Oneshot- Descenso.

ExtensiónOneshot
FranquiciaCoregames
GéneroSuspensoTerror
Resumen

Ellos no te entienden, no ven a la grandeza a la que estás destinado. A través de sus ojos, es cuando puedes ver la fantasía que se te ha arrebatado.

AdvertenciaMutilacionesTrastornos mentalesSuicidio/Intento de
#1
Descenso
La ciudad se había vuelto una masa gris y deforme a sus ojos, cansados y sin ese jubilo de antes. Había llegado a Luminose con dieciocho años y ahora con veinticinco, se había acostumbrado a las calles ruidosas y al ritmo agitado de la ciudad. Para él todo se veía igual, y ya nada parecía sorprenderlo.

Había llegado ahí como un escape a su entorno familiar, con una madre ausente, una hermana estrella que opacaba todos sus logros y un padre desobligado y alcohólico. Luminose no fue un lugar al azar, pues lo había elegido por su excelente calidad de vida, buenos trabajos y porque servía como punto de inicio para su pujante carrera como criador Pokémon.

El inicio fue demasiado duro, pues sin un techo para vivir ni nada para alimentarse, se la pasó en diversos trabajos temporales malpagados para poder hacerse de un hueco en la ciudad; su primer apartamento era asqueroso, y su primer empleo era insufrible, pero al menos pudo mejorar su situación en poco menos de un año gracias a su constante esfuerzo.

Sin embargo, su carrera como criador nunca pudo despegar como quiso. Sus clientes se quejaban de que era demasiado serio y desconectado, que no era amable ni cálido, que parecía verlos siempre con inferioridad y tratarlos de forma fría; también solían quejarse de que los cuidados proporcionados a sus Pokémon eran regulares o, a veces, de mala calidad y las crías que solía vender no eran nada excepcional para una ciudad que se regocijaba en tener huevos de la mejor sangre a precios competitivos.

El constante mal trato y la dura competencia hizo que abandonara sus sueños de dedicarse en corazón y alma a los Pokémon. Su negoció cerró en menos de dos años y ahora no era más que una sombra de lo que había sido; un adulto amargado, encorvado, lleno de deudas, y el espíritu quebrado.

No vivía la mejor vida, pero al menos tenía para comer y mantenerse, su trabajo en la televisión de Luminose le daba lo suficiente para pagarle los diversos préstamos al banco y le quedaba todavía un poco para subsistir de forma apretada.

«Pero ya no más.»

Apretó los puños de forma inconsciente al recordar los sucesos de ese día. Había sido un día demasiado agitado dado que la campeona de la región, Diantha, había concedido una entrevista exclusiva con la cadena, así que el personal debía trabajar horas extras y con el doble de esfuerzo para que todo quedara listo para el recibimiento de tan magnánima figura. El suceso en sí no había sido el problema, sino todo lo que derivó después.

Entre cortes podía ver la actitud déspota de la mujer para con los menos afortunados, como él, con esas miradas de autosuficiencia cada vez que la entrevistadora le preguntaba sobre su carrera, su futuro, sus labores y sus Pokémon. Como se reía de la forma más fingida posible cuando le preguntaban sobre la crianza de sus bichos y eludía la pregunta con descaro; como cambiaba de tema tan visiblemente cuando una pregunta no le favorecía en lo absoluto.

Podía haberse tragado tanta hipocresía sin ningún problema, pero cuando la entrevistadora tocó el tema de los la creciente oleada de foráneos alojándose en la ciudad, no pudo evitar sentir como la mirada de la campeona se clavaba en él y lo veía con suma burla.

La verdad es que no se quedó a escuchar su respuesta, pues ese mismo momento dejó la cámara que sostenía y dio un salto al escenario para gritarle sus verdades. La muy cínica tuvo la osadía de sorprenderse, y el personal no tuvo más opción que interrumpir el programa en vivo y sacarlo de la tarima donde casi quería ahorcar a la campeona; le dijo de todo y no se dejó nada en el tintero de su mente.

La escena no solo le valió su despido, sino a que su jefe lo vetara de cada cadena televisiva posible de la región, arruinando su posibilidad de conseguir otro trabajo en el medio en cualquier puesto. Tenía algunos ahorros en su cuenta, pero no podría vivir de ellos durante mucho tiempo; malditos hipócritas. ¿Cómo él podía ser el único que veía esas muecas de superioridad, esa actitud elitista? No atacó a la campeona por él, sino por todos los criadores del mundo que se movían a la gran ciudad en busca de un futuro mejor.

Todos eran unas ratas.
2​
Del cielo comenzaron a caer pequeñas gotas de lluvia que se fueron intensificando a cada minuto, y en ese momento maldijo no haber traído un paraguas consigo. Se ajustó el abrigo y se puso la capucha rota, su departamento quedaba aun a unas cuantas manzanas, pero podía tomar un atajo que consistía en pasar por el antiguo puente de la ciudad, donde ahora se encontraba la zona marginada de la población. Desde hacía unos años se le consideraba una zona peligrosa, dada la cantidad de mendigos y ladrones que la habían hecho su hogar; pero no temía por su vida.

O al menos, ya le daba completamente igual.

Corrió por los diversos adoquines de piedra, saltando entre los diversos charcos de lluvia, sintiendo paso a paso como sus zapatos se empapaban y sus calcetines ahora no eran más que una masa apestosa y llena de agua. Las luces eran escasas y las sombras parecían cobrar vida a con cada segundo que pasaba; entes grotescos de color negro y ojos rojos se empezaban a dibujar bajo sus pies, y el aire parecía tornarse cada vez más frío y cortante.

