Índice - Alma de Plata
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ÍNDICE

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(Banner hecho por la lindísima @"Lunarium" <3)
 
 
Opening Alma

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Prólogo

Capítulo 1: Una gran decisión

Capítulo 2 (1/2): Un mal presagio

Capítulo 2 (2/2): Un mal presagio

Capítulo 3: La aventura comienza

Capítulo 4: El primer gimnasio

Capítulo 5: Empiezan los problemas

Capítulo 6: Pozo Slowpoke

Capítulo 7: El segundo gimnasio

Capítulo 8: El Encinar

Capítulo 9: Ciudad Trigal

Capítulo 10: El tercer gimnasio

Capítulo 11: Contra Blanca​​

Capítulo 12: El Pokéatlhon

Capítulo 13: Ciudad Iris

Capítulo 14: Contra Morti

Capítulo 15: Cuenta la leyenda...

Capítulo 16: Ciudad Olivo

Capítulo 17: Ciudad Orquídea

Capítulo 18: Contra Aníbal

Capítulo 19: Contra Yasmina

Capítulo 20: Rumbo a Pueblo Caoba

Capítulo 21: Pueblo Caoba. El Lago de la Furia

Capítulo 22: El escondite del Team Rocket

Capítulo 23: ¿Necesitas ayuda?

Capítulo 24: Contra Fredo

Capítulo 25: Mary

Capítulo 26: La revancha es un plato que se sirve frío

Capítulo 27: Infiltrados en Ciudad Trigal

Capítulo 28: La traición sale a la luz

Capítulo 29: Hacia la Torre Radio

Capítulo 30: El comienzo del final

Capítulo 31: Revelaciones

Capítulo 32: Falso alivio

Capítulo 33: Inquietudes a la luz de la luna

Capítulo 34: Una breve pausa

Capítulo 35: Reunión de emergencia

Capítulo 36: ¡Diversión en la Ruta Helada!

Capítulo 37: Ciudad Endrino

Capítulo 38: Contra Débora

Capítulo 39: La Guarida Dragón

Capítulo 40: Alineando el tablero

Capítulo 41: Las chicas kimono

Capítulo 42: Los Descendientes

Capítulo 43: Alea iacta est

Capítulo 44: Cuando parece que no hay salida

Capítulo 45: La tierra es mi elemento

Capítulo 46: Tres, dos, uno... Acción.

Capítulo 47: En los cielos de Johto

Capítulo 48: Entre abrazos y lágrimas

Capítulo 49: Path to Glory

Capítulo 50: La voluntad del veneno

Capítulo 51: La fuerza de las sombras
 
¡Hola! Siento que de alguna forma debo hacer una aclaración antes de que me leáis pero no os preocupéis, será breve. Bienvenidos a Alma de Plata, soy Sakura y me alegra un montón que hayáis decidido darle una oportunidad a mi historia. No obstante, debo advertiros de algo, y es que este fanfic ha cambiado mucho desde el momento en el que fue iniciado. Hace unos años que escribí el prólogo y lo que tenía entonces en mente para esta historia fue cambiando con el tiempo, por lo que iréis viendo una evolución progresiva tanto de la trama como de mi forma de escribir como de todo en general. Esto significa que algunos capítulos están mejor que otros, esto significa que algunas cosas que tuvieron que suceder a lo largo de cinco, diez, veinte capítulos sucederán en uno o dos porque no es lo que tenía en mente en su momento pero se me ocurrió a posteriori tras un proceso de evolución y consideré oportuno añadirlo. Esto significa que puede que algunas cosas os choquen, pues Alma es mi primer longfic y de ella he aprendido un montón gracias a los errores que he cometido. Tiene cosas buenas, evidentemente, pero os estoy diciendo esto porque no vais a encontraros con un fic lineal y más o menos igual, vais a encontraros con un fic dinámico que ha ido cambiando conforme ha ido cambiando su autora tanto como persona como escritora. Si aun sabiendo esto seguís teniendo curiosidad y queréis leerlo ¡adelante! Si consideráis que no es para vosotros y buscáis otras cosa os recomiendo echarle un vistazo al resto de fics que tenemos en la cueva, son muy buenos y seguro que algunos se acoplan a lo que buscáis. Poco más que añadir, hagáis lo que hagáis espero que disfrutéis de la lectura y tengáis una estancia agradable~
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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Longfic- Alma de Plata

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAmistadAventura
Resumen

Lira empieza una gran aventura para convertirse en la próxima Campeona de Johto. Sin embargo, no va a ser un camino de rosas. Una amenaza que se creía extinta hace tres años vuelve a resurgir y ella es la única capaz de detenerla. ¿Cumplirá sus objetivos o acabará siendo aplastada por sus enemigos?

Después de unas buenas pachangas en el hiperespacio, estoy acá, días más tarde, para cumplir mi promesa… ¿Cómo qué ya pasaron varios meses? Bueno, de todos modos, ya estamos aquí así que comentemos de una vez. La verdad es que empecé con un chiste malo porque tengo muchas cosas que decir y poca idea para decirlas. De una vez te adelanto que lo que llevamos del último arco hacia el campeonato me encantó, eso lo tengo claro, ahora voy a intentar decir las razones.

Como todo pretencioso, voy a dividir el comentario en secciones para aclarar mejor las ideas

El fin de un Ciclo

¿Cómo lo explico sin que suene demasiado mamador o demasiado cursi o demasiado simp? Me da la sensación de que Lira no es la única que está cerrando un gran viaje, sino que tú también estás preparándolo todo para cerrar un ciclo que empezó con un prólogo de poco menos de dos mil palabras. El arco de la liga se siente como una despedida y una declaración de lo que has aprendido durante el trayecto de escribir el fic. Es una especie de reafirmación de que es tu fic y vas acabarlo poniendo el foco en lo que más importa a estas alturas, que son los personajes, sus historias y sus sentimientos. 

Acá veo que está reflejado en el personaje de Carol, que cerró un gran ciclo de su vida y camina hacia un nuevo futuro, haciendo lo que más le gusta y luchando por dejar que su pasado no le defina. La fusión entre personaje y escritora se hace más fácil de ver en las referencias al k-pop que es una manera de representar la libertad del personaje y es refrescante verla siendo feliz. Su historia ya acabó, al menos la parte que los lectores tenemos permitido ver.

Ahora todo está en manos de Lira para cerrar el fic en sí mismo.

El Alto Mando

Aún recuerdo cuando estabas dudando de si mostrar el alto mando o no y nosotros te sugerimos maneras de hacerlo más ameno. Aunque las ideas no importan sino no hay nadie que las sepa ejecutar bien y ahí es donde entras tú. Me gusta que todas las historias de los miembros del alto mando tienen un tema en concreto y si lo analizamos de cierta manera (aunque ya esto es cosecha mía y puede que este muy forzado), son lecciones que resuenan en la historia y en la propia Lira.

Mento: Expresar tus sentimientos y aceptarte a ti mismo es importante.

Koga: Querer a los demás y respetarlos por lo que han logrado no te hace débil.

Bruno: La unión hace la fuerza.

Karen: Un fracaso no es el fin del mundo.

Me gusta el detalle de que hayas aprovechado los flashbacks de Bruno para explorar más el alto mando y la derrota de Lance. Supongo que te habrá costado decidir que contar con Bruno. Es el miembro con el diseño más vainilla y genérico y por ello su historia se enfoca en la gente de su alrededor más que en la de los demás. Mi favorita en lo personal sería la de Karen, le diste un buen trasfondo y personalidad a alguien al que la mayoría del fandom solo le gusta por el waifu factor y una razón detrás de su frase de usar a los pokés que te gustan y bla bla. Me llegó al kokoro.

Lo poco que vimos de los combates estuvo entretenido también. Forma parte de lo que digo de reafirmarse en lo que prefieres escribir y por qué lo escribes. Podrías fácilmente darles el foco principal a las peleas, tenías la habilidad para hacerlo, pero tú ya habías decidido por donde iba ir esta parte de la historia y lo hiciste de esa manera. 

No recuerdo si ya nos habías contado como ibas a ser la pelea contra el campeón, pero muero de ganas de ver la reacción de Lira cien por ciento real no fake.

Va ser divertido.

Otros detalles (memes)

El señor de Kanto me dio cosita. Un don que tiene una camisa del grupo que les gusta a muchas chavalas nomas pa’ conseguir a sus víctimas. La dratini-chan no hizo nada malo, solo quería proteger a su dueña de un acosador. Na mentira, ha de ser un señor buena onda.

No sé para que hice otra sección si eso era lo único memistico. 

Ah sí, me gusta que la psicóloga se llame López. Le da cierto encanto ibérico.

Eso sería todo por ahora. 

Ánimo, solo queda el toque final.

Saludos.
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Los Fan Arts usados en esta edicion son propiedad de sus respectivos autores
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Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Holis, he vuelto en gloria y majestad, más majestad, porque soy un rey, para comentar y ponerme al día con tu fic, hasta ahora me he llevado muchas sorpresas y eso me gusta mucho. Hice los comentarios por cada capítulo, a medida que iba leyendo, creo que eso le da mucha naturalidad a los comentarios, pues es lo primero que pensé cuando leía lo que creí debía comentar. Pero no puedo evitar pensar, ¿estamos cerca del final? ¿Habrá viaje a Kanto?
 
Capítulo 46: siento que el abuelo morirá, tiene que morir, alguien tiene que morir, es como una forma de dar el mando a las nuevas generaciones, al menos uno de la antigua generación debe morir, no esperaba ver a Débora y a tu amado de esa forma, especialmente a Débora, siempre tan ruda. Y aparece Mewtwo!!!!!!!!! Siempre lo supe, ya quiero ver qué pasa. AAAAAAAAAAAHHHHHHHH!!!!!!!!!! Ya está pasando!!!!! Mewtwo y Ho-Oh se están dando duro en la ciudad y llegó Lugia a salvarlo? Me gustó la explicación que dio Giovanni, fue muy sencilla y englobó todo el plan en pocas palabras, que bueno que no fue la típica explicación larga del villano. Mewtwo es una verdadera bestia, pensé que Ho-Oh se la haría más difícil. Qué eran esos ojos rojos que se acercaban a Débora? Es un Gyarados muy malo?
 
Capítulo 47: Ay, esa Mary, otra vez tomará la decisión más equivocada de todas, espero que sea una trampa de su parte, por un momento pensé que iba a decirle a Atlas que estaba muy enamorada. La conversación entre Silver y Giovanni me tocó el corazón que creí no tener, sí hay algo de cariño entre ambos, pero un cariño extraño. Giovanni si lo aprecia y se da a entender que en parte lo hizo todo por Silver. Pobre Mewtwo, debe estar tan confundido, todos quieren controlarlo y ocupar su poder, creo que en el multiverso de los fics, hay muy pocos donde tiene paz, espero que aquí la encuentre. Entonces era el Gyarados de tu amado. Espero que Mewtwo encuentre la paz a donde sea que vaya. Lira aprendió que está bien ayudar, pero a veces hay que dejar que el ayudado haga su parte. Me pregunto a dónde la llevará Lugia. Y Mary sí tenía planeada una trampa, asumo que hizo eso para no cargar con Atlas dormido, muy ingeniosa.
 
Capítulo 48: Lugia lo tenía todo planeadísimo, utilizó a todo el mundo, es como el Dumbledore de esta historia, pero me cae bien, hizo buen equipo con Lira. Silver no fue el elegido de Ho-Oh, pero le dejó la pluma arcoíris, supongo que eso me deja conforme, quizás es un futuro que no veamos, Silver podría ser el elegido de Ho-Oh, o al menos llevarse muy bien. Se reunieron los cinco!!! Muy noble de Mary por querer seguir su camino de rectitud de la manera más apropiada que creyó y qué bueno que ya todos se lleven bien, sin embargo, repentinamente me surgió una duda, luego de la Liga, veremos a Lira en Kanto? Quizás una batalla final contra Giovanni, ya que escapó. Me gustó esa pequeña parte donde la mamá de Lira y los demás recuerdan su pasado aventurero. AAAAAAAAHHHHHH Carol y César se reencontraron, que emocionante reunión. Y el alto mando ya está listo!!!!! AAAAHHHHH se vienen batallas interesantes, pero lo mejor será cuando Lira vea que el campeón es su Crush, imagino que se enojará o algo así.
 
Capítulo 49: qué bonita ceremonia de agradecimiento, me gusta como expandes el lore de Johto con pequeños detalles como este, cualquiera pensaría que aquello no es relevante para la trama o algo así, pero sí lo es considerando en cómo relatas este fic, las tradiciones son importantes para los habitantes de Johto, y eso los salvó del team rocket. Me alegra saber que Carol se está dedicando a algo, creo que una de las carreras más fascinantes dentro del mundo pokémon es la investigación, aunque ella se dedique futuramente al campo de la medicina, sigue siendo muy bueno y también hay que investigar mucho, siempre me he imaginado averiguando cosas sobre pokémon mientras viajo y qué curioso que Johto me de esa sensación. Me intrigó lo de los padres de Carol, no recuerdo si alguna vez lo mencionanste, pero no deja de llamarme la atención lo misterioso que suena ese misterio, será que la eventual continuación de esta historia en Kanto involucre a los padres de Carol? Débora como maestra? Debe dar mucho miedo. Y los BTS existen en el mundo pokémon, me pregunto qué pokémon tendría cada uno. Que tierno detalle lo de la carta de los líderes, me percaté de que intentaste modificar tu letra en cada mensaje, para que pareciesen de personas diferentes, con cada mensaje plasmaste muy bien la personalidad de cada uno. Pero qué pasa con el Kpop, están en todos lados, hasta Silver los escucha, será que existe una Lady Gaga en tu fic? Debería existir, tiene una canción con las Blackpink. Y ya llegó a la Liga!!!!
 
Capítulo 50: me gustó ver ese flashback de Mento y que le dieses una explicación a sus dones, me dio la sensación de que la doctora López también tenía ciertas habilidades, cuando Mento dijo, mira mami, una Sakura, te imaginé a ti y no al árbol, xd. ¿Mento no da órdenes? Vaya giro, eso lo hace más interesante. Pero el giro más importante son los flashback que aparecían a medida que avanzaba la batalla, yo esperaba leer sólo la pelea, pero me siento gratamente sorprendido al ver que narraste el pasado de Mento, dejando el enfrentamiento en segundo plano, me gusta cómo desarrollaste esto de una manera tan interesante y novedosa. El pasado de Mento me hizo sentir algo identificado, muchos hemos pasado por esas etapas donde no encajamos y que le dieras esa vida a Mento encaja a la perfección, y no esperaba ese final para la doctora López, mucho menos que se llamase Elisa, como la Natu. También me gusta porque le das más protagonismo a los miembros del alto mando, ellos tuvieron muy poca participación, a diferencia de los líderes, quienes tuvieron más oportunidades para contar su historia. Una muy buena manera de contar más sobre ellos y que no sea sólo un rival más a enfrentar. Imagino que con los otros será igual. Cuando pensaba que el pasado de Koga era un adelanto, resulta que nos muestras la batalla de inmediato, pero de la misma forma que Mento, me gustó que la madre de Sachiko fuese mala, siempre es la misma historia de que la madre se murió y el padre crio al hijo o hija solo, etc. Pero aquí hay otro giro y la odié, que bueno que Koga se quedó con la tutela, y el padre de Koga era otro mal nacido, esta historia está llena de esas tradiciones que lo terminan arruinando todo y hacen de la vida de las personas una miseria, pero me gustó cómo lo abordaste, Sachiko vino a mejorar la vida de Koga y como cualquier padre, no quiso que su hija pasara por lo mismo que él.  Ambos pasados fueron muy diferentes, me pregunto cómo serán los de Bruno y Karen. ¿Será que nos contarás también el de Lance?
 
Capítulo 51: Entonces Lance tenía el ego por las nubes, me resulta interesante ver cómo se comportaba el alto mando de kanto y cómo interactuaban entre ellos. El punto de vista de Bruno le da una explicación sumamente coherente a “los 4 entrenadores más fuertes de Kanto pierden ante dos niños en el mismo día”, suena raro, pero si el alto mando tiene esa mecánica de que se deben enfrentar los 4 seguidos, es para que trabajen juntos, y eso le da un matiz más a Lance y su desarrollo, fue culpable de la derrota por su ego, pero a lo largo del fic ha sido muy diferente y supongo que este fue el momento de quiebre, pero esto me genera una duda, cuando sea el enfrentamiento contra Lance ¿qué veremos sobre su pasado? Uno de los pokémon de Bruno se llama Dwayne, como la roca, entendí esa referencia. El pasado de Bruno se vuelve más interesante aún, mostrando cómo se disuelve el alto mando anterior para llegar al actual, eso no lo esperaba. Que bonita reconciliación, veremos a los siete miembros conocidos del alto mando de kanto y johto? Pobre Mento, recibiendo toda esa cantidad de emociones. Al principio de la batalla contra Karen, esta le tira una indirecta a Lance, no lo esperaba. Noooooo, cómo le hace eso al pobre eevee, pero ya veo para dónde va la cosa con eso de los pokémon débiles no sirven, a su frase más célebre. Karen también tenía el ego por las nubes, pero no lo presumía como Lance. Ay, esa Karen casi se mata, niña, por Dios. No esperaba este lado tan psicológico de Karen, pero sí que tiene problemas de autoestima respecto a habilidades, pero la entiendo, los jóvenes de hoy sueles sobre exigirse mucho porque se espera mucho de ellos, así somos los millennials y las generaciones venideras, llenas de traumas. ¿Y qué pasó con Kohi? ¿cómo lo encontraron? Pensé que veríamos el momento en que evoluciona a Umbreon, tal vez eso hubiese sido predecible, después de todo está en su equipo actual, ya sabemos que eso terminó bien. Ya quiero leer qué expresión pondrá Lira cuando vea a Lance.

Besos.
 
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Bueno, aquí está, el que técnicamente se puede considerar el último capítulo de Alma de Plata. No lo es del todo porque todavía queda el epílogo, será bastante más corto que este capítulo y contará unos detalles que se han quedado sueltos y quiero narrar para darle un buen cierre a la historia, pero lo más importante ya está dicho y no queda mucho más que añadir.
 
