Longfic- Deseos de Cosas Imposibles

Extension largaLongfic
FranquiciaMystery Dungeon
GéneroAcciónComedia
Resumen

Una joven eevee planea convertirse en líder mundial, pero los sueños no son fáciles y menos uno así

#1
Bienvenidos a lo que va ser (si las cosas salen bien) el fanfic más largo que he hecho en lo que llevo escribiendo sobre estas cosas. Es una historia que por ahora esta siendo una montaña rusa de emociones... escribirla, digo, leerla no lo sé xd. Es probable que les guste o puede que no, pero al menos esta bien hacer el intento. En un principio, trataré que la publicación sea semanal, pero si me surge algún imprevisto, no alcanzo a corregir el cap o simplemente no alcanzo a mantener el ritmo (llevo escrito hasta el cap 30, pero ahorita estoy yendo lentito), supongo que tendré que romper con eso.

Agradecimientos a @Maze  por su beteo de los primeros caps.  Bueno, vamos con el indicé. Esta historia va estar dividida por arcos como buen chonen.
Indicé
Primer arco: Nos Veremos en La Isla Bonita
Capítulo 1: Se Deben Respetar Todas las Tradiciones... Más o menos
Capítulo 2: No Hay Muchas Reglas en el Club de la Lucha
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#2
Capítulo 1: Se Deben Respetar Todas las Tradiciones, Más o Menos
I
Al comenzar nuestra historia, lo mejor es que hablemos de la imponente lujosa y secundaria Candelor, que estaba ubicada en el barrio más opulento del pueblo de Puerto Lugia; una imponente estructura de tres pisos con una férrea fachada formal con detalles morados que se escondía detrás de un negro portó. Rodeada de lindos jardines floridos, fuentes, aire limpio, y la que estaba enfrente no podía creer (o más bien no quería creerse) que alguien como ella pudiera tener la oportunidad de si quiera pisar ese supuesto colegio más prestigioso del pueblo. La gorda de su madre, quien fue la que le obligó a venir, nunca podría pagar la matricula, aunque ahorrara por más de una vida. 

La glameow tomó aire.

Sus patas se resistieron un poco a moverse, pero al final logró desplazarlas, sintiendo un pequeño alivio de que nadie le estuviera mirando en ese momento, porque notarían tanto su disgusto como su descontento. Sus ojos observaron con más detalle el jardín delantero de la escuela, pero no tenía tiempo de apreciar los arbustos de flores, los árboles de bayas, el mármol en el suelo ni las esculturas de oro abstractas que con sus ojos inertes parecían echarla de ahí.

Los salones de la secundaria Candelor, que era una escuela solo para hembras, eran tan amplios que Laura calculaba que podrían albergar el doble de estudiantes que tenía en ese momento, que eran unos treinta. Las paredes de un color crema estaban impolutas, el aire acondicionado mantenía aclimatado el lugar pese al calor de afuera y el ambiente tenía un agradable olor a limón. En todos los mesabancos había un aparato rectangular que según la etiqueta era una computadora portátil. No se atrevió a tocarlo por si lo rompía.

Los últimos asientos que quedaban a su alrededor comenzaban a llenarse mientras ella seguía sumergida en sus pensamientos, realizando líneas en su libreta con un bolígrafo que consiguió en el mercadillo. Un escalofrío le hizo levantar la mirada contra su voluntad. Enfrente del pizarrón, estaba una especie de figura morada que parecía llevar una capa junto con un sombrero picudo. Otros dos pokémon le acompañaban; una linoone con unas gafas de botella y un gato raro tridimensional que revisaba algunos papeles en el escritorio.

—Buenos días, señoritas —dijo la fantasma—. Tienen la oportunidad de estudiar en una de las escuelas más prestigiosas de la región, espero que lo aprovechen. Esperamos de ustedes una conducta ejemplar dentro y fuera de la escuela. Ustedes cargarán el peso de esta institución en sus hombros.

Alguien levantó la mano.

—¿Y si no tenemos hombros?

—Hagan lo que puedan. En fin, soy la directora de este colegio, no me andaré con contemplaciones si alguna rompe el reglamento. Nos vemos.

La figura espectral ni siquiera se despidió. Solo se fue. La linoone asintió visiblemente nerviosa.

—Ya oyeron a la directora, puede ser un poco…intensa, pero si siguen las reglas estarán bien.

Todas asintieron al unísono.

—Yo soy Ericka —dijo la tejón con una voz gangosa—. Seré su tutora mientras estén en el primer año. Vine aquí porque quiero presentarles personalmente a alguien. Señorita Miller, venga acá por favor.

Esas palabras fueron como un Onda Trueno. Se quedó paralizada. No haciendo caso a lo que le gritaba su mente, la tipo normal se levantó de su asiento para ir al lado de la tutora.

—La secundaria Candelor se enorgullece de presentar a su primera becaria. La señorita Miller logró pasar nuestro examén. Espero que la traten como una estudiante más, preséntate por favor.

—Mi nombre es Laura Miller…y ya.

—Puede regresar a su lugar, señorita.

En ese mismo instante, el salón de clases se convirtió en un inmenso tanque de agua por la enorme presión que sentía en el pecho. Todas las miradas de las estudiantes estuvieron clavadas en ella hasta que su nuevo maestro de matemáticas, un porygon que no dejaba de parpadear, empezó la clase con su peculiar manera de hablar; repitiendo ceros y unos una y otra vez. Necesitó un tremendo esfuerzo sobrehumano para empezar a anotar las fórmulas en el pizarrón mientras la presión dentro de ella seguía aumentando.

II

Al igual que en todos los colegios, la variada selección de alimentos en la cafetería era magnifica, pero a nuestra chica le daba lo mismo. Estaba sometida a los caprichos de la loudred que la atendía. No tenía que hacer otra cosa que presentar su boleto de “soy pobre, dame de comer” para que le sirvieran lo que ellos querían. Ese día le tocó unas bayas aranja guisadas con puré de papa servidas en un lindo plato desechable. Su estómago se encontraba ansioso de probar las maravillas de los cítricos calientes cuando, por andar metida en fantasías cínicas, chocó de frente contra alguien. Logró salvar la bandeja de comida, al menos no iba a quedarse con hambre. La sensación de alivio desapareció en cuanto vio unos fulminantes ojos rosados.

—¡Cuida por donde vas, pordiosera!

—¡Fíjate tú!

La sylveon chasqueó la lengua. Era diferente a otras de su especie. Su pelaje era azul y blanco.

—Odio que dejen entrar a vagabundas aquí. Adiós.


Laura le fulminó con la mirada mientras la veía irse.

—¿Te asustaste?

Esa repentina voz le haría saltar del susto. La comida salió volando hasta caer en la cara de las dos. La eevee se lamió el pure del papa del hocico mientras con un gesto inocente le regresaba las bayas que habían caído encima de ella. Escuchó unas risas ante esa curiosa escena, pero se apagaron en unos segundos.

La extraña retrocedió unos pasos.

—Lo lamento—dijo sin dejar de sonreír—. Te compraré otra cosa, ve sentándote por ahí, ahorita vengo.

Laura obedeció. En realidad tenía hambre. Encontró una mesa libre en una esquina recóndita donde se sentó al ver que las otras de alrededor estaban vacías. Las mesas de la cafetería escolar eran moradas conjuntadas con unos taburetes acolchados del mismo color. No había ninguna duda de que eran mucho mejores que las de cemento en su primaria. Unos momentos después la chica cumplió su promesa, regresando con una bandeja para las dos. Sobre ella estaban unos rollos de arroz blanco que tenían alrededor algo negro y dentro un pedazo de baya zidra. También había traído un frasquito transparente que contenía un líquido negro 

La pequeña zorra le miraba con curiosidad y en ese momento más tranquilo pudo observarla con más detenimiento. Era una eevee cualquiera de pelaje marrón, tal vez un poco más flaca de lo usual, que tenía una pajarita rosa en el cuello al igual que ella. Su pelaje era mucho lustroso que las de su barrio.. No sabía que esperaba, no dejaba de observarla como si tuviera que hacer algo. No convencida del todo, agarró el pequeño frasco, lo vertió en cada uno de los trozos de arroz y empezó a comer metiéndoselo a puñados en la boca.

Estaba rico.

—¡No sabía que el sushi podía comerse así! —exclamó la chica maravillada.

—¿Qué?

—Eso no es importante. Te salvé la vida así que ahora me debes un favor.

—¿En qué momento exactamente?

—Por alguna razón esa chiquilla defectuosa se aleja de mí. No es la única que lo hace, me pregunto que tengo que los pokémon se van cuando me acerco.

—Yo también me lo pregunto —concordó la glameow pasándose la comida con un trago de ese líquido negro que sabía delicioso—. Me pareces una chica agradable.

Las mejillas de la eevee enrojeciéndose fueron visibles a través de su pelaje.

—Eres muy amable, pero aun así no te vas a salvar del favor que me debes. Necesito que te reúnas conmigo a las cinco de la mañana en medio de la playa.

—¿¡A las cinco de la mañana!?

—Pero me debes un favor…—insistió la chica inflando sus mejillas.

La joven suspiró.

—Haré lo que pueda…

—¡Bien! ¡Eres una buena amiga! Un momento…yo sé tu nombre, pero tú no sabes el mío —alzó orgullosa la cara—. Me llamo Denisse Flower. Mi padre es un famoso inventor.

La campana que señalaba el fin del descanso sonó, aplazando cualquier pregunta para después.

III

La chica sentía sus ojos cansados mientras las almohadillas de sus patas pisaban la húmeda arena.  La marea estaba baja pese a que la luna ya se reflejaba en el mar. Lanzó un bostezo. No le preocupaba que Lucía se diera cuenta de que se había ido en mitad de la noche, solo esperaba que su compañera de clase llegara pronto para poder irse a dormir un poco más. Unos pasos le sobresaltaron, pero se tranquilizó cuando vio a Denisse dirigiéndose a ella.

—No puedo creer que hayas venido. Acompáñame por favor.

El sonido de las olas y las leves pisadas de ambas fueron los únicos ruidos que acompañaron el corto trayecto hasta una  pequeña cueva . En cuanto apuró el paso para entrar sin mojarse, la zorra la detuvo mientras sacudía la cabeza con desaprobación.

—Tienes que ser sigilosa. Colarse en las casas de noche no suele ser bien visto.

—¿¡Colarse en qué!?

—En las casas. Esta cueva es en realidad un bloque de apartamentos donde viven varios cangrejitos.

—¿¡Son los apartamentos del señor King!? ¿¡El jefe de los kingler del pueblo!?

La chica frunció el ceño.

—¿Ese no era un pan?

—No, ese es el kringle.    

La mirada de la eevee se iluminó.

—¿Esos engranajes con ojos? Mamá me trajo una foto de uno el otro día ¡Son muy lindos!

—No, ese es un klink—sacudió la cabeza—. ¡Tú estás loca si piensas que voy a allanar la morada de alguien! ¡Ni mucho menos la del señor King!

—¿Eso no es lo que hacen los pobres? —inquirió Denisse como si le estuviera preguntando su sabor de helado preferido—. Además, las gatas son escurridizas y las zorras también. Podemos hacer un buen dúo.

La glameow sentía las ganas de romperle la cara o al menos arañársela, pero no quería meterse con los abogados de una niña rica. 

—¿Qué pasa? ¿Dije algo malo?

«¿¡Esa imbécil no se da cuenta de lo que esta diciendo!?» pensó Laura «Sus papis deben haberla dejado tonta de mimarla tanto»

—¡Me largo de aquí! —exclamó la señorita Miller.

—¡No puedes! —gritó Denisse.

—¿Por qué no? ¡Yo voy a donde se me da la gana!

—¿Tu gana no quiere venirse conmigo?

—No, y yo tampoco.

Las lágrimas comenzaban a brotar de los ojos de su compañera de clase. Se dio la vuelta cuando lo voz chillona le detuvo de nuevo.

—¡Esta bien! No tienes que entrar, solo espérame aquí.

—¿Y porque debería esperarte? Tengo sueño.

—Por favor…

La chica estaba a punto de ponerse a llorar y un poco de pena afloraba en su corazoncito.

—¡Esta bien! ¡Yo te espero! ¡Solo apúrate!

—Eres una buena amiga.

La muchacha le dirigió una última sonrisa antes de entrar en la cueva. La glameow suspiró mientras veía el mar, ¿Acaso esos cupones para sándwich gratis valieron la pena? No comprendía por qué demonios entró a la escuela si había contestado el examen al azar. Si hubiera tenido dinero, compraría un boleto de lotería en ese instante. No obstante, en ese momento pensaba que tal vez conocer a esa peculiar hembra había balanceado su suerte, su karma o lo que fuera. Cuando Denisse regresó, llevaba unos papeles que tiró al mar, perdiéndose en la inmensidad del océano. Laura alcanzó a leer la palabra “Abril” en uno de ellos.

—¿Te robaste un calendario?

—Sí

—Y lo tiraste al mar…

—¡Exacto!

—¿Por qué?

La eevee amplió su sonrisa.

—Ya lo verás mañana al atardecer.

IV

Durante el día apenas pudo poner atención a las clases. Unas cuantas horas de sueño menos serían una buena excusa, pero también tenía que ver la estúpida curiosidad que sentía por los efectos de la travesura de su compañera y los ojos morados de esa chica precoz clavándose en su lomo, mirándola con asco, aunque ella se tratase de arreglar de la forma más decente posible. En cuanto la campana del receso sonó, Denisse ya estaba a su lado. Laura bostezó, dándose cuenta que la eevee le había puesto algo en su butaca; un libro para niños con un kingler mal dibujado cuidando un huevo como portada.

