Colectivo- Crónica de dos sueños entrelazados

Extension largaColectivo
FranquiciaOriginal
GéneroAmistadAventura
Resumen

Dos mellizos se embarcan en una gran aventura para cumplir su sueño de convertirse en los mejores domadragones del mundo. Saben que no se trata de una tarea fácil pero no serán conscientes de lo que de verdad les aguarda hasta que empiecen su viaje.

#1
ÍNDICE

Mostrar Introducción
¡Bienvenidos seáis todos al fic de los dracotwins! Por fin, este proyecto que llevamos meses preparando mi compa @Fafnir y yo sale a la luz. Muchos sabéis de qué va pero por si acaso alguien no se ha enterado este será un longfic colectivo que narrará las aventuras de dos mellizos, Arne y Aila, que sueñan con convertirse en los mejores domadragones del mundo. Esta historia nace del amor que Fafnir y yo compartimos por los dragones así que miradlo como nuestra oportunidad para fangirlear sobre ellos y llenar la cuevita del mejor tipo que existe, porque no nos basta con los noivern que pululan por ahí. Cada uno escribirá y subirá un capítulo, así que si yo subo el primero él subirá el segundo, yo el tercero y así, pero que conste que la planificación de la historia es conjunta. Esperamos que disfrutéis de la lectura y que acabéis tomándole cariño tanto a los mellizos como a los pokémon que los acompañan <3

Capítulo 1: Todo comienzo tiene su parte previa

Capítulo 2: Cuando Kyurem sonríe

Capítulo 3: Tú, mis alas; yo, tus garras
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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#2
Capítulo 1: Todo comienzo tiene su parte previa


—Zeph, ¡dragoaliento!

—Kamao, ¡garra dragón!

Los dos dragones rugieron antes de lanzarse a por su rival, decididos a asestar su golpe más fuerte a pesar de que llevaban horas entrenando y el cansancio ya había hecho mella en ambos. Ellos no eran los únicos que se encontraban al borde del desfallecimiento, pues sus entrenadores también estaban exhaustos, y las enormes ojeras que había bajo sus ojos eran una prueba fehaciente de ello, pero aun así no estaban dispuestos a dar por finalizado aquel combate. No, no todavía, no cuando no habían conseguido aquello que tanto tiempo llevaban esperando y lo único que les faltaba para empezar su aventura.

Kamao alzó el brazo izquierdo y su garra se vio envuelta por una luz roja y púrpura, violenta y elegante a partes iguales. Zeph no hizo nada por esquivar el ataque, y lo recibió de lleno para liberar un rayo que impactara de lleno en el pecho de la gabite, lo que la empujó un par de metros. El shelgon también retrocedió, tanto por el golpe recibido como por el retroceso de su ataque, y se levantó una gran polvareda que cubrió el campo de combate durante unos instantes.





Los dos jóvenes miraron con atención el campo mientras contenían el aliento y por unos segundos pareció que el sueño se les escapaba de los ojos de tan abiertos que los tenían. Sin embargo, cuando la polvareda desapareció y esto permitió ver que sus pokémon seguían siendo un shelgon y una gabite, el cansancio les dio una bofetada y volvieron a su estado anterior, e incluso peor. Sintieron el peso de la desilusión en sus hombros y esta carga terminó de hundirlos.

—Uf, pues me da a mí que hoy tampoco es el día —susurró Arne mientras se llevaba una mano al cabello y suspiraba. Llevaban semanas, no, meses entrenando día sí y día también para conseguir que sus pokémon alcanzaran el último estado evolutivo, y si bien por lógica ese momento estaba cada vez más cerca últimamente tenían la sensación de que este se alejaba tras cada combate—. Creo que lo mejor es dejarlo y descansar un poco, ninguno de los cuatro está en condiciones de seguir.

La persona que se hallaba en la otra punta del campo y a la cual se estaba dirigiendo no era otra que su melliza, Aila. La joven se había agarrado la cabeza con ambas manos al ver el resultado del combate, y algo le decía a su mellizo que estaba empleando toda su fuerza de voluntad para no arañarse las mejillas presa de un ataque de histeria. Su mirada estaba perdida, yendo más allá de algún punto en el suelo, y parecía que se había quedado tan inmóvil como una estatua. Sin embargo, esta no tardó en caer al suelo como si una bola de demolición la hubiera empujado con todas sus fuerzas, y al ver aquello Arne salió disparado para comprobar el estado de su hermana.

—¡Aila!

—¡AAAAAAAH! —chilló desesperada en cuanto sintió que Arne se arrodilló a su lado. Él le dio un par de palmaditas en la espalda para tranquilizarla y tranquilizarse a él, al ver que por suerte no se había desmayado. La joven alzó la mirada y sus ojos azules se encontraron con los rojos de su mellizo, aunque podría decirse que los dos los tenían rojos del cansancio y el esfuerzo— ¿Cuánto más nos va a costar, eh? ¡¿Qué más tenemos que hacer?! ¡Llevamos toda una vida así y no avanzamos! ¡Qué más tenemos que hacer, si entrenamos como nadie! —Aila se llevó ambas manos al pelo, pero antes de tirar de él se las llevó a los ojos y suspiró— Estoy tan cansada que te juro que tengo ganas de llorar.

—Venga, venga, tampoco es para ponerse así —dijo Arne mientras le daba una última palmada para terminar de consolarla—. Ya continuaremos luego, ahora toca descansar.

—Es lo que menos quiero.

—Es lo que más necesitamos.

Tras unos segundos en los que Aila intentó serenarse, al fin Arne pudo ayudarla a levantarse y conducirla fuera del sótano donde se encontraba el campo de combate, no sin comprobar antes que sus pokémon se encontraban bien. Dejaron a Zeph y a Kamao ahí para que pudieran tener su merecido descanso, pues era el único lugar de la casa donde los pokémon podían estar fuera de sus Poké Balls, y cuando se aseguraron de que todo estuviera en orden entraron finalmente en el salón de su hogar.

—¡PAPÁAAA!

Fue mágico, al cruzar aquella puerta que separaba el área de entrenamiento del resto de la casa Aila recuperó la energía que le caracterizaba y fue corriendo a la cocina, donde se encontraba su padre fregando los platos. Después de todo, Aila y tranquilidad no solían durar mucho juntas. Arne negó con la cabeza al ver como su hermana se alejaba rápidamente de él y decidió ir al sofá, donde se encontraba su madre con una tablet tomando notas del enfrentamiento del año pasado entre Raihan y Leon.

—¿Qué quieres, cielo?

<<Cielo>>, el apodo que le había puesto cuando se tintó el pelo de azul por su similitud con este. El padre de Aila era un hombre risueño y extrovertido, de apariencia amable, pero quien le conocía sabía que no era un hueso fácil de roer. Bajo ese aspecto de persona cándida y bonachona se encontraba un hombre de acero cuyos principios y decisiones eran igual de inamovibles que una montaña; ni las sonrisas de sus hijos ni sus miradas llenas de súplica eran capaces de hacerle cambiar de opinión. Eso ellos lo sabían muy bien, por eso Arne ni intentaba hablar con él, pero si una de las características de su padre era que no cambiaba de idea con facilidad la de Aila era luchar por lo que quería hasta la saciedad. Los choques entre ellos eran frecuentes en esa casa, aunque aquel que acababa siempre riendo era el progenitor. De hecho, a veces daba la impresión de que se tomaba sus discusiones como un amistoso debate y, tal vez para Aila, era mejor que su padre se tomara su insistencia con humor.

—¿Podemos irnos ya mañana de aventuras?

Arne no supo qué hacer al escuchar aquella pregunta. La respuesta era más que obvia, los dos lo sabían, pero aun así supuso que hablar con su padre y pegar cuatro gritos era la forma que tenía su melliza de descargar su frustración. Decidió pasar del tema, o al menos intentarlo, pues el que hablaran como si se estuvieran dirigiendo a todo el vecindario dificultaba ignorarles.

—Depende, ¿habéis conseguido que Zeph y Kamao evolucionen?

—No, pero-

—Entonces no.

—¡Pero papá! —Halstein se reacomodó las gafas y se secó las manos después de fregar el último plato y dejarlo en su sitio— ¡Llevamos entrenando meses como nadie, están a puntito de evolucionar!

—Entonces estáis a puntito de iros por ahí —dijo dedicándole una sonrisa a su hija. Aila hizo pucheros y frunció el ceño todavía más pero antes de poder añadir algo su padre abandonó la cocina y fue a su estudio para tomar una carpeta en la que había varios documentos.

—Y ahí va. Es la tercera vez esta semana, ¿no? —le preguntó Arne a su madre. Se trataba de una mujer seria y reflexiva que raramente sonreía a personas que no fueran de su familia, pero quien la conocía sabía que tenía un corazón de oro. Aunque parecía que estaba analizando el combate de forma sumamente fría y calculadora, el brillo que se podía atisbar en sus ojos verdes indicaba que la pasión que sentía por los dragones le quemaba de la misma manera que a su marido e hijos. A Arne se le escapaba una sonrisa cada vez que la veía así, pues la luz de sus ojos iluminaba su rostro y daba la impresión de que el rojo de su cabello rizado, un poco apagado y con algunas canas producto de la edad, se volvía más intenso y recuperaba el color de fuego que tenía de joven.

—A saber, hace tiempo que perdí la cuenta —Dahlia alzó la mirada para encontrarse con la de su hijo y en ese momento surgió uno de sus habituales momentos de complicidad. Ambos sonrieron mientras la mujer agarraba el mando de la televisión y subía el volumen para que el sonido de los pokémon luchando encarnizadamente superara el de las voces que surgían de la cocina.

Al volver a la habitación donde había dejado a su hija, Halstein dejó caer con algo de fuerza la carpeta en la isla. Sacó varios documentos, uno parecido al título que reciben los graduados de la universidad, y dos casi iguales que solo se diferenciaban en que en uno ponía el nombre de Aila y en el otro el de Arne. Ambos estaban llenos de firmas, de sus padres y de personas que ninguno de los mellizos conocían.

—¿Qué es eso? —preguntó el hombre señalando el primer documento. Aila no tuvo que pensar para responder.

—Tu título de examinador.

—¿Y qué es eso? —Esa vez señaló los otros dos documentos.

—El permiso que tenéis mamá y tú para supervisar nuestro viaje.

—Exacto. ¿Sabes lo que significa?

—Papá-

—En Mystra, quien quiere convertirse en domadragón debe pasar por un par de pruebas —Aila suspiró. Se sabía la parrafada que le iba a soltar de memoria, hacia adelante y hacia atrás, y lo peor es que cuando su padre se ponía así ya no había forma de detenerlo. Se cruzó de brazos y esperó a que terminara de hablar— y dichas pruebas son supervisadas por examinadores, domadragones con experiencia que se encargan de velar que aquellos aspirantes que quieren conseguir el título las pasan debidamente y tienen la aptitud y actitud necesarias para convertirse en uno. Como tales, debemos encargarnos de que los aspirantes cumplan todos los requisitos necesarios para progresar adecuadamente, y vosotros no habéis logrado los necesarios para empezar las pruebas. Ya os habéis graduado del instituto, ya habéis cumplido quince años, ya habéis hecho el test de conocimientos básicos, solo os queda llevar a vuestros iniciales a su máximo estado evolutivo y podréis emprender vuestra aventura. ¡No os queda nada! Aguanta un poco.

—Pero-

—Nada de peros, Aila. Sabes que a tu madre y a mí nos hace mucha ilusión que empecéis este viaje pero no os vamos a dar facilidades solo porque sois nuestros hijos. Vamos a ser igual de objetivos que con el resto y os vamos a tratar como si fuerais unos completos desconocidos, ser examinador es todo un honor y no vamos a mancillar el nombre de tan noble oficio por haceros un flaco favor.

—Sí, no hace falta que lo jures —dijo la joven moviendo una mano en el aire. Sus padres nunca les habían regalado nada, solo habían cubierto sus necesidades básicas, desde pequeños si querían algo se lo tenían que ganar por mérito propio. El esfuerzo era uno de los tantos valores que se les había inculcado en esa casa—. No te estoy pidiendo que hagas la vista gorda, no soy de las que va por la vía fácil. Solo quiero salir un rato con Kamao, ¡viajar a la siguiente ciudad y volver! ¡Quiero experimentar brevemente lo que sentiré cuando empiece mi aventura y salir ya a explorar mundo! ¡Solo te estoy pidiendo eso, ya empezaré las pruebas cuando evolucione!

—Viajarás cuando Kamao evolucione.

—¡Pero papá! ¡Me voy a volver loca como tenga que esperar un día más encerrada aquí!

—¡Por tu bien espero que no! —exclamó antes de soltar una gran carcajada y revolverle el cabello a su hija— ¡No podrás llevar dragones si no estás en tus cabales!

—¡OOOOH! ¿HAS VISTO ESO? —gritó Arne mientras se ponía de pie en el sofá. Dahlia esbozó una tenue sonrisa al escuchar el entusiasmo de su hijo mientras anotaba algo relacionado con el combate en su tablet— ¡Rebobina! ¡Rebobina! ¿Has visto como Duraludon ha aguantado la llamarada de Charizard? ¡AAAAH ES INCREÍBLE! ¡MENUDA BESTIA!

—Sí, cariño. Lo he visto varias veces pero no deja de parecerme tan magnífico como a ti —Dahlia fue a agarrar el mando de la televisión para cumplir con los deseos de Arne pero antes de que su mano se hiciera con él otra más grande lo envolvió con sus dedos. Al alzar la vista vio que se trataba de su marido, que llevaba a su hija aferrada a su espalda triste, enfadada y desesperada. Halstein le dio al botón de encendido y tan pronto como el monitor se apagó también lo hizo la expresión de Arne, que se quedó mirando su reflejo confundido en vez de la parte del combate que le había pedido a su madre.

—Bueno, familia, creo que va siendo hora de que nos vayamos a dormir, ¿no os parece? —preguntó Halstein con una amplia sonrisa. Arne se bajó del sofá algo resignado y Dahlia asintió al darse cuenta del estado en el que se encontraban sus hijos.

—Me parece —respondió ella mientras se ponía de pie. Se quitó las gafas durante unos segundos para frotarse los ojos y luego se las volvió a poner—. Ha sido un día largo para todos pero sobre todo para vosotros dos, no habéis parado de entrenar y seguro que estáis agotados. Una buena noche de descanso mejorará esos ánimos.

—Pero papá… —gimoteó Aila sin ganas, sabiendo que a esas alturas su padre pasaba de ella y ya no había forma de hacerle cambiar de idea. Arne le dio dos palmadas en la espalda y ella al fin bajó al suelo, sintiendo como el peso de la desilusión se posaba en sus hombros y le impedía mantener una postura recta.