Los ruidos eran lejanos pero bastante inquietantes y cada vagabundo que lo veía pasar lo miraba con malicia. Cuando pasó por debajo del viejo puente de piedra para poder tomar el aire y así descansar un poco de la lluvia, sus oídos captaron un pequeño sonido bastante débil que provenía de uno de los callejones aledaños.

Un llanto, un pequeño lamento. Un maullido perdido en la oscuridad de la noche.

Cuando recuperó el aliento su mente tuvo entonces un dilema; faltaban ya solo cinco cuadras más para llegar a su departamento, pero entonces ¿Debía seguir y llegar finalmente a la comodidad de su hogar, o por el contrario, quedarse bajo la lluvia quién sabe cuánto más para saciar su morbosa curiosidad? Antes de que su mente pudiera responder de la forma más sensata posible, sin embargo, su cuerpo se movió mucho antes, atraído por esa melancólica llamada.

Respiró profundamente y el vaho de su aliento se vio visible ante sus ojos. Estaba temblando de frío y seguramente pescaría un resfriado mañana, pero sus pies no paraban de moverse. Lento pero seguro, se acercó al callejón más descuidado de la avenida, y el más oscuro también; los ladrillos estaban casi destruidos y despintados, la pequeña acera que lo conectaba con el resto de la zona era solo un mar de grietas y asfalto fuera de lugar.
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El lugar era demasiado estrecho, apenas y cabía gracias a su gran contextura física. Y las sombras hacían el resto del escondrijo irreconocible.

No supo cómo, pero pudo guiarse a pesar de la penumbra de la zona sin sufrir daño alguno. El pequeño maullido se hacía cada vez más y más intenso, hasta que finalmente, después de algunos minutos de andar por el callejón, sus pies se tomaron con una pequeña forma ovoide que no dudó en chillar al sentir el pequeño puntapié.

Cuando se agachó para tomarlo entre brazos, notó que había poca resistencia de su parte. Su pelaje era suave y a pesar de estar sucio por las malas condiciones del ambiente, no perdía su textura, era pequeño, quizás un poco más que un Pikachu y su cola al tacto era de una curiosa forma ovoide con pequeñas protuberancias.

Salió con sumo cuidado del callejón, procurando no lastimar a la pequeña cosa bajo sus brazos en algún movimiento brusco. Escuchaba la respiración pausada de la criatura, así que hizo una nota mental de llevarla al Centro Pokémon lo más pronto posible para descartar una enfermedad grave.

Sin embargo, cuando sus ojos volvieron a ver la luz de la avenida, y su cuerpo fue expulsado completamente de la oscuridad absoluta, no pudo evitar voltear para saber qué tenía entre sus brazos.

Un Skitty, de unos cuantos meses quizás, desnutrido y tiritando de frío, con una oreja casi cercenada y ojos lagañosos por el descuido. La imagen le rompió el corazón y apretó más al pequeño contra su pecho, antes de volver a echarse a correr para evitar mojarse todavía más y empeorar el estado del Pokémon.

Las cuadras restantes fueron las mas tortuosas, pues por alguna razón sentía que el camino era eterno. Lo veía como una ilusión alargada, donde las calles perdían su forma y las farolas tomaban formas torcidas y grotescas; y la lluvia parecía caer cada vez con más intensidad, con más fuerza, impregnándose en su piel como hierro ardiente.
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Lo primero que hizo cuando abrió la puerta de su departamento fue quitarse el abrigo mojado y el calzado. Abrió la ducha y rogó porque el gas estuviera funcionando; afortunadamente cuando el agua se calentó, pudo meterse junto con el Skitty bajo el torrente de agua caliente sin temor alguno. Por mera inercia, quizás cuidado, apretó al pequeño gatito entre sus brazos para infundirle la seguridad necesaria; aunque con lo mal que se encontraba, apenas y pudo resistirse ante la ola de calor que inundó su cuerpo.

Él sonrió, viendo como Skitty parecía relajarse al verse en un lugar seguro; le quitó la mugre de su pelaje, y procuró ser lo suficientemente cuidadoso para lavar sus orejas, sus ojos y su cola. Lavó con suma delicadeza la herida aun punzante del pequeño felino, quién simplemente se dejó hacer; cuando terminó con su labor, Skitty ronroneó de forma débil y lamió a modo de agradecimiento.

Por un instante, él también se olvidó de sus problemas, de que ahora se encontraba desempleado y en una situación difícil. Sin embargo, cuando se encontró de pronto bajo frazadas y con el Skitty hecho bolita en una de las esquinas de su cama, resolvió que no sería como antes; no vendería a Skitty como lo hizo con el resto de sus compañeros para salir del apuro económico. Por una razón extraña, le dolía siquiera pensar en separarse del felino, así debía esforzarse más por encontrar otro trabajo más o menos decente sin tener que volver a las zonas de bajos recursos.

Siempre había tenido un lado suave por los Pokémon, y esta vez, no le fallaría a su nuevo amigo.
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Los primeros días no había nada fuera de lo común, había conseguido algo de comida para que Skitty pudiera alimentarse y le sorprendió que un cuerpo tan pequeño pudiera devorar cuatro latas de alimento en menos de diez minutos, sin pestañear, antes de volver a maullar para pedir más comida, dando a entender que seguía con hambre.