—Lo vamos a leer durante el descanso.

—¿Qué es?

No vio respondida su pregunta hasta que se sentaron juntas en la cafetería y la zorra lo abrió. Era una sencilla explicación del proceso de apareamiento de la familia evolutiva de kingler. 

El proceso comenzaba cuando los pequeños krabby alcanzaban la madurez, o lo que es lo mismo, se les agrandaba la tenaza hasta que eran unos kingler de verdad. El segundo paso es que un día de abril, durante el atardecer, los machos en edad de procrear soplaban burbujas para atraer a las hembras que aun eran unas pequeñas krabby. En el instante de la… ¿explosión? ellas evolucionaban de golpe para poder formar los huevos dentro de sí. La última etapa era cuando en la noche de bodas, las kingler estaban preparadas para colocar los huevos en la arena y en un corto periodo, si todo salía bien, liberarían nuevos krabby.

Laura retiró la mirada de las informativas ilustraciones. Había perdido el apetito.

—¿Qué te pareció? —preguntó Denisse.

—¿¡Estas cosas se la enseñan a los niños!?

—Solo a los krabby. Me lo dieron ellos hace unos días.

—¿Te lo dieron? Según sé, los krabby son muy celosos con sus tradiciones.

—Digamos que…di una donación voluntaria. Pero eso no es lo importante, quiero que veas lo que ayudaste a conseguir vigilando la entrada.

—No tengo ni idea de lo que estás hablando.

—Ya lo verás cuando sea el atardecer. La campana está a punto de sonar, deberíamos irnos.

Mientras caminaban de vuelta al aula, la glameow seguía tratando de adivinar lo que sucedería al atardecer. Una idea brilló en su mente por unos momentos, pero luego la descartó al instante.

«No creo que sean tan estúpidos. No puede ser que dependan de un calendario».

V

—Sí. Son estúpidos.

Las dos chicas habían llegado unos minutos antes del atardecer mientras esperaban a que el dulce acto de amor de los cangrejos ocurriera o que no ocurriera, en el caso de su compañera. Estaban acostadas sobre una manta con una canasta llena de sándwiches que Denisse se había encargado de traer desde su casa. La noche estaba a punto de caer y no había ningún rastro de esos crustáceos. La glameow estiró la pata para agarrar su quinto sándwich y comenzó a mordisquearlo aburrida.

—¿¡No es genial!? —exclamó la eevee temblando de emoción—. ¡Interrumpí un rito de apareamiento muy importante! ¿¡Eso no es malvado!?

—Déjame ver si entendí.

—Te colaste en una casa ajena en medio de la madrugada.

—Aja

—¿Robaste un calendario?

—Aja.

—¿¡Solo para una estúpida travesura!?

—¡No es una travesura!—protestó Denisse—¡invité a alguien que te va a hacer tragar tus palabras!

—Ya estoy aquí. Lamento haber llegado tarde.

El invitado tenía un pelaje negro enmarañado que apenas le hacía visible dentro de la noche si no fuese por sus ojos rojos que no le daban una buena impresión y sus aros que brillaban en la oscuridad. Llevaba una mochila de cuero en su costado que parecía ser bastante cara. Se dejó caer en la manta ante la mirada llena de ilusión de la señorita Flower que contrastaba con la mirada cansada del recién llegado. Soltó un suspiro de cansancio como si no hubiera quedado suficientemente claro que estaba cansado.

—¡Qué bueno que pudiste venir! Te presento a mi nueva amiga, se llama Laura Miler.

—Ah, hola—dijo el umbreon desinteresado.

—Leandro siempre ha sido un amargado, discúlpalo.

«Yo tampoco sería muy poco agradable si me llamara Leandro» pensó Laura alzando una pata en modo de saludo.

—Es una lástima que me haya perdido el rito de los kingler—comentó Leandro—. No es algo que se vea todos los días.
Denisse le lanzó un guiño de complicidad.

—Hermanito, ¿Qué pasaría si alguien interrumpiera el rito de apareamiento?

—Sería algo muy malo. No sé si saben que cada tribu de kingler tiene un jefe, en la actualidad suelen ser los dueños del bloque donde viven.

—Sí, lo mencionaban por encima en el libro—susurró Laura desviando la mirada.

—Bueno, digamos que… el jefe… se aprovecha de alguna manera de la situación—tomó aire—. En referencia a él, cada esposa que haya participado en el rito tiene que “bailarle”. Si alguien interrumpiera el rito, el jefe no tendría manera de satisfacer sus… necesidades y no tendría más opción que hacer sus cosas de otra forma…

«Oh Arceus, ¿por qué?»

—En conclusión—dijo Leandro—. Sería algo bastante grave.

La eevee asintió terminada la explicación.

—¿Por qué querías saberlo?

La hermana de Leandro soltó una carcajada en respuesta. Los ojos inexpresivos del tipo siniestro se abrieron de repente.

—Mira el lado bueno, Leandro. Al menos no te lo perdiste.

.—¡Ahora mismo vas a disculparte! ¡Puede que no sea demasiado tarde!

Denisse frunció el ceño.    

—¡No quiero! ¡Los líderes mundiales no piden disculpas y si me sigues insistiendo, le voy a decir a mamá que no viniste al picnic! ¡Además, no me puedes obligar si no me atrapas!

La aspirante a líder mundial saltó como un resorte del mantel, moviendo su cola mientras salía propulsada como un cohete lejos de la playa. Sin pensarlo dos veces, Leandro empezó a correr tras ella. Mientras tanto, Laura decidió quedarse donde estaba, viendo las estrellas y acabándose el resto de sándwiches de queso sin siquiera darse cuenta. Unos momentos después que supo que no iban a volver, le dirigió una preocupada mirada a la cueva en la que su compañera de escuela había entrado en la madrugada.

¿Sera verdad lo que les dijo Leandro? Ese detalle sobre el jefe no venía en el libro, pero, por otra parte, no creía tampoco que fuera bueno espantar a las futuras madres desde la infancia. Trató de vislumbrar un solo movimiento en el extraño bloque de apartamentos e incluso pensó que sería buena idea disculparse ella misma por las acciones de su amiga.

—Yo no tengo que encargarme de las estupideces de esa mocosa mimada—susurró la glameow antes de irse.    

VI

En su tercer día de escuela, Laura llegó temprano al salón, cuando el maestro no había llegado todavía y las estudiantes estaban cuchicheando entre sí. Lo primero que le llamó la atención al entrar a la secundaria Candelor fue la gran cantidad de pokémon corpulentos que cuidaban las instalaciones que, juraba, no estaban ahí antes. De una manera totalmente masoquista, la chica se sentó en su lugar de siempre, frente a la eevee que parecía igual de enérgica que siempre.

—¿Viste a los guardias? —preguntó Laura en un susurro.

—¿Esos fortachones? Debe de haber un congreso de fisicoculturismo en el pueblo.

—¿Dentro de la escuela?

—Está bien —dijo Denisse poniendo los ojos en blanco—. El aburrido de mi hermano avisó al alcalde de lo que hicimos y están reforzando la seguridad de los lugares donde hay jovencitas indefensas como nosotras. 

—¿¡De lo que hicimos!? ¡Más bien dirás de lo que tú hiciste!

—Detalles, detalles. No te preocupes, tampoco va ser para tanto. 

—¿¡Ustedes lo hicieron!?

Los dos voltearon para ver la mirada llena de rabia de la sylveon variocolor. Desde que la nombraron delegada de 1-A, estaba más entrometida en todo. Si no se acordaba mal, su nombre era Lady Valt

—¡Buenos días, delegada! —saludó Denisse.

—¡Respondan mi pregunta!  

—Supongo que las noticias sobre mí vuelan rápido —admitió la chica orgullosa.

—Si nos pones a todas en peligro, obvio que vuelan rápido. Me da terror solo de pensar en qué pasaría si hubieras quedado como delegada.

—¡Solo ganaste por 28 votos!

No quería decirle a Denisse que eran treinta alumnas en total y que los dos únicos votos eran de las dos. Además de que, si no hubiera tenido ese altercado en la cafetería con la rival política o estuviera de ánimo para aguantar sus pucheros, hubieran sido solo uno.

—Da igual. Ustedes dos me van a acompañar después de clases a visitar al señor King.

—¿¡Yo por qué!? —protestó Miller.

—¡Porque yo lo digo!

—¡Yo tampoco quiero! —terció Denisse.

—Si no vienes conmigo, Flower, le pienso decir a la directora.

Denisse tembló.

—¡Esta bien! —dijo la eevee al borde del llanto—. ¡Eres una pesada!

La muchacha de las cintas sonrió mientras la maestra de español entraba, preparada para seguir presumiendo su vocabulario a sus alumnas.

—Así me gusta.

Después de que las clases hubieran terminado, la sylveon ya estaba esperándolas para asegurarse de que no pudieran escapar a ningún lado, sosteniendo una cesta de pastelillos de múltiples colores en uno de sus apéndices.. 

—¿Dónde conseguiste esos pastelillos? —preguntó Laura—. No los he visto en la cafetería.

—El club de pastelería —respondió Lady—. No creo que, aunque estuvieran, te los puedas permitir.

—Como tú digas —resopló la glameow.    

—¿Me das uno? —preguntó Denisse con los ojos brillantes.

—No. Vámonos.

Las dos compañeras se dirigieron una mirada antes de ir detrás de la chica.

El pueblo de Puerto Lugia se dividía en dos partes; una para pokémon acomodados y otras para todo lo contrario. La primera de nombre North Marine Star era donde estaban en ese instante al norte del pueblo. La podías distinguir por las numerosas casas de mínimo dos pisos que se encontraban en los terrenos del barrio más adinerado del lugar, los árboles con extravagantes figuras, las tiendas para ricos que generalmente tenían el nombre de alguien en particular, un grande centro comercial, un estadio multiusos donde te cobraban hasta por respirar y lo más distintivo era la propia secundaria Candelor junto con la secundaria Excalibur, la primaria beeheyem y la secundaria y preparatoria Zapdos. Las calles estaban pavimentadas con alquitrán, cualquier bache era arreglado en un instante por trabajadores que vivían en la zona mala, podías ver a criaturas bien arregladas caminando por doquier.

Unos minutos de caminata bastaron para que llegaran a la zona turística que estaba repleta de muelles. Tenía caminos empedrados, tiendas llamativas para los extranjeros, hoteles, restaurantes y demás. Se ubicaba en el centro del pueblo. A excepción de algunos jubilados que escapaban del frio de sus lugares de origen, no había casi turistas en esa época del año, lo cual era bueno porque pudieron llegar a la playa sin ningún inconveniente.

—Aún no ha pasado nada —dijo Denisse decepcionada de que su maldad no haya provocado ninguna visible consecuencia.

—Por ahora —agregó Lady.

Las tres estudiantes de Candelor llegaron frente a la cueva que era propiedad del señor King. La glameow logró notar una gota de sudor cayendo en la reluciente sien de la sylveon.

—¿Estas nerviosa, Lady? —inquirió Laura.

—¡Claro que no! Además, ¿Qué confianzas son esas? ¡Llámame delegada o señorita Valt!

—Como tú digas, Lady.

—Maldita…

—¿Hay alguien ahí?

La voz grave sobresaltó a las chicas. Valt aclaró su garganta antes de empezar a hablar.

—Señor King, venimos en representación de la secundaria Candelor ¿Podemos pasar?

—¡Claro! ¡Pasen jovencitas!

No tenía un buen presentimiento, pero si salía corriendo no haría más que empeorar las cosas. La sylveon estaba en la entrada del bloque de departamentos de los kingler. Las dos fueron con ella, esforzándose para alejar esos malos pensamientos de encima. Tenía que convencerse de que lo que les había dicho Leandro solo era un prejuicio como cualquiera, al igual que pensar que todas las lopunny eras unas facilonas o tachar de hipócritas a las brionne.

—Apúrate para irnos rápido —le dijo a Denisse—. Tengo tarea que hacer.

El interior de la cueva volvió a sorprender a la glameow que llevaba sin entrar varios años. En el techo tenían una lampara de araña que no parecía segura del todo. El húmedo suelo lucía pintadas borrosas que debían ser obra de los pequeños krabby que vivían ahí. A los lados estaban las puertas que llevaban a los departamentos. Siete pequeñas puertas de cada lado para un total de catorce sitios donde estos cangrejos hacían su vida diaria, más el del administrador del edificio que podían ver frente a ellas al entrar. También eran capaces de ver al propio señor King que fumaba un grueso cigarrillo y una cicatriz que le atravesaba todo el cuerpo.

 —Estaba fumando cerca de la entrada cuando las oí llegar, ¿Qué es lo quieren?

Como era de esperar, Lady fue la primera en hablar.

—En nombre de estas dos señoritas, la secundaria Candelor pide una disculpa por habernos inmiscuido en sus tradiciones.

—¿De qué hablan?

Una mueca fugaz de desagrado aparición en el rostro de la sylveon. Después murmuró.

—El rito de apareamiento…

—¡Ah sí! ¡El rito de apareamiento! ¡No me acordaba para nada! ¡Menos mal que me lo dicen!

Laura y Denisse realizaron una profunda reverencia. La primera estuvo a punto de golpearse contra el suelo por la falta de práctica.

—Lo sentimos —dijeron ambas al unísono.

Las pupilas del krabby se movían de una joven a otra con una rapidez insana. Finalmente soltó una grave carcajada.

—No pasa nada, chiquillas. Yo también fui joven una vez.

—¿¡En serio!? —protestó la señorita Flower con el corazón roto—. ¿¡No va a destruir los alrededores en busca de satisfacer sus instintos carnales!?

