró una gran sonrisa a sus subordinadas que seguían intentando acceder.

—¿¡Qué te pasa, puta psicópata!? ¡Zaira está ahí debajo!

—Ella lo hizo a propósito. La cerró con su telekinesia para darnos una oportunidad.

—¡Ella se sacrificó! —exclamó Michelle.

—O no… el ángel sigue creyendo que puede explotar a Zai y ahora no esta ninguna para impedirlo.

Las tres supieron lo que tenían que hacer.

—¡Rápido, tenemos que ir por el otro lado!

III

Después de que los sueños de escribir una amada biografía escapasen por el excusado, Alejandra no sabía como pasar el resto de su condena. Antes de que la arrestasen, tenía el sueño de comprarse una mansión y en ese momento podría conformarse con una pequeña casita donde vivir en libertad, pero una era ingenua de joven. Ese querido caballero que conoció en una fiesta de millonarios, era un furfrou bien arreglado quien acomodó su pelaje para asemejarlo a una linda fedora y corbata. Destacaba del resto de los machos por su tremenda elegancia al beber cocteles de alta categoría. Si estuvo interesada por él, fue porque la invitó a la barra a pedir lo que quisiera y él pidió un delicado Mantini mezclado en las rocas. La palabra “Mantini” en su hocico le daba cierto toque especial. Recuerda que bebió un poco de más y lo siguiente que supo de si misma era que los dos estaban en la cama hablando sobre lo lindo que sería engañar a estúpidos desesperados que quieran compartir su tarjeta de crédito con ella. Y es que cualquiera caería ante los encantos de sus lindas piernas. El señor aristócrata le regaló una maquinita que servía para clonar y el resto se hacía solo. Una vez que conseguía al menos una extensión de un pobrecito, daba una rápida pasada y todos los datos eran suyos. 

Si era justa, el señor aristócrata nunca le engañó, porque clonar tarjetas de crédito sí era entretenidísimo, sobre todo cuando llegaba la hora de ir de compras, donde había un cierto encanto en gastar dinero que no era tuyo. Más que nada porque no tenías que preocuparte de poder comer al día siguiente o si dormirías bajo techo. Siempre había más pokémon a los que estafar. El único problema era que comenzaron con sus trucos en una época donde la tecnología avanzaba más rápido que un jolteon hasta arriba de bebidas energéticas y olvidaron el pequeño detalle de que algún día la maquinita mágica iba a quedarse obsoleta por los chips que eran cada vez más avanzados. Cuando tuvieron localizador, el teatro cayó encima de ellos. El señor aristócrata, que siempre había contado con los reflejos de un felino, esquivó el telón, los sacos rellenos de piedra y la escenografía. Antes de que pudiera darse cuenta, la pobre estaba dentro de una linda celda de cuatro por cuatro. Un destino que consideraba del todo injusto. Más tarde vino a enterarse, de parte de los chismes que podía oír en el patio, que ese mismo perro había hecho lo mismo con muchas hembras diferentes. Al final, pensando que a quienes engañaba eran unos estúpidos ingenuos, tuvo que reconocer que la ingenua, durante todo este tiempo, era ella. Mientras Alejandra usaba sus ganancias para irse de compras o pagarse unos cuantos días de vacaciones, el chucho compraba casas en todas partes de Insel e iba de viaja a cada rato para encontrar a otras muchachas con las que continuar el negocio. Era un cabrón astuto. Se llevaba toda la ganancia sin correr ningún riesgo. 

A esas alturas, no estaba segura de que fuera una casualidad que después de deshacerse de esas historias tan pintorescas, pensase en él y las ganas que tenía de devolverle sus años de encierro en la cara. Acostada en la incomoda cama de su celda, mirando al techo de concreto, una sombra que apareció en su campo de visión le hizo saltar del susto. Era una sombra tan grande para el pequeño queroseno que iluminaba la lúgubre habitación. Cuando miró a la cabecera de su cama, el imaginado tuvo su primer encuentro con la imaginadora. Una alta criatura, que sería capaz de tocar el techo de la celda con la palma de su mano sin ponerse de puntillas, miraba al hada que ya no era hada por culpa de una dolorosa inyección. La piel pálida quedaba bien con el resto de la atmosfera de la habitación y el pelo gris largo no dejaba que le viera la cara que tampoco es que le importara mucho porque el resto del cuerpo ya daba una imagen curiosa. El primero en hablar fue la extraña criatura con una voz de una extraña intensidad. Era como si estuviera amplificada sin estarlo. Una voz potente que rebotaba en las cuatro paredes del cubículo sin que escapara por los barrotes de acero. 

—¿Eres una mortal? —preguntó la criatura. 

—Sí, supongo que lo soy —respondió Alejandra colocando una de sus extremidades superiores en su cintura—. ¿Qué quieres?

—Yo soy un ángel. Un ser inmortal perteneciente a las huestes de Dios.

—¿Cuál dios?

—¿Cómo qué cual dios? Dios en mayúsculas. Jehová, Yavé, el patriarca, pero ya estoy harto de eso. Yo quiero vivir una vida como la que viven los mortales. Ir de compras y esas cosas.

—¿En serio? —preguntó la aromatisse con una sonrisa incrédula debajo de su nariz—. Sí, comprar cosas es muy divertido. Sobre todo, cuando no es tu dinero.

—Permíteme acompañarte, por favor. Quiero ver de cerca todo lo que tú haces. 

Alejandra inclinó la cabeza. Ese grandullón era un pervertido, pero podría ser útil.

—Primero tenemos que irnos de aquí, guapetón.

Cuando el ángel aceptó, Alejandra sintió una fuerza florecer dentro de si como si alguien hubiera prendido la luz en alguna parte de su cuerpo. Aunque tenía una criatura de dos metros de altura detrás suya, no tenía miedo, al contrario, sentía que podía hacer lo que le plazca. Apenas tuvo tiempo de pensar que quería hacerlo antes de que esos fuertes brazos de yeso apartaran las barras de hierro con el mismo esfuerzo que un gible bebé necesitaba para comerse un yogurt. El ruido atrajo a varias guardias de cuerpos corpulentos que acabaron estrellados contra el suelo o contra la pared dependiendo del humor que tuviera. Un fuerte puñetazo del ángel que fuera certero era suficiente para que cualquiera que tuviese contacto con sus nudillos estuviera muerto unos segundos después. Esa sensación de poder era la misma que sentía cuando un estúpido macho caía admirado antes sus encantos. Era el sentimiento de que era más que Dios, que nadie podría detenerla.

Asegurándose de no dejar testigos por si pokémon peligrosos quisiesen buscarla, salió de la cárcel por la entrada principal, dejando un rastro de sangre, huegos rotos y órganos destrozados. Afuera, el olor de la brisa marina la recibió con los brazos abiertos. Era el aroma de la libertad. El ángel desplegó unas largas alas negras, o más bien, Alejandra, alzaron el vuelo. Un rato después, aterrizaron en un pueblucho en medio del mar donde nadie iba a encontrarla salvo un gato somnoliento que la encontró mendigando en la calle por no tener un misero pokédolar. Desde ese momento, debido a un gran esfuerzo y una dedicación igual de grande, pudo convertirse en la sicaria numero ocho de Las Sombras de la Noche. Los trabajos que le encargaban eran acabados en un segundo. El único inconveniente era que sus asesinatos llamaban más la atención que un wailren entrando en una cristalería, por eso estaba limitada a Villa Celebi. A pesar de aquello, no le importaba, porque la paga era más que buena. El ángel y Alejandra fueron inseparables por un buen rato hasta que en una misión donde el objetivo era un simple drogadicto, ocupo dos puñetazos para acabarlo. En el siguiente, ocuparon tres. Cuatro. Cinco. Seis.

Los objetivos no eran más fuertes, sino que la criatura que la acompañaba a todos lados era la que estaba cada vez más débil. Una aromatisse manchada por sangre oscura y con los oídos echados a perder por los gritos constantes de su victima que necesito veinte golpes para morir, estaba harta de que tuviera que hacer un mayor esfuerzo, si es que tenía que ser al revés. En un segundo supo quien era el culpable. Esa cosa detrás suya. Enojada, le lanzó una botella de cerveza que, aunque el daño físico fue el mismo que darle con una piedra a un muro, la moral era como si hubiera pisado a un caterpie con sus patas. La cara inexpresiva del ángel se le quedó mirándole.

—¡Es tu culpa! ¡Eres un inútil!

—Alejandra, te ruego que me perdones…

—¡No! ¡Estoy harta! ¡Fuera de mi vista!

Alejandra corrió hacia el local abandonado que desde esos días era su humilde hogar. Cuando estaba en la cama, con el cuerpo agotado y la mente dando sus últimos esfuerzos durante una madrugada de verano, notó el vacío que sentía por dentro. No, vacío no era la palabra adecuada, sino que era como si estuviese comiéndose un pastel que le había encantando antes con la diferencia de que en esa ocasión no tenía azúcar. Era lo mismo que desconectar un refrigerador viejo que vibraba con fuerza y darte cuenta de que extrañas el ruido después de haberte acostumbrado a él por tantos años de una manera tal que ni si quiera lo escuchabas. Esa fuerza que le dio juntarse con el ángel fue una sensación maravillosa que poco a poco terminó apagándose. Quizás esa era la razón por la que la criatura estaba debilitándose. Un mes de relación no era igual a un año. Una relación de novios o amantes no era ni remotamente parecida a estar celebrando un décimo aniversario de casados. Esos confusos pensamientos, combinándose con alguna que otra idea racional, hicieron un torbellino dentro de su mente que le ayudó a quedarse dormida. A la mañana siguiente, después de revisar el buzón y recibir más trabajos, supo que necesitaba encontrar al ángel. En un pueblo pequeño, no debería ser un problema.

Los años habían pasado a un buen ritmo desde que llegó a Villa Celebi y conocía las reglas no escritas de la localidad. Si su querido angelito hubiera entrado a un barrio, los pandilleros al no reconocerlo solo estarían de acuerdo en que no era de su tipo elemental, causando un gran revuelo cuando esos imbéciles intenten atacarlo solo para encontrarse con que serían convertidos en una pulpa en el suelo antes de que lo notaran por sí mismos. La criatura debía estar deambulante por la plaza, quizás desolado porque lo abandonó. Alejandra tuvo razón. A simple vista encontró a su compañero en la esquina de un callejón, encorvado en posición fetal, dándole el aspecto de una roca tanto por su tamaño como su color. No podía verle a los ojos, pero por algún motivo estaba segura de que cargaban con una gran depresión para solo haber estado separados unas horas. La ex presidiaria pisó el suelo, llamando su atención de inmediato. La cabellera del ángel se sacudió cuando levantó la cabeza. No dijo ninguna palabra. Era el turno de la aromatisse de comenzar la conversación. Acomodándose el vestido con disimulo, habló

—Lo siento, grandullón. Quizás me pasé un poco contigo…

—¿Los mortales son así de crueles? —respondió el ángel con su misma voz de siempre, como si no pudiera cambiar la entonación.

—Sí, la mayoría. Los demás son unos imbéciles. 

—Prefiero caer en la categoría de los crueles. Enséñame, te lo suplico.

Alejandra le tendió la mano. Iba a enseñarle de la peor manera posible. Ya lo habrá abandonado unas cuantas veces desde esa primera reconciliación. Era un divertido juego inventarse nuevas razones para eso, además de la obvia. O estaba con la regla o no había notado su nuevo vestido (pese a que era el mismo) o odiaba las bayas zidra. El mejor momento era cuando volvían a encontrarse. No para él, porque no existía, sino para ella. Esa sensación de ser imparable era tan adictiva como una de esas bebidas que vendían por ahí, con la diferencia de que no ocupaba aumentar la dosis. Era hermosa cada vez. Ahora, dentro de esa prisión, detrás de ese cristal casi irrompible, la piel debajo de su pelaje (¿o eran plumas?) temblaba, pensando en que volvería a pasar. Las mocosas no estaban ahí, seguro fueron a buscar en el balcón de su casa y cayeron en la trampa. Al hada no le sorprendería que la promovieran del octavo lugar al séptimo, si es que estaba a punto de matar a cuatro objetivos de una sola vez, que serían cinco si no fueran porque los científicos escaparon con todas sus cosas a otra parte. El temblor de su pelaje creció como si le aumentaran la potencia al masajeador. Una de las puertas de acceso a los laboratorios secretos se abrió con fuerza, dando paso a la zorra, a la gata y a la foca. Al mismo tiempo, la del otro lado pudo abrirse, entrando su ángel acompañado de la mocosa que faltaba en el grupo. De un segundo al siguiente, el ángel dio un acelerón al muro invisible que la separaba, ignorando a la gata blanca que debió haber sido su rehén hasta ese entonces. 

A juzgar por sus miradas, el trío tenía la intención de llegar antes que su querido amigo, pero no funcionó de ninguna manera. Usándose a si misma de cebo, Alejandra caminó hacia el cristal. Ese pequeño acto de interés dio resultado. El ángel golpeó la pared con tanta fuerza que quien intentaba salvar cayó de trasero. La avispada líder de las mocosas quiso aprovechar para atacar por detrás al ángel, pero el intento quedó en nada porque la criatura desplegó esas hermosas alas negras y saltó, atravesando el techo de metal como si fuera una hoja de papel. Cuando el hombre de la caballera grisácea aterrizó a su lado, el mundo afuera dejo de importar. Aunque no podían mirarse a los ojos, eso no impedía que la pareja observase su alma de manera mutua. Era un instante que repitieron tantas veces en el pasado que a esas alturas no era necesario que dijeran ni una sola palabra. Los brazos de marfil de la criatura la encerraron con una amable violencia que le daba calor. Un calor que un torchic sentiría en la sala de maternidad. El amable calor, poco a poco, aumentó en intensidad hasta que se convirtió en lo único que sentía porque el ángel acabó convertido en una luz que penetró dentro de la mascara de marfil de la aromatisse. La criatura era una figura intangible que estaba detrás suya como un espíritu guerrero y quebró el cristal de un solo golpe. El resto de los pokémon comenzaron a aparecer frente suya. Los ojos de las cuatro chicas estaban estupefactos por lo que acababan de ver en el último día de sus vidas, salvo la eevee que estaba sonriendo.

—Es lo que querías desde el principio, ¿no? Nadie sería tan estúpido para dejar una prueba falsa tan evidente. 

—Pero tú fuiste lo suficientemente estúpida para caer —respondió Alejandra sosteniéndose la mascara como si tuviese miedo de que se le cayera.

—Prefiero decir que me di cuenta más tarde de lo adecuado… —respondió la zorra a la defensiva—. Bueno, de todas maneras, te dejaría prepararte. Después de todo, no sería divertido matarte cuando estás indefensa.

Alejandra sonrió.

—No sabes el error que acabas de cometer.

La sicaria decidió quien sería su primera victima y lanzó un puñetazo mortal al rostro de su objetivo a una velocidad tal que por un milisegundo tuvo la ilusión de multiplicarse por cinco. Los nudillos del ángel no llegaron a su destino. Durante un pequeño periodo de tiempo sintió lo que sentiría un peligroso houndoom encadenado a un poste, después, un golpe en la cabeza contra la pared que apenas pudo detenerlo, parándose con las palmas de las manos de su espíritu. La causante era la única que podría parar un ataque de esa rapidez. Una gata de pelaje gris con garras de metal chasqueó su lengua al ver que no le dio ni de cerca. Esa felina era tan normalucha que no había dado mucha cuenta de su existencia hasta ese fracasado movimiento. Aun así, no importaba, porque no podía defender a sus tres amigas o a si misma por mucho. Al menos que decidiese hacerse la heroína, que era normal en las hembras salvajes que no tenían ni un poco de encanto. 

—¡Yo me encargo de esto! ¡Váyanse! 

—Pero…

—Como tú quieras —respondió la eevee acallando las protestas de las otras dos.

A Alejandra le daba tanta ternura la valentía de esa mocosa que no debía tener más de catorce, pero por lo jodida que estaba parecía que sobrepasaba los cuarenta por dentro. Mientras las otras tres mocosas huyeron hacia el pasillo, volvió a atacar a la cara de la gatuna que pudo esquivar por bastante poco antes de que le lanzara el siguiente que si no le reventó la cabeza fue porque logró saltar encima de ella en el ultimo momento. A la tipo hada le encantaba calentar de vez en cuando, solo que no hasta el punto de aburrirse. Al preparar el siguiente movimiento, decidió priorizar intensidad sobre velocidad y la gata pareció no encontrar otra opción que repelerlo con otro golpe o al menos eso es lo que quería que pensara porque lo que hizo en realidad fue lanzar uno de los pedazos de cristal mientras una energía oscura aparecía en sus garras. La glameow hizo girar esa misma pata para convertirla en un taladro siniestro. Esa herramienta improvisada chocó contra el puño del ángel que, a pesar de ser transparente en ese estado a simple vista, cuando chocaba contra cualquier cosa tomaba una corporeidad. Los ángeles no sangraban así que lo único que saltó de un lado a otro fueron chispas anaranjadas. Era una verdadera suerte que el ángel tuviera otro brazo, pero la gata también tenía una pata extra. En esa posición no podía hacer una finta sin perder la atención y la fuerza normal de una cuchillada sin oscuridad era insuficiente. Un ruido satisfactorio llegó a sus oídos al oircomo la extremidad se partía. Alejandra pensó que el dolor distraería lo suficiente a su rival para que pudiera acabarla, en vez de eso, esa indigente volvió a girar la pata rota que, al no estar sostenida por la inflexibilidad del hueso, giró como una rápida hélice que obligó a la aromatisse a retroceder. La distancia entre las dos aumentó de pronto.

—Eres una miserable —expresó Alejandra.

La gata sonrió mientras acomodaba su pata.

—Muchas gracias.

—Como se nota que eres una bruta. Cualquier hembra decente hubiera chillado por eso.

—Digamos que estoy acostumbrada a ser pisoteada. Este dolor es una miseria en comparación a lo que siento desde que nací, pero la mierda que has soltado es suficiente para saber que no tienes ni puta idea.

—Como eres una de mis objetivos, sé tu nombre. Eres Laura Miller. Miller es uno de los apellidos más comunes que existen y Laura es un nombre que tiene cualquier hija de vecino. Así eres de poca cosa.

Laura siseó.

—Alejandra también es una mierda de nombre. Conozco como a siete pokémon que lo tienen.

—Pero nadie es como yo, estoy segura.

—Si te sirve de consuelo… eres la más desagradable.