—Tu tozudez es digna de admiración, una lástima que empleada contra el adversario equivocado te haga parecer más cabezona que un dracovish—Aila estaba tan cansada que ni ganas tuvo de responder a su hermano, aunque fuera dándole un golpe en el brazo. Los dos mellizos se fueron a su cuarto sin decir nada más, o mejor dicho, hicieron como si se fueran a este, pues una vez se aseguraron de que sus padres se habían acostado y no se iban a volver a levantar volvieron de nuevo a la sala de entrenamiento.

Tal vez no lo mostraba con tanta energía como Aila pero Arne tenía las mismas ganas de irse que ella. Los dos estaban impacientes por abandonar su hogar y comenzar de manera oficial el viaje que les llevaría a cumplir su sueño, así que entrenaban siempre que tenían la ocasión por muy cansados que estuvieran. Aquella noche, como venía siendo habitual, no iba a ser diferente a las anteriores.

 


Eran las tres de la madrugada cuando algo despertó a los mellizos. Ambos sintieron un aliento cálido en sus cuellos y eso les hizo sobresaltarse de inmediato. ¿Se habían dormido? ¿Cuándo? ¿Llevaban mucho tiempo? ¿Ya era de día? ¿Cómo había acabado el entrenamiento?

—Como mamá y papá nos pillen aquí tan tarde... —murmuró Arne mientras intentaba levantarse. Aila, por su parte, se tapó la boca mientras bostezaba y se sentaba.

—Bah, seguro que todavía es pronto. Cinco minutos más —susurró mientras volvía a tumbarse, aunque no se quedaría en esa posición por mucho tiempo. Arne cayó de espaldas encima de ella y eso terminó de despertarla, pues tanto el dolor como la sorpresa se encargaron de borrar el sueño de su sistema. La joven se reincorporó de nuevo con una rapidez asombrosa y, en el proceso, terminó por empujar a su hermano—. ¡Ah! Pero bueno, ya voy, tampoco hace falta ser tan bru-

—A-A-A —tartamudeaba él mientras señalaba algo que se encontraba en el techo de la habitación. Aila se levantó sin hacerle caso, pues estaba más interesada en quitarle el polvo a su pijama que en ver qué había causado la reacción de su mellizo.

—¿Qué quieres? Seguro que no es para tanto, relájate un poco que te has estresado al pensar que mamá y papá nos pueden echar la bronca —Aila sintió las garras de su pokémon acariciando su espalda para asistirla en la tarea de alisar su pijama. Con una sonrisa, la joven se dio la vuelta para dirigirse a ella—. Muchas gracias Ka… Ka…

Ahora la que tartamudeaba era Aila y durante unos segundos fue incapaz de salir de ese bucle. Sintió la espalda de su mellizo tras ella y no supo decir si se habían chocado porque ella había retrocedido, porque había retrocedido él o ambos. Los causantes de la sorpresa de los dos se situaron finalmente uno al lado del otro y eso hizo que los mellizos miraran en la misma dirección, lo que les permitió ver a un enorme dragón turquesa que se mantenía a unos metros del suelo gracias a sus robustas alas rojas y a otra dragona esbelta cuyas afiladas cuchillas invitaban a todo aquel que tuviera malas intenciones a pensar si realmente quería llevarlas a cabo delante de ella. Tuvieron que pasar un par de segundos pero cuando los jóvenes se dieron cuenta de lo que había sucedido reaccionaron a la vez y de la misma forma.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

El chillido de euforia que dieron fue la señal de que habían despertado de su trance. Ambos fueron a abrazar a sus respectivos dragones, quienes recibieron sus muestras de afecto con el mismo entusiasmo que mostraban sus entrenadores.

—¡Esto es genial! Pero… pero... ¿cómo? —se preguntó Arne cuando se separó de Zeph. Habría jurado que seguía siendo un shelgon cuando cayó víctima del sueño y aun no pudiendo asegurarlo al cien por cien sabía que la emoción de haberle visto evolucionar en un imponente salamence no le habría permitido dormir. Entonces, ¿cuándo tuvo lugar ese suceso?

—AAAAAAH MIRA LO FUERTE QUE ERES AHORA SÍ QUE NOS VAMOS A IR POR AHÍ.

Por su parte, Aila seguía saltando alegremente junto a Kamao, que estaba tan emocionada que no había caído en lo que su mellizo estaba empezando a cuestionar. Arne miró a ambos pokémon pero antes de poder decir nada sintió que su melliza tiró de su brazo con fuerza.

—¡VENGA, VENGA! ¡HAY QUE DECÍRSELO A PAPÁ Y A MAMÁ!

Y sin más dilación le llevó a la velocidad del sonido al cuarto de sus progenitores. Fue como volver a su infancia, pues ambos se subieron a la cama y empezaron a saltar con cuidado de no pisar a los adultos. Estos se sobresaltaron enseguida pero antes de que pudieran preguntar qué estaba pasando los jóvenes respondieron con un par de gritos.

—¡YA HAN EVOLUCIONADO YA HAN EVOLUCIONADO!

—¿Que ya han qué?

En cuanto procesó y entendió lo que estaban diciendo Halstein agarró las gafas de su mesita de noche y se las puso enseguida. Salió de la cama rápidamente y esperó a que Dahlia hiciera lo mismo para comprobar que lo que gritaban sus hijos era verdad. Los adultos fueron arrastrados a la sala de combate por dos jóvenes hiperactivos que no se detuvieron hasta llegar a su destino, y cuando al fin lo hicieron la enorme sorpresa que sintieron los mayores los hizo reaccionar de manera distinta.

—Oh, por el amor de —Dahlia se llevó las manos a la boca y Halstein soltó una gran carcajada. El hombre bajó al sótano para echarle un vistazo a los pokémon y en cuanto se recuperó de la sorpresa su mujer hizo lo mismo, aunque de forma más pausada.

—¡Mira eso! Tenías razón, hija, estaban a puntito a puntito. No es que dudara de ti ni mucho menos pero… Oh, ¡esto es increíble!

—¿Os habéis quedado hasta tarde para evolucionarlos? —preguntó Dahlia en cuanto se acercó a Zeph. En su voz no había ni un ligero matiz que indicara que les estaba reprochando algo, aunque Arne no pudo evitar sentir que no acababa de aprobar el sacrificio de horas de sueño que habían hecho. Era una buena domadragones que valoraba el esfuerzo pero, ante todo, era su madre.

—Es lo que estaba pensando —respondió de forma ausente, pues su mente volvió a intentar darle respuesta a esa incógnita—. Nos quedamos hasta tarde entrenando pero… creo que nos dormimos antes de que evolucionaran.

—¿Y entonces cómo-?

Dahlia se detuvo a mitad de pregunta. Sus ojos buscaron los de Halstein y los de él encontraron los suyos enseguida. Una mirada bastó a los adultos para entender lo que había pasado.

—¿Qué? ¿Por qué os miráis así? —preguntó Aila, que ya parecía más calmada después de lo sucedido. Dahlia asintió y Halstein acarició la piel de Kamao mientras se rascaba la barba.

—Vosotros caísteis rendidos antes de que evolucionaran pero ellos han evolucionado, y los pokémon no lo hacen por arte de magia, lo que significa que Zeph y Kamao siguieron entrenando aun sin vuestra presencia.

—Sintieron vuestras ganas de aventuras, el esfuerzo que le ponéis a alcanzar vuestras metas día sí día también —continuó Dahlia sin apartar la vista de Zeph—. El esmero y la constancia con la que peleáis les indica cuánto significa esto para vosotros y la dedicación que ponéis en su entrenamiento les muestra cuánto los queréis. Ellos han sentido vuestro amor y compromiso —terminó con una pequeña sonrisa adornándole los labios— y os lo han querido devolver así.

—Establecer un vínculo tan profundo con los pokémon como para que sigan hacia adelante aun cuando su entrenador no puede más —Halstein se cubrió los ojos con la palma de su mano y contuvo la respiración. Al destapárselos y volver a mirar a sus hijos la emoción fue más que evidente en su rostro—. Esto me muestra lo lejos que vais a llegar.

—Aaaah jolines papá —Aila abrazó a su padre tras aquello y los dos dejaron que un par de lágrimas cayeran por sus mejillas. Dahlia rodeó la cintura de Arne con su brazo y él apoyó su cabeza en la de su madre—. ¿Entonces podremos empezar mañana nuestro viaje?

—¡Mañana no quiero ver a nadie aquí! —exclamó Halstein mientras deshacía el abrazo súbitamente y alzaba un puño en el aire— ¡No tiene sentido quedarnos en esta casucha! ¡Nos vamos los cuatro de aventuras!

—¡SÍIIIII! —gritaron los mellizos al unísono mientras imitaban el gesto que había realizado su padre. Dahlia, por su parte, se limitó a reacomodarse las gafas y esbozar una sonrisa que indicaba que aunque no reaccionaba de la misma manera compartía el entusiasmo de los tres.

—Cielos, cuánto alboroto en un momento…

Al terminar el momento familiar los dos jóvenes se reunieron junto a sus pokémon e hicieron una piña para comentar qué harían al día siguiente. Las emociones estaban a flor de piel y las risas no tardaron en llenar el lugar cuando Arne se montó en Zeph para comprobar como volaba su amigo y Aila abrazaba continuamente a Kamao entre saltos a pesar de las raspaduras que le hacía su piel tosca. Por fin, después de tanto esfuerzo, aquella sería la última noche que pasarían en casa en mucho tiempo.

 


—¿Hiperpociones?

—Sí.

—¿Antihielo?

—Sí.

—¿Capas?

Los mellizos se miraron en el espejo que había en el vestíbulo y posaron delante de este. Cada uno llevaba un mono de manga larga que cubría sus cuerpos enteramente para protegerlos del frío de su región, Arne de color rojo y Aila de color azul. Además, como no podía faltar si tenían pensado convertirse en domadragones, llevaban una capa negra que aumentaba considerablemente su confianza. Con ella puesta sentían que eran capaces de superar todos los obstáculos que surgieran en su camino.

—Obvio —respondió Aila con una sonrisa seductora. Arne sacó su móvil e hizo una foto al reflejo de ambos para subirla cuanto antes a la historia de su cuenta de Pokégram, y mientras esperaban a que esta cargara oyeron a alguien carraspear tras ellos. Se dieron la vuelta y al hacerlo vieron que sus padres se encontraban allí, con el mono y las capas negras que conformaban, junto al escudo que llevaban en el pecho derecho idéntico a la medalla de gimnasio de Endrino, el uniforme de los examinadores.

—Bueno, oficialmente empieza el viaje de Arne y Aila para convertirse en un par de domadragones hechos y derechos —empezó Halstein empleando su característico tono ceremonioso. Aila iba a decir algo para interrumpir el sermón de su padre, pues conocía de sobra su afición por ellos, pero su madre levantó una mano para indicarle que le dejara hablar. Ella también detenía a su marido cuando se iba por las ramas pero sabía la especial ilusión que le hacía dar el discurso de inicio a sus hijos, así que lo dejó pasar por esa vez—. Como sabéis, aquí quien quiera convertirse en uno debe pasar por una serie de pruebas divididas en dos tipos. Pruebas de aptitud y actitud, pruebas de fuerza y control de emociones… Ponedle el nombre que queráis pero en una tendréis que mostrar vuestra valía como domadragones y en otra tendréis que aprender a manejar vuestras emociones para que estas no influyan a la hora de dirigir a estos poderosos seres. El recorrido es el que vosotros elijáis, podéis empezar por donde queráis pero debéis superar todas con éxito para conseguir el título. Para dar fe de vuestro progreso, Dahlia y yo supervisaremos la realización de todas vuestras pruebas, así que os tendréis que poner en contacto con nosotros el día de antes para acordar la hora de la reunión. ¿Y bien? ¿Tenéis dudas? ¿Sabéis por qué pruebas queréis empezar?

—Por las de fuerza de cabeza, lo otro suena a un tostón… —contestó Aila rodando los ojos. Arne no pudo evitar sonreír al oír aquello.

—¿Eres consciente de que tendremos que hacerla en algún momento?

—Prefiero que sea al final. ¡Yo quiero acción! ¡Movimiento! —exclamó su melliza mientras daba un par de puñetazos en el aire— ¡Ya he estado mucho tiempo quieta! Seguro que en la de control de emociones nos ponen a meditar o algo así y yo paso fuertemente de eso ahora.

—No sé por qué me da que justo es por la que más te convendría empezar… —Arne ahogó una risa mientras alzaba un brazo para bloquear el golpe que le iba a dar Aila y con la otra mano miraba cuantas personas habían visto su historia. Dahlia dio un par de palmadas y sus hijos volvieron a prestarle atención, no sin antes darse un par de golpes discretos en la espalda.

—Muy bien, si lo tenéis todo claro es hora de partir. Comprobad que lleváis lo que necesitáis y en marcha —Por un momento, tanto Arne como Aila juraron que vieron una chispa de nostalgia en los ojos de su madre, pero no pudieron asegurarlo porque aquello solo duró un segundo—. Nos vemos en la siguiente ciudad.

No necesitaron oír nada más para moverse. Se cargaron la mochila a las espaldas, comprobaron que el cinturón donde llevaban las Poké Balls de Zeph y Kamao estaba bien atado a sus cinturas y se miraron por última vez en el espejo. Antes de partir, se despidieron de sus padres con un cálido abrazo y se calzaron las botas recién compradas para la ocasión. Abrieron la puerta y al sentir los copos de nieve en sus rostros se dedicaron una sonrisa que dejaba entrever sus dientes. Por fin, su aventura estaba a punto de empezar.
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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#3
Podría decir muchas cosas y lo haré: Básicamente para poder eludir el spoiler de Discord.


No se como os repartiréis los capitulo o vuestro modo de trabajo, o el grado de comunicación para poder escribir un fic en conjunto, debe ser un proyecto dificil pero no me cabe duda que con la ilusión y el amor por los dragones que ambos portais en vuestros escamosos corazones todo se hará mucho más fácil, sin embargo mi primer pensamiento no es vosotros chillando como colegialas japonesas porque habéis destrabado (Que curiosa elección de palabras ¿verdad?) algun atasco. No. Mi primer pensamiento es.


¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN DOC? ME VIENE A LA CABEZA LA ESCENA DE LOS SIMPSON, DOC ARRASTANDOSÉ HASTA MORDE Y SAKU MIENTRAS DICE: ¡DAME PIERNAS PAAAADRE, TERMINEMOS NUESTRO FIC! HUYE PEQUEÑO DOC, HUYE, SAKU QUIERE HACERTE LA STEVENACIÓN ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, VIENE A POR MÍ!¡QUE ALGUIEN HAGA SONAR CRIME OF PASSION DE MIKE OLFIELD! 











Bien.