Tanto Laura como Lady le reprimieron con la mirada, pero el señor King solo aumentó el volumen de su risa.

—¡Ya estoy acostumbrado a que todos piensen eso! Los pobres biólogos debieron haber malinterpretado algo, pero les aseguro que eso no es más que un tonto rumor.

—Estamos seguras de ello —exclamó Valt radiante extendiéndole la canasta con los pastelillos—. ¡Acepte este regalo por favor! ¡Los hicimos personalmente!    

 «Bien jugado» pensó la glameow destensándose.

King negó.

—Me temo que no puedo aceptarlo.

—¿Por qué? —preguntó Lady confusa, siendo sincera en su sentir por primera vez.

—En mi cultura no creemos en los regalos desinteresados. Creemos en el intercambio.

—¡Ah sí! ¡Lo había olvidado! —mintió la señorita Valt.

—Yo pensé que…—comenzó a decir Denisse.

Laura le dio un discreto codazo o cualquiera que sea el equivalente para los cuadrúpedos. Quería acabar con esto de una vez.

—Mi esposa acaba de sacar un rico pan de cangrejo del horno. Si quieres puedes entrar y te presentó a mi familia, seguro que querrán conocer a una muchacha tan linda como tú.

—¡Claro! ¡Después de usted!

Un sonido sospechosamente parecido al que haría un cerrojo sonó en sus oídos cuando se quedaron solas. Su compañera se limpió una lagrima vagabunda que iba por su mejilla.

—Qué decepción…Leandro era un mentiroso después de todo.

—¿Cómo te puede decepcionar estar fuera de peligro?

—Yo ya había comprado ajo en spray —insistió la eevee consternada—. Supongo que tendremos que pensar en otra cosa.

—Así parece… ¿¡Cómo qué tendremos!?

—Tú también eres parte del equipo, Laura.

Supuso que era inútil negarse. No obstante, tenía curiosidad…

—Denisse, ¿qué es lo que ibas a decir antes?

Su mirada tardó en iluminarse en la compresión.

—¡Ah, claro! Pensaba que los krabby adoraban los regalos. Cuando fui a recoger el libro, afuera de la iglesia había una ceremonia donde se regalaban cosas entre sí y les echaban agua a los bebes.

—A lo mejor el señor King es demasiado penoso para regalar cosas.

—Sí, debe ser eso.

En medio de la cueva había una banca tallada en piedra donde las dos estudiantes decidieron sentarse a esperar que Lady arreglara el desastre que provocaron. Laura se acicalaba mientras que Denisse golpeaba el asiento con su pata de forma rítmica. El tiempo pasaba, escuchaban el tic tac del reloj de un departamento cercano, algunos habitantes salían y entraban, dirigiéndoles apenas un vistazo antes de seguir con sus actividades diarias. La señorita Flower sacó una de esas cosas que suelen tener los ricos con los que puedes hablar por teléfono sin estar en tu casa, lo abrió con un movimiento de su pata y lo volvió a guardar.

—La familia del señor King debe ser numerosa —comentó Denisse.

—¿Por qué lo dices?

—Lleva más de media hora conociéndolos.

—Sabiendo lo que hace en los ritos, no me sorprende.

Denisse abrió los ojos sorprendida.

—¿¡El baile te deja embarazada!?

Decidió no contestar a eso.

—Se está tardando bastante —dijo Laura levantándose del banco—. Voy a ver que está haciendo.

—Te acompaño.

En cuanto llegaron frente a la puerta, Laura fue quien la tocó.

—Señor King, ¿podemos pasar?

Ninguna respuesta.

—Deben estar ocupados partiendo el pan —sugirió la eevee.

Eso no le convencía en lo más mínimo. Volvió a tocar. Otra vez nada.

—Señor King, voy a entrar.

La puerta estaba cerrada con seguro.    

—¿Qué están haciendo, niñas? —preguntó una krabby aleatoria que pasaba por ahí.

—Nuestra compañera entró a conocer a la familia del señor King —explicó Denisse—. Queremos ver porqué se tarda tanto.

La señora frunció el ceño.

—El señor King nunca se ha casado.

Habiendo cumplido su cometido, la señora aleatoria se fue, dejándolas petrificadas. La primera en reaccionar fue la más enérgica de las dos.

—¿¡Sera posible!?—dijo la eevee radiante—. ¡Esta es una oportunidad perfecta! ¡Un secuestro! ¡Lo que hicimos no fue en vano!

—¡Tenemos que llamar a la policía!

—¿No sería mejor que la líder Denisse y su subordinada salvaran el día?

—¡No, no lo sería! ¡Y, además, yo no soy tu subordinada!

—Sí lo eres. Me ayudaste a cuidar la entrada de la cueva.

—Eso fue porque hiciste un berrinche.

—¡Y lo voy a hacer de nuevo!

Laura suspiró. 

—Bien, recogemos a Lady y salimos corriendo a la comisaría, ¿te gusta?
—¡Sí!—contestó Denisse—. ¡Tantos años de entrenamiento por fin van a servir para algo! ¡Placaje!

La pequeña zorra aplacó contra la puerta, derribándola de inmediato.

—No tenías que gritar lo que ibas a hacer…

—¡Claro que sí! ¡Entremos!


El pequeño departamento del dueño de la cueva estaba en completo desorden, revelando que no tenía a nadie con él para que le arregle su basurero. Latas de cerveza estaban tiradas en un piso repleto de polvo, el lavamanos de la cocina desbordante de trastos, una pizza echada a perder en la barra. En el ambiente podía captar los olores combinados de una guardería para magikarp y la casa de un grimer, aunque su compañera no parecía muy asqueada pese a tener un olfato muchísimo más fino. El lugar era incluso más pequeño que su casa por lo que Laura pudo revisarlo entero desde la puerta.

—Aquí no están —dijo Denisse.

—No me digas…

—Seguro que tiene un sótano—continuó revisando el suelo—. Todos los psicópatas en las películas lo tienen.

—Eso es ridi…

—¡Aquí esta!

La glameow ayudó a levantar una trampilla que estaba oculta por una montaña de sombreros, revelando una escalera que llevaba a una cueva debajo de la cueva. La eevee no esperó y se lanzó dentro. Laura estuvo a punto de utilizar la escalera cuando recordó que era una gata. Se lanzó dentro después de ella. Afortunadamente (o desafortunadamente, según a quien le preguntes) la caída de la señorita Flower fue amortiguada por unos sacos de harina que el señor King había puesto antes ahí por algún desconocido motivo.

—Este oscuro aquí ¿Sabes Destello, Laura?

—¿Quién te crees que soy? ¿Un cyndaquil?

—Te pareces en los ojos…

—Al menos ese pasillo es estrecho, no tenemos que preocuparnos de que ese cangrejo nos salte por detrás.

—¿Y si tiene poderes de desmaterialización?

—¿Y si cierras un poco la boca?

—Debemos barajar todas las posibilidades.

Mientras estaban teniendo esta interesante conversación completamente necesaria, llegaron a otra puerta que tenía un símbolo raro que no iban a tratar de descifrar. No esperaban lo que había al otro lado. El señor King estaba recostado en su camastro mientras Lady le limpiaba su caparazón con una cubeta en un acto que, en esa cultura, debían considerarlo una preparación prenupcial.

—Tienes que dejarlo muy limpio, querida.

—Creo que llegamos a tiempo —susurró Laura.

—Sí, le atacamos las dos a la cuenta de tres.

—Espera…

—Uno, dos y ¡tres!

No teniendo tiempo para protestar, Laura tuvo que seguir el juego a su compañera, abalanzándose sobre el cangrejo y sacando sus garras antes de que pudiera reaccionar. Los arañazos no eran muy efectivos en este particular caso, pero no dejaban de distraerle para que Denisse pudiera darle golpes con la cubeta de acero inoxidable. La eeveelución miró la escena con cierta satisfacción hasta que el señor King se quitó de encima a las estudiantes de un golpe de tenaza.

—¿¡No les han enseñado a no intervenir en las necesidades de un macho!?

—¿¡Quieres que hablemos de educación!? —exclamó Valt.

—Son mis costumbres —se defendió King—. Iba a ir en contra de lo establecido y conformarme con una que ya estuviera evolucionada, pero ustedes decidieron ofrecerse en bandeja.

Laura tragó saliva. Denisse miraba con determinación o al menos algo parecido. El gran Krabby estaba tapando la única salida, si no pensaban en algo para escapar tendrían que resignarse a un indeseable destino. A lo mejor no debió dejarse convencer para ponerse en peligro, pero en ese momento ya era demasiado tarde. 

—¡Yo me encargaré ustedes váyanse!

En un instante, vio como la eevee asintió para sí misma antes de comenzar a correr alrededor de la pequeña habitación. El señor King fue directo a por ella.

—¡No escaparás, maldita zorra!

—¡Vámonos! —dijo la sylveon.

La glameow asintió, corrieron hacia el pasillo y cuando llegaron a las escaleras, seguía oyendo la persecución.

—¿¡Qué estas esperando!? —gritó Lady—. ¡Vámonos de aquí!

—¡No puedo dejar a Denisse sola! —exclamó Laura maldiciendo a su conciencia—. ¡Vete adelantando!

Lady obedeció, obviamente. 

Miller buscó con la mirada hasta que encontró una barra de hierro. Trató de agarrarla con la boca, pero la pieza tenía un asqueroso regusto a oxido. Mientras estaba caminando de un lado para otro una estúpida idea afloró en su mente, no obstante, era mejor que nada. Aunque le costó algunos intentos, pudo sostener la barra con su cola en forma de espiral. El sonido de una tenaza golpeando a una eevee le hizo correr lo más rápido que pudo.

En cuanto llegó jadeante a la habitación, ocurrió lo que temía; Denisse estaba siendo arrinconada en una esquina al mismo tiempo que el señor King no dejaba de acercarse a ella. Sus patas no le respondían, al igual que cuando se encontraba frente a la secundaria Candelor, un lugar que no era para una chica de barrio pobre. En un acto desesperado, Laura lanzó la barra de hierro con todas sus fuerzas. En vez de caer al suelo como esperaba, la barra rotó hasta enterrarse en el caparazón del kingler

—¡Ah!

La eevee aprovechó ese momento, se trasladó detrás del cangrejo y golpeó la barra con su cola, enterrándoselo aún más, haciéndolo colapsar como un edificio viejo.

—¡Eso fue genial, Laura! ¿¡Como lo hiciste!? ¿¡Me lo enseñas!?

—¡Luego! ¡Ahora vámonos!

Denisse asintió y las dos salieron del sótano oscuro lo más rápido que pudieron.

Después de correr como alma que lleva Yvetal, pisaron la arena de la playa sin dejar de jadear, ante la mirada confundida de cierto umbreon que estaba esperándoles. En un principio su rostro mostraba enojo, pero este fue intercambiado por un gesto de preocupación o a lo máximo que podía llegar Leandro al intentar expresar un sentimiento que no sea aburrimiento.

Al ver a su hermano, la eevee volvió a sacar el móvil, después le dirigió una leve sonrisa de culpabilidad.

—Solo hemos tardado una hora, hermanito. No es nada grave.

—¿Qué pasó? ¿No habíamos quedado que ibas a volver directo a casa después de la escuela? ¿Qué parte de “estás castigada” no entiendes? ¿Por qué están frente al hábitat de los krabby?

—¡Esas son demasiadas preguntas! —se quejó Denisse—. Tuvimos un pequeño problema, ¿verdad Laura?

—Sí —dijo la glameow recuperando el ritmo de su respiración—. Uno que tú causaste, por cierto.

—¡Laura!

—Lamento los problemas, supongo…—dijo Leandro—¿Quieres que te acompañemos a tu casa, Laura?

—No, no es necesario.

—Vámonos, Denisse.

—¡Nos vemos mañana en la escuela! —dijo la señorita Flower en modo de despedida.

Mientras la señorita Miller se despedía, su mente reflexionó sobre lo que pasó con la barra de hierro. Caminó hacia su casa por un camino diferente al que habían tomado el par de hermanos. Denisse no era tan mala chica después de todo, tal vez pueda acostumbrarse a su compañía, siempre y cuando no vuelva a meterse en esta clase de problemas. Tampoco es como si pudiera hacer otros amigos en Candelor, donde todas le miraban como si fuese un ser inferior.

—No es como si pudiera deshacerme de ella a estas alturas, ni tampoco quiero.

«Además, tampoco es como si estuviéramos haciendo cosas peligrosas la mayor parte del tiempo»

No podía saber lo equivocada que estaba.


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Bien, por fin me animo a publicar esto. En un principio, mi idea era escribir una historia episodica, pero el fic comenzó a seguir una trama a partir de cierto cap que no voy a decir para no arruinar la sorpresa *el emoticon del sylveon bien sexy*. Es por eso mismo que aun no hay rastros del primer arco argumental, pero pronto caerá esa breva, así que...

Saludos.

Nos vemos.

[Imagen: FsUUXVs.png]
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#3
Que cagado. Llegar a una escuela de prestigio por suerte y que tu primer amiga sea casi literalmente una Gatúbela que hace desastres fuera de la escuela. Lo bueno fue que el señor King no fue un santo para garantizar algo peor de lo que ya se empezaba a poner para la pobre Laura.

Also, no tiene mucho qué ver, pero Denisse y Leandro me recuerdan un poco al anime, porque la madre de Dawn curiosamente también tiene un Glameow y un Umbreon. Coincidencias de la vida, supongo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#4
Al menos Onix te abría los capítulos con un dibujito bien chingón UwU (?)