No me atrevería a afirmar que este es el mejor capítulo de Alma porque al final hay algo de subjetividad en afirmaciones de este tipo, pero sí puedo decir que es uno de los más trabajados y he disfrutado mucho escribiéndolo, al mismo tiempo que he dedicado un buen tiempo a pensar su estructura. Estoy contenta con cómo ha quedado y con lo que transmite y espero que vosotros también quedéis satisfechos con este pseudocierre. Ay, que si sigo escribiendo se me van a salir las lágrimas…
 
Otra cosita que os quería compartir es que, al contrario de lo que llegué a pensar en su momento, no estoy nerviosa por no dar la talla con este capítulo, porque al haber escrito lo que he querido me quedo con una sensación de paz bastante bonita y relajante. Espero que vosotros también os quedéis así.
 
@SoujiFujimura: sabía que Bruno se iba a ganar vuestros corazones con su corazón. Me costó un poco pensar su historia, aunque no más que la de Karen, ah la de Karen me costó muchísimo, pero eso forma parte del pasado. Jeje, gracias por decir que se nota que es un texto mío, la verdad es que en estos capítulos me he soltado como nunca y me alegra dejar todavía más patente mi esencia en este homenaje al juego que tanto me ha dado. Como lover de Johto que también eres estoy impaciente por ver si obtengo tu aprobación o no del final, aunque no te apures que no estoy muy agobiada por eso y como he dicho antes estoy muy contenta con cómo me ha quedado. Ya me vas contando tus impresiones.
 
@nakun92: aunque la de Karen fue la historia que más me costó idear me alegró cómo lo hice de forma que las frases del juego cobran un fuerte sentido y no parece que es la típica palabrería flower power de “viva el amor”. No hay nada de malo en eso si hubiera sido la situación, pero me gusta el poder que le da. Ya prácticamente solo faltaba que en la puerta de la sala del Campeón hubiera un cartel de luces de neón en el que pusieran <<LANCE>> JAJAJA se lo dijeron tantas veces por pasiva a Lira que algo se debe oler, ¿no? En fin, dejaré que lo descubráis por vuestra cuenta juju.
 
@DoctorSpring: lo importante de las promesas es cumplirlas, no importa que sea más tarde que pronto. A no ser que le prometas a alguien moribundo que lo llevarás al hospital y tardas en hacerlo, ahí sí cagaste. Ay, razón no te falta en tu comentario, Lira no es la única que se está preparando para terminar este viaje y ya me estoy emocionando otra vez, pero dejaré las palabras cursis para el epílogo. Me alegra que te guste cómo he llevado la parte del Alto Mando, la verdad es que la he disfrutado y eso es porque me he permitido hacer lo que he querido sin dejar de lado la coherencia de la historia y enviarlo todo al retrete al final. Qué rabia daría meter la pata aquí. Dudo que el reencuentro entre Lira y Lance sea como muchos os imagináis, pero sentía que era la reacción que tendría ella.
 
@Thranduil: ERFOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO CUÁNTO TIEMPO BELLO REY CÓMO HAS ESTADO? Llegas justo a tiempo para el final así que ve a por unas palomitas y disfruta del espectáculo. Si hay algo que he aprendido haciendo AdP es que las explicaciones largas de villanos pueden estar bien, pero a veces lo bueno, si breve, dos veces bueno (lo digo cuando este cap tiene 21k palabras shhhh a ver si nadie se da cuenta). Modificar mi letra en la carta de los líderes me costó más de lo que pensé que lo haría, pero fue divertido imaginar cómo escribirían según sus personalidades e inventarme sus firmas. Y así es, gracias por notar la referencia que hice en el equipo de Bruno, el nombre de sus pokémon está basado en luchadores conocidos de las disciplinas que representan (hitmontop à Bimba, maestro de capoeira; hitmonchan à Rocky, relacionado con el boxeo; y así). En ese cap hay más referencias, cuando digo <<No hay nada más fuerte que un grupo de personas fuertes, no solo porque son más en número, sino por lo que se aportan mutuamente gracias a su estrecha relación>> estoy parafraseando una frase de Haikyuu!! y que la amiga de Karen se llame Megumi y su padre Fushiguro es una referencia a Megumi Fushiguro de Jujutsu Kaisen <3 (mira que soy otaku cuando quiero jeje). Besiños por haber llegado hasta aquí.
 

 
Capítulo 52: El nacimiento de un Campeón
 


Las goteras y el débil chapoteo de los pokémon jugando en el lago era el único sonido que se oía en la Guarida Dragón. La calma que ahí reinaba era necesaria para no inquietar a los dragones y ayudar a los nuevos entrenadores que pretendían domarlos. Era un lugar sagrado y de culto dedicado a la grandeza de ese tipo y, como tal, su paz debía respetarse como se respetaba a todos los que se encontraban ahí dentro.
 
Por desgracia, aquel día no había mucho tiempo para la calma, y por las razones contrarias a las esperadas. Aunque el nacimiento de un sucesor entraba dentro de los limitados eventos en los que se permitía alzar más la voz de lo normal, el ruido de unas zancadas furiosas y unos susurros agresivos que arañaban el aire conforme subían de volumen indicaban que no era un día alegre para todos.
 
—No me puedo creer que vayas a hacer esto —dijo un hombre mayor mientras perseguía a su hijo, quien se dirigía con presteza a la salida del santuario que había en el lago de la guarida—. Reconsidéralo. No es ninguna broma, estás haciendo un mal mayor del que piensas.
 
—Lo he reconsiderado muchas veces, padre —El hombre más joven escupió esa palabra como si fuera un insulto, como si compartir su sangre con el anciano le repugnara—. Y siempre llego a la misma conclusión, me arrepiento de no haber hecho esto antes.
 
—No puedes hacer esto, Uroko —Al ver que iba a ser incapaz de alcanzarle el anciano se detuvo. Clavó los pies en el suelo y señaló la última estancia del pasillo, de la cual se iban alejando—. ¡No puedes abandonar a tu mujer mientras está dando a luz a tu hijo! ¡Yo no te he educado así!
 
Esas palabras tuvieron el efecto deseado porque Uroko paró en seco. Giró levemente la cabeza para mirar a su padre por encima del hombro, haciendo que su flequillo castaño llenara de sombras sus ya de por sí apagados ojos.
 
—Te corrijo, no me has educado directamente —contestó con una frialdad que heló la sangre del anciano. El líder del clan tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no retroceder ante la imponencia de su hijo—. ¿Te sorprende que vaya a convertirme en un padre ausente? Pregúntate de quién lo he aprendido.
 
—Todavía no es tarde, Uroko. Escúchame, por favor —imploró con suavidad mientras tomaba el valor de acercarse a él lentamente—. Sé que no estás de acuerdo con muchas de las leyes del clan y cómo lo he llevado, admito que es un ambiente muy estricto, pero estamos a tiempo de solucionarlo. Podemos hablarlo, podemos-
 
—¡NO! —exclamó el castaño mientras se tapaba los oídos con las manos. Se dobló sobre sí mismo como si un dolor agonizante se hubiera apoderado de su abdomen y el líder se acercó para ayudarlo, pero antes de que su mano pudiera rozar la túnica de su hijo este se apartó violentamente de él y retomó la marcha— ¡No quiero hablar! ¡No quiero escuchar! ¡Quiero irme de aquí antes de que me vuelva loco!
 
—¡Uroko, detente ahora mismo! —gritó con todas sus fuerzas mientras recurría a su as bajo la manga, a lo único que podría detenerlo en ese instante— ¡Te lo ordeno como líder de tu clan!
 
Uroko se detuvo justo delante de la puerta, con el pomo en la mano. El otro hombre contuvo un suspiro de alivio, uno que hizo bien en no mostrar, porque su hijo no se detuvo por la razón que estaba pensando.
 
—Yo, Uroko, primero en la línea de sucesión del clan Endrino, reniego ahora mismo de ese derecho y se lo entrego a mi hermana Hiroko, al mismo tiempo que me deshago de todas las ataduras que me unen a este lugar y me declaro libre del yugo asfixiante de su actual líder —sentenció mientras le dedicaba una última mirada al anciano. Una vacía, una fría, una inhumana, una que habría hecho temblar hasta al más confiado de los dragones—. Hasta nunca, padre.
 
Con eso dicho Uroko abrió la puerta y la cerró tras de sí con un audible portazo. El hombre se quedó quieto, atónito por lo que su hijo acababa de hacer y sin saber muy bien cómo actuar, pero las dudas se esfumaron al oír un par de llantos provenientes de la habitación del final del pasillo. Clavó las uñas en las palmas de las manos, su cuerpo se tensó mientras mil maldiciones se le acumulaban en la garganta, pero en contra de lo que quería hacer dio media vuelta y fue a ver cómo estaba su nuera.
 
—¿Dónde… está… ese cabezón?
 
Fueron las primeras palabras que le dedicó al verle entrar. Ella estaba tumbada en una cama agarrándole con mucha fuerza la mano a una de las comadronas, con su largo pelo rojizo despeinado extendido por el suelo y dando grandes bocanadas para respirar. Sus ojos verdes buscaban una respuesta en su rostro, pero el anciano no dijo ni mostró nada. No era experto en nacimientos, pero había estado presente en el de sus hijos y sabía que no era normal que hubiera tanta sangre, por lo que prefirió reservarse las malas noticias hasta que ella estuviera en mejor estado.
 
En cuanto cortaron el cordón umbilical que la unía físicamente a su hijo, el personal médico atendió rápidamente al bebé que no paraba de llorar, lo limpió, y cuando se aseguró de que estaba en perfectas condiciones se lo dio al anciano para que cuidara de él mientras atendían a la madre. El hombre salió de la habitación lentamente, sin saber muy bien cómo gestionar todas las emociones que se arremolinaban en su pecho, demasiado profundas y contrarias como para poder darles nombre. Sin embargo, cuando acarició la mejilla de su nieto y este abrió los ojos al sentir su tacto, sintió que la paz encontró un sitio durante unos instantes en su interior.
 
No sabía qué futuro le esperaba al clan Endrino. Era incapaz de prever todas las consecuencias que la marcha de su hijo tendría tanto a nivel interno como externo, de las reacciones del resto de la familia y lo que eso significaría para su devenir. Pero algo tenía claro y era que, mientras miraba a la criatura que tenía en brazos, se juró no cometer con él los mismos errores que con su padre.
 
Las cosas cambiarían a partir de entonces. Lo tenía tan claro como que se llamaba Ryuu.
 
···
 
El combate contra Karen la había dejado al borde del desfallecimiento, por eso se había tomado media hora para descansar antes de entrar en la sala del Campeón. El cansancio acumulado ya había hecho mella y aunque se moría de ganas de tener el enfrentamiento final no quería estropearlo por entrar cuando no estaba lista. Su equipo estaba fuera de sus Poké Balls, alrededor de ella, y todos compartían la misma energía, la misma ansia de reclamar lo que tanto sudor y lágrimas les había costado. Las luces de la siguiente sala parecían llamar sus nombres cada vez más alto, como un canto de sirena que no pudieron seguir ignorando por mucho tiempo. Finalmente, Lira se puso de pie y dio una audible palmada para que todos se prepararan para su último combate.
 
<<Allá vamos.>>
 
Los siete entraron a la vez, liderados por la entrenadora. Al entrar en la estancia a Lira no le cupo la menor duda de que se encontraban en la sala del Campeón, porque las paredes parecían estar hechas de oro macizo reluciente y de ellas surgían unos engranajes que no paraban de moverse al unísono, creando un ritmo hipnótico que recordaba a alguna canción de cuna antigua. A sus pies había una gran alfombra roja que la llevaba directamente al campo de combate y esta estaba custodiada a los lados por estatuas de dratini que parecían estar hechas de oro también. Dragonair se detuvo a inspeccionarlas con mayor interés que el resto y Lira sonrió al ver su reflejo en ellas. Estaba a punto de enfrentarse a él, después de tanto tiempo por fin libraría su combate más deseado.
 
Ya no pudo contener más su emoción. Cruzó el tramo que le quedaba corriendo y subió la pequeña cuesta que llevaba al campo en un abrir y cerrar de ojos para descubrir que el Campeón no era ni más ni menos que…
 
—¡Hola, Lira! ¡Cuánto tiempo!
 
—¿¡Profesor Oak!?
 
Lira dio un par de pasos hacia atrás, espantada al ver al profesor ahí. Él le dedicó una cálida sonrisa mientras movía el brazo para saludarla, pero Lira no respondió a su gesto. ¿Qué hacía ahí? ¿De verdad él era el entrenador más fuerte de su región? ¿Con lo famoso que era cómo no se había enterado de eso antes?
 
Como la entrenadora estaba ocupada dándole vueltas a aquello no escuchó que alguien se le acercaba por detrás lentamente, ni se fijó en que Oak le guiñó un ojo a esa persona, ni en el pequeño revuelo que se formó en su equipo. No salió del trance hasta que sintió que unas manos le quitaron suavemente la capa, entonces alzó la mirada hacia la derecha y ya lo vio. Ese pelo que brillaba como el fuego, esos ojos castaños llenos de energía, esa sonrisa que parecía tener siempre para ella.
 
—Hola, Lira. Cuánto tiempo.
 
Eso sí era lo que se esperaba.
 
—¡Lance!
 
Lance se puso la capa que le había quitado mientras subía la cuesta y se ponía al lado del profesor Oak. Le dio una palmada en el hombro y el profesor asintió, entendiendo que ahí se acababa su parte.
 
—Bueno, hasta aquí llegaron mis minutos de fama —dijo la eminencia mientras bajaba la cuesta para encontrarse con Lira—. Lance estaba seguro de que te olías que era él, así que ha querido gastarte una pequeña broma para despistarte un poco.
 
—Pues ya lo creo que lo ha conseguido —bufó Lira. Por medio segundo se había creído que tendría un combate con el profesor y, aunque le hubiera encantado restregárselo a Eco, nada le hacía más ilusión que tener un cara a cara con Lance.
 
—Bueno, ya me tienes aquí —dijo el domadragones extendiendo sus brazos. Su voz salió suave como la seda y Lira tuvo que contenerse para no quedarse boquiabierta. Al estar en lo más alto de la pequeña cuesta, con la capa ondeando ligeramente al mover los brazos y brillando gracias al oro que había a su alrededor, realmente tenía el porte de todo un Campeón. Lo vio entonces más claro que nunca, el título le iba como anillo al dedo—. Te he estado esperando, Lira. Después de haberte acompañado a lo largo de tu viaje sabía que era cuestión de tiempo que llegaras hasta mí.
 
—¡Qué bien callado te lo tenías! —exclamó la castaña mientras le señalaba con el índice. Lance alzó los brazos de forma juguetona mientras adornaba su sonrisa con una falsa culpa— Tengo que decir que al principio no sospeché nada, pero cuando vi lo fuerte que eras en el escondite del Team Rocket, lo bien que conocías al resto de líderes y lo implicado que estabas en el bienestar de Johto empecé a pensar que no podías tratarte de un entrenador como yo como dijiste que eras al conocernos.
 
—Bueno, no te mentí. Los dos estamos aquí, hemos derrotado a los ocho líderes y al Alto Mando. Somos iguales, ¿no? —Lira se cruzó de brazos y a Lance se le difuminó un poco la sonrisa al verla así— ¿Estás enfadada?
 
—¿Enfadada? —La joven dio un suspiro dramático mientras rodaba los ojos, pero no tardó en volver a sonreír— Tus motivos tendrás para haberlo hecho, ahora solo me interesa combatir y ver quién de los dos merece el título de Campeón.
 
Lance asintió, aliviado y satisfecho, y se dirigió al extremo derecho del campo de combate. Lira subió la cuesta con su equipo para ir al extremo izquierdo y, con cada paso que daba, sentía que su corazón latía más rápido. Aunque por fuera estuviera haciendo un muy buen trabajo camuflando lo que sentía, por dentro la emoción y los nervios luchaban por dominarla. Estaba a punto de enfrentarse al Campeón de Johto, pero para ella el hombre que tenía delante era mucho más que eso. Era un amigo, un mentor, una persona en quien confiar y a quien admirar. Todo eso significaba para Lira mucho más que el título que ostentaba, por eso se prometió darlo todo, por ella y por su equipo, pero también por el propio Lance, para darle las gracias por lo que había hecho a lo largo de su viaje y darle un recuerdo que no olvidaría jamás.
 
—Muy bien. ¿Estás lista?
 
—Sí, listísima —respondió con una sonrisa que estuvo a punto de rozar sus orejas. Lance devolvió el gesto y abrió la boca, preparado para dar su discurso inaugural.
 
—¡Esperaaaaad!
 
Pero algo le detuvo, algo que le molestó mucho y no se preocupó en camuflar. Lance dirigió su mirada con fastidio hacia la puerta que daba a su sala y Lira le imitó, así fue cómo vio al profesor Oak negar con la cabeza mientras una mujer con el pelo rosa recogido en dos coletas y gafas entraba a toda prisa en la estancia.
 
—Rosa, acabas de interrumpir un momento muy especial.
 
—Acabo de asegurarme de que no nos quedamos sin la exclusiva. ¿Por qué no lo ha detenido, profesor Oak? ¡El combate estaba a punto de empezar! ¡Y tenemos todos los derechos para verlo y retransmitirlo!
 
El profesor les pidió disculpas con la mirada mientras la mujer, aparentemente una periodista, se acomodaba y sacaba una libreta para tomar notas del encuentro. Su mirada penetrante era lo último que Lira necesitaba porque sentía que con ese nuevo par de ojos sus nervios crecían exponencialmente, así que decidió ignorar la nueva presencia lo mejor que pudo y centrarse en Lance, quien ya había recuperado la compostura y solo le estaba prestando atención a ella. Después de lo mucho que llevaban esperando ese momento, no iban a dejar que algo como eso se lo estropeara.
 