Algunas de sus cosas aparecían rotas o se habían perdido, pero la verdad es que eso no le importó. Los Skitty se caracterizaban por su actitud traviesa, destrozando todo lo que veían en cuanto tenían la más mínima oportunidad. Sin mencionar que era un Pokémon joven, pudo notarlo después de que empezó a engordar por sus cuantiosas comidas, su cuerpo era aun pequeño, y su pelaje era terso porque aun era su pelo de cachorro.

Unos seis meses, una hembra. En otros dos meses aproximadamente tendría su primer celo, según había estado revisando en las enciclopedias de la biblioteca de la ciudad cuando salía a buscar trabajo.

Mas su búsqueda iba de mal en peor, no lo querían de guardia de seguridad, no lo querían de limpia pisos, joder, ¡no lo querían tampoco como recolector de basura o para vaciar el drenaje! Todos los reclutadores siempre le deban una sonrisa condescendiente, aunque él podía ver la malicia e hipocresía en sus ojos, y con un tono fingido siempre le decían frases como:

—Lo sentimos Jonathan, estas sobre calificado para el trabajo.

U otras como:

—Tienes un perfil interesante, nosotros te llamaremos.

Mentiras, mentiras y más mentiras que salían de esos malditos con boca de estiércol. No podía seguir así, sus pocos ahorros cada día menguaban más y más gracias al voraz apetito de su pequeña adopción, y la renta estaba próxima.

Pero no iba a renunciar a Skitty, ni a su departamento que con tanto trabajo pudo conseguir. Seguiría buscando hasta encontrar algo, y con el dinero compraría un macho para su Skitty, de la especie que fuera mientras estuviera en el mismo grupo huevo, y así podría repuntar su fracasado negocio como criador Pokémon; y le demostraría a sus padres, le demostraría a los de la cadena de la televisión y a esa zorra de Diantha que él no era ningún perdedor sin aspiraciones y que podía valerse por si mismo.

Skitty era su adoración, pero sería un tonto si no se aprovechaba de la mina de oro que tenía frente a sus ojos. Después de todo, el felino era una especie exótica en Kalos y sus crías se venderían bien aun si no eran de la mejor sangre.

Pero los días seguían pasando, el Pokémon comía más y engordaba a una velocidad abrumante. Su cuerpo, antes esbelto y con el pelaje pegado a los huesos, ahora era mucho mas voluminoso y suave al tacto. Sus dientes se encajaban en la comida como pequeñas sierras, destrozandola en pocos bocados. Y el dinero iba más y más en escasez.
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La gordura de Skitty era equiparable a la disminución de sus ahorros, y él se notaba cada día más cansado y más apático. Ya no quería comer, pues prefería dárselo al Pokémon y su sueño era de mala calidad; seguía con las rondas diarias en la búsqueda de empleo, pero su mente se encontraba borrosa y ya no sabía que respondía ante las preguntas que le solían hacer.

Su mente era un caos gris, confuso y difuso. Durante una noche, Jonathan se despertó al escuchar varios pasos en su sala de estar, y se levantó en búsqueda de un ladrón; cuando prendió la luz, sin embargo, no había nada. Skitty en algún momento de la noche se había levantado y ahora dormía en la chimenea, pero el Pokémon aun con su peso actual, era incapaz de hacer pisadas tan resonantes.

Agachó la mirada y vio varias marcas de pies, daban círculos entre el sillón de su sala y la chimenea, para luego seguir hasta su habitación. Sin embargo no se habían robado nada ni le habían hecho daño, y las pisadas desaparecían en algún punto de los otros cuartos.

Aunque su inconsciente le decía que algo estaba mal, que algo muy raro estaba pasando, lo dejó pasar. Estaba cansado, con los ojos con una visión borrosa y podría estar delirando. Llamar a la policía sería inútil en esos casos y solo lo tacharían como un loco más en el vecindario.

Volvió a dormir, y a la mañana siguiente, las pisadas se habían ido. Un mal sueño, supuso, uno muy vívido, pero un mal sueño después de todo.

Unos días después, lo llamaron para que trabajara como dependiente de una tienda de accesorios para Performance. El horario apestaba, pero la paga era decente, y como trabajador, tenía descuento para lo que quisiera comprar dentro del establecimiento. Aceptó sin dudarlo más, y cuando se preparó para salir, se encontró con el cuerpo rechoncho de Skitty en la puerta, tratando de verlo de alguna forma bajo esos parpados rasgados. Se sintió incómodo y lo apartó suavemente para poder salir.

—Tengo trabajo al fin, Skitty. Podré volver a alimentarte como antes, y juntos saldremos de aquí.— Le dijo antes de cerrar la puerta.

Por alguna razón, sintió un escalofrío en su espalda.
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Podía escuchar sus risitas molestas, podía ver sus miradas de superioridad y arrogancia, como si ellas fueran las reinas del mundo y él sólo un vil plebeyo puesto en bandeja de plata para servirles. Esta vez no estaba escuchando cosas, viendo cosas, era real, podía jurar que era real; las chicas no disimulaban su mueca de asco cuando les entregaba el producto solicitado, ni dudaban en hablarle como a un retrasado cuando no cumplía con sus demandas (ya fuera porque no tenían stock, ya fuera porque ni siquiera vendían tal cosa).

Entraba a las siete de la mañana, se iba a las diez de la noche, y le pagaban seis mil pokedólares semanales. Sin embargo, él no era más que un muñeco del sistema; porque no importaba que tan bien le pagaran, no tenía ni voz, ni voto.