So, escuela de ricos, una Glameow que ingresó por suerte y marginada por ello y una Eevee más traviesa de la cuenta. ¿Qué podía malir sal? ¿Que las costumbres de los Kingler sean sus costumbres?

En fin, a ver qué más nos depara este dúo del caos. De momento empezó algo suave el fic dejando de lado lo que hay que dejar de lado
Hic sunt dracones

[Imagen: coURMrK.gif] 
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#5
Bueno, Laura tuvo suerte (o no) de hacer una amiga allí dentro. Quiero pensar que no todas las chicas ricas son así y que más bien se dejan llevar por las líderes, como Lady, pero de vuelta a lo que nos interesa. Miedo me da lo que puede llegar a hacer Denisse si llega a ser líder mundial, piensa en todos los poderes que puede emplear al servicio del mal... Una parte de mí no quiere que eso suceda pero la otra tiene curiosidad por ver de lo que sería capaz de hacer.

Ah, me pareció repulsivo el jefe de los apartamentos. Se tenía bien merecido que le clavaran esa barra, a ver si así deja de obligar a las jovencitas a realizar sus costumbres con él. Ese momento que han vivido las tres chicas, ¿servirá para que se hagan amigas en un futuro y estrechar lazos? ¿O por el contrario no será nada relevante y seguirán siendo enemigas? We'll see.
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#6
Capítulo 2: No Hay Muchas Reglas En El Club de La Lucha

I

Unos cuantos días después de que la humillada colonia de kingler haya abandonado el pueblo, las dos amigas paseaban durante el receso. En su segunda semana en la secundaria Candelor, Laura dejo de caminar encorvada por los terrenos de la escuela, ya podía seguirle el ritmo tanto a la maestra de español como la de matemáticas y como tampoco tenía mucho que hacer en esos momentos, no tardó en sobrellevar la carga de tarea adicional. Aún seguía extrañando a sus antiguos amigos, aun surgía uno que otro problema, pero comenzaba a acostumbrarse a la compañía de Denisse y tenía la impresión de que ella estaba haciendo lo mismo.

—Laura, ¿Tienes dinero? —preguntó la señorita Flower mientras estaban formándose en la cafetería.

—Diez pokés ¿por?

—Es que yo no tengo nada. Me lo gasté en los componentes de mi nuevo invento.

—Al menos será algo importante, ¿no?

—Una flautapoké —asintió Denisse—. Es como la pokéflauta, pero en vez de despertarte, te duermes.

Laura arqueó la ceja. Ciertamente podrá ser útil, pero en patas de esa chica, lo útil no tardaba en convertirse en un verdadero peligro.

—Supongo que no es tan malo tener comida gratis —dijo la glameow esbozando una pequeña sonrisa.

—¡Laura! ¡No he desayunado!

—Te puedo dar de mi comida.

—¿Qué te van a dar? —preguntó la eevee pegándose a su cuerpo.

—Me dan algo diferente cada día. Ha de ser lo que sobra de lo que comen las demás.

—¿Por qué no me das tus diez pokés? Me ajusta para una galletita.

—¿Y si yo quiero esa galleta?

Una sonrisa maliciosa, sin dejar de ser adorable, apareció en el hocico de su compañera.

—Las galletas de la cafetería tienen mucho gluten. 

—¿Y eso?

—El gluten engorda… —concluyo Denisse dándole un golpecito en el vientre.

La comida que la loudred decidió darle fue unas judías con un poco de pan. Se sentaron en la mesa de la esquina mientras la zorra (nunca mejor dicho) comenzaba a mordisquear su galleta de chocolate. Se llevó las judías a la boca mostrando un gesto de resignación en su cara y el hierro entró en su cuerpo murmurando disculpas. Su triste ritual de derrota fue interrumpido por los pasos de la sylveon que desde el incidente del señor King llevaba la cinta de delegada en una de sus patas, la misma que se negó a usar otras veces. Se acercaba a ellas con un ceño fruncido, pisando exageradamente, de forma que las dos pudieran oír sus pasos.

Denisse levantó la mirada con la boca repleta de migajas.

—¡Buenos días, delegada!

—¡Señorita Flower, parece una cría! ¡Tenga más decoro al comer y no hable con la boca llena!

La eevee usó su pata para limpiarse el hocico. Lady rodó los ojos.

—En fin, ustedes dos son las únicas que no se han unido a un club.

—¡Creí que los clubs no eran obligatorios!

—No lo son —concedió la señorita Valt—. Pero me gustaría que todas las alumnas de 1-A aporten a la escuela.

—¿Me consideras parte de la escuela? —preguntó Laura—. Pensé que era una pordiosera.

—Aunque no me guste vas a seguir aquí, ¿no? Al menos haz algo útil.

Al mismo tiempo que Valt se retiraba, la campana sonó, como si la estuviera la muchacha que acababa de irse la estuviera amenazando. Las dos no tardaron en acabarse su sencilla comida para luego levantarse de la mesa, No hablaron entre sí hasta que estuvieron dentro del salón de clases.

—¿Nos unimos a un club?

Laura hizo el equivalente cuadrúpedo de alzar los hombros.

—Me vendría bien hacer algo de ejercicio.

—¡Pero si estas en buena forma! ¡Puedes acabarte diez sándwiches en cinco minutos!

«Ese es el problema» pensó la señorita Miller ruborizada. 

II

Durante la estadía de las dos chicas en la secundaria Candelor, los clubs que existían en la institución eran; el club de debate, la banda sinfónica, el de basquetbol, el de fotografía, el de periodismo, el de arte, el de la lucha, el del té y el comité escolar. Los salones asignados de estas agrupaciones estaban en el tercer piso de la institución, cerca del pasillo de las estudiantes de tercero que en ese momento estaban retirándose en grupo, luciendo las pajaritas moradas que mostraban en que año se encontraban. 

—Laura, ¡unámonos al club de la lucha! ¡Es un ejercicio después de todo!

La glameow estuvo a punto de protestar por mera costumbre, antes de darse cuenta de que tampoco era tan mala idea dado a las circunstancias. Después de todo sería útil saber defenderse si se encontraban con alguien similar al jefe de los kingler o cualquier otro atraído por el problema que le pudiera causar esta tipa. El otro día casi entraba al barrio de La Mariposa por accidente mientras pensaba sobre la escasa de posibilidad de contratar una especie de seguro de vida siendo menor de edad, lo que hubiera causado problemas bastante desagradables. Con eso pensado, caminaron hasta el fondo del pasillo, luego giraron hacia la derecha para llegar al salón del club de la lucha. El horrible chirrido de la puerta, revelando que no era un lugar demasiado concurrido, hizo notar sus presencias.

—¡Buenas tardes! —exclamó Denisse al entrar.

Laura saludó.

—¿Qué tal?

En la habitación había una única ventana que dejaba entrar algunos rayos de sol, los cuales hacían visible el polvo en el aire e iluminaban parte de la arena dibujada con gis. Una pikachu de segundo año, juzgando por su pajarita de un rosa un poquito más oscuro del que llevaban ellas, les dirigía una mirada desinteresada mientras barría debajo de una pequeña mesa. Una brionne, un poco más pequeña que el promedio de su especie, quitaba el polvo de encima con un pequeño trapo deshilachado. 

—Buenas —respondió la pikachu antes de volver a su tarea—. La maestra ya llegará. Siéntense por ahí si quieren. 

—¿Este es el club de la lucha? —preguntó la eevee.

La rata eléctrica puso los ojos en blanco.

—¿Tú que crees?

Laura miró alrededor.

—Parece el club de gimnasia.

La chica soltó un gruñido para volver a enfocarse en la limpieza. Era de suponer que las de este club no serían las más amigables de la escuela.

—Creo que nos equivocamos de salón, Laura.

La puerta volvió a chirriar.

—No, no lo hicieron. Este es el club de la lucha.

La voz pertenecía a la recién llegada quien era una pokémon corpulenta con una boina verde militar. Si no fuera por su voz, hubiera supuesto que era un macho. Un grueso abrigo del mismo color que el gorro cubría su cuerpo y al lado de ella caminaba una charmaleon con pequeñas cicatrices en sus escamas. Su pajarita revelaba que era su último año en la escuela. La machamp se dejó caer en una de las sillas de madera, la cual crujió bajo su peso, seguida de la lagarto que tuvo que tener cuidado para no quemar el mobiliario.

—¡Hasta que por fin llegas, Sansa! —exclamó la pikachu—. ¡Dejaste el salón una porquería en la anterior reunión! ¡Ni que fueras mi papá para hacerme limpiar tu desorden!

La tipo fuego agitó una zarpa con desdén.

—Tuve algunos problemas en clase.

—¿Cuándo no los tienes? A lo mejor vamos a tenerte un año más aquí…

Sansa se levantó. Sus puños se prendieron como si fueran las hornillas de una estufa con el gas prendido a la que le acercas unas cerillas. Laura saltó del susto mientras que Denisse miraba con ojos estrellados.

—¡Mejor cuida tus palabras, rata machorra!

La otra pokémon también estalló sus patas en electricidad.

—¿¡A quien le dices machorra!? ¡Lagarta deforme!

—¡Por favor! —dijo la brionne levantándose—. ¡No peleen!

—¡Cállate! —exclamó Sansa—. ¿¡O quieres que te golpee también!?

—¡Señoritas! —intervino la machamp—. ¿¡Así es como reciben a las visitas!? 

Las dos contrincantes apagaron sus respectivos poderes, la glameow suspiró aliviada y la eevee se sintió decepcionada. En cuanto las miembros volvieron a sus actividades, la tipo lucha estiró sus músculos, analizó a las dos chicas de arriba abajo y dejo escapar una sonrisa.

—Han de ser Las chicas de primer año que están buscando club. La tutora nos avisó a todas que vendrían a ver —cruzó sus brazos—. Soy Anastasia, estoy para responder sus dudas.

La eevee dio un paso al frente.

—Hola, maestra. Mi nombre es Denisse Flower.

Anastasia alzó una ceja.

—¿Flower? Interesante.

Su amiga sonrió.

—Sí, seguro que le suena. Esta es Laura.

Al parecer su apellido no importaba demasiado.

—Mucho gusto —dijo Laura.

—¡Estamos interesadas en unirnos a su club! ¡Espero que haya espacio!

La machamp asintió.

—Según las reglas de la escuela, no puedo negarle a entrada a nadie.

Denisse aplaudió complacida.

—¡Excelen…

—¡Pero a mí no me importan las reglas de esta estirada secundaria, y justamente hoy, íbamos a hacer enfrentamientos libres individuales! —Anastasia volteó hacia sus alumna —. ¡Chicas, vamos a entrenar!

«¿¡Contrincantes!?» pensó la glameow.

Las estudiantes más experimentadas dieron un paso adelante, mientras hacían una especie de competencia secreta para ver quien resultaba la más amenazante. La brionne, por su lado, siguió su limpieza unos momentos, después avanzó como el resto. Entrelazaba nerviosa sus aletas delanteras, alisaba su falda y ajustaba las correas de su pequeña mochila de cuero. En un principio pensó que ella era solo una chica que se había ofrecido para ayudar a limpiar el aula, pero al parecer también formaba parte del club.

—¡El primer combate será Elektra contra Laura!    

La pikachu chasqueó la lengua. Denisse volvió a aplaudir.

—¡Emocionante! ¡Buena suerte, Laura!

—¡Esperen! ¿¡No vamos demasiado rápido!?

Anastasia estalló en carcajadas desagradables. Las mismas que haría un Mr. Mime al morir de neumonía.

—¡Así son las cosas en mi club de la lucha! ¡Nosotros vamos en caliente! ¡No tenemos todo el tiempo del mundo, así que apúrense!

Las alumnas que no iban a participar se retiraron a los lados, mientras que las dos contrincantes se ponían a cada lado de la colchoneta, mirándose al mismo tiempo que reflejaban diversos sentimientos. En el caso de Laura, una gota de sudor se deslizó entre sus ojos, cayendo al suelo de madera con un leve sonido de chapoteo casi imperceptible. Elektra tenía un rostro decepcionado, emocionado y engreído a la vez; hacía chocar sus puños encendidos en electricidad. Una flauta sonó en el salón de la banda sinfónica.

Anastasia caminó hacia el medio de la arena y retiró el muñeco de machop.

—¡La primera pelea es Lauraaaaaaaaaaaaaaaaa

—Miller —aclaró la glameow.

—¡Miller contra Elektra Smith! ¡Las reglas son simples! —alzó su puño—. ¡Gana quien deje inconsciente a su rival o haga que se rinda!

—Así me gusta —exclamó la pikachu sonriendo—. 

—A mí no.

—Las dos son becadas —inquirió la machamp—. Estoy segura de que tienes una oportunidad.

«¿¡Eso que tiene que ver con nada!?»

—¡Lo dices como si fuera una empollona! —protestó Elektra rodando los ojos—. Es una beca deportiva.

—¿Vives en el barrio del cobre?

La rata asintió.

—¡Eh, señoritas! —exclamó Anastasia chocando las palmas de sus manos—.  ¡El club de té está al lado!

—En realidad esta hasta el otro extremo del pasillo, maestra —intervino Denisse.

—¡Peleen!

La pikachu volvió a sonreír, chocando sus puños otra vez, y comenzó a correr contra ella con la velocidad de un rayo. Su instinto le salvó, saltó hacia un lado a último momento antes de ser rostizada, pero no tuvo la misma suerte con el siguiente golpe que fue unos momentos después del otro y le dio en la cara. Laura retrocedió mientras sentía las centellas recorriendo su pelaje, luego alcanzó a saltar para esquivar el otro puñetazo. No tuvo los suficientes reflejos para esquivar el siguiente que le dio en el pecho.