—Son pocos los entrenadores que logran reunir las ocho medallas, menos los que atraviesan la Calle Victoria e incluso menos los que consiguen vencer a los cuatro miembros del Alto Mando. Hoy, estamos aquí porque una habilidosa retadora ha logrado superar todos los obstáculos de su viaje y viene a cumplir su objetivo, el sueño de todos los entrenadores —dijo mientras agarraba una Poké Ball. Lira no pudo evitar dar un saltito de emoción, ¿cuál sería el primer pokémon del Campeón?—. Pero para ello tiene que librar una última batalla, una que la llevará al límite y pondrá a prueba la relación que tiene con su equipo, aunque no espera menos de este encuentro. Creo que estamos de acuerdo en que de nada sirven las palabras ahora, lo que realmente importa es lo que suceda en el campo de combate, por lo que no tiene sentido retrasar lo inevitable. Yo, Lance, actual Campeón de Johto y maestro domadragones, ¡acepto tu desafío!
 
Mostrar Vs. Lance
[Imagen: ha7JheE.png]
 Lance lanzó su primera Poké Ball y, al mismo tiempo que una gran serpiente azul salía de esta, el campo de combate se abrió parcialmente para mostrar una piscina artificial. Aquello sí era toda una novedad, era la primera vez que Lira veía cambiar tan rápido un campo de batalla por lo que no pudo evitar quedarse embelesada durante unos segundos. Aun así, no tardó en obligarse a salir de ese pequeño trance, y se dio la vuelta para decidir qué miembro haría frente a Gyarados. Miró a su equipo de uno en uno, deteniéndose brevemente en cada uno para analizar las diversas opciones, y al final su brazo se estiró hacia un reptil de escamas azuladas.
 
—Dragonair. Enseñémosle lo mucho que hemos aprendido en poco tiempo.
 
La dragona se sorprendió ante su elección, al igual que el resto de su equipo. Se quedó mirándola dubitativa, pensando que a lo mejor cambiaría de parecer, pero no lo hizo. Lira entendía su sorpresa, ¿cómo iba a sacar a su miembro más débil en el primer enfrentamiento contra el Campeón? Parecía que estaba yendo a por la derrota desde el primer momento. Sin embargo, confiaba en el potencial de su pokémon y quería que sintiera que confiaba en ella como confiaba en todos sin importar su tardía inclusión en el grupo. Además, ¿qué mejor forma de enfrentar a un domadragones que con un dragón? Lira movió de nuevo la mano para que saliera al frente y al final Dragonair entró en el campo de combate, sintiéndose de repente llena de energía. La confianza que había mostrado su entrenadora en ella hizo que se volviera pletórica, iba a demostrarle que no se había equivocado al elegirla.
 
—¡Onda trueno!
 
De los cuernos de Dragonair salieron un par de ondas que rodearon a Gyarados hasta dejarlo paralizado. Lira sonrió al ver que había conseguido una pequeña ventaja inicial, pensando que había tenido un buen comienzo.
 
—Espero que no me lo pongas fácil —bromeó al ver la tranquilidad de Lance. Sin embargo, no pudo evitar sentir un ligero escalofrío cuando él sonrió antes de entrelazar sus dedos y hacerlos crujir.
 
—Tranquila, no pienso contenerme nada —indicó antes de señalar al frente y borrar la sonrisa de su rostro. La amabilidad que había mostrado hasta entonces se esfumó y con eso Lira entendió que iba a ir en serio desde el primer momento—. ¡Pulso dragón!
 
Gyarados se revolvió y dio un gran coletazo que creó un par de olas en la piscina, rabioso por la parálisis. Dragonair alzó el vuelo para evitar mojarse, aunque al hacerlo quedó totalmente expuesta al ataque de su contrincante, quien echó la cabeza hacia atrás antes de liberar un rayo de energía que estampó a la dragona en el techo. Un par de grietas se crearon en él y una fina lluvia de polvo cayó al campo de combate cuando la dragona se desplomó en la piscina. Lira se acercó al borde de esta con el corazón queriendo escaparse de su pecho mientras Gyarados daba un rugido que hizo temblar la estancia. Dragonair tardó unos segundos en salir del agua y lo hizo llena de moratones y arrastrándose, había quedado muy tocada, pero su orgullo le impedía caer rendida en el primer turno, por lo que se encaró a la serpiente marina y disimuló lo mejor que pudo su dolor. Los dos pokémon se declararon la guerra con la mirada antes de que una cargara contra el otro, empezando así el combate más intenso que Lira había librado hasta ese entonces.
 
···
 
—¿A dónde vas tú solo por ahí? ¡Granuja!
 
Lance rio antes de perder el equilibrio y verse envuelto en los cálidos brazos de su tía. Hiroko se lo acercó al pecho y le llenó la cara de besos mientras el niño intentaba apartarla con sus pequeñas manitas, aunque carecía de la fuerza necesaria para alejarla aunque fuera un par de milímetros.
 
—¡Ja! ¡Con que tú eres el bandido que me roba a mi mujer!
 
El marido de Hiroko, Takeshi, un hombre rubio y de ojos celestes igual que el cielo despejado, igual que el cabello liso y corto de su esposa, apareció en el pasillo para reunirse con los dos. Se acercó al crío con la mandíbula tensa, fingiendo enfado, aunque la alegría de sus ojos hacía evidente que se trataba de un acto. Lance, con su año y medio recién cumplido, no entendía todavía todas las palabras de su tío, pero sí sabía que estaba bromeando por el tono de su voz, y terminó de confirmarlo cuando empezó a hacerle cosquillas en el abdomen. Los dos adultos se deshicieron en atenciones y mimos al pequeño, quien los recibió encantado, hasta que vio pasar a su madre.
 
Akali salió de una de las habitaciones del santuario y anduvo hacia la salida de este vestida con una simple túnica negra y su largo pelo rojo recogido en un moño bien peinado. En el camino pasó por el lado del trío y Lance estiró los brazos para ir con su madre, pero ella se limitó a dedicarle una tímida sonrisa mientras seguía su trayecto y no se detuvo hasta que salió del santuario. El sonido de la puerta cerrándose tras de sí dio lugar a un silencio sepulcral, uno que hizo descender la temperatura del pasillo, uno que hizo que Takeshi se volviera hacia su mujer para ver cómo había empezado a apretujar a su sobrino de forma inconsciente porque todo el cuerpo se le había tensado.
 
—Esa maldita me va a escuchar.
 
—Hiroko, tranquila —le susurró mientras le agarraba del antebrazo y luego bajaba su mano al evidente bulto que se había formado en su vientre, pensando que eso le calmaría—. Si no te relajas por ti que sea por la pequeña.
 
—¿Cómo puedes pasar por el lado de tu hijo e ignorarle? ¿Dedicarle solo una triste sonrisa? Ha estado pasando de él desde que nació, se pasa el día encerrada en el cuarto de su marido y solo sale cuando le apetece. Se me está empezando a acabar la paciencia y algún día se lo dejaré claro. 
 
—Sigue siendo familia.
 
—La familia no te abandona —sentenció Hiroko mientras clavaba su ardiente mirada en su marido. Takeshi tragó saliva y se obligó a no retroceder, aunque le costó, porque su mujer empezó a desprender un aura huraña e intimidante—. La familia no decide un día abandonar a su mujer mientras está dando a luz a su hijo, a su padre en un momento de crisis, a su hermana mientras está en su luna de miel. Todavía no entiendo en qué estaba pensando, cuáles eran sus intenciones. ¿En serio vuelvo y me encuentro con que se ha ido? ¿Que su hijo está a medio atender y me ha pasado con todo el descaro el derecho de sucesión cuando Lance ya había nacido? ¡¿De qué coño iba?!
 
—¡Hiroko! —susurró Takeshi exasperado y, aunque lo dijo en voz baja, sonó igual que un grito. Sacó a Lance de las garras de su mujer, quien le había empezado a hacer daño, así que entre eso, la indiferencia de su madre, los gritos de su tía y el movimiento brusco de su tío el pequeño empezó a gimotear. Takeshi lo meneó un poco en sus brazos mientras le susurraba que todo estaba bien antes de acercárselo al pecho y acariciar suavemente su espalda— Enfádate todo lo que quieras, pero no delante de él. Que al menos esté tranquilo con nosotros.
 
La mujer se cruzó de brazos, visiblemente alterada, y Takeshi vio que habría explotado si no fuera porque de repente se apoyó en él. Un siseo de dolor escapó de sus labios y al hombre no le costó mucho adivinar lo que había sucedido.
 
—Esta maldita, menudas patadas suelta —se quejó la mujer mientras acariciaba su vientre—. Va a ser igual de tremenda que su madre, no me cabe la menor duda.
 
Hiroko tardó un poco en recuperarse del ataque de su hija y, para cuando lo hizo, Ryuu salió de su despacho. Se acercó a su yerno y extendió los brazos para que le pasara a su nieto, algo que Takeshi hizo no sin antes darle un beso de despedida.
 
—¿Ya es hora de que se vaya a dormir? —preguntó Hiroko de forma retórica mientras revolvía el pelo de su sobrino, causando la risa del pequeño— Adiós, guapo de los tíos. Descansa.
 
Ryuu sonrió a su hija y a su yerno antes de darse la vuelta para volver a su despacho. Avanzaba con pasos lentos y calculados, los cuales seguían el ritmo de la nana que susurraba mientras acariciaba la espalda de su nieto. Era una antigua canción de cuna que había pasado de generación en generación en el clan Endrino, una que su mujer les cantó incontables veces a sus hijos.
 
Cuando la noche venga a visitarte
 
Y te arrope con su frío manto
 
No temas su inhóspito recibimiento
 
Y pídele ayuda a la luz de la luna
 
Pues esa es la misma con la que el sol
 
Calienta tus escamas por el día
 
Cuando abrió la puerta de su despacho Lance ya se había dormido en su pecho. Lo dejó tumbado en una pequeña cama que había preparado para él y se volvió al centro de la estancia, donde había un anciano bajo y regordete esperando que terminara sus labores como abuelo.
 
—Perdona, Shin, pero soy yo quien lo acuesta todas las noches.
 
—No te preocupes. Me pasa lo mismo con Morti, intento cuidarle todo lo que puedo.
 
Ryuu se arrodilló con dificultad delante de su amigo, sintiendo que le pesaban más sus palabras que la edad. Ahora Shin estaba perdiendo un tiempo valioso de estar con su propio nieto por ayudarle a él, pero su amigo le había dicho que no se sintiera mal por eso, que ellos de cierta forma también eran familia y debían apoyarse en los momentos difíciles. Un año y medio le había costado a Ryuu abrirse y contarle lo que había sucedido a Shin, aunque él ya lo sabía gracias a sus poderes, pero no había podido hacer nada porque el líder del clan Endrino se había atrincherado en su santuario. Ahora que quería escuchar lo que tenía que decir, Shin quería aprovechar esa oportunidad al máximo.
 
—Nos habíamos quedado en mitad de algo importante. Me estabas diciendo que Uroko-
 
—Sí, que tu hijo no tenía pensado irse solo en un primer momento. Su intención siempre había sido fugarse con tu nuera y tu nieto cuando él hubiera nacido, pero no aguantó más la presión de aquí y se fue antes, o esa despedida tan llamativa formaba parte de un acto para hacerte creer que le daba igual su retoño. Sea como fuere, está claro que Uroko pensaba irse con su familia, por eso le cedió el derecho a la línea de sucesión a Hiroko y no a su propio hijo. Piénsalo, ¿qué más le da quien vaya a ser el sucesor si no le importa el clan ni su sangre?
 
—Tal vez lo hizo para molestarme. Siempre he sido bastante conservador, lo sabes, y aunque no sería la primera vez que una mujer lideraría el clan Endrino…
 
—Te sientes más seguro si lo hiciera un hombre —Ryuu agachó la cabeza y no respondió, dándole la razón a Shin. El líder del clan Iris se inclinó hacia adelante en su asiento, entrecerrando los ojos antes de darle una advertencia—. Pues ten mucho cuidado, Ryuu, porque aquí es cuando entran en juego mis visiones. Tu nuera se va a ir un día de aquí en busca de su marido y va a intentar llevarse a su hijo con él, aunque no logro ver si consigue fugarse con el crío o no, con la apatía que muestra hacia él a lo mejor lo deja contigo. Hiroko va a ir tras ella, porque sabes mejor que nadie como padre suyo que eres que la ira que muestra por el abandono de su hermano es proporcional al amor que siente por él, así que seguirá cualquier pista que lleve su nombre. Takeshi, evidentemente, no va a dejar que la mecha corta de su mujer se vaya de aventuras sola.
 
—Entonces, eso significa… —susurró Ryuu mientras alzaba la mirada para encontrarse con la triste expresión de Shin. Le dolía ver a su gran amigo así, pero no podía esconderle la verdad, eso solo empeoraría las cosas para todos.
 
—Te vas a quedar solo con los niños, Ryuu.
 
Ryuu sintió que una gran lanza le atravesó el pecho y desgarró su corazón. Se levantó lo más rápido que pudo y se acercó a la cama de su nieto. Lance dormía plácidamente, ajeno a lo que había sucedido, ajeno a lo que iba a suceder. Ryuu cerró las manos en dos puños mientras se empezaba a dar cuenta de que el pequeño crecería sin padre, ni madre, ni tíos por su culpa, que había desestructurado el clan de tal forma que lo había roto y tanto su nieto como su futura nieta pagarían las consecuencias de su nefasta tiranía.
 
Había dejado a dos niños sin familia ni futuro. Todo por su incompetencia como líder.
 
—Si lo hubiera sabido… —empezó a lamentarse en voz baja. Shin se levantó de su asiento y se acercó a él para poner una mano en su espalda mientras miraba a Lance.
 
—Habrías actuado de otra forma, pero mucho me temo que no podemos cambiar el pasado, eso es algo que tanto tú como yo sabemos de sobra. Con la edad vamos acumulando errores y culpas que nos quitan vida, su peso nos ahoga y por eso haríamos cualquier cosa con tal de volver atrás en el tiempo y solucionarlo todo, pero la realidad es la que es. Lo que sí podemos hacer es construir nuestro futuro, aprovechar lo que tenemos en nuestras manos y aprender de nuestros errores. Perdona la dureza de mis palabras, Ryuu, pero en estos casos de nada sirve endulzar la situación. Ya no vas a recuperar a tu hijo, gran parte de la familia se irá y te quedarás solo con tus dos nietos. Entiendo tu tristeza y frustración, pero intenta mirarlo como una oportunidad, una oportunidad de hacer con ellos lo que no hiciste con tus hijos, porque esos dos van a depender de ti y necesitarán tu mejor versión para salir hacia adelante.
 
Shin quitó su mano de la espalda de Ryuu y se quedó en silencio mirando a Lance. Los dos ancianos estuvieron así durante un par de minutos, cada uno pensando en lo suyo, hasta que Shin se dio cuenta de que unas goteras empezaron a mojar las sábanas del pequeño. Sin embargo, cuando alzó la mirada para verlas, se sorprendió enormemente al darse cuenta de que el agua no provenía de unas filtraciones del techo, sino de las lágrimas de Ryuu. Era la primera vez en su larga vida que lo veía llorar por eso tuvo que parpadear un par de veces para creérselo, hasta que se aseguró de que su vista no le estaba mintiendo. Después de décadas de dureza, dolor y sufrimiento, estaba presenciando la quiebra de un hombre más duro que el acero, de un hombre que había llegado a su límite y estaba pagando de golpe todas las cuentas que tenía pendientes con la vida.
 
—Yo… Lo voy a hacer bien —juró en apenas un susurro mientras tensaba todo su cuerpo para mantener la voz firme. Tenía que hablar entre dientes para contener los sollozos y eso hizo, porque no iba a desplomarse del todo delante de su nieto, aunque estuviera durmiendo. Shin miró hacia otro lado e hizo oídos sordos, entendiendo que ese era un momento demasiado personal como para ser testigo de él—. Con el poco honor que me queda juro que criaré a un líder digno de este clan y no sufrirá ni la mitad que su padre, y su prima tampoco quedará desatendida. Con la poca dignidad que me queda juro que el clan Endrino resurgirá de sus cenizas y que los dos niños encargados de velar por su futuro no sentirán la angustiosa necesidad de desvincularse de él para ser felices. Juro que todo va a cambiar a partir de ahora y que las cosas serán como siempre debieron haber sido.
 
···
 
—¡Aléjate de su cabeza, Dragonair!
 
—¡Colmillo hielo!
 
Aunque hubiera querido, a Lira no le habría dado tiempo a cubrirse los ojos para no ver cómo el Gyarados de Lance giraba la cabeza para atrapar a su dragona en el aire con sus fauces congeladas. Le dio un gran mordisco y una sacudida antes de lanzársela a sus pies con una rabia bien contenida, aunque no por ello menos imponente. Dragonair no volvió a moverse y Lira supo que hasta ahí había llegado la participación de su dragona en el combate contra Lance.
 
Lo había hecho lo mejor que había podido, pero no fue mucho rival para Gyarados, e irónicamente parecía que la parálisis le había beneficiado a la serpiente más que perjudicado, porque esta le había dado fuerzas al ponerlo más furioso. Se trataba del gyarados más enfadado que había visto a lo largo de su viaje y, sin embargo, también era el más calmado. Lance había conseguido sacarle el máximo partido a su furia sin descontrolarlo y eso se estaba convirtiendo en un problema.
 
Cuando Lira se dio la vuelta para elegir al próximo miembro de su equipo que haría frente al domadragones se encontró con que todos sus pokémon estaban atónitos ante lo que acababan de ver. Tal vez dejarlos fuera de sus Poké Balls durante el último enfrentamiento no había sido una buena idea, pero ella no estaba dispuesta a dejar que el ánimo decayera tan rápido, así que dio una palmada que los sacó de su ensimismamiento y les ayudó a centrarse en ella.
 
—No nos pongamos así, no es la primera vez que caemos en la primera ronda. ¿No teníais muchas ganas de enfrentaros a él para ver de lo que somos capaces? ¡Mostrémosle de qué estamos hechos!
 