Mi primera impresión fue de sorpresa al ver que se les pide que lleven a un pseudo legendario en su tercera fase evolutiva para poder empezar su viaje. Suerte de que no son un Dragapult y un Hydreigon. Los mellizos parecen más comedidos que en sus One-Shot, nada de mutilaciones. El hecho de que sea una región imaginaria también me resulta llamativo, y confío en el conocimiento de Morde para no poner ríos de chocolate, cascadas inversas y barbaridades varias. También que pese a que Saku-Junior y Arne no parecen ser herederos legendarios de un clan de Domadragones si llevan los dragones en la sangre, sangre que derramaron en los OneChots por cierto(?) Y hablando de sangre los padres de ambos me parecen a priori, más interesantes que los gemelos. Hubo detallitos que me gustaron como el clásico de que el hijo tiene mejor relación con la madre y la hija con el padre, y que estos no van a ser unos padres normales del Pokemundo sino unos más involucrados en el viaje de sus hijos, por su trabajo sí, pero de sus hijos, también. Veremos a ver que dragoncitos capturan, cuanto de bullying le haréis al Exeggutor Español y a cuantos Druddigon entortará Poi. Y como son las pruebas de este inusual viaje Que quizás adapte para Alola 



Teniendo en cuenta que hace mucho que no leo Alma de Plata y que esto más allá de un Drabble suelto es lo primero que leo de Morde...Veo, comparándolo con alma de Plata, como una Saku mucho más suelta Si, estoy asumiendo la Sakuridad del capitulo  más liberada. Quizás porque por mucho que Lyra sea un lienzo en blanco y de libertad...Ayla no es un lienzo sino una masa de arcilla que se puede manejar mucho más, me gusta el detalle de que le pongas/pongáis motes a los Pokémon, no afecta en nada a la calidad de la historia pero le da un toque más propio. Espero y deseo que hagáis unas fichas de personajes bien organizaditas con los motes de los distintos pokes y desearos mucha suerte en este proyecto.
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#4
Buen dia/tarde/noche 

¡Me alegra que por fin haya empezado esta historia, así que mucho exito a ambos con este proyecto! pikaowo

Primero que nada... como se nota la ausencia del masoquismo/competición por las cicatrices, aunque me gustaría creer que es porque ya solucionaron el malentendido que lo inicio o alguien les hizo ver que sus acciones solo iban a terminar cuando alguno se mutilara un miembro.

Bueno ahora sí... Siento que tanto Arne como Aila han madurado bastante en comparación a las introducciones que hicieron, pero como aún falta que Fafnir escriba su parte y nos muestre la verdadera naturaleza de Arne (ya que Aila (Saku) lo tiende a poner más "tranquilo") lo dejare en una sensación.

Me parece interesante la adición de los padres a la historia/aventura, aunque como supervisores y no como miembros del equipo que hacen sus hijos. El que sean personajes que no fueron introducidos con anterioridad les da un plus, junto al hecho que parecen tener gran influencia en los mellizos, incluso más que los primos famosos  Malicious

También me encanto la referencia a los complejos de edipo y electra, aunque si tenemos en cuenta que los cuatro son domadragones... era algo muy necesario o no me quiero ni imaginar que pasaria dentro de esa casa Psweatduck 

Por cierto... acepto casi todos los requisitos para hacerse un domadragones, menos el de tener que llevar su inicial a la última evolución. Hay varios por allí con el título y sin un dragón con esteroides o en su última etapa No pero bueno... siento que también tiene sentido por como son los mellizos, así que mejor que los protejan dos dragones en su última etapa en vez de unos canijos feroses con aspiraciones de ser un lagarto subdesarrollado y escupe fuego a futuro.

Bueno creo que no tengo nada más que decir... aparte de estos adolescentes y su asco por dormir LetalQQ
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#5
Mostrar Pyromentario
Ya llego ya llego, acaparando la atención estos mellizos con un sueño que cumplir.  No
Las personalidades, acciones, etc. siguen el mismo ritmo graciosos y enternecedor de los Drabbles, sumado a dos personajes más, los padres, quienes entregan la información al lector sobre el mundo, las reglas, y demás, sin que se sienta irrisible, ya que seria estúpido que le estuvieran explicando cosas que ellos por naturaleza deberían saber, por eso, buen detalle con el carácter del padre.
No tendría nada más que decir en este primer capitulo, salvo con que en un inicio pensé que fue el padre quien hizo evolucionar a los pokémon de sus hijos usando carameloraros, pero al final resulto que terminaron de evolucionar por:
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Espero que la cara de Aila no quede tan rasmillada por la piel de su Garchomp, aunque creo que a ella no le importa eso.
Con capas y todo, los mellizos están listos para su viaje para cumplir su objetivo. Espero que se cuiden del frio, las hadas y por supuesto de Green y su Nidoking  Malicious .
Sin más que escribir, nos leemos en otra ocasión. 
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#6
Tengo un miedo terrible con este proyecto conjunto de parte de los más enfermizos admiradores de los dragones en la comunidad cuevil: Y es que terminen volviendo aburridos a los dragones. ¿Qué? Puedo empezar el comentario con una nota negativa, pero es solo para que se esfuercen tanto como sus personajes en alcanzar un nivel absoluto contándonos esta historia fantástica y que estén a la altura del desafío que se impusieron. Escribir algo de a dos no debe ser moco de pavo, y no alcanza con que uno solo esté con las pilas lo suficientemente puestas para que lleguen a buen puerto. Los dos tienen que aprender a entenderse, a sincronizarse y a revalorar sus ambiciones con la historia y su pasión por las dracoaventuras y las capaventuras. No me cabe duda de que les gusta mucho todo eso, pero no se lo tomen como un meme y ya. Si es algo que les importa, confío en que podrán hacer algo muy divertido. Nada es más lindo que encontrar pasión entre las palabras de un autor, así que espero que puedan transmitirlo bien.

Ahora, pasando al capítulo en sí... ¿Qué puedo decir? Me pareció adorable. Un buen setting (el nombre de la región es badass, y no lo recordaba de los cortitos previos), una estructura familiar muy al estilo de los clanes domadragones de antaño (el padre, Halstein, me cayó diez puntos), pero que también me trae reminiscencias de historias de fantasía más clásicas. Al principio pensé que los hermanitos cabezaduras iban a hacer la típica de escaparse en contra de las normativas estrictas de sus progenitores, pero... ¡Esto lo está escribiendo Saku, que es un pan de Dios! Obvio que no iban a hacer otra cosa que escabullirse por la noche a la sala de entrenamiento para acelerar el proceso evolutivo. Si estos dos son un amor, y sus padres también. Me gustaría comprobar si el tono de Morde es un poco más cínico y consigue aportar tramas grises sobre las personalidades de todos estos personajes, porque el toque Sakurístico quedó clarísimo, y funciona bien para un arranque optimista y colorido.

En los drabbles previos ya vimos que meterse con dragones es cosa seria, y que no es lo mismo abrazar a un Gabite que a un Lillipup, así que espero que parte del proceso evolutivo de Zeph y Kamao implique revelarlos como las bestias temibles que son, y no como simples mascotas cool para los protagonistas. Por algo, parte de su desafío es iniciar con ellos ya plenamente desarrollados, y aunque el vínculo forjado es clave, también me parece que debería serlo el peligro que suponen para ellos. Me interesa mucho ver la parte de la "doma", en este caso, y cómo controlarán el temperamento agresivo que a priori parecieran tener muchas de estas criaturas.

Also, el inicio de su viaje (y de las pruebas a las que tendrán que someterse) me hizo acordar al hermosísimo Horizon Zero Dawn, y su partida con las capas y la nieve en clave tribu ancestral me hizo sonar este temita inmediatamente en la cabeza:



Muchas ansias por ver cómo sigue la historia, chicos. ¡Métanle garra y corazón, que un dragón no es dragón sin eso! 
(que cursi de mierda soy)
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#7
Hola buen día.
 
Terminado de leer el primer capítulo, sí me quedó claro de que esto es bastante distinto a las "introducciones" de Aila y Arne, ya que me sentí más atrapado aquí de lo que fue en los drabbles, lo más seguro será de aquí los siento ya definidos más que de pedacito en pedacito.

No sé si sea bueno o malo, pero... Me interesó más Halstein que los mismos protagonistas, no sé porque la imagen que tengo del papá de los mellizos es que es un completo "himbo"  (Refiriéndome al término "moderno" de la palabra, la cual es más "wholesome", pero con las características físicas de las películas de acción de los 80s) Así que espero ver más de él cuando los protas terminen con sus pruebas, por razones completamente wholesome y nada más.

Hablando de las pruebas, sí me dejó intriga de lo que se puedan tratar dichas pruebas, ya que contar con Pokémon OU como "inicial" indica que no será algo sencillo, me imagino pruebas a lo Zelda o a lo Final Fantasy XIV ("A Long Fall" intesifies.) Aunque claro, puede ser de "estate quieto" hasta los puzzles de las "Alph Ruins" en Johto, sin contar con los peligros que un par de chicos con dragones en su etapa final puedan afrontar o crear. 

Se menciona que esta región es una zona de bajas temperaturas y un hackrom (Pokémon Unbound) me ayudó bastante a completar la imagen mental de lo que puede ser este lugar, la cual hizo que le de mayor profundidad a la escena final, por ende, un mayor impacto.

Creo que por ahora es todo por ahora, ¡Suerte a ambos!
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#8
Pasaba por acá. Me encontré con esto. Vi que tenía menos de 5000 palabras (una rareza en estos tiempos) y procedo a leer…

Y la única conclusión a la que puedo llegar es que quiero ver la parte de Morde. 

Sería cruel decir que el capítulo me pareció aburrido. Para un inicio no está realmente mal pero el planteamiento no acaba de hacerme click. Será que juega con extremos que, al menos para mí, y al menos en este capítulo, no acaban de conectarse bien.

Vamos por partes: la clásica familia nuclear se compenetra bien. Tenemos a una gemela que parece hermana menor, toda alborotada, impaciente e inmadura con el hermano mayor que, si bien comparte la pasión, se muestra más sosegado; puede seguirla en sus escapadas y demás, pero no pelea batallas perdidas como tratar de convencer al padre. Ya todo el mundo les dijo lo curioso que el padre con la hja y el hijo con la madre… pero a juzgar por sus personalidades, es bastante natural. Arne salió a Dahlia, la mamá chill que se sienta con el hijo al televisor mientras los otros dos discuten en círculos. Sí, se nota mucho el insertself. No, no es algo negativo​​​​​​. La interacción entre estos cuatros da para algo slice of life todo fluffy con ocurrencias familiares, but…


​​​​​​Los dragones. Los dragones es lo que me saca de la inmersión. Empezando con que abren la historia con la máxima evolución de dos de las especies más raras y poderosas entre los no-legendarios. Que acá parecen ser poco más que mascotas enormes, friendly y super leales a sus respectivos entrenadores. Overpowered pets más aptos para comedia (como en los drabbles) que para una historia de aventura. Entre que tienen a los padres atrás de ellos, las mascotas overpowered y esa sensación de que Family, family, da más una sensación de viaje vacacional que una verdadera aventura, con una red de seguridad abajo en todo momento (dos redes, entre las O-pets y los papás). Fuera del Awwwwww inicial, no siento una reacción luego de eso. Por ahí a lo mejor Tom lo dijo más directamente: esa sensación de que los dragones son aburridos.

No quiero ser demasiado duro sin leer la parte de Morde. Algo que me recuerde que estas son cosas peligrosas capaces de romper huesos con ese aire de comedia irreverente que pintaban el los drabbles. Tampoco es que tengan que hacer caso a esta opinión, si bien nada me gustaría más que me cerraran la boca sobre lo que digo acá con los próximos capítulos.

C U, and dracarys
[Imagen: 6zFZgO5.png]
Animus. Antrum. Unverse. Anima, Animusphere
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#9
... Man. Debería aprender a ser consistente a la hora de escribir. Quicir, el capítulo de Saku fue en JUNIO. No puede ser que me tarde tanto en escribir dragoncitos q_q.

Anyway, en lo que tardé en terminar el capítulo un amigo de real life, que tampoco suele tardar poco en lo suyo, hizo un artwork de Arne con Zeph que quedó TREMENDO. Véanlo y maravíllense:

Mostrar Dibujito
[Imagen: TEdkgRl.jpg]

Anyway:

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@AJ Slifer Doc estaba demasiado ocupado con las monas chinas como para presionarme para escribir (?). SÍ, LO DIJE.
Cita:cuanto de bullying le haréis al Exeggutor Español y a cuantos Druddigon entortará Poi.
Sí. Also ni se te ocurra robarnos nuestras pruebas que para nada van a ser lo que debió ser Alola (?)

@Katsurane 
Cita:Primero que nada... como se nota la ausencia del masoquismo/competición por las cicatrices
Sí... bueno, respecto a eso... (?)
Also es nuestra región, son nuestros domadragones y hacemos con ellos lo que nos da la gana (?)

@Pyro Lo que todavía no hemos desvelado es que el verdadero título de domadragón son los amigos que hicimos por el camino (?)
@Tommy Se te rompió el vídeo en estos seis meses (?). Yo espero que mi toque se complemente con el de Saku. O por lo menos que te guste y tal (?)
@"Woona" ¿Solo sutiles las conexiones? (??)
@JoJoBaoh ¿Qué es himbo? No, en serio, no entendí y no tengo ganas de buscarlo (?)
@"KiwinShiHuang" A ver, nosotros hemos venido aquí a fangirlear y creo que el capítulo de Saku lo dejó bastante claro. Si mi parte, que he querido hacerla menos fluffy, tampoco te hace click pues... bueno, supongo que no todo el mundo tiene los mismos gustos. Pero eso está bien. El mundo sería muy aburrido sin opiniones diferentes. Y probablemente habría menos guerras, pero eso es secundario.

Pero basta de fangirlear con dragones y de responder comentarios, vamos con lo interesante (I guess).

 

 
Capítulo 2: Cuando Kyurem sonríe

La nieve que había empezado a caer se iba haciendo cada vez más copiosa conforme ambos hermanos iban avanzando por la ruta. El camino estaba completamente blanco y discurría flanqueado por árboles que habían perdido sus hojas varios meses atrás. Algún Deerling y Sawsbuck se dejaba ver de vez en cuando pero el frío obligaba a muchos otros Pokémon a refugiarse y esperar un tiempo mejor.

La nieve acumulada en el suelo resultaba problemática para avanzar a pie, y eso lo estaba comprobando Aila a la perfección: las patas de Kamao se quedaban con frecuencia atascadas y le costaba mucho moverse.

— ¿Estás segura de que no quieres meter a Kamao en su Pokéball y subir con nosotros?
— ¡No! —exclamó Aila en respuesta—. Un buen domadragones tiene que poder con todas las dificultades.
— ¿Tampoco quieres que derritamos…?
— ¡Que no! Nos las sabremos arreglar.

Arne se encogió de hombros. El joven volaba con Zeph a ras de suelo y no tenía los problemas de su hermana para desplazarse, pero sí que notaba cómo el cuerpo del Salamence se hacía cada vez más frío. Y era una sensación que se trasladaba a su propio cuerpo a pesar del abrigo. Aun así, se esforzaba por encontrar una buena posición para hacerse una foto y subirla

— ¿Y tú qué? —protestó Aila—. ¿No vas a dejar eso ni aunque estemos de viaje?
— ¿Me lo preguntas porque necesitas ayuda?
— ¡No me cambies de tema! ¿Qué piensas hacer cuando no tengas cobertura?
— Me las sabré arreglar, ¿verdad?