No entendía por qué demonios quería hablar con esa muerta de hambre, que además era su maldita enemiga. Alejandra aplacó contra la joven para agarrarla del cuello, desplegó sus alas negras y atravesó el mismo agujero que provocó la criatura cuando la rescató, como si su querido protector lo hubiera pensado con anterioridad. Un misil de glamour llegó a las alturas. Mientras estaban entre las nubes, tuvo un momento de tranquilidad. Una bandada de señoras que volvían del mandado trató de ignorar con todas sus fuerzas lo que pasaba al lado suyo, aleteando con más ganas porque no querían tener nada que ver. Después de haber contemplado la vida que habitaba en los cielos, dio una elegante voltereta para estallar la cabeza de la mocosa en el pavimento. Esa poca cosa acabaría con sus sesos calentándose en el sol como la pobretona que era. Un cadáver anónimo del que nadie volvería a preocuparse. El éxtasis de dejar a esa machorra en su lugar era tan grande que olvidó que cualquier ser vivo que estuviese cerca de morir tenía ese molesto “instinto de supervivencia” y por mera desesperación, Laura rodeó su puntiaguda nariz con el rabo para jalarle la máscara. Un dolor inmenso atacó su rostro. Era una horrible sensación que le hizo atacar a ciegas para sacarse a la gata de encima, soltándola por unos segundos del pescuezo, momento que aprovechó para hacerse girar a si misma e impulsarse a un tejado cercano, donde aterrizó en cuatro patas, aunque no ilesa a juzgar por la fugaz expresión de su rostro. Al igual que una flecha, Alejandra se dejó caer en diagonal y golpeó a través de un tanque de agua. Asustada, trató de usar los puños de su ángel como un escudo el cual fue ignorado por la pequeña ola.

—En las telenovelas, las pobres siempre tienen suerte cuando deberían acabar aplastadas por las que son superiores —musitó la aromatisse sacudiéndose el agua.

—Tengo mejores cosas que hacer que ver esas porquerías —gruñó la señorita Miller.

—Lo mismo. Esas telenovelas son para pobretonas que no pueden aceptar su lugar. Que piensan que un millonario va sacarlas de su miseria. 

—Las dos somos iguales de miserables, pero al menos yo no vivo en un local abandonado.

Alejandra no respondió a esa provocación con palabras, sino que desplegó las alas, viendo como su rival pensaba que iba a atacarla de nuevo. Sí, tenía razón. Las plumas comenzaron a agitarse sin que la tipo hada moviese un musculo. Una fuerte corriente de viento que apareció desde detrás de la cualquiera hizo volar numerosos guijarros, arrancó hierbajos, creó tormentas de tierra y pequeños torbellinos que movían trozos de basura por los aires. El fuerte crujido de varios tejados de aluminio alertó a varias familias que escaparon de sus hogares solo para encontrarse que las cosas eran peores en el exterior. Laura clavó sus garras en el suelo en un intento de no moverse del sitio. Las alas que podían rebelarse hasta contra la corriente más fuerte, le ayudaron a volar hacia la gata con el puño extendido.  En plena desesperación, lanzó el recubrimiento de metal contra su hermosa cara, lo que no sirvió de nada porque acabó perdido en el vendaval. El golpe iba directo al rostro de la tipo normal sin ninguna compasión. Ese familiar crujido volvía a sus oídos. Las dos patas delanteras de la señorita Miller se rompieron como dos bastones de madera podrida y la glameow cayó hocico arriba, rodando antes de que ese martillo de piel pálida le aplastara el vientre para después caer al suelo. La joven giró y el instinto de su especie ignoró que solo tenía dos patas funcionales. El dolor de aterrizar sobre unas extremidades rotas era demasiado, apenas pudo ahogar su grito a la mitad. Si no le daba el tiempo de recomponerse, ya era suya.

IV

Desde la lejanía, escucharon el silbido del viento y en un parpadeo, Plaza Celebi parecía estar bajo el ataque de un huracán. Durante la temporada de lluvias, dependiendo de la posición de las nubes, el frente de tu casa podría estar más seco que la piel de un toxicroak mientras que el patio sería como si una familia de golduck quisiese hacer una fiesta de cumpleaños. Era lo mismo en esa situación, solo que, en vez de una tormenta, era un huracán. A lo lejos podían ver que el centro de Villa Celebi era lo único que estaba siendo atacado por un pidgeot colosal. Debido a que nadie había recogido los puestos de comida, tanto perritos calientes como hamburguesas de pésima calidad volaban y caían de manera aleatoria para luego volver a alzarse. Lo peor era que en ese lado del pueblo era fácil de encontrar a alguien tan desesperado que pudiese disfrutar de esas porquerías áreas. Los pobladores que hasta hace rato paseaban se escondían debajo de tejados o en las esquinas de los edificios. Quienes se llevaron la peor parte fueron los voladores que estaban en camino a su barrio los cuales en el peor de los casos acababan muertos por estrellarse contra los traicioneros muros. Zaira, Denisse y Michelle observaban la catástrofe desde la entrada a North Marine Star, donde no existía ningún desastre ni las posibilidades de ser decapitadas por una lámina de metal.

—¡Debemos ayudar a Laura! —exclamó la brionne.

—Lo único que haríamos sería estorbar —respondió la eevee mordiéndose los labios—. No me queda energía solar y no tengo los mismos reflejos que Laura.

Además, tenía la sensación de que solo podrían resistir un golpe. Un golpe que las dejaría con los órganos machacados y los huesos como platos en una tienda de cerámica siendo aplastada por un montón de tauros cayendo desde una nave espacial. En otras palabras, en efectos prácticos, la única manera de ganarle era esquivar cada ataque que lanzara la sicaria o al menos no dejar que tocara algún punto vital. Si alguien podría lograr eso en condiciones normales, era esa gata. Las tres siguieron observando el viento. No había duda de que era provocado por ese dichoso ángel. En medio de esos pensamientos, tanto Michi como Zai voltearon cuando escucharon los pasos de un montón de pokémon corpulentos que eran liderados por una especie de dinosaurio escondido en un caparazón rocoso con una gorra de policía que le quedaba demasiado adorable para ser real. Era el comandante Gonda. No recordaba cual era la ultima vez que lo habían visto fuera de las noticias. El resto de criaturas del mismo tamaño hicieron una barrera natural mientras otros menos intimidantes se acercaron a las niñas. Eso significaba que querían que se largaran de ahí. Michelle fue la primera en apartarse porque siempre era bueno obedecer a la autoridad mientras que Zaira observaba a su hermana quien no se había dignado a voltearse.

—Señoritas —dijo el golem—. Este lugar es peligroso, vayan a casa.

—No quiero.

—Mi hermana no quiere.

—Si no obedecen, le voy a decir a su padre.

Denisse gruñó.

—Ok, vámonos.

—Nuestra amiga esta ahí adentro —dijo Michelle dándole toquecitos al cuerpo del policía.

El señor Gonda asintió.

—Nosotras nos encargaremos, señorita.

—No se van a encargar, ¿verdad? —preguntó la brionne cuando estaban a suficiente distancia.

—Ellas estarán buscando a una niña de aquí y no la van a encontrar —musitó la eevee—. Es más, a lo mejor ni entran, seguro estamos contadas o algo.

—Espero que Laura este bien… no debimos dejarla sola.

—Va a estar bien…

«Creo».

V

Después de tantos corajes, la primera de sus objetivos estaba en una situación de lo más vulnerable; con la panza hacia arriba. No era bastante buena en la escuela, de hecho, prefería ganarse sus calificaciones con otros méritos. Aun así, sabía que en los tiempos salvajes era una especie de permiso para podérsela comer. Alejandra no quería comérsela (en ninguno de los sentidos). Quería matarla. A esa hora de la tarde, no estaba segura de que pudiera acabar con las demás. En estas situaciones, el otro lado del pueblo prefería cerrar el acceso a Villa Celebi que dar incomodas explicaciones. A Alejandra no le importaba, porque siempre habrá una oportunidad. Aunque en la primera vez se le escapara un millonario estúpido, en la segunda le daría más cancha, o en la tercera, o en la cuarta, o en la quinta. Ese pequeño éxito que tendría cuando aplastara a esa cualquiera, sería suficiente por el momento. La sicaria dio un tremendo salto, ayudada por sus grandes alas negras y cuando alcanzó toda la altura que podía alcanzar, se dejo caer sobre la desvalida como si fuera un yunque de acero a una impresionante velocidad mientras el viento seguía soplando. Al caer, un fuerte puñetazo destrozó el piso de tierra en lugar del cuerpo de la pobretona. Laura le miraba desde las alturas de un tejado, tratando de arreglar sus patas rotas. En el estado en el que estaba, no le habría podido dar el tiempo de moverse. La glameow apretaba los dientes con fuerza y apenas podía mantenerse en pie, solo bastaba con mirarla. A pesar del terrible dolor que debería estar sintiendo en esos momentos, se esforzaba por sonreír.

—Ya sé como te moviste hasta el tejado. Te lanzaste a ti misma con ese truquito de pobretona.

—Y me rompí las costillas por accidente, sí, pero esto no es… —Laura tosió unas gotas de sangre que cayeron en el suelo—. Nada.

—¿Crees que puedes hacerme algo, poca cosa? ¡Apenas puedes sostenerte!

—Me da igual. Puedo aguantar esto y más.

Alejandra sonrió.

—Como quieras.

A la sicaria le daban ganas de echarse a reír. Laura tenía las garras afuera, pero no tenían ese recubrimiento metálico. Seguro pensaba atacarla a traición con las tres fundas a la vez, cosa que no era ningún problema para ella. Cuando la gata lanzó sus proyectiles, en un principio pensó que sería de lo más satisfactorio cambiar el vendaval para que fuese en dirección contraria y que se matase a sí misma. Lo hubiera hecho sino fuera que el ángel le hizo notar su presencia con ese místico calor. Unos cuantos golpes serían suficientes para devolver los recubrimientos y eso es lo que terminó pasando, pero antes de esconderse, su presa saltó hacia ella como si quisiese aplacarla contra el suelo. Las piezas de metal quedaron clavadas en diferentes partes de su cuerpo sin que la glameow tenga la posibilidad de retroceder. El ángel comenzó a cargar un puñetazo, confiriéndole la seguridad de que iba a ganar, de que había sido una estupidez ir a su propia muerte. Laura volvió a toser. La satisfacción de Alejandra acabó al notar que las gotas de sangre viajaron directo a su cara como proyectiles movidos por su propio viento. Varias de esas lograron colarse dentro de sus ojos y mientras no veía nada a su alrededor, sintió un ardor en el vientre. Un instante después, un gran vacío seguido del sonido de un pedazo de carne siendo aplastado por la llanta de un carruaje. Un líquido del mismo espesor, así como de la misma temperatura del que tenía en los globos oculares. humedecía su vestido. El viento regresó a su estado normal. En comparación a hace unos segundos, la tranquilidad era aterradora. Lo siguiente que vio fue la cara de su oponente quien se tomó la molestia de limpiarle el rostro para que pudiera ver su propia muerte. De alguna manera, Alejandra acabó tirada en el suelo, con un agujero enorme en el estómago que no quería tocar porque le daba miedo. Una de las garras de Laura se había convertido en rubí…. No, espera, era su sangre. La gata no dijo nada, ni siquiera unas palabras para disculparse por haberla destripado a traición sino que simplemente miró lo sucia que había quedado su garra e incluso trató de limpiarla un poco con la lengua.

El cuerpo juvenil de la chica llegó a su límite. No sabría decir si cayó a su lado por mera casualidad o con intención. Al igual que un niño que estuviera aburrido reventaría un plástico de burbujas, Laura, aun consciente, quitó uno a uno los recubrimientos de su carne. Había caído de lado como un animal herido en los tiempos salvajes, cosa que no parecía importarle demasiado. Ahora que Alejandra lo notaba, el cielo estaba anaranjado ¿Quién le diría que el atardecer era más hermoso mientras te morías? Aunque claro, la única que iba a morir era la sicaria, la glameow solo iba a tomarse una tranquilizante fiesta que merecía por el gran esfuerzo. De poco a poco, su compañera se arrastró lejos, seguro que porque cayó en la cuenta de que ese charco extendiéndose podría mojarle. Su asesina había tenido mucha suerte. Cuando destrozó el tanque de agua, observó que el líquido atravesó al ángel, ya que los brazos de la criatura solo se materializaban al interactuar con un material sólido. Si hubiera cambiado la dirección del viento o sido un poco más rápida, habría ganado de una manera o otra. A pesar del frío que invadía su cuerpo, aun sentía ese calor del ángel. Sí, sabía que ese ángel solo era su As. Si, sabía que ese ángel no existía, que era producto de su imaginación. Sí, sabía que lo ases desaparecían después de la muerte del usuario. Aun así, durante instante, antes de que apagaran las luces, sintiéndose más ligera que un globo… le deseó toda la suerte del mundo.

Y sintió que le respondía.


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Lamento la tardanza, pero una y otra cosa me retrasó, pero después de un mes acá esta el nuevo capítulo. Muchas gracias por su paciencia y por comentar.

He actualizado la lista de espotifai. Si, esa madre sigue existiendo. Si se fijan no he mencionado el nombre del As de Alejandra, porque el llamar a la habilidad Cuidado con el Corazón no me gustaba. Si quieren un nombre, Reina de Corazones suena bonito y tiene ese toque de poder.

https://open.spotify.com/playlist/3nkejI...1784fc4f77

Ahora es hora de los comentarios.

@Nemuresu Bueno, ya viste lo que pasó. Al final planeó Alejandra todo el tema y vaya que salió caro.

@Sakura Mi querida Saku. En efecto, trato de hacer que cada punto de vista tenga sus peculiaridades. Sobre lo de Alejandra, al final la solución fue bastante sencilla.

@Mina107 Sí, tienes razón, debiste hacerme caso :,v. Bueno, los comentarios siempre son buenos.
[Imagen: g325fpf.png]
Los Fan Arts usados en esta edicion son propiedad de sus respectivos autores
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#96
Ver todo lo del ángel me hizo recordar mucho a Steel Ball Run con el Jesús que se le aparecía a quiénes tomaban sus huesos. Aunque claro, este no fue tan bizarro... o tal vez...

Ese detalle va a definir mucho lo que sigue, porque ¡uf! Si Laura se muere, se viene un momento como en la parte 5. Y si no se muere, then some explanations are required.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#97
Aaaaah por fin al día. Qué decirte man, me gustó mucho ver ese flashback que te cuenta parte del pasado de Alejandra (y que al parecer ella fue la que escribió la Biblia LOL no era consciente del impacto que eso iba a causar (?) y ese plot twist con su As... La verdad es que no me lo habría esperado nunca, estaba convencida de que tenía una relación medio tóxica y rara con un ángel así que eso es lo último que me habría imaginado. Me ha sorprendido, la verdad, pero me ha servido para ver cuan variados pueden llegar a ser los ases y que hay tantos como tu imaginación te permita crear.

Sobre las chicas, por un momento pensé que le decíamos bye-bye a Laura pero me dije naaah no puede ser, ¿Doc va a cargarse a una de sus protas? ¿A una que nos lleva acompañando desde el principio, además? ¡Qué hardcore man, esto se va a poner muy turbio! Y mira que la muerte de Alejandra y la forma de actuar de Laura (con sangre metiéndose en los ojos, la gata limpiándose las garras de sangre y carne como si fueran barro) ya me parecieron turbias. Por suerte, de momento, parece que no es así. Si ya empezamos a matar a las niñas pokémon pido que el tren de la vida se pare y me bajo  LetalQQ

Bueno, con Alejandra ya suman una sicaria menos pero a qué precio. Veremos como evoluciona la glameow y cuál es el siguiente paso que dan, pues el próximo sicario puede aparecer en cualquier momento.
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#98
Capítulo 28: ¿Qué Estás Haciendo?
 
α
 
Aunque los grandes vientos del huracán de bolsillo únicamente afectaron a Plaza Celebi, los daños no fueron fáciles de asimilar. La enorme mayoría de huracanes eran detenidos por la sierra que abrazaba la isla y en todos los casos eran predichos con anterioridad. Ningún pokémon esperaba que fueran a ser atacados por una repentina tempestad. Además de los daños materiales, que tampoco hicieron la gran diferencia en el aspecto del centro de los barrios bajos por más triste que pareciera, hubo más perdidas. Durante la mañana después de la tragedia, cualquiera podía ver un desfile de pájaros atravesando los cielos mientras cargaban ataúdes hechos con tablones de madera. Cuando acaba el velatorio, los habitantes del Barrio Alado tenían la tradición de llevar a sus muertos a un ultimo vuelo. En todas las ocasiones eran guiados por un voluntario que no asistía a los velorios para evitar algún percance causado por la noche sin dormir. Aquella vez tuvieron que decidirlo por la suerte; necesitaban a más de uno porque todos querían desvelarse con sus familiares fallecidos. 

—Que mala suerte que esa familia decidiese pasearse justo ese día —dijo Asunción

—Es una tragedia —asintió la mandibuzz sirviéndole el plato entre lágrimas—. El padre Alexander dará una misa para los fallecidos.

—Sí, estaremos ahí —contestó Melina jugueteando con un tenedor—. ¿Qué le pasó al padre Miguel? He preguntado por ahí, pero ninguna supo nada.

—Es que ninguna sabemos. Me han dicho por ahí que están de misioneros en una de esas regiones… Silem, sí, era Silem. Lo único que dejaron atrás es el templo y al pobre de Martín —la carroñera suspiró—. Debe sentirse bastante solo desde que se murió su hermana. 

—Sí, me lo imagino —respondió la steenee asintiendo.

La sylveon aguantó las ganas de decir que no debería ser tan cínica con las cosas que ella misma causó. Ganas que escaparon en un suspiro. A simple vista, la expresión de su amante era solemne de verdad, pero alguien que la conocía de manera más profunda como ella sabía que solo estaba haciéndose la tonta. Ambas estaban en la misma cenaduría a la que Melina invitó a Anastasia antes de que muriera, comiendo a buenos precios porque la tipo planta era buena en hacer amistades. Si no tenía ya cortesías en todos los restaurantes de los barrios bajos del pueblo, no sabía cual le faltaba. Después de que la mandibuzz estuviese a suficiente distancia de la mesa, la líder de Made In Heaven soltó una risita y masticó una baya con la felicidad de una colegiala. A pesar de que ayer habían sufrido un compactado huracán, desde la noche del día anterior podía ver que se encontraba de buen humor y ese día seguía estando igual, sobre todo para haberse levantado a las cuatro de la mañana luego de que el tejado de su taller de electrodomésticos cediese. 


—Ayer vi a nuestra pequeña en el evento que celebró el cientificucho ese.

Asunción jadeó.

—¿¡Como estaba? ¿¡Por qué no me lo dijiste!?

Melina soltó una carcajada.

—Bien, bien. Ahora nos odia a todas, pero por lo demás…

—Con que este bien me conformo… espera, ¿¡te acercaste a ella!?

—¡Me rechazó! —dijo Melina inflando sus mejillas —. ¡Mocosa malagradecida! ¡Mira que tratar de esa manera a quien la sacó de la calle!