Tenía que tragarse sus insultos, sus comentarios mordaces y evitar hacer gestos de fastidio para no molestar a la selecta clientela que visitaba el establecimiento. Tampoco podía entablar conversación con las clientas si ellas no solicitaban su ayuda; no podía salir de la tienda hasta que terminara su turno, no podía recomendar artículos de otras tiendas, y debía saberse el catalogo al derecho y al revés. Su hora de comida estaba limitada a una sesión de diez minutos, para evitar que su productividad como empleado bajara si le concedían más tiempo para holgazanear.

No podía quejarse, pues era despido inmediato. No podía renunciar, pues su contrato estaba estipulado para terminar en dos años o volverse mediocre y esperar a su despido. Sin embargo, si optaba por lo último, sus oportunidades para conseguir trabajo se verían todavía más reducidas y sus puertas se cerrarían inevitablemente.

Tenía que esperar un poco más, juntar el dinero suficiente y volver a emprender su negocio de crianza para salir del agujero laboral y financiero en el que se encontraba. Skitty lo iba a sacar de ese hoyo, estaba seguro.

Dejó de divagar en cuanto una clienta tocó con suavidad su hombro y con una clara mueca de confusión se acercó a él con una caja que nunca antes había visto en su vida.

—Disculpe.— Empezó ella, con claro nerviosismo en su voz.—¿Tendrán en existencia…?

Silencio.

—¿Puede repetirlo, por favor?

—¿Si tiene…?

Mutismo absoluto.

Veía que su boca se movía y hacía ademanes con sus manos señalado la caja que tenía entre sus brazos, pero no escuchaba nada. Como si su voz de un momento a otro hubiera muerto, pero de alguna extraña forma, los sonidos del exterior siguieran presentes.

Donde los humanos no podían emitir palabra alguna.

Trató de preguntar otra vez, pero de sus labios solo escapó un sonido parecido a un lamento miserable. La mujer lo vio de forma confusa; volvió a tratar de hablar, pero en su garganta se había formando un nudo sanguinolento incapaz de dejarlo articular palabra.

El aire le faltaba, la respiración se agitaba. Puso sus manos en su garganta y sus uñas comenzaron a lacerar la piel como mero reflejo involuntario. Vio con horror como sus manos parecían moverse solas, desgarrando la carne con facilidad, tratando de buscar el impedimento que le obstaculizaba el habla.

De reojo vio a la mujer, quién ahora tenía una mueca desencajada, maliciosa. Aunque sus párpados se hubieran cerrado, formando una tenue línea, podía sentir como su mirada se le encajaba en lo más profundo de su alma. Ella entonces dejó caer la caja que había sostenido con tanto celo hace algunos momentos y caminó hacia él; sus manos habían mutado a unas garras, y con cada paso que daba, escuchaba el sonido familiar de un cascabel.

No podía moverse, y sus manos cada vez rascaban más y más, empapando su uniforme de sangre y trozos de piel. La mujer entonces delineó uno de sus parpados con una de sus filosas uñas, creándole una herida de la que brotaron tres gotas de sangre, las cuales aquel monstruo con leve semblanza humana, lamió con su lengua áspera cuando estuvo lo suficientemente cerca de su rostro. Su nariz ahora parecía una forma grotesca de cartílago amasado, simulando una nariz de gato con pequeños bigotes a cada lago. Su piel había tomado un color más cremoso y algo rosado.

Mas cuando la abominación trató de meter una de sus garras por su boca, sus manos entonces llegaron a su traquea, y tras un sonoro “crack” fue que pudo lanzar un grito de auxilio, no importandole si estaba muriendo, o si sus cuerdas vocales se estaban desgarrando.

Necesitaba ayuda.

Abrió los ojos entonces, un sudor frío recorriéndole el rostro, su respiración aun acelerada. Notó que estaba completo, no tenía rastros de sangre ni carne, y su voz parecía volver a su volumen normal. La mujer no se encontraba por ningún lado y la tienda se encontraba vacía.

Inmediatamente, fue al baño de empleados a echarse agua fría en la cara.

—Todo está bien.—Se dijo.— Sólo es el cansancio del empleo. Todo está bien, mamá y papá estaban equivocados. Todo está bien.

Vio el reloj de casualidad que colgaba de una de las paredes. Notó que solo habían pasado cinco minutos desde que tuvo esa extraña visión y su llegada al baño.

¿Era un sueño? ¿Algo de eso era real?

Pasaba mucho menos tiempo en casa ahora que era un asalariado, por ende, menos tiempo para educar a Skitty o pasar algún tiempo con su Pokémon. Sin embargo, eso no evitaba que se sintiera agotado, casi muerto. Su sueño empeoraba cada día más, a pesar de tener suficiente tiempo para tener un descanso reparador, y aunque no tenía pesadillas que lo mantuvieran despierto, se sentía incómodo y su cuerpo le demandaba estar constantemente alerta; pero no esperaba tener esos episodios tan pronto.

Aquella había sido la primera de sus alucinaciones en mucho, muchísimo tiempo.

Aun así, él podía salir adelante sin gastar en esos estúpidos medicamentos.
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Varias semanas de ahorro, de quitarse lujos y caprichos, pero pudo conseguirlo. Un Meowth macho, en perfecta edad reproductiva; no era de sangre real ni mucho menos, pero era un buen espécimen para empezar la crianza con Skitty. Su pelaje brillaba con el sol y la moneda de su frente relucía como si fuera oro puro; sus uñas estaban perfectamente cortadas, y todo en él era justamente lo que necesitaba para sacar a relucir el potencial de las crías.

