Índice - Alma de Plata
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ÍNDICE

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(Banner hecho por la lindísima @"Lunarium" <3)
 
 
Opening Alma

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Prólogo

Capítulo 1: Una gran decisión

Capítulo 2 (1/2): Un mal presagio

Capítulo 2 (2/2): Un mal presagio

Capítulo 3: La aventura comienza

Capítulo 4: El primer gimnasio

Capítulo 5: Empiezan los problemas

Capítulo 6: Pozo Slowpoke

Capítulo 7: El segundo gimnasio

Capítulo 8: El Encinar

Capítulo 9: Ciudad Trigal

Capítulo 10: El tercer gimnasio

Capítulo 11: Contra Blanca​​

Capítulo 12: El Pokéatlhon

Capítulo 13: Ciudad Iris

Capítulo 14: Contra Morti

Capítulo 15: Cuenta la leyenda...

Capítulo 16: Ciudad Olivo

Capítulo 17: Ciudad Orquídea

Capítulo 18: Contra Aníbal

Capítulo 19: Contra Yasmina

Capítulo 20: Rumbo a Pueblo Caoba

Capítulo 21: Pueblo Caoba. El Lago de la Furia

Capítulo 22: El escondite del Team Rocket

Capítulo 23: ¿Necesitas ayuda?

Capítulo 24: Contra Fredo

Capítulo 25: Mary

Capítulo 26: La revancha es un plato que se sirve frío

Capítulo 27: Infiltrados en Ciudad Trigal

Capítulo 28: La traición sale a la luz

Capítulo 29: Hacia la Torre Radio

Capítulo 30: El comienzo del final

Capítulo 31: Revelaciones

Capítulo 32: Falso alivio

Capítulo 33: Inquietudes a la luz de la luna

Capítulo 34: Una breve pausa

Capítulo 35: Reunión de emergencia

Capítulo 36: ¡Diversión en la Ruta Helada!

Capítulo 37: Ciudad Endrino

Capítulo 38: Contra Débora

Capítulo 39: La Guarida Dragón

Capítulo 40: Alineando el tablero

Capítulo 41: Las chicas kimono

Capítulo 42: Los Descendientes

Capítulo 43: Alea iacta est

Capítulo 44: Cuando parece que no hay salida

Capítulo 45: La tierra es mi elemento

Capítulo 46: Tres, dos, uno... Acción.

Capítulo 47: En los cielos de Johto

Capítulo 48: Entre abrazos y lágrimas

Capítulo 49: Path to Glory

Capítulo 50: La voluntad del veneno

Capítulo 51: La fuerza de las sombras
 
¡Hola! Siento que de alguna forma debo hacer una aclaración antes de que me leáis pero no os preocupéis, será breve. Bienvenidos a Alma de Plata, soy Sakura y me alegra un montón que hayáis decidido darle una oportunidad a mi historia. No obstante, debo advertiros de algo, y es que este fanfic ha cambiado mucho desde el momento en el que fue iniciado. Hace unos años que escribí el prólogo y lo que tenía entonces en mente para esta historia fue cambiando con el tiempo, por lo que iréis viendo una evolución progresiva tanto de la trama como de mi forma de escribir como de todo en general. Esto significa que algunos capítulos están mejor que otros, esto significa que algunas cosas que tuvieron que suceder a lo largo de cinco, diez, veinte capítulos sucederán en uno o dos porque no es lo que tenía en mente en su momento pero se me ocurrió a posteriori tras un proceso de evolución y consideré oportuno añadirlo. Esto significa que puede que algunas cosas os choquen, pues Alma es mi primer longfic y de ella he aprendido un montón gracias a los errores que he cometido. Tiene cosas buenas, evidentemente, pero os estoy diciendo esto porque no vais a encontraros con un fic lineal y más o menos igual, vais a encontraros con un fic dinámico que ha ido cambiando conforme ha ido cambiando su autora tanto como persona como escritora. Si aun sabiendo esto seguís teniendo curiosidad y queréis leerlo ¡adelante! Si consideráis que no es para vosotros y buscáis otras cosa os recomiendo echarle un vistazo al resto de fics que tenemos en la cueva, son muy buenos y seguro que algunos se acoplan a lo que buscáis. Poco más que añadir, hagáis lo que hagáis espero que disfrutéis de la lectura y tengáis una estancia agradable~
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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Longfic- Alma de Plata

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAmistadAventura
Resumen

Lira empieza una gran aventura para convertirse en la próxima Campeona de Johto. Sin embargo, no va a ser un camino de rosas. Una amenaza que se creía extinta hace tres años vuelve a resurgir y ella es la única capaz de detenerla. ¿Cumplirá sus objetivos o acabará siendo aplastada por sus enemigos?

Después de unos días de rehabilitación y tratamiento con insulina en el hospital, vengo para comentar el episodio owo (?)

No sé por dónde empezar, pero este episodio sin duda ha sido muy esperando por quienes seguimos la historia, al ser el cierre de muchos de los arcos de personajes con los que nos hemos encariñado, animado e incluso detestado (menos a Carol, ella es un cinnamon roll). Para empezar, el rol de Lira como elegida ha llegado a su fin, y su conversación con Lugia ha tenido mucha intensidad emocional y alguna sorpresa de por medio, dándonos por fin algo más de contexto en cuanto a qué piensa la deidad del mar y por qué hizo todo lo que vimos a lo largo de la historia.

Y con este punto resuelto y el rol de Lira como elegida finalizado (¿o no? Quizá es sólo el comienzo owo), se empiezan a cerrar tramas que llevaban buena parte de la historia desarrollándose, a través de los reencuentros que se fueron dando: Silver y Carol, Carol y Mary, Lira con los demás, Lance y Lira, Lira y su madre, Carol y César, y podría seguir así... el caso es que cada cual fue conmovedor y dio una buena conclusión a los diversos arcos individuales de los personajes involucrados. En particular, los de Carol fueron los más emotivos y los más esperados, considerando su rol y posición dentro de la historia, además de ser quizá la personaje más querida por el fandom cavernícola (?). Ha sido un episodio redondo y que me ha dejado más que satisfecho, sobre todo porque... ¡no he pillado ni una falta! Felicidades, entras al Salón de la Fama Ortográfica (?)

Y ahora, lo de siempre y que quede como prueba owo

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Cita:—Decidiste hacerme chantaje con ellos —Lira acabó la frase por él sin esforzarse en esconder su molestia. Lugia asintió.
Ah, retóxica esta relación; déjalo cuanto antes (?)
 
Cita:La Liga estaba a la vuelta de la esquina y eso significaba que no tardaría en conocer al entrenador más fuerte de su región.
Ay, Lira, si supieras... :3U
 
Cita:—E-espera. Entonces, ¿eso significa que v-volvemos a ser amigas?
 
—¿Lo dejamos de ser alguna vez?
Awwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww ;w;
 
Cita:—Me vas a tener que hablar sobre ellos.
 
—Podría pasarme una semana quejándome de sus estupideces. ¿Seguro que quieres oírme hablar tanto?
 
—Silver, llevo meses sin escucharte. ¡Quiero oír hasta tu respiración!
Wow, qué intensa puede llegar a ser Carol (en el buen sentido)
Also, ¿ship material? xD
 
Cita:—¡MUCHAS GRACIAS! —exclamó ella mientras se tiraba al suelo para arrodillarse. Lance y Eco dieron un paso hacia atrás, asustados por su repentina reacción— ¡Gracias por ser mi mentor! ¡Te prometo que llevaré esta capa con orgullo y no dejaré que nada me hunda ni desmotive!
Awwwwwwwwwwwwwwwwwwwww :3
 
Cita:—No… puede… Es, ¿Carol? —preguntó César mientras se frotaba los ojos. Al volver a abrirlos parpadeó y, entonces, la imagen de su nieta mayor corriendo hacia él se volvió más nítida. Al reconocerla no tardó en moverse y salir a su encuentro— ¡CAROL!
El momento que llevábamos esperando por casi 50 episodios D:
 
Cita:—¿Llego después de un largo día y así me recibís? —preguntó mientras encendía las luces. Estas revelaron al culpable de su ataque, que no se molestó en esconder su identidad.
 
—Ya me lo agradecerás. Tienes que estar en forma que dentro de nada tendremos visita.
Otra relación tóxica con una persona aún más tóxica (es lo que tiene ser un ninja (?))
 
Cita:—No tardes mucho en llegar, Lira. Estoy segura de que tu visita nos entretendrá mucho.
Como se nota que os aburrís (?)

Y ya está. He intentado recuperar lo que perdí del comentario original, pero llevo días así y si no lo acabo ahora, nunca lo comentaré xD

Gracias por el episodio, Saku. Espero con muchas ganas el siguiente, cuando pueda ser :)

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Wasureruna saigo no buki wa ai sa
♪♪
 
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Uff hace mucho que no he vuelto a leer tu fic Saku. La verdad no sé realmente que poder decir de todo lo que leí hasta ahora, pero me la pasé MUY bien y me alegra saber que la trama principal ya se acabó. Estaré al pendiente para el último desafío que le queda a nuestra querida protagonista.
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(Cortesía de Luna)
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Ya pasó un mes desde que subiste esto, así que el que no lo haya leído todavía es porque no quiere, y no me voy a contener ni un poco con los spoilers.
... aunque tampoco hay casi nada para spoilear. xD

Tengo que decir que el capítulo me gustó porque estructuralmente es recontra importante para, como bien te dijeron antes, cerrar un montón de arcos de todos los personajes principales. Básicamente limpiaste de un plumerazo todos los quilombos y cabos sueltos que venían entrometiéndose con el viaje de Lira desde el comienzo de la historia, y en general me sentí satisfecho con todas las resoluciones a las que llegaste. Quizás todo terminó demasiado bien para todo el mundo, destacando lo agridulce de la decisión de Mary que, más allá de su arco de redención y la manera súper madura en la que reconoce que lo que hizo estuvo mal y que tiene que pagar un precio por ello, pero no esperaba algo menos luminoso que esto para una autora como vos, que siempre puso tanto el foco en el aspecto positivo de este viaje.