—Y… ¿se acordó?

—¡No! ¡Claro que no! ¡Aun no saben que nosotras fuimos quienes llevaron a esa señora a las Sombras de la Noche! ¡Qué divertido! ¿¡no!?

—Ojalá supiera lo que planeas…

Melina sonrió.

—¡Alguien tiene que romper los huevos de charizard para que tú puedas matar a la mamá!
 
 
 
I/I
 
Una chica de trece años, o más bien, una gata, estaba acostada en la cama. Su cuerpo estaba apretado de vendas que eran sostenidas por clips de mariposa para una seguridad adicional. La doctora Zaira ordenó una semana de reposo para que sus huesos sanaran. La glameow jugaba frontón para entretenerse en su obligado descanso. Era un deporte solitario, bastante parecido al tenis, que consistía en rebotar una pequeña pelota contra la pared para volver a atraparla en el aire. Sin sus demás extremidades disponibles, usaba su cola. Un reloj en la mesa del centro mostraba que eran las diez de la noche. Sus amigas habían vuelto a casa a las nueve. Unas horas atrás había derrotado por si misma a la segunda sicaria de las sombras. Aunque en un principio comenzó a jugar al frontón con toda la concentración del mundo, no pasó demasiado tiempo hasta que su mente fue a otro lado diferente. A pesar de eso, todavía no había fallado ni una sola atrapada. En el mundo donde vivía, era normal pensar en que un día tendría que defenderse a toda costa para proteger su vida. No podía llamarlo fantasear, pero sí imaginaba como sería cuando llegara el día. Cuando llegó ese momento, no sentía nada después de haber matado a alguien ni recordaba que era lo que había sentido en el instante en el que destripó a Alejandra con sus garras. La razón podría ser que la adrenalina prendió ese lado más primitivo que tenía el instinto de matar a cualquiera que fuese un riesgo para su vida.  Unos segundos después de haber acabado con la sicaria, perdió la consciencia y lo primero que supo de si misma era que estaba siendo atendida por Zaira. Era diferente la situación desde que habían peleado contra ese maldito terrorista. Laura cerró los ojos. Cuando los abrió, la pelota estaba en el suelo mientras la luz del sol le molestaba en la cara. El medicamento que tomó para el dolor debió de haberla dejado fuera de combate de una manera tan súbita que ni siquiera notó que se había quedado dormida. 

—Ah, ahí estás.

La gorda de su madre estaba debajo de la puerta, llevando el gafete de empleada de la tienda donde trabajaba.

—¿No vas a ir a la escuela? 

—Sí, ahora mismo ¿Me cargas hasta ahí?

Lucía bufó.

—Si te vas a quedar de floja, ponte a limpiar o algo.

—¿No vas a preguntar siquiera que me pasó? 

—El señor Guard me dijo que andabas correteando por ahí. Seguro que te caíste como cuando eras una mocosa.

No esperaba que esa gorda tuviera siquiera unas palabras de preocupación, la conocía demasiado bien para tener esperanzas. Aun así, sentía cierta decepción. Una extraña decepción que no respondía a ninguna expectativa. Aunque no había tenido lesiones tan graves, mientras practicaba sus saltos, llegó a dañarse una que otra vez. El problema no era la altura sino lo que le esperaba en su aterrizaje. A veces se le quedaban clavados vidrios en las almohadillas o se golpeaba la pata con un ladrillo. Las primeras ocasiones no dejaba de llorar después de hacerse daño, siendo curada por una vecina que le acariciaba la cabeza y le decía que no volviera a hacerlo. A la décima vez, cuando estaban hartas de ella y no le quedaban lagrimas que derramar, tuvo que aprender por si misma, al menos lo suficiente para desinfectarse una cortadura o acomodarse una pata dislocada.  Laura soltó un suspiro. Esos iban a ser unos días bastante aburridos
 
 
II/I
 
Las galletas saladas eran una perfecta botana para algunos, una asquerosidad para otros, pero para Reina sería su única comida en el día. Dos galletas saladas en una bolsa de plástico que debían estar un poco pasadas a esas alturas. Después de clases, la chinchilla estaba disfrutando de su peculiar banquete, al lado de uno de los muchos grifos que estaban repartidos por el Barrio Gris. Una chica de barrio no tenía problemas en saber que los alimentos salados daban mucha sed. Sentada sobre un ladrillo, comenzó a masticar, notando que las galletas habían perdido su consistencia desde hace tiempo. La textura era la de una especie de chicle con sal. Después de dar fe de los sagrados alimentos, bebió un buen trago de agua de la llave. Ese sabor agrio era una muestra gratis del paraíso en esa situación. Un charizard bebé dentro de su vientre ordenó más comida o quizás era que le tocó la lotería de las bacterias que pululaban el agua de Villa Celebi.

«Quizás debería pedirle comida a esa brionne…»

No. No volvería a rogarle a esa mocosa. Esa sonrisita cuando estaba viéndole comer le ponía de los nervios cada vez que la recordaba, como si estuviera satisfecha consigo misma. A partir de ahí, podría darse baños calientes de dos horas, hartarse de comida lujosa y dormir en una cama mullida sin sentirse culpable. Después de todo, ya había hecho su buena acción del día a costa de su miseria. Reina pateó una lata mientras volvía a casa o lo que quedaba luego de que su hermano la hubiera destrozado. El olor a caca no se había ido, aunque talló las paredes con lejía. Limpió el baño, tiró la comida podrida en la basura y aseó el refrigerador. Aun quedaba deshacerse de los escombros de los muebles y sacudir el polvo para que su hogar quedase limpio. Un hogar que seguiría siendo una pocilga por más limpio que estuviera. La minccino soltó un quejido que sabía que nadie iba a escuchar. Aun tenía hambre. Un ligero olor que calentó su espíritu llegó a sus fosas nasales. Una eevee sentada en una barda daba mordiscos a un pan relleno de dulce de leche. A a su lado tenía una bolsa con más panes. Antes de darse la vuelta, se dio cuenta de que esa zorra no era la niña rica que había conocido. Ese flequillo cubriendo sus ojos junto al listón rojo que decoraba una de sus patas traseras no daba lugar a dudas de quien era. Una compañera de su salón que aparecía en clases cada vez que se le daba la gana.

—Keira… —murmuró Reina mientras un poco de saliva estaba resbalándose por la comisura de su boca.

Keira miró a la convaleciente sin dejar de masticar. Era pan recién horneado de que ese que solo podías conseguir temprano en la mañana cuando abrían la panadería. La cortina de pelaje impidió que la chica adivinara el sentimiento que causaba en su vecina; si era lastima, burla, pena o enojo. Lo único que podría delatarla era el hocico que era el que mantenía ocupado en  masticar. Cuando acabó de tragarse ese trozo, volvió a comer otro sin que le diera tiempo a observar un atisbo de emoción. Ninguna de las dos dijo alguna palabra hasta que esa pieza de pan dulce desapareció. Antes de que pudiera agarrar uno más, Reina dio un salto para sentarse a su lado, sobre una barda de ladrillos que en la mente de alguien debía ser parte de la pared de una casa a medio construir. Esa descarada invasión a su espacio personal hizo voltear a Keira que mostró una expresión visible de sorpresa por primera vez que luego cambió a una sonrisa.

—¿Quieres un pan, Reina? —preguntó la chica. 

Sin esperar una respuesta, la eevee lanzó un pan a las patas de la chinchilla. Si estuvieras en el desierto después de siete semanas sin comer y saliera un árbol de melones desde el interior de la caliente arena, no te preguntarías ni por un segundo que acababa de pasar antes de devorártelos; lo mismo pasaba con Reina quien devoró ese regalo inesperado de un bocado. Un coro formado por una manada de meloetta cantó una melodía celestial cuando su primera comida caliente en días entró de manera triunfal por su organismo. El dolor del dulce de leche quemándole la garganta no le importó. Al mismo tiempo que soltó un suspiro de alivio, un humo blanco escapó por su boca como si fuera un charmander bebé fallando en lanzar la primera ascua. Durante ese preciado momento, su mirada se perdió en un bolso blanco de tela medio roto que llevaba consigo desde el primer año de la primaria. Aunque su madre no era buena tejiendo, hizo lo que pudo. Una lagrima cayó en la tierra seca. Los rumores en Villa Celebi eran más rápidos que un rattata escondiéndose por un agujero. A esas alturas, el pueblo entero debía saber lo que había pasado con la familia Gray. Una familia de la que no quedaba siquiera el nombre.

Roy murió como una basura en una pelea de pandillas, Ray era un muerto viviente desde que estaba enganchado a esas bebidas y habían secuestrado a su madre por culpa de esas riquillas. Mientras unas cuantas lagrimas recorrieron su rostro, Keira le pasó más panes que devoró como si fuera una trituradora de basura. Si seguía yendo a la escuela, quizás era porque no le quedaban nada más que sus buenas calificaciones. La realidad era que no importaba las notas que tuviera en Villa Celebi. Si eran buenas o malas, su destino iba a ser el mismo. Al acabar de llorar, estaba convencida de que su compañera se había ido, pero seguía ahí, moviendo la cabeza de un lado a otro y murmurando en un bajo volumen. En sus oídos tenía unas de esas cosas que veía en la televisión. Se llamaban auriculares o algo así. Reina siguió el cable, que era del mismo rojo que el listón, dándose cuenta de que estaba conectado a un cuadrado del mismo color. Keira la miró de reojo con el ceño fruncido, dejando una de sus orejas libres.

—¿Ya dejaste de llorar como niñita?

—Pero si soy una niña…

Keira bufó.

—¡Eso no es una excusa para ponerte a llorar! ¡Debería haberte partido la cara para que pararas!

Reina se le quedó mirando. Keira suspiró.

—¡Todo el pueblo sabe lo que te pasó y a todos les da igual! ¿¡Cuántas señoras te dieron comida cuando la pediste?

—¿¡Cómo supiste que estaba pidiendo comida!? Oh, es por…

—No estaba en casa cuando tocaste a mi puerta—Keira desvió la mirada—. ¡Te veías muy patética pidiendo sobras!

Desde un principio debería saber que no la iban a ayudar en nada. En el pueblo donde le tocó vivir cada quien tenía sus propios problemas como para quedarse sin comer por ayudar a una niña que se había quedado sola. La mayoría contestaba con toda la amabilidad posible que no podía darle nada, unos cuantos más le cerraban la puerta en la cara y uno que otro le daba galletas saladas o un pedazo de pan duro que les sobraba. A diferencia del Barrio Floral, donde las señoras que vivían ahí mantenían sus propios huertos; podían regalarle bayas, verduras y frutas. Lo único que crecía en el Barrio Gris era una minúscula mancha de pasto amarillento en medio de la tierra o unos pequeños hierbajos entre las hendiduras de los ladrillos. Los corpulentos habitantes estaban más que nada dedicados a la construcción y trabajaban tanto en Villa Celebi como en North Marine Star. En cualquiera de los dos lados, los albañiles ganaban una miseria. Era horrible sentir la frustración de ser vista con lastima por sus vecinas. Después de haberle dado las sobras rancias, se sentirían satisfechas, como si le hubieran solucionado la vida. 

—¡Pa-té-ti-ca! —dijo Keira moviendo la cabeza al entonar cada silaba.

—¿¡Qué quieres que haga!? ¡Es mejor eso que morirse de hambre!

—Si no tienes dignidad, es mejor que le supliques a tus amigas millonarias esas.

Reina dio un respingo.

—¡Ellas no son mis amigas!

—¡Oh! ¿¡En serio!? ¿¡Qué hacías cruzando el Camino al Paraíso con una de ellas!?

—Yo…

—¡Debías tener mucha hambre para arrastrarte como slugma al otro lado! ¡Lo único que nos queda a nosotras es nuestra dignidad así que cuídala! —Keira pulsó un botón de su aparato—. Hay mejores formas de conseguir lo que necesitas y hasta lo que se te da la gana… ¿Quieres saber cómo?

—¿Así conseguiste esa cosa? —preguntó la chinchilla.

—Oh, ¿Esto? Es un reproductor Emepetres…o algo así. No, use mis propios métodos. Se lo pedí a alguien que venía por la calle y me lo compró.

—¿Alguien de aquí? Eso se ve caro. 

—¡Ese no es mi problema! ¡Escuché que estaba ahorrando para construir su casa y se fue al otro lado a comprármelo!

—¿Con… sus ahorros?

Keira rio.

—¿Quién te crees que construyó esta barda?

—Oh…¿¡Por qué no se lo pediste a los del otro lado!? ¡A ellos le sobran el dinero!

—Tengo sed —dijo la eevee bajándose al suelo de un salto—. Vamos por un refresco y te cuento lo que puedes hacer.

—No tengo…dinero.

Keira volvió a reír.

—¿¡Quién te dijo que íbamos a necesitar dinero, tontita!?
 
III/I
 
Después de salir de la secundaria Candelor, las tres chicas pensaban en que podrían llevarle a Lauri para animarla. Sin decidirse entre chocolates o un peluche, recordaron que había una tienda donde podían comprar los dos. Zaira había acompañado a su hermana al malecón del pueblo que estaba en la Zona Turística del centro de Puerto Lugia, sobre todo a una pequeña joyería donde obtenía las piedras elementales a buen precio. Aun así, nunca había entrado a la tienda de chocolates de al lado. Un local que recordaba más a una joyería que a una dulcería. Para la meowstic, era un paraíso. La triada del chocolate (con leche, blanco y oscuro) en muchas formas; barras, bombones confitados y demás. A ella le encantaba el chocolate desde que vivía en Silem, más que nada porque no tenía muchas oportunidades de comerlo. Mamá… su antigua madre ahorraba de lo que le sobraba en la semana para una porción al mes. Al igual que si una llama se acercara demasiado a sus manos, antes de que pudiera quemarse abandonó ese pensamiento. Esa era una vida pasada que había dejado atrás. Lo importante era su nueva vida junto a su hermana.

—¿Cuál creen que le guste más a Laura? —preguntó Michelle frente a un estante con muchos peluches de diferentes pokémon; cada uno abrazaba una caja de bombones.

—Estará bien siempre y cuando tenga chocolates —dijo Denisse aburrida por estar en un sitio lleno de cosas que no podía comer—. Laura es una chica sencilla.

—¡Mira, hay una glameow! ¡Seguro le gusta!

—Debe dar miedo tener un peluche de ti misma —comentó Zaira.

—Si, tienes razón….

Después de decir que a Laura le gustaría un peluche que le recordara a su barrio, compraron a una buneary con un un lacito en el cuello. Michelle caminó hacia el mostrador para pagarlo. Era una suerte que le quedara crédito en la tarjeta que le daba su madre cada mes. No había nada más. Eran las únicas comprando chocolates en esa época del año. Aunque todavía estaban en la primavera, el calor que hacía era comparable a una tarde de verano. A través de la puerta de cristal de la tienda, miraba como en el aire se formaban esas ilusiones ondulantes que aparecían en los días calurosos. Un calor húmedo que calaba en los huesos cada vez que tenían que salir de la cómoda protección del aire acondicionado. Si venía de la región donde decía venir, debía estar acostumbrada al calor. No era lo mismo vivir con temperaturas altas en un desierto que en una isla tropical. De manera inconsciente, apretó esa bufanda del color de la arena, para buscar refugio. En realidad, no era una bufanda, sino un shemagh. Una prenda que servía para protegerte del sol y de las tormentas de arena. Una prenda de la que no podía separarse de un segundo por más vieja que estuviera, por más inútil que fuera o pese a los recuerdos que tenía atados a esa tela. La mayoría eran horribles recuerdos. Al volver la brionne, ya no tuvo que pensar en cosas innecesarias.
 
 
 
I/II
 
Un sucio ventilador de suelo daba traqueteos mientras trataba de dar vueltas como un torkoal con torticolis. Si no fuera suficiente con el aburrimiento de estar acostada en su habitación durante todo el día, estaba el detalle de que una casa de cemento debajo del sol no tardaba mucho en convertirse en un verdadero horno. La única entrada de aire era una pequeña ventana que no refrescaba porque la ventisca iba por otra dirección. Si no había muerto de un golpe de calor todavía, era por un vaso de agua en el tocador que estaba bebiendo a pequeños sorbos. Envidiaba a los que podían salir de su casa para refrescarse. Un golpe en la puerta hizo que dejara de quejarse cuando nadie la estaba escuchando. Su pelaje empapado en sudor se erizó. Esos días la gorda trabajaba hasta tarde. No había nadie en su casa que pudiera golpear la puerta ¿Acaso era un ladrón…o un sicario? Algún día tendría que pasarle factura el no cambiar esa vieja chapa. Al no tener nada más a la pata, agarró el vaso del tocador con su cola. Si el que estaba detrás de la vieja madera se atrevía a entrar, iba a llevarse una grata sorpresa. 

—¡Hola!

—¡Ah!

Laura dio un respingo. Después, soltó un gruñido al lastimarse por ese movimiento brusco. Sí, claro, había olvidado que tenía la ventana abierta por motivos más que obvios. Se había colado un buneary de peluche, más grande que los de verdad, que abrazaba un corazón contra su pecho. En el cuello tenía un adorable lacito rojo. Aunque quizás la parte que menos encajaba era que el peluche estuviera flotando en el aire, dando una que otra pirueta mientras los ojos de Laura no dejaban de abrirse. Las sabanas empapadas en sudor pasaron a estar empapadas por el vaso de agua que derramó ¿Era un ataque de uno de los sicarios de la sombra de la noche? ¿El oso de peluche tenía una bomba adentro? ¿Iba a explotar? ¿Esa caja en forma de corazón estaba hecha de acero y le iba a convertir la cabeza en una sandía atropellada por un carruaje con un cargamento de yunques? La mirada de botones del peluche observó como la gata trataba de incorporarse con mucho esfuerzo. Zaira le había dicho que no hiciera esfuerzos, pero tardarse un poco más en recuperarse era mejor que morir. Quizás el usuario de ese extraño as no podía mirarla a distancia ¿Acaso detecta el movimiento? ¿Debería quedarse quieta con la esperanza de que esa cosa no la encontrara? Las dudas acabaron siendo inútiles cuando una voz cantarina salió del peluche. Una voz que reconocía bastante bien. A pesar del dolor por haberse parado antes, sonrió.

—¡BUENAS TARDES! ¡SOY DOCTOR CONEJO! ¡VENGO A VISITAR A LA ENFERMA! ¿¡Qué le duele!?

—A la lesionada querrás decir…

—¿¡Qué le duele!?

—Las patas y un poco las costillas, pero ya van mejorando —dijo Laura sin creer que estaba siguiéndoles el juego a un trío de inmaduras.

—¡Oh! ¡Eso me alegra! ¡Te traje algo para que te sientas mejor!

—No se hubieran molesta…digo… muchas gracias, doctor conejo.