Era de carácter afable, obediente, aunque a veces algo presuntuoso y orgulloso, con porte fino y cuando caminaba parecía una estrella. Seguro se llevaría bien con Skitty pensó, pues en su naturaleza juguetona y curiosa querría saber más de su nuevo compañero de juegos.

Cuando abrió la puerta de su departamento, el Meowth saltó de sus brazos como si fuera propulsado por un resorte e inmediatamente fue a cortejar a la hembra. Skitty lo recibió entonces con buenos ánimos y Jonathan los vio jugar por unos momentos antes de alistarse para trabajar.

Según su agenda, faltaban pocos días para que Skitty entrara en celo. Y entonces, todo estaría bien.

Cerró la puerta detrás de sí, con una sonrisa de satisfacción al ver como ambos mininos parecían llevarse maravilla.
9​
El celo llegó y Jonathan los encerró a ambos en una habitación para que pudieran aparearse sin problema alguno; rondaría de cuando en cuando para poder alimentarlos, pero de momento había dejado suficiente comida con ellos para que no tuvieran hambre en lo que él volvía a la tienda departamental.

A pesar de las miradas, a pesar de los murmullos y el elitismo, a él eso ya no le podría importar más que poco. Su paciencia estaba siendo bien recompensada, solo un poco más y todo habría acabado. Pero de momento no podía darse el lujo de hacer una escena, aún no era propicio.

Las alucinaciones tampoco habían vuelto a aparecer, lo que solo significaba que estaba en camino a la recuperación. Y Skitty estaba feliz, el cascabel de su cola tintineando era una hermosa melodía para sus oídos.

Skitty se encontraba feliz por su nuevo compañero de juegos y él, como consecuencia, también sentía ese regocijo en el pecho.

Después de todo, al parecer no hay nada que aparentemente el dinero no logre sanar.

Incluso los trastornos mentales.

Dio un último vistazo y sonrió para sí.
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Al tercer día dejó de escucharlos, pero no se alarmó, pues seguro estarían empollando los huevos que hubieran producido; la compatibilidad entre especies era bastante alta, y como antiguo aspirante a criador profesional, sabía que la producción de huevos no tomaba mucho, quizás solo unas cuantas horas. Pronto escucharía los llantos de las crías y raudales de dinero caerían a sus manos para que pudiera resurgir como la estrella que siempre había sido.

El turno había sido pesado, su jefe le había pedido que hiciera dos turnos extras y terminó saliendo del establecimiento hasta las dos de la madrugada. Sin embargo, su usualmente inflexible jefe le había dado como compensación el resto del día libre y, aunque no era mucho, podía quedarse descansado y jugar con sus Pokémon.

Había dormido cuatro horas y sentía el cuerpo de piedra, así que no dudó ni un segundo en prepararse un café para despertar. Tomó el periódico matutino y se dispuso a leer tranquilamente en su humilde comedor para espabilar completamente por el resto del día.

Un tintineo.

Dejó la taza de golpe, extrañado por el sonido. Skitty se encontraba en el último cuarto hasta el fondo del departamento, por lo que el ruido no debería sonar tan cercano.

Dos, tres, cuatro tintineos.

Se levantó y se rascó la nunca. ¿Acaso en una de sus visitas no habría cerrado correctamente la puerta? Si ese era el caso tanto Skitty como Meowth podrían haberse escapado, dejando sin cuidado a los huevos producidos y por consiguiente matar a las crías no notas. Aunque era improbable, considerando el gran instinto paterno y materno que cargaban ambas especies consigo.

El camino se le hizo eterno, como si sus pies estuvieran hechos de cemento, lentos, torpes, y sentía un frío inhumano. El cuerpo le temblaba y su mente divagaba en diversos caminos incongruentes, oscuros y sin sentido, viendo formas y espejismos que no estaban ahí; ojos rojos, sonrisas dentadas, sombras decadentes, y el sonido crecía, y crecía y crecía.

Sintió como unas manos huesudas reptaban por sus pies, como pequeñas garras se cavaban en su piel, y su mente escuchaba susurros en idiomas incomprensibles. El ambiente se volvió más tenso y aprensivo; su respiración fallaba y sintió un impulso malsano de correr, de huir. Su instinto estaba alerta, y sus ojos viajaban de forma paranoica a cada rincón de la casa, observando el lúgubre lugar en el que se había convertido su casa.

Cuando tomó el pomo de la puerta, su mente maquinaba todo diverso tipo de escenario.

Oscuridad y entonces...

Solo un sonido retumbó en toda la sala.

El sonido de huesos golpeando el suelo, el sonido de carne amasada chocando contra una superficie dura y luego algo una sensación fría. Un líquido espeso que no resaltaba en la negrura de la habitación. 

De pronto la luz del sol se hizo presente otra vez y vio que estaba parado sobre un charco de sangre.

La cabeza de Meowth yacía decapitada en el suelo. 

Gritó.
11​
La policía llegó en pocos minutos, alarmados por su llamada tan urgente. Pero cuando llegaron, no había nada.

Ni Meowth, ni sangre, ni cabeza. Todo estaba pulcro, limpio, sin rastros de violencia alguna.

Así que cerraron el caso en menos de media hora, ignorando las súplicas y gritos del loco que los había llamado.

Porque eso era ahora a sus ojos; un loco, un desvariado, alguien que no podía dejar las vivencias de su mente a raya del mundo real, provocando episodios de histeria que desvían la atención policial de problemas realmente graves, problemas reales, que eran mucho más horrendos que los delirios de cualquier lunático.