Mi momento favorito tiene que ser el del arranque con Lugia explicándole todo a Lira y asumiendo que fue básicamente un sorete. Me gusta el intercambio que hay entre los dos, y que no hayas puesto al legendario mascota de SS como un pan de Arceus que casi venera a Lira, sino que tiene su temperamento y su orgullo como psíquico (ya ni siquiera como legendario xD!). Me gustó que vincules la rápida eclosión del huevo de Togepi con la capacidad innata de Lira para ser TEH CHOSEN ONE, aunque no recuerdo si eso formaba parte de los juegos. Irónico, porque acabo de jugar al HG hace dos semanas atrás, pero siempre fui malo para prestar atención. (?)

La manera en la que Lugia manda a Lira de regreso a Ciudad Olivo, haciendo que se la trague una ola gigante y súper violenta y arrastre su cuerpo ahogado a buen puerto es tan cruel como hilarante, especialmente si tenemos en cuenta que el tipo podía volar sin problemas. Y si no quería que lo viera la gente, tranquilamente podía dejarla sobre el faro y que ella baje solita con el ascensor. PERO BUEEEENO, ya entendí que a los legendarios les gusta la teatralidad, no por nada tienen a las chicas kimono de auspiciantes.

Todas las escenas con el toque Saku son tan adorables y entrañables como deben serlo, y aunque siento que ahora más que nunca se justificó la pastelosidad, tengo que ser honesto y decir que me pareció excesivo incluso para vos. O sea, fue un capítulo compuesto de como siete escenas con personajes diferentes que se reencontraban, se abrazaban y lloraban. Seguro que lo estoy simplificando demasiado, pero cada vez que arrancaba una escena nueva después de haber leído dos así en el mismo capítulo, entendí que iban a seguir exactamente el mismo patrón. En ese sentido, más allá del hermoso reencuentro de Carol con su awelito que era el más esperado por toda Latinoamérica unida, y el más ganado y merecido desde el inicio de Alma de Plata, la verdad es que no se me movía un pelo a la sexta vez que Lira se quebraba y lloraba abrazando a fulano o mengana. ¡Si hasta tuvo su abrazo con Yasmina!

Lo bueno es que todo vuelve a su lugar y con esto se despeja el camino para que nuestra protagonista avance firme hacia su consagración (o no) en la Liga Pokémon. La escena final con ese preámbulo a la E4 te quedó muy badass, y se potencia bastante solo por el contraste con el tono lacrimógeno del resto del capítulo. Una vez más, porque a estos turros ya los conocíamos de antes y habían tenido una muy buena interacción en el pasado, me gusta cómo los vas deliñando y haciendo sobresalir con poquitos detalles. El lector puede reconocer claramente la personalidad y estilo de cada elite con las dos o tres frases que les asignás (y es apropiado que Bruno sea el que menos hable). Me pregunto si vas a rushear los próximos versus en la liga o si vas a dedicar un capítulo a cada elite... Es que te veo con muuuchas ganas de contarnos el encuentro final entre Lira y Lance, y la revelación de que este último es el campeón a vencer. A estas alturas si Lira todavía no lo sospecha ni un poco, es porque es más colgada y desatenta que yo.

Imaginate lo colgado que soy que para estas alturas ya estaba convencido de que Dratini había llegado por lo menos a Dragonair... ¡Pero no! Sigue siendo un gusanito gigante pero un gusanito al fin y al cabo. Ya va siendo hora de que le meta esteroides caramelos raros o entrenamiento intensivo si no quiere tener un slot desperdiciado en el team.
Malicious

En resumen: un capítulo necesario y extremadamente satisfactorio por lo que representa para los personajes y la historia en toda su extensión, pero cuya ejecución me pareció excesiva en el recurso de la lágrima y el abrazo grupal. No es que quede poco creíble, dadas las circunstancias por las que todos pasaron recientemente, pero sí me pareció que como lector no podía comprarte tanta reiteración de lo mismo, como si perdiera peso dramático cuanto más se insistía en esa idea. Pero meh, es solo un detalle que no llegó a empañar la lectura en su totalidad. Tal vez soy más frío que la mierda porque por ahí leí que Luna lloró como bebé todo el capítulo.

Espero ansioso el próximo queridita. <3
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¡Hola, hola! ¿Sabéis que? No sé si me creeréis, pero cuando hice el guion de este capítulo estaba muy preocupada. ¿Por qué? Porque parecía que iban a pasar pocas cosas y pensé que me quedaría uno bastante corto en comparación con los anteriores, pero turns out que al final ha llegado casi a las 15k palabras. Nais.
 
¡AAAAAAAAAH ESTOY SUPERCONTENTA! Me he divertido mucho, mucho pero que mucho escribiendo este capítulo y creo que se nota bastante. Ha coincidido que lo he escrito estando de muy buen humor y sintiéndome auténtica, por lo que creo que ha quedado más sakuril que nunca, lo cual no sé si es positivo o negativo para la historia pero yo lo he disfrutado bastante. Para tratarse de un capítulo de transición he podido expandir más mi propio universo y creo que por eso estoy tan alegre, porque he podido compartir parte de las características que lo conforman y estoy muy satisfecha con el resultado. Aaaah estoy supercontenta y espero que a vosotros también os guste lo que estáis a punto de leer.
 
@nakun92: JAJAJAJA yo ya dije que no me hacía responsable de las posibles diabetes que podía causar ese capítulo, avisé y quien avisa no es traidor (? Fue muy gratificante cerrar determinados arcos que llevaban tiempo abiertos y darle a cada personaje el final que merecía, me alegró bastante escribir las conclusiones y preparar el terreno para la recta final. En cuanto a si habrá algo sobre Kanto ¡las apuestas están abiertas! Ay, amigos, ¿qué pasará?

@SoujiFujimura: este hombre, acabo de leer que me dejaste el comentario después de una visita al hospital y ahora tienes el bicho. ¿Te gusta alguna enfermera y no sabes cómo llamar su atención? Anyway! Como le dije a nakun escribir ese capítulo fue muy reconfortante, no sabes los ¡MESES! que llevaba deseando escribir el reencuentro entre Mary y Carol, las amiguisímas de la muerte, que casi se me escaparon las lágrimas y todo con su escena. Me quedé tan satisfecha con cómo acababa ese capítulo que llegué a pensar que si no seguía actualizando Alma no pasaría nada ¡PERO NO! ¡TODAVÍA QUEDA ALGO MUY IMPORTANTE POR SUCEDER! No podemos dejar el viaje de Lira inacabado, que hay cinco personas que están deseando enfrentarse a ella. Ya veremos si será capaz de vencerlas o se quedará por el camino.
 
Luna: UFUFUFUFUFUFUFUF LLEVABA TIEMPO MOSTRAR EL REENCUENTRO ENTRE CAROL Y MARY PERO ESCRIBIR EL DE SILVER Y CAROL ME HIZO SENTIR COSAS TAN BONITAS AGSHJAGSHAJHSAJ ESTUVO A PUNTO DE HACER LA ESCENA MÁS SHIPPERA PERO ME DIJE SAKU NO, CONTENTE UN POCO. Es que es maravilloso, aunque me pasé con la cursilería (de forma muy intencionada) no veía otra forma de cerrar tantos arcos a la vez y de mostrar los momentos que llevo AÑOS deseando que sucedan. Un capítulo emotivo para conclusiones emotivas, nos acercamos al final y tiene que notarse de alguna forma, quería que fuera un regalo para las personas que son igual de pastelosas que yo. Un subidón de azúcar para prepararnos para lo que se acerca.
 
@Franeer: ¡Fran! ¡Cuánto tiempo sin verte por aquí! Me alegra que hayas disfrutado de lo que se ha revelado hasta el momento, estoy segura de que lo que sigue no te dejará indiferente.
 
@Tommy: por supuesto que no, justo lo que quería mostrar con Lugia era que algunos legendarios tienen su temperamento y por muy Elegido o Elegida que seas no van a adorarte tan fácilmente. Es una referencia también a lo que cuesta ganarse su amistad en los juegos, ¿que no pueden ser un poquitito más amigables? Y sí, tuve que poner ese momento drama queen de enviar a Lira a la orilla con una ola gigante porque lo sentía necesario. Lugia es así y así hay que quererlo.
 
¿Sabes? Conforme estaba escribiendo el capítulo pensaba seguro que a Tomás no le gusta tanto pasteleo, pero lo siento amigo, porque después de reventarme la cabeza pensando cómo solucionar las distintas tramas y tener tantas dudas sobre si llegaría a este punto de la historia merecía mi premio por haber superado todas las adversidades de mi fic y ¡mi premio era hacer un capítulo lleno de amorsh y abrazos y lágrimas! ¡Y a quien no le guste que se vaya a explícitos! Por cierto, que sepas que me has ofendido y bastante, ¿de verdad a estas alturas me ves rusheando los combates contra el Alto Mando solo para llegar cuanto antes al ansiado reencuentro de la OTP? Por favor, que el Alto Mando son mis niños también y estoy deseando hacerles sobresalir, no pienses que soy tan básica e ingenua de arruinar el final de mi historia por centrarme en Lira y Lance. Hay más personajes que merecen su momento de gloria.
 