Laura agarró la caja. Adentro había bombones cubiertos de chocolate. Mientras masticaba uno, el peluche seguía bailando en el aire. Eran deliciosos. Si los bombones con chocolate no fueran lo suficiente para complacer su poco estricto paladar, adentro tenían un relleno de licor de cereza que inundaba su boca. Un recuerdo amargo estuvo a punto de hacerle escupir el bombón, pero se lo tragó a tiempo. Antes muerta que hacerle eso a un regalo de sus amigas. Cuando comió el segundo, esas bebidas pasaron a segundo plano, porque los dulces estaban demasiado ricos y no iba a dejar que esos pandilleros de mierda los arruinaran. Una sombra en su rostro le recordó que quizás debería ver el baile del buneary. Era una rutina sencilla. Un salto hacia la izquierda, otro salto a la derecha y una pirueta para volver al centro. Eran los poderes de Zaira que permitían al peluche moverse. Debió de haberlo sabido desde el principio. Lo que no sabía todavía era como es que podía controlarlo con tanta precisión sin siquiera mirar …Un presentimiento le hizo voltearse. Atrás suya estaba Zaira parada en una esquina de la habitación, parpadeando al verse descubierta.

—¿¡Como entraste a mi casa!?

—Por la puerta. Estaba abierta.

—Esa gorda…—murmuró Laura, luego sonrió con sinceridad—. ¿Y por qué no me hablaron antes? Me dieron un pequeño susto…

Zaira volvió a parpadear.

—Eso arruinaría la sorpresa.
 
 
 
II/II
 
Durante el camino a la tienda de abarrotes, Keira estaba escuchando música sin prestar atención a sus alrededores, como si estuviera marchando con un ritmo imaginario que Reina no podía escuchar. A donde iban a ir era un negocio que tenía el prestigio de ser uno de los locales más longevos de Villa Celebi, ubicado en el centro del Barrio Gris. No tenía ni una chapa de botella que pudiera fingir que era una moneda, pero esa chica no dejaba de decirle que ninguna de las dos iba a gastar ni un poké partido por la mitad. Reina se temía lo peor. Si no quería robarle a nadie, mucho menos a un anciano como el señor Appeston. El señor Appeston era un pokémon muy querido en la zona. Su madre le había contado anécdotas con él, de cómo les regalaba dulces a los niños del barrio y era el primero en ofrecerse en los eventos de caridad. Ella misma lo había visto. Si tenía que robarle, no sería capaz. Prefería comer tierra antes que eso. Antes de que pudiese pensar en las consecuencias de comer tierra, estaban en la entrada del local, cubiertas del despiadado sol por un techo anaranjado. Keira entró a la tienda de abarrotes mientras agitaba la cola, agarró un par de refrescos y antes de ir al mostrador, volvió sobre sus pasos por una bolsa de papas. La chinchilla sintió alivio. No era posible que Keira robara después de que el dueño le estuviera siguiendo con la mirada. Ante su sorpresa, pasó de largo.

—¡Eh, niña, devuelve esas co...

—¡Me voy a llevar esto, señor Appeston! —interrumpió Keira encantadora—. ¿¡Está bien!?

Como si le hubieran pulsado un interruptor, la cara del señor Appeston cambió de repente

—¡Tú puedes llevarte lo que quieras! ¡Ya lo sabes! —dijo el tendero con una gran sonrisa.

—¡Gracias! ¡Te quiero!

Reina volvió a parpadear.

—¿Qué? ¿Así nada más?

—¡Sí! ¡Así nomás! —Keira le lanzó uno de los refrescos—. ¿¡Acaso pensabas que iba a robar!? ¡Los demás están felices de darme lo que merezco!

Reina guardó silencio. Las dos volvieron a la misma barda para comenzar a comer.

—¿Es verdad que esas niñas ricas tienen que ver con lo que le pasó con tu mamá?

—¿Qué tanto se sabe por ahí?

—No mucho. Algunos dicen que tu mamá te dejo para irse con un rico, que parece que se está haciendo muy popular últimamente. Otros piensan que la secuestraron los Dark Thieves ¿Cuál es la verdad?

—No…estoy segura. 

Recordaba que estaba comiendo con su madre, con su hermano y con esas amigas de Laura que hasta ese punto no tenía motivos para odiarlas por ser ricas. En un segundo, pasó de estar dándole un sorbo al caldo a estar tirada en el suelo con un fuerte dolor de cabeza. El comedor estaba destrozado, la comida derramada, su hermano inconsciente y esas chicas mirándola al primer quejido que soltó. Las cuatro le dirigieron miradas de lástima que fueron directo a su corazón. Sin quererlo, su madre había desaparecido y las culpables eran esas mocosas del otro lado que le había arrebatado lo que quedaba de su familia. Lo siguiente fue la promesa de que la rescatarían, como si un pokémon pudiera congratularse por tener la de decencia de arreglar lo que provocó. Keira escuchaba sin hacer ningún gesto mientras que Reina quería destruirlo todo. Si su vida no era lo suficientemente miserable, ahora tendría que lidiar con el doble de problemas. Cuando acabó de contar, la eevee ladeó la cabeza. Aun escuchaba ese reproductor.

—Oh, ya veo… pues no puedes seguir dependiendo de ellas.

—Ellas son las únicas que pueden rescatar a mamá…

—¡Eso no significa que tengas que mendigarles comida! ¡Ni a ellas ni a nadie! ¡Y no pienso salvarte de morir de hambre todos los días!

—¿¡Qué hago entonces!? ¿¡Qué quieres que haga!?

—¡Primero deja de llorar! Ay, me estás hartando…Mira, puedes conseguir lo que quieres sin que te lo regalen.

—Sí, tienes razón, puedo trabajar.

—¿¡Trabajar!? —preguntó Keira parpadeando.

—Sí, soy buena limpiando. Es una herencia de mi especie. Quizás pueda pedir trabajo en el otro lado.

—Yo me refería a…

—¡Muchas gracias, Keira! ¡Me has ayudado a aclararme!

Reina se fue corriendo de ahí mientras la eevee miraba, un tanto contrariada.
 
 
 
I/III
 
Aunque nunca se hubiera atrevido a pedírselo, Michelle vino todos los días a ver como estaba y dándole de comer. Laura odiaba ser tratada como convaleciente, pero lo era, era una realidad evidente como el hecho de que el agua mojaba. Una cuadrúpeda con las cuatro patas rotas no podía hacer casi nada por sí misma. Si no quería morirse de hambre tendría que cocinar, lo que era imposible con sus extremidades en ese estado. Lo más grave era que bañarse se convertía en una tortura. Aun con todas las cosas que la brionne hacía por ella, nunca le hubiera dicho de cruzar esa línea, hasta que la tipo agua tomó la iniciativa al tercer día al darse cuenta de que comenzaba a apestar. Laura habría insistido hasta la saciedad que no era necesario; el problema fue que sí era necesario. Ella también se sentía bastante incomoda. Esos fueron los antecedentes por los que Michelle estaba cargándola a cuestas para meterla en la ducha. Además del tremendo cuidado que debía tener para no lastimarla, estaba el inconveniente de que Michi era bajita para su especie, lo que complicaba de por si una tarea que ya era difícil. 

—¡Lo siento! —exclamó la chica disculpándose por decima vez al escuchar su quejido.

—No es nada…Te dije que podrías haberle pedido ayuda a uno de mis vecinos.

—¿Qué pensarían tus vecinas de que dejes entrar a un machamp sudoroso en tu casa mientras estás sola? ¿Estás segura de que estás bien con eso?

—…También es verdad

—Ya llegamos ¿Quieres que me meta conti…

—De aquí sigo yo —atajó la glameow sonrojada—. Aún tengo mi cola.

Después de que le dijera que no era necesario que probara el agua porque de todos modos no tenían calentador, Michi corrió la cortina. El cuarto de baño de las Miller no era el mejor. El suelo de cemento estaba mojado todo el tiempo por compartirlo con la ducha. Mientras que Laura hacia el mayor esfuerzo por quitarse la suciedad de su pelaje, la brionne estaba afuera, recargada contra la pared. Durante unos segundos, las dos simplemente escucharon el ruido del agua. El silencio era incómodo. Aunque Michelle estaba en silencio, el sonido de su respiración agitada era suficiente para que la gata no pudiera tallarse a gusto. No quería decirle que se fuera, sería grosero pedírselo. En poco tiempo, terminó por acostumbrarse con su presencia. Algún motivo debía haber para que la muchacha hubiese considerado que era el mejor momento para hacerle una pregunta que no esperaba que saliera del hocico de esa bondadosa criatura.

—¿Te sentiste mal cuando mataste a Alejandra?

—No sentí nada… Simplemente me defendí.

Era sorprendente lo fácil que había sido matar a alguien. Quizás era porque no sentía que lo había hecho. Simplemente la apuñaló con sus garras cuando estaba a punto de desmayarse. A pesar de la tolerancia al dolor que le dio aprender el Drill Bone, no hay ningún cuerpo que aguante tanto castigo ni tanto daño. Sus patas estaban quebradas en varios pedazos. Los pedazos de hueso molidos en las que estaban convertidos sus costillas le picaban los órganos como una cría que jugaba a pincharse el dedo con un alfiler. Si podía seguir en pie, aparte de por el orgullo, fue por las grandes dosis de adrenalina que bombeaban a toda máquina cada centímetro de si misma. En retrospectiva, podría haberse desmayado en cualquier momento, dándole la victoria a su oponente. Matarla había sido una medida desesperada de alguien que estaba a punto de morir. Lamer la sangre de sus garras fue una prueba de que su instinto era lo único que le decía que tenia que hacer. Cuando despertó, estaban curándola y el daño estaba hecho. Aunque nunca había estado borracha, suponía que era similar a hacer algo de lo que te arrepientes en estado de ebriedad. 

—¿Ahora cómo te sientes?

Esa era una pregunta que no podía responder a la primera de cambio. Era lógico que una pokémon que mata a los demás como ocupación merezca ser asesinada. Hasta una ignorante como ella sabía que los animales salvajes se comían los unos a los otros. Era ley de la vida; quien come a los demás, se lo van a comer tarde o temprano. Además, si no mataba a Alejandra, aun sabiendo que podría sobrevivir sin hacerlo, esa sicaria seguiría matando. Matar a un pokémon malvado para salvar a muchos más se vía como una buena acción a primera vista. Aun así, no podía evitar sentir cierta culpa…no, no era culpa, sino una especie de miedo a sí misma. De lo que era capaz de hacer. No dudaba de que la violencia, viviendo en el barrio donde vivía, era la única alternativa para defenderse, pero una cosa era arañarle la cara a un salido de mierda o romperle el brazo y otra muy diferente era destriparlo. Si cambiaba la situación a una donde tuviera el total control de sus acciones, en la que el combate estuviera más balanceado a su lado y hubiera dejado inconsciente o discapacitada a Alejandra, no sabría si tendría el valor de darle el golpe mortal.

No valía la pena pensar en algo que ya no podía cambiar por más que quisiera.

—¿Por qué lo preguntas? —dijo Laura en un intento de desviar la conversación a otro lado.

—No… no es nada… solo curiosidad. Sabemos que mataste a Alejandra por qué el cadáver estaba al lado tuyo.

—¿Qué hicieron con él?

Un silencio.

—Nosotras…lo dejamos ahí. Quizás debíamos enterrarla, pero estábamos preocupadas por ti. De camino a tu casa vimos que ya no estaba ahí…

—No te preocupes. Deben haberla enterrado en la fosa común del cementerio. Es lo que hacen con los cadáveres que nadie reconoce.

—Bueno…es mejor que nada.

Esa conversación acabó de la misma manera que como empezó. De la nada.
 
 
 
III/II    
 
Durante la semana en la que Laura iba a tardar en recuperarse, Denisse había estado arreglando unas cuantas cosas en el taller. Zaira no tenía tiempo de verla más que en los descansos de la escuela. El resto del día buscaba la manera de entretenerse sin mucho éxito. Leyó sus libros de biología hasta memorizarlos. Veía la televisión sin mucho interés. Daba paseos por el pueblo sin tener ningún lugar a donde ir hasta que un miércoles estaba sentada debajo de una palmera en uno de los muchos bancos del centro y había comprado una barra de chocolate que comía con gusto, aun con el riesgo de mancharse la boca como si fuera una cría. Era un día soleado. Aun no estaba acostumbrada a ese clima húmedo que quería penetrar cada centímetro de su cuerpo desde que llegó a Puerto Lugia. El sonido de las olas del mar le instaba a darse un baño para lidiar con el calor, pero tenía otras cosas que hacer. Al levantarse, se llevó el libro que quería leer. El libro que había encontrado en la biblioteca de su padre adoptivo, en una de sus muchas excursiones de “encontrar algo que hacer”. No esperaba ni por asomo el encontrar una copia del libro sagrado de Silem, mucho menos una en su idioma original. Era de una tapa dura del color del cuarzo con letras doradas en silam. Los caracteres dentro de sus páginas, unas serpientes que no dejaban de retorcerse sobre su propio cuerpo y hasta se cortaban en pedazos, representaban una vida que había dejado atrás hace mucho tiempo. 

Unas palabras que no podía entender en lo más mínimo.

Aunque todavía podía hablar silam a la perfección, pese a que hace mucho tiempo no lo practicaba, nunca aprendió a leer en su región natal. Reconocía los símbolos del alfabeto de Silem de haberlos visto en letreros por la calle. El problema era que no sabía que era lo que significaban y era bueno que no lo supiera. Después de todo, era una parte de su vida que no importaba. Eso era lo que no paraba de repetirse cada vez que le echaba un vistazo. Que era mejor serle leal a su hermana. La misma hermana cuya computadora había utilizado para buscar una manera sencilla de leer silam. Al parecer, había unos cuantos maestros de silam en el pueblo porque había pokémon que querían aprenderlo por curiosidad o se habían convertido y necesitaban leer el libro sagrado en la lengua en la que fue escrita para sentirse cercanos a su verdadera fe. Eran cursos que duraban más tiempo del que estaba dispuesta a gastar en una tontería que no servía para nada. Al final, ese mismo miércoles fue a la librería para comprarse unos tomos que había visto que funcionaban. Mientras volvía a casa, todavía no sabía por qué demonios estaba haciendo lo que estaba haciendo. 

—¡Ey, Zai! ¿Qué llevas ahí?

Zaira dio un respingo. Su hermana le miraba con curiosidad y un pelaje manchado de aceite.

—Unos cuantos libros de biología —respondió la meowstic sin dudarlo—. ¿No ibas a estar ocupada todo el día?

—¡Lo estoy! ¡Solo fui a tomar agua!

—Oh…

—Espero que no te estés aburriendo, pero es que aún tengo muchas cosas que hacer. Puedes agarrar la Yupi U si quieres.

—No te preocupes hermana, estoy bien. Estoy repasando unas cuantas cosas.

Aunque no era una mentira, no estaba cómoda contándole medias verdades a su hermana. Aun así, estaba menos cómoda con que supiese que se distraía con nimiedades. En el cuarto de las dos, encontró el escritorio limpio gracias al valioso trabajo de María. Cerró la puerta con pestillo y comenzó a leer. Era bastante sencillo. Los libros incluían unos cuantos ejercicios y textos de practica para que se aprendiera de memoria que significaba cada carácter. En unos días, pese a que sabía de su facilidad para aprender, se sorprendió a si misma de que pudiera comenzar a entender textos cada vez más complejos. Era más fácil que ese curso de primaria express que se pasó en un mes para entrar en la secundaria Candelor. Las serpientes tipografiadas hacían nidos dentro de su cerebro. Llegaban para quedarse, protegiéndose del frío de su indiferencia. Acabó una colección de diez tomos en cuatro días.En una noche de viernes, la sirvienta tocó la puerta de la habitación.

—Señorita Flower, es hora de cenar. Su hermana va a unirse con nosotros cuando acabe de bañarse.

—¡Allá voy!

Zaira metió los tomos de Aprender Silam en la bolsa donde los compró. Siguiendo el milenario consejo de esconder un grano de arena en un desierto y escuchando el sonido del agua que le decía que Deni estaba bañándose todavía, fue a la biblioteca del señor Flower y escondió los libros en las estanterías donde encontró el libro sagrado. Si su hermana los encontraba, no le parecería raro que papá fuese tan excéntrico como para tener libros de aprender idiomas en los que ni siquiera estaba interesado. Agotada por el peso de su consciencia, acabó a tiempo para sentarse al comedor con mamá como si nada hubiera pasado. A pesar de que el cansancio mental le hacía mella, de que le dolían los dedos de escribir nota tras nota, de que esas serpientes no dejaban de hacer estragos dentro de ella, ya había decidido que esa madrugada iba a comenzar a leer el libro sagrado ¿Qué demonios le pasaba? ¿Qué le iba a aportar leer un testamento de una religión en la que había dejado de creer? Apretó su bufanda. Esa vez no era para darse valor o para sentirse protegida. Era como si estuviera asfixiando al fallecido Antara. 

¿Qué pensaba encontrar en un pasado que ya no le importaba?
 
 
Las serpientes atravesaban la arena de papel, revolviéndose, partiéndose en pedazos y volviéndose a recomponer en unos segundos, dejando trozos muertos de su cuerpo detrás de sí. La tinta pintaba su diario. Para una medicham que no pisaba su tierra natal desde hace años, escribir en el idioma que no aprendió a escribir hasta llegar al pueblo era como una especie de acto de rebeldía para la cultura lujuriosa de Puerto Lugia. Un acto para no olvidarse de dónde venía, de cuál era su lugar. Para no olvidarse del lugar que pertenecía. No escribía nada en especial sino las palabras que formaban su mano a la que dejaba sin correa. A veces copiaba pasajes del libro sagrado, como cuando Hoopa teletransportó montones de bayas a todos los pueblos antiguos de Silem para que ninguno de sus súbditos muriera de hambre o el momento en el que esos mismos pobladores rompieron la vasija del castigo, desatando la ira del mismo legendario que los ayudó el cual destrozó todo a su paso. Aun así, eran cosas que sucedían bajo la vigilancia del gran genio, o sea, tenían que suceder, como todo lo que dictaba los libros sagrados. Al llegar el dolor de cabeza, apartó la pluma a un lado de su mesa y estiró su espalda. Antes de que pudiera recostarse a descansar, un toque en la puerta de su departamento le llamó la atención y un sobre amarillo se deslizó a través de la abertura. Esa medicham no sabía ibérico. No sabía otro idioma que no fuera silam. Aunque el mensajero le hubiera dicho algo, no lo entendería. Ese mensajero no necesitaba decirle nada tampoco porque entendió a la primera que Alejandra había sido asesinada. Como la sicaria numero siete, era la siguiente en entrar en el juego. La medicham rezó en su mente para que apareciera su oportunidad. La oportunidad de cumplir con la voluntad del gran genio.