«Es demasiado rápida!» pensó la señorita Miller.

—¡Deja de escapar, cabrona! —exclamó Elektra chasqueando sus puños.

La hembra de tipo eléctrico tenía razón. Debía atacar de alguna manera sino quería acabar mal.  Miró hacia atrás y vio el muñeco del machop. En cuanto Elektra volvió a aplacar, la glameow usó su cola para rodear el torso del maniquí de madera y usarlo de escudo. Todo el mundo sabía que la madera no conducía la electricidad por lo que fue una defensa más o menos eficaz. La cabeza salió volando al otro extremo de la arena con el puñetazo de la alumna de segundo año. Aprovechó la frustración de su contrincante para azotar el vientre de la rata. El muñeco se partió en miles de pedazos.

La señorita Smith retrocedió con un gruñido de dolor. No perdió el tiempo y volvió a electrificar sus puños.

—Estuvo bueno tu truquito. No sabía que las glameow podían cargar tanto peso con su cola.

—Yo tampoco —admitió Laura.

—Me caes bien —asintió Elektra sonriendo de manera presumida—. Es una lástima que ya no tengas nada bajo tu manga.

—Sí, lo es… —dijo la glameow escondiendo su cola detrás de ella.

—Te dejaría rendirte, pero eso sería decepcionante. Venga, te voy a dar un buen puñetazo para que duermas un rato. Solo quédate quieta.

La pikachu volvió a la carga y unos momentos antes de que un puñetazo diera por terminada la pelea, Laura hizo girar su cola. El pedazo de madera de considerable tamaño giró hasta impactar en la cara del tipo eléctrico quien cayó de espaldas con astillas clavadas en su rostro. Se levantó, sorprendida y tambaleante. La señorita Miller notó el silencio que inundó el aula de repente. 

—¿Qué pasa? —preguntó Laura jadeante, sintiéndose un poco nerviosa—. ¿He hecho algo malo?

—Vaya…parece que hay que tener cuidado contigo —dijo la maestra ajustándose el gorro.

—Te subestimé —asintió Elektra—. No sabía que tenías un as.

—¿¡Un qué!?

No entendía nada.

—¿¡Que está pasando!? —preguntó Denisse dando brinquitos de la emoción.

—Digamos que una glameow que hace girar cosas con su cola no es normal —respondió Sansa quien permanecía callada hasta ese momento.

Laura tragó saliva.

—¿Puedo rendirme ahora?    

La pikachu negó con la cabeza.

—Sería una verdadera lástima que lo hicieras. 

Las astillas de la cara de Elektra salieron expulsadas al mismo tiempo que unos rayos de color azul oscuro comenzaban a rodear su cuerpo y a erizar su pelaje. El calor de la habitación aumentó en ese instante. Un sentimiento de vulnerabilidad estalló en su ser, el cual debía ser el mismo que hubiera sentido un caterpie bajo la sombra de un pidgey. Antes de que comenzase a atacar, sabía que estaba perdida. Unos hilillos de gas subieron al techo cuando le asestó un puñetazo en el costado. Laura cayó al suelo sintiendo un resquemor y oliendo a pelaje quemado. Se incorporó mientras su verdugo sonreía. Ya estaba pensando en una excusa convincente para explicarle a su madre una quemadura en la cara, pero Anastasia alzó el brazo.

—Es suficiente, Elektra. Está claro que la muchacha no sabe nada.

—Qué mal —dijo la señorita Smith decepcionada.

No pudo evitar soltar un suspiro de alivio, seguido de un quejido de dolor cuando una pata tocó la herida que había dejado el golpe.

—¿¡Qué haces!?

—No te preocupes, Laura. No tardará en crecer.

—Gracias, supongo…

—Bueno, lo importante es que eso fue genial. Es una lástima que te hayas rendido tan pronto.

—¡Pruébalo tú sí quieres! —exclamó la glameow.

—¡Sí! ¡Elektra, golpéame en la cara!

Afortunadamente la pikachu se negó.

—Aunque hayas perdido, tienes potencial, así que estas dentro —decidió la machamp.

«¡Hubiera preferido que no!»

—Gracias —dijo Laura para retirarse lo antes posible.

La maestra del club de la lucha miró el reloj de pared empolvado.

—Al parecer se nos acabó el tiempo. Mañana tendremos la siguiente pelea; Denisse contra Michelle.

La brionne saltó asustada.

—¡Pero…

—Hasta entonces, no olviden entrenar —continuó Anastasia ignorando a la chica—. Las reuniones de club son los lunes, los martes y miércoles.

Las dos estudiantes más antiguas siguieron a la maestra afuera del aula. Algo húmedo le tocó el lomo de manera insegura y se volteó para ver a la alumna más reciente del club de la lucha antes de que llegaran ellas. De su mochila había sacado algunas vendas y un spray de color morado las cuales sostenía temblorosa. 

—Me gustaría curarte si es que quieres. Sé que ellas pueden ser un poco brutas a veces, pero no son malas. Es que Anastasia es un poco… con sus métodos de enseñanza.

—Sí, claro.

En unos momentos, la glameow estaba echada en el piso del aula, tratando de no mostrar el dolor que le causaba el contacto de la poción en su piel desnuda. La eevee miraba con curiosidad desde una de las sillas desvencijadas de la habitación. Después de unas cuantas aplicaciones del frio líquido, Michelle procedió con la venda. En cuanto estaba a punto de aplicarla, un fuerte rubor apareció en su rostro, como si alguien hubiera prendido un foco rojo dentro de su cabeza.

—Eh… ¿puedo?

Laura entendió a qué se refería. Denisse soltó una risilla.

—No hay problema. Las dos somos hembras después de todo.

Michelle asintió y comenzó a vendarla mientras la hacía rodar para pasar la venda por su vientre.

—Ya está. Lo siento si te sentiste incomoda…

—No pasa nada, en serio.

Las tres jóvenes salieron del aula, Michelle cerró la puerta con una llave que sacó de su mochila y luego se despidió.

—Qué niña tan rara…

—A mí me parece adorable —opinó Denisse—. Al parecer a la maestra le gustó tu truco.

—¿Sabes lo que es un As?

La eevee frunció el ceño sin dejar de sonreír.

—No sé qué sea eso, pero es interesante. Lo investigaré mañana.

Laura asintió.

—Vámonos. Se está haciendo un poco tarde.

III

La señora Miller no hizo tantas preguntas como esperaba al ver la venda, se conformó con la borde excusa de haberse caído en clase de educación física, aunque en realidad esta solo era impartida los viernes. Ese día iba a suceder la segunda reunión del club de la lucha donde vería a Denisse pelear contra esa brionne. No creía que se le fuera a complicar demasiado, considerando que la segunda temblaba hasta para poner una sencilla venda. En ese momento estaba ajustándose la pajarita frente al espejo. Su cuarto era sencillo; solo consistía en una cama de color rosa que tenía desde los siete años, un tocador apolillado con rastros de pintura blanca y un espejo sucio coronándolo. En las paredes grises de cemento había una gran foto enmarcada que su madre decidió poner ahí sin preguntarle siquiera. En ella aparecían tres pokémon; un furret apoyándose en un bastón, su madre (ocultando su creciente vientre debajo de un vestido rojo holgado cuando aún era una glameow) y una pequeña gatita que lucía un vestido azul. Trataba de desviar su mirada de la foto cada vez que podía, pero de vez en cuando venía a su cabeza y recordaba que era la última foto que se había tomado con su padre.

En general, era la única foto que tenían de su padre. Su melancolía fue interrumpida por alguien azotando la puerta. La purugly sostenía un viejo teléfono inalámbrico conseguido en unas rebajas hace tiempo.

—Te llaman.

Laura saltó del taburete, luego agarró el teléfono de la pata de su madre.

—Se dice gracias.

—Gracias —susurró de mala gana.

—Bueno, me voy a trabajar. Ya andas viendo cómo me vas pagar de esa llamada.

Esperó a oír la puerta de la casa abrirse para contestar.

—¡Hola, Laura!

—¿¡Denisse!? ¿¡Como conseguiste mi número!?

—¡El listín telefónico! —respondió la eevee—. Pero eso da igual, ¿ya casi vienes?

—Ya voy —dijo la señorita Miller agarrando la mochila con su cola para colgársela en el lomo—. Me estaba terminando de arreglar.

—Creo que he descubierto lo que es un As. Es una habilidad especial o algo así, no es genial.

—Sí, lo es, supongo…

No obstante, era extraño. Esa habilidad de girar las cosas no necesitó de entrenamiento. Simplemente se le ocurrió.

—¿No podías esperar a contármelo en la clase? La estúpida de mi madre me va cobrar esta llamada.

—Pero si marqué yo…

—El teléfono ocupa mantenimiento o algo así. Es demasiado barato.

—Lo siento —susurró Denisse—. Pero estaba ansiosa por decírtelo, tuve que buscar en muchos libros y….

—No te preocupes, está bien —suspiró Laura—. Gracias por hacerlo, ¿Algo más que quieras decirme?

—¡Ah sí! Esos rayitos azules de Elektra eran plasma. Por eso te quemó el pelaje.

—¿¡Qué demonios es el plasma!?

—Lo sabrás cuando nos den química…o física…no me acuerdo.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Laura deteniéndose en la puerta que va a la calle.

—Mi padre tiene una cortadora de plasma ¡Deberías verla!

—A ver si luego… tengo que colgar, nos vemos allá.

La glameow devolvió el teléfono a su base mientras seguía pensando en las palabras de su amiga. Habilidad especial, ¿Cómo alguien como ella pudo aprender algo como eso, sin siquiera saberlo? ¿Será verdad que aprendió a hacer algo tan particular de la noche a la mañana? ¿no será que hacer girar las cosas sea un truco típico de las glameow que ellas solo estaban sobrevalorando? No es como si pudiera comprobarlo puesto que no conocía otra glameow y las que veía en la televisión estaban bastante ocupadas en lucir lindas como para intentar hacer esas maniobras indecentes con su cola.

—Ya pensaré en eso. Ahora tengo que preocuparme de no llegar tarde a clases.

Al retirarse el ultimo maestro del día, la señorita Flower ya estaba esperando a Laura frente a la puerta del aula mientras terminaba de anotar las palabras que él había puesto en el pizarrón. Después tomaron camino hacia el tercer piso de la escuela para la segunda reunión del club de la lucha. En cuanto caminaban por el pasillo de los clubs, Denisse se acomodaba la pajarita. No negaba que estaba un poco nerviosa, pero una aspirante a líder mundial nunca lo demostraría. Al llegar al aula, lo primero que vieron fue a Michelle, quien ya estaba despejando la arena. En unos segundos, la maestra llegó junto a las otras dos miembros del club.

—No perdamos el tiempo, ¿están listas? —preguntó Anastasia.

—¡Sí, maestra! —exclamo Denisse ajustándose la gorra.

—Yo… la verdad es que….

—¡Michelle! ¡Ten más seguridad en ti misma por el amor de Arceus!

La foca juntó sus dos aletas en un gesto de súplica.

—No es eso, maestra, es que…

—Bien. A su posición las dos.

—No te pases con ella —le susurró su amiga al oído.

«Eres muy tonta» pensó Denisse divertida «Todos saben que las líderes mundiales siempre tienen mucho cuidado de no lastimar a sus votantes»

—¡Haré lo que pueda!

La zorra no tardó en llegar a su lado de la arena, aunque la brionne haya ocupado más tiempo para animarse a ir al suyo, agarrando su mochila tan fuerte que pensó que podría romperse. 

—Espero que me perdones. Si te lastimo, te juro que te curaré.

La machamp aclaró su garganta.

—El siguiente combate va ser Denisse Flower contra… Michelle, ¿quieres ayudarme?

—¡Michelle Granat! —exclamó la tipo agua.

—Denisse Flower contra Michelle Granat. La única regla que hay es la condición de victoria; el primero que deje inconsciente a su rival o que logre que se rinda, gana.

—Buena suerte…

Denisse sonrió.

—Lo mismo digo.

—Peleen.

Aunque trató de hacer el primer movimiento, Michelle ya tenía una aleta sobre su mochila y sacó con rapidez una pequeña botellita de agua común y corriente de las que vendían en la cafetería. La eevee se detuvo porque no comprendía como es que tenía tanta sed si ni siquiera habían empezado. Lo más incomprensible fue que en vez de bebérsela, se la echó encima. La brionne murmuró una disculpa mientras una nube de hielo comenzaba a rodear su aleta. Denisse sonrió desafiante mientras un brillo metálico recorría su cola. La sonrisa terminó desvaneciéndose cuando la foca fue más rápida y recibió un puñetazo de hielo en la cara. El golpe la lanzó hasta su extremo de la arena. En cuanto volvió a incorporarse, miró cómo su rival, asustada, cruzaba sus aletas.

—¡Denisse!, ¿¡Estas bien!? —preguntó su rival.

—Sí, eso no fue nada.

A ella siempre le había agradado enfrentarse a los demás. Después de todo, una líder mundial siempre tenía que estar arriba de los otros. No obstante, esta vez sentía que era diferente, porque estaba enfrentándose a algo nuevo. La biblioteca de papá le enseñó que las brionne no pueden aprender Puño Hielo, por lo que su mente brillante llegó a la conclusión de que eso no fue nada más ni nada menos que un As. Al no tener uno, estaba en clara desventaja, lo que le hacía enojar, pero a la vez le emocionaba.

—¡Eso fue un buen golpe, Michelle!

—Gra… cias— murmuró su contrincante.

—En condiciones normales no hubiera aceptado a alguien como la señorita Granat en el club de la lucha —explicó Anastasia—. Pero en cuanto vi su As en acción, vi el enorme potencial que tenía, ¿No es así, Elektra?