Un rugido colectivo le indicó que seguía contando con el completo apoyo del resto su equipo. Lira sonrió mientras pensaba qué miembro sería mejor para hacerle frente, teniendo en cuenta que Gyarados era fuerza pura y dura tal vez algo de maña sería la solución, como dice el refrán. Extendió su mano hacia Espeon y el felino dio un par de pasos hacia adelante con la frente en alto, situándose delante de su entrenadora elegantemente.
 
—Espeon, ¡premonición!
 
—¡Pulso dragón!
 
···
 
—¡Dratini, carga dragón!
 
—¡Dewgong, rayo aurora!
 
Dratini dio un giro en el aire para esquivar el rayo de hielo que iba en su dirección, aunque su entrenador no tuvo tanta suerte. Lance saltó cuando se dio cuenta de que el proyectil iba ahora hacia él, pero no fue lo bastante rápido, por lo que este le dio en la rodilla derecha. El niño siseó de dolor al sentir el hielo en la articulación y se llevó las manos a esta para intentar detener esa sensación desagradable, aunque no lo consiguió. Alzó la mirada para ver a su contrincante mientras la sangre empezaba a escurrirse entre sus dedos y comprobó que Fredo seguía igual de impasible que siempre. Estaba teniendo un combate contra el anciano en la Guarida Dragón, enfrente del santuario, porque quería aumentar la resistencia de sus dragones contra el hielo, y estaba resultando ser una experiencia completamente ardua. Aun así, no tenía pensado darse por vencido tan fácilmente, y mientras reprimía una maldición en lo más profundo de su garganta extendió un índice ensangrentado al frente.
 
—¡Dratini-!
 
—¡Basta!
 
Sin embargo, no pudo dar la siguiente orden porque el grito de su abuelo le detuvo en seco. Lance giró la cabeza y vio que Ryuu salió apresuradamente del santuario para recorrer el largo puente de madera que llevaba hasta los contrincantes, con grandes perlas de sudor adornándole la frente. En cuanto llegó a su lado le obligó a levantarse agarrando su muñeca y tirando de ella; la rapidez y brusquedad de ese movimiento hizo que Lance no pudiera reprimir un quejido de dolor. Abuelo y nieto se dirigieron lentamente al santuario, este último cojeando y sin camuflar el desagrado que le producía haber dejado el combate a medias.
 
—Jo, abuelo, tampoco es para tanto. ¡Estaba a punto de derrotarle!
 
—Estabas a punto de desangrarte —respondió de forma tajante, lo cual no dejó lugar a más reproches. Lance hinchó las mejillas, todavía estaba molesto, pero no iba a enfrentarse a su abuelo.
 
Los dos entraron en el despacho del líder y el más pequeño se sentó en una silla. Ryuu fue a por el botiquín de primeros auxilios y lo dejó en el suelo, al lado del asiento de su nieto. Lo abrió con cuidado mientras consideraba qué producto elegir, hasta que se decantó por el agua oxigenada y un apósito.
 
—¿Por qué no me dejas terminar los combates contra Fredo? —preguntó Lance modulando su voz. Ryuu abrió el bote del agua con cuidado y sintió que su cuerpo entero se tensó antes de echarla en la rodilla.
 
—Porque no quiero que te pase nada —respondió mientras vertía un poco de alcohol en la herida. Lance gimió y se clavó las uñas en los muslos en un intento de aguantar el dolor mientras Ryuu se tranquilizaba al ver que la herida parecía más aparatosa por la sangre de lo que realmente era—. Te quiero y estás bajo mi responsabilidad, mi obligación y voluntad es cuidarte y protegerte para que no te pase nada, por eso intento ser una buena persona. Tu padre se fue porque fui una mala persona.
 
Lance dejó de quejarse por el alcohol y Ryuu se quedó inmóvil, con el brazo medio extendido y el apósito en el aire. Como estaba demasiado preocupado por su nieto se le había ido la lengua de forma inconsciente y ahora temía que fuera a pagar las consecuencias, porque casi nunca hablaba a Lance de su padre por miedo a que le confrontara por su marcha, así que no sabía cómo iba a reaccionar.
 
—Tú no eres malo, abuelo.
 
La pena con la que su nieto dijo aquello y que obviara la mención a su padre hizo que el corazón se le arrugara como su piel. Ryuu se vio incapaz de mirarle a la cara, no podía soportar esa vergüenza, por eso se centró en curarle la herida.
 
—Lo fui. Fui autoritario, desconsiderado, apático y cruel, y me quedo corto —susurró mientras le colocaba el apósito en la rodilla y daba fin al tratamiento—. Fui todo menos un padre ejemplar, un líder ejemplar, y aunque haya aprendido de mis errores los pagaré con creces durante lo que me queda de vida.
 
El anciano se levantó y le tendió la mano a su nieto. Lance se la dio, aunque su mirada no se despegó del suelo. Le dolía escuchar el autodesprecio de su abuelo y él no tardó en darse cuenta, por lo que decidió cambiar el rumbo de la conversación. No debería desahogarse con un niño pequeño, Lance no debía cargar con parte de culpas que no le correspondían.
 
—Por eso es muy importante que aprendas a ser buena persona, Lance. Algún día la guarida te pertenecerá, estarás al mando de gente que te tendrá en alta estima y harás amigos, formarás una familia, tendrás personas que confíen en ti. Quiere a los que te quieren, ayuda a los que te necesiten y sé un buen ejemplo, alguien que inspire y despierte admiración en los corazones de quienes te rodean. Protégelos, conviértete en alguien tan fuerte que nadie tema ni sufra a tu lado.
 
Los dos salieron del santuario todavía tomados de la mano. Estaban delante del largo puente de madera que les conduciría de nuevo a Fredo, quien aguantaba las quejas y el peso de Débora, quien se apoyaba en su pierna mientras le rogaba una y otra vez que tuvieran un <<gélido combate a muerte>>. Ryuu cada vez tenía más claro que si su nieta no acababa con más heridas que su nieto era porque Arceus no quería, y se lo agradecía, porque cuidar a esos dos elementos de la naturaleza no era nada fácil.
 
—Voy a convertirme en el más fuerte de todos y en una buena persona.
 
La voz de Lance salió de la nada, lo que sorprendió un poco a Ryuu, y más se sorprendió al sentir que su nieto apretó su mano después de hablar, como si al hacerlo hubiera sellado una promesa. El pequeño alzó la mirada y le dedicó a su abuelo una sonrisa a la que le faltaba algún diente, una llena de tanta sinceridad que solo podía venir del corazón.
 
—Voy a ser un líder del que tú y mi padre estéis orgullosos.
 
Ryuu se quedó inmóvil durante un rato y para cuando había recuperado la capacidad de reaccionar Lance ya se había ido corriendo para reunirse con Fredo y Débora. Apoyó la pierna en la roca donde estaba sentado el anciano para hacer alarde de su herida de guerra y lo poco que le dolía mientras su prima se ponía celosa y volvía a pedirle a Fredo con el doble de insistencia un combate. El especialista en tipo hielo miró a Ryuu con una mezcla de fastidio y arrepentimiento y el líder del clan Endrino le sonrió. Le estaba muy agradecido por pasarse tan a menudo para ayudarle con sus nietos a pesar de lo cargante que podía ser esa tarea, al igual que Shin. Durante un segundo pensó, mirando esa escena, que eran una familia, una bastante rara e inusual, pero una que con suerte les daría a sus nietos lo necesario para convertirse en unos adultos hechos y derechos.
 
···
 
—¡Ampharos, trueno!
 
—¡Dragonite, carga dragón!
 
El tipo eléctrico extendió sus brazos para invocar un trueno que Dragonite esquivó con facilidad, por lo que este cayó en la piscina y la electrificó. Dragonite se abalanzó sobre Ampharos y ella se quedó tirada en el suelo al borde del desfallecimiento mientras Lira rezaba para que aguantara un poco más. Tras devanarse los sesos, Espeon pudo finalmente derrotar a Gyarados, y después de eso Lance sacó a Dragonite, sorprendiendo a Lira porque pensaba que ya se trataba de su inicial, pero no tardó en darse cuenta de que era otro de la misma especie. Aun así, este estaba demostrando ser bastante poderoso y terminó con el felino después de un par de turnos.
 
—Venga, aguanta un poco más. Basta con que le tires a la piscina…
 
Así que ahora estaba sufriendo, porque si Ampharos caía derrotada ya tendría mucha desventaja y le costaría más remontar. Dragonite alzó el vuelo para volver a cargar contra su pokémon y ella se hizo la inconsciente hasta que sintió que estaba a tan solo unos centímetros de distancia, momento en el que alzó una pantalla de luz que ralentizó al dragón. Si bien la barrera no hizo nada por reducir el daño del ataque, su presencia física disminuyó la velocidad de Dragonite, por lo que Ampharos pudo encajar mejor el ataque y tener un forcejeo con él. Estaba claro que ella lo iba a perder, pero no le importó, porque lo que quería era tenerlo cerca para poder atinarle un chispazo que lo envió de espaldas a la piscina electrificada. Dragonite intentó salir de ella, pero fue incapaz, y Lance se vio obligado a retirarlo para evitarle un sufrimiento cruel e innecesario. Lira se alegró de aquella victoria, aunque no le salió barata, porque Ampharos también acabó agotada de ese pequeño cuerpo a cuerpo.
 
—No importa, no importa. Lo has hecho muy bien —le susurró a su Poké Ball cuando la guardó en ella. Un empate era mejor que una derrota, todavía no tenía una distancia insalvable—. Nosotros nos encargamos del resto, muchas gracias por tu esfuerzo.
 
Lira se dio la vuelta para elegir a su siguiente miembro y aquella vez no le costó mucho tomar una decisión. El agua de la piscina tardaría un poco en volver a la normalidad por lo que lo mejor sería alejarse de ella lo máximo posible.
 
—Vamos, Togekiss. Mantente siempre en las nubes.
 
Su pokémon captó el mensaje y alzó el vuelo hasta casi rozar el techo, pasando por debajo de la grieta que había creado el cuerpo de Dragonair. Mientras, Lance pensaba cuál sería la mejor opción para aquel enfrentamiento, hasta que al final se decantó por el que le gustaba bromear diciendo que era el miembro más antiguo de su equipo, y es que técnicamente lo era.
 
—Haz que baje a tierra, Aerodactyl.
 
Un pokémon morado parecido a las criaturas prehistóricas que adornaban sus libros de niña se hizo presente delante de los ojos de Lira. Aquel pokémon fue al encuentro de Togekiss mientras abría sus fauces y de estas salían chispas, por lo que el pokémon de Lira se protegió lanzándole rocas con poder pasado, lo que le obligó a retroceder. Aun así, este no se sintió intimidado en lo más mínimo, y cuando las rocas desaparecieron volvió a cargar contra él, iniciando un apasionante duelo en las alturas.
 
···
 
El hielo de la pared dura y fría de la Ruta Helada le quemó la espalda en cuanto se apoyó en ella para sentarse, a pesar de las capas que cubrían su cuerpo. Podía sentir cómo esta le robaba el calor, más rápido que lento, por eso no tardó en temblar y sentir la sangre en sus labios cuando se le agrietaron. Los palpó con cuidado, bañándose las yemas de los dedos en un hermoso y brillante rojo que admiró con deleite antes de bajarlas de nuevo al suelo. Era consciente de que cualquiera habría cedido ya a las inclemencias de aquel lugar inhóspito y no debería tentar demasiado a la suerte.
 
Pero él no era cualquiera. Y sus dragones tampoco lo eran.
 
El esfuerzo que tenía que hacer su cuerpo para sobrevivir obligaba su mente a callar, a gastar sabiamente la energía, a no pensar. Sabía que era una manera poco ortodoxa de meditar, si es que se le podía llamar así, sabía que Morti podía darle infinitos consejos que le serían útiles, pero no quería oírlos porque no quería despegarse del dolor. El dolor le ayudaba a centrarse, el dolor le recordaba que era humano, el dolor era lo que le unía a su ser como si de un clavo se tratara.
 
Piensa que puede que sea un poco masoquista y que ese debe ser un requisito implícito para convertirse en domadragones, sino no hay forma de aguantar el camino.
 
Se levantó lentamente, apoyándose en la pared. Se separó de esta con un leve empujón que le ayudó a dar los pasos necesarios para acercarse a la sala donde estaban sus tres dragonair danzando en el aire intercambiando cánticos antiguos. Se quedó embelesado viendo los movimientos de las místicas criaturas, que se entrelazaban entre ellas para darse calor, creando formas tan hermosas como efímeras en un baile que solo se detuvo en cuanto se dieron cuenta de la presencia de su entrenador. Los tres bajaron raudos a recibirle, rodeando su cuerpo con cuidado, y mientras acariciaba sus frías escamas Lance nunca había tenido tan claro su amor por el tipo dragón. Ser capaz de entrenar a unas criaturas tan bellas como fuertes, tan útiles como destructivas le llenaba de orgullo, y eran esos momentos los que le animaban a no rendirse en su objetivo de convertirse en un gran domadragones.
 
Decidió que ya habían pasado suficiente frío y que era hora de volver a casa.
 
Después de pasar toda la tarde en la Ruta Helada la noche de Ciudad Endrino no le pareció tan fría. Fría era, la temperatura se divertía danzando en el termómetro pasando de cifras sobre cero a menos cero grados centígrados, pero no le afectaba tanto. Lance se dirigió a la Guarida Dragón, al santuario, donde se escondió en su cuarto para arreglarse, quitarse la escarcha del pelo y la sangre de los labios y las manos antes de que su abuelo le viera. Estaba tan centrado en su tarea que no se dio cuenta de que Débora abrió su puerta y se quedó en la entrada de su habitación hasta que vio una mancha azul moverse por el rabillo del ojo. Ambos mantuvieron la mirada en un extraño silencio hasta que el primo mayor lo rompió.
 
—¿Qué miras? ¿Quieres que te dé un beso?
 
La broma no le salió gratis. La cobró en forma de un puñetazo que recibió en la boca del estómago y le obligó a doblegarse sobre sí mismo mientras se estremecía y agradecía que estuviera vacío, porque si no habría vomitado su contenido. Había tenido la suerte de comprobar en sus carnes que las clases de defensa personal de Débora estaban dando sus frutos, pues la técnica de su ejecución había sido perfecta y sabía que si le hubiera dado un poco más fuerte le habría dejado muy mal parado.
 
—Termina de asearte y ve a ver al abuelo. Requiere tu presencia de inmediato.
 
Fue lo único que dijo antes de que el sonido de sus tacones indicara que se había ido. Lance se enderezó lentamente, sin atreverse a quitar las manos del abdomen, y cuando sintió que parte del dolor remitió volvió a la tarea de arreglarse. Fue al despacho de su abuelo casi perfecto pero, aunque lo intentó disimular, el morado y las pequeñas grietas de sus labios no se iban con facilidad. Al entrar en la habitación se arrodilló delante de Ryuu y supo por la breve mirada que le dirigió que se había dado cuenta del aspecto que tenía, pero no hizo ningún comentario al respecto. Lo que fuera que tuviera que decirle era mucho más importante que eso.
 
—He recibido una petición de Ciudad Plateada hace un par de minutos. Un grupo de científicos está haciendo un experimento con fósiles y requiere la presencia de un domadragones lo antes posible.
 
—¿Por qué? —preguntó el joven alzando una ceja con la curiosidad desbordando por sus ojos. No es que le molestara tener que ir, ni mucho menos, siempre estaba dispuesto a aprender, pero no terminaba de ver la relación entre un experimento con fósiles y los dragones. Sin embargo, Ryuu desconocía la razón también, y así se lo hizo saber encogiéndose de hombros.
 
—No lo sé, te lo dirán cuando llegues. No me han dado más detalles porque es un tema confidencial, pero era una carta del museo así que dudo que se trate de una broma. ¿Podrías ir esta noche?
 
—Voy ahora mismo.
 
Raudo como un rayo, y después de despedirse de Ryuu haciendo una reverencia, Lance abandonó la Guarida Dragón para subirse en los lomos de Dragonair, su inicial, y puso rumbo a Kanto. El aire cortante de la noche de invierno le arañaba las mejillas y le hacía tiritar, por mucho que se esforzara en superarlo y llevarlo cada vez mejor odiaba el frío con toda su alma y no había nada que pudiera hacer para remediarlo. Sintió a su pokémon estremecerse también y le acarició mientras rodeaban el Monte Plateado para sobrevolar la Meseta Añil, admirando la grandeza de la montaña desde una distancia prudente. Su cumbre era tan alta que incluso volando le costaba distinguirla, por no mencionar que las sempiternas nevadas dificultaban enormemente vislumbrar algo más que un par de rocas. Corrían rumores de que ahí moraban los pokémon más fuertes de ambas regiones y hacía tiempo que nadie se atrevía a corroborarlo, porque aquellos que entraban no salían. Por eso, aunque se consideraba un entrenador fuerte, todavía sentía respeto hacia el poder que emanaba de ella y sabía que era un lugar al que le costaría tiempo entrar.
 
Cuando pasaron de largo y el aura de la montaña dejó de influenciarle volvió a mirar hacia el frente y vio a lo lejos un resplandor plateado que indicaba dónde estaba su próximo destino. Los edificios de Ciudad Plateada reflejaban la luz de las farolas, confiriéndole el mismo color que llevaba la urbe por nombre, y que la luna se encontrara llena en todo su esplendor causaba el efecto de que la ciudad brillaba porque estaba bañada en su luz. Aquel espectáculo nocturno le quitó el aliento y le habría encantado tener más tiempo para admirarlo, pero iba con el tiempo justo, así que le pidió a Dragonair que acelerara un poco para llegar al museo.
 
No tuvo problemas para encontrarlo, para empezar porque no era su primera vez ahí y para terminar porque había un grupo reunido fuera de este con semblante preocupado y emocionado. Cuchicheaban entre ellos, intercambiando comentarios que Lance no escuchó ni siquiera cuando aterrizó a su lado. Al hacerlo los ojos del grupo se iluminaron y los científicos le miraron como si se tratara de una aparición divina; aunque estaba acostumbrado a recibir atención no pudo evitar ponerse un poco nervioso al volverse el centro de esta tan rápidamente.
 