Arne se tapó la boca mientras intentaba contener la risa. Le preocupaba la obstinación con la que su hermana trataba de avanzar por la nieve sin ayuda, pero eso era algo que no iba a mostrarle tan fácilmente. Además, era una escena que le resultaba divertida.

— Si dices que no necesitas ayuda entonces Zeph y yo nos adelantamos. Te esperamos en…
— ¡No! —interrumpió Aila. Estaba cada vez más molesta y resopló. Se quedó un momento en silencio, chasqueó la lengua y optó finalmente por ceder—. Está bien… derrite un poco de nieve por el camino. ¡Pero no mucha!
— Ya, ya… —respondió Arne mientras soltaba una carcajada—. Zeph, Lanzallamas a la nieve. Vamos a facilitarle las cosas a la gran domadragones que no hace más que atascarse.

Aila hizo ademán de responder a la pulla de su hermano, pero los dos Pokémon lo impidieron. Zeph recorrió unos metros sobre el aire lanzando fuego hacia la nieve del camino, que de esta manera se derretía. Las llamas, sin embargo, alcanzaron a Kamao, quien, una vez liberada, saltó hacia el Salamence a gran velocidad y le golpeó en el ala derecha con sus garras, provocando que tanto el dragón como Arne con él cayeran al suelo. Zeph, furioso, devolvió a la Garchomp el ataque con sus propias garras. Ambos dragones chocaron violentamente, con tal fuerza que, al poco tiempo, se vieron obligados a retroceder.

— ¡¿Qué haces, Kamao?! —gritó Aila mientras trataba de sujetar a la Garchomp.
— ¡Zeph, basta! —pidió también Arne al Salamence.

Ambos dragones intentaban seguir peleando, pero sus entrenadores se esforzaban por detenerlos. Hasta que, al final, bramaron de forma amenazante y desistieron.

— Esto no habría ocurrido si Zeph no hubiera alcanzado a Kamao —espetó Aila. Estaba enfadada por lo que había ocurrido, pero también herida por dentro por no haber sido capaz de controlar a la Garchomp.
— ¿Y por culpa de quién he tenido que pedirle que derritiera la nieve? —respondió Arne intentando mantener la calma.
— ¡Había otras formas de sacarnos de ahí!
— ¿Cómo cuál?

Se hizo un breve silencio. Aila dudó, pero dio con una respuesta que pudiera convencer a su hermano:

— Kamao, ¿puedes hacer un túnel bajo la nieve?

La Garchomp asintió y comenzó a usar sus garras para excavar. Al principio le costaba; era nieve y estaba fría. Pero cuando alcanzó la tierra, aceleró mucho. Aila saltó al agujero nada más vio que el túnel estaba levantando la nieve del camino a gran velocidad, sonrió y gritó:

— ¡Ahí te quedas, Arne! ¡Vamos a llegar antes que vosotros!

El joven sonrió, volvió a subir sobre Zeph y ordenó:

— Vuela lo más rápido que puedas —el dragón despegó y Arne sintió el aire frío recorriendo su cuerpo. Y mientras avanzaban, murmuró—. Ya veremos quién llega antes, Aila.


 
- -


Pueblo Garra era una población pequeña, de casas coloridas que contrastaban con el blanco de alrededor y calles estrechas, tortuosas y cubiertas de nieve. La temperatura, a pesar de ello, era agradable, pero era gracias a que el humo de las chimeneas bajaba hacia el suelo, haciendo que el aire estuviera viciado y por momentos incluso costara respirar. El lugar estaba en el fondo de un valle rodeado de montañas, entre las que normalmente destacaban cuatro picos que se asemejaban a las garras de un dragón. Sin embargo, aquel día las nubes tapaban las cumbres y apenas dejaban ver una serie de muros de roca que encerraban al pueblo.

El punto de reunión era una pequeña explanada a las afueras del pueblo que había sido limpiada de nieve. Sin embargo, con lo que seguía cayendo, el mosaico que había allí construido había sido casi totalmente tapado de nuevo, dejando ver únicamente lo que parecían partes de un cuerpo de color esmeralda.

Zeph aterrizó suavemente en el lugar y dejó que Arne bajara, para después volver a despegar y quedar suspendido en el aire, cerca del suelo. Le resultaba incómodo pisar la nieve, así que hacía lo posible para evitarlo

— ¡Por fin llegas, Arne!

La voz de Aila sobresaltó al joven, que sin embargo no pudo ver a su hermana por ninguna parte. Arne giró la cabeza en todas direcciones, pero no había ni rastro de ella.

Hasta que la aleta de Kamao apareció entre la nieve y subía Aila con ella.

— Acabas de llegar tú también, ¿verdad? —preguntó Arne.
— ¿Y qué más da? He llegado antes que tú.
— ¿Qué tal excavando nieve?
— ¿Y qué tal tú teniendo frío ahí arriba?

La discusión rápidamente terminó en un estallido de risas de ambos hermanos.

— ¿Os lo estáis pasando bien?

Los dos hermanos, aún riendo, reconocieron la voz masculina que les hablaba, se giraron y vieron a un Hydreigon que aterrizaba en el lugar transportando a sus padres. Halstein les dedicaba una sonrisa de oreja a oreja, mientras que Dahlia estaba absorta en su tablet y apenas les miraba de reojo. Los dos se bajaron del Hydreigon y rápidamente lo devolvieron a su Pokéball para que no pasara demasiado frío.

— ¿Estáis listos para vuestra primera prueba? —preguntó Dahlia sin siquiera apartar la mirada de la tablet.
— ¡Ya estamos tardando en empezarla! —respondió Aila entusiasmada.

Halstein entregó a cada uno de sus hijos un anillo con la forma de un dragón que sujetaba lo que parecía una perla grisácea.

— Bien… —comenzó a hablar el hombre mientras señalaba a donde debían estar los cuatro picos más prominentes del lugar—, vuestra primera prueba será sencilla: debéis subir al Monte Garra, buscar una Piedra Draco y traérnosla.
— ¿Y ya está? —interrumpió Aila. Dahlia chasqueó la lengua en señal de negación.
— No tan deprisa —replicó Halstein—. Debéis subir de una cierta manera. Arne, tú irás al Monte Garra volando, pero tendrás que volver caminando con Zeph. Aila, tú harás lo contrario: subirás a pie y volverás volando.
— ¡¿Pero cómo voy a volar con Kamao?! —protestó.

La Garchomp gruñó mientras Halstein se reía por la pregunta.

— Tienes que confiar en ella, cielo.
— Pero... 
— Un buen domadragones tiene una confianza ciega en sus Pokémon. Solo así conseguirán hacer lo que crees que no pueden.
— Vaaale —refunfuñó sin estar aún convencida.
— ¿Y cómo sabréis que no lo estamos haciendo mal? —preguntó Arne.
— Porque nos fiamos de vosotros. Sois nuestros hijos, después de todo —respondió Halstein.
— Pero si eso fallara —completó Dahlia—, los anillos que os hemos dado registran en mi tablet vuestra posición.
— Otros examinadores dirían que es un sacrilegio. Pero de vez en cuando habrá que avanzar, ¿no os parece?
— Además nos permite ir a rescataros fácilmente si os veis en un peligro muy grave. Aunque, claro, no queréis que eso ocurra porque os daríamos la prueba por fallida.
— ¿Y qué es esa Piedra Draco que tenemos que buscar? —preguntó de nuevo Arne.

Halstein soltó una carcajada e hizo ademán de responder, pero Dahlia les mostró antes su tablet con la imagen de lo que debían buscar. Era una piedra de color pardo con detalles que parecían escamas.

— ¿Tenías que enseñársela, cariño? —susurró Halstein en voz muy baja.
— Es igual —replicó Dahlia en el mismo tono de voz—, no son fáciles de diferenciar
— ¿Pasa algo? ¿Podemos salir ya? —preguntó Aila.

Halstein carraspeó y se puso lo más serio que pudo para hablar en tono ceremonioso:

— En nombre de todos los dragones de Mystra, testigos de incontables generaciones a las que han transmitido su ancestral sabiduría, declaro que aquí comienza la primera prueba de fuerza para Aila y Arne. Que vuestra determinación os acompañe a la hora de superarla.
— ¡Pienso superarla antes que tú, Arne! —gritó Aila sin importarle que estuviera rompiendo el momento de solemnidad.
— ¡Eso ya lo veremos! —respondió su hermano antes de subir en Zeph y salir volando hacia la montaña.

Cuando Aila se hubo marchado también, Halstein se acercó a su esposa hasta que estuvieron pegados. Desde fuera, aquello parecía una pareja de enamorados a punto de besarse, pero allí había otra cosa. El hombre estaba preocupado.

— ¿Les irá bien? —preguntó.
— Son dos chicos muy fuertes —respondió Dahlia—, han entrenado y han estado esperando mucho tiempo este momento. Seguro que pasarán la prueba sin problemas.
— ¿Cómo está el tiempo en el Monte Garra?

Dahlia miró su tablet y, por primera vez en todo ese momento, se quitó las gafas, esbozó una leve sonrisa y respondió:

— Kyurem estará contento hoy.


 
- -

La ventisca estaba causando serias dificultades a Zeph, no solo por el frío sino por el intenso viento en contra que le ralentizaba mucho el ascenso. Arne, sobre el dragón, apenas podía ver nada más que nieve. Nieve en el suelo, pero también cayendo aparentemente hacia todas direcciones. El joven mantenía los ojos apretados para que no chocaran los copos con ellos, pero resultaba una tarea ardua y, además, eso le estaba impidiendo ver nada. Arne además notaba el frío extendiéndose desde el cuerpo de su dragón hacia el suyo propio.

— Intenta mantener una llama sin lanzarla. No vayas a congelarte.

Zeph trató de abrir la boca para formar la llama que Arne le había pedido, pero resultó imposible; la nieve le entraba e impedía que se formara nada. El dragón se tambaleó y soltó un rugido.

— ¡Aguanta! —gritó Arne mientras se agarraba fuerte al Salamence para no caerse.

Lo que ninguno de los dos esperaba en aquel momento era que un nuevo rugido de Zeph iba a ser respondido por lo que parecía una voz femenina que se confundía con el silbido del viento.


 
- -


El camino de Aila tampoco estaba siendo el más tranquilo. No solo no veía nada a causa de la ventisca sino que la nieve era muy espesa y, tanto a ella como a Kamao, les costaba avanzar. Excavar no parecía una opción porque, al contrario que antes, la capa nevada debía ser de varios metros y la Garchomp terminaría agotada. El frío, que podía resultar letal para una dragona, tampoco ayudaba, aunque ese era un elemento con el que tenía claro desde el principio que había que contar.

Pero lo peor fue que, de repente, la ventisca cambió a una dirección muy clara: contra Aila y Kamao. No parecía un fenómeno tan natural y la joven lo supo muy pronto.

— Kamao, estoy segura de que esto es un ataque. Trata de resistirlo y devolvamos el golpe.

La Garchomp trató de cubrirse y, cuando vio que el ataque cesaba, gruñó y se lanzó hacia algo que Aila no veía en aquel momento. Se oyó un grito de dolor de otro Pokémon y luego la dragona salió despedida hacia atrás como consecuencia de lo que parecía otro ataque. No fue hasta entonces cuando la joven pudo ver que el enemigo era un Abomasnow furioso ante el que estaba en clara desventaja. La bestia congeló su puño y, cuando estuvo cerca, golpeó con toda su fuerza el pecho de Kamao.

La Garchomp se retorció en la nieve, cosa que tampoco le ayudó al dolor. Aila solo tenía claro que tenía que derrotar al Abomasnow, ¿pero cómo? Tenía que pensar en algo rápido, no solo por Kamao, que estaba sufriendo mucho, sino también por ella misma, que parecía que iba a recibir el siguiente ataque.

— ¡Kamao! —gritó—. ¡Tienes que sacar fuerzas de donde sea!

No sirvió de nada, y bastó una bofetada del Abomasnow para hacer que Aila cayera al suelo junto con su Garchomp. En otras circunstancias la sangre que comenzaba a brotar de la cintura de la joven incluso le hubiera resultado un logro por el que chinchar a su hermano pero… Aila realmente sentía que ese sería su final. Y lo vio delante de sus ojos cuando el puño helado de la bestia comenzó a caer hacia ella.

Solo para estrellarse contra una de las garras de Kamao. La Garchomp gruñó; no estaba dispuesta a acabar así, y mucho menos iba a dejar que a su entrenadora le hicieran aún más daño sin luchar. La dragona volvió a rugir mientras trataba de aguantar el choque de los dos ataques, pero esta vez se estaba dirigiendo a Aila.

¿Qué estaba haciendo bloqueada? ¡Ella no era así! Y sonrió; entendió lo que quería decirle su Pokémon: era el momento de pasar a la acción.

— No podemos hacer nada con esta ventisca… ¡pero podemos quitarla! ¡Tormenta de Arena! —ordenó entusiasmada.

Kamao rugió, y pronto la ventisca comenzó a estar acompañada de un polvo cada vez más denso que se formaba alrededor de la Pokémon hasta confundirse con la propia nieve que caía. La combinación se empezaba a extender hacia todas direcciones y obligó al Abomasnow a retroceder. Había dejado de estar completamente en su elemento. En cambio, y a pesar de que había recibido una verdadera paliza, Kamao se movía con cada vez más agilidad por el lugar. Ayudaba, además, la fina capa de polvo que estaba cubriendo la nieve del suelo. La Garchomp estaba aprovechando para permanecer oculta a los ojos del Abomasnow.

El Pokémon de Hielo, sin embargo, no iba a ceder tan fácilmente, y creó al mismo tiempo una fuerte tormenta de granizo que, en un principio, caía a su alrededor, pero pronto chocó con la arena que había invocado Kamao. Aila tuvo que cerrar los ojos y cubrirse la cabeza ante la colisión de los dos fenómenos que habían provocado ambas bestias.

— ¡Dale fuerte! —gritó sin importarle que fuera a metérsele arena o granizo en la boca.

El choque entre ambas tormentas se hizo aún más fuerte mientras Kamao se iba acercando al Abomasnow para atacar. Aila retrocedió; puede que fuera su oportunidad de dejar atrás a su hermano en cuanto a cicatrices, pero también era una forma demasiado molesta de conseguirlas. La Garchomp luchaba contra la tormenta de granizo que envolvía a su oponente mientras trataba de afectar al Pokemon de hielo con su propia arena.

Y, de repente, el choque entre los fenómenos provocó una explosión. Cuando Aila finalmente pudo volver la vista hacia ella, lo primero que vio fue el humo que se confundía con la ventisca. Después, oyó unos jadeos que reconoció enseguida como los de Kamao. Y por último, pudo ver el estado en que habían quedado ambas bestias: a un lado, la Garchomp se mantenía en pie con cierta dificultad. Al otro, el Abomasnow había caído al suelo. Estaba consciente y parecía querer levantarse, pero tenía una de las garras de la dragona sobre su cuello. Si intentaba moverse, quedaría sin respiración.