De todas formas me apunto lo que dices de que usar tantas veces el mismo recurso le quita efecto a las siguientes escenas, aunque me temo que aquí hay un par de abrazos también, se ve que es la forma que tiene mi subconsciente de decir que va siendo hora de dar y recibir mimos ?) Anyway, espero que disfrutes un montón este capítulo y los siguientes, ya me dirás qué te parecen <3
 


 
El olor a humo característico de la Torre Quemada se mezcló con el de los inciensos que llevaba Morti en una bandeja. El líder de gimnasio de Ciudad Iris se abrió paso entre las dos filas formadas por el resto de sus compañeros a las puertas de la torre: Pegaso, Antón y Blanca a un lado; Aníbal, Yasmina y Débora al otro. Fredo no había podido acudir porque todavía estaba en el hospital, pero envió un seel en su representación que no se separaba de la líder de tipo dragón, quien le daba alguna caricia discreta cuando pensaba que nadie miraba.
 
Morti fue el primero de ellos en entrar en la torre. Eusine ya estaba dentro, admirando la instancia inferior, la cual seguía igual de vacía desde el día que Lira llegó a la ciudad. Cuando Morti se acercó al enorme agujero que había en el centro el resto de líderes entró, quedándose a unos metros respetuosos de su colega, pues era a él a quien le correspondía hacer la ceremonia. El líder de Ciudad Iris volvió a inspirar el olor de los inciensos y entonces dejó la bandeja en el suelo, la cual contenía un recipiente rojo, otro azul y otro amarillo. Fuego, agua y rayo. Entei, Suicune y Raikou. Tal y como marcaba la tradición.
 
Eusine retrocedió un poco cuando Morti empezó empezó colocar los inciensos: el rojo a la izquierda del agujero, el azul en el centro y el amarillo a la derecha. El humo del incienso que contenían empezó a subir lentamente, hasta perderse en la oscuridad de la noche. Cuando los tres fueron colocados Morti se arrodilló y se postró en el suelo juntando las manos y apoyando su frente en estas; a sus espaldas, el resto hincó una rodilla en las tablas de madera y agachó la cabeza en señal de respeto.
 
Era la forma en la que se les tenía que dar las gracias.
 
Para la ceremonia solo era necesaria una persona, el líder actual de Ciudad Iris, pero los otros líderes consideraron que también debían hacer acto de presencia porque gracias a la labor de los perros legendarios Johto no quedó tan dañada como podría haberlo quedado. Ellos velaron por sus habitantes y lo dieron todo para protegerlos, lo mínimo que podían hacer era acompañar a Morti en un ritual tan importante para mostrar su agradecimiento. Mientras él recitaba unas plegarias mentalmente, ellos les dedicaban sus propias oraciones en silencio, para no romper el ambiente místico que se había formado. Nadie se movió hasta que Morti se levantó, cogió la bandeja plateada que había dejado a los pies del agujero y se dirigió a la puerta.
 
Cuando salieron al abrigo de la fría noche, Shin los estaba esperando. El anciano los condujo al centro de la ciudad, donde se había reunido gente procedente de todos los lugares de la región para admirar el insólito espectáculo que estaba a punto de empezar. Las chicas kimono estaban ahí, preparándose para hacer su segundo baile fuera del Teatro de Danza. Cuando vieron llegar a los líderes asintieron a los técnicos y ellos apagaron los focos que iluminaban el improvisado escenario.
 
Ding
 
Cuando sonó la campana de medianoche, los focos volvieron a encenderse y las artistas empezaron un baile. Era uno que no habían mostrado hasta ese entonces, uno en el que el agitado movimiento de sus abanicos representaba el ardiente fuego, mientras que los suaves y acompasados movimientos de sus piernas, las pacíficas olas de un mar en calma.
 
Era la forma de darles las gracias a Lugia y Ho-Oh, guardianes de Johto, quienes se enfrentaron directamente a la amenaza que estuvo a punto de someter a la región.
 
El baile no se extendió mucho, y cuando acabó no hubo aplausos, ni silbidos, ni gritos de euforia. Al llegar a su fin la ciudad quedó sumida en el silencio de nuevo, para que cada habitante pudiera dedicar su propia oración a los legendarios. Ese silencio transmitía un mensaje mayor que cualquier palabra podía aspirar a alcanzar, demostraba que todos los habitantes se habían puesto de acuerdo para decir lo mismo. Aunque de puertas para dentro el discurso cambiaba, de puertas para fuera estaba claro cuál era el mensaje general: gracias. Gracias por cuidar de nosotros, gracias por cuidar nuestros hogares, gracias por colaborar junto a nosotros para mantener la paz y acudir en nuestro auxilio.
 
Gracias por ser los salvadores que permiten que sigamos con nuestras vidas como si nada hubiera pasado.
 

 
Capítulo 49: Path to Glory
 

 
Hacía un rato que los rayos de Sol habían entrado en su cuarto cuando Carol sintió algo moverse encima de ella. A la joven le costó unos segundos, pero cuando pudo abrir los ojos se encontró con otro par azul que la miraba fijamente. Le dedicó una sonrisa a la niña que se había tumbado encima de ella y esta se la devolvió curvando sus labios pequeños y gruesos, parecidos a los de su hermana mayor.
 
—Buenos días, Vicky.
 
—¡Buenos días, hermanita!
 
Victoria, su hermana pequeña, tenía la costumbre de despertarla siempre. Los primeros días después de su llegada a Pueblo Azalea fueron curiosos, porque César no le había contado a Victoria que tenía una hermana mayor desaparecida y Carol no tenía ni idea de que durante el tiempo que había pasado fuera sus padres habían tenido otra hija. Ella había tratado a la pequeña con cariño y respeto desde el primer día, mientras que Victoria no dejaba de analizarla con curiosidad, contenta porque tenía una hermana mayor al igual que su mejor amiga, pero un poco confundida por lo repentino que había sido su encuentro. A veces Carol la veía espiándola como si fuera una extraña desde lo alto de las escaleras o escondida detrás del sofá y ella lo entendía perfectamente, porque por muy hermanas que fueran todavía no habían tenido tiempo de conocerse, y aunque los lazos de sangre las predisponían a llevarse bien sabía que haría falta que ambas pusieran de su parte para crear una buena relación.
 
—Ya es hora de desayunar. ¿Me das galletas? ¿Me das galletas? ¡Me apetecen galletas!
 
—Sí. Ahora te las doy, pero no hagas mucho ruido o el abuelo entrará en casa y nos descubrirá.
 
Victoria sonrió mientras se levantaba de la cama y salía del cuarto para bajar las escaleras. Se cubrió la boca con sus manos para ahogar su risa y se fue al salón para sentarse en su silla. Carol, por su parte, estiró un poco los brazos antes de levantarse, y cuando llegó a la planta baja fue a la cocina para preparar el desayuno de las dos.
 
—¿Quieres que te caliente un vaso de leche?
 
—¡Sí! ¡En la taza de slowpoke, por favor!
 
—Oído cocina- ¡Uy! Casi te piso, Sasha. Se ve que todavía estoy un poco dormida.
 
Carol se agachó para acariciar a Sasha, la slowpoke a la que hace un año le cortó la cola de una forma tan fatal que ya no le volvería a crecer nunca más, y a la que logró dejar en las puertas del Centro Pokémon antes de que fuera demasiado tarde para ella. Su abuelo la adoptó en cuanto la enfermera Joy logró salvarle la vida, sin saber que su nieta le había causado esa herida contra su voluntad. Sasha no parecía guardarle rencor por aquello, y cada vez que se la cruzaba por casa Carol se aseguraba de darle un montón de mimos para compensarle de alguna forma por lo sucedido. Cuando acabó de acariciarle el lomo se levantó, se lavó las manos y calentó dos vasos de leche mientras ponía en un plato las galletas que había horneado el día anterior. Le estaba pillando el gusto a eso de cocinar.
 
—¿Cuando acabemos me puedes hacer las dos coletas que me hiciste ayer? —preguntó Victoria mientras se separaba el pelo castaño en dos cuando Carol se sentó a su lado— A María le gustaron mucho y mi profe me dijo que iba muy guapa.
 
—Es que eres muy guapa. Si a María le gustaron dile que le puedo hacer unas cuando quiera.
 
—¡No! —exclamó alarmada mientras le agarraba la muñeca con fuerza— Que a ella le peine su hermano mayor. Tú eres la mía, que se fastidie.
 
Esos pequeños momentos de celos le hacían gracia y producían ternura a partes iguales. Carol acarició la mano que Victoria había dejado en su brazo y la pequeña siguió mojando las galletas con la que tenía libre. ¡No tenía pensado compartir su hermana mayor con nadie! ¡Después de estar tanto tiempo deseando una no la iba a prestar tan fácilmente, ni siquiera a su mejor amiga!
 
—¿Pero todavía estás desayunando? ¿No has visto qué hora es?
 