Mostrar ماذا تفعل؟
Hey, lamento por este capítulo más lento que de costumbre. Pone unas cuantas cosas en la mesa que serán importantes más adelante, pero por ahora, ya tienen la presentación del tercer sicario.

Que buena.

@Nemuresu Gracias por tu comentario. No hay pex, Laura sigue viva, solo tuvo que ponerse pomada. Me da la sensación de que quizás te confundiste o no fui suficientemente claro de quien destripó a quien al final, porque releyendo la escena sí esta un poquitín confusa. En ese caso, tu duda esta justificada. Pensando en eso agregue unas cuantas lineas para que quede mejor. 

Sea como sea, recomiendo que se acostumbren a los putazos (?)

@PKMNfanSakura Gracias por tu comentario. Sí, no te preocupes, no hay pex, Laura aguanta otro ratito. Aunque en un principio parezca que las chicas ya están cortando cabezas como si fuera la cebolla para el sandwich y no tiene tanta consecuencia, te aseguro que a futuro las va a tener, sobre todo para cierto personaje que ya quiero que vean que le pasa. Lo de la biblia es más que nada porque en el universo del fic, la religión catolica no existe, así que el angel solo era creación de Alejandra.

Y por cierto, Kiwi me lo pregunto, pero no esta de más decirlo. No es un ángel especifico sino que es una combinación de varios. Es el concepto o la idea en sí de un angel. Aunque nadie lo pregunto, el hecho de que no tuviera nada en la entrepierna viene que los ángeles no son hombres ni mujeres, al menos no biologico. Ya lo saben (?).

Eso sería todo por ahora. La publicación se ha vuelto mucho más lenta en comparación al inicio, pero esto es para escribir algo de lo que me sienta satisfecho (y porque voy al día xdddd).

Saludos.

PD: ¿A qué no adivinan cual nombre toma prestado la siguiente sicaria? No, no es Shakira. Lo pensé, pero ninguna de sus canciones estaba buena para nombrar un as o al menos no el que le tengo pensado.
 



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#99
Cita: 
Bueno, por ahora lo voy dejando acá. Por suerte son muchos menos capítulos que el de Ramen, aunque un poco más largos cada uno. Seguramente me ponga al día bastante rápido, pero más te vale no actualizarlo tan seguido hasta que lo consiga. e.e

Tommy, 15 de Junio de 2020

...

Ok, soy una basura. Pero en mi defensa puedo decir que... leí el tercer capítulo al poco rato de comentarte eso y me pareció soporífero. ¿Qué? ¿Eso justifica dropear un fic que en sus primeros dos capítulos me había hecho cagar de la risa? Seguro que no, pero ya aclaré que soy una basura.
Ahora bien, le metí un poco así que voy a reseñar los próximos. A ver si remonta un poco la cosa.

Tercerdo: Tengo que leerlo de nuevo porque no me acuerdo qué me había gustado tan poco. Y arranca con una referencia facilona pero efectiva a Mario Bros (me encanta cuando cambian las letras pelotudamente para los chistes evitando copyright, en los mangas y animes lo hacen siempre con Mc'Donalds), que luego compruebo en realidad era al Super Smash. O... Musher Spash. Lo que sea. Denisse decide que para ser líder mundial debe besar algunos bebés de gente pobre, y... Empiezo a recordar qué pasaba acá. Un bicho del orto les choreaba una... ¿Máquina que inventó el papá de Denisse? Algo así creo que era. Pero antes, un comentario social:
 
Cita: 
—Las hembras no necesitamos dinero para ir de compras… supongo…

¡Buuu! Abajo las vividoras.

Y siguiendo con los comentarios sociales en tu fic furresco, la realidad es que me gusta mucho el fuerte contraste que establecés entre los pueblos gemelos, el camino de piedra con nombre distinto según desde dónde partas, cómo describís los colores y aromas de un lugar y otro. Además de ir hinteando a cada rato que a las dos pelotudas las van a cagar afanando porque así funcionan las villas. Lo que no recordaba que se note tanto en los capítulos pasados era que el narrador estuviera tan presente en la historia, tirando opiniones propias y mostrando a veces hasta cierta vagueza para describir. Disimulá un poco más la fiaca, hdp. xD
 
Cita: 
—¿¡De que sirve la ley si no protege a los dignos pokémon que pagan sus impuestos!? ¡Esos asquerosos pobres piojosos tienen que quedarse en su lado! ¡No tienen nada que hacer aquí! ¿No es así, señoritas?

Cállese señora, usted es negra.
Digo, violeta.

Btw estaba seguro de que el robo era a las pibitas, pero ya me acordé que era a esta desagradable cheta de hielo. Y, de nuevo, no recordaba lo bien que describías los escenarios. Me gustó especialmente el detalle de las calles como tentáculos de Octillery, los negocios mezclados y la vida callejera tan pintoresca y típica de barrios bajos. Y lo mismo con el barrio de los bichos. Por algún motivo mientras leo esto imagino que, si fuera un anime, tendría fondos re hermosos tipos los de las películas de Ghibli. Con esos colores y esa mística medio única. Incluso aunque lo que hagan los personajes sea re mundano y hasta detestable, lo contás con bastante elegancia... cuando al narrador no le da paja terminar oraciones o redondear conceptos. xD
 
Cita: 
—Mira, si quieres nos repartimos mitad y mitad. Si fueran un poquito más grandes, me podría quedar con las chicas y tú con las cosas —reflexionó el bicho verde.

Este se escapó de la banda pirata de Kapten.
 
Cita:La glameow enredó su rabo (con cuidado de no agarrar nada raro)

Innecesarísimo.

Lo que sí me sorprendió fue lo distinto que me parece leyéndolo dos veces con respecto a la primera. Seguramente lo leí o muy tarde o muy saturado, porque... lo había detestado. Y lo recordaba muchísimo peor. Me sigue dando la impresión de que sucede poco y nada, aparte de expandir el mundo en el que viven Laura y Denisse (que no es poca cosa, para nada), pero es que la escena final con el Butterfree demostrando que solo quería la gracídea para formar su escalera al cielo (¿es una especie de ritual u homenaje para su madre fallecida? ¿es una manera de traerla de vuelta? ¿Shaymin puede ayudar de algún modo si lo invoca? todas preguntas que jamás obtendrán respuesta, ¿está claro?) y el método en el que se eleva para soltarlas y que éstas forman la dichosa escalerita se leyó re poético. Solo para cagarlo instantes después con el hilarante vomitbeam de Denisse, siendo increíblemente repulsiva incluso para los estándares que estás trazando con esta historia. xD

Cuatrochi: Empieza rarazo esto. O será que no me acuerdo un carajo los nombres de los personajes secundarios y que no hay un fucking índice con personajes en el post principal para orientarme mejor con ellos. ¿Por qué son tan amarretes en este foro con eso? No podemos acordarnos de todos los nombres, snif. Como sea, sí recuerdo a la Brionne del club de karate. Acá está la mamá que es súper cool y... ¿Claudio? ¿O Claudia? PAJERO NO PRESENTES UN PERSONAJE ESCRIBIENDO MAL EL NOMBRE QUE CONFUNDE. Encima "Mamá Claudio", wtf. En fin, tenemos a Larissa que calculo es la Primarina mamá de Michelle, y que por algún TURBIO motivo el profesor de biología no deja de mencionarla en sus clases. ¿Por qué? ¿Usa el cuerpo de su madre como ejemplo de anatomía perfecta o qué onda? xD

Pero se pone un poco más interesante cuando vemos que, mientras todos hablan de la mamá por ser una modelo prolífica, su hijita la admira por su pasado heroico y aventurero. Y acá recuerdo bien el tema de los ases que eran como los final attacks o algo así, ¿no? Supongo que tomará relevancia a partir de ahora.
 
Cita:cuando el jefe de la GDR (Gereno Dari Rede) pisó el muelle Kyogre

Oh gracias por la aclaración, si no era por eso jamás me hubiera enterado de que GDR es Gereno Dari Rede. Ahora solo me falta saber qué carajos es Gereno Dari Rede. xD!
 
Cita:—Bienvenido a Puerto Lugia —dijo el comandante Gonda—. Señor…

—Llámeme Almar.

—Veo que sabe ibérico, señor Almar. No lo tome a mal, pero había escuchado que los miembros de la GDR eran más callados.

¿Cómo? Pero si técnicamente vos lo incitaste a decirte su nombre, Gonda, porque de lo contrario posiblemente no te habría dicho una sola palabra. xD

WTF QUE ES ESTE ATENTADO TERRORISTA REPENTINO DOC. xD!!!
Aunque no entiendo cómo mierda la Meowstick explota y se vuelve a armar y explota de nuevo. ¿O es el Golem el que explota? BUE QUE SE YO.

Yyy volvemos rápidamente a la vida de lujos de las amigas chetas (y Laura).
 
Cita:—Una chica…digo…ah…hola. Me llamó Ernesto, vivo en Villa Nereida y sé cocinar ricas paellas, sí. Estoy soltero, por cierto.

A ver cuánto tarda en ponerse creepy.
 
Cita:—¡Tres chicas! Ejem, ¿Cuántos años tienen? Podríamos vernos alguna vez o…

—Yo tengo doce años…

El sonido de una cabeza estrellándose contra algo casi reventó sus tímpanos.

 —¿¡La policía esta escuchando esto!? ¡Les juro que eso fue cosa de una sola vez! ¡Esa maldita salazzle me dijo que tenía dieciocho! ¡Lo juro!

Un renglón. ¡Genial!

Iba a quotear el pedido de rescate de los terror michis pero... no quiero que parezca filler tanto quote en mi post. Cuestión que me cagué de risa con lo de los plátanos. Y menos mal que explican lo del Rewind porque pensaba que era un imbécil por no haber entendido un carajo de lo que pasaba antes. O sea que con esto de los ases puedo esperarme cualquier tipo de técnica deux ex machinera para los pokes que vayan apareciendo. Eeeh, si lo usás bien puede ser muy interesante.
 
Cita:Si no lo hizo es porque sabía que su madre no retrocedería ante algo que debería ser bastante común para ella.

Bueno bajá un cambio foquita, que tu vieja haya sido exploradora no significa que haya estado habituada a presenciar masacres semejantes todo el tiempo. xD
Si lo que se menciona que hacía antes era... rescatar gatitos de los árboles o buscar nenes extraviados. xD

Y sí, se jodió la cosa nomás. No sé qué les hizo pensar a estas mocosas que tenían oportunidad contra el terrorista de los plátanos rewindeados, supongo que en el fondo saben que son las protagonistas y que nada les puede pasar. Bueno, de hecho la personalidad de Denisse es la de "ser protagonista". Y, aunque Michelle es mucho más cute e inocentona, también es cierto que tiene su ambición al querer asemejarse tanto a su mami Primarina. Me gustó cómo en este cap se profundiza bien en los ases y su utilidad, así como lo versátiles que pueden ser, potenciando terriblemente a pokes a priori débiles y revelando un poco más de ellos en plena acción. Siempre disfruto de los flashbacks oportunos en el fragor de la batalla, como a Michelle recordando cómo obtuvo su técnica con nombre fashion de pequeña, o bien mostrándonos un poco de las intenciones y la frialdad de un personaje como Antara, usando de forma tan cruda su as para abusar así de las explosiones múltiples. Bastante heavy.

Quíntuple como las waifus rosas: Primero que nada: que buen nombre para el cap. xD En general me gusta mucho el esquema que usás para nombrar a los capítulos, le dan bastante más personalidad a una historia que definitivamente chorrea de tu personalidad (para bien y para mal, maldito cochino desgraciado).

Turbísima la idea que tiene Denisse de repente. Pasamos de un momento de introspección y exposición emocional de la zorrita para inmediatamente después ver su lado más esquizofrénico y autista pensando en que lo que necesita la foca ahora mismo es un ejército de zombies que le palmeen la espalda. BIEN AHI EH.
NOOOO BOLUDO DENISSE ENCIMA TIENE AL DIABLITO DE LA LOCURA DE SOUL EATER EN LA CABEZA. Lo peor es que... tiene todo el sentido del mundo, como para justificar sus erráticas acciones.
 
Cita:Después de comerse los huevos de torchic

[Imagen: UFcJ13N.jpg]

Me encantan las cuestiones filosóficas y existencialistas que planteás recontra repentinamente alrededor de los fantasmas, su existencia, la diferencia con el tipo fantasma... Sé que es charla de borrachines y fumones, pero re da. Además es el tipo de charlas random que uno tendría mientras se cuela en un cementerio para profanar una tumba. ¿O no, Flash del DCEU?

AAAAH POR QUE MISDREAVUS Y LAMPENT HABLAN COMO MEXICANOS DE REPENTE JAJAJAJAJA CUALQUIERA. xD
No podés ser tan bestia de mostrar de repente a estos dos para tener esa conversación tan arbitraria. QUE ES ESTO DOC LA PUTA MADRE. xDDDD
Tengo para quotear veinte frases de acá, pero el resumen es que son todas oro puro. Necesito desesperadamente ver cómo reaccionaron los demás a esta joya.

Ok, este fue el mejor de los cinco hasta ahora. Acá te la jugaste llevando todo para el lado del humor extremadamente absurdo cuando veníamos de un capítulo re intenso y oscuro como el anterior. Me gusta porque la trama sigue siendo esencialmente la misma, y es que su esencia está en estos momentos re irreverentes y que no tendrían cabida en ningún otro fic. Creo que es tu manera de tomarte en serio tu historia, marcando en la autoría ese tipo de humor y esos personajes tan docquianos. (?)

Pero no sé qué carajo es ser iztlaleña. Pinche Doc.

Me derretiste el cerebro, otro día sigo leyendo. Definitivamente esto no se puede ni se debe maratonear, porque puede dejar secuelas de por vida.
[Imagen: O43dAdH.png]

Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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Laura va a tener una larga conversación con Denisse cuando pueda levantarse de la cama. Sobra decir que ya veo venir algo bastante turbio. Aunque lo más preocupante es el hecho de que el cadáver de Alejandra haya desaparecido, alguien claramente lo retomó, ¿pero quién y para qué? Cuando los cadáveres desaparecen es por una o dos razones: porque el cuerpo todavía sirve para experimentos o porque el personaje en cuestión va a resucitar, y ninguno de los escenarios le saldrá bien a las chicas.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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Sup. 

Por alguna razón el que se me hizo pesadísimo fue el 27… ¿Desde cuándo llevas 28 capítulos? Vaya que pasa el tiempo. 

Primero la crítica que tengo que hacer para pasar a lo importante… a veces está lindo que te pongas a divagar, o a lanzar metáforas y metáforas. Es tu toque, es gracioso. Vale. Pero es eso, un toque. Que lo hagas en un momento chusco, pasa. Que lo hagas al principio, para echar a andar los dedos, pasa. Pero que lo hagas en todo el capítulo y en especial en una pelea con persecución que ya se está haciendo larga hace que quiera dejar de leer cada párrafo. Wait. Hace que deje de leer cada párrafo. Entre eso y saber que iba a ser un capítulo centrado en un pj que iba a morir al final del mismo (porque era evidente), un capítulo dedicado a explorar a un personaje que es un pedazo de mierda irredimible con el que es imposible simpatizar que, realmente, siento que no lleva a nada, hace el capítulo un poco más insoportable. No, no me puede interesar su flashback ni su historia ni sus motivaciones. Y supongo que debía moverme algo su muerte junto con la desaparición de su angel/as. Pero todo en esta tipa es tan moralmente repulsivo que ni siquiera puedo sentir satisfacción de su muerte. Sólo saber que pasé unas cuantas horas leyendo a esta tipa desagradable. Yes, fue curioso lo del as y cómo lo presentaste. No, no me hizo gracia lo de "jaja, la Biblia es un fanfic se va al excusado" pero es tu historia y no tiene que hacerme gracia. Al final el impacto de la Guzmán se reduce a dejar herida a Laura y a otra marquita en el equipo de los malos derrotados. 


El 29 la salva. Yes. A veces es insultante, como párrafos enteros que te puedes saltar. Por otro lado, creo que la forma correcta de escribir historias de gran escala es mantener la escala grande, y esos vistazos a Reina recuerdan que el conflicto es algo más grande de lo que parece. Me gusta que te tomes tu tiempo a hacerlo mas tranquilo con las interacciones entre las chicas y la parte del peluche la verdad estuvo linda. Me llama la atención la parte del idioma, tal vez porque hace años traté de escribir una historia de misterio en la que el idioma era parte importante del plot y sospecho que acá puede serlo, no sé. Also me gustó la introducción de Keira que… supongo que tiene un as o algo así que hace que otros la obedezcan o algo similar. 

Reina too cute. Must protect. Even if she doesn't like it.



Wait. Alejandra Guzmán… ANGEL. Vale. Ya lo pillé
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
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Responder
 
Capítulo 29: حلم ليلة الصيف (Un Sueño de una Noche de Verano)

 
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Sábado por la Madrugada

 
El Libro Sagrado de Silem; cuenta con versículos que no son más que instrucciones para los creyentes de cómo vivir su verdadera fe, pero no solo eso. La segunda sección es un pequeño compendio historias que un creyente de Hoopa debe conocer para ser fiel a su religión. Esas historias, se contaron durante muchas generaciones y consideraron importantes grabarlas en papel para la posteridad. Una de esas leyendas cuenta la anécdota de la vasija del castigo. Un macho, cuya especie acabó perdida en las arenas del tiempo, caminaba por la noche en el desierto hasta que encontró un extraño artefacto. Era un jarrón cuya forma intrincada recordaba más a una botella de perfume hecha de barro. En la tapa, tenía el rostro de un ser desconocido. La parte del centro estaba hueca con un montón de anillos abrazando su interior. Había encontrado ese raro artefacto enterrado debajo de montañas de monedas de oro. Antes de que pudiera alegrarse del hallazgo que le presagiaba buena fortuna, una extraña criatura apareció ante él. Una criatura sin patas ni piernas. Sus ojos eran verdes. Tenía anillos por todo su cuerpo. Era una de esas representaciones físicas que tomaba el gran genio para no deslumbrar a los mortales que no estaban listos para contemplar a ese ser divino incorpóreo. Ante la sorpresa del viajero, aparecieron montones de metales preciosos a través de una puerta mística. Después, aparecieron unas obedientes hembras, palmeras llenas de fruta, oasis en las cercanías y todo lo necesario para vivir en tranquilidad. 