—Buenas noches. Soy Lance, os pusisteis en contacto con mi clan para-
 
—Sí, sí. Buenas noches señor Lance, gracias por venir tan rápido, por aquí por favor.
 
Una mujer del grupo, la más mayor y quien no tardaría en revelarle que era la directora del experimento, le agarró del brazo y le llevó al interior del museo, al sótano de este. Le hizo entrar en una sala, no sin antes invitarle a firmar un par de cláusulas de confidencialidad, y una vez dentro procedió a explicarle todo lo que necesitaba saber.
 
—¿Puedes ver lo que hay tras esta pantalla protectora? —le preguntó mientras le daba un par de golpes con los nudillos a una barrera transparente. Lance asintió, estaban en una habitación completamente blanca separada de otra por la mencionada barrera.
 
—Parece que hay un ámbar en la habitación contigua.
 
—Es un ámbar, uno que contiene el material genético de un pokémon que se extinguió hace millones de años —confirmó la científica mientras el brillo de su mirada crecía al hablar y acariciaba la pantalla sin apartar la vista del objeto—. Después de múltiples intentos creemos que, aunque te suene a ciencia ficción, hemos encontrado la forma de traer a la vida a este ser.
 
—¡¿Cómo?! —preguntó el domadragones mientras todo su cuerpo se estremecía al oír aquella noticia. La mujer sonrió con orgullo y Lance se aclaró la garganta antes de recuperar la compostura. La había perdido con facilidad, alguien como él no podía hacerlo con tanta rapidez.
 
—Todavía no estamos seguros y, como te imaginarás, un descubrimiento de estas características podría causar un enorme revuelo en la región, por eso le hemos pedido que mantenga la máxima discreción posible al respecto —dijo mirándole fijamente y eso le hizo comprender por qué había firmado tantos documentos. La científica hizo una pausa y cuando volvió a hablar tanto el tono de su voz como su mirada se endulzaron—. Según los datos que hemos conseguido recabar este pokémon comparte muchas características con el tipo dragón y no sabemos cómo reaccionara al despertar, por eso hemos pedido su ayuda, por si… no se toma muy bien volver a este mundo. Confiamos en que un entrenador de su categoría está lo suficientemente cualificado como para detenerle si perdiera el control.
 
—Lo estoy —confirmó asintiendo con una seguridad que tranquilizó a la mujer. Ella salió de la habitación durante unos segundos y cuando volvió a entrar lo hizo llevando un pinganillo y una tablet en la que estaba escribiendo algo.
 
—¿Está preparado?
 
—Sí.
 
La científica extendió los cinco dedos de su mano derecha y los fue bajando lentamente, marcando una cuenta regresiva. Al cerrarla en un puño el ámbar empezó a brillar tanto que Lance se vio obligado a cubrirse los ojos con los brazos y no los bajó hasta que un grito ahogado le obligó a hacerlo.
 
Un pokémon morado de enormes alas y afilados colmillos apareció donde segundos antes había estado el ámbar. El nuevo ser intentaba alzar el vuelo en la habitación contigua, pero entre el reducido tamaño de esta y que carecía de la habilidad necesaria se veía incapaz de hacerlo. Los ojos de Lance se agrandaron al ver aquel magnífico dragón prehistórico mientras la directora jadeó casi incrédula.
 
—Esta vez sí… ha funcionado…
 
Su sorpresa inicial no tardó en convertirse en una euforia que compartió por el micrófono de su pinganillo a sus colegas para que supieran que el experimento había sido todo un éxito. Estaba tan contenta que casi pasó por alto los problemas que estaba teniendo el recién resucitado y lo nervioso que se estaba poniendo al despertar de repente en un lugar desconocido para él, pero este no tardó en hacérselo saber dando un gran rugido. La mujer retrocedió un poco, asustada, y Lance se acercó inmediatamente a la puerta que le llevaría a la otra estancia. Calmaría al pokémon y protegería al equipo de científicos del museo, con él presente ningún pokémon ni ser humano se sentiría amenazado.
 
···
 
Togekiss hizo una pirueta en el aire antes de aterrizar de puntillas en el suelo mientras Aerodactyl se desplomaba detrás de él. El pokémon prehistórico convulsionó una última vez antes de cerrar los ojos y ser devuelto a su Poké Ball, donde el veneno provocado por el tóxico de Togekiss no podría seguir extendiéndose por su cuerpo. Aunque él se había mostrado más feroz que el pokémon de Lira durante el combate, este era mucho más hábil a la hora de volar y no había tenido muchos problemas a la hora de esquivar sus ofensivas. Al ser el primer pokémon que fue resucitado con éxito de un fósil su cuerpo no era del todo operativo, pero eso a Lance no le importaba, porque aunque a Aerodactyl le costaba combatir más que a un pokémon normal tenía las mismas ganas de hacerlo que su equipo y bajo su entrenamiento cada vez mejoraba más.
 
—¡Dragonite!
 
Así que se aseguraría de honrar su caída. Lira se sorprendió nuevamente al ver que otro dragonite aparecía en escena y no tardó en mostrar su fastidio, porque hasta entonces era la especie que más le estaba costando hacer frente.
 
—¿Todavía puedes continuar, Togekiss?
 
Su pokémon asintió, aunque eso no hizo que a la entrenadora se le fuera la preocupación por las heridas que le había dejado Aerodactyl. Pocas eran las veces que sus ataques habían llegado a dañar a su pokémon, pero aquellos que dieron en el blanco le dejaron bastante tocado. Si consiguiera controlar su cuerpo del todo no le cabía la menor duda de que se convertiría en un pokémon temible.

···
 
Gracias a su sudor, sangre y lágrimas fue capaz de cumplir un objetivo ambicioso. Se había hecho un nombre en ambas regiones por sus proezas y consideró que su poder debía estar al servicio de un bien superior, algo que beneficiara a Johto y Kanto. Tras mucho esfuerzo y gracias a un par de contactos fue capaz de reunir a tres entrenadores casi igual de poderosos que él que compartían sus ansias de mejorar y superarse cada día.
 
Lorelei, una amiga que hizo en su viaje por Kanto y le puso contra las cuerdas varias veces gracias a su equipo de hielo.
 
Agatha, vieja conocida del profesor Oak temida tanto por su experiencia en los combates como por su difícil carácter.
 
Bruno, familiar lejano del maestro karateka del Dojo Karate de Ciudad Azafrán, experto en varias artes marciales y en comunicarse con su cuerpo.
 
Con ellos tres formó un equipo cuyo objetivo era velar por la seguridad de ambas naciones y se autodenominaron Alto Mando. Su creación tuvo buena aceptación por gran parte de los ciudadanos, especialmente dentro del colectivo de los entrenadores, quienes se pusieron como meta vencerlos para poner a prueba sus habilidades y adquirir el goloso título de Campeón, reservado para el más fuerte de la región. Fue en ese momento cuando los gimnasios Pokémon experimentaron un auge, porque muchos y muchas iban ahí para fortalecerse, y fue así cómo se consensuó que quien quisiera retar al Alto Mando debía hacerse antes con las ocho medallas para demostrar que tenía lo necesario para hacerles frente.
 
En ese momento Lance se sentía imparable. Era el centro de atención y había conseguido renovar tanto a Johto como a Kanto, porque su proyecto mejoró la seguridad y activó la economía de ambas regiones. Como muestra de su poder decidió alzar el cuartel general del Alto Mando en la Meseta Añil, al lado del Monte Plateado, para hacer una declaración de intenciones. Los entrenadores más fuertes de la región debían situarse en el lugar más poderoso de la región, era lo lógico. Estaba convencido de que en ese momento nada ni nadie podría vencerle, se había convertido en el entrenador más fuerte y querido por todos, en la persona que su abuelo necesitaba que fuera. Se sentía bien, tan bien que sin darse cuenta se subió en una nube que empezó a alejarle de la tierra conforme su fama y la de su equipo iba creciendo.
 
—¿Así que tú eres el tipo de los dragones?
 
Por desgracia, olvidó que la invencibilidad era una utopía, y la vida se lo recordó a través de dos niños.
 
A lo largo de su carrera, Lance se había enfrentado a una variedad inmensa de entrenadores: orgullosos, inseguros, confiados, amables… Los había derrotado a todos, por eso había desarrollado la creencia de que seguiría ganándolos a todos, incluso al sobrado que tenía delante de él. Su sonrisa prepotente creaba la ilusión de que la fuerza se le escapaba por la boca, pero si había conseguido vencer a sus tres compañeros debía ser fuerte de verdad. No era la primera vez que alguien llegaba hasta él, por eso no estaba nervioso, pero sí consideró necesario extremar las precauciones, aunque no dudaba que fuera a ganar.
 
—Sí, y supongo que tú eres el nieto de Oak.
 
—El mismo que te va a vencer y se va a convertir en la siguiente promesa de Kanto.
 
Lance no pudo contener una carcajada. ¿Cómo iba un crío como él, que apenas se estaba iniciando en el mundo Pokémon, derrotar a su equipo de dragones? Ellos habían sufrido innumerables adversidades para convertirse en los mejores, le gustaría ver qué clase de entrenamiento había seguido el niño para atreverse a hacer semejante declaración.
 
—Vas a necesitar algo más que palabras para vencerme, ¿lo sabes?
 
—Menos mal, sino esto se volvería muy aburrido —dijo mientras fingía un bostezo y liberaba a su primer pokémon. Un pidgeot—. Solo sabes hablar de dragones y de su supuesta superioridad. Te voy a demostrar que son igual de anticuados que los primeros estudios de mi abuelo.
 
Evidentemente, no se dejó caer en su provocación, pero no iba a perdonarle hablar mal sobre su tipo sagrado. El combate fue duro y agresivo a partes iguales, cuando caía un bando enseguida lo hacía el otro y parecía que todo terminaría en un empate. Lance nunca había estado en una situación tan extrema, una que le hizo renegar de su lado lógico y hundirse de lleno en el fragor del combate, gritando a pleno pulmón órdenes que su equipo realizaba dejándose las escamas. Azul también gritaba, aunque llegó un momento en que ninguna de las voces se podía oír porque el sonido de los pokémon chocando y rugiendo se hacía cada vez más grande. Parecía que la sala se iba a caer a pedazos de un momento a otro, parecía que el techo se derrumbaría en pleno combate, pero antes de que eso sucediera se hizo el silencio y entonces ocurrió.
 
Algo que nunca se había atrevido a pensar, algo que ni sus peores pesadillas se animaron a imaginar, algo que lo dejó más helado que los combates que libraba contra Lorelei.
 
—Drago…nite.
 
Su fiel Dragonite. Su pokémon más fuerte, su as bajo la manga, aquel que resistía todo cuando el resto no podía, el inicial con quien más aventuras había vivido se desplomó delante de sus ojos, creando una gran nube de polvo que Blastoise apartó con molestia. Azul fingió otro bostezo y se estiró como si hubiera terminado de dar un paseo por el parque, ocultando la tensión de su cuerpo y el ardor de su garganta.
 
—Vaya, y yo que de verdad tenía la esperanza de que el último combate sería complicado. Por eso dicen que no es bueno hacerse expectativas, luego no se cumplen y terminas decepcionado.
 
Azul devolvió su inicial a su Poké Ball y pasó de largo a la última estancia mientras silbaba. Consideró decirle algo más al domadragones, pero solo con ver la expresión de su mirada supo que no necesitaba añadir nada más porque ya se había hundido. Lance se quedó atónito durante unos segundos, incapaz de aceptar lo que estaba viendo, hasta que su cuerpo lo impulsó a comprobar el estado de su pokémon.
 
—¡DRAGONITE!
 
Dragonite no se movía, el blastoise de Azul había terminado con él sin ninguna piedad. Lance lo guardó en su Poké Ball y puso a descansar a todo su equipo en una máquina cercana, con la esperanza de que se recuperara pronto. El sudor inundó su rostro y los nervios se apoderaron de su estómago, dándole unas ganas de vomitar que no había sentido en su vida. Pasó una mano por su cabello mientras intentaba tranquilizarse, aunque el temblor de su cuerpo indicaba que eso no sucedería pronto. Su mente, que hasta entonces se había mantenido callada, empezó a inundarse de pensamientos fatalistas, pero logró darse cuenta de ello antes de que estos le llevaran a la locura. Puso en práctica las técnicas de relajación que había adquirido en su formación como domadragones y consiguió reunir la templanza necesaria para comunicarle a su equipo la derrota. Fue una imagen que no olvidaría nunca, la incredulidad y la inseguridad que se plasmaron en los rostros de Lorelei, Agatha y Bruno le persiguieron durante meses, aunque ninguno de los cuatro tuvo mucho tiempo para sentir nada, porque enseguida vino otro entrenador a retarles y tuvieron que volver a sus puestos.
 
Ese niño era todo lo opuesto a Azul. Azul tenía un aura y energía chillonas que lo convertían inmediatamente en el centro de atención, un exceso de confianza que mostraba con su sonrisa torcida y una prepotencia que le hacía sacar el pecho muy a menudo. Rojo no era así, Rojo era un niño callado que andaba con los hombros agachados y cubriéndose los ojos con la gorra, pero a la hora de combatir alzaba la mirada para mirar cara a cara a su oponente. Fue gracias a eso que Lance vio la llama que ardía dentro de él, una llama igual que la de su charizard y que ardía con una pasión por los pokémon que le hizo estremecerse antes de que empezaran a combatir.
 
El duelo fue un poco más duro que el que tuvo contra Azul, pero no fue ni la mitad de agresivo. Lo dio todo, se entregó en cuerpo y alma, vendió su voz para aumentar la motivación de su equipo, pero el resultado fue el mismo y tuvo que ver cómo sus dragones caían uno tras otro por segunda vez. Cuando Dragonite se desplomó él también lo hizo, cayó de rodillas sin emitir ningún sonido. Su mirada se clavó en el suelo y solo la alzó porque sintió que alguien le apretó el hombro. Era Rojo, que en vez de regodearse en su victoria le estaba mirando con preocupación. En ese momento Lance clavó sus uñas en sus piernas y sintió que el ardor de la venganza le subió desde el estómago hasta la boca.
 
—Gánale. Gánale como sea, pero barre el suelo con él.
 
Rojo asintió, sellando así su promesa. Le dio un par de bayas aranja y se adentró en la sala donde estaba Azul, preparado para enfrentarse a su rival. A Lance le habría encantado ver ese combate, pero una grieta vertical se formó en el centro de su pecho y se rompió, generando un vacío que le dejó inmóvil durante un buen rato. Ese día había dejado la reputación de los dragones por los suelos, había decepcionado a su equipo y traicionado a todos los que confiaban en él. Había perdido como domadragones y como líder, había fallado a la hora de cumplir su cometido, y si no podía ser la persona que su abuelo necesitaba que fuera entonces sentía que no podía ser nada.
 
Su valor como entrenador y persona terminó ese día. Había sido incapaz de cumplir las expectativas y objetivos que se había marcado y tan libremente había anunciado a los cuatro vientos, por lo que la gente no tardaría en tacharle de fracasado, algo que no se alejaba de la realidad. El jugo de las bayas le manchó la ropa cuando las estrujó al cerrar el puño, pero no se dio cuenta, y si se hubiera dado cuenta no le habría importado nada. El amargo sabor de la derrota le había vuelto insensible y tendría que pasar un buen tiempo para que se recuperara de ese golpe.


···
 
—¡No te voy a creer nunca más!
 
—¿Por qué?
 
—¡Porque eres un mentiroso!
 
Lira devolvió a su congelado Togekiss ligeramente enfadada y un poco frustrada. Le hizo un gesto con la mano a Ninetales para que la vulpina entrara en el campo de combate y nada más lo hizo esta usó día soleado para descongelar la habitación, la cual se había congelado porque Dragonite había usado ventisca.
 
—Primero me ocultas que eres el Campeón, luego sacas a más pokémon de tipo volador que dragón siendo un maestro domadragones y ¡ahora le pides a Dragonite que ejecute un movimiento de tipo hielo cuando tanto tú como tu equipo supuestamente odiáis el frío! ¡Casi se pone a nevar aquí dentro!
 
Lance contuvo una risa ante el acto de la castaña. Dragonite se posó en el suelo delante de él y emitió un sonido de felicidad mientras miraba a Lira para darle las gracias por ser la encargada de subir la temperatura.
 
—Perdón. ¿Quieres que te preste mi capa?
 
—No me distraigas.
 
Lo bueno de ventisca era que el agua de la piscina se había congelado, por lo que Ninetales podría correr por el campo de combate sin preocuparse por el agua durante un tiempo. Aun así, Lira no iba a ir con cuidado para evitar que se derritiera.
 
—¡Onda ígnea!
 
—¡Carga dragón!
 
Si se contenía aunque fuera un poco sabía que tenía todas las de perder así que decidió dejar la precaución para otro día. Se abrazó a sí misma para quitarse la sensación de frío que tenía y se centró en su pokémon, quien estaba aprovechando al máximo todos los beneficios que en su tipo tenía el clima soleado.
 
···
 
Con tiempo y ayuda de amigos como Bruno y de su familia fue capaz de mejorar.
 
—Sin darme cuenta he vuelto a fallar. Lo siento mucho, Lance, juré que no te fallaría como le fallé a tu padre, pero sin darme cuenta te impuse unas expectativas inalcanzables que-
 
La risa de su nieto le impidió a Ryuu terminar su frase. Esta era fresca y ligera, como una suave brisa de primavera capaz de aligerar la carga de un día duro.
 
—Está bien, abuelo, ya hemos hablado de esto y no tienes que pedir perdón por nada. Estoy bien, es estúpido permitir que algo así me afecte durante el resto de mi vida, he aprendido de mis errores y ahora soy otra persona, una que es más prudente con lo que dice y sigue ayudando a los demás. No hay ninguna razón para que te sientas mal.
 
Ryuu miró contrariado su taza de té mientras Lance le daba un sorbo a la suya. El líder del clan Endrino sabía que su nieto todavía no estaba del todo bien, y Lance sabía que su abuelo era capaz de ver la cicatriz que todavía llevaba en el pecho, por eso intentaba no mirarle mucho directamente a los ojos. El anciano se rascó la cabeza, intentando sacar el tema de otra manera para que su nieto se animara a hablar sobre él, pero todavía le costaba tratar temas relacionados con emociones complejas.
 