— Está bien, Kamao. Déjale que se levante —pidió Aila. La Garchomp alejó la garra de su oponente, que pudo ponerse en pie. Pero no atacaba ni parecía querer hacerlo—. ¡¿Por qué nos atacas?! ¡Nosotros solo queremos subir la montaña! —espetó.

El Abomasnow gruñó e hizo una expresión de arrepentimiento mientras intentaba explicar algo. Kamao gesticuló para traducirlo a su manera. Aila, sin embargo, no entendió a ninguno de los dos y se encogió de hombros.

— Como sea. ¿Nos dejarás pasar por lo menos?

El Abomasnow asintió e hizo una señal a ambos para que le siguieran. Tal vez podía ser una trampa, pero Aila decidió fiarse. ¿Qué otra opción le quedaba en aquellas condiciones?

 
- -

Zeph había conseguido estabilizarse, remontar el vuelo y seguir las instrucciones de Arne, que le dirigía hacia donde estaba escuchando la voz femenina de antes. El dragón gruñía en cada una de ellas; no parecía convencido de que el camino fuera el correcto, pero el joven insistía.

La voz seguía repitiéndose constantemente, como si estuviera llamando a Arne. No veía nada a causa de la nieve que caía, pero el sonido, que se imponía al silbido del viento, le guiaba. Y le llevó hasta lo que parecía la entrada a una cavidad en la roca.

— Vamos a entrar —ordenó; Zeph soltó un gruñido y se negó a moverse—. ¡Venga! Seguro que salen unas fotos magníficas.

Pero el Salamence seguía sin moverse del sitio. Y, mientras, la voz seguía llamando a Arne desde el interior de la cueva. Llegó un momento en que se empezó a intercalar con algunas risas.

— ¿Te pasa algo, Zeph? Seguro que no hace tanto frío dentro. ¿Por qué no quieres entrar??

El dragón no solo volvió a gruñir sino que, acto seguido, lanzó una bola de fuego hacia dentro de la cueva. La voz femenina que venía oyéndose fue sustituida por un grito de dolor que parecía más bien provenir del inframundo.

— ¿Pero qué estás haciendo?

Zeph volvió a ignorar a Arne y lanzó otra bola de fuego en la misma dirección. De nuevo se oyó un grito de dolor. Pero, esta vez, la responsable de las voces hizo su aparición: de la cueva salió una Froslass que flotaba en el aire de forma grácil a pesar de los golpes. No solo eso, sino que tenía agarrada una Bola Sombra que lanzó al Salamence en cuanto lo vio. Arne se tuvo que agarrar fuerte al dragón cuando se elevó tan rápido como pudo para esquivar el ataque.

— Basta, Zeph —le pidió—. ¿Qué problema tienes con esta Froslass?

La fantasma volvió a reír mientras Zeph rugía. Era obvio que el dragón desconfiaba de la Froslass, pero… Arne estaba convencido de que, si hubiera querido hacerles daño, lo habría hecho ya. No solo eso, sino que parecía estar haciendo señales para que entraran.

— Escucha —siguió insistiendo Arne—, ya estás viendo que aquí fuera hay una ventisca y te cuesta mucho volar por ella. Pero dentro no hará tanto frío y podemos esperar a que amaine un poco —hizo una breve pausa mientras la Froslass asentía—. No hace falta que confíes en ella pero… al menos confía en mí.

El joven esbozó una sonrisa y acarició el lomo del Salamence, que por primera vez parecía dudar. Finalmente, y tras un momento de silencio, solo interrumpido por el sonido de la ventisca, el dragón comenzó a volar hacia el interior de la cueva. Arne suspiró y le preguntó a la Froslass:

— ¿Nos ayudarás a llegar a la cima? —la fantasma asintió y soltó una pequeña risa. Luego el joven se dirigió a Zeph—. Cuando entres en calor saldremos.

El dragón gruñó; aún no se fiaba de la Froslass, pero parecía haber decidido quedarse a pesar de todo.

 
- -

La ventisca había amainado, aunque aún seguía nevando y la visibilidad era baja. La cima del Monte Garra eran en realidad cuatro picos que, en ese punto, eran prácticamente verticales y dejaban ver la roca a pesar de que la nieve cubría el resto del lugar, un estrecho desfiladero entre los cuatro picos.

Los primeros en llegar habían sido Arne, Zeph y la Froslass que les guiaba. El dragón bufó al aterrizar y dirigió una mirada amenazante a la fantasma, que rió por última vez antes de abandonar a quienes había prestado su cueva.

— ¿Ves como tenías que confiar? —murmuró. Zeph resopló y expulsó con ello algo de vapor. Más que molesto estaba herido en su orgullo, aunque Arne pensaba que se le pasaría pronto—. ¿Habrá llegado…?
— ¡ARNEEE!

La voz de Aila sobresaltó al joven, que no la esperaba tan pronto y, mucho menos, corriendo con el entusiasmo con el que lo hacía. A Kamao no le estaba costando mucho avanzar porque la cantidad de nieve en el suelo allí era menor. Y, a ambos, les acompañaba el Abomasnow contra el que habían peleado, que se quedó a una distancia prudencial.

— ¡Mira esto! —seguía gritando Aila mientras señalaba a su cintura, aún ensangrentada.
— ¡Cielos! ¿Qué te ha pasado?
— Tuve un combate duro —lo dijo como si no tuviera importancia—. ¡Pero ahora voy a tener una cicatriz más que tú!
— ¿Por eso has llegado tan tarde? Nosotros ya tenemos nuestra Piedra Draco —mintió Arne para provocar.
— ¿Ah, sí? ¿Y dónde la tienes?

Arne soltó una carcajada y respondió con sorna mientras señalaba a una de las paredes de roca:

— Por ahí estará.
— O sea, que no la tienes.
— Ni siquiera sé dónde la vamos a encontrar.

Se hizo un silencio incómodo. Ninguno de los dos hermanos tenía la más mínima idea de dónde empezar a buscar siquiera, y tampoco ayudaba que el color que se podía ver en la roca fuera similar al que habían visto que tenía la Piedra Draco. Arne se encogió de hombros, y Aila probablemente le hubiera pegado una paliza si no hubiera sido porque cualquier paso en falso podía resultar en una caída fatal. Mientras, Zeph estaba quieto; parecía estar sintiendo el viento e ignorando lo que estuviera ocurriendo entre los hermanos. Y Kamao…

Kamao parecía estar notando algo en el suelo y rugió para avisar.

— ¿Qué pasa? —le preguntó Aila a su Pokémon, quien señaló hacia abajo—. ¿Hay algo ahí?

La Garchomp asintió y volvió a rugir. Arne corrió hacia donde estaba y escarbó entre la nieve.

— ¿Qué hay? —preguntó Aila.
— Nada. Solo tierra y piedras normales
— ¿A ver? Déjame a mí.

Aila apartó con suavidad a su hermano y rebuscó por donde había escarbado.

— ¿Nada?
— Nada —la respuesta de Aila sonó amarga. Pero Kamao seguía insistiendo.
— ¿Y si le pides que excave?
— ¡Claro! Kamao, ya sabes.

La dragona comenzó a excavar en el lugar bajo la mirada atenta de Aila. Era una roca dura y no le resultaba todo lo fácil que le hubiera gustado, pero avanzaba a buen ritmo y se mantuvo así durante unos minutos.

— Ya está, puedes parar —ordenó Aila.
— ¿Será suficiente?
— Por ahora sí. Pero seguiremos cavando si hace falta.

La joven se metió en el agujero y no tardó mucho en gritar desde allí:

— ¡Arne! ¡Baja, las he encontrado!

Aila tenía ante sí, en la pared del agujero que Kamao había excavado, una gran cantidad de piedras que, aunque se confundían en color con la roca, dejaban ver algunos detalles en forma de escamas. Eran las Piedras Draco que buscaban. Arne bajó tan rápido como pudo y cogió una para sí.

— ¡Las tenemos! —celebró—. Ahora solo nos queda volver.

Zeph se metió también en el agujero y sacó de allí a ambos una vez Aila hubo cogido su Piedra Draco.

— Le he pedido al Abomasnow que vaya con vosotros —le dijo Aila a su hermano—. Así no os perderéis.

En efecto, el Abomasnow contra el que Aila había peleado seguía allí, a una distancia prudencial de los hermanos y esperando para bajar. Pero aún quedaba otro problema.

— Ahora… ¿cómo demonios voy a bajar yo volando? —preguntó la joven.
— ¿Quieres que te ayude? —respondió Arne con una sonrisa maliciosa.
— ¿Qué vas a hacer?
— Tú solo ponte ahí.

Arne señaló un punto del desfiladero peligrosamente cerca de un precipicio. Aila dudó, pero aun así hizo caso y se colocó donde su hermano le pidió.

Y, entonces, Arne empujó a su hermana al vacío.

Kamao saltó enseguida detrás de su entrenadora, logrando caer a una mayor velocidad, y comenzó a planear hasta conseguir recogerla en el aire. Lo último que pudo escuchar Arne en la cima fue el grito de su hermana:

— ¡¡¡TE ODIO!!!


 
- -

— ¡¿En qué demonios estabas pensando?! —explotó Aila en cuanto vio llegar a Arne y a Zeph de vuelta en Pueblo Garra.
— Bueno, ¿has podido llegar volando o no?
— ¡Podías haberme matado!
— Y me hubieras ganado a cicatrices.

Arne estaba respondiendo con toda la tranquilidad del mundo mientras Aila estaba enrojecida por el enfado.

— ¡¿Te importan más las cicatrices de tu hermana que su vida?!
— Sabes que Kamao puede planear y te iba a salvar.
— ¡No lo sabía!
— Pues deberías haberlo sabido
— Chicos, chicos —intervino Halstein—. Calmaos, lo habéis hecho muy bien.
— ¡No lo ha hecho bien! —espetó Aila—. ¡Para él hacerlo bien era matarme!
— Aila —respondió inesperadamente Dahlia sin quitar la vista de la tablet—. No es problema de tu hermano que no conozcas bien a tu Pokémon.
— No seas tan dura —respondieron al unísono Arne y Halstein.
— Aun así —siguió Dahlia—, supiste resolver el malentendido con el Abomasnow de forma brillante.

Aila chasqueó la lengua. No estaba contenta, y las palabras de su madre le habían sentado mal.

— En cuanto a ti, Arne —dijo Halstein—, deberías ser capaz de confiar más en tu Pokémon. ¿Y si te hubieras topado con una Jynx en lugar de con una Froslass? Puede que os hubiera dormido y, entonces, habríamos tenido que ir a buscarte, con lo que ello significa.

Zeph bufó, sabiéndose que había tenido razón todo el tiempo.

— Lo siento —murmuró Arne al Salamence.
— Pero por suerte, finalmente conseguiste una guía excepcional en unas condiciones completamente hostiles que Zeph no habría sido capaz de atravesar en solitario. Un buen domadragones sabe cuáles son los límites de sus Pokémon y actúa en consecuencia. Y eso es justo lo que has hecho —Halstein carraspeó y se puso serio y solemne—. Habéis subido al Monte Garra como pedimos, traído Piedras Draco de la cima y bajado como se os exigía. Por ello, declaro que habéis superado la prueba con éxito.

Arne esbozó una ligera sonrisa mientras Aila mantuvo su expresión de enfado. El joven entonces preguntó:

— Entonces, ¿para qué sirven estas Piedras Draco?
— Para nada —respondió su madre.
— ¡¿Cómo que para nada?! —exclamaron ambos hermanos al unísono. El padre soltó varias carcajadas.
— Las Piedras Draco se usan tradicionalmente para hacer adornos para los domadragones de esta región. Pero, más allá de eso, no sirven para nada.
— ¡¿Me estás diciendo que mi hermano casi me mata por unos simples adornos?!
— Aila, cálmate —pidió Arne.
— ¡¿Cómo quieres que me calme?!
— Arya, por favor.

Dahlia, sin quitar ojo de la pantalla, sacó a una Altaria de su Pokéball que comenzó a cantar, haciendo que todos los allí presentes comenzaran a adormilarse.

— Descansad, hijos. Mañana tendréis vuestra próxima prueba —dijo la mujer entre bostezos—. Arya, llévanos a un lugar más caliente para dormir…
Hic sunt dracones

[Imagen: coURMrK.gif] 
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#10
Yay, soy el primero en comentar la parte de Morde, por lo que puedo llevarme la extremidad que quiera luego del... digo, buen fic :D (?)

En fin, vamos a ponernos serios. Teniendo ya un poco de contexto de los drabbles anteriores, este inicio de aventura me ha entrado mucho mejor que lo habría hecho sin esas muestras de caracterización (con lo que también me hago una idea general de qué tan lejos están dispuestos a llegar ambos para cumplir sus sueños). El planteamiento de vuestra región original es interesante, y con este segundo episodio publicado por Morde, empiezo a entender por qué esos requisitos tan estrictos: las pruebas que vienen por delante no serían factibles de ser realizadas con menos, por lo puedo prever. Tengo mucha curiosidad por qué más tiene Mystra por ofrecer, porque dado todo lo dicho, salvo sus padres, los hermanos idolatran a otros conocidos domadragones de fuera de la región; a nivel meta es comprensible, pero a nivel de la historia en sí, es cuando menos curioso que no (then again, sus padres podrían ser sus mayores referentes, porque ya se menciona que son figuras muy influyentes en ese mundillo)

Que hablando de los padres, me encanta ese contraste de pasión y templanza, expresado de manera distinta en cada uno de ellos de acuerdo a sus propias personalidades; no soy muy fan de decir "este hijo/a se parece a X y el otro/a a Y", me mata un poco el sentido de identidad de los personajes, cosa que Aila y Arne manifestaron como algo en lo que no quieren caer. Parece una familia feliz, pero que al mismo tiempo es muy consciente del peligro que enfrentan en su especialización, así que al menos este parte de insensatos tiene unos buenos guías (que, quieras que no, han hecho muy de padres en el segundo episodio, doblando las reglas xD)

El caso es que tengo mucha curiosidad por cómo seguirá todo esto, y quizá extrañe a Tommy y Kiwi, pero voy a poner mi voto de confianza en que esta historia no se hará aburrida. Morde tiene mucho conocimiento de dragones, y aunque a veces me dé algo de cringe con lo edgy que puede ser, parece ser un escritor aplicado y con talento. En cuanto a Sakura, que sí, será todo lo pastelosa, fangirl y chillona que queráis, pero tiene un fic largo prácticamente completo a sus espaldas, y os tengo que recordar, una de las mejores demostraciones de lo brutal que puede ser la preparación para ser un domadragones (concretamente, cuando el Dragonite de Lance se descontrola en Ecruteak a causa de las ondas... sí, a mí me pilló muy sorpresa, pero es muy coherente). Así pues, me dejo en manos de ambos; no creo que esta historia vaya a decaer por este punto, y menos cuando veo a ambos escribir tan sueltos, tan liberados de lo que podrían ser las expectativas de otros. Así es como salen las mejores historias del mundo...