Así fue fundada la ciudad de Mardak. Algunos profetas dijeron que el agua de las alcantarillas sabía a gloria, que los edificios dejaban ciegos a los que tenían mala suerte de mirarlos cuando el sol destellaba y que las frutas en abundancia eran a tal magnitud que muchas veces dejaban que se pudrieran por mera diversión. Los habitantes de Mardak vivieron con abonanza sus primeros años. A cualquier complicación, por más mínima que fuera, pedían ayuda a Hoopa, quien aceptaba gustoso las peticiones de sus súbditos. Después de todo, eran los únicos temerosos a la furia del gran genio dentro de la tierra hereje que era Silem en sus primeros años. Una noche, millones de años luego de que la estirpe del viajero se hizo más extensa que las raíces de un viejo árbol, la vasija del castigo se destapó por el propio gran genio. Un monstruo apareció. Un demonio de muchos brazos ornamentados, con esos anillos que tenían el mismo brillo que deslumbró al pionero, flotaban al lado del cuerpo de ese gigante que debía ser la verdadera forma de su querido legendario. Esos edificios dorados fueron convertidos en millonarios escombros por la misma mano que ayudó a crearlos.

El agua pasó a ser igual de mundana que la que caía del cielo. Las palmeras murieron, siendo marchitas desde la punta del tronco hasta las hojas que fueron llevadas por el viento. Todos los machos y niños de la ciudad fueron partidos en pedazos, pulverizados y desintegrados hasta quedar en la nada.

A la mañana siguiente, cuando damas llorosas lamentaban sus pérdidas, suplicando a gritos un “por qué”, Hoopa les recibió con una gran sonrisa en la cara. Al lado, estaba un recién llegado. Muchos viajeros pasaron por ahí a través de los siglos.

La parábola del gran genio enseñaba una importante lección o al menos eso es lo que decía el Katerato de la Torre de la Obediencia a la que iba a rezar con su madre. No es bueno acostumbrarse a la gracia divina. La fe de Silem no solo trata de recibir las bondades del cielo, a veces toca sufrir. A veces toca aguantar. A veces Hoopa da las más duras pruebas a sus más apasionadas guerreras. Un desastre podría acabar con todo lo que querías. Una guerra podría arrebatarte a tu esposo y a tus hijos. Quizás recibas un castigo por una desobediencia que no cometiste. Quizás eras la elegida para parir al nuevo miembro de la GDR. No tenías derecho a pedir explicaciones. No te las iban a dar al igual que tú no pides cuentas cuando tu vida es maravillosa. Agachar la cabeza era un acto de buena voluntad que te traería bendiciones más adelante. Al mismo tiempo que el recuerdo dejo de ser pertinente, Zaira cerró el libro con cansancio, como quien cerraba los ojos luego de un día agotador. Apagó la lampara y se quitó la sabana de encima, la cual usaba como sede para su círculo de lectura privado. Según el reloj que había dejado en la mesa de noche, faltaban pocos minutos para las dos de la mañana. Ya podía sentirse afortunada de que fuera viernes para amanecer el sábado y no tendría que levantarse temprano.

Pensó que no sería un golpe tan fuerte comenzar con las leyendas de Silem. Eran historias que escuchaba desde que era niña como si fueran cuentos para dormir. Le recordaban a una nostálgica infancia y tal vez podría tener recuerdos bonitos de su antigua madre. Mientras leía, escuchaba dentro de su mente la voz de esa hembra. Esa misma que no había oído desde hace tiempo, la cual le causaba una sensación de nostalgia junto a otros sentimientos que no reconocía, como si fuera un helado sabor a fruta. Si pudiera juntar esos sentimientos en una esfera de acero que fuera capaz de sostener, se pincharía las patas. Lo comparaba con lo que sentías al tomar una medicina. Una medicina amarga que sabías que necesitabas, pero no querías tomártela. Volvió a esconderse debajo de su sábana blanca, que no tardó en humedecerse por culpa de sus somnolientas lágrimas. mientras escondía el libro sagrado debajo de la almohada. Un montón de pensamientos se arrastraron por su cerebro. Unas serpientes que escarbaron su materia gris hasta convertirla en un bonito nido, juntándose con sus amigos.

Quizás esa fue la razón por la que no tardó en quedarse dormida pese a que su cabeza estaba más enredada que gomas elásticas dentro de un cajón. Quizás fue por eso que soñó. Soñó como nunca había soñado en su corta vida.

Soñó con una ciudad en medio del desierto, rodeada de montones de oasis que eran el símbolo de la esperanza de agotados viajeros. Los cactus daban frutos que en pocos segundos eran vendidos por los madrugadores manteros. Las doradas estructuras, que dejaban ciegos a los profetas durante sus visiones de tiempos mejores, pasaron a ser de cemento, ladrillos, terracota, hormigón y madera. Los edificios más destacados eran un par de inmensas torres de piedra que estaban ubicadas en puntos importantes de la ciudad. Cada jueves o día festivo, a las tres de la tarde, sus cimas eran inundadas por oradores. La que tenía colores dorados era para los machos mientras que la plateada era para las hembras; las torres de la obediencia. Encima de la segunda, estaba hincada una gata de pelaje gris despeinado con ojos morados de poca expresión. Cubría la parte superior de su cabeza con un pañuelo del color de esas manzanas verdes que traían los mercaderes cada día. Unas hembras rezaban a su alrededor. Hembras de todas las especies, de todos los tamaños, de todas las edades, cuya única cosa común era que cubrían partes de sus cuerpos con sus propios pedazos de tela. Algunas tenían ropas que cubrían todo, hasta su cara, mirando a través de unas rejillas que también le permitían respirar. Otras solo dejaban ver sus rostros a excepción de lo demás. Al frente de las oradoras, hablaba un katerato de amplias vestimentas.

—¡El gran genio nos dice que quien no vea la verdad en nuestras palabras, no merece nuestra simpatía! ¡No merece comer en nuestra mesa! ¡Quien no crea en las palabras del gran genio, no puede ser considerado un pokémon! ¡Es por eso, hembras de Silem, que deben jurar eterna obediencia a sus maridos! ¡Sus maridos que conocen las leyes del gran genio tanto como las leyes humanas! ¡Akare!

Soñó con una pequeña gata de pelaje gris despeinado que tenía una mirada inexpresiva a simple vista y caminaba por las calles de Mardak siendo tomada de la pata por una hembra. El rostro de esa antigua madre era borroso. Ir a comprar el mandado de la semana después de rezar en la torre de la obediencia era una costumbre que compartían. Su padre debería estar saliendo de su propio rezo ahora mismo y pronto sería hora de comer. A veces le daban ganas de saber que le decían a papá, pero una de las reglas prohibía contar esas cosas. Su madre sacó su monedero con una sonrisa maliciosa. Sabía lo que significaba. 

Soñó con una pequeña gata de pelaje gris despeinado que estaba en la mesa junto a su familia. Su padre era un gato de pelaje dorado que mantenía la misma seriedad en cada momento. Su cuello era cubierto por una shemagh de arena. La comida en la mesa era falafel. El paladar de la espurr todavía sentía el dulzor de ese chocolate que le había comprado su madre. Un trozo que aprovechaba lo que podía, aunque no era más grande que un dedo gordo. En la misma mesa, estaba un invitado que vino de vuelta a su región natal por una temporada de descanso. Era de la misma especie de su padre, solo que de un pelaje azul marino. Ese malicioso gato de ojos lima, como si estuvieran hechos de gelatina de limón, mostraba un broche dorado con orgullo Apareció cierto pensamiento dentro de la mente de Zaira. Cierto pensamiento que le decía que no tenía sentido que se encontrara en un sitio cuando antes estaba en otro. Recordó algo. Antara no era el nombre real de ese meowstic. Ese era un alias que había tomado de un infame terrorista que llevaba muerto desde hace tiempo para hacerse pasar por él. Su verdadero nombre era Akram. 

Soñó con una pequeña gata de pelaje gris despeinado que recibía un regalo de su tío Akram. Un oso de peluche que vestía un vestido blanco y sostenía un ramo de flores. Había planeado llevárselo el primer día que fue a la casa, pero lo había olvidado en la habitación de hotel. Akram acarició su cabeza mientras le decía que ese no era el único regalo que le daría. Pronto iba darle los otros dos. Zaira asintió sonriente. Estaba impaciente por recibir los demás regalos. Abrazó el peluche contra su pecho. Zai le dijo entre risas que ese osito comía demasiado ya que estaba muy pesado. Los dos rieron. Tres marionetas fueron destrozadas esa misma noche. Marionetas de hilos rojos. Sus partes repartidas por el suelo chamuscado de esa antigua casa hacían una bella composición, como si fuera la obra de arte de un museo. Por último, soñó con una pequeña gata de pelaje blanco que abrazaba sus rodillas en una esquina de la habitación. Llevaba un hermoso vestido blanco manchado de lágrimas y gotas de pintura. Explosiones retumbaban en sus oídos. Explosiones que dejaron manchas escarlatas en las paredes oscuras.

 
I/I

 
Esas mañanas, después de no haber dormido como Arceus mandaba, eran las peores de todas. Sus ojos ardían por el sol. Unos tornillos de cemento estaban clavados en su cráneo. Unas niñas no tenían el estómago para tomar café o al menos eso decía mamá. Tenía que conformarse con una barra de chocolate que había guardado para emergencias. A pesar de que podía comprar todo el chocolate que quisiera, hasta que el doctor le aconsejara acumular insulina en el armario, tenía la sensación de que nunca sabría igual de bien que esos trozos que le compró esa hembra en su sueño. Como todos los fines de semana, estaban desayunado panqueques, pero sus papilas gustativas parecían estar igual de dormidas que el resto de su cuerpo. Su hermana estaba demasiado obnubilada como para siquiera dirigirle alguna palabra, seguramente tenía cosas que hacer en el taller. Zaira siguió comiendo. Estaban tardando tanto que la harina absorbió la miel de maple.  El día de hoy no quería hacer nada más que quedarse en la cama, arropándose en las sabanas como un metapod dentro de su capullo.

Aun así, estaba dispuesta a agarrar energías de cualquier sitio para acompañarla si era lo que necesitaba. 


Si Zaira tuvo un sueño inquieto, Denisse no volvió a cerrar los ojos después de que los gritos de su hermana la despertaron. Estaban en un idioma que reconocía por haberlo escuchado en los noticieros o en palabras sueltas, pero que no entendía. Asomándose desde el piso superior de la litera, observó que también estaba cociéndose en su propio sudor y revolviéndose.

Antes de que pudiera pensar en que tenía que hacer o si debía llamar a su madre, Zai volvió a guardar silencio. Hubo un momento de expectación donde esperó a que gritara de nuevo o que despertara, pero no lo hizo. Unos segundos después, que parecieron una eternidad estirada por Dialga como si fuera un chicle, mamá entró por la puerta. La espeon le dio un beso en la frente, decidiendo no despertarla. La pobre de mamá debía pensar que no era más que una pesadilla infantil. Ella sabe que es algo más profundo, como si fuera una raíz de una zanahoria que no paraba de crecer. Ahora, las dos estaban comiendo en la misma mesa, mientras pensaba en que tenía que hacer. En primer lugar, necesitaba asegurarse de que Zaira no la siguiera.

—Tengo una tarea importante para ti. 

—¿Qué es? —preguntó la psíquica parpadeando como una muñeca rota.

—¡Descansar!

—¿Eh?

—¡Tus poderes psíquicos no funcionarán si estás cansada! ¡Necesitas descansar! ¡Es una orden!

—¿Tú que vas a hacer?

—Yo voy a seguir con el taller. Si no quieres que te despida, no estés fuera de tu cama 

—Está bien…

Denisse desde pequeña le gustaba memorizar cosas. Memorizaba las contraseñas, memorizaba el número de hojas de las plantas para darse cuenta si la sirvienta las podaba y memorizaba los diálogos de las películas luego de haberlas visto.

Como no tenía nada que hacer y la primaria era ridículamente fácil (no había día en el que no sintiera que la trataban de estúpida) aprovechaba su prodigiosa memoria como podía en idioteces. Una de las cosas que memorizó por mera diversión era la biblioteca de su padre. Quizás no supiera todo su contenido, pero conocía el orden de los libros en las estanterías, a tal punto que podía agarrar el que quisiera con los ojos cerrados. Desde hace tiempo que la colección de papá estaba congelada; más exactamente desde que tenía memoria. Al despertar, sabía que era lo que quería. El sexto libro de la primera estantería a la derecha en la segunda fila. El lomo era diferente al que recordaba. Pese a que tuviera palabras en silam, era de peor calidad y estaba segura de que las letras eran diferentes.

—¿Qué hiciste, Zaira? —dijo Denisse rechinando los dientes y sacando el libro de Aprender Silam Vol 1.

Después de echar un vistazo amplio, comenzó a ponerse nerviosa porque no paraba de ver lomos que no deberían estar ahí. Era posible que su padre agarrase el libro en silam, pero nunca pondría diez libros de aprender idiomas de manera tan desordenada. A juzgar por el polvo, los libros no llevaban demasiado tiempo de ser intercambiados. Zaira abrió una puerta que no debió de haber abierto. Era probable que sus recuerdos estuvieran bloqueados hasta que la curiosidad o quizás la necesidad de volver a su religión los hizo salir, como si el libro fuera la llave de un pesado candado lleno de herrumbre que cayó encima de su pata. Denisse pensó en lo que sabía acerca de su subordinada. Antes de que llegara a Puerto Lugia, su hermana mayor andaba por ahí con el tal Antara que era un imitador de un verdadero terrorista. Un tío que la trataba mal. Si la tenía secuestrada, significa que le hizo algo a sus padres. Quizás esa era la causa de la fobia de Zai a las explosiones y a los ruidos fuertes. Una causa que recordó cuando volvió a leer ese dichoso libro. Tenía que hacer algo, solo que no sabía que era eso que tenía que hacer. No, en el fondo lo sabía, pero no sabía hacerlo.

Aunque quiso pensar en una manera de retrasar lo inevitable, tuvo que intentarlo. Denisse tocó la puerta de la habitación, luego entró sin darle tiempo a su hermana para decidir si quería que entrara o no, quizás porque estaba demasiado preocupada para pensar en ser cortés. Zaira estaba acostada en la misma cama en la que tuvo ese sueño. En sus patas tenía el libro que robó de la biblioteca. El mismo que escondió entre sus sabanas cuando la vio entrar. A la eevee no le gustó la cara que debía tener en ese momento. Si mostraba preocupación a una de sus subordinadas, su autoridad iba a caer al ver que era más débil de lo que aparentaba. Intentó cambiar de expresión como si fuera uno de esos robots realistas que caían dentro del valle inquietante. Un intento fallido a juzgar por la cara que tenía frente a ella. En cualquier otra circunstancia, presumiría que se dio cuenta del libro antes de verlo por sus propios ojos, pero no estaba de humor.

—Hermana, lo siento por habértelo ocultado…

—Quizás no debiste haber leído ese libro —dijo Denisse sentándose sobre la cama—. pero es demasiado tarde. Cuéntame sobre tu tío.

—Mi tío Akram…

—Ese era su verdadero nombre, ¿no? ¿Qué pasó con él?

—Desde mañana temprano empecé a leer los mandatos dentro del libro sagrado —dijo Zai desviando la conversación—. Hay uno en la página cincuenta.

—El libro sagrado, ¿eh? —preguntó Denisse hojeando esos caracteres que no entendía, yendo a donde dijo su hermana—. ¿Puedes…traducirme?

Zaira abrió los ojos.

—¿¡No sabes silam!?

—Eh…aprender un idioma me cuesta trabajo —dijo Deni esforzándose por seguir mirándole a los ojos—. Hay dos maneras en las que un pokémon puede aprender otro idioma. Por ejemplo, digamos… anglosajón. De manera instintiva mientras lee, escribe y escucha cosas en anglosajón, o memorizando palabras comunes, vocabulario, formulas, verbos y demás. Yo solo puedo usar la segunda.  Se me complican demasiado esas cosas…. No le digas a nadie, por favor.

Zaira asintió.

—Ya dime, ¿qué quieres que lea?

—Te lo puedo decir: Si hay una hembra a la que el creyente del gran genio quiera convertir en su esposa, tendrá derecho a arrebatársela por la fuerza a sus guardianes si estos traicionan al gran genio.

—Oh… ¿tu tío? Eso significa que… ¿tus papás no seguían la religión de Silem en secreto.?

—No, creían en él tanto como los otros…no entiendo cómo pudieron haber cometido una de las faltas imperdonables de Hoopa. Es imposible…

—¿Faltas imperdonables?

Primera falta: Insultar el nombre de Hoopa

Segunda falta: Quitarse el pañuelo en frente de un macho que no sea tu marido o tu padre (solo para las hembras)

Tercera falta: Saltarse una sesión de oración.

Cuarta falta. Cometer adulterio a tu marido (solo para las hembras también)

Quinta falta: Desobedecer a alguien de más autoridad que tú ante los ojos del gran genio u obedecer a alguien de menos autoridad que tú ante los ojos del gran genio. 

Sexta falta: Contarle a alguien del sexo opuesto sobre sus sesiones de oración.

—Cometer esas faltas es considerada una traición al gran genio.

—¿Para qué existen los demás mandatos?

—Digamos que son recomendaciones. No seguirlas solo es un pecado menor. 

—Entiendo… ¿Te sentirías mejor si supieras como es que cometieron esas faltas tus papás?

—No es eso, sino que…me gustaría recordar mejor lo que pasó. No quiero ver solo fragmentos.  Quiero saber por qué mi tío hizo eso…pero no podemos hablar con los muertos…

Denisse trató de sonreír. 

—En realidad, debe haber alguna manera.
 
II/I
 
 
 
Domingo por la tarde
 
Aunque no debería, odiaba ser paseada en silla de ruedas. Sabía que otros pokémon no tenían tanta suerte y tenían que usarla el resto de su vida mientras que ella estaba quejándose por usarla durante una tarde.  Aun así, deberían darle un pase, porque era obvio que Villa Celebi no tenía la mejor accesibilidad de la región para los discapacitados. El suelo estaba lleno de escombros, baches, agujeros e inesperados desniveles, tantos que era un milagro que la antigua silla que encontró Michelle en su casa no estuviera desmotándose un poco más a cada metro que avanzaban. A pesar de que estaba alegando como una mocosa malcriada, desde hace bastante tiempo que necesitaba tomar aire. Era un sábado por la tarde donde el calor arreciaba más fuerte que docenas de latigazos sobre la espalda de un quemado y Michi tenía mucho mérito por empujarla debajo del sol abrasador. Se dirigían a North Marine Star para pasar el rato por ahí. Sí, le tenía cierto cariño a su lugar natal, pero ese ambiente lleno de obstáculos mortales, que hacían que el no poder caminar sea un deporte de alto riesgo, y transeúntes inmaduros riéndose de ella, solo le ponía de peor humor, lo que era ciertamente malo para cualquier convaleciente. Mientras atravesaban Plaza Celebi, que al menos no tenía ladrillos traicioneros escondidos en manchas de pasto, Laura quiso aprovechar que estaban en silencio para decirle unas cuantas palabras que desde hace rato guardaba dentro de sí.