—Solo quiero que sepas que… Si alguna vez necesitas…
 
—Está bien, está todo bien —sentenció Lance mientras dejaba su taza vacía en la mesa. Se levantó y le dedicó una sonrisa tranquilizadora a Ryuu antes de abandonar la estancia—. Ahora debo irme, hay ciertos asuntos que debo tratar.
 
Ryuu asintió mientras tartamudeaba incoherencias, sin saber muy bien cómo finalizar aquella conversación que no había ido como él había querido. Lance dejó atrás el despacho de su abuelo y salió de la Guarida Dragón para que Dragonite le llevara a Ciudad Malva.
 
—¿Qué es esto? ¿Una carta?
 
Hacía un par de semanas que Rojo había abandonado su puesto como Campeón. El entrenador logró derrotar a Azul Oak y ambos se convirtieron en toda una inspiración para la gente joven de Kanto por lo que habían logrado a su corta edad, pero ninguno de los dos duró mucho en el puesto. Azul porque fue derrotado casi al instante y Rojo porque no tenía mucho interés en desempeñar ese rol, él quería seguir avanzando y mejorando fuera de las cuatro paredes del cuartel del Alto Mando, así se lo hizo saber en un escrito que firmó personalmente para evitar que los medios se inventaran historias raras sobre su desaparición.
 
—Está bien, no te voy a detener, aunque te echaré de menos por aquí.
 
Todavía recordaba como si fuera ayer el momento de la despedida. Durante el tiempo que estuvo como Campeón, Lance aprendió a disfrutar de la silenciosa compañía del muchacho, con quien combatía bastante a menudo y a quien le daba algún que otro consejo. Todavía le quemaba haber perdido, pero conforme iba conociendo a Rojo menos le dolía esa derrota, porque podía ver el amor y la pasión que sentía por los pokémon y cada día que pasaba a su lado le permitía entender mejor por qué había ganado.
 
—Cuídate. Espero que vengas a verme alguna vez.
 
El muchacho asintió y abrió su mochila para sacar algo de esta y dárselo. Se trataba de un huevo pokémon que le entregó a Lance sin más explicación que señalarle y temblar mientras negaba con la cabeza.
 
Tú odias el frío.
 
No entendería del todo ese mensaje hasta que del huevo saliera un precioso charmander que entrenaría sin descanso para convertirlo en un buen miembro de su equipo y hacer honor a Rojo. Lance le dio las gracias por todo revolviéndole el cabello y Rojo le dedicó una tímida sonrisa antes de dar media vuelta y no ser visto nunca más.
 
—¿Yo? ¿Campeón porque Rojo ha renunciado al título? Pff, qué aburrido, no tengo absolutamente ningún interés en ese rollazo de papel.
 
Así que tocaba buscar un reemplazo al puesto y el siguiente en la lista era Azul, pero él renunció con la simpatía que le caracterizaba porque pensaba que sin la presencia de su rival no merecía la pena. De esta forma, Lance vio que el título de entrenador más fuerte de la región recayó en sus manos gracias a una serie de eventos.
 
Sin ganárselo.
 
Todavía ardía en él la sensación de no ser suficiente desde que fue vencido. Aunque aprendió a aceptar la derrota, aunque volvió a ser humilde, aunque se esforzaba en ser un buen líder y mejor persona siempre estaba esa espinita que no le dejaba respirar bien, esa voz burlona que le atormentaba, ese vacío pequeño en su pecho que no parecía llenarse con nada. Aunque sí podía ignorarlo, y una de las cosas que le ayudaba a hacerlo era el trabajo.
 
—Bueno, ya hemos llegado.
 
Lance le dio un par de palmaditas en el lomo a Dragonite cuando aterrizó en la entrada de Ciudad Malva. Llevaba consigo una carpeta llena de cartas de reclamaciones que se aseguró bajo el brazo mientras caminaba hacia el gimnasio de la ciudad. Poco a poco, el Alto Mando y la Liga se convirtieron en algo más que un grupo simbólico y con el aumento del número de entrenadores pasaron a ser una institución formal que regulaba el funcionamiento de los gimnasios y todo lo relacionado con el mundo de los combates pokémon. Una tarea que se dejó un poco descuidada cuando Rojo ascendió al poder, porque él no sabía muy bien cómo actuar y Lance no estaba en las condiciones adecuadas para hacerlo, pero ahora que todo había pasado era hora de ponerse manos a la obra. Kanto había aguantado más o menos bien la ausencia de una figura que le guiara en esa nueva etapa, no se podía decir lo mismo de Johto.
 
Lance llamó a la puerta del gimnasio dos veces y esperó un buen rato a que esta se abriera. Un niño cuyo rastro estaba cubierto parcialmente por su enorme flequillo azul le abrió, visiblemente nervioso por su inesperada visita.
 
—Buenos días, Pegaso. ¿Puedo entrar?
 
Pegaso asintió mientras se hacía a un lado y esperaba a que Lance entrara para cerrar la puerta tras de sí. Pegaso era el hijo de Álex, el líder de Ciudad Malva, un gran entrenador de pokémon de tipo volador que llevaba un tiempo desaparecido, y Lance sentía por el preadolescente el interrogatorio que le iba a hacer, pero esa situación no podía alargarse mucho más.
 
—Me han llegado noticias de que el gimnasio lleva dos meses sin recibir retadores —dijo mientras levantaba la carpeta llena de reclamaciones e inspeccionaba la estancia. Estaba limpia, pero no había ni rastro de los entrenadores a los que se debía hacer frente antes de enfrentarse al líder—. ¿Todo bien en casa?
 
—Mi padre va a volver.
 
El joven apretó las manos en dos puños y se sonrojó un poco por la súbita tensión que experimentó su cuerpo. Su postura defensiva hizo que Lance alzara una ceja, sorprendido por su reacción.
 
—No he dicho lo contrario, solo quiero saber dónde está —repitió con un tono más dulce mientras bajaba la carpeta—. ¿Tú lo sabes?
 
—¿Va a perder su puesto?
 
—Depende. ¿Te dejó algo para mí antes de irse?
 
Pegaso miró el suelo, dubitativo. Con esa reacción le estaba diciendo que sí, pero el joven se debatía entre enseñárselo o no, y con eso Lance decidió antes de que Pegaso le diera una respuesta que fuera lo que fuera que el líder hubiera dejado en su marcha era algo que quedaba entre él y su hijo. Lance abrió la carpeta y releyó las cartas en silencio.
 
—El gimnasio no puede quedar mucho más desatendido, lo sabes.
 
—Lo sé.
 
—No podemos esperar a tu padre para siempre.
 
Pegaso apretó los bajos de su camisa hasta que sus nudillos se volvieron blancos y su cuerpo comenzó a temblar.
 
—Lo sé —contestó entre dientes. Lance alzó la mirada y se aseguró de que el joven le estaba mirando a los ojos antes de hacerle su propuesta.
 
—¿Te gustaría ocuparte de él hasta que vuelva?
 
Al oír aquello el temblor del joven se detuvo. Sus ojos se abrieron al instante y su sonrojo desapareció, reemplazado por una sorpresa que estuvo a punto de dejarle sin respiración.
 
—Te he visto combatir un par de veces, eres bueno y entrenando te volverás mejor. Podemos ponerte a prueba durante unas semanas y si vemos que desempeñas bien el cargo y tú estás conforme puedes tenerlo hasta que tu padre vuelva. ¿Qué te parece?
 
—¿Y-yo? ¿Tan joven? ¿Estás seguro?
 

—Rojo se convirtió en Campeón siendo más joven que tú —le recordó antes de que los ojos del joven comenzaran a brillar con una nueva alegría—. Y aunque es cierto que hace falta algo más que ser fuerte para ser líder de gimnasio hoy en día estoy seguro de que con lo avispado que eres captarás lo esencial al vuelo. Así que ¿qué me dices?
 
—¡Sí! ¡Sí, sí quiero!
 
Tan bien hizo su labor de líder de gimnasio que cuando su padre regresó Pegaso mantuvo su puesto, convirtiéndose así en otro referente para personas de su edad. Tanto, que cuando llegó el momento de cambiar de líder en Pueblo Azalea se eligió a un joven cuya curiosidad sobre el tipo bicho era tan grande como su sabiduría y amor por él, de la misma forma que para Ciudad Trigal se eligió a una joven conocida en la capital por su imbatible miltank, capaz de causar pesadillas hasta a entrenadores veteranos.
 
—¡Acepto! ¡Pero quiero que el gimnasio tenga forma de clefairy!
 
Al apostar por la juventud, Lance sentía que le estaba dando a la región una necesaria dosis de aire fresco, aunque las tradiciones se seguían respetando. Morti se convirtió en el líder de su ciudad, como hacían todos los Descendientes del clan Iris; Yasmina enamoró a Ciudad Olivo cuando su bondad fue lo que salvó a Amphy de una enfermedad fatal; Aníbal destrozó en un combate a todos los candidatos que aspiraban a ocupar el puesto en Ciudad Orquídea; Fredo era el único interesado en pasar tanto tiempo en Pueblo Caoba como para desempeñar ese rol y Débora…
 
—No pienso aceptarlo. La gente pensará que me lo das porque soy tu prima.
 
Costó un poco más, hasta que a Lance se le ocurrió sugerirle que retara al Alto Mando para hacer una comparación de poderes. Aquello fue mucho mejor de lo que pensaba, porque su prima venció a sus cuatro compañeros, por lo que nadie se atrevió a quejarse cuando fue nombrada la octava líder de gimnasio de Johto. Parecía que todo iba sobre ruedas, parecía que la región volvía a despuntar y que todo iba bien. No había motivos para sentirse mal, pero el agujero de su pecho todavía no se terminaba de cerrar.

 
···
 
Se había estado preparando mentalmente para ese combate durante mucho tiempo, casi tanto como físicamente, visualizando el fin una infinidad de veces, y al tener ese momento tan cerca la única parte de él que admitía que pensaba que iba a perder se avergonzaba de ello.
 
—¡Ninetales, onda ígnea!
 
—¡Charizard, garra dragón!
 
Dragonite terminó sucumbiendo a las llamas de la vulpina en la ronda anterior y Lance decidió que quería combatir el fuego con más fuego todavía. Fue así como los dos pokémon se enzarzaron en un baile ígneo que subió rápidamente la temperatura de la estancia y esta aumentó más cuando la llama de Charizard se agrandó al descender para arañar el lomo de la vulpina, mientras que ella extendió sus colas al liberar una ola de calor que la ayudó a retroceder, pero Charizard aguantó bien su ataque y fue capaz de clavarle las uñas antes de que se alejara más. Ninetales aulló de dolor, pero hizo lo que pudo para mantenerse en pie.
 
—¡Eso es, bonita, arriba! ¡Dale otra vez con todo lo que tengas!
 
Lira tenía las dos manos alrededor de su boca y no había dejado de animar a su equipo durante todo el combate, a pesar de que no había dejado de estar en desventaja desde el principio. Su espalda estaba recta como el palo de una escoba y sus hombros no se habían relajado ni una vez a pesar del cansancio acumulado de haberse enfrentado al Alto Mando, a pesar de las pocas posibilidades que había a su favor. Se había convertido en el apoyo moral de sus pokémon y ellos habían respondido de la mejor forma posible, entregándose a fondo incluso cuando su cuerpo les pedía a gritos parar.
 
—¡Niiiinetales!
 
Ninetales tomó impulso para saltar con la intención de morderle una de las alas a Charizard, algo que consiguió, pero a un precio muy alto, porque el pseudodragón aprovechó su cercanía para asestarle un tajo aéreo que le dejó una herida profunda en el pecho y la envió directa a la piscina. A los segundos el cuerpo de Ninetales salió a la superficie, inmóvil, y Lira retiró inmediatamente a su pokémon antes de susurrarle un par de palabras bonitas a su Poké Ball.
 
—Char.
 
Charizard se posó en el suelo con un quejido mientras se tocaba la parte que unía su ala izquierda al resto de su cuerpo. Desde su posición Lance pudo ver que de esta bajaba un poco de sangre que había empezado a manchar el suelo y tuvo claro que a su pokémon se le había acabado el poder volar con estabilidad.
 
Lira observó a sus contrincantes jadeando, pensando mil estrategias a la vez. Charizard estaba lo bastante débil como para que el pokémon que le quedaba se hiciera cargo de él, pero sabía muy bien quien vendría después de Charizard y sabía que para derrotarle necesitaba que Feraligatr estuviera en excelentes condiciones. La victoria no era imposible, tenía posibilidades, pero necesitaba ganar al tipo fuego cuanto antes para no desgastarse antes de la gran final.
 
La joven se dio la vuelta para mirar a su inicial. Unos ojitos tiernos y juguetones le devolvieron la mirada junto a una sonrisa afilada, llena de confianza y seguridad. Por un segundo, a Lira le pareció que estaba viendo a Totodile en vez de a Feraligatr, y es que en esencia seguía siendo el mismo pokémon, la misma bola de energía feliz y feroz dispuesta a comerse el mundo y todo lo que se le pusiera por delante. Lira no pudo evitar sonreír cuando Feraligatr se acercó a ella, buscando unos mismos que le dio al instante.
 
—¿Estás listo?
 
Feraligatr le miró con una convicción que no había visto nunca en él. Todas las dudas que ella pudiera tener sobre el resultado del combate se esfumaron en cuanto el reptil clavó su mirada en ella, irradiando una energía y un aura que le hacían parecer invencible. Lira se contagió de esa sensación, por eso, aprovechando la inercia del momento, señaló a Charizard mientras rugía su grito de guerra.
 
—¡AL ATAQUE!
 
—¡FERAAAALIGATR!
 
Feraligatr se hundió en la piscina y nadó un poco en ella, empapándose en el bienestar que le daba estar en su elemento. Sacó la cabeza para observar a su adversario y estudiarlo, pero antes de que pudiera hacerlo un rayo de luz se lo tragó. Tanto él como Lira miraron confundidos la decisión que había tomado Lance, quien estaba estudiando una Poké Ball que tenía en la mano.
 
<<Perdóname por haber dudado tanto.>>
 
El domadragones tenía la cabeza gacha. Muchas eran las veces que su mente le había atormentado con imágenes de derrota, tanto que se había preparado por si ese día llegaba a perder. Se había convencido de que existía una buena posibilidad de que la historia se repitiera y, para no sufrir, había adoptado un rol pasivo. <<Yo solo estoy aquí hasta que venga alguien mejor, ocupo el cargo hasta que aparezca la persona adecuada, no soy quien debería estar aquí>>. Esos y otros muchos mantras eran los que se había repetido hasta que se los terminó creyendo, hasta que decidió anestesiar su parte emocional para no tener que volver a sentir lo de aquel día. Enterró una parte de él con la esperanza de que sus demonios le dejaran en paz, sin darse cuenta de que así les había dado más voz, sin darse cuenta de que había estado a punto de perderse a sí mismo.
 
<<Perdóname por haberme frenado a propósito.>>
 
El domadragones apretó la Poké Ball que tenía en su mano con todas sus fuerzas y alzó la cabeza para mirar a Lira. Podía ver la confusión en su rostro, pero también podía sentir la llama que ardía dentro de ella, una llama que había permanecido encendida durante todo el combate y no había menguado ni una sola vez. Una llama que no ardía solo por el ansia de victoria, que también, sino por las ganas de compartir y mejorar junto a su equipo, de dar lo mejor de sí mismos y entregarse a fondo para disfrutar del combate independientemente del resultado final. ¿Cuándo fue la última vez que él sintió algo parecido? ¿Cuándo fue la última vez que se lo pasó bien combatiendo?
 
<<Perdóname por haber tardado tanto en despertar.>>
 
Lance se llevó la Poké Ball a los labios y le dio un beso. La cápsula le dio un pequeño calambre a modo de respuesta y él sonrió mientras una extraña sensación volvía a nacer en su pecho. Las cenizas que moraban en su interior recordaron las llamas que las provocaron y, al sentir la reconexión con la criatura de la Poké Ball, invocaron un fuego que sacudió todo su ser de arriba abajo. Un cosquilleo se apoderó de su mano mientras estiraba el brazo hacia atrás para lanzar la cápsula con todas sus fuerzas y, en ese momento, sintió que volvía a nacer.
 
—¡DRAGONITE!
 
—¡DRAGOOOO!
 
Su fiel dragón se dejó caer en el campo de combate con todo su peso, haciendo temblar la estancia entera. Lo primero que hizo el pokémon fue darse la vuelta para mirar a su entrenador y asegurarse de que no estaba alucinando y, cuando comprobó al ver su reluciente sonrisa que el momento que tanto estaba esperando por fin había llegado, un nuevo rugido salió de lo más profundo de su ser. Se dio la vuelta y se centró de nuevo en Feraligatr, sintiendo que ahora era imparable.
 
Lira no sabía si alegrarse o no por lo que había acabado de presenciar. Parecía que Lance había experimentado un cambio, se le veía más contento y había algo en su postura que revelaba una seguridad más genuina, lo cual le convertía en un contrincante todavía más temible. No estaba muy segura de lo que había pasado y poco tiempo tuvo para reflexionar cuando Feraligatr respondió al rugido de Dragonite con otro igual de potente, lo que hizo que las dos bestias se miraran y declararan el inicio del combate.

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—¡Dragonite, hiperrayo!
 
El dragón extendió su cuello antes de lanzar un potente rayo de energía directo a la piscina que evaporó casi toda el agua de su interior. Feraligatr se quedó con el agua por los tobillos, pero eso no le afectó; todo lo contrario, adoptó una postura ofensiva y esperó a que su entrenadora le diera una orden.
 
—¡Puño hielo!
 
Feraligatr salió enseguida de la piscina dando un salto mientras recubría su puño derecho con una capa de hielo. Este pretendía impactarlo contra el pecho de Dragonite, pero el dragón envolvió el puño con sus manos y forcejeó con él hasta que Feraligatr le clavó los colmillos en el antebrazo y se vio forzado a soltarle, aunque tardó unos segundos en hacerlo. Los dos se separaron y resoplaron casi al mismo tiempo sin quitarse los ojos de encima.
 