La voz de César las arrancó de ese pequeño momento mágico entre hermanas. El anciano entró en la casa tras cerrar la puerta con un leve portazo y quitarse los zapatos llenos de barro. Señaló un reloj digital en el que se leía con claridad 8:50, esperando que eso fuera suficiente para hacerle llegar el mensaje a su nieta pequeña, pero ella seguía igual de tranquila que antes de su llegada.
 
—No te hagas la remolona, la clase empezará en diez minutos mires o no el reloj. Termina el desayuno, lávate los dientes y ven, no quiero que vayamos corriendo como la semana pasada.
 
—Hoy llegaré un poco tarde —sentenció Victoria dándole un sorbo lento a su enorme vaso, haciendo gala de una parsimonia asombrosa para su edad—. Carol me tiene que peinar todavía.
 
—A Carol no le da tiempo, que tiene que ir al laboratorio del profesor Elm, y tú no puedes llegar tarde a la escuela. Que tienes mucho morro y mucho cuento, ya he visto cómo la has convencido para que te dé galletas para desayunar.
 
—¡Noooo! —exclamó Victoria mientras le hacía pucheros a Carol, porque sabía que con su abuelo no funcionaban. Carol sonrió y le acarició el cabello con afecto, por mucho que quisiera peinarla y darle todas las atenciones que reclamaba tendría que esperar un poco más.
 
—Lo siento, pero el abuelo tiene razón, ahora no nos da tiempo. Esta tarde iré a recogerte al cole y te hago las dos coletas en la entrada. ¿Te parece?
 
—¡Síiiii!
 
Victoria terminó de engullir el desayuno antes de que a César le diera tiempo a decirle que masticara más despacio y se levantó de su silla, no sin antes darle un beso en la mejilla a Carol. Solo había una cosa que le gustara más que su hermana la mimara y era que la mimara delante de sus compañeros para poder presumir de ella. La pequeña fue rauda al baño y Carol miró a César con una sonrisa. Su abuelo negó con la cabeza.
 
—Tú no eras tan trasto de pequeña.
 
Carol rio y se levantó para llevar los platos y los vasos a la cocina. Victoria entró para despedirse de ella por última vez y César alzó el brazo desde la entrada mientras le dedicaba una sonrisa. Cuando se fueron de casa esta se quedó sumida en un extraño silencio, uno que solo existía cuando la pequeña de la familia estaba fuera o durmiendo.
 
—Bueno. Parece que nos hemos quedado solas, Sasha.
 
La slowpoke bostezó y Carol se agachó para acariciarle la cabeza. Después subió las escaleras para ir a su cuarto y elegir la ropa que llevaría ese día: unos shorts vaqueros, una camiseta blanca de manga corta y una chaqueta rosa con capucha. Se llevó el conjunto junto a su Pokégear al baño y desbloqueó este para poner Butterfly de LOONA. Sonrió al ver la foto que había en la pantalla de bloqueo, un selfie que se había hecho con Mary en la quedada que habían tenido un par de días atrás, disfrutando de un permiso de libertad que le habían dado por buen comportamiento. Ambas estaban sorbiendo por una pajita su bebida favorita del Sawsbucks y Carol no pudo evitar reír al recordar el seco comentario que su amiga le dedicó a un chico que intentó ligar con ellas; el joven abandonó el establecimiento con el rabo entre las piernas y sin mirar atrás. Mary había mejorado mucho su carácter, pero seguía siendo Mary, y eso le reconfortaba.
 
Cuando el agua de la ducha empezó a calentarse Carol entró y se mojó todo el cuerpo, cabello incluido. Normalmente en tres minutos y menos ya estaba fuera, pero LOCO de ITZY empezó a sonar y, claro, era imposible no bailar semejante temazo, por lo que aquel día tardó un poco más. Cuando quedó satisfecha apagó la ducha, se secó con la toalla y se vistió. Le esperaba una buena mañana, no podía retrasarse mucho más.
 
No tardó en salir del baño y bajar las escaleras para irse de casa. Cogió su mochila marrón y la Poké Ball de Sasha, guardó a la pokémon en ella y se puso las deportivas antes de salir. Como su abuelo había dicho tenía que ir a ver al profesor Elm, pero había alguien más a quien quería hacerle una visita antes de ir a su laboratorio, así que sin más demora puso rumbo al Encinar. Por las mañanas solía haber incluso menos gente de lo habitual, eso le animaría a salir.
 
Carol sonrió al hombre que guardaba la entrada y él le devolvió el gesto. Una vez dentro del Encinar sacó a Zoah por si acaso se encontraba con algún pokémon hostil y la crobat alzó el vuelo para tener una mejor visión del lugar. Carol cerró los ojos para disfrutar más del olor a tierra y naturaleza que le rodeaba, lo que logró calmar sus sentidos mientras sus pies la llevaban al santuario que había en honor al guardián del Encinar. En cuanto sintió su presencia, Celebi salió de la pequeña cabaña y empezó a dar vueltas alrededor de la joven, lo que la obligó a abrir los ojos súbitamente y contener una carcajada. No quería despertar a los pokémon que seguían durmiendo.
 
<<¡Qué sorpresa! ¡Qué sorpresa! Pensé que vendrías mañana.>> exclamó alegre el pequeño. Carol acarició el colgante que llevaba alrededor del cuello y sonrió.
 
—Y mañana vendré también, pero me apetecía darte un poco de esto —dijo mientras abría una bolsa llena de galletas. Celebi tomó una raudo como un rayo y la olisqueó durante unos milisegundos antes de engullirla.
 
<<Baya Safre, toda una delicia.>> susurró mientras se metía la galleta entera en la boca. Carol se limitó a sacudir la cabeza, ya estaba acostumbrada a verle comer así. Celebi la disfrutó durante un buen rato, dejando que sus papilas gustativas captaran todos los matices de su sabor, y cuando acabó volvió a prestarle atención a su amiga <<¿Tú qué tal? ¿Ya te sientes mejor?>>
 
La sonrisa y la mirada de Carol se apagaron un poco, tal y como el pokémon se temía. Intuía que parte de la razón por la que había ido a verle era para desahogarse, tal y como había hecho las otras veces.
 
—Si te soy sincera no lo sé. He estado viajando las últimas semanas con Silver, he podido tener una quedada normal con Mary, tengo un abuelo y una hermana pequeña que me quieren con locura y yo los quiero también. Tengo y hago lo que llevo una vida entera deseando y aun así… Pensé que me sentiría muy bien y feliz al recuperar mi libertad, pero la verdad es que me siento muy, muy rara. He pasado de que me digan hasta cuando tengo que respirar a poder hacer lo que quiera cuando quiera —susurró mientras se abrazaba a sí misma—. Siento una inquietud muy grande, incluso la sensación de que esto está mal y alguien en cualquier momento saldrá a decirme lo que tengo que hacer. Es, es…
 
<<Es un cambio muy grande en un pequeño espacio de tiempo.>> dijo Celebi mientras se acurrucaba en su pecho. Carol lo abrazó con fuerza y cerró los ojos, comenzaba a sentir una calidez reconfortante en su interior gracias al contacto con el pequeño. <<Ya verás como lo superarás, podrás vivir la vida que mereces sin sentirte mal por ello. Nos tienes a todos nosotros apoyándote, ¡vas a comerte el mundo y superar todo lo que se te ponga por delante!>>
 
—Gracias —susurró mientras le daba un último abrazo bien fuerte. Aunque había sido derrotado, parecía que la sombra del Team Rocket la perseguiría durante mucho tiempo, pero con la compañía de sus seres queridos sabía que acabaría escapando de sus garras como ya había hecho una vez. Celebi dio varias vueltas alrededor de ella y se apoyó en su hombro para juntar sus cabezas y seguir dándole apoyo emocional.
 
<<¿Y qué hay de tus padres? ¿Se sabe algo?>>
 
—Nada que no te haya contado —respondió Carol con un suspiro—. Aceptaron trabajar en una investigación importante poco después de que Victoria naciera y no han dado señales de vida desde entonces. El abuelo ha intentado ponerse en contacto con ellos un montón de veces con la ayuda de Antón, pero no hay forma, es como si hubieran desaparecido. Tragados por la tierra sin dejar el más mínimo rastro.
 
<<Eso sí que es raro… A lo mejor no superaron tu desaparición y su forma de lidiar con ello fue irse de aquí.>>
 
—Vale, pero ¿entonces por qué tuvieron a otra hija si la iban a abandonar? No sé, hay cosas que no me cuadran.
 
<<Tal vez si les llega la noticia de que el Team Rocket se ha disuelto definitivamente vuelvan.>> Carol ladeó la cabeza, considerando esa opción. Podía ser, pero como todo lo que habían hablado hasta ese entonces era solo eso, una posibilidad, algo que podía ocurrir o no. Viendo que aquello solo los llevaría a callejones sin salida Celebi decidió cambiar de tema. <<O tal vez les llegue el informe brillante que una tal Carol ha hecho bajo la supervisión del profesor Elm y quieran volver para conocerla.>>
 
Carol se sonrojó al oír aquello y Celebi sonrió. La joven empezó a juguetear con las tiras de su mochila y miró a otro lado, tratando de impedir que el rubor se extendiera por sus mejillas.
 
—V-vamos, no exageres. Tan solo he hecho uno y no es para tanto.
 
<<¿Seguro? ¿Ya has hablado con Elm sobre él?>>
 
Su silencio le dijo a Celebi que no. El pokémon se situó detrás de la joven y le dio un pequeño empujón en dirección a la salida del Encinar.
 