La pikachu rodó los ojos.

—Me gano porque me tomó desprevenida.

—¿Dos veces en una semana? —inquirió Sansa divertida.

—¡Tú cállate!

—Eso ahora mismo da igual —intervino la machamp alzando una mano—. Quiero ver cómo termina este combate.

—¡No es para tanto! —exclamó Michelle más roja que una manzanita—. ¡Desde que nací lo he tenido! ¡No tengo ningún mérito!

Anastasia volvió a alzar su brazo.

—Suficiente. Sigan peleando.

—¡Sí, maestra! —dijeron las dos al unísono.

Sabiendo que la chica que tenía en frente había derrotado al plasma, se sentía mucho más emocionada. Volvió a cargar su Cola Férrea mientras Michelle se acercaba con rapidez para asestarle otro golpe. En el momento en que iba a impactar el ataque, Denisse usó su movimiento contra el suelo, impulsándose hacia arriba. La brionne frunció el ceño y un chorro de agua a alta presión salió de su nariz, acompañado de vapor. Usando el truco que aprendió el otro día en un video de PokéTube, Denisse formó un escudo que bloqueó el líquido e hizo que le salpicara a su rival.

—¡Ahhh! ¡Quema! —exclamó Michelle agitando su aleta.

«¡Es tu oportunidad, Denisse!

Aprovechó la oportunidad para encajar una Cola Férrea en el vientre que, aunque no era eficaz, seguía siendo un fuerte golpe que le sacó todo el aire y la hizo doblarse. El hecho de que tuviera que limpiarse un poco de sangre que le salió de la boca, le hizo pensar que tal vez se hubiera pasado un poco, lo que estaba bastante bien porque una líder mundial tenía que demostrar su fuerza.

La oponente volvió a congelar su aleta para intentar atacarle de nuevo. Su escudo detuvo el golpe.

—¡Vamos Michelle, no te contengas! ¡Confió en ti! —exclamó Anastasia.

—¡Está bien! —exclamó la brionne.

En cuanto el escudo desapareció, la eevee retrocedió de un salto, después volvió a arremeter. Se echó al suelo para esquivar el escaldar que amenazó con quemar su bonita cara.

—Lo siento, Denisse.

—¿Por qué te discul…

Michelle usó su aleta trasera como resorte, luego juntó sus dos aletas traseras en una sola y las congeló, formando una especie de mazo. Su lomo iba a sufrir mucho.

—¡Ice Hammer!

—¡Protección! 

El fuerte golpe de Michelle hizo estallar el escudo, lanzándola a cada una a su extremo. En el caso de la señorita Granat, logró detenerse antes de estamparse contra la pared mientras que la otro no tuvo la misma suerte. En cuanto logró salirse de la pared, cayó de cara al suelo de madera, sintiendo muchos pinchazos por todo su cuerpo, como si una colmena de bedrill se hubieran quedado atorados del aguijón cuando la picaron. Una pequeña nube de polvo voló por el aula cuando se sacudió.

—¡Denisse!

—¡No te preocupes, Laura! ¡De vez en cuando una dama tiene que llenarse de polvo!

—¿Y esos escombros que tienes enterrados?

«Oh»

—Ya decía que los beedrill no eran invisibles….

—¿No deberías rendirte?

Denisse infló sus mejillas.

—¡No es justo! ¡Tú terminaste tu pelea! ¡Déjame terminar la mía!

Un montón de sudor corría por su rostro. Tendría que pedir prestadas las duchas a los del club de atletismo antes de llegar a casa. Al menos su rival parecía estar igual, ninguna de la dos dejaba de jadear y de sudar a chorros como si fueran unos magikarp recién salidos del estanque. Denisse repelió el siguiente puñetazo con su Cola Férrea, pero no alcanzó a hacerlo con el segundo que le dio en la mejilla y salió disparada otros metros.

—¿Te golpeé… demasiado fuerte? —preguntó Michelle rompiendo la ilusión de que se estaba tomando las cosas en serio.

—No… estoy bien…

En realidad, no estaba bien. Si no quería tener que explicarle a su madre por qué terminó en el hospital, era hora de sacar su as bajo la manga, o más bien, su as oculto dentro del pelaje de su cuello. Sacó de las profundidades de las fibras color una flauta bicolor roja y azul. Se la llevó a la boca. La idea era dejar dormida a su rival para ganar automáticamente. Lo triste fue que no tuvo tiempo de aprenderse la melodía antes de este día.

Una idea llegó a su cerebro como si le hubieran disparado.

—¡Eh! ¿Ves esta flauta?

—Sí—asintió Michelle—. Esta muy bonita.

—Pues es un detonador. Puse bombas por toda la habitación.

Todos en la sala se sobresaltaron, excepto Laura, quien le dirigió una mirada como diciendo “¿¡Qué idea tan brillante se te ocurrió, Denisse!?” o algo por el estilo. En un momento, un golpe helado le hizo soltar el instrumento, que salió volando por la ventana. Antes de darse cuenta de qué ocurrió, otro golpe le dio en el pecho. La cola de la glameow le ayudó a incorporarse, seguramente no tenía un buen aspecto, pero al menos por fin lo había logrado; Michelle ya no temblaba de miedo, al contrario, un brillo había aparecido en su rostro.

«¡Por fin se lo va tomar en serio!» pensó Denisse volviendo a atacar.

IV

—¡Lo siento! ¡No sabía que lo de las bombas era una broma!

Las tres estudiantes estaban metidas en las duchas que solían usar las del club de atletismo. Michelle le estaba quitando uno a uno los escombros de la pared. Hace unos minutos había despertado en una silla con un fuerte dolor de cabeza. Lo único que recordaba era que en ese momento iba a utilizar su ataque especial (que obviamente existía) antes de desmayarse. Laura le dijo que al parecer acabó tropezándose con un charco de agua que había quedado en el suelo.

—No podías saberlo —dijo Laura, luego se dirigió a ella—. ¿En qué estabas pensando?

—Michelle se estaba conteniendo, ¡ocupaba una motivación!

La brionne suspiró.

—Mamá Claudia dice que debo usar mi habilidad con responsabilidad…no me gusta golpear a pokémon inocentes. Me parece…abusivo.

—¿Por qué estás en el club de la lucha? —preguntó la glameow.

Michelle vaciló.

—A Mamá Larissa le hacía ilusión que me metiera….

«¿¡Tiene dos mamás!? ¡Qué interesante!»

—Bueno, Laura, ¿la maestra decidió meterme gracias a mi fuerza y determinación?

—No. De hecho, tienes que pasarte por la oficina de la tutora. Te reportaron por tu estúpida broma.

—No importa —mintió Denisse—. Una futura líder mundial tiene que buscar otras… ¡AU!

—¡Perdón! —exclamó Michelle quitando el ultimo escombro de su cuerpo—. Ese estaba metido en un sitio… delicado.

Se quedaron en silencio mientras la brionne ponía venditas en cada herida. Después de que acabó, las tres salieron juntas de la secundaria (luego de una breve visita en la tutoría) y la eevee ya había tomado una decisión.

—Michelle, ¿quieres ser mi subordinada?

—¿De qué?

—Para llegar a ser líder mundial.

—¿¡Qué tontería estas diciendo!? —preguntó Laura.

—No te pongas celosa, ¡tú siempre vas mi subordinada favorita!

 —¡No me refiero a eso! ¿¡Qué es eso de ser una líder mundial!?

—Ah, creo que no te lo he contado… te lo contaré luego, ¿qué dices, Michelle?
Michelle juntó sus aletas en una pose pensativa.

—¿En serio lo estás pensando? —inquirió la gata susurrando.

—No lo sé… —respondió finalmente—. Suena peligroso, pero sí en verdad piensas que puedo ayudar… lo intentaré.

Denisse dio un brinco de la emoción.

—¡Muchas gracias! 

Después de haber contratado a alguien más para su causa, siguieron caminado hasta que tuvieron que separarse de Laura. Resultó que la brionne vivía relativamente cerca de su casa lo que seguro que iba a ser algo útil. Antes de entrar por la calle por donde vivía y despedirse de su nueva amiga, se acordó una cosa que le quería preguntar.

—¿Michelle, que sabes sobre los ases?

—Casi nada —respondió de una forma lastimera —. Nací con esa habilidad desde que era niña, Mamá Larissa dice que la heredé de ella. Me hubiera gustado verla pelear, seguramente lo haría mejor…

—¿No se lo has pedido?

—Cuando evolucionó la perdió, luego conoció a Mamá Claudia y me tuvo a mí.

No comprendía del todo cómo funcionaba lo de tener dos mamás ni tampoco le interesaba demasiado. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como la manera en la que debería explicar esas heridas sin que le dé un soponcio a mamá o sin que Leandro se enoje demasiado y le vaya con el chisme a papá, que parecía que eso era lo único que sabía hacer últimamente. Suponía que el reporte en su mochila era un problema igual de grave, pero tampoco era algo que una futura líder mundial no podría arreglar.


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Acá es cuando viene lo chonen del asunto.

@Nemuresu Gracias por el comentario. Sinceramente no pillo la referencia a Gatúbela, más que nada porque no he visto nada de ella, así que supongo que tendré que creerte.

@Fafnir  A ver si le pides a ese tal Onix que te escriba el colectivo

[Imagen: ksad.png]

No, ya en serio, gracias por el comentario. Sí, las cosas empiezan suavecitas, pero luego van más duritas 

Snivylove

@PKMNfanSakura Muchas gracias por tu comentario.

No sé si veremos a Denisse convertida en lider mundial, pero creo que tienes razón en que sería una mala idea. Podríamos decir que el Kingler obtuvo su merecido de una forma irónica.

Muchas gracias a todos por sus comentarios. Aquí quería insertar el concepto de los Ases, que harán bien rotos a todos los pokémon de este fic, aparte de agregar a alguien más a la pandilla, aunque en el siguiente cap me temo que no aparece, porque aun estaba emperrado en hacer una historia Slice Of Life, pero a partir de ahí serán inseparables y podríamos decir que la trama empezará a rodar.

Sin nada más que decir...

Saludos.
[Imagen: FsUUXVs.png]
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#7
Oh, en el siguiente cap no veremos a Michelle, ya me había encariñado de la brionne. Pero bueno, por lo que dices reaparecerá más adelante así que todo bien. Serán una pandilla unida  [Imagen: pikaowo.png] Estuvo bien esta nueva adición, siempre tiene que haber un miembro más inocente y dulce en el grupo (que no dudará en romperte la madre si consigues motivarle). Also, lo de las dos mamás... Pensé que la habían adoptado pero ¿al final parecer ser que no? Desde luego las reglas del mundo pokémon son completamente distintas al nuestro, ¡qué cool! Me imaginé a sus mamás completamente distintas en cuanto a personalidad, Claudia sería la que se preocupa por ella y no quiere que se haga daño y, además, que mire por el resto. Larissa quiere que su peque ponga en práctica lo que sabe y que demuestre quien manda xD a mí también me habría gustado verle pelear.

Se nos presentan los distintos clubs y nuestras protagonistas se decantan por el de lucha, la verdad es que me gustaría verles poner en práctica lo que van a aprender en futuros caps. Allí aprenden sobre los Ases, un nuevo elemento que, al parecer, se trata de habilidades rotísimas y eso me encanta. Aunque me da un poco de miedo por parte de Denisse, a saber cómo puede llegar a utilizarlo para conseguir su objetivo de convertirse en líder mundial... Sabe que no se puede coaccionar a la gente para que le escojan, verdad ?)

Finalmente, la eevee consigue convencer a la brionne para que se una a su causa. El equipo ya va tomando forma, y la tipo normal se va asegurando votos para un futuro. Chica lista.
1
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#8
Capítulo 3: Las Escaleras al Cielo No Están a la Venta
 
I
 
En una plataforma en medio del desierto, Bario Mros estaba listo para lanzar su ataque especial que mandaría a volar a sus dos rivales, solo que no sabía cómo lanzarlo. Corrió de un lado a otro del escenario mientras pulsaba botones al azar hasta que al fin lo logró… pero falló. A causa de la mala puntería, el placaje que le debería dar a la princesa Seach terminó empujándolo hasta el final del escenario y aunque intentó recuperarse, cayó al abismo. Ante semejante muestra de estupidez, la inteligencia artificial del capitán Dalcon vaciló en sus ataques, cosa que aprovechó la princesa para acabar el combate de un golpe de cadera.
 
Laura suspiró mientras soltaba el mando de la Yupi U.
 
Al principio era divertido ver como un monito se movía en la pantalla según lo que hicieras, pero después de diez derrotas parecía una broma cruel de la eevee que disfrutaba de su décima victoria, o al menos eso es lo que haría si le hubiese dado más guerra.
 
—¡No es divertido si no te esfuerzas! —dijo Denisse estirándose para apagar la consola—. No me quedé toda la noche desbloqueando los personajes para jugar sola. Y eso que usé a la peor del juego…
 
Las dos estaban en la habitación de Denisse, un lindo cuarto pintado de color crema reluciente y una cama más nueva que la suya. Era una tarde de sábado soleada que, aunque la señorita Flower hubiera puesto las cortinas para que la luz del sol no tape la pantalla de la televisión, seguía viéndose el cielo azul a través de un pequeño resquicio. No había mucho que hacer adentro ya que la eevee se había aburrido de varias victorias consecutivas, así que sería lindo dar un paseo.
 
—Estoy aburrida. Quiero ir a pasear donde vives.
 
No se refería a ese tipo de paseo.
 
—¿Por qué? —preguntó la glameow sin poder decir otra cosa.
 