—¡Surf!
 
Feraligatr usó el agua que quedaba para lanzar una potente ola al dragón que le hizo retroceder un poco. Lira notó que Dragonite iba un poco lento y se preguntó si usar un movimiento tan potente como hiperrayo le obligaría a descansar antes de atacar de nuevo.
 
—¡Fuerza bruta!
 
—¡Enfado!
 
Feraligatr se lanzó con las garras extendidas a por Dragonite, pero él logró bloquear el ataque. Aun así, el tipo agua no se dio por vencido tan fácilmente, y usó sus piernas traseras para darle una patada en el vientre al dragón que le hizo soltarle los brazos. Feraligatr celebró aquella pequeña victoria alzando el puño en el aire, aunque lo bajó rápidamente en cuanto Dragonite le dio con la cola en la cabeza, dejándole mareado los segundos suficientes como para que le diera un puñetazo en el pecho que le dejó sin respiración. Lira iba a decir algo, pero antes de que pudiera vio cómo su pokémon bloqueaba a tiempo el tercer ataque de Dragonite y clavaba los pies en el suelo para mantener su posición. Al ver que se le acababan las opciones decidió darle un cabezazo al dragón, pero él lo aguantó muy bien, y los dos terminaron empujándose frente con frente hasta que al final Feraligatr salió despedido.
 
—¡Feraligatr!
 
Feraligatr se tragó un quejido mientras volvía a ponerse de pie y Lira se maldijo a sí misma por haber creído que podían igualar a Dragonite en fuerza. Por mucho que hubiera entrenado y por mucho que confiara en su pokémon, estaba claro que todavía no podían superar al pokémon insignia del Campeón en ese aspecto, y así se lo hizo saber el mismo soltando otro rugido. La entrenadora se mordió el labio inferior, sin pasar por alto cómo el dragón aprovechaba ese parón para comerse una baya que llevaba guardada. Una caquic, concretamente.
 
<<Esas curan la confusión, lo que quiere decir que enfado termina por dejarle confundido.>>
 
Ese dato le daba esperanzas. Hiperrayo y enfado eran movimientos muy potentes, pero uno obligaba a Dragonite a descansar y el otro lo confundía, un alto precio a pagar por semejante poder. Estaba claro que tenía que aprovechar esos momentos para atacar, aunque tampoco podía relajarse, porque Feraligatr no podría aguantar semejantes ofensivas para siempre.
 
—Velo sagrado.
 
Y Lance lo sabía muy bien. Él más que nadie conocía los puntos débiles de su estrategia, los mismos que le llevaron a la derrota en su día al cegarse con tanto poder, por eso decidió poner un freno. Alrededor de Dragonite se formó un aura brillante que le volvió inmune a los cambios de estado, lo cual le restregó a Feraligatr volando a su alrededor. Aunque no pudiera congelarle, de igual forma le lanzó un puño hielo cuando pasó por su lado, uno del que el dragón se protegió lanzando una llamarada a su brazo. El hielo se derritió y Feraligatr sintió que la paciencia se le estaba acabando, pero antes de caer en las provocaciones de su adversario la voz de Lira logró brindarle un poco de tranquilidad.
 
—¡Surf! ¡No hagas una ola muy fuerte, hazla todo la ancha que puedas!
 
Feraligatr se dio la vuelta y miró a Lira para asegurarse de que había entendido bien la orden. Ella asintió y él miró a Dragonite de nuevo antes de crear una ola tan grande que el dragón no fue capaz de esquivar, por lo que decidió bajar a tierra para tener más estabilidad a la hora de encajar el ataque. Como era suave, no le preocupó recibirlo de lleno.
 
—¡Ahora!
 
Sin embargo, ese fue su error, y tanto él como Lance se dieron cuenta demasiado tarde. Feraligatr sonrió mientras recubría sus dos garras con hielo y daba un fuerte golpe hacia abajo, lo que hizo que los restos del agua se congelaran hasta llegar a Dragonite y su cuerpo quedara preso también del hielo. Lo había congelado sin congelarle, eludiendo así el efecto de velo sagrado, dejando al equipo dragón completamente atónito.
 
—¡Aprovecha!
 
A Feraligatr no se lo tuvieron que decir dos veces, de un salto se puso delante de Dragonite y empezó a darle puñetazos en la cabeza con cuidado de no romper el hielo que lo retenía. Lira miró aquella escena expectante, si Lance no iba a arriesgarse a dejar a su pokémon cansado y confundido tan a menudo entonces ella encontraría la forma de pararle los pies. Mientras, el domadragones consideraba cómo podía salir de aquel embrollo de la forma menos nociva para él. No podía pedirle a Dragonite que se deshiciera del hielo con llamarada porque tenía el cuello congelado y no podía dirigir el fuego hacia donde quería y, si bien sabía que podía aguantar los golpes hasta que el hielo se fuera debilitando por su cuenta, no le apetecía darle a Lira ninguna ventaja. Ella estaba haciendo con el combate lo que quería, poniéndolo todo a su favor y obligándole a tomar decisiones que no quería. Mentiría si dijera que no sentía orgullo al ser testigo de su cambio y evolución como entrenadora y, en ese momento, se dio cuenta de que si ella ganaba se alegraría o, más bien, se dio cuenta de que fuera cual fuera el resultado no le importaba tanto como todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Ganar o perder, perder o ganar; sería burdo reducir todo lo que sucede en los combates a esos dos verbos, obviar el crecimiento de los entrenadores y el refuerzo de las relaciones con sus pokémon usando dos palabras que no captan todos los matices y sensaciones que tienen lugar en el campo de batalla, todo el fuego que ardía en ese momento en su interior y las ganas de seguir avanzando y compartiendo junto a su amigo.
 
Aquella epifanía le atravesó como un rayo y disipó todos los miedos e inseguridades que había tenido hasta entonces. Acababa de entender la esencia de los combates, la verdadera motivación que le empujaba hacia adelante y su razón para luchar por el título. Ya no era simplemente para alzarse como el entrenador más poderoso de la región, porque era cuestión de tiempo que apareciera alguien superior a él; era para demostrarse tanto a él como a su equipo lo inquebrantables que podían ser sus lazos. Y no pensaba elegir la vía fácil para ello.
 
De repente, Lance sintió que la adrenalina empezaba a fluir por sus venas. Todo su cuerpo se tensó en anticipación antes de que gritara la orden que liberaría a Dragonite de su yugo.
 
—¡Enfado!
 
En cuanto escuchó la voz de su entrenador Dragonite tensó sus músculos al igual que su domador y empezó a revolverse a pesar de que Feraligatr no dejaba de golpearle.
 
—¡Más fuerte!
 
—¡Dragooo!
 
Dio un tirón, dos, y al tercero una pequeña grieta se formó en la superficie del hielo, la cual no tardó en hacerse más grande y terminó por dividir la prisión en dos. Un par de fragmentos salieron volando y Feraligatr tuvo que dar un salto hacia atrás para evitar un puñetazo que fue directo hacia su mejilla, aunque aprovechó la confusión de su adversario para dar vueltas a su alrededor y atacarle cuando más desprevenido estaba. Dragonite no dejaba de girar sobre sí mismo mientras lanzaba puñetazos que a veces terminaban en su propia cara, sin entender muy bien a qué se estaba enfrentando.
 
—¡DRAGONITE!
 
Pero lo que sí entendía era la voz de su entrenador, que se abrió paso a través de su confusión como un rayo de sol colándose entre unas nubes de tormenta. No podía ver nada, apenas podía oír nada, pero sí podía sentir la energía de su domador y seguir las indicaciones que le daba.
 
—¡PLANTA LOS PIES EN EL SUELO AHORA!
 
Lance dio un fuerte pisotón para que su dragón sintiera las vibraciones y pudiera ubicarse mejor imitando su movimiento, gracias a eso Dragonite clavó los pies en el suelo y dejó de girar, lo que hizo que se quedara mirando a Feraligatr. El tipo agua se quedó quieto mientras escudriñaba a su adversario, ligeramente sorprendido al verle actuar así cuando supuestamente estaba confundido. Lira se quedó con la boca entreabierta y una orden a medio pronunciar, sin saber muy bien si debía protegerse y retroceder o aprovechar y seguir atacando.
 
—¡HIPERRAYO AL FRENTE!
 
Extendiendo la cabeza hacia atrás todo lo que pudo, Dragonite comenzó a acumular energía que fue juntando hasta crear una bola de un tamaño considerable. Cuando ya estuvo lista Lance pidió con un rugido que la liberara y eso hizo ante la atónita mirada de un Feraligatr que no pudo reaccionar a tiempo. El rayo le dio de lleno en el pecho y lo lanzó a la otra punta de la estancia, creando un agujero en la pared y tirando a Lira al suelo por la fuerza de la onda expansiva. La joven cayó de espaldas y tuvieron que pasar unos segundos hasta que se diera cuenta de lo que había sucedido.
 
—¡Feraligatr!
 
En cuanto lo hizo se levantó rápidamente para comprobar el estado de su amigo. Corrió hasta llegar a su lado y cuando se arrodilló para inspeccionarlo vio que tenía los ojos cerrados, el cuerpo lleno de magulladuras y algún colmillo roto. Lira le acarició las escamas para ver si obtenía alguna reacción de él y lo único que consiguió fue que abriera los ojos durante un breve espacio de tiempo para dedicarle una sonrisa antes de volver a cerrarlos.
 
—¡DRAGOOO!
 
Al sentirse el ganador del combate Dragonite flexionó sus brazos e hinchó el pecho para dejar constancia de su fuerza y regodearse, aunque su momento de euforia se menguó un poco cuando sintió que su entrenador le tocó el brazo.
 
—Basta. Compórtate.
 
La orden de Lance salió seria y firme, suficiente para hacer que Dragonite bajara de las nubes. Los dos se acercaron a Lira, quien había guardado a Feraligatr en su Poké Ball después de darle un largo beso en la frente, y en cuanto ella escuchó los pasos de Lance alzó la cabeza para verle. Tenía la mirada desencajada y los ojos muy abiertos, como si no pudiera creerse lo que había acabado de vivir, como si de cierto modo temiera lo que había sucedido en los últimos minutos.
 
—Lo siento, no sabía que el ataque de Dragonite fuera a afectarte también —se disculpó Lance mientras le tendía la mano para ayudarle a levantarse. Ella la tomó y se puso de pie lentamente—. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
 
—Ha sido… —susurró la joven mientras se soltaba de él. Había empezado a temblar y por un momento Lance temió cuál iba a ser su reacción, pero esa sensación desapareció en cuanto la vio sonreír y levantar los dos brazos llena de emoción— ¡HA SIDO UNA PASADA! ¡El combate más emocionante de mi vida! ¡¿Cómo has hecho que Dragonite te hiciera caso aun estando confundido?! ¿Que tus dragones ataquen con tanta fuerza pero se contengan tan bien? ¿De dónde has sacado a ese pokémon prehistórico? Y ese hiperrayo final… ¡Hasta yo he salido volando por los aires! ¡Sabía que eras un gran entrenador y me esperaba un buen combate pero esto ha sido mucho mejor de lo que me he llegado a imaginar!
 
—Gracias, pero no soy el único que se ha lucido. Esa combinación de surf con puño hielo para atrapar a Dragonite ha sido muy ingeniosa.
 
—¡A que sí! Me gusta llamar a esa estrategia prisión de hielo —explicó la joven mientras guiñaba un ojo y hacía el símbolo de la victoria—. Se me ocurrió hace unas semanas y la he estado perfeccionando desde entonces. Nunca la había utilizado en un combate oficial, esta ha sido la primera vez.
 
—Pues te ha salido muy bien y toda tu actuación en el combate es digna de admiración. No has perdido la compostura en ningún momento y no has parado de crear estrategias efectivas para hacer frente de forma eficiente a adversarios más fuertes que tú. Como alguien que te ha acompañado desde que has dado tus primeros pasos como entrenadora hasta ahora, me enorgullece mucho ver cuánto has crecido y mejorado.
 
Lance le revolvió el cabello a Lira y la sonrisa de la joven creció todavía más. La adrenalina y la alegría de haber realizado por fin uno de sus combates más esperados seguían presentes en ella y sentía que, a pesar de todo lo que había hecho en el día, todavía tenía energía para un buen rato más.
 
—¡Menudo combate! Creo que no exagero si digo que nos ha dejado sin aliento durante un buen rato. ¿Verdad, profesor?
 
—Ya lo creo, Rosa.
 
Aunque su tierno momento se vio interrumpido por dos visitantes cuya presencia habían olvidado. Rosa subió la cuesta que conducía a los dos entrenadores corriendo mientras que el profesor se tomó su tiempo, prefiriendo saludar a los dos desde la distancia. La periodista, por su parte, invadió el espacio personal de Lira mientras se preparaba para apuntar nueva información en su libreta.
 
—¿A qué se debe esa transformación del final, Lance? ¿Te has sentido intimidado por Lira en algún momento? Y tú, Lira, ¿podrías darnos más detalles sobre ese ataque combinado? ¿Qué se siente al haber perdido en el último momento después de haberte pasado el día entero combatiendo? ¿Cómo se siente tu equipo después de todo lo que se ha esforzado?
 
—Eh, yo… E-ellos-
 
Lira empezó a tartamudear una respuesta, intimidada por la fuerte energía de la mujer, pero antes de que una frase coherente saliera de sus labios Lance le agarró ligeramente por el brazo y se la acercó para alejarla de Rosa. La periodista se sorprendió de mala manera y estuvo a punto de quejarse, pero Lance habló antes de que ella pudiera hacerlo.
 
—Contestaremos todas tus preguntas luego, Rosa —respondió con un tono que dejaba claro que no había lugar para los reproches mientras se alejaba de ahí—. Todavía nos queda una cosa más que hacer antes de dar por finalizado el encuentro.
 
—¡Espera! ¿Y la entrevista? ¿¡Y la exclusiva!? ¡Tenemos un acuerdo! ¡No puedes dejarme tirada, tus fans quieren respuestas!
 
Rosa intentó ponerse delante de Lance para impedirle avanzar, pero Dragonite fue más rápido y se interpuso entre ellos haciendo de barrera. En ese momento Oak decidió actuar, viendo que a su compañera le estaba costando mantener una actitud profesional.
 
—No pasa nada, Rosa, ya sabes que Lance siempre contesta a nuestras preguntas. Dejemos que hagan lo que tengan que hacer y ya vendrá a buscarnos —le tranquilizó mientras le animaba a bajar la cuesta, aunque antes de irse aprovechó para dedicarle unas palabras a los entrenadores—. Realmente ha sido un combate magnífico, siempre es un placer ver el esfuerzo y el talento en acción. Comparto la opinión de Lance, Lira: verte llegar tan lejos es realmente gratificante y emocionante para aquellos que te conocimos desde el principio, ya hablaremos con detenimiento después. Dragonite, por favor, ¿nos acompañas a la salida?
 
El dragón asintió mientras guiaba a los dos fuera de la estancia. Cuando estuvieron fuera Lance suspiró mientras soltaba el brazo de Lira.
 
—No sé si lo sabrás, pero el profesor Oak tiene un programa en la radio con Rosa y por ser él tiene un acuerdo con la Liga que le da derecho a tener información exclusiva sobre lo que sucede aquí dentro. Que no te engañen las apariencias, Rosa es una buena periodista, pero en su afán de conseguir información a veces llega a ser un poco… insistente, como has podido comprobar.
 
Después de dar su explicación el domadragones se dirigió a una doble puerta que había al final de la habitación. Lira le siguió y le vio abrirla antes de entrar en la estancia que había tras ella, una que estaba completamente oscura. Cuando la entrenadora puso un pie dentro de ella las luces se encendieron, revelando una pequeña habitación de suelo encerado y paredes pardas. Al final había una máquina parecida a las de los Centros Pokémon, la cual tenía capacidad para seis pokémon, pero era dorada y parecía más sofisticada.
 
—Hace tiempo que no me atrevo a entrar aquí.
 
El susurro de Lance hizo que Lira mirara hacia él y al hacerlo vio que estaba mirando un par de fotos que había en la pared. Lance las señaló y la joven se acercó para verlas mejor.
 
—Ya que has llegado tan lejos me gustaría enseñarte esto. Este es el Salón de la Fama, aquí es donde conmemoramos a los que reciben el título de Campeón. Honramos a los entrenadores y pokémon que muestran con su vínculo lo lejos que podemos llegar si trabajamos unidos, es un monumento a la amistad entre nosotros. ¿Te suena el chico de la primera foto?
 
Lira rio y Lance sonrió al escuchar su reacción. El chico en cuestión era él hace un par de años con su equipo de entonces: Gyarados, sus dos Dragonair, Aerodactyl y Dragonite. Aunque físicamente no había cambiado mucho, a Lira le sorprendió la soberbia con la que sonreía a cámara mientras levantaba un poco el mentón. En ese momento sintió curiosidad por saber cómo era Lance mucho antes de haberse conocido.
 
—El siguiente es alguien de quien a lo mejor has oído hablar. Azul Oak, nieto del profesor Oak y uno de los ocho líderes de Kanto.
 
Lira giró la cabeza ligeramente para ver la imagen de un joven castaño rodeado de pokémon que le resultaban desconocidos, exceptuando a un pidgeot. No sabía que el profesor tenía un nieto, mucho menos que hubiera sido Campeón. Como Lance, él también le sonreía a la cámara con cierto exceso de confianza en sí mismo, y por un momento la joven se preguntó si posar así era un requisito indispensable para hacerse la foto.
 
—Y el último que estuvo aquí. Él es Rojo, no creo que necesite darte más información.
 
Pero esa teoría se deshizo en cuanto vio la última foto. Lira sintió una sensación rara en el pecho cuando vio al niño de la imagen, porque por fin le podía poner cara al entrenador de quien tanto había oído hablar en su viaje. Al igual que el de Azul su equipo estaba formado por pokémon que no había visto nunca, pero la energía que desprendía él era muy distinta. Se estaba cubriendo la cara parcialmente con su gorra y solo dejaba entrever la mitad de su cara, un ojo oscuro que a Lira se le quedó grabado a fuego en la mente. Sintió que esa intensidad resonaba con la suya, contagiándose de sus ganas irrefrenables de seguir mejorando para llegar a su nivel.
 