Seguro su Pokémon se habría escapado, harto de vivir con un entrenador tan decadente.

Cerraron la puerta tras de sí, sin ignorando los lamentos de aquel enfermo.

Y no miraron atrás.


12​
Lo que había visto era real, era real. Cuando los uniformados se fueron, la sangre volvió, el cadáver estaba ahí, viéndole con sus cuencas blancas y desencajadas, con su mandíbula desencajado en una perpetua mueca obscena y burlesca a partes iguales.

Skitty no estaba por ningún lado y temió. Temió por su adorada minina, porque desde que encontró al Meowth muerto no la había vuelto a ver; ¿el asesino se la habría llevado? ¿La estaría torturando como lo que hizo con el macho?

No podía volver con la policía, estaba seguro. Esos tontos uniformados no veían lo que el sí, no sentía lo que él sí; creyendo que sus problemas eran más importantes de los de cualquier otro. Con sus muecas de desagrado, su ayuda hipócrita y sus ademanes exagerados para mantenerlo a raya.

Esos ineptos habían preferido no ver la escena del crimen, la ignoraron a pesar de tenerla frente a sus narices y no pudieron más que decirle un montón de excusas patéticas sobre porque no podían (o querían) encargarse del caso. No había asesino ni asesinato, le dijeron, seguramente escapó, le dijeron.

Malditos corruptos, malditos hijos de puta. Siempre velando por su mísera existencia en vez de servir a los necesitados; seguro alguno de ellos era el asesino y los demás, como buenas ovejas, lo cubrían para salvaguardar el honor de su trabajo, para no levantar más pánico y desconfianza de lo que lo hacían.

Eran unos cerdos y por su culpa ahora Skitty estaría en quién sabe donde y no podía concebir la imagen de su Pokémon siendo torturada, asesinada, vuelta solo un manojo de sangre y carne colgante.

No podía perder su fuente de ingresos tan pronto.

Porque no quería volver a ese cuchitril del que había salido, a esa mala vida, a volver a ser un despojo de ser humano.

Escuchó unos pequeños pasos en la sala de estar, pero no veía a nadie. Inmediatamente se levantó y tomó un cuchillo de la cocina para defenderse de cualquier maestro del camuflaje que estuviera acechando en las sombras, esperando a que estuviera los suficientemente vulnerable como para asestarle un golpe de gracia.

Seguro era uno de esos uniformados, de esos cerdos malparidos que decían servir al prójimo.

Las pisadas estaban más cerca y resonaban por toda la casa.

Cuando sintió el suelo crujir bajo sus pies, cuando sintió ganas de impulsarse para atacar a esa amenaza, el cuerpo le falló. Colapsó, producto del cansancio y el estrés que terminaron por hacer ceder a su cuerpo.
13​
«Jonathan»

Esa voz.
«Jonathan, hijo mío, ¿porque no despiertas?»
La reconocería donde fuera.
«Jonathan, no olvides tomar tus medicinas.»
Esas voces.

No debería escuchar esas voces.

«Jonathan, ¿por qué nos hiciste esto?»

Abrió los ojos cuando sintió unas frías manos alrededor de su cuello.

—Hijo mío...—La voz de su madre ahora era mucho más grave, lúgubre.—¿Por qué saliste defectuoso?

Su madre no era más que un cadáver putrefacto, con las cuencas vacías, el cuello cercenado y el pecho apuñalado. Sonreía y sus dedos se afianzaban más y más a su cuello, tratando de ahorcarlo, mientras todos sus huesos crujían de forma inhumana con cada movimiento que hacía.

Como cuando la aventó de aquel barranco.

Trató de forcejear, pero su progenitora no cedía, se acercó a su rostro y con su aliento podrido le susurró las palabras incomprensibles que momentos antes había escuchado en el pasillo.

Por mero milagro logró reunir las suficientes fuerzas para quitársela de encima, y correr hacia el siguiente cuarto.

Unos ojos naranjas, los ojos de un demonio, refulgieron por leves milisegundos en la oscuridad antes de que cerrara la puerta.

—Hijo.—Escuchó a sus espaldas, proveniente de una figura deforme y maltrecha.—¿Por qué nos has abandonado?

Su cuello estaba roto, sus dedos tenían posiciones innaturales, sus pies torcidos y una hueco pequeño atravesándole el cráneo. A pesar de su estado maltrecho, el monstruo con figura de hombre cortó la distancia que los separaba de forma abrumadoramente rápida. Su madre estaba al otro extremo de la puerta, golpeandola, gritando, tratando de entrar por todos los medios. Su padre lo había acorralado entre el marco de la puerta.

El sonido de un cascabel.

La garganta de su madre se desgarró en un grito horroroso, un llanto de guerra, un llanto de dolor e ira inconmensurables. Clamando su sangre, clamando su alma.

Ojos de demonio que aparecían en la oscuridad a intervalos irregulares.

Su padre jadeaba como una bestia hambrienta.

Ojos que iban creciendo a cada golpe, a cada suspiro.

Y por alguna razón no podía pensar, no podía tratar de escapar. Su mente había quedado en blanco, reflejando a la nada; su cuerpo no reaccionaba.

Sus plegarias no serían oídas.

Mente en blanco, ojos en blanco, la garganta seca y sin capacidad de hablar.

Perdido en un mundo sombrío. Sin posibilidad de escapar.

Ahogándose en una pesadilla eterna.

—¿Qué hicimos para que nos asesinaras?—Preguntó entonces su padre, con su voz bestial.—¿Qué hicimos, Jonathan?