Mostrar Citas dragoninas (?)
Cita:— ¡¿Qué haces, Kamao?! —gritó Aila mientras trataba de sujetar a la Garchomp.
— ¡Zeph, basta! —pidió también Arne al Salamence.

Ambos dragones intentaban seguir peleando, pero sus entrenadores se esforzaban por detenerlos. Hasta que, al final, bramaron de forma amenazante y desistieron.
Y es por esto que les hacen pruebas, niños owo
Aunque la situación es peliaguda, a nivel narrativo ha sido tranquilizador verlo, pues estás alejando las preocupaciones que Tommy y Kiwi tenían al respecto.
 
Cita:— ¡¿Pero cómo voy a volar con Kamao?! —protestó.
Suerte que esta niña no ha visto el anime (?)
 
Cita:— Ahora… ¿cómo demonios voy a bajar yo volando? —preguntó la joven.
— ¿Quieres que te ayude? —respondió Arne con una sonrisa maliciosa.
— ¿Qué vas a hacer?
— Tú solo ponte ahí.

Arne señaló un punto del desfiladero peligrosamente cerca de un precipicio. Aila dudó, pero aun así hizo caso y se colocó donde su hermano le pidió.

Y, entonces, Arne empujó a su hermana al vacío.

Kamao saltó enseguida detrás de su entrenadora, logrando caer a una mayor velocidad, y comenzó a planear hasta conseguir recogerla en el aire. Lo último que pudo escuchar Arne en la cima fue el grito de su hermana:

— ¡¡¡TE ODIO!!!
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Para el que diga que Arne no está tan loco como su hermanita (?)
 
Cita:— ¡¿Me estás diciendo que mi hermano casi me mata por unos simples adornos?!
— Aila, cálmate —pidió Arne.
— ¡¿Cómo quieres que me calme?!
— Arya, por favor.

Dahlia, sin quitar ojo de la pantalla, sacó a una Altaria de su Pokéball que comenzó a cantar, haciendo que todos los allí presentes comenzaran a adormilarse.

— Descansad, hijos. Mañana tendréis vuestra próxima prueba —dijo la mujer entre bostezos—. Arya, llévanos a un lugar más caliente para dormir…
Hay que ver con esta familia... xD

Así pues, no puedo decir mucho salvo que disfruté mucho de la lectura de ambas partes; ya nos veremos cuando esté el siguiente episodio. Keep it up! :D

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[Imagen: anh12KW.png]

Wasureruna saigo no buki wa ai sa
♪♪
 
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#11
Chabónnnn no podés tardar tanto en subir esto. Lo leí y fue increíblemente dinámico, fresco y divertido, así que cuanto más me iba gustando lo que hiciste con los hermanitos garrita y colmillito, más bronca me dio el darme cuenta de la cantidad bestial de meses que pasaron desde la última vez que supimos de ellos. ¡Más de medio año!

En fin, retos aparte por la escasa productividad (?), tengo que seguir resaltando aspectos positivos de esta historia. Si bien la introducción de Saku fue súper esclarecedora de los personajes principales y la dinámica familiar de cara a la aventura por volverse expertos doma-dragones, fue el segundo, de Morde, el que sentó las bases del tipo de aventuras que tendrían, incluyendo los roces entre ellos que parecen mucho más rivales que hermanos, y sobre todo el detallazo del capítulo: que sus padres son en realidad miembros nefastos de una ancestral secta dracosatánica que busca complacer los sádicos caprichos de su adorado Kyurem, enviando almas jóvenes y puras a una muerte segura en las montañas nevadas de la región.

¿Qué? El momento en que los dos ven partir a sus vástagos y hablan sobre lo contento que estará el dragón de hielo me hizo sentir genuinos escalofríos por los derroteros súper turbios que podría tomar la historia. Claro que, de haber sido un fic exclusivamente tuyo, Morde, posiblemente podría haber pegado zarpado plot twist presentándonos a los padres como... enfermos fanáticos pseudo religiosos pariendo niños que iban a morir con el pretexto de las pruebas legendarias para volverse domadores de dragones. Peeero tenemos a la adorable Sakurita metida en la ecuación, y ella no permitiría que algo horrible suceda en el núcleo familiar protagónico. Después de todo, y aunque ciertamente estuvo bien narrada la aventura y los peligros que se interpusieron en sus caminos, esencialmente parece ser una historia predominantemente luminosa y con un tono ligero. Sin embargo, tengo que aplaudir que se nota lo bien que estuvieron craneando las reglas de este mundo y las pruebas que debían atravesar Arne y Aila, y me gustó el detalle de que Garchomp tenga que subir a pata y bajar volando, y Salamence subir volando y bajar a pata (con lo que debe putear Salamence por, habiendo recién obtenido sus ansiadas alas, tener que desplazarse a pie como cuando era un Bagon o un Shelgon xD!).

Es curioso que leyendo esto se me ocurrió que tal vez la auténtica prueba para ellos era estrechar los vínculos con sus respectivos dragones, y no necesariamente volverse una especie de monster hunters de dragones gigantes a lo largo y ancho de la región. Por esto mismo imaginé que sus pruebas tendrían más que ver con eso, aunque bien podríamos verlos en un par de capítulos sufriendo juntos contra un Dragonite o un Turtonator al que sus adorables papis ordenasen capturar.

Sea como sea, el humor estuvo muy bien metido, y las personalidades tan distintas entre los hermanos sumaron muchísimos puntos a la historia. No sé si conversaron entre ustedes ese tipo de aspectos del capítulo, pero la verdad es que amenizaron mucho la lectura y le aportaron un montón de fluidez al relato. Se sintió como que sucedieron varias cosas en pocas palabras, pero todo estuvo contado adecuadamente y sazonado con la innegable química de "pareja dispareja" entre los protagonistas.

A ver cómo sigue el viaje, espero con ganas la próxima dracoaventura.
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#12
Mostrar Uno muy serio

Buen día/tarde/noche totodile

Vengo a comentar como fafnir el masoquista pidio MincinnoKnife

Pero antes...
 
(09 Jan 2022
06:11 PM)
Fafnir escribió:
Los dos hermanos, aún riendo, reconocieron la voz masculina que les hablaba, se giraron y vieron a un Hydreigon que aterrizaba en el lugar transportando a sus padres. Halstein les dedicaba una sonrisa de oreja a oreja, mientras que Dahlia estaba absorta en su tablet y apenas les miraba de reojo. Los dos se bajaron del Hydreigon y rápidamente lo devolvieron a su Pokéball para que no pasara demasiado frío.

¿Qué tanto ve esa mujer en la tablet? Está leyendo algunas lecturas especificamente importantes o simplemente está tan sumergida en algo que no puede desviar su atención a sus propios hijo/evaluados... En fin... supuestos padres "responsables" y evaluadores "profesionales".

Ahora sí... vamos a la historia...

Veo que tomaron muy en serio mi queja de la ausencia de cicatrices en el comentario anterior, pero no lo decía para mal... ahora que han vuelto al camino del masoquismo... temo por la integridad física y mental de este par de niños. Que bueno... sé que los niños quieran competir entre ellos y toda la cosa de la rivalidad, pero este par llega a un extremo... umbreonwhat

Que vamos... me perturba que sus padres no los detengan y que vean tan relajados que sus retoños busquen navajarse para parecer más rudos... Que todos sabemos que entrenar dragones es descrito como una labor dura y que amerita mucha dedicación, pero una cosa es ganar cicatrices por ello y otra es buscar obtenerlas para exibir un trofeo de su propia... niños locos...

Ahora... no entendí mucho la lección de esta prueba jaja...

Empezando con que los padres hacen cosas un poco contradictorias... a ver ellos guardan su hydra porque hacía mucho frío, pero dejan que sus hijos tengan a sus dragones fuera y no hacen comentario de ello. Vale están en una prueba y puede que esto sea parte de ello, pero entonces los padres/jueces también hicieron está prueba en su momento, por lo que sería normal que sus Pokémon toleren de cierta forma el clima y esto incluso podría servir de ejemplo para los Pokémon de los niños o por lo menos darles un seudo objetivo a cumplir como Pokémon y no como mascota del par.

Después esta la lección del acto irresponsable de Arnes, que siguio un canto misterioso y confio en el Pokémon causante de ello incluso cuando su Pokémon se mostro completamente desconfiado para que más tarde el padre le regañe diciendo que podría haber sido un Jinx umbreonwhat ¿Qué pasa con los Jinx? ¿Son peligrosas por ser [email protected] o qué? Hasta donde tengo entendido los Jinx son Pokémon amigables que simpre están dispuesto a ayudar, mientras que las Froslass... están inspiradas en las mujeres que hielo que les gusta encantar personas y congelarlas, así que ella son las peligrosas...

Por otro lado la lección de Aila... Si es por comprender la situación con el Abomasnow se refieren a no dejar que su Garchomp lo noquee por completo, pues lo paso... pero ella ni siquiera comando a su Pokémon, a excepción de la tormenta de arena, básicamente solo lo ánimo cual porrista mientras dejaba que este atacara como mejor le pareciera...

Esto solo me deja en claro que este par va a tener serio problemas de obediencia en un futuro cercano con sus dragones y creo que va a ser algo mucho más allá de que sean Pokémon de alto nivel para un par de mocosos inexpertos, sino estara más ligado a la forma salvaje y desordenada como los entrenaron...

Por otro lado... si la piedra esa es solo para hacer adornos, por lo menos deberían hacer el dichoso adorno para los niños... como una especie de recordatorio de que pasaron la prueba de la montaña... por decir algo y que no quede como que buscaron una joya de fantasía en mitad por las ganas de sus padres... Malicious

Bueno eso es todo por el momento hasta un próximo capítulo  Mewwave

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#13
No voy a negar que la parte del acantilado me mató de risa. Así como la constante obsesión con las cicatrices. 

Acá siento que empiezan a desenvolverse mejor los dos. O tal vez sea que el capítulo anterior es demasiado bueno para introducir tanto a los hermanos como al tono que este puede fluir directamente con el mismo curso. Me encantó el detalle de que las piedras fueran inútiles... una parte de mí esperaba que fueran a megaevolucionar o algo. 

Nos vemos en el próximo!

Ya pasó un mes, Saku de mi Salud. Tic toc toc tic
[Imagen: 6zFZgO5.png]
Animus. Antrum. Unverse. Anima, Animusphere
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#14
Después de no sé cuánto tiempo paso a leer la siguiente parte de los hermanos, la cual fue entretenida, pero no sé por qué lo sentí muy rápida. A lo mejor por mis experiencias jugando muchos JRPGs me han condicionado mucho cuando se trata de "pruebas", debo admitir que es un "Problema mío que de ustedes" así que nada que ver, comentario al azar de mi parte. No obstante, retomando las experiencias de los JRPGs, cuando arriesgas la vida del party o tardas en completar una misión secundaria nada más para que te den un mísero objeto que no vale nada ni para venderse, pega mucho en el alma, solamente queda insultar al NPC. 

La dinámica de hermanos sigue igual, ¿hermanos que no se bullean se pueden llamar hermanos? La escena del acantilado se veía venir, pero aún así surgió efecto. Vuelvo a repetirme, de poco a poco le estoy agarrando "cariño" a los protagonistas, aunque sigo diciéndome que ser "novatos" y tener dragones en su última fase da para más situaciones como las que se presentó, al igual del mismo desafío de domar estas criaturas.

Dicho eso, no sé si aun sepas lo de "Himbo" explico brevemente porque el padre de ellos sigue entrando en esa categoría en mi mente.

Es la versión masculina de "Bimbo" (Mujer atractiva/sexy, pero tonta) pero al paso de los años, el término "Himbo" se le fue quitando lo tonto, en algunos casos, para hacerlo un caballero y una amable persona, conservando su atractivo y/o musculatura, "un gigante amable" por así decirlo (Jonathan Joestar es el perfecto ejemplo) No confundir con "Hunk" el cual se le aplica a los hombres atractivos/musculosos, pero sin lo bondadoso (Zaveid de Tales of Zestiria/Berseria es un buen ejemplo)

Espero haber aclarado dudas, suerte chicos.
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#15
Mostrar Comentarios
@SoujiFujimura: MIL GRACIAS DANOT POR TUS BELLAS PALABRAS Y CONFIAR SIEMPRE EN NOSOTROS. Aunque este cap sea un poquito más chill que el anterior, y tampoco tanto, estoy segura de que no dejará indiferente a nadie, más que nada porque empieza a asentar las bases de ciertas tramas que ya veréis cómo se desarrollan en el tiempo. Puede que el inicio fuera muy happy e idílico, pero vais a empezar a ver que el camino para convertirse en un verdadero domadragones no es ninguna fiesta.

@Tommy: si te enfadaste con lo que tardó Morde en publicar… a mí me vas a matar (? ¡Pero ey! Así le damos emoción a la cosa. Si el capítulo anterior sentó las bases del tipo de pruebas que tendrán, este como le he dicho a Danot lo hará para otras que veréis más adelante (no taaan adelante). Ya tenemos hablado qué sucederá en el próximo capítulo y solo voy a deciros que os agarréis porque se viene.

@Katsurane: Dahlia se hace la desinteresada con su tablet pero juro que ama a sus hijos… a su manera. La integridad física de los niños va a estar siempre en juego teniendo en cuenta el tipo de oficio que han escogido. Y tienes toda la razón del mundo, no se tardará en ver que hay cierto problema con el comportamiento de los dragones. Que no todo iba a ser coser y cantar, Kiwi y Tomás, os miro a vosotros y a vuestros primeros comentarios

@MrKiwi: no me metas prisa en los comentarios Kiwi de mi… wiki. Como dices creo que Morde hizo un excelente trabajo en el anterior capítulo mostrando con más claridad de qué va a ir la cosa a partir de ahora, espero que la historia os siga enganchando a pesar de que publicamos cada luna roja (?

@JoJoBaoh: que las piedras no sirvieran para nada en especial fue el equivalente a "el verdadero tesoro son los amigos que hicimos por el camino" (? Me alegra que le vayas agarrando cariño a nuestros niños, la verdad que nosotros la pasamos rebien escribiendo sobre ellos y cada vez que comentamos los detalles del fic nuestras conversaciones se convierten en un festival eterno de mayúsculas. En fin, ¡espero que disfruten la lectura!



Capítulo 3: Tú, mis alas; yo, tus garras.



Aila no podía dejar de mirarse las manos y los antebrazos. Hacía poco que había despertado y no le costó darse cuenta de que estaba en un Centro Pokémon, en la parte de abajo de una litera (¡maldición! ¡A ella le gustaba la parte superior!). Seguramente su madre la habría llevado ahí después de que Arya les hiciera dormir al finalizar su primera prueba, la cual habían superado con éxito tanto ella como Arne, y así lo demostraban las dos Piedras Draco que había en la mesita de noche que había a su lado. Debería estar eufórica, con ganas de celebrar su primera victoria.