—Si voy a ser una líder mundial, tengo que conocer a las clases más bajas. Contigo no es suficiente.
 
Decidió ignorar la parte mala del comentario.
 
—¿Estas segura? ¿Qué pasa si te sucede algo?
 
—¡Eso no va pasar! —exclamó Denisse—. En las películas, los pokémon de barrio no atacan a otros pokémon de barrio.
 
—No funciona exactamente así. Villa Celebi se divide en varios barrios. Yo solo puedo moverme por el barrio gris y siempre
puede haber un descolocado por ahí que no me reconozca. Es demasiado peligroso.
 
No sabía porque siquiera se esforzaba en tratar de negarse. Denisse mostró una carita decepcionada, al igual que la que tendría una niña al darse cuenta de que su padre no fue al festival de primavera del kinder.
 
—Qué mal que no quieras llevarme, ¿el tiempo que llevamos juntas no es suficiente para ti?
 
—¿Tres semanas?
 
—¡Fueron las mejores semanas de mi vida!
 
Laura suspiró.
 
—Si tanto quieres ir, está bien. Solo tienes que hacer lo que yo te diga...
 
La habilidad de cambiar de expresión de la eevee volvió a manifestarse frente a ella en un segundo.
 
—¡Bien! ¡Vámonos!
 
—¿A dónde van?
 
Las dos chicas voltearon a donde provenía la voz que resultó ser Leandro quien miraba a través de la puerta, con una de las sirvientas de la casa de los Flower sosteniendo una bandeja al lado de él. La empleada en cuestión era una lopunny que a cada rato sorbía su nariz, hablaba con voz gangosa ataviada en su uniforme de trabajo y de su cintura colgaban varios plumeros para limpiar el polvo de cada rincón pequeño de la casa de Denisse, la cual no era precisamente pequeña.
 
—¿Qué modales son esos, hermanito? —exclamó Denisse indignada, o al menos fingiendo estarlo—-. ¡No puedes entrar en
una habitación donde están dos damas solas sin pedir permiso! ¿¡Qué hubiera pasado si nos estuviéramos vistiendo!?
 
—Yo misma le dije eso, señorita Flower —dijo María apenada—. Pero no me hizo ni caso.
 
—En primer lugar, ustedes no usan ropa. En segundo lugar, técnicamente no entré, sigo afuera y, en tercer lugar, soy tu hermano mayor así que te aguantas, ¿a dónde van?
 
—Vamos a ir de compras.
 
—¿Con qué dinero?
 
—Las hembras no necesitamos dinero para ir de compras… supongo…
 
El tipo siniestro abrió sus ojos sorprendido.
 
—¿¡Van a robar!?
 
—¿¡Qué te importa? Vámonos.
 
Con estas palabras, la joven pasó por delante de su hermano. La glameow miró a Leandro una vez más antes de seguirle.
 
Las estudiantes de Candelor cruzaron el lindo y extenso jardín repleto de flores y adornos horrendos hasta donde alcanzaba la vista, como un swanna de plástico, para llegar al portón que les dirigiría a las calles de North Marine Star. A Laura le llamaba la atención estar en un lugar en el que las casas no tenían agujeros indeseados, ventanas rotas ni pintura descarapelada. Era un sitio bastante tranquilo con pequeños niños las partes delanteras de los hogares siendo cuidados por sirvientas, arbustos que servían de muralla natural para evitar la entrada de cualquier indeseable de su categoría y guardias patrullando las calles de manera casi innecesaria.
 
La tranquilidad en el ambiente era tan apabullante que no imaginaba a nadie de su barrio queriendo robar algo o siquiera pisar ese lugar de cualquier forma. Era como si un gran diamante cubriera el bucólico paisaje; un diamante tan bello que un verdadero bastardo tendrías que ser para poder romperlo con tu martillo de inmundicia. Aunque claro que en el fondo sabía, mientras caminaba junto a su nueva amiga, que estas reflexiones eran dignas de la inocencia de una colegiala inocente de alta clase y que siempre habría alguien tan malvado como para agujerear hasta el más bello cuadro.
 
«A lo mejor es contagioso» pensó la señorita Miller.
II
A cualquier pokémon que le preguntaras, perteneciese al lugar donde perteneciese, te diría que Villa Celebi era un pueblo aparte del afamado Puerto Lugia, aunque en realidad de manera oficial las dos fueran parte de la misma población. No podríamos culparlos ni nada de eso, después de todo no compartían nada; cada una tenía sus oficinas del gobierno, hospitales, escuelas, zonas comerciales y otras cosas. Una muchacha podría vivir en una de las dos partes sin conocer a la otra el resto de su vida, salvo porque haya obtenido una entrada a un evento de otra zona, trabajara en cualquiera de las dos o en caso de que viviera en la zona pudiente, se estuviese quedando sin dinero, teniendo que ir a escondidas a Villa Celebi para disfrutar de la sanidad pública deficiente.
 
Algunos habitantes de cualquiera de las dos partes visitaban a la otra por mera curiosidad; escritores o pensadores que tenían romantizados a los de la clase baja, una chica humilde con ganas de conocer la buena vida de vistas, entre otras razones. Las dos estudiantes de la secundaria Candelor pertenecían a este grupo, las mismas que acababan de llegar al único camino que unía el glamour con la vida sencilla. El nombre oficial de la ruta era “Camino Del Bienaventurado”, pero cada zona tenía su propio nombre; el “Camino al Cielo” según los propios habitantes de Villa Celebi y el “Camino al infierno” según los de North Marine Star y demás zonas de categoría.
 
Se trataba de un sendero de piedra con estatuas de nidorino a los lados. En la zona correspondiente a donde estaban nuestras chicas en ese momento, el cobre seguía reluciente con un lindo olor a limón impregnado en la superficie, mientras que las del otro lado estaba negruzca por el paso del tiempo, llena de grafitis y oliendo a ciertos fluidos corporales que no mencionaremos para evitarnos una restricción de edad o algo por el estilo.
 
Aunque Laura cruzaba el sendero a diario e incluso lo cruzó esa mañana para ir a casa de Denisse, no dejaba de causarle desasosiego, teniendo el presentimiento de que el objetivo de quien puso el camino era dejarle claro a los dos bandos que pertenecían a mundos diferentes, tanto que la única entrada era una estrecha ruta que solía taparse a menudo con basura. Aparte de que estaba custodiada por un viejo krokorok esquelético en Villa Celebi y un imponente turtonator en el lado de Puerto Lugia, como si las diferencias no fueran más que evidentes.
 
No podían prohibirle el paso a nadie, eso iría en contra de las leyes de la región de Insel o algo por el estilo, así que no les hicieron muchas preguntas antes de que las dejaran pasar. En cuanto estaban dispuestas a cruzar el camino, el sonido delicado de un motor lejano les hizo detenerse hasta que se dieron cuenta de que el sonido no tenía nada de inorgánico. Un zumbido fue lo único que dejó el paso de un rápido tipo bicho color morado que cruzó el sendero con rapidez, seguido de un sceptile que hacía lo que podía mientras sostenía su gorro de guardia.
 
—¡Detengan al ladrón!
 
Unos metros por detrás, una oscura dama corría tras los dos pokémon, levantando un poco la falda. Alrededor del cuello lucía una pomposa bufanda de color blanco, que sería de lo más estúpido en este pueblo donde hace calor todo el año si no fuera porque la portaba un tipo hielo. La jynx llegó jadeante junto a la tortuga de fuego, quien intentó acercarse solo para ser apartado. La señora de sociedad se ajustó la prenda mirando con indignación al policía.
 
—¿¡Por qué dejan entrar a esos asquerosos seres!? ¡No puedo creer que esa asquerosa piel me tocara, espero no agarrar un sarpullido!
 
—Señora… no podemos negarle la entrada a nadie. Esta en la ley.
 
—¿¡De que sirve la ley si no protege a los dignos pokémon que pagan sus impuestos!? ¡Esos asquerosos pobres piojosos tienen que quedarse en su lado! ¡No tienen nada que hacer aquí! ¿No es así, señoritas?
 
—Sí, tiene usted la razón —dijo Denisse alegre.
 
Laura le fulminó la mirada y la eevee le guiñó el ojo en respuesta.
 
—Menos mal que las muchachas de ahora tienen la cabeza bien amueblada.
 
El tipo planta volvió con su piel empapada en sudor. Le susurró algo a su compañero, el cual asintió.
 
—Lo siento. El agente hizo lo que pudo, pero el delincuente se escapó.
 
—No intenta…
 
—Se escapó.
 
—Pero…
 
—Se escapó.
 
La jynx lanzó un gruñido al aire. Denisse sonrió.
 
—¿Me permite su nombre, señora?
 
La tipo psíquico dejó su berrinche para responder la pregunta con la dignidad que le quedaba.
 
—Soy la Señora Scarlet. Supongo que reconocerán el apellido de la fábrica de chocolates que cierra tratos millonarios con diferentes empresarios, incluso con el mismísimo señor Flower.
 
Denisse hizo una ligera mueca que desapareció en un parpadeo.
 
—¡Nosotros podemos ir tras ese criminal!
 
—¿¡Qué!? —exclamaron las dos al unísono.
 
—¡Ni que Arceus lo quiera! —exclamó la señora Scarlet—. ¡Eso no es trabajo para unas señoritas indefensas como ustedes! ¡No quiero tener ninguna desgracia en mi conciencia!
 
—Mi amiga está en el club de lucha de la secundaria Candelor
 
—¿Eso es verdad?
 
La mirada de expectativa desperada de la hembra le hizo asentir. La jynx suspiró de alivio.
 
—Bueno, se lo dejo en sus manos, patas, aletas, lo que sea. Me robaron un lindo bolso color tinto Chandelier que me regaló mi marido para mi cumpleaños. Dentro estaba mi celular Poképhone Z. Aquí tienes.
 
De los pliegues de su falda sacó una máquina que dejó en las patas de la eevee, luego se retiró por donde había venido. El aparato consistía en una sencilla pantalla con un punto rojo en ella.
 
—Es un radar —explicó—. Los celulares de la marca Poképhone tienen un chip integrado. Espero que puedan recuperar el bolso, me encanta esa flor…
 
Después de eso, la señora se retiró.
 
—Estoy segura que con tu as podemos atrapar a esa delincuente. Has seguido yendo al club de la lucha junto a Michelle, ¿no? Confío en ti.
 
Una parte de ella tenía ganas de irse, pero no quería abandonar a su compañera en este momento, aunque su sentido común le gritara que saliera corriendo de ahí. Aun no sabía porque había adquirido este poder, pero era claro que contaba con su ayuda. No quería volver a traicionar la confianza de nadie ni tampoco abandonarla como hizo con sus amigas de la anterior escuela o como lo hicieron con ella, en uno de esos días después de la evolución de su madre.
 
—Sí, vamos. —murmuró sencillamente.
 
III
 
La plaza Celebi, cuya razón de porque tenía su nombre era un misterio, era el mismísimo centro de Villa Celebi de la cualsalían varios caminos a los distintos barrios, al igual que los tentáculos de un octillery . En lo personal, Laura creía que el nombre no era más que una burla muy divertida, como remarcando el daño que le había hecho el tiempo a la zona comercial. La mayoría de locales estaban abandonados y en pésimo estado, con letreros que nadie se molestaría en girar para cambiarlos de abierto a cerrado, aunque los que estaban funcionando no se encontraban mucho mejor. Las tiendas de ropa, de comestibles, los bares de mala muerte, todos estaban mezclados sin ningún orden en especial o alguna distribución.
 
Era un lugar encantador; las señoras llevaban sus bolsas de compra, los niños jugaban con pelotas desinfladas, los señores estaban apostados en las esquinas mientras hablaban entre sí, las escuelas estaban desiertas y unos chicos trasteaban con una maquina arcade para tratar de quitarle el dinero; uno de ellos estaba vigilando para que la que atendía el negocio no viera ese intento de robo tan descarado. Una gota de sudor corriendo por su rostro le susurró que también hacía más calor que en el resto del pueblo, seguro que por la falta de arbolitos que amenizaron el lugar y dieran un poco de oxígeno o algo.
 
—Es por ahí —dijo la eevee señalando uno de los callejones.

Laura erizó su lomo

—¡Tenemos que apurarnos! ¡Puede que no haya entrado todavía!
Al igual que como lo pensaba, la señorita Miller iba a ser una buena guía para ella en estas tierras inhóspitas. Ya estaba temblando de la emoción de tan solo pensar en las miles de aventuras que le esperaban en este tipo de sitios. Su compañera comenzó a caminar con gracilidad como solo una gata sabe hacerlo mientras ella trataba de seguirle el paso. Se movía con tanta agilidad que varias veces Laura tuvo que detenerse para no dejarla atrás.
 
—¡Te mueves demasiado rápido! —protestó Denisse tratando de agarrar aire.
 
—Me conozco este lugar como la almohadilla de mi pata —comentó Laura sin bajar el ritmo—. Siempre me ha gustado pasear sola, desde que era niña.
 
Después de unos minutos, llegaron frente a uno de los diversos caminos que rodeaban Plaza Celebi. Ese en particular era bastante feo. Desde ahí podían ver agresivos grafitis pintados en las paredes de los callejones. Denisse comenzó a avanzar hacia él viendo como los pitidos del pequeño aparato se hacían cada vez más fuertes. Se quedó quieta un poco para darse cuenta de que el punto rojo seguía moviéndose. Sin duda, el delincuente estaba desplazándose. De pronto, algo peludo le agarró del cuello y la jaló con brusquedad
 
—¿Qué pasa? —preguntó confundida.
 