Un mar negro, sin luz, sin esperanza.

Su padre no esperó respuesta, forzó su mano derecha por la garganta de su hijo. Y Jonathan vio como de los labios de su padre salía una risa enferma. Una risa de ultratumba; carente de vida, carente de sentido, un sonido seco y estruendoso.

Su madre rompió la puerta poco después, y de nuevo vio esa sonrisa torcida, mientras su cuerpo trataba de traspasar de forma grotesca por el pequeño hueco que había logrado hacer en la madera de mala calidad en la puerta.

Ojos naranjas que nublaron su vista.
14​
Estaba en su cama, con Skitty hecha bolita en una de las esquinas de su colchón. Era de madrugada, lo supo por los pequeños rayos de alba que se colaban por su ventana.

Todo había sido un mal sueño.

Quizás si necesitaba sus medicinas después de todo.

Trató de levantarse, pero se sentía apresado en su propia cama. No se sentía pesado, tampoco cansado, pero era como si la fuerza de gravedad se dignara a cooperar con él de cualquier forma. Quizás solo era otro mal sueño, una parálisis de sueño que pasaría en unos leves momentos sin que forcejeara y se mantuviera tranquilo.

Se tumbó de nuevo, y de pura casualidad vio de reojo de nuevo a su mascota.

Skitty se había volteado.

No estaba dormida.

Su cola se agitaba vigorosamente, mientras sonido que producía, parecido a un cascabel, penetraba sus oídos con fuerza. Parecía sonreír, pero lo que más le llamó la atención a Jonathan fueron sus ojos.

Abiertos de par en par, viéndolo, escudriñándolo, penetrando cada centímetro de su ser, de su alma. Ojos naranjas endemoniados, ojos naranjas que eran mucho más grandes que sus cuencas.

Como los que había visto.

Un ronroneo, un encanto, y no pudo apartar su vista de él. Skitty entonces abrió la boca y mostró sus colmillos; colmillos que parecían cuchillas, filosos y triangulares que encajaban perfectamente en ese hocico tan pequeño.

Sus patas se iluminaron en un pequeño semicírculo y un pequeño destelló.

Vio los cuerpos.

Los cuerpos de sus padres, los cuerpos de los policías, los cuerpos de sus antiguos Pokémon.

Skitty entonces volvió a invocar su ataque de ayuda y sintió como una llamarada lo incineraba vivo.

No podía hablar, no podía gritar, estaba privado de cualquier tipo de comunicación. Sólo podía quedarse ahí, observando como su cuerpo era calcinado, como su piel se desprendía de su carne.

Solo podía derramar lagrimas mientras el dolor consumía su mente y sus sentidos.
15​
Otro despertar. Otra pesadilla.

Al menos eso pensó hasta que se encontró los mismos ojos demoníacos de antes.

Su cola se movía lentamente, y se encontraba sonriendo. Todo su pelaje tenía manchas rojas por doquier, incluso sus colmillos.

«No mires.»

Skitty le ronroneó y se metió debajo de las sábanas.

«No mires.»

Un dolor punzante.
«No mir...»
Alzó la sábana y se dio cuenta de que estaba en un charco de sangre.

Su torso era un festín de carne y vísceras.

Skitty las estaba devorando.

Entonces no supo que lo motivó, o que despertó en él, pero gritó, gritó tan fuerte que creyó que los pulmones se le acabarían. Gritó por ayuda, gritó de dolor.

Y lloró por su fatal destino.
16​
«Es tu castigo»
«Es tu condena»​
«Enfermo»​
«Tu nos asesinaste»​
«Y ella te asesinará a ti.»​
«Despierta»​
Al abrir sus ojos lo primero que vio fueron esos ojos malditos y ese rostro regordete cerca de su propia cara.

Pero esta vez podía moverse, no se sentía preso de un encanto y podía huir.

Botó de la cama como un resorte, y fue a la cocina a volver a tomar un cuchillo para defenderse. Volteó y ahí estaba ella, esperándole en la mesa de la cocina.

Dio otro brinco y saltó hacia el pasillo, pero también se encontraba ahí.

Se deslizó hacia la sala, pero sus ojos lo recibieron desde lo alto de la chimenea.

Trató de abrir la puerta de su apartamento, pero estaba cerrada.
Escuchó el cascabel.
—¡Alejate de mí!—Chilló en cuanto vio su cuerpo por uno de los rabillos del ojo. Siempre sonriente.
Un ronroneo de satisfacción.
—¡Te mataré si avanzas!—Amenazó con voz débil y alzó el cuchillo para probar su punto.
«¿No matarías a tu fuente de dinero, o sí?»
—¡No des un paso más!

La sonrisa se ensanchó más y la minina siguió avanzando.

Cuando la distancia que los separaba era mínima, ella saltó.

Él blandió el cuchillo en defensa propia.

Pero el metal traspasó el cuerpo de Skitty y terminó encajándose en su propia carne.

Cayó de rodillas, sintiendo el regusto metálico en sus labios.

Su aliento se hizo más lento.

Y lo último que vio fueron los colmillos ceñirse sobre su rostro y esos orbes anaranjados provenientes del mismo diablo.
17​
Los rayos del sol se colaron por las cortinas y golpearon su rostro; la sensación cálida golpeando sus mejillas fue suficiente para despertarlo.

Pastillas por doquier que no recordaba haber tomado.

Parpadeó y vio su departamento. No había rastros de Pokémon alguno, ni de forma reciente ni antigua. No había cuencos de comida, no había croquetas, ni juguetes ni cama.