—Michi… muchas gracias por todo, aunque te haya dicho miles de veces que no es necesario. Te debo una.

Michelle sonrió. Una sonrisa honesta que siempre era refrescante para una amargada como ella.

—Tú harías lo mismo en mi lugar. Además, siempre estás ahí para animarme. Tenía que devolverte el favor. 

No estaba convencida de que sus ánimos estuviesen funcionando, pero decidió callarse sus dudas. Un grupo de niños del Barrio Umbrali salió por uno de los callejones.  Sus risas resonaban por las rayadas paredes. En un principio no les prestó demasiada atención, solo una mirada por lo escandalosos que eran empujándose unos a los otros. Después de ese vistazo, notó que los chicos, que eran unos doce, cargaban globos de agua. Uno conectó sus ojos con los suyos. Una sonrisa malvada (y al mismo tiempo inocente), les gritó a los cuatro vientos que debían salir de ahí cuanto antes si no querían ser acribilladas sin piedad. Al parecer, Michelle también captó las intenciones de la pequeña pandilla y trató de dar un giro con la silla de ruedas. La rueda chocó contra un pedrusco en la tierra que hizo que la silla diera un vuelco.  La brionne logró atraparla antes que se diera de bruces. Aun así, el mayor peligro estaba presente todavía. El primer globo estalló a los “pies” de Michi, manchando su falda de un negro oscuro que era diferente a lo que esperaban. Los niños debieron haber tomado esas cubetas de pintura que sobraron de pintar sus edificios para hacer unas cuantas bromas. Además de que no tenían la fuerza de un adulto, varios eran cuadrúpedos y no lanzaban con la suficiente fuerza para que reventaran, sobre todo los que golpeaban sus cuerpos. Al igual que un respetable caballero, Michelle cargó a Laura como si la gata fuera una damisela en apuros, o al menos así sería si no fuera una niña chaparra tratando de cargar a otra un poco más alta que ella. Si no fuera poco, esos días estaba bajando de peso por sus problemas digestivos, lo que hacía que se le complicara más.  Esa patética incapacidad ocasionó que las risas retumbaran con más fuerza como si les hubieran subido el volumen. En la tercera ráfaga de globos, casi la mitad explotaron, incluido uno que le dio de lleno en el estómago de la tipo agua. Varias gotas salpicaron en la cara de la felina.

—¡Mierda! —exclamó Laura sacudiendo la cabeza—. ¡Hay varios globos en el suelo! ¡Se lo voy a lanzar al primero que vea!

En condiciones normales, Michelle podría pensar en una mejor opción, pero viendo que el sudor mojaba su cuerpo como el agua de una fuente y sus aletas temblaban, sabía que su amiga no podía pensar con claridad. A los niños les quedaban unos cuantos globos. Antes de venir, debían pensar en molestar a transeúntes cualesquiera y al ver que encontraron a sus víctimas perfectas, no iban a dejarlas ir. Los demás vecinos observaban nerviosos, otros seguían riéndose. En la cuarta ráfaga, un globo le dio en el lado derecha de la cara y atrapó otro con su cola. Ignorando las protestas de la foca, la gata lo lanzó a los pies de uno de los del grupo, esperanzada en que podían espantarlo o algo por el estilo, pero avivó el fuego de una llama que de por sí no quería apagarse. Un escalofrío azotó la columna de la glameow…literalmente. Las aletas de Michelle estaban congelándose. Después de la quinta ráfaga, la dejo en el suelo. Antes le daba la impresión de que la muchacha sudaba por la ansiedad. Eso no era del todo cierto. Se puso al frente de los niños quienes estaban preparando la que sería la última ráfaga.

—¿¡Qué demonios les pasa!? —exclamó Michelle apretando a sus puños, luego miró a sus alrededores—. ¿¡Por qué nadie hace nada!? ¿¡Es que les da igual!? —volvió a fijar su mirada en el grupo de maleantes—. ¿¡Como pueden atacar a una chica que no puede moverse!? ¿¡Como pueden ser tan malos pokémon!? ¿¡Es que no piensan!?

Los niños estallaron en carcajadas que eran capaces de penetrar el cemento mientras lanzaban los últimos globos. La pintura llenó el cuerpo de Michelle. Todos estallaron. No volvió a decir ninguna palabra más porque sabía que era inútil. Michelle dio un paso adelante. Ante la mirada sorpresiva de la señorita Miller, uno de los pequeños recibió un puñetazo helado en la cara que lo empujó unos metros de distancia. Esa muchacha que era tan amable, que a veces hasta le daba ganas de abofetearla para que viera la realidad, golpeó a una cría con fuerza. El chico se levantó tambaleante. Brotaba sangre de su nariz. Michelle miró su aleta con verdadero terror. Sus pupilas empequeñecidas y llenas de lágrimas heladas se daban cuenta de lo que hizo.  La manada reaccionó por primera vez de manera sensata, largándose de ahí tan rápido que una nube de polvo cubrió su huida. La brionne siguió su ejemplo y sin dejar de sollozar, se largó por el Camino de los Bienaventurados. Unas señoras ayudaban a levantarse a una estupefacta Laura y la volvieron a sentar en la silla. La gata gruñó a esas cobardes que no hicieron nada para apoyarlas hasta que fue demasiado tarde. Ojalá se hubiera acordado de que necesitaba a alguien para salir de ahí. Al menos tuvieron la suerte de que el incidente ocurrió en esa zona neutral que era Plaza Celebi y el líder no tomaría verdaderas represalias. El problema era que se aplicaba lo mismo en su caso. Unos pasos detrás suya le hicieron voltear. Era una peculiar criatura que llamaba la atención en un pueblo tan caluroso, más que nada porque estaba cubierta por un traje azul marino que era bastante parecido al que llevaría un pokémon que robaba miel en las colmenas de los combee. 

El extraño comenzó a caminar. 
 
I/II
 
 
 
Domingo en la Madrugada
 
Desde la última vez que visitaron el cementerio de Villa Celebi, las cosas no cambiaron mucho, salvo que aumentó el número de ataúdes de madera que esperaban a ser enterrados y no podían permitirse un espacio por falta de dinero… o no querían acabar en la fosa común. Un sitio donde nadie los recuerde. Después de que visitó a Laura, Michelle les dijo que Alejandra acabó ahí. En las películas sobre genocidios, que eran las peores sobre líderes mundiales, conoció el concepto.

No todos los pokémon, por diferentes circunstancias, podían tener una linda tumba. Algunos no eran identificados porque quedaron irreconocibles, no tenían dinero o a nadie le importaba. Existía un espacio en el cementerio para ellos. Si pensaban en el tiempo que llevaba enterrada la sicaria, podrían encontrar el lugar. Cuando se acercaron a las grandes puertas de acero, veía que Zaira no podía dejar de temblar, cosa que debió de haber supuesto desde el principio. Si en la primera misión que tuvieron juntas le dio miedo sentir una presencia negativa en esa mansión, el efecto era peor en un lugar lleno de fantasmas.  

—Si quieres puedes ir a casa mientras hago esto. No es necesario que vayamos las dos.

—No, quiero hacerlo. Quiero hablar con Anta…con mi tío.

—Todavía no estamos seguras de que podamos hablar con él.

—Aun así, voy a intentarlo. Ya estás haciendo demasiado por acompañarme con mi problema personal. 

—¡No seas tonta! —exclamó Denisse—. Si no puedes dormir bien por culpa de este tipo, no me… olvídalo, solo hagamos esto y ya.

A diferencia de la última vez, la puerta no tenía candado. Un chirrido ahuyentó a los pájaros vagabundos que iban a beber en la madrugada. Antes de venir, hicieron lo que no podían hacer. Bebieron café. Un café más oscuro que la hora que precede al alba. La cafetera borboteó cuando la prendieron y comenzó a filtrar el agua. Denisse nunca la había usado antes, pero ninguna maquina iba a resistirse a sus encantos de superdotada, sobre todo con el manual de instrucciones al lado. Cada una se sirvió una taza; ninguna de las dos iba a extrañarlo. El sabor era horrible. Además de ser fuerte, mamá olvidó añadir que era demasiado amargo para el paladar de unas niñas que estaban acostumbradas a los dulces. A pesar de eso, los adultos no mentían en que daba mucha energía. Quizás más de la que necesitaban. El siguiente día tendrían que desperdiciarlo para corregir su ciclo de sueño si no querían convertirse en unas vigilantes nocturnas 

¿Cuál era su plan para ir al cementerio en medio de la madrugada?  Lo mismo que la otra vez; solo esperar sobre una sábana blanca. Zaira abrazaba sus rodillas con la mirada perdida. El café negro no quitaba lo ausente. La cola de la eevee y su pata no dejaba de moverse por la cafeína. 

Solo tenía que esperar.



Aunque quizás sea su cerebro sobrecalentándose por el exceso de cafeína, no podía dejar de pensar en que estaba molestando a su hermana quien no tendría que lidiar con problemas suyos que le pasaron cuando todavía no se conocían. Maldita sea la hora en la que abrió ese libro. Si no fuera poco, la energía negativa en el ambiente podría compararse con la sensación de clavarse agujas de hielo por todo el cuerpo. Sus orejas no podían doblarse más de lo que ya lo estaban. La chica estaba recargada en una tumba de alguien olvidado hace tiempo, como debería haber estado su pasado. Ese frio que calaba en los huesos ocasionó que abriera su tercer ojo como si fuera un instinto. Un montón de luces aparecieron en el aire. A diferencia de las auras, estas no tenían consistencia, sino que se parecían más a esos humos de colores que veía en los conciertos que daban en la televisión. Humos que formaban diferentes figuras. Los fantasmas estaban por todos lados, solo que no querían presentarse o al menos así era hasta que una de esas manchas, que era carmesí, tomó forma.

Un ente oscuro que recordaba a una nota musical en “si” o “do”. Sus ojos estaban en la posición donde los tendría un carnívoro; rojos como gotas de sangre. En la punta de la cola llevaba una máscara dorada de un tigre sonriente.

—¡Pensaba que teníamos que esperar más! —exclamó la eevee levantándose, después entrecerró los ojos—. Espera, yo te conozco… ¿no salías solo los domingos?

—Técnicamente ya es domingo —dijo el fantasma—, Además, quería conocer a las nuevas víctimas de Cerati.

—¿Victimas? ¿Conoces a ese tipo?

—Mi nombre es Joaquín Sabina y soy… un amigo de Cerati. Encantada de conocerlas. Mira, no somos enemigos. No hay nada que me importe en el mundo de los vivos que me haga esforzarme. Ustedes conocen a Josefina y a José Luis. Ellos serán un matrimonio abusivo el resto de la eternidad, porque los fantasmas no pueden cambiar. Serán lo que son para siempre. Lo mismo pasa conmigo. No tengo ningún interés en mover un dedo.

—Eres más que un amigo —corrigió la eevee—. ¿Acaso creíste que no me acordaría de esa mascara en tu cola?  Es una máscara mortuoria, ¿no?

Sabina soltó una carcajada como si fuera el disparo de una escopeta en medio de un valle con eco.

—Bueno, mentí, sí tengo un interés. Soy su padre y digamos que quiero que ustedes ganen en esta pelea. Mi hijo no puede ser líder de Las Sombras de la Noche.

—¿Por qué no?

—Tengo mis motivos —dijo Sabina concluyendo la conversación.

—Bueno, lo que sea, necesitamos que nos ayudes. Mi subordinada no puede ganar a Cerati en el estado en el que está —dijo Denisse—. Tiene cosas que resolver.

—¿Estás segura de que podemos confiar en él? —susurró Zaira a su oido.

—Por ahora…

Sabina suspiró. 

—Díganme.

—Necesitamos contactar a un fantasma. 

Contaron los detalles esenciales. Nada más y nada menos. 
 
II/II
 
Ante la pragmática mirada de la gata, que estaba sufriendo bajo ese maldito sol, nadie en su sano juicio usaría ese pedazo de tela sobre su cuerpo. Al menos que alguien quiera ocultar su identidad. De una forma u otra, sus instintos le gritaban que no dejara que ese extraño se acercara. Ella tendría que acercarse primero. Laura giró la silla de ruedas y salió disparada hacia el desconocido con las garras extendidas. Aunque no tenía los recubrimientos de metal, después de perderlos en la pelea contra Alejandra, sería capaz de dejarla inconsciente de una cuchillada. Era un movimiento arriesgado e inesperado, pero esa especie de monja azul marino no pudo esquivarlo y quedó contra el suelo. Al caer, las dos soltaron un gruñido de dolor. La primera duda que tuvo Laura por lo que hizo era el mero hecho de que había sido demasiado fácil contener a esa posible sicaria. La segunda duda acometió en forma de gritos desesperados. Unos gritos que no entendía, pero que sabía qué querían expresar. Los transeúntes de los alrededores voltearon al escuchar los alaridos. Una de las manos de la criatura apresó su pata derecha, intentando liberarse del agarre. A causa de extraños motivos de la vida, miró el dorso, el cual tenía unos garabatos dibujados que le recordaban a una serpiente.

Una serpiente contorsionada sobre sí misma.

تمتص

Al mismo tiempo que ese pensamiento recorrió su mente, sintió unas tremendas ganas de vomitar y una repentina debilidad.

Unas arcadas le hicieron zafar de su agarre. Unas criaturas alargadas estaban recorriendo el interior de su garganta. Las gotas de saliva cayeron en la tierra. Desde su boca, salieron unas serpientes que emanaban cierto resplandor a pesar de estar en pleno día. Eran unas serpientes que no tenían una forma en particular. Aunque eran parecidas a ekans, su color era un rosado plano sin detalles amarillos. Después de que esos raros reptiles escaparan de su organismo, recorrieron su cuerpo mientras intentaba arrastrarse lejos de esa cosa que desde hace rato recuperó su porte.

Las serpientes, que en un principio no eran más grandes que una de sus garras, poco a poco crecieron hasta tener el tamaño de un arbok. Sus parpados eran cada vez más pesados. Sus movimientos eran cada vez más lentos. Era como una muñeca que estaba a punto de quedarse sin cuerda. El desconocido alzó esa mano gris sobre su cabeza. Antes de que su cráneo estallara, una especie de fenómeno marrón aplacó contra quien estaba a punto de asesinarla. Una ráfaga de viento que apenas sintió agitó sus orejas. Una mapache que conocía bastante bien aterrizó frente a ella. El desconocido retrocedió.

Usando su as, Highway to Hell, Beatriz corrió hacia North Marine Star, arrastrándola como si fuera un saco de papas y golpeándola con cada bulto del piso sin ninguna consideración. 

De un momento a otro, acabó perdiendo el conocimiento.
 
I/III
 
 
 
Domingo en la Madrugada
 
En el principio, tenía dudas en contarle a ese fantasma sobre su pasado, pero no quería causarle más molestias a su hermana y Sabina podría ayudarla para que pudieran irse de ahí lo antes posible. El padre de Gustavo Cerati era un pokémon paciente que escuchó con atención la historia mientras estaba flotando encima de su tumba con los brazos cruzados. La máscara dorada brillaba bajo la luz de la luna llena. Su hermana le dijo entre susurros que los yamask, que protagonizaban muchos cuentos en la cultura occidental, apreciaban su rostro en vida como nada en el mundo. Aun así, este se veía desinteresado, sin dirigirle siquiera una mirada desde que llegaron. Cuando Zaira acabó de narrar, el señor Sabina asintió. Aunque acabó acostumbrándose a los escalofríos y a las luces de colores que llenaban el cementerio, en las partes más cruentas de su narración. volvió a sentirlos como si nunca se hubieran ido. Quizás la crueldad les atraía como manadas de ursaring a la miel.

—¿Qué te parece? —preguntó Denisse mirándole sin parpadear.

—Miren, princesitas. No todos los que mueren se convierten en fantasmas. Si así fuera, habría reuniones familiares en los cementerios. Existe una condición; solo te conviertes en fantasma cuando nadie vivo recuerda como eres en vida. Si alguien extraña a su madre que acaba de morir o a su abuela, el propio acto de extrañarla hará que sea imposible que pueda encontrarse con ella. Aunque claro, con “recordar como eres en vida” no me refiero a conocerlo como quien conoce un personaje histórico u un miembro ilustre de su familia o acordarte de verlo por el rabillo del ojo o caminando por la calle antes de que muriera. Para que alguien no sea fantasma se necesita que se haya tenido una fuerte interacción con él antes de su muerte.

—Oh, vaya —murmuró Zaira con cierta decepción.

Sabina sonrió.

—Pero no te preocupes. No funciona a la inversa. Si alguien recuerda como eres después de no hacerlo por mucho tiempo, no te desconviertes en fantasma, sino que sigues igual. Como tú dices, no recordabas realmente a tu tío sino el pokémon a quien trataba de imitar tu tío. Al menos que alguien importante lo esté recordando, tu tío debería andar pululando como fantasma ¿Me dices que murió aquí?

Las dos asintieron.

—¿Está enterrado en el cementerio?

—¡Debe estar en la fosa común! —exclamó Denisse en un momento eureka.

Sabina entrecerró sus ojos.

—Oh...eso va estar complicado. Los fantasmas de la fosa común son mucho más tímidos que los demás, si ya de por sí muchos no suelen aparecer.  Hay una forma de hacer que aparezca a la fuerza, pero deben seguir mis instrucciones.
El ritual para atraer a los fantasmas no era demasiado complicado, pero sí laborioso. El primer paso era dibujar con sal mineral un arco de Arceus invertido. Además, serviría como garantía para asegurarse de que Joaquín Sabina no quiera poseerlas o algo por el estilo. Aunque las tiendas estaban cerradas, entrar a robar un costal de un local de Villa Celebi no era difícil; solo era cuestión de romper unas cuantas ventanas. El segundo paso era conseguir el cuerpo de Akram, lo que sería mucho más complicado porque Zaira no podría ayudar a su hermana. Si apenas podía aguantar las presencias negativas en el cementerio, estar parada encima de la fosa común le causaba una presión inimaginable y después de intentarlo unas cuantas veces, Denisse le apartó para decirle que le dejara hacerlo. La tierra estaba blanda y solo tuvo que usar sus pequeñas garras para escarbar.  Algunos cadáveres no estaban enteros, divididos en partes como un practico rompecabezas. Cuando una eevee jadeante sacó el cuerpo de un meowstic macho, la madrugada era más oscura. Bueno, lo que quedaba del meowstic, que tampoco era mucho; un esqueleto ennegrecido que todavía tenía unos cuantos parches de piel repartidos por su anatomía, como si fuera un zapato demasiado viejo para ser usado. 

—¿No deberíamos volver a meter los demás cadáveres? —dijo Zaira mirando hacia el montón de cuerpos afuera de la fosa.