<<Ya sabía yo que querrías retrasarlo. Venga, tan mal no puede estar, te ayudó el nuevo amigo que has hecho. Ve corriendo y ya me dirás qué tal, no puedes tener al profesor esperando por siempre.>>
 
—Ya, ya lo sé, pero no me empujes por favor.
 
Celebi paró y Carol se dio la vuelta. Tenía razón, sería muy feo por su parte hacer esperar más al profesor Elm. Le dio un beso en la frente al pequeño y él volvió a girar a su alrededor antes de desaparecer misteriosamente. Eso era tan propio de él…
 
Carol salió del Encinar y le pidió a Zoah que le llevara a Pueblo Primavera. Su pokémon accedió y alzó el vuelo para acercarla al laboratorio mientras ella se mordía el interior de sus mejillas.
 
No sé qué hacer ahora.
 
¿Por qué no hablas con Eco? A él le gusta leer y es listo como tú, seguro que con él descubres algo que te gusta.
 
Todo empezó a partir de esa conversación que tuvo con Silver. Después de disfrutar unos días llenos de tranquilidad y libertad a Carol le vino esa sensación humana de querer hacer algo con su vida, pero no sabía muy bien el qué, por lo que Silver le recomendó que fuera a hablar con Eco. Después de varias quedadas con el oriundo de Pueblo Primavera, que se mostró muy amable y predispuesto a echarle una mano, terminó sintiendo cierto gusto por la variedad de investigaciones que se estaban llevando a cabo en el laboratorio del profesor Elm. Al ver cómo sus ojos brillaban cada vez que le hablaba sobre ellas, Eco le propuso trabajar con ellos, lo cual a Carol le pareció una idea disparatada al principio, pero conforme Eco se lo iba planteando más difícil se le hacía decir no. Bajo la tutela del profesor Elm tendría la oportunidad de iniciar los estudios de medicina Pokémon que siempre le habían llamado la atención, ¿qué tenía que perder? Así es como se terminó presentando un día ante él y el profesor quedó encantado, porque una de las cosas que más le gustaba en el mundo era que los jóvenes mostraran interés por la ciencia. Le dijo que podría incorporase en sus filas si antes mostraba sus capacidades redactando un informe sobre el tema que ella quisiera, así que eso hizo, sobre los slowpoke de su pueblo. Se lo entregó hace una semana y Elm le dijo que volviera dentro de unos días para comentarle sus impresiones, por eso estaba yendo a su pueblo.
 
—Con unos nervios que me muero.
 
Carol acarició el lomo de Zoah cuando esta empezó a descender para que el contacto con su pokémon la calmara un poco. Bajó de un salto a las puertas del laboratorio y ella creó una pequeña ráfaga con sus alas que le ayudó a relajarse. Carol se dio la vuelta, le dio un beso en la frente y dejó que se quedara fuera mientras ella hablaba con Elm.
 
—Buenos días, profesor.
 
El profesor se encontraba casi siempre en el mismo sitio, sentado al final del laboratorio tras su escritorio, rodeado de papeles y papeles que reclamaban su atención. Sin embargo, al oír la voz de Carol alzó la mirada de estos de inmediato, y una gran sonrisa se hizo hueco en su rostro.
 
—¡Buenos días, Carol! —exclamó al verla. Elm se puso de pie y se acercó a ella dando grandes zancadas, sin molestarse en esconder el entusiasmo que le producía tenerla ahí— Estaba deseando que llegaras. Tu informe sobre los slowpoke de Pueblo Azalea es maravilloso, hay muchas características de ellos que desconocía y creo que tu trabajo arroja luz sobre aspectos muy interesantes. Se nota que conoces muy bien a la especie y el lugar que habitan, leer esas páginas ha sido toda una delicia.
 
—M-muchas gracias —susurró con una tímida sonrisa. Los nervios se mezclaron con la alegría en su pecho y Carol trató de dejarlos de lado para darle una buena impresión a Elm, porque quería mostrarse lo más relajada y confiada posible. Se escondió un mechón de pelo detrás de una oreja y empezó a hablar con toda la naturalidad que logró fingir—. Me habría gustado centrarme en las heridas de su cola dado que muchos sufren las secuelas de lo que les hizo el Team Rocket, pero consideré que para empezar sería mejor hacer algo un poco más general.
 
—Y lo consideraste bien, además este informe puede servirte de punto de partida para hacer el siguiente.
 
—¿El siguiente?
 
—¡Por supuesto! —exclamó Elm mientras su sonrisa se ensanchaba— Casi podía sentir la pasión que sudabas mientras escribías el informe, para mí sería un honor que una joven tan prometedora quisiera formarse bajo mi tutela. Me dijiste que te interesa la medicina Pokémon, ¿cierto? Yo no estoy del todo versado en ella, pero si diriges tus investigaciones a este campo podría recomendarte a las mejores escuelas. Puedes considerar el tiempo que pases bajo mi supervisión como un entrenamiento que te permitirá formarte para pasar los exámenes de ingreso. Qué me dices, ¿te gustaría trabajar con nosotros?
 
—¡Por supuesto que le gustaría!
 
Carol gritó al sentir el brazo de alguien rodeando sus hombros. El súbito contacto la sobresaltó, pero se relajó al ver que se trataba de Eco, que le guiñó el ojo cuando cruzaron miradas.
 
—Chica, tu informe sobre los slowpoke es una pasada —dijo moviendo su informe en el aire con la otra mano—. Me lo he leído ya unas siete veces. Tú tienes madera para esto.

 
—Muchas gracias a los dos —dijo Carol mientras agachaba la cabeza para camuflar el rubor de sus mejillas. No estaba acostumbrada a ser el centro de atención ni a que la alabaran, menos a que lo hicieran dos personas a la vez, menos a que lo hicieran con tanto entusiasmo. Finalmente se animó a alzar la mirada y mirar a Eco—. Tus consejos de observación me sirvieron un montón.

 
—Sí, sí. Los consejos ayudan, pero de donde no hay no se saca —dijo mientras apartaba el brazo de sus hombros y ojeaba el documento que llevaba por título Slowpoke de Azalea: características y hábitos—. Menos mal que saliste del Team Rocket, porque nos estaban privando de una mente brillante.
 
—Estoy totalmente de acuerdo. Entonces qué dices, Carol, ¿te quedas con nosotros?
 
Esa vez Carol no escondió su entusiasmo. Asintió enérgicamente mientras la extensión de su sonrisa mostraba lo contenta que estaba, y si no llegó a hablar fue porque temía que se le escaparan las lágrimas.
 
—¡Genial! Pues lo dicho, partiendo del documento que ya has hecho puedes centrarte en las heridas de las colas de los slowpoke y ver por qué a algunos les vuelven a crecer y por qué a otros no. ¿Qué células deben dañarse para impedir la regeneración? ¿Y cuántas? ¿Se puede degenerar el tejido de forma interna? Dejo a tu criterio qué preguntas consideras que merecen una respuesta y cuáles no. Ya sabes que en el laboratorio tienes todos los instrumentos que necesites y si te surgen dudas aquí estoy para resolverlas. ¡Mucho ánimo y sigue así!
 
Cuando el profesor volvió a su escritorio Eco le agarró el brazo a Carol y se la llevó fuera del laboratorio. Ella se tapó la boca con una mano e intentó contenerse, pero no pudo y terminó por acabar llorando cuando salieron de ahí.
 
—Muchas gracias por darme esta oportunidad, de verdad. Prometo que la aprovecharé al máximo y no os decepcionaré. 
 
—Ni lo menciones, mujer. ¡Gracias a ti por tu dedicación! —exclamó Eco con una radiante sonrisa. Carol se la devolvió y el investigador echó un vistazo a su Pokégear para ver la hora que era después de mirar el cielo con cierto fastidio— A ver si viene Lira y podemos prepararnos para irnos. Estoy impaciente.
 
—Cierto. ¿Tenía entrenamiento hoy con Débora?
 
—Sí, el último antes de enfrentarse al Alto Mando.
 
Un cosquilleo se extendió por la lengua de Eco al decir Alto Mando. No era él quien se enfrentaría a ellos, de hecho tendría que dar media vuelta al final del recorrido porque no podría atravesar la Calle Victoria al no tener las ocho medallas, pero poco le importaba. Su mejor amiga estaba punto de hacerle frente a los cinco entrenadores más fuertes de la región y eso era motivo más que suficiente para dejar que la emoción se apoderase de él. Carol sonrió al verle tan animado, contagiándose de su entusiasmo.
 
—No le queda nada para alcanzar la cima. ¡Espero que todo le salga a pedir de boca!
 
—¡Por supuesto que sí! ¡Es la mejor del mundo!
 
Los dos jóvenes se quedaron hablando durante un rato más sobre las aventuras que les esperaba al duo de Pueblo Primavera. El tiempo corría a su favor y ya era cuestión de horas que Lira llegara al destino que marcaría el final de su viaje.
 

 
—¡Lina, dale el golpe de gracia y acaba con ella! ¡Len, bloquea su paso al agua!
 
—¡Entendido! ¡Combinación de gemelas!
 
—¡Lira, no te quedes quieta!
 
—¡No! ¡Dratini, agilidad y furia dragón!
 
La dragonair de Len se escondió en el lago para evitar que la dratini de Lira pudiera esconderse en él. Al no poder huir, a la dragona le quedaban pocas opciones, por eso su entrenadora le había pedido que aumentara la velocidad, para intentar rodear a la otra dragonair y atacarla por la espalda. Gracias a eso pudo escapar de su carga dragón por los pelos, uno que la habría debilitado, y se situó detrás de ella para lanzarle un furia dragón que le empujó hacia adelante. Dragonair se incorporó enseguida e iluminó su cola para acabar con su adversaria.
 