—¡¿Qué haces, Kamao?!

Y, aun así…

—¡Zeph, basta!

Fue un pequeño incidente, uno que duró apenas unos segundos, pero los rasguños que adornaban sus extremidades superiores le dolían más que la herida de su cintura por el combate contra Abomasnow. Eran unos cortes superficiales que se había hecho al intentar retener a Kamao cuando se había lanzado a por Zeph, pero le resultaban bastante dolorosos al hacerle consciente de su incompetencia a la hora de controlar a su dragona. Que el Salamence de Arne le hubiera quemado sin querer no debería haberle hecho reaccionar de esa forma hostil, si hubiera estado un poco más alto la caída de su mellizo podría haber sido fatal y todo habría sido culpa suya. Aunque pensaba que era consciente de la responsabilidad que conllevaba tener un dragón consigo, solo ahora estaba empezando a sentir en su pecho y hombros la carga que llevaba.

—Tampoco te tortures mucho por eso, ¿sí?

La voz de Arne la devolvió a la realidad en un santiamén. El muchacho se había asomado desde la litera superior y le estaba mirando con cierto aire de preocupación, aunque Aila no se dio cuenta de eso porque estaba muy ocupada tratando de camuflar lo que sentía de verdad. Había estaba tan ensimismada en sus pensamientos que ni se había preocupado de localizar a su hermano.

—N-no me estaba torturando por nada. Solo estaba recordando cómo gracias a mí conseguimos encontrar las piedras.

—Ajá.

Arne respondió lanzándole un cojín en la cara y Aila gritó antes de reírse involuntariamente. El chico bajó al suelo en un abrir y cerrar de ojos y se encerró en el baño para ser el primero en ducharse, algo que molestó a su hermana, quien se puso de pie de un salto y fue corriendo a aporrear la puerta para gritarle que le dejara agua caliente.

Dos baños, unas pullas y un par de capas más tarde los dos ya estaban listos para bajar a la recepción del Centro Pokémon, donde sus padres los estaban esperando. Halstein se levantó con una gran sonrisa al verlos entrar y extendió los brazos al cielo, igual de contento como si hubiera presenciado una aparición divina. Por su parte, Dahlia ni se molestó en quitar sus ojos de la tablet en la que estaba rellenando el informe correspondiente a la misión de sus hijos.

—¡Buenos días! ¿Cómo están los victoriadores de la primera prueba?

—"Victoriadores" no está en el diccionario, querido —indicó la mujer mientras alzaba la vista brevemente para analizar a sus hijos—. Si me preguntas a mí diría que se están empezando a dar cuenta de que esto no es un camino de rosas.

—¡Bueno, no es como si no se lo hubiéramos dicho mil veces! —exclamó Halstein mientras se acercaba a ellos y se situaba en el medio de ambos para rodear los hombros de cada uno con un abrazo— Bueno, ¿qué tal la experiencia? ¿Cuáles son vuestras sensaciones despues de superar vuestra primera prueba?

—Tenemos mucho margen de mejora, hay aspectos que todavía debemos perfilar, pero logramos cumplir la misión. Se puede decir que estoy satisfecho con el resultado y estoy impaciente por seguir aprendiendo.

—Vamos, Arne, no te enrolles tanto. Ganamos, es lo que importa, ¿no? Ahora debemos centrarnos en la siguiente prueba —Dahlia negó con la cabeza mientras anotaba algo en su tablet, un gesto que no pasó desapercibido para su hija— Eh, ¿qué has puesto ahí? ¿He dicho algo malo?

—Recordad que evaluamos también vuestra actitud, no solo vuestra aptitud, y no os vamos a dejar pasar ni una —susurró Halstein mientras le daba una palmada en el hombro a los dos y se acercaba a su mujer. Aila se cruzó de brazos y Arne camufló una sonrisa tras la palma de su mano—. Bueno, ¿qué me decís? ¿Entonces estáis listos para afrontar la siguiente prueba o esperamos un poco más?

—Yo creo que estamos preparados.

—Sí. ¡Sí! ¡No hay razón para quedarse aquí! ¡Queremos realizar la siguiente misión ya!

—¡Genial! —exclamó Halstein dando una palmada, antes de señalar un panel informativo que había detrás de sus hijos. Este indicaba que las salidas y entradas de Pueblo Garra estaban cortadas por una gran nevada y se rogaba a todos los habitantes que no salieran a no ser que se tratara de una cuestión de vida o muerte— Una lástima que el tiempo no os acompañe. Tendréis que esperar mínimo hasta mañana, aunque yo diría que los dos días no os los quita nadie.

—¡¿Qué?!

Los mellizos reaccionaron a la vez y se dieron la vuelta para leer por ellos mismos la información que les acababa de dar su padre. No daban crédito a sus ojos, pero el anuncio era real, tan real como las cicatrices que recorrían sus cuerpos. La expresión de Arne se ensombreció y Aila le dio un pisotón al suelo.

—Me estás vacilando. Esto tiene que ser una broma. ¿Cuánto habéis pagado a la enfermera para que ponga ese anuncio?

—Eso es real, Aila, no jugaríamos con algo tan importante. Recuerda que vivimos en un clima casi extremo y salir en estas condiciones es muy peligroso. Como futuros domadragones, espero que seréis lo suficientemente sensatos como para no cometer ninguna imprudencia solo porque estáis un poco impacientes por seguir con las pruebas.

—Venga, que no es el fin del mundo —intervino Halstein antes de que el ambiente entre su hija y su esposa empeorara—. Podéis hacer que os tallen vuestras Piedras Draco en preciosos amuletos de los que alardear y ver ese proceso, o sentaros en la sala principal al calor de la leña mientras tomáis una taza de chocolate caliente y compartís vuestras impresiones sobre el viaje. Yo voy a cotillear un par de dulces que llevan llamándome por mi nombre completo un buen rato, si me necesitáis ya sabéis dónde estoy.

Con eso dicho Halstein abandonó la recepción y se adentró en el buffet, siguiendo el aroma de la bollería típica de aquel pueblo encantador. Los dos jóvenes se quedaron un poco desilusionados ante las pobres opciones que tenían para pasar el rato, ya se veían pasando esos dos días tumbados en la cama sin hacer nada de provecho. Por suerte para ellos, Halstein no era el único protenitor que les acompañaba.

—Vuestro padre nunca ha sido muy aficionado a la lectura —dijo Dahlia mientras se ponía de pie y apagaba la tablet para mirar a sus hijos. Una débil chispa de complicidad iluminó sus ojos durante el tiempo que tardó en reacomodarse las gafas—. Por eso no sabe que el sótano de este Centro Pokémon alberga una de las bibliotecas más importantes de Mystra, en la que hay tanto leyendas como manuales útiles para cualquier domadragones en busca de consejos.

Al terminar de hablar la mujer siguió a su marido, pues tampoco había desayunado y su estómago rogaba por comida. Arne y Aila se miraron con esperanza mientras una sonrisa adornaba sus labios, al mismo tiempo que se dirigían corriendo al sótano que les había mencionado su madre.

—Mamá es la mejor. Menos mal que no nos han propuesto ningún juego raro de los que tanto le gustan a papá. ¿Te acuerdas de cuando nos retó a escribir bien Zweilous buscando ese nombre en los libros de casa?

—¿Que si me acuerdo? ¡Tendríamos seis años como mucho! ¡No habíamos terminado de aprender a leer como corresponde! —susurró Aila mientras bajaba la voz a medida que se acercaban a la biblioteca— Esa maldad tiene que ir contra los derechos de la infancia, seguro.

Al fin los mellizos llegaron a su destino. Al bajar el último escalón llegaron a un pasillo estrecho y corto que conducía a una enorme puerta doble de madera de roble que tenía tallada en ella la palabra <<Biblioteca>>. Arne la abrió con cuidado empujándola con el hombro y Aila le siguió, procurando hacer el menor ruido posible.

Aquel lugar había hecho las delicias de su madre más de una vez, no les cabía la menor duda. Había una infinidad de pasillos flanqueados por estanterías repletas de libros que llegaban hasta el techo, del cual colgaban lámparas de araña que inundaban el lugar de una cálida luz anaranjada muy acogedora. Si no hubiera sido por el mostrador donde estaba el bibliotecario sentado tras un ordenador, estarían convencidos de que habían cruzado un portal al pasado.

—Me imagino a mamá danzando de un lado para otro acariciando las cubiertas de los libros y leyendo hasta quedarse dormida en una estantería —susurró Arne, completamente embelesado por la estancia. Por su parte, Aila se encogió de hombros mientras le echaba un breve vistazo al mostrador.

—Y yo me imagino a papá pidiéndole al bibliotecario que le preste el ordenador para ver sus series antes de morirse de aburrimiento.

Arne contuvo una risa mientras avanzaba por el pasillo principal. Este les condujo al final de la sala, la cual se abría un poco para crear un pequeño círculo en el cual había varios cojines y una manta en el suelo. Era un espacio dedicado a los círculos de lectura, uno de los pocos lugares habilitados para que la gente pudiera leer en voz baja a un pequeño grupo de oyentes.

—A ver. ¿Por dónde empezamos?

La mirada de Arne escaneó las baldas cercanas en busca de una lectura interesante, hasta que el dedo de su hermana señaló un gran tomo morado cuyo título rezaba <<Los orígenes de Mystra. Volumen I>>. Era una historia que habían escuchado mil veces y se sabían de memoria, de cabo a rabo, y al mismo tiempo resultaba ser la favorita de la joven, quien no se cansaba de oírla. Aila sonrió cuando su hermano lo tomó entre sus manos y, mientras lo abría, se acomodó en uno de los cojines para prepararse para su lectura. Arne también sonrió al ver la emoción de su hermana, quien parecía una niña con los ojos repletos de ilusión, así que carraspeó un poco e imitó el típico tono ceremonial de Halstein cuando empezó a narrar para darle más magia al momento.

—Hace un par de milenios, en un inicio tan antiguo como el tiempo…

•••

… había una tierra olvidada en el punto más alto del mundo. Sus cordilleras dibujaban terrenos irregulares en los que se creaban distintos microclimas que compartían una misma característica: el frío. La ausencia de calor llegaba a ser tal que los árboles morían y montañas enteras se congelaban, lo cual creaba unas condiciones ideales para que la vida no se atreviera ni a asomarse a esa gran isla.

Sin embargo, un día, precisamente el más frío de la historia, nació entre el hielo un imponente dragón con el poder de congelar todo en lo que pusiera sus brillantes ojos encima. Aun así, lejos de usar esa habilidad para arrebatarle a la tierra el poco calor que le quedaba, creó tormentas eléctricas que remodelaron las montañas y les quitaron sus gruesas capas de hielo gracias al calor de los rayos. La temperatura creció, un poco, lo suficiente como para que el vaho que se formaba con cada una de sus respiraciones diera forma a dragones de diversos tamaños y formas que empezaron a morar aquel apartado lugar. Ellos buscaban calor y refugio en su creador, quien hacía llamas de fuego sempiternas que guiaban y cuidaban a todos los miembros de su descendencia. Así, gracias al poder del fuego y de la electricidad, dio vida a una región que solo había conocido la muerte.

Con el paso del tiempo las tormentas se calmaron, la isla comenzó a prosperar y los primeros humanos empezaron a llegar. El Gran Dragón, anticipando el caos que se podría formar si unos seres como aquellos pisaban sus tierras, creó una gran capa de niebla que rodeó su amada isla para confundir a los extraños, una niebla que solo dejaba pasar a personas valerosas con buenas intenciones que tenían lo necesario para convivir con aquellas imponentes criaturas místicas. Para demostrar que eran dignas, el Gran Dragón les imponía una serie de pruebas que debían superar para ganarse su aprobación y el derecho a quedarse en la isla. Fue así como, poco a poco, se fueron creando los primeros asentamientos…


•••

—... y los moradores originales decidieron llamar al lugar Mystra, en honor a la niebla creada por el Gran Dragón que durante tanto tiempo protegió la región.

Arne cerró el libro con cuidado al termimar el primer capítulo y Aila suspiró, soñadora, con un ligero brillo en los ojos.

—Un dragón nacido del hielo y que tiene el poder tanto de crearlo como de destruirlo… ¡Ese es nuestro fundador! —exclamó mientras se levantaba de un salto. No importaba cuantas veces escuchara la leyenda del origen de Mystra, siempre se emocionaba como la primera vez— ¡Callando bocas desde el principio! ¡Para que luego digan que los dragones no sirven de nada contra el hielo!

—Pfff.

Arne y Aila se miraron, sorprendidos de escuchar una tercera voz ahí abajo. Habían estado tan centrados en la historia que no habían escuchado a nadie más acercarse a ellos, pero cuando prestaron un poco más de atención vieron que tras una estantería cercana se escondía alguien. Los dos se miraron y asintieron antes de acercarse lentamente para ver de quién se trataba, y cuando rodearon la estantería vieron que ahí había un chico muy alto y delgado, de largo cabello negro recogido en una coleta baja. Sus ojos rojos se encontraron con los de los mellizos, quienes reaccionaron por igual al reconocerle.

—¡Emil!

—Vaya, los dracomellizos —dijo con ironía mientras dejaba un libro que estaba ojeando en su sitio antes de volverse por completo hacia ellos—. Menuda para nada agradable sorpresa encontraros aquí abajo.

—De sorpresa nada. Te has burlado cuando he dicho que los dragones no son inútiles contra el hielo —dijo Aila, inquisitiva, mientras le señalaba con el índice. Arne se cruzó de brazos mientras se apoyaba en la estantería y fruncía el ceño, porque aunque no se enfadara como su hermana tampoco le hacía gracia encontrarse con Emil. Era un antiguo compañero de instituto, uno con el que habían tenido demasiados roces, uno que habrían preferido no volver a ver en la vida—. ¡Nos estabas espiando!

—Sí, Aila, la única razón por la que he venido a una de las bibliotecas más importantes de Mystra es para espiaros —respondió mientras miraba a Arne de arriba abajo con un poco menos de desprecio que a su hermana, pero no mucho—. ¿Cómo van tus followers, estrellita?

—El club de fans oficial de Raihan me siguió hace unos días así que bastante bien, gracias por preguntar.

Aila sonrió mientras le ofrecía chocar los cinco a su hermano, algo que él aceptó de buen gusto. Emil rodó los ojos antes de volver a centrarse en los libros que tenía al lado, los cuales le parecían mucho más interesantes que el dúo.

—Qué bien, veo que no perdéis el tiempo. Si no os importa hacer lo mismo con el mío y dejarme en paz…

—No antes de oírte decir que el hielo no basta para derrotar a los dragones.

Emil se volvió hacia Aila, visiblemente fastidiado. Arne había preferido mantener las distancias hasta ese entonces, pero se acercó al ver que su hermana y Emil seguían hablando, porque sabía que en cualquier momento podían saltar chispas que crearían un fuego de guerra.