—Algún día tendré mi foto aquí —declaró Lira mientras señalaba el espacio en blanco que había al lado de la foto de Rojo—. Seré igual que vosotros y me ganaré mi lugar en el podio.
 
—No te lo pondré fácil.
 
—Cuento con ello. Entrenaré el doble de duro y volveré a retarte cuando esté lista.
 
—Hmmm, de hecho… —Lance se acarició la barbilla mientras alzaba la mirada al techo, pensativo—. Podrías hacer el recorrido de los gimnasios de Kanto. Ya has visto todo lo que hay que ver en Johto, estoy seguro de que aprenderás mucho de los entrenadores de la región vecina, es una buena y divertida forma de fortalecerte.
 
—Anda, pues no lo había pensado —susurró Lira mientras consideraba esa opción. Todavía no había pensado qué hacer cuando terminara su aventura en Johto porque le daba pena que esta llegara a su fin, así que empezar otro viaje en una región distinta le pareció una idea fantástica—. Y me gusta mucho, tal vez lo haga cuando descanse un poco.
 
—Tampoco tienes que decidirlo ahora. Tómate un tiempo y ya lo valorarás.
 
Lance dio un par de pasos para salir de la habitación, pero Lira se le adelantó y le bloqueó el paso. Él la miró confundido y ella le indicó que retrocediera mientras se agachaba y sacaba su Pokégear.
 
—Ya va siendo hora de cambiar tu foto, ¿no crees? No eres el mismo que aparece ahí —dijo mientras señalaba la foto del domadragones—. Te mereces lucir la mejor versión de ti mismo así que venga, dame tu mejor pose.
 
—¿Lo dices en serio? —Lira asintió y movió la mano en el aire para que se diera prisa. Lance rodó los ojos, pero terminó por cumplir el capricho de la joven y le regaló a la cámara su mejor sonrisa. Cuando Lira estuvo satisfecha con el resultado se levantó y se acercó a él para enseñarle cómo había salido.
 
—Mira qué bien sales. Esta se la paso a Rosa para que te ponga en la portada de todos los periódicos y Johto sea consciente del pedazo de Campeón que tiene.
 
—Venga, salgamos de aquí —pidió el domadragones conteniendo una risa.
 
Los dos entrenadores volvieron a la sala del Campeón y bajaron la cuesta del campo de combate para desandar el trayecto que había hecho Lira aquel día. En la sala de Karen se encontraron con todos los miembros del Alto Mando, quienes habían visto el enfrentamiento desde ahí. Los cuatro les felicitaron, cada uno a su particular manera, y les acompañaron hasta la recepción mientras compartían consejos y comentaban qué estrategias les habían gustado más y cuales mejorarían. A Lira le habría encantado estar con ellos toda la noche, porque no siempre se tenía el lujo de hablar de combates con entrenadores de un nivel tan elevado, pero cuando salieron de la sala de Mento y Dragonite se reunió con ellos sintió que todo el cansancio del día le llegó de golpe y no pudo controlar un gran bostezo que sorprendió al grupo.
 
—Pobrecita, si es que no has parado desde que te has despertado. ¡Estoy cansado solo con verte! —exclamó Mento mientras le dedicaba una sonrisa empática. Bruno apoyó una mano en su hombro y Koga miró la hora en un reloj cercano, sorprendiéndose de lo tarde que era.
 
—Es de noche, deberías descansar. Pídele a la enfermera que te dé una llave para una habitación.
 
—No. Quiero dormir en casa —contestó la joven mientras bostezaba de nuevo—. Me apetece volver con mi madre.
 
Aunque por su aspecto no parecía que fuera a aguantar el trayecto de vuelta. Lance decidió que lo mejor sería asegurarse de que llegara bien a su hogar, pero antes de ponerse en marcha vio que en la puerta estaba Rosa esperando a que saliera para concederle una entrevista, así que se acercó a Karen para pedirle ayuda.
 
—Voy a acompañar a Lira a casa. ¿Puedes hacerme un favor y entretener a tu amiga hasta que vuelva? —preguntó mientras señalaba a la periodista. Karen siguió el índice de Lance y al ver a quien se estaba refiriendo abrió ligeramente los ojos.
 
—¿A la pesadilla rosa? Déjamela a mí, se la tengo jurada desde que criticó mi estilo de combate. Ven conmigo, Mento, ¡vamos a contarle una fake new tan grande como una casa!
 
—¿Eh? ¿Y yo qué digo?
 
—Sígueme la corriente o léeme la mente. No importa, lo que importa es hacerle escribir mucho para luego decirle que nos hemos confundido y nada de lo que le hemos dicho es real.
 
Así pues, los dos amigos bajaron las escaleras con los brazos entrelazados para encontrarse con la periodista y despistarla. Lance negó con la cabeza antes de dirigirse a los otros dos miembros del Alto Mando, quienes ya habían empezado a vigilar a sus compañeros.
 
—Confío en vosotros para detenerlos si la broma se les sale de las manos. No tardaré mucho.
 
Bruno y Koga asintieron mientras Lance tomaba de la mano a Lira para conducirla fuera del edificio. La joven estaba ya más dormida que despierta, andaba con los ojos cerrados y parecía que se iba a desplomar de un momento a otro. Por suerte aguantó hasta que salieron a la explanada y se subieron a los lomos de Dragonite.
 
—Puedes dormir si quieres, sé a dónde tengo que ir.
 
Dicho y hecho, Lira se echó hacia atrás para apoyarse en el pecho de Lance y se durmió al instante. El domadragones la acomodó bien para que no se escurriera y le pidió a Dragonite que los llevara a Pueblo Primavera.
 
Aquella noche era tranquila. Hasta las nubes del Monte Plateado, que no paraban de descargar su furia contra él, parecían más templadas, aunque tal vez se debiera a que a Lance todo le parecía mejor porque había encontrado la paz interior. Rodearon la montaña y a lo lejos vio Ciudad Endrino y, aunque sabía que debía llevar a Lira a su casa cuanto antes, se permitió el lujo de pedirle a Dragonite que diera un pequeño rodeo por Johto para disfrutar que el cielo estaba despejado.
 
En su ciudad apenas había movimiento, solo un par de casas tenían la luz encendida, aunque de todas salía humo. El gimnasio, como no, todavía seguía encendido y se imaginaba a su prima entrenando duro, aunque ya hubiera pasado la hora de cierre. El lago reflejaba la belleza de la luna llena y se preguntó si su abuelo ya se habría ido a dormir o esperaría a que Débora regresara.
 
Pueblo Caoba sí estaba completamente a oscuras, lo distinguió gracias a las torres rojas de vigilancia que se hallaban en su entrada, sino lo habría perdido entre las montañas. A su derecha podía ver las nubes de tormenta que nunca abandonaban el Lago de la Furia, aquellas a las que Fredo tanto le gustaba mirar para pensar, y enfrente de él la oscuridad comenzó a desvanecerse conforme se iban acercando a Ciudad Iris. La luz dorada de la metrópoli se tragaba las sombras que había a su alrededor y cuando Lance la sobrevoló sintió el suave aroma a incienso que emanaba de ella. Cuando pasó por la Torre Campana procuró volar más bajo que ella para no faltarle el respeto a Ho-Oh y cuando llegó al centro se alegró de ver que todavía había gente en las calles; algunas personas salían del Teatro de Danza y se iban a sus casas mientras que otras simplemente disfrutaban de la tranquilidad que caracterizaba a su ciudad. Logró distinguir a Morti y Shin entre la multitud, quienes iban hablando tranquilamente mientras se dirigían a la Torre Quemada para terminar la jornada rezando, y finalmente se fue de ahí.
 
Dragonite tomó un pequeño desvío y decidió llevarlo a Ciudad Olivo, donde la luz del faro actuaba como un guía eterno para los marineros que trabajaban de noche. Los banderines de la ciudad se movieron un poco cuando el dragón pasó sobre ellos y Lance sonrió cuando escuchó las risas provenientes del bar de la ciudad, de entre las cuales le pareció distinguir la dulce voz de Yamsina. El mar solo se mostró bravo cuando pasó por encima de las Islas Remolino, porque al llegar a Ciudad Orquídea la costa se convirtió en una balsa. Había un par de jóvenes sentados en la orilla mirando el cielo estrellado y en la distancia pudo ver a Aníbal y su mujer agarrada a su brazo dando un lento paseo por la playa mientras se reían en voz baja de secretos que se compartían.
 
Al dar media vuelta Dragonite le llevó a Ciudad Trigal, cuya luz ya se podía ver desde un buen par de kilómetros. El ruido de la capital de Johto era ensordecedor y parecía que sus habitantes no descansaban ni de noche porque fuera la hora que fuera sus calles siempre estaban llenas de gente. Las personas salían y entraban del casino, hacían cola en la entrada del cine y se reunían con amigos para ir a sus restaurantes favoritos. Imaginó que Blanca estaría entre ese mar de gente con las entrenadoras de su gimnasio disfrutando de otra noche de chicas y no pudo evitar sonreír.
 
La luz y el ruido desaparecieron conforme se iban acercando a Pueblo Azalea. Los árboles del Encinar seguían creando un laberinto indescifrable incluso desde las alturas, aunque poca atención le puso a este en cuanto el característico olor a leña llegó a sus fosas nasales. Al igual que en el resto de los pueblos había muy poco movimiento ahí, aunque distinguió a Antón y a Carol tumbados en el jardín de una casa hablando mientras miraban las formas que hacía el humo de las chimeneas. Los dos le vieron pasar y le saludaron con la mano mientras sonreían y él les devolvió el gesto antes de seguir con su camino.
 
La característica Torre Bellsprout se hizo visible antes de que llegara a Ciudad Malva. La pequeña urbe todavía contaba con algo de actividad, aunque era cuestión de tiempo que los que merodeaban por sus calles volvieran a sus casas. Admiró el pequeño puente que cruzaba el lago que llevaba a la torre, aunque no durante mucho tiempo, porque se dio cuenta de que ahí estaba Pegaso hablando sonriente con la hija de cierto ninja que conocía y no quería robarles la intimidad. Finalmente, sintió que el dulce olor de las flores de Ciudad Cerezo mezclado con el mar le renovó por completo, y ya le indicó a Dragonite que fueran directos a Pueblo Primavera.
 
En la aldea natal de la joven que llevaba en brazos solo había dos edificios con la luz encendida. El primero era el laboratorio del profesor Elm, a quien podía ver enfrascado en una lectura, y el segundo era el hogar de Lira. Dragonite le dejó en la puerta de la casa y él se bajó de su lomo antes de llamar al timbre. Pasaron unos segundos y al final vio que una sombra se movió dentro de la casa y se asomó a la ventana para ver quién era. En cuanto le reconoció, Leire abrió la puerta rauda como un rayo, deseando ver a su hija y conocer el desenlace del combate.
 
—¿Qué tal? ¿Ha ganado?
 
La mujer tenía cara de estar cansada y Lance pensó que seguramente habría estado luchando contra el sueño para esperar que su hija volviera a casa o le llamara para decirle el resultado del enfrentamiento.
 
—Casi, aunque lo ha hecho muy bien. Ha vencido a todos los miembros del Alto Mando y ha derrotado a más de la mitad de mi equipo, puedes estar orgullosa de ella.
 
—Pff, menuda tontería —susurró Leire mientras se hacía a un lado para que Lance pudiera entrar—. Pues claro que puedo estar orgullosa de mi pequeña, siempre lo estoy gane o pierda.
 
La mujer cerró la puerta y Lance echó un pequeño vistazo a la casa. Era bastante normal, desde la entrada podía ver el salón, el cual contaba con una mesa para cuatro personas y una pequeña televisión. De las paredes de color crema colgaban varias fotos y en casi todas la protagonista era Lira, ya fuera de bebé o de más mayor. Una que le pareció especialmente graciosa fue una en la que salía con Eco y ambos abrían la boca bien orgullosos para señalar que se les había caído el mismo diente a la vez.
 
—¿Puedo ofrecerte algo? —preguntó Leire mientras hacía el amago de ir a la cocina, pero antes de que desapareciera de la vista de Lance él negó con la cabeza.
 
—No. Gracias por tu amabilidad, pero me temo que no puedo quedarme mucho tiempo aquí. ¿Dónde la dejo? —preguntó mientras levantaba un poco a Lira para hacer énfasis en ella— No pesa mucho, pero seguro que está más cómoda en una cama.
 
—Hmmm. No sé yo, no sé yo… —susurró para sí misma mientras escondía una risita tras la palma de su mano. Lance se quedó un poco confundido ante esa reacción, pero decidió no pensar mucho en ello— Señora Manecillas, ¿puede indicarle a este caballero dónde están los aposentos de la princesa?
 
De la nada, una hoothoot con una diadema fucsia parecida a la que llevaba Leire salió y se situó delante del domadragones. El pokémon subió volando las escaleras que llevaban el segundo piso y Lance le siguió hasta una habitación. Al abrir su puerta empujándola con el hombro vio que se trataba de un dormitorio cuyas paredes estaban llenas de póster de pokémon. Había un par de dibujos de Pueblo Primavera y el mar, algunos libros en las estanterías, un escritorio enfrente de una ventana, una alfombra que cubría parte del suelo de madera, una televisión con una Mii y una cama llena de peluches en la esquina superior izquierda. Sin más demora Lance se acercó a ella y dejó ahí a Lira con cuidado de no despertarla, aunque dudaba que fuera a hacerlo con tanta facilidad. En cuanto el cuerpo de la joven sintió la comodidad de su colchón este buscó de forma inconsciente una buena postura para seguir durmiendo.
 
—Hoothoot.
 
La señora Manecillas ululó en voz baja para indicarle a Lance que bajara la persiana de la habitación, así no entraría la luz del sol por la ventana por la mañana. Él lo hizo, aunque antes de bajarla del todo apreció la tranquilidad nocturna del pueblo durante unos segundos, repasando mentalmente el breve viaje alrededor de Johto que acababa de hacer. En ese momento había muchas personas divirtiéndose y relajándose y si podían hacerlo era en parte gracias a la labor que había hecho la joven que estaba durmiendo a su lado, quien por fin tenía su merecido descanso. Lance le estaba agradecido, por eso y por lo que le había ayudado en su último combate, y ahí se juró que no volvería a dudar nunca más de su valor. Sería faltarle el respeto a lo que había aprendido gracias a Lira y él no quería eso, sino seguir compartiendo su buena energía y entregarle a Johto su mejor versión de él.
 
—Nos volveremos a ver. Descansa y disfruta con lo que sea que decidas hacer ahora, te lo mereces.
 
Al dedicarle esa última frase Lance bajó la persiana del todo y salió de la habitación guiado por la señora Manecillas. Al volver al pasillo casi dio un salto cuando vio a Leire ahí, porque no la había escuchado subir al segundo piso. De todas formas se recuperó rápidamente del susto y le dedicó una cálida sonrisa.
 
—Has hecho un muy buen trabajo educándola, es una gran persona que se ha ganado el corazón de toda la región.
 
—Hmmm. No ha sido fácil, ¿sabes? —le confesó en un susurro mientras se cruzaba de brazos antes de apoyarse en la pared. En ese pequeño momento de vulnerabilidad Lance se dio cuenta de que Leire era mucho más joven de lo que él pensaba, tendría un par de años más que él como mucho— No por ella, ella siempre ha sido un cielo, un cielo que no sabe estarse quieto, pero ya sabes. Las circunstancias a veces no son favorables y tienes que apañártelas como puedes para seguir adelante.
 
La mirada de la mujer se perdió durante unos segundos, pero enseguida volvió a centrarse cuando clavó sus ojos en el rostro del domadragones. Para sorpresa de él parecía que ahora apreciaba un poco más su presencia, a diferencia de las últimas veces que había estado con ella.
 
—Ya que estás aquí quería aprovechar para darte las gracias por haberla acompañado en su viaje. Aunque al principio no me hiciera mucha gracia que hubieras dejado que mi hija se involucrara en asuntos tan peligrosos supongo que era mejor que lo hiciera con la protección del Campeón en vez de ir por su cuenta, porque conociéndola se habría metido en ellos igualmente. Ella ha crecido sin una figura paterna así que… me alegra verla tan feliz contigo.
 
Aquella revelación dejó a Lance helado. Él siempre había asumido que Lira tenía una familia perfecta, pero enterarse de que compartían un pasado familiar le dejó con una sensación extraña. De todas formas, Leire no le dio mucho tiempo para procesarlo en el momento porque tampoco le apetecía mucho hablar sobre aquel tema.
 
—En fin, no te entretengo más, que me has dicho que no podías estar mucho tiempo aquí —dijo mientras se daba la vuelta para esconder su rostro y bajar las escaleras. El domadragones le siguió de cerca con cuidado de no hacer mucho ruido—. Gracias por todo de nuevo, si alguna vez necesitas algo aquí tienes una segunda casa.
 
—Lo mismo digo, si alguna vez necesitáis algo las dos…
 
Leire sonrió mientras le abría la puerta y la señora Manecillas le ululaba para despedirse. Lance le devolvió el gesto antes de subirse a los lomos de Dragonite, decidiendo que después de concederle a Rosa la entrevista que le había prometido pasaría la noche y un par de días en Ciudad Endrino. Necesitaba volver a sus raíces, sentía que había mucho sobre lo que debía meditar y quería pasar ese tiempo con su familia.
 
Finalmente, las luces de la casa de Lira se apagaron, indicando que el único que seguía despierto ahí era el profesor Elm. Era una noche tranquila en Pueblo Primavera, aunque lo raro sería que no lo fuera, ya que si había algo que caracterizaba a ese pueblo era la gran calma que siempre reinaba. La luz de la luna salía tímidamente de entre las montañas y la ligera brisa nocturna acariciaba las ramas de los árboles, indicando el fin de la jornada y de una aventura que empezó un día como aquel hace un año y medio.
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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