—¡Suficiente!
 
Aunque no le dio tiempo a hacerlo, porque la voz firme de Débora puso fin al entrenamiento de aquel día. Como venía siendo habitual durante los últimos días —o semanas, Lira a veces perdía la noción de cuánto llevaba entrenando con la líder— Lira no se daba cuenta de lo cansada que estaba hasta que Débora les permitía descansar.
 
Tomó una gran bocanada de aire y dejó que sus piernas temblaran un poco antes de apoyarse en ellas. A pesar de que terminaba agotada y con ganas de tirarse al suelo para dormir y no despertar en meses, sabía que había tomado la decisión correcta al retrasar su enfrentamiento contra el Alto Mando para entrenar a Dratini con una domadragones del nivel de Débora. Después de lo sucedido en Ciudad Trigal, Lira fue a Ciudad Endrino para comprobar el estado de salud de Ryuu y pedirle permiso para entrenar en la Guarida Dragón. El anciano no solo aceptó su petición, sino que le dijo que podía ponerle un mentor si quería. Lira le agradeció la propuesta y accedió, llevándose una gran sorpresa al ver que quien la guiaría en sus inicios a la hora de tratar con los pokémon de tipo dragón sería Débora. Se apresuró en decirle que no hacía falta, pues debía estar muy ocupada con sus labores de líder y no quería que le impusiera otra carga, pero para otra sorpresa Ryuu le dijo que a ella no le importaba y, ciertamente, su actitud durante el entrenamiento demostraba que no le molestaba ayudarle a mejorar su vínculo con Dratini. Se notaba el amor y la pasión que sentía hacia ese tipo de lejos. No sabía qué le había llevado a aceptar la propuesta de su abuelo, pero Lira se sentía muy agradecida de que le hubiera prestado su inestimable ayuda.
 
—¿Pero esto qué es? Vengo a ver un espectáculo y lo único que veo son dragones jadeando antes de dar el golpe de gracia. Siempre lo cortas cuando se pone interesante, si lo llego a saber no vengo.
 
Débora se dio la vuelta para dedicarle una fría mirada a quien se había atrevido a criticar su orden, aunque no surtió ningún efecto en él, pues si a algo estaba acostumbrado Fredo era al frío. A su lado, Ryuu sonreía, satisfecho por el buen criterio que estaba teniendo su nieta a la hora de entrenar a Lira.
 
—Tú a lo que supuestamente vienes es a descansar mientras te recuperas de tus heridas, pero si estás tan bien como para tener ganas de criticarme puedo tirarte al agua para que te las apañes con los dragones por ti mismo.
 
—Vamos, vamos. No te enfades, mi querida Débora, sabes que ninguno de los dos pone en duda tu juicio. Están siendo unas sesiones de entrenamiento estupendas.
 
A Ryuu y Fredo les dieron el alta casi el mismo día, eso sí, con la condición de que hicieran mucho, mucho, mucho reposo. Ryuu había vuelto a la Guarida Dragón nada más salir del Centro Pokémon mientras que Fredo se había ido a su casa, aunque después de unos días llenos de aburrimiento consideró que lo mejor era compartir el tiempo de reposo con su viejo amigo con el que tanto había vivido, más cuando se encontraba en la misma situación de haber sobrevivido una experiencia cercana a la muerte. A Débora le alegraba que los dos ancianos pudieran recuperar cierto tiempo y disfrutar de su compañía otra vez, lo que no le alegraba tanto era que Fredo aprovechara para tirarle puyas. Encima con esa sonrisa, esa estúpida sonrisa, ¡lo que le estaba costando aguantarse las ganas de quitársela!
 
Por su parte, Lina y Len habían encontrado esas semanas de lo más productivas. Débora las había elegido para que les sirvieran de apoyo en el entrenamiento de Lira, y las chicas habían notado unas mejoras significativas en su rendimiento gracias a eso. Casi les apenaba que el entrenamiento llegara a su fin, pero entendían que Lira no podía quedarse ahí para siempre, menos cuando tenían la sospecha de que…
 
—Oye, Débora, ¿entonces es ella la que se va a enfrentar contra La-?
 
Veloces como un rayo, las manos de Débora cubrieron las bocas de las gemelas al mismo tiempo que se agachaba para mirarles a los ojos con una sonrisa descomunal y para nada cálida. Su rostro se deformó con esa mueca al mismo tiempo que la vena de la frente le empezó a latir; entre los comentarios de Fredo y que a las gemelas se les iba la lengua de vez en cuando sentía que estaba a punto de perder la cordura. Lira vio aquello desde la distancia y pensó, mientras daba un paso hacia atrás de forma inconsciente, que la líder daba más miedo poniendo esa expresión que estando enfadada.
 
—Cariños míos, ¿por qué no vais al Centro Pokémon para que las enfermeras curen a vuestros equipos? Se lo merecen después de lo que se han esforzado estos días.
 
Era curioso cómo un tono cargado de afecto podía resultar increíblemente aterrador. Lena y Lin asintieron al instante, entendiendo que esa invitación era un orden en toda regla, y se fueron cuando Débora apartó las manos de sus rostros. En cuanto desaparecieron la falsa sonrisa se esfumó de su rostro y se levantó sin apartar la vista de la entrada de la cueva, por si acaso tenían pensado volver para hacer una última trastada, pero cuando se aseguró de que eso no sucedería se dirigió a Lira.
 
—Bueno, como ya te dije la semana pasada con esto concluye definitivamente tu entrenamiento. Ya te he enseñado lo básico para tu viaje, a partir de ahora es cosa tuya ponerlo en práctica y seguir creciendo por tu cuenta.
 
—¿Estás segura? —cuestionó Lira bastante extrañada. Echó un vistazo discreto a Dratini, que estaba ocupada mirando su reflejo en el agua, y volvió a mirar a Débora. Esperaba salir de la cueva con una dragonair en su equipo—. Pero si todavía no ha evolucionado —susurró para que no la oyera su pokémon.
 
—¿Y? ¿Te crees que los dragones son como el tipo bicho? —preguntó Débora cruzándose de brazos— Les cuesta más evolucionar, pero merece la pena, y tu compañera tiene una buena base. Es obediente y le cuesta perder los estribos ante las adversidades, el abuelo se aseguró de darte una dócil y tranquila, eso sumado al entrenamiento de estas semanas hace que esté completamente lista para salir de aquí. ¿A que sí, abuelo?
 
—No puedo estar más de acuerdo contigo. Ten en cuenta, Lira, que no aprenderás de verdad hasta que pongas en práctica lo que has estado trabajando aquí, que Dratini no haya evolucionado no significa que no esté en condiciones de afrontar lo que os queda por delante. Además, Débora no le da su aprobación a cualquiera.
 
—Eso. ¿Tengo cara de decirle al primero que pasa que lo está haciendo lo suficientemente bien con su dragón como para permitirle campar a sus anchas por ahí con él? —preguntó mientras apoyaba sus manos en sus caderas y entrecerraba los ojos— ¿Estás insinuando que soy una blandengue que no sabe decir que no cuando alguien no está preparado?
 
—¡No! ¡Por supuesto que no! —exclamó Lira mientras hacía un saludo militar. Dratini la imitó poniéndose a su lado y llevándose el final de su cola a su frente— Muchas gracias, Débora. Me has ayudado un montón estos días.
 
Débora se relajó y sonrió. No fue una mueca grotesca, como la que le había dedicado a las niñas no hacía mucho, tampoco fue una sonrisa soberbia cargada de orgullo como las que acostumbraban a asomar en su rostro. Fue una sonrisa sencilla y honesta, una que decía que había sido un placer asistirla.
 
—Menos gracias y más patearle el trasero al Campeón —dijo mientras le daba una palmada en la espalda—. Si no puedes hacerlo en un combate siempre puedes hacerlo literalmente, ya sabes, para descargar tu frustración.
 
—Gracias por el consejo, pero creo que me limitaré a darle pelea en los combates únicamente —dijo con una sonrisa nerviosa. Débora se encogió de hombros.
 
—Está bien, ya lo haré yo por ti la próxima vez que lo vea —Al decir aquello los ojos de la líder se agrandaron, como si se hubiera dado cuenta de algo muy importante. Señaló a Lira con el índice y le dirigió una mirada inquisidora—. Hablando de ver, ¿qué haces aquí? ¡Ya no tienes ninguna razón para seguir en la guarida! ¡Desaparece de mi vista y vuelve solo cuando hayas derrotado al Alto Mando o empezaré a pensar que eres una cobarde que quiere retrasar el momento de la verdad! ¡Y yo no entreno a cobardes!
 
—¡Sí, señora! —Lira hizo una última reverencia y se dio la vuelta para ir directa a la salida, aunque antes de eso le dio tiempo a captar por el rabillo del ojo otra sonrisa de Débora— Gracias, maestro. Nos vemos, Fredo.
 
Los dos hombres asintieron y Lira salió corriendo de la cueva con Dratini siguiéndole de cerca. Al volver a la superficie estiró los brazos y dejó que la luz del Sol la bañara, lo cual terminó de despertar su emoción. Se iba, ¡se iba a retar al Alto Mando! ¡Ya no le quedaban medallas que conseguir ni organizaciones que derrotar ni entrenamientos que superar! ¡Lo único que tenía que hacer era despedirse de su madre! Porque, sí, Leire fue muy clara con eso de que si no se pasaba por casa antes de irse dormiría en un Centro Pokémon durante el resto de su vida. A las madres hay que hacerles caso, está muy feo dejarlas de lado.
 