—Está bien, reconozco que hace falta algo más que eso para ponerlos a dormir —susurró el joven con una lánguida sonrisa, una que recordaba a las del Mawile de Chesire—. Algo como el poder de las hadas.

—Oh, vamos, corta el rollo —dijo Aila mientras movía una mano delante de su cara, visiblemente indignada por aquel comentario—. La única razón por la que entrenas hadas es porque careces de todas las virtudes que ha de tener un domadragones, así que has tomado la vía fácil de viajar con personajes salidos de cuentos para críos. Uy, sí, qué complicado y aterrador es ir rodeado de Flabebé que te endulzan el camino y Jiglypuff que te cantan dulces nanas cuando no puedes dormir porque te has pasado con los dulces de Alcremie. Avísame cuando atrapes al Rapidash del País de las Maravillas, para ese entonces Arne y yo seremos unos domadragones hechos y derechos mientras tú te dedicas a perder el tiempo con tus fantasías.

—Aila, ya —le advirtió Arne en un tono que indicaba que se estaba pasando para que dejara de caer en las provocaciones del otro muchacho. Emil, sin embargo, lejos de sentirse ofendido por aquellas palabras se acercó todavía más a la joven y usó la diferencia de altura a su favor para inclinarse sobre ella, un acto que hizo que Arne se preparara para una desgracia.

—No te preocupes en darme sermones cuando puedes gastar tu preciado tiempo en algo más importante, como entrenar mejor a Kamao para evitar que mate a tu hermano en la próxima prueba.

Arne vio cómo el cuerpo de su melliza se tensó por completo, cómo apretó los dientes con tanta fuerza que estuvo a punto de partírselos y cómo flexionó sus rodillas para saltar hacia Emil. Lo vio un segundo antes de que sucediera, por eso fue capaz de rodear su cintura y retenerla medio segundo antes de que se lanzara a por él y evitar que le hiciera daño al otro joven. Emil sonrió mientras se alejaba lentamente de los hermanos, satisfecho de haber enfadado a la joven.

—No paras de darme la razón, Aila. Eres tan inestable como tu Garchomp, o tal vez tu Garchomp se ha vuelto inestable por tu culpa. Compadezco a tu equipo, con una entrenadora como tú el único futuro que le espera es la locura. Rezo para que no te cargues a nadie en tu aventura —El joven asintió hacia el otro mellizo antes de desaparecer, porque también tenía unas últimas palabras para él—. Nos vemos, Arne, cuida a tu hermana que es incapaz de pensar por sí sola y procura que la fama no se te suba a la cabeza. Por cierto, si todavía pensáis que los cuentos de hadas son fantasías de finales felices para críos… Os invito a leer los cuentos originales de los hermanos Grimm cuando tengáis un poco de tiempo libre en vuestro atareado horario de domadragones.

Arne solo se atrevió a soltar a Aila cuando escuchó que Emil había abandonado del todo la biblioteca. La joven se separó de su hermano y se abrazó a sí misma, tratando de disminuir el enfado que le había pintado las mejillas de rojo.

—¿Estás bien?

—Sí —susurró de manera que indicaba que no lo estaba. Arne enarcó una ceja, porque normalmente su hermana se metía un poco con Emil cuando se encontraban con él y a los segundos volvía a estar como siempre, pero esa vez parecía que las palabras del chico le habían afectado de verdad. Quiso decir algo, hacer que se quedara un rato, pero ella fue más rápida que él—. Quiero que me dé un poco el aire, nos vemos en el buffet.

Y, con eso, se fue. Arne se quedó solo en la biblioteca mientras su hermana subía las escaleras y se iba a una de las habitaciones donde estaba autorizado sacar a los Pokémon de sus Poké Balls. Cuando se aseguró de que estaban solas liberó a Kamao, quien la recibió con un rugido de alegría, aunque no tardó en darse cuenta de la seriedad de Aila. La dragona se agachó un poco, preocupada por el estado de su entrenadora, y ella alzó la mirada para clavar sus ojos en los de ella.

—Kamao, necesito que me hagas una promesa —susurró con el volumen justo para que la oyera. Kamao asintió, preocupada e intrigada por la seriedad que se había apoderado del ambiente—. Quiero que no vuelvas a atacar a Zeph ni a Arne bajo ningún concepto fuera de los combates. Dentro espero que lo des todo contra ellos y que no te rindas hasta que el cansancio te impida moverte, pero fuera necesito que te controles. Eres fuerte, poderosa, tienes la capacidad de causar estragos si te lo propones y casi haces que se lesione en nuestra primera prueba. Debes aprender a distinguir cuándo puedes usar tu potencial y cuándo no, en el campo de combate puedes liberarlo sin preocuparte, fuera no.

Cuando terminó de hablar, Kamao le miró como si estuviera loca, como si le hubiera pedido cruzar una enorme nevada para bañarse en la lava de un volcán recóndito y volver a pata sin sufrir ni un rasguño. La dragona negó con la cabeza y gruñó un poco en un intento de dar su punto de vista, pero Aila no cambió de parecer.

—Ya sé que a veces te enfadan pero son piques amistosos. No puedes ponerte como te pusiste cuando te alcanzó la llama de Zeph, te dio sin querer —Kamao señaló su pierna con enfado y Aila vio que todavía había una pequeña quemadura en sus escamas azules. La joven se mordió el labio inferior, viéndose acorralada entre la espada y la pared—. Sé que te hizo daño y sé lo fuertes que pueden llegar a ser, pero necesito que te controles y no te enfades a la primera de cambio. Por favor.

Kamao seguía en sus trece y arañó el aire, presa de la frustración que le producía no sentirse comprendida por Aila. La joven retrocedió un poco y frunció el ceño, sintiendo que los nervios volvían a acumularse en su pecho.

—Oye, no te enfades conmigo. Estás bajo mi responsabilidad y tienes que hacerme caso —Kamao le dio la espalda de mala gana y encogió las garras, tratando de ignorarla. Aila ya no sabía cómo hablarle—. ¿Por favor?

Kamao miró a Aila por encima del hombro, con un semblante que dejaba claro que seguía sin estar de acuerdo con ella. Se sentía poderosa, era poderosa, ¿por qué tenía que hacerse la débil? ¿Por un capricho de su entrenadora? La joven se sintió humillada y se enfadó, por lo que devolvió a la dragona a su Poké Ball antes de salir corriendo de ahí. Ya no podía soportar el malestar que le producía la indiferencia y desobediencia de Kamao, así que decidió ir al buffet con la esperanza de que la comida le ayudara a superar aquel mal trago.

Por su parte, sin que su melliza lo supiera, Arne se había instalado con Zeph y un par de libros en una de las habitaciones contiguas. El Salamence miraba los dibujos con gran curiosidad mientras su entrenador le contaba una buena variedad de historias.

—Los dragones son creadores de vida, como el Gran Dragón, pero también de destrucción —indicó mientras señalaba un dibujo en el que una aldea quedaba reducida a cenizas por las llamas. Zeph asintió, indicando que entendía las palabras de su entrenador—. El poder que albergan los de tu especie es inmenso, desmesurado, podéis doblegar a cualquiera bajo vuestro voluntad. Sois uno de los tipos de Pokémon más fuertes del mundo.

Zeph sonrió con orgullo y Arne juró que se le hinchó el pecho. Su dragón se lo estaba tomando como un cumplido y, en otras circunstancias, Arne se lo habría dicho con esa intención, pero no esa vez. No, no era la situación idónea para halagos, tenía que dejarle las cosas claras cuanto antes.

—Por eso necesito que aprendas a dominarte y tengas más cuidado la próxima vez. No quiero que tus llamas vuelvan a rozar a Kamao ni a Aila.

El Salamence se sorprendió enormemente al oír esa petición, porque no era lo que se esperaba escuchar. Se posó en el suelo y dio un par de gruñidos para defender su postura, pero Arne no cambió de opinión y se lo hizo saber.

—Ya sé que no lo hiciste queriendo y que justo ella se cruzó en tu camino, por eso necesito que seas más cuidadoso. Las lanzaste muy cerca y podrías haberle dado a mi hermana, por eso te pido que a partir de ahora no juegues con Kamao si no estáis peleando. Dentro del campo de combate podéis daros y provocaros lo que queráis, fuera no.

Zeph bufó y creó una pequeña nube de humo. Rodó los ojos y miró a su izquierda, a su derecha, a cualquier lugar menos a su entrenador. Arne se sorprendió al ver que su Pokémon le estaba ignorando y trató de ganárselo endulzando un poco su tono de voz.

—Tampoco es para que te pongas así. Te lo estoy diciendo de buenas, es para evitar problemas en un futuro. ¿Sí? No hay por qué enfadarse, no te estoy regañando.

Zeph por fin miró a Arne, pero no parecía compartir la opinión de su entrenador. El joven suspiró mientras se rascaba el cabello y miraba los dibujos de las tragedias creadas por los dragones, no le gustaría que Zeph ni Kamao terminaran haciendo algo similar y pensó que su Pokémon entendería su punto de vista al ver ejemplos gráficos, pero se equivacaba. El Salamence dio una vuelta sobre sí mismo y se tumbó antes de cerrar los ojos, mostrando así su aburrimiento e indiferencia. Arne lo devolvió a su Poké Ball, contrariado, y agarró los libros para devolverlos a la biblioteca antes de reunirse con su familia en el buffet.

—¿Qué pasa, cielo? ¿No vas a comerte la nube de mantequilla?

Aila jugueteó un poco con el bollo que había cogido antes de que su padre se lo quitara y se lo comiera. Dahlia le envió una mirada reprobatoria a su marido, quien se encogió de hombros antes de darle un sorbo a su bebida para que le bajara mejor.

—No se lo iba a comer, era un desperdicio dejarlo ahí.

—Si tienes hambre date otra vuelta y ve a por más comida, pero no se la quites a tus hijos.

Halstein hizo caso a su esposa y se levantó para volver a llenar su plato de dulces. La mujer encendió su tablet mientras hacía como que no notaba el extraño silencio de su hija, hasta que Arne llegó y se sentó con ellos.

—¿Qué hay para comer? —le preguntó a su hermana, quien no había quitado la vista del plato todavía.

—Comida.

Dahlia torció el gesto tras su lectura y alzó la mirada durante unos segundos para mirar a sus hijos.

—Arne, ¿por qué no das una vuelta con tu hermana y ves lo que hay? Ya que estáis vigilad que vuestro padre no pierda la dignidad en la sección del postre, por favor.

Aila se levantó sin decir nada y fue junto Arne a echar un vistazo por segunda vez al buffet, con pocas ganas. El joven se dio cuenta de aquello y metió una mano en el bolsillo mientras le agarraba del brazo a su hermana y se la llevaba a la sección de ensaladas, donde no había ni un alma.

—No te molestes, ya sabes que la única ensalada que me gusta es la ensaladilla rusa y ahora no me apetece.

—No, no te he traído aquí para eso —susurró mientras sacaba la mano del bolsillo—. Cierra los ojos.

Aila obedeció, no se encontraba con ganas de llevarle la contraria. Sintió que los dedos de su hermano rozaron su cuello mientras le anudaba algo a su alrededor y se estremeció un poco, pero no abrió los ojos hasta que él se lo pidió. Al hacerlo miró hacia abajo y vio que tenía un collar con un amuleto en forma de una garra de Garchomp y, al mirar a Arne, vio que él llevaba uno parecido pero con alas similares a las de un Salamence.

—¿Qué es?

—He llevado a tallar nuestras Piedras Draco para que nos hagan un colgante. Me he tomado la libertad de elegir el diseño, espero que no te importe.

—Aw —Aila sonrió de forma genuina al oír la explicación. Acarició su amuleto con cuidado y luego volvió a ver el de Arne—. Unas garras como las de Kamao para mí y unas alas como las de Zeph para ti. Qué bonito y apropiado.

—Sí, bueno, ese es el significado superficial —dijo Arne con un brillo pícaro en la ojos. Aila le miró con curiosidad y su hermano le dedicó una cálida sonrisa—. Tú eres las garras del dragón que protegen nuestra integridad física y no dudan en enfrentarse a cualquier peligro que nos acecha, mientras que yo soy las alas que nos aportan estabilidad y hacen que lleguemos siempre a buen puerto. ¿Qué te parece?

—Por todo el hielo de Mystra. ¡Es maravilloso! —exclamó la joven mientras daba saltos de alegría, encantada con el regalo que le había hecho su hermano. La sonrisa de Arne creció y Aila se acercó para darle un breve pero intenso abrazo— Eres el mejor, ¿lo sabías?

—Lo sé —dijo mientras le devolvía la muestra de afecto, que no duró mucho porque ambos se separaron al escuchar unos sollozos detrás de ellos. Los dos se separaron y vieron con preocupación que quien lloraba no era nadie más ni nadie menos que su padre, así que se acercaron a él para ver qué le sucedía.

—¿Qué ocurre, papá?

—Oh, Arne —Se lamentó mientras se quitaba las manos de los ojos—. Como estamos incomunicados están racionando las nubes de mantequilla para que ningún huésped se quede sin probarlas, así que nuestra familia ya no puede coger más. Es una tragedia, una verdadera tragedia. No sé si seré capaz de aguantar tanto sin ellas.

Aila miró a su hermano completamente incrédula y Arne se encogió de hombros mientras una sonrisa volvía a asomarse en su rostro. La joven se dirigió a su padre con el ceño fruncido y el enfado plasmado en su rostro, incapaz de morderse la lengua.

—Eso me recuerda a que te has comido la mía, papá. Eres un glotón, ¡me has dejado sin probarla!

—No te pongas así, cielo. Es lo que le debes pagar a quien te dio la vida.

—Lo que le debo pagar a quien me dio la vida… —Aila se iba poniendo cada vez más roja por el enfado, pero se detuvo en cuanto sintió la mano de Arne en su hombro. Se giró hacia él y vio que estaba negando con la cabeza.

—Tranquilízate, Garras. Por muy enfadada que estés no hay que morder la mano que te da de comer, aunque irónicamente te deje sin comer.

—Tienes razón, Alas —respondió más calmada después de dar un suspiro. Agarró el colgante que llevaba en el cuello y se alejó de Halstein mientras le hacía señas a su hermano para que le siguiera—. ¿Te apetece que echemos un vistazo antes de que nuestro estimado padre nos obligue a salir en busca de nuestra propia comida?

—Por supuesto.

Así, los dos mellizos decidieron hacerle frente juntos al día que les esperaba, sin olvidar los encuentros que habían tenido con sus respectivos dragones. Sus desobediencias los enervaron, tanto que fueron incapaces de olvidarlas a lo largo de la jornada, pero quisieron creer que en la segunda prueba encontrarían parte de la solución a ese problema. Después de todo, todavía les quedaba un largo camino que recorrer lleno de aprendizajes antes de convertirse en auténticos domadragones, y mientras lo siguieran recorriendo juntos tenían claro que lo superarían de una forma u otra.
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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