Definitivamente, tampoco había un Skitty.

Por mera inercia se tocó el abdomen y se dio cuenta de que se encontraba sin herida o rasguño alguno.

Pero todo se había sentido tan real, y estaba seguro de que todo eso lo había vivido.

Era demasiado para ser un sueño, demasiado para ser una pesadilla.

Los recuerdos, las voces, los días…

Volvió a dar un vistazo, tratando de asimilar todo de la mejor manera posible. Tratando de convencerse de que aquello era demasiado bueno para ser verdad.

Esperaba que el sonido de un cascabel y unos orbes naranjas hicieran su presencia, ensombreciendo su mundo, haciéndolo girar en un espirar de desesperación y locura.

Pero solo podía escuchar el sonido del viento, y el latido desenfrenado de su propio corazón.

En las habitaciones no había nada, en la sala tampoco.

Como si todo se hubiera borrado en un santiamén.

Mas por alguna razón no podía dejar de sentir esa sensación de opresión en el pecho. Esa sensación de que algo estaba mal.

Skitty se había ido. ¿Pero realmente había estado ahí?

¿Quién era?

¿Qué era?

Después de todo...
«¿Qué había sido real y qué un delirio, una ilusión?»​
El dolor era real… había sido real…

«¿Mas entonces que era la realidad misma?»​

Quizás una configuración especial para no caer en la locura.
Escuchó entonces el tintineo de un cascabel...​




[Imagen: bAytj5K.jpg]
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#2
ok, no aconsejo que escuchen musica bien alegre mientran leen esto, que sera incomodo (pero gracioso)...

Sabes que tengo una gata que tiene la manía de mirar a la gente fijamente? No? Gracias, me has hecho tenerle grima por unos días xD De por si la mayoria de los que viven en mi casa le tienen grima a esa gata lol

ohh dude este tipo tiene la esquizofrenia metida hasta las entrañas, aunque la verdad no sé si la enfermedad funcione como en este fanfic, ya que el unico familiar que tengo con esquizofrenia para empezar ni tengo contacto con él y ni le conozco (además de ser un tio-abuelo).

Me dejó con un escalofrío, diría que fue muy largo el shot, pero supongo que fue por el bien de la atmosfera que, siento yo, estuvo bien lograda.

... ahora... intentaré no ver a mi gata a los ojos por unas horas xD
[Imagen: z5dVGtf.gif]
What is our destiny?
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#3
Si es depresivo as fuck y tiene enfermedades mentales o lesbianas (a veces ambas) sabemos que fue Doradito.

Pues a mí sí me gustó. Denso, pesado y ominoso, logra transmitir bien esa presión al lector.

La premisa es buena y se desarrolla bien, partiendo de un personaje que resulta ser más complejo de lo que parecía en un principio, y aunque tuviera sus malos momentos en que se volviera irascible, uno podría pensar que es a causa de la presión laboral hasta que se revelan sus antecedentes psicóticos.

Muy interesante la forma en que Skitty mas que ser el origen de su miedo sea un detonante o un primer atisbo de un brote esquizoide. Al final la pobre cosita ni culpa tenía (yo me supongo que sí existió, porque empezó a dejar de gastar en sí mismo a costa de ella, y por consiguiente a dejar de medicarse) pero habrá escapado, o muerto. Para el caso importa poco porque la batalla de Prota-kun es consigo mismo, y el verdadero demonio está hecho de sus traumas del pasado.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#4
Que miedoooooo, ya en serio, lograste un gran suspenso, lograste transmitir ese temor del protagonista, lograste hacer que me encariñara con el, por un momento me olvide de que era una historia explícita.

Me dije a mi mismo "Que bonito, logrará salir adelante :D" todo cayó como balde de agua cuando recordé que esto era una historia... de... terror...

No supe como reaccionar, me burle de mi mismo cuando lo recordé xD. Esto iba a terminar muy mal para nuestro protoagonista. Demonios internos persiguiendolo, su sed de ira y venganza lo consumieron por completo.

Lo que aún no me que claro es si en serio mató a sus padres, la verdad me quedé con la duda, al igual que con el co protagonista de esta pequeña historia. El endemoniado Skitty... ese pequeño gatito que dé tierno no tiene nada. Desde un principio sabía que ese sería un gran problema.

Algo tan adorable puede dar bastante miedo y lo admito... me asusté en la escena de la cama, cuando despierta y ve a su Pokemon, yo creí que todo había acabado, hasta que describiste al Pokemon, que sus característicos ojos cerrados tipo brock se encontraban abiertos, tan abiertos y de un color anaranjado. Wowowowowow eso me lo imaginé y tuve una leve aceleración en mi corazón, sentí eso que querías transmitir.

Mamá mía Gold, esto te salió muy bien te felicito. Creo que eso sería todo es lo que siento respecto a este shot. Bueno algo más que decir es... ese final un poco cliché pero tal vez necesario, estoy seguro que o lo mato o todo era una pesadilla y despertará en con una Psiquiatría o como se llama jaja.

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#5
Cuentos de horror con gatos pocos he leído.

A esto llamo yo todo un festín de demencia. Alucinar cosas y no saber si son reales o no, que lo que pienses que en verdad es real desaperece repentinamente, un caso de asesinato que te hace dudar si en verdad pasó o no porque no queda claro.

Hasta me hace pensar un poco en "El Gato Negro" de Edgar Allan Poe por el concepto de un gato atormentando a un asesino que no ha sido castigado por sus pecados, solo que aquí no sabemos si en verdad hay un asesino.
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