—¡Togekiss, Pueblo Primavera!
 
Así que con un grito que pudo oírse por toda la ciudad, Lira se subió a los lomos de su pokémon junto a Dratini. La dragona emitió un sonido de felicidad y Lira la abrazó, estaba deseando mostrar su potencial en lo que quedaba de viaje. Ni el viento cortante que arañaba sus mejillas logró arrebatarle la emoción de volver a su pueblo natal para empezar el último capítulo de su aventura por Johto, por eso cuando empezó a ver Pueblo Primavera a lo lejos le pidió a Togekiss que fuera más rápido, aunque eso significara morirse de frío durante los últimos minutos del vuelo. Sin embargo, al aterrizar y sentir por fin la tierra bajo sus pies, sintió que mereció la pena pedir ese sprint final. Lira guardó a Togekiss, se peinó un poco para que no pareciera que tenía pelos de loca y empezó a andar hacia su casa, en el buzón de la cual se encontró una sorpresa muy agradable.
 
—Buenos días, señora Manecillas.
 
La señora Manecillas era una hoothoot, la hoothoot que capturó su madre en la primera expedición que hizo con el padre de Eco y el profesor Elm después de lo acontecido en Ciudad Trigal, para ser precisos. Ella estaba durmiendo fuera, cobijándose bajo la sombra que creaba el tejado de su casa, y Lira se rio por lo bajo al pasar por su lado mientras abría la puerta e iba a la cocina, donde estaba Leire preparándose el desayuno.
 
—Mamá, cualquier día viene la policía a denunciarte por el mote que le has puesto a la pobre hoothoot. Es horroroso.
 
—Es gracioso y le pega —contestó mientras le daba un sorbo a su café antes de acercarse a su hija—. Pero qué va a saber alguien que no le pone motes a sus pokémon.
 
Las dos se fundieron en un gran abrazo que las mantuvo unidas durante un buen rato. Leire acarició el cabello de su hija metiendo su mano debajo de su enorme sombrero, y aunque Lira estaba segura de que lo notaría un poco despeinado no hizo ningún comentario al respecto, porque su mente estaba pensando en otra cosa.
 
—Mi pequeña está a unos pasos de convertirse en Campeona de su región, quién me lo hubiera dicho —susurró con una mezcla de orgullo y pena antes de separarse y extrañarse por algo en lo que no había reparado antes. Leire acarició la capa que llevaba Lira colgando en sus hombros y alzó una ceja—. Sigues sin quitártela, ¿eh?
 
—¿No te gusta?
 
—No, no es eso. ¿No tienes miedo de que se te enrede en algún sitio y tengas un accidente?
 
—¿Crees que le voy a tener miedo a eso después de enfrentarme a una organización-?
 
—No lo digas, no lo digas —pidió Leire mientras se cubría los oídos. Lira sonrió mientras cogía un par de bayas que había en el frutero de la cocina y se las daba a Dratini. Después de que corrieran las noticias de que una entrenadora a lomos de Lugia había hecho frente al poderoso pokémon que había atacado la capital de Johto, Lira se vio en la obligación de contarle a su madre los encontronazos que había tenido con el Team Rocket a lo largo de su viaje, algo que no le gustó mucho saber—. Y yo tan contenta pensando que estabas viviendo una aventura normal.
 
—La normalidad no existe.
 
—La normalidad no existe… —Leire suspiró mientras bajaba los brazos. Le dedicó una sonrisa preocupada y se acercó a su hija para abrazarla por última vez— Prométeme que vas a tener más cuidado ahora.
 
—Te lo prometo. Palabra de entrenadora.
 
—A ver si esta vez es verdad —Lira se separó de su madre y le dio un beso antes de dirigirse a la puerta, ardiendo en deseos de volver a las andadas—. Te los vas a comer con patatas.
 
—Esa es la idea. Te llamaré en cuanto llegue allí.
 
—¡Envíame un mensaje nada más llegues a Kanto!
 
—Y una foto, si quieres.
 
—No estaría mal.
 
Lira cerró la puerta rápidamente en cuanto logró salir, no fuera a ser que su madre la siguiera reteniendo con recados interminables. Un suspiro de alivio salió de sus labios en cuanto comprobó que no saldría a por ella, pero por si acaso se alejó un poco en dirección a la Ruta 27. Eso le permitió ver que en la orilla del río estaban Eco y Carol hablando animadamente, y aunque le habría gustado acercarse con sigilo para darles un susto, su amigo la vio antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo. El investigador salió corriendo a su encuentro y Lira solo se vio capaz de abrir los brazos para recibirle.
 
—¡Nos vamos, nos vamos!
 
—¡Nos vamos, nos vamos!
 
Lira y Eco se dieron un gran abrazo y empezaron a saltar, llenos de emoción y alegría. Cuando acabaron su pequeño ritual de bienvenida se acercaron a Carol y ella le sonrió enormemente a la entrenadora mientras se acercaba para darle otro abrazo.
 
—Felicidades, estás a nada de cumplir tu meta.
 
—Aaaah lo sé. ¡Tengo los pelos de punta! —exclamó Lira antes de separarse— Felicidades a ti también, ya me he enterado de que Elm te ha dado el visto bueno.
 
—Gracias —respondió con un leve rubor asomando en sus mejillas. Lira sacó a Feraligatr y el reptil se tiró al agua de cabeza, salpicando a su entrenadora en el proceso, lo que le arrancó una risa a Eco. Eso hizo reaccionar a Carol, a quien casi se le olvida la segunda razón por la cual fue a Pueblo Primavera— ¡Esperad! Quería daros algo antes de que os fuerais.
 
La joven abrió su mochila y sacó de esta un tupper lleno de galletas que le dio a Lira. Ella lo tomó al mismo tiempo que sus ojos y los de Eco empezaron a brillar y, como no podía ser de otra forma, tomaron una cada uno para darles un mordisco y probarlas.
 
—¡Están buenísimas! Con esto es imposible que pierda —dijo Lira antes de acabarse la suya de un bocado. Eco asintió mientras intentaba tomar otra disimuladamente, pero para su disgusto Lira cerró el tupper antes de que pudiera hacerlo—. Muchas gracias. ¡Nos vemos cuando vuelva!
 
—¡Mucho ánimo! ¡Estamos todos contigo!
 
Después de despedirse de Carol, los dos amigos se subieron en Feraligatr y dejaron que el reptil los llevara por el río de la Ruta 27. Algunos goldeen se acercaban para verlos, pero Dratini los ahuyentaba para impedir que hicieran daño a su entrenadora. Lira introdujo la mano en el agua y tembló al sentir que estaba fría, pero aun así la tuvo a remojo un buen rato porque le encantaba sentir cómo la corriente fluía entre sus dedos y acariciaba su piel. Era una de las cosas que más le ayudaban a relajarse y en ese momento lo necesitaba bastante. Eco lo notó, por eso se limitó a observar y sacarle fotos a los pokémon que veía pasar antes de que la dragona los ahuyentara, por lo que el trayecto que los llevó a la otra orilla transcurrió sin complicaciones ni sobresaltos considerables.
 
—¡HOLA!
 
Aunque al poner los pies en la región vecina el cuento cambió radicalmente.
 
Lo primero que les dio la bienvenida cuando pisaron tierra firme fue el alarido de un hombre robusto que surgió de la nada. Lira gritó y movió los brazos en el aire de forma exagerada, Eco dio un paso hacia atrás y se cubrió la cara, pero a pesar de sus reacciones ambos se recuperaron relativamente pronto del susto. No se pudo decir lo mismo de Dratini, que salió disparada para envolver al hombre con su cuerpo al detectarlo como una amenaza por la reacción que había causado en su entrenadora. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo y que cundiera el pánico, la voz de Lira salió firme de su garganta.
 
—¡Dratini, para!
 
Espalda recta, brazo extendido, mirada al frente. Seguridad desbordando por todos sus poros, aunque todavía estaba procesando lo que su pokémon le estaba haciendo a ese hombre y le costaría unos pocos segundos ser consciente de la situación. Su cuerpo había reaccionado antes que su mente al ver que la dragona se había movido sin que ella se lo hubiera pedido, tal y como le había estado instruyendo Débora. Dratini le miró fijamente al oír la orden y Lira se esforzó en mantener la compostura, si mostraba el más mínimo indicio de inseguridad o miedo Dratini terminaría por confirmar que el hombre extraño era una amenaza y haría lo que creyera necesario. Al fin, tras un instante que se hizo eterno, Dratini liberó al hombre y se enroscó con cuidado en el cuerpo de Lira para apoyar su cabeza en su hombro. Lira no suspiró, fue relajando su cuerpo poco a poco y acarició la frente de su compañera para indicarle que lo había hecho bien al obedecerla.
 
—Oye, colega, es solo una sugerencia, pero tal vez no deberías ir asustando a entrenadores que tienen ocho medallas —dijo Eco mientras se encogía de hombros después de haberse tranquilizado—. Tienen pokémon muy fuertes que pueden llevarte directo a urgencias si se asustan.
 
—Sí, lo sé. No eres el primero que me lo dice, pero ¿dónde estaría la emoción de la vida sin estas pequeñas dosis de adrenalina?
 