—Es el barrio De La Mariposa. Ahí viven los tipos bicho.
 
—¿Cuál es el problema?
 
—Los tipos bicho son violentos y odian a los demás pokémon.
 
—¡Eso es xenofobia, Laura!
 
—¡Es la verdad! —insistió la glameow—. Si vivieras en esta villa, te darías cuenta que el mundo no es una bolita de cottonee donde todos se llevan bien y se dan abrazos.
 
—Los genocidios no son prácticos en las dictaduras, ¡gastan muchos recursos!
 
—¿¡Quieres imponer una dictadura!?
 
—¡Claro que no! Solo quiero ponerme en el poder y mantenerme ahí para siempre.
 
—¡Eso es una dictadura!
 
Denisse desvió la mirada.
 
—Prefiero llamarlo monarquía forzada, pero ese no es el punto. No tienes que dejar que los prejuicios te cieguen, Laura.

Seguro que habrá bichos buenos que nos ayuden a atrapar al criminal.
 
Laura suspiró.
 
—No creo, pero diga lo que diga no me vas a hacer caso, así que vamos a hacer esto rápido.
 
—Por fin lo entiendes.
 
IV
 
Las casas y negocios del barrio De la Mariposa no estaban diseñados para pokémon que no tuvieran nada qué hacer ahí; eran edificios puestos en lo alto de pilares de madera. Los insectos que tenían alas podían volar de puerta en puerta con facilidad mientras que los que no las tenían hacían uso de sus telarañas, sus patas hechas para escalar, sus cuerdas de seda o cualquier otra herramienta que les permitiera subirse. Las calles no estaban pavimentadas ni tampoco hacía mucha falta.
 
Si una cosa buena podemos decir de los bichos, es que se ayudaban entre sí, siempre y cuando alguien no mirara feo a alguien o se quedara con la vivillon esa que tenía buenas alas. Las señoras de ojos compuestos salían en grupo para hacer mandados fuera del barrio, los señores podían arreglárselas para salir solos y se quedaban a platicar en los porches elevados de sus casas o bebían en el bar cercano. Los jóvenes eran los que más salían para robar o simplemente para pasarla bien. Skkar era uno de esos jóvenes, o al menos lo fue alguna vez hace seis años, pero no hacía ninguna de las dos cosas.
 
Bueno, puede que tal vez la primera… un poquito.
 
—¿Cómo me decías que se llamaba? —preguntó el scolipede frente a su puesto donde vendía cosas varias.
 
—Poquefon o algo así. Viene con un jueguito de esos que juntas dulcecitos y se rompen y todo es muy divertido. A los niños les debe de encantar.
 
El tipo veneno frunció el ceño.
 
—Supongo que se lo puedo encajar a una seño, pero tengo una pregunta que hacerte, ¿por qué llevas bolso? ¿Te volviste marica? ¡Hasta tiene una florecita rosa!
 
—¿Este? —preguntó el butterfree alzando el bolso morado—. Se lo robé a una señora.
 
—¿Solo tenía ese celular?
 
La mariposa asintió.
 
—Maquillaje, pero no creo que funcione con la piel de las señoritas de acá.
 
El scolipede entrecerró los ojos.
 
—¿Esa flor es cara?
 
—¡No! —respondió inmediatamente.
 
—Te conozco desde que eras un caterpie, Skkar . Estoy seguro de que me estas mintiendo.
 
—Claro que no. Me tengo que ir, espero mi dinero.
 
—¿A dónde vas?
 
Skkar comenzó a sacudir sus alas.
 
—Al cementerio.
 
V
 
En cuanto el butterfree ya había volado a unos metros del insecto vendedor, las dos estudiantes entraron al camino recto que era el barrio de la mariposa, dándose cuenta de la peculiaridad de las casas elevadas. Mientras su amiga miraba a todos lados, Denisse se apresuró en revisar el radar, para enterarse de que el puntito rojo que representaba el celular de alta gama estaba completamente quieto. Se lo mostró a Laura para después explicarle al recordar que no entendía nada.
 
—El Poképhone no se está moviendo.
 
—Eso quiere decir que el tipo dejo el celular en un lado. A lo mejor ya lo vendió.
 
—¿Tan pronto?
 
La glameow sonrió.
 
—Te sorprenderías.
 
El radar comenzó a pitar con fuerza como si estuviera a punto de explotar.
 
Las dos estudiantes miraron adelante; un bicho rojo con patrones morados tenía una manta frente a él donde exhibía múltiples artículos robados por los jóvenes del pueblo o encontrados por el propio scolipede que no se veía como alguien que tuviera mucho que hacer. La eevee era capaz de reconocer varios de esos artículos; un trozo de una hoja de papel hecho por Industrias Darling, varios fragmentos de jarrones diversos, bolsos de alta calidad que iban a terminar siendo pañaleras y el Pokephone Z. Seguramente pensaba desarmarlo y aunque ella podría arreglarlo de nuevo, le daba bastante pereza.
 
—Ahí está. Ya llevamos un tiempo caminando y no ha venido a nadie a asaltarnos —dijo Denisse con cierto deje de decepción—. Eres una prejuiciosa, Laura.
 
—Sí, puede que haya exagerado un po…
 
—¡Este es un asalto! —exclamó un beedrill apuntando con sus aguijones.
 
Antes de que tuvieran tiempo de asustarse, un scyther aterrizó y trató de lanzar un navajazo a la abeja quien esquivó por poco.
 
—¡Este asalto me toca a mí!
 
—¡No, ya habíamos quedado que el siguiente asalto iba ser mío!
 
—¡Eres un mentiroso, hermano! ¡Ya hiciste cuatro asaltos la semana pasada!
 
—¡Pero esos fueron afuera! —insistió el otro pokémon—. ¡No todos los días se encuentran muchachas imbéciles que entran para morir!
 
El pokémon de las cuchillas suspiró.
 
—Mira, si quieres nos repartimos mitad y mitad. Si fueran un poquito más grandes, me podría quedar con las chicas y tú con las cosas —reflexionó el bicho verde.
 
El beedrill sonrió.
 
—Es bueno que respetes la inocencia de las señoritas, compadre.
 
—Lo sé, la última vez…
 
—Aprovechemos para huir —susurró la glameow.
 
—Tengo una idea mejor —respondió Denisse sacando un encendedor de su pelaje—. Solo tienes que confiar en mí y enrollar esto con tu cola.
 
Aunque no estaba del todo convencida, obedeció.
 
—Ahora gíralo cuando yo te diga, pero no lo sueltes.
 
Laura activó la rotación en el momento que una vaga llama apareció. Su cola se prendió como si fuera la de un ponyta. Nubes de humo negro comenzaron a subir al cielo. Las puertas de los bichos que estaban asomándose desde arriba, algunos esperando su oportunidad, comenzaron a cerrarse ante ese espectáculo. Sintió un ligero dolor, pero no era peor que lo que podrían hacer los pokémon del lugar. Si los insectos eran espantados por el humo, era porque lo que lo provocaba podía matarlos en segundos.
 
—¿¡No podías haber encendido tu cola!? —gritó Laura mientras corrían hacia el vendedor.
 
—Mi cola es más bonita que la tuya. Sería una lástima que se quemara.
 
El scolipede ya estaba intentando huir con la manta a la espalda cuando un Cola Férrea de la eevee le golpeó en su cara. No tardó en encontrar el aparato rectangular alargado que era el poképhone Z. A continuación, se inclinó sobre el tipo bicho con una sonrisa burlona en el hocico, combinada con la frustración de no encontrar el bolso en ese sitio. Mientras la gata agitaba su cola para evitar de que el fuego le llegue hasta el trasero, Denisse revisaba las cosas del vendedor, sin ningún éxito.
 
—¡No hay nada, Laura!
 
—Al menos tenemos el celular. Deberíamos irnos antes de que espabilen.
 
—¡No podemos! —protestó la zorra—. ¡Aún no tenemos el bolso y las líderes mundiales no hacen las cosas a medias!
 
—¡Mi cola se va quedar a medias si sigue quemándose!
 
De mala gana, Denisse puso la manta del vendedor cerca del fuego, prendiéndola en llamas para después apagar la cola con un soplido. Dejó la tela en el suelo para que siguiera soltando humo.
 
—¡Te quejas demasiado, Laura!, ¡no era para tanto!
 
La glameow suspiró, viendo su cola sin pelo.
 
—Necesitare más vendas
 
—¡Mi manta! —gritó el tipo veneno echado en la tierra—. ¡Acabas de arruinar mi negocio, muchacha tonta!
 
—¡Cierto! —exclamó la eevee—. Aún no he terminado, gracias por recordármelo.
 
La tipo normal hizo ademán de agarrar uno de los artículos del escolopendra.
 
—¡Espera! ¿¡Quieren el bolso ese!? ¡Lo tiene ese mocoso!, ¡está en el cementerio!
 
Denisse alzó una ceja.
 
—¿Dónde está el cementerio?
 
—¡Este barrio es un camino recto, solo síganlo!
 
La señorita Miller suspiró; al parecer esto iba tomar más tiempo antes de echarse en la cama. Si tan solo se hubiera quedado en casa…, pero era demasiado tarde. Los cementerios de los bichos tenían ciertas particularidades; la mayor parte del subsuelo del camposanto estaba vacío porque los cuerpos de los insectos no solían tener huesos y se descomponían como si nunca hubiesen estado ahí. Aparte de no salvaguardar absolutamente nada, las sencillas tumbas de madera eran pequeñas por el tamaño general de los pokémon de este tipo. Las pocas flores que había estaban resecas, tiradas en la tierra árida.
 
El pelaje de las dos estudiantes comenzó a humedecerse por el calor mientras veían hacia adelante. Una mariposa morada con alas blancas estaba frente a una tumba. A pie de esta, se encontraban un montón de flores rosadas, pero lo importante era que el bolso color tinto estaba un poco más al lado. Después de fijarse con atención, se dieron cuenta de que estaba intentando arrancar algo del artículo; otra de esas flores rosas que un diseñador había decidido colocar como adorno.
 
—Agarremos el bolso cuando se…
 
—Disculpe —preguntó Denisse tranquila para el nerviosismo de Laura—. ¿Qué está haciendo?
 
La mariposa se volteó. Una cicatriz le cubría su ojo compuesto izquierdo.
 
—Una escalera al cielo, ¿no conocen la leyenda de las gracídeas?
 
«¿¡Por qué no le estamos golpeando ahora mismo!?» pensó la glameow agarrando un escombro con su cola.
 
—Existía la leyenda de un pokémon llamado Shaymin quien con ayuda de esta flor podía llegar al cielo. Pero como sea, ¿qué hacen aquí en nuestro barrio?
 
—Queremos esa bolsa —explicó la eevee—. Necesitamos devolvérsela a la señora que se la robaste.
 
Laura estalló.
 
—¿¡Crees que va ser así de fa...
 
—Claro —aceptó Skkar.
 
—¿Eh?
 
—Después de todo, solo quiero la gracídea.
 
Denisse vaciló un poco.
 
—No creo que la señora Scarlet se conforme con eso…a ella le encantaba esa flor.
 
Skkar sonrió.
 
—¿Scarlet? A mi madre le encantaban esos chocolates. Lastima que no pueda devolver la flor.
 
La mariposa sacó una pequeña navaja, despegando la flor del bolso con un rápido movimiento.
 
—Mi escalera al cielo ya está completa.
 
Al pronunciar esas palabras, Skkar juntó las flores en un ramo, después comenzó a volar. Ante la sorprendida mirada de Laura, la mariposa arrancaba los pétalos y estos subían al cielo para formar escalones de arriba hacia abajo. Un instinto, también conocido como el sentido común, le hizo aventar el guijarro. Aunque su entrenamiento en el club de la lucha le ayudó a agarrar objetos más pequeños, no le guiaron nada en la puntería, por lo que el golpe falló. Siguió aventando guijarros que tenía a la pata (o más bien a la cola), pero seguía fallando y Skkar seguía subiendo, formando más escalones mientras que Denisse miraba en silencio.
 
—¡Laura, hazme girar y lánzame!
 
—¿En qué estás pensando?
 
—Acabamos de comer en mi casa, ¿no? Tengo una idea.
 
—Pero…
 
—¡Vamos!
 
La glameow enredó su rabo (con cuidado de no agarrar nada raro) en el vientre de su amiga, luego la lanzó hacia el butterfree. En cuanto estaba a punto de preguntarse sobre la necesidad de ese acto, un líquido en el que reconocía las bayas de la tarde salió expulsado de Denisse que estaba girando como un trompo en el aire. En el momento exacto en que Skkar colocaba el último escalón y una luz comenzaba a deslumbrarse en el cielo, el vómito impactó en su rostro, haciéndolo caer inconsciente en el suelo.
 
Denisse aterrizó bastante mareada, pero de pie.
 
—Eso fue asqueroso—murmuró Laura—. Agarremos el bolso y vámonos.
 
—Sí —asintió Denisse con mala cara—. Me lo tendré que llevar a mi casa para arreglarlo.
 
La glameow asintió, pero no estaba prestando atención a la eevee. La supuesta escalera al cielo aún no había desaparecido.
 
—Denisse, ¿me prestas tu encendedor?
 

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Buenas noches. Espero no tener que explicar el motivo de este capítulo. En el siguiente empieza la trama como tal.

@PKMNfanSakura Me alegro que te haya gustado este personaje. Como tú dices, es la más amable de las tres, pero esta dispuesta a meterse a los vergazos si es para ayudar a alguien.

Michelle forma parte del grupo de forma oficial en el siguiente capítulo. Espero que te guste si decides leerlo. 
[Imagen: FsUUXVs.png]
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