—¡Eso es trabajo del enterrador! —exclamó Denisse sacudiéndose el sudor, luego miró a Sabina—. ¿¡Qué sigue!?

—Divide el cadáver en cuatro partes y pon una en cada esquina.

—¿Oye? ¿Solo por ser fantasma ya sabes todo esto?

—Digamos que he hecho muchos tratos con fantasmas como parte de mi trabajo. Muchos fantasmas pertenecieron a Las Sombras de la Noche cuando yo era líder.

—¿Eras líder de las sombras de la noche? —preguntó Zaira mientras ayudaba a su hermana a mover el cadáver al arco.

—Oh, ¿no lo he mencionado antes? Pensé que era obvio.

—¿Cómo sabemos que no tienes relación todavía con las Sombras y que quieres matarnos? —preguntó Denisse.

—Si no confían en mí, pueden poner sal alrededor de ustedes o simplemente largarse —dijo Sabina alzando los hombros—. Pero no creo que quieran malgastar lo que han hecho.

—¡Si, tienes razón! Además, entiendo por qué no quieres que cualquier imbécil sea el líder de tu grupo de sicarios. Conozco a alguien igualito a ti —su hermana sonrió de una manera que le dio un escalofrió—. Ah, y que sepas que no va quedar ningún grupo al que vayas a liderar…yo lo voy a destruir.

Sabina volvió a reír.

—¿Qué parte de que estoy muerto no entiendes? Ese grupo debió morir conmigo. Bueno, vuelvan al ritual. Tiene que estar partido en cuatro pedazos exactos.

En el orden de las manecillas del reloj, colocaron la cabeza en la primera punta. En la segunda, la parte superior del tronco. En la tercera, la inferior. En la cuarta, la cadera y las piernas. El fuego que consumía el centro del ritual iluminaba el rostro de las dos hermanas. Esas luces vaporosas de colores huyeron a los rincones del cementerio. Zaira comenzó a dudar. Aquello era lo contrario a lo que querían. Después, comprendió que los demás fantasmas estaban apartándose para darle lugar a quien estaba siendo convocado. Una luz destacaba del resto. Era de un rojo carmesí bastante brillante. Los huesos de su tío flotaron, se destruyeron y volvieron a construirse, formando una especie de cascara de escarabajo vacía que era similar a una rara artesanía. Un halo flotaba sobre su cabeza. Sus ojos asemejaban a un par de cascabeles. Zaira tembló.

Un temblor que no podía ser de frió en una noche de verano. Esos ojos le miraban hasta dentro de su alma.

—Te toca, Zai —dijo Denisse sonriéndole sin ninguna reacción aparente por la cascara vacía—. Habla lo que tengas que hablar con…

—Akram. Mi nombre es Akram.

Antes de que tuviera una de las conversaciones más importantes de su vida, el fantasma le explicó cómo funcionaba el ritual. Era como un teléfono público, solo que no funcionaba con monedas ni tarjetas recargables. La cascara vacía era para contener el espíritu de Akram, pero no lo podría hacer para siempre. Si el difunto imitador de terrorista comenzaba a alterarse demasiado, tendrían que cortar la comunicación antes de que estuviesen en peligro. No podría volver a contactarlo hasta dentro de miles de años. O sea, nunca. Debía elegir sus palabras con cuidado. El sudor frío que empapaba cada centímetro de su cuerpo y los escalofríos no le dejaban pensar con claridad. El cuerpo provisional de su tío no podía expresar otra emoción salvo la fría indiferencia. Aun así, tenía la sensación de que estaba burlándose. Si quería empezar con la conversación, debía ser la primera en tomar la iniciativa cuanto antes. La única pregunta dentro de su alterada cabeza era un porqué que ya sabía de antemano, si se guiaba por el mandato que le leyó a su hermana. A pesar de aquello, no encontró nada más. Como no era Antara, habló en ese idioma que los dos podían entender. En un principio creyó que no sería capaz de hablar silam y menos mal que estaba equivocada. Las palabras salieron de su boca con la misma naturalidad que si hablara en el Ibérico de siempre. En realidad, eso no importaba, porque ese método de comunicación espiritual no usaba las palabras.  Respondía con ecos que llegaban directo a su alma. Ecos que le decían lo que tenía que saber.

—¿No has aprendido nada de las sesiones de oración? —respondió Akram con una voz que no era una voz en lo absoluto—. ¿No te han contado la historia de la fundación de Mardak? No importa lo que te pase. No puedes pedir explicaciones. Siempre tienes que obedecer y agachar la cabeza. Además, tú deberías saberlo.

Lo sabía e incluso se lo había explicado a su hermana en la mañana, pero era una razón tan asquerosa que no quería reconocerla. Ahora que las memorias crecían como dientes de león en un campo abandonado, revivió el cariño que le tenía a su tío Akram. Aunque vivían en una región donde las hembras no importaban, nunca lo notó en su propia piel por el amor que le dio su familia, sobre todo su tío que se ofrecía a cuidarla desde que era pequeña. En retrospectiva, las cosas no cambiaron hasta que le dieron un descanso en el pokégremio por su ascenso a explorador dorado. Volvía del mandado con su madre cuando encontró a ese pokémon platicando con su padre. Como era obvio, lo recibió con un abrazo que casi le tiró al suelo. Papá estuvo a punto de azotarla por hacer esos desfiguros, pero el meowstic le interrumpió entre risas. Le devolvió un abrazo un poco más largo de lo que era conveniente y sintió temblar su pata en su espalda baja. Después de esa muestra de cariño, los dos machos de la casa platicaban.

—Mira como son las cosas. Yo me quedé para atender el negocio familiar y tú te fuiste a conocer el mundo. Ya decía el gran genio que cada uno tiene su propio camino.

—A ti no te fue tan mal, hermano. Ya quisiera yo tener una hermosa hembra en mi casa.

La señora Moad tuvo que fingir que no había escuchado ese indecoroso cumplido hacia ella.

—Me da igual que malas costumbres hayas agarrado en otras regiones, pero mi casa la respetas.

—Oye, ¿no te acuerdas de los mandatos del gran genio? Respetaras a tu sangre como si fuera la tuya propia…

—Y no comerá en tu mesa quien no respete las enseñanzas del gran genio. Hay unos mandatos sobre otros, hermano.

Akram sonrió. 

—En eso tienes razón.

El corazón de Zaira latió dentro de su pecho. Tenía mucho frío. Temblaba. Quería llorar, pero no quería mostrarse débil ante ese fantasma ni frente a su hermana. Sentía como si trozos de escarcha cubrieran su pelaje. Una mano ardía en su espalda. Las miradas de Joaquín Sabina le decían que el ritual no andaba bien. Cuando buscó consuelo en el rostro de su hermana, se dio cuenta de que estaba sentada al lado de ella. En un momento fugaz, vio una expresión en la cara de Denisse que no le gustaba. Una cara arruinada por la preocupación que cambió en cuanto notó que podía verla. Creía que su hermana era capaz ante todo, que no iba asustarse por una tontería así, que tenía todo bajo control, pero parece que ese no era el caso. Si una hembra como ella no podía mantener la calma, significa que… Sus nervios crecieron al mismo tiempo que el caparazón que guardaba el espíritu abandonaba su vaivén tranquilo para agitarse cada vez más. El yamask, aunque no se alteró porque los muertos no eran buenos mostrando sus sentimientos, se acercó a las dos o al menos todo lo que podía acercarse al círculo de sal que marcaba el ritual. 

—¿¡Que están haciendo!? ¡Borren el circulo de una vez! ¡Ninguna de ustedes dos va poder con un fantasma enfurecido de este nivel!

—¡Sí, lo voy a hacer!

—¿En serio te vas a rendir así de fácil? —preguntó Denisse con el ceño fruncido o eso es lo que pensaba porque no le miraba a los ojos—. Cálmate y hazle otra pregunta. 

Unas grietas aparecieron en el caparazón. 

—¡Niñas! ¡Maldita sea! ¡Borren el puto círculo de una vez!

—¡No! ¡Claro que no! —exclamó la eevee—. ¡Zai, cálmate y hazle otra pregunta!

—¡No puedo! ¡No puedo hacerlo!

—¡Por favor! ¡Cálmate! 

La cara de Deni volteó a ver al fantasma. Un hilillo de sangre bajaba por el borde de su hocico.

—¡Eh, tú! ¡Te hacemos otra pregunta y te puedes ir! ¡Si no…si no… ¡Si no, te voy a matar! ¡Sí, te voy a matar!

—Hermana, no funciona…

—¿¡Me estás escuchando!? ¡No te atrevas a salir de ese caparazón o te juro que estás muerto! 

—Hermana…

—¡Cállate! ¡No vamos a tener otra oportunidad y tú necesitas acabar esto! —volteó al fantasma—. ¡Voy a matarte!

El caparazón continuó quebrándose. Estaba a punto de estallar. Un viento venido de la nada azotó, borrando la sal y levantando una nube blanca. La vasija no se quebró, sino que como si alguien hubiera regresado en el tiempo, los huesos de Akram volvieron a su estado original. Cuando vieron a la culpable de ese acto, no pudieron saber quién era porque desapareció detrás de una capa de tierra. Un repentino sueño invadió a Zaira y estuvo a punto de quedarse dormida si no fuera por el fuerte ruido que hizo Denisse al destrozar una tumba en miles de pedazos de un solo golpe. Zai quería llorar, pero no por los nervios. Le dolía ver a su hermana así por su culpa. Había perdido la oportunidad de tener una última conversación con esa parte de su pasado en una pregunta estúpida. La psíquica cayó de rodillas sobre la tierra. Montones de lágrimas cayeron en el suelo del cementerio. Tantas que podrían hacer crecer un jardín. La eevee siguió rompiendo todo lo que encontraba a su paso. Al ver su aura, notó esa inmensa frustración que sentía. Un aura roja con un poco de azul en el fondo. No solo era rabia sino tristeza y recordó una vez más que su hermana no estaba asustada por el fantasma. 

Se preocupaba por ella.
 
 
Una eevee, que era una joven aspirante a líder mundial, caminaba hacia las afueras de North Marine Star. El verbo “caminar” no era del todo correcto, sino que más bien daba pasos largos sin llegar a correr. Dentro de sí misma, practicaba el noble arte de maldecir a todo el mundo a sus adentros. Aunque eran las tres de la tarde, no había despertado hace más de media hora. A pesar de que quizás con doce años no debería tener migraña, esa querida compañera amenazaba con estallarte el cráneo. Además, su estómago sufría las consecuencias del café demasiado cargado; otro detalle que mamá olvidó mencionar. Era una estúpida, una irresponsable, una imbécil, una tonta y cualquier adjetivo negativo que se le pudiera ocurrir, por haberse quedado dormida hasta esas horas. El caos de la madrugada le hizo olvidar la existencia de su medidor cardiaco. Los incesantes pitidos y el tono de llamada de su celular volvieron a traerla al mundo de los despiertos.  Antes de irse, decidió dejar a Zaira durmiendo un poco más. Un mundo que no dominaría si las cosas seguían de esa manera. A su pesar, llegó a la secundaria Excalibur, azotando la puerta al entrar e ignorando los regaños de la recepcionista. Un farfetch’d caballero (uno de los de verdad, con armadura y todo) ofreció a acompañarle a donde tenían que ir; el salón de club de la lucha femenil que acabó convertida en una sala de conferencias.

Esas chicas patéticas, que no veía como rivales desde que las humilló en esa pelea, estaban haciendo sus cosas. La enmascarada Elizabeth (cuya identidad conocían desde hace rato) observaba con recelo, la mapache iracunda de Beatriz bebía de una botella de agua, Michelle lloraba en una esquina al lado del paralitico y la única que no estaba presente eran June y Danielle, lo que no le importaba e incluso agradecía. 

—¡Fuiste tú! —exclamó Denisse mirando a la zizagoon—. ¡Tú rompiste el arco!

Beatriz lanzó la botella de agua.

—¿¡Qué!? ¿¡Tienes algún problema, zorra de mierda!? 

—¿¡Quieres otra paliza para ponerte en tu lugar!?

—¡Como quieras! ¡De una vez!

—Silencio —dijo el señor Excalibur alzando el brazo y atrayendo la atención de las dos muchachas—. Yo lo ordené. Noté una gran cantidad de energía saliendo del cementerio y aproveché que la señorita Folk estaba por la zona.

—Da un poco de miedo que sepas donde estoy a cada rato, Sensei —dijo Beatriz sinceramente.

«¿¡Sensei!?»

—Lo hago sin darme cuenta —contestó el sawk con seriedad—. El punto es que…

—¡Me da igual! ¡No se metan en cosas que no…

—¿¡No te has dado cuenta de que Laura no está!? —exclamó Michelle gritándole en la cara.

Deni sintió un escalofrío.

—No me digas que…

—La señorita Miller está bien. Al menos de momento —intervino el paralitico haciendo girar su silla de ruedas.

—No gracias a mí… —murmuró Granat

—Acompáñame, señorita Flower.

La primera subordinada dormía en una cama dentro de una habitación escondida. O al menos eso era una podía adivinar a simple vista. No estaba dormida, pero tampoco inconsciente; era raro. Unos ekans brillantes del tamaño de un arbok recorrían el cuerpo de Laura como unas hormigas transitaban un camino de miel. Era imposible que lo que sea que haya sucedido le hubiera ocurrido antes de ese día, por lo que lo más seguro era lo que pasó durante la mañana. Si será una imbécil… El primer instintito que tuvo Denisse era decirle, a quien no podía escucharla, que era una tonta por seguir en Villa Celebi con los sicarios que rondaban por ahí. El segundo instinto, romper cualquier cosa, lo que era imposible porque el cuarto sin usar estaba vacío. Antes de que pudiera cumplir con su voluntad de golpear la pared hasta tranquilizarse, el brazo del señor Excalibur le detuvo de una manera firme. Si fuera otro pokémon, no le haría el mínimo caso y tal vez acabaría convertido en la pared. El problema era que el talante del director le hacía obedecer, aunque no quisiera.

—¿Ve esas serpientes, señorita Flower?

Denisse asintió.

—Es un as, ¿verdad?

—Efectivamente, pero no es un as cualquiera. Es un as parásito. 

—Un as parásito…

—¿Conoces lo que es un parásito? Es una forma de vida que hace simbiosis forzada dentro de otra forma de vida, causándole daños y viviendo a su costa. En el caso de estos ases, la relación es espiritual y no biológica. Funcionan usando parte del aura del usuario para afectar el aura del oponente. Ahora, volviendo a su subordinada, esas serpientes salidas de un as absorben su aura y crecen. Las serpientes dejan intacta la cantidad de aura mínima para que su huésped se mantenga viva. Si definimos vida como un ser que no ha detenido sus funciones vitales, claro está. Es probable que la usuaria del as también reciba un beneficio de aquello.

—Oh…

—Tengo el presentimiento de que no necesito decirle la forma de salvar a su amiga.

—¡Matando a ese dichoso usuario, claro está! —dijo Denisse sonriendo.

—En efecto, los ases desaparecen después de la muerte. Incluso en el caso de los fantasmas de primera generación, estos tienen que aprender un as diferente después de morir que el que tuvieron en vida. O claro, también desaparece si la usuaria decide retirar su habilidad, pero no creo que eso pase tratándose de la pokémon que creo que es.

—Y aunque lo hiciera, la mataría de todas formas, así que no hay necesidad de rogarle. Un momento… ¿usuaria? ¿La conoces?

—Primero, hábleme de usted. Segundo, claro que no, pero por mi habilidad soy capaz de decir que esta es un aura de una hembra. Lo demás depende de ti.

—Sí, no se preocupe. Aun me queda dignidad como para seguirle preguntando cosas a mis enemigos. 

El señor Excalibur suspiró.

—Si lo quiere ver así…


Mostrar I am creep. I am weirdo
*Actualización en la entrada de Antara en la sección Otros del Indice de Personajes

@Tommy Muchas gracias por comenzar con esta aventura llena de amor y diversión. En primer lugar, aclararte que el capítulo de los bichos (el 3) iba a formar parte de los que se iban a recortar, pero me di cuenta de que introducía de buena manera el tema de los barrios y Villla Celebi así que lo deje así nomas. En efecto, considero que todos los personajes en cierta parte quieren conseguir algo que no pueden; es por eso que se llama Deseos de Cosas Imposibles. Como dato extra, Rewind generalmente solo funciona en objetos o cosas como las plantas. La cuestión acá es que solo funcionó en el caso de Antara porque activa su habilidad justamente cuando explota y en ese milisegundo, el cuerpo humano no es tanto un cadáver si no una cosa que es desmontada. Antara, significa algo así como heroico y Zaira es "luminosa" o "floreciente". Sí, como una bomba. 

Espero que sigas leyendo. TQM.

@Nemuresu Gracias por leer. Meh, tampoco es tanto misterio, simplemente no van a dejar un cadáver pudrirse en las afueras y lo enterraron en la fosa común. Sobre lo otro, tienes razón. Claramente necesitan hablar.

@Wiking Gracias por leer. A mí me decían el sabueso de la tempestad y ya me olía la critica de que la historia de Alejandra es innecesaria. La incluí porque quería relacionarla con Laura y esas cosas. Algunos sicarios no van a tener historia porque no es necesaria, pero otros sí. Por ejemplo, la siguiente, va tener una. Voy a intentar que no se haga tan densa como en esta ocasión.

Sobre las metáforas, voy a intentar reducirlas en ciertos momentos, pero la verdad es que no prometo nada. Gomenasai. 

Y la del ángel quiero yo es una canción de Yuridia. Este as esta basado en la canción de Alejandro Guzmán "Cuidado con el Corazón" que habla claramente de un ángel caído en la tierra.

Lo de la biblia, te voy a ser sincero. En realidad, no lo pensé mucho. Solo pensé en que la prisión es la mejor manera de deshacerte de cosas y si quieres verlo así, el rechazo a lo que creó junto con el resentimiento que le tuvo a su amante fue lo que creó el as. 

Como dato final, el ángel es inmortal. No importa lo que le hicieran que no podrían matarlo. La única forma de deshacerse de él era matando a Alejandra que es lo que hicieron y por eso desapareció. 

Eso sería todo por ahora. Espero que les guste este nuevo enfoque de miniarcos dentro de los arcos grandes. Siento que me va ayudar a hacer mejor las cosas. 

Saludos.

PD: Akram significa caritativo o noble. Que chistoso soy equisde.

PD 2: Aunque el alfabeto que usa el silam es el arabé, las palabras en sí, como Katerato, no significan nada en realidad. Salvo una que otra puntual, como el nombre de este capítulo y unas cuantas máss-
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Típico, haces un ritual para que un fantasma te dé respuestas importantes sobre un misterio, y de por medio secuestran a una de tus compañeras, coincidentemente la misma que andaba en peores condiciones después de una lucha muy intensa. Un día de mala suerte.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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