Lira y Eco se miraron durante un momento, fue lo que les bastó para decirse con los ojos que ese tipo estaba loco. Luego volvieron a fijarse en él, pues si les había cortado el paso así esperaban que al menos tuviera algo importante que decirles, y el hombre se aclaró la garganta antes de hablar de nuevo.
 
—Ah, sí. Nada, ¡solo quería daros la bienvenida a Kanto! Fijaros en el mapa que lleváis en el Pokégear, ¿a que ya pone Kanto en vez de Johto? —Lira y Eco hicieron lo que les dijo y sonrieron al ver que era verdad. Habían llegado a la otra región con éxito—. Recordad que si queréis seguir escuchando la radio aquí tendréis que ir a Pueblo Lavanda para pedir una tarjeta expansión, algo que os recomiendo encarecidamente. No os gustaría perderos los últimos hitazos de los BTS solo por cambiar de región, ¿verdad? Enhorabuena por llegar hasta aquí y ¡mucho ánimo!
 
El hombre se hizo a un lado cuando terminó de hablar y los dejó pasar. Al estar más relajados, los jóvenes se dieron cuenta de que llevaba una camiseta blanca con letras extranjeras en negro, ponía algo parecido a 방탄소년단 y había un dibujo de un perro amarillo con orejas negras y cara blanca debajo de estas. Los amigos aligeraron el paso y se alejaron de él lo más rápido y discretamente posible.
 
—Y yo prometiéndole a mi madre que mi viaje sería normal a partir de ahora —susurró Lira mientras sacaba su Pokégear—. ¡Eco! ¡Hazme una foto que le dije a mi madre que le enviaría una cuando llegase a Kanto!
 
Tres fotos, un selfie y un mensaje enviado más tarde, Eco y Lira se adentraron en una cueva, pues era la única forma que tenían de seguir avanzando. A la entrenadora casi le dio algo al entrar, porque esa no era una cueva cualquiera. Ya había estado ahí antes, hace un par de semanas, acababa de volver sin saberlo a las cataratas Tohjo.
 
—Hala… —silbó Eco mientras veía la cantidad de agua que caía por las dos cataratas. El rumor del agua era lo único que se oía ahí dentro, lo que generaba la sensación de que estaban completamente solos— Es impresionante. Había oído que eran capaces de quitarte el aliento, pero es que me han quitado hasta las palabras.
 
—Mientras no te quiten la vida —dijo Lira mientras se subía en Feraligatr, que ya se había tirado al agua y estaba impaciente por acercarse a la enorme masa de agua. Eco bufó y rodó los ojos.
 
—Mira que eres bruta. Ahora prefiero que me lleve Fearow.
 
Dicho y hecho, Eco sacó al pokémon volador y dejó que lo llevara a la salida en un santiamén. Lira sonrió cuando Feraligatr se acercó a la primera catarata y empezó a ascender, el agua salpicaba en todas las direcciones y acabó con la cara empapada. Aunque lo disfrutó, sabía que lo más divertido estaba todavía por llegar: la bajada. Los nervios se juntaron en su estómago cuando el reptil se asomó al nacimiento de la segunda catarata y Lira alzó los brazos mientras un WIIIIII escapaba de su boca al mismo tiempo que Feraligatr se dejaba caer por el agua. Mejor que un parque de atracciones. El tipo agua empezó a nadar en dirección a la salida, pero antes de que pudiera empezar su entrenadora le dio una indicación distinta.
 
—Espera. Llévame a esas escaleras que están detrás de la catarata.
 
Eso hizo. Al llegar a la orilla que llevaba a las escaleras, Lira las subió corriendo para inspeccionar la pequeña cueva que sabía que había ahí. Sin embargo, tuvo que esperar unos segundos antes de asomarse, y cuando se mentalizó y echó un vistazo sintió que el corazón se le encogía un poco. Ahí estaban, el agujero por el que Giovanni había conseguido que cayera y la radio que por el efecto de la humedad ya estaba para el arrastre. Lira entró y observó la estancia con detenimiento, esperando ver algo que le pudiera dar más información sobre el antiguo líder del Team Rocket, pero ahí no había nada ni nadie más. Decepcionada y aliviada a partes iguales, salió corriendo para volver con Feraligatr y reunirse con Eco antes de que su amigo empezara a preocuparse.
 
—¿Qué has hecho? —le preguntó él cuando volvieron a salir al exterior.
 
—Nada, quería mirar una cosa. Por cierto, ¿sabes quiénes son los BTS? —preguntó Lira para desviar el tema. Eco se encogió de hombros y negó con la cabeza.
 
—No me suenan de nada. Ya sabes que no estoy al día con las tendencias musicales.
 
Lira asintió antes de que Feraligatr se tirara al agua y ellos se subieran a su lomo para seguir por la ruta, pues tenían que seguir avanzando por un río. Pasaron cerca de puentes de madera en los que varios entrenadores disputaban combates encarnizados preparándose para hacer frente al reto de sus vidas, y fueron testigos de cómo los pokémon salvajes les complicaban las capturas a algunos adultos que pasaban por ahí. Eco y Lira se miraron emocionados, a medida que avanzaban la tensión se hacía más palpable en el ambiente y eso les llenaba de ganas de seguir hacia adelante.
 
—Oye, ¿no te parece que Kanto es distinta a Johto aunque el paisaje no ha cambiado mucho? —preguntó Eco cuando se bajaron de Feraligatr y Lira lo guardó en su Poké Ball. El tramo del río había llegado a su fin y ahora la Ruta 26 se extendía delante de ellos, llena de escaleras que conducían a un edificio que se encontraba en lo alto de esta.
 
—El verde de la hierba es diferente, las flores huelen distinto y la corriente va en otra dirección. Sí, te entiendo, hay algo mágico al cambiar de región que te hace ver las cosas de otra forma.
 
—A eso me refiero —dijo Eco admirando lo que les quedaba por delante, oliéndose la propuesta de su amiga. Giró la cabeza para mirarla a los ojos y ella le sonrió—. ¿Carrera a la cima?
 
—A la de tres.
 
—Uno.
 
—Dos.
 
Eco no dijo tres, los dos salieron disparados cual bengalas con Dratini siguiéndoles muy de cerca. El cansancio no tardó en hacer mella en el investigador, que vio impotente cómo su amiga saltaba los escalones como si nada y llegaba a lo alto mucho antes que él. Sabía de sobra que ella ganaría, no hacía falta ser un genio para darse cuenta, pero lo que él buscaba no era la victoria sino que liberara un poco de estrés antes de hacerle frente al resto del camino. Porque él sabía lo que le esperaba ahí arriba, de igual forma que sabía que había llegado el momento de despedirse. Lira le recibió con una sonrisa y un aplauso que él aceptó de muy buena gana, antes de acercarse a la puerta del edificio y leer el cartel que había sobre ella.
 
—Supongo que aquí nos despedimos.
 
—Tú ya lo sabías, ¿verdad?
 
La mirada de su amigo le respondió que sí. Lira se acercó a él y le dio un fuerte abrazo que fue correspondido al instante; solo aquellos que tenían las ocho medallas podían atravesar la Calle Victoria, por lo que Eco tendría que volver a Pueblo Primavera. Los dos amigos se quedaron así un buen rato, esperando a recuperar el aliento para poder despedirse con palabras, pero algo les hizo apartarse antes.
 
—¡Liiiraaa!
 
Un grito proveniente de las alturas hizo que Lira se separa de su amigo para ver quién la estaba llamando. Puso la mano en horizontal sobre sus ojos para que la luz del Sol no le molestara al alzar la vista e inspeccionar el cielo en busca de aquella voz. No tardó en ver de donde provenía, porque dos puntos se acercaban hacia ellos con asombrosa rapidez. Uno era marrón y tras unos segundos vio que se trataba de un pidgeot sobre el cual iba Pegaso; el otro era rojo y resultó ser el scizor de Antón sobre el cual iban él y Blanca, que era quien la había llamado.
 
—Uf, lo conseguimos —dijo Antón cuando aterrizaron a su lado. Lira y Eco los miraron sorprendidos, porque lo último que esperaban era encontrarse con los líderes ahí.
 
—¡Chicos! ¿Qué hacéis aquí? —preguntó Lira mientras su cerebro intentaba decidir si creerse la información que le transmitían sus ojos y oídos o no.
 
—¡Queríamos desearte suerte antes de tu enfrentamiento! —exclamó Blanca mientras le daba un gran abrazo. Lira sonrió y se lo devolvió, encantada de que su amiga hubiera ido a animarla en un momento tan importante para ella.
 
—¡Qué alegría! No me esperaba esto para nada.
 
—Claro. Era la idea, por eso a estas cosas se las llaman sorpresas —indicó Pegaso con una sonrisa mientras le daba un codazo a Blanca. La líder se separó al sentir la señal de su amigo y se llevó una mano al bolsillo.
 
—Cierto, cierto. No sea que nos vayamos sin darte lo más importante —dijo ella mientras sacaba un papel de sus shorts y se lo daba a Lira—. Como no podían venir todos te hemos firmado una tarjeta con mensajes personalizados. ¡Tienes nuestro apoyo!
 
En la portada de dicha tarjeta ponía Para: Lira con letras coloridas y dibujos y, abajo, un De: los líderes de gimnasio. Lira la abrió rápidamente y empezó a leer los mensajes que le habían dejado.
 
Mostrar Tarjeta
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La gente dice que cuando se está en sitios elevados no hay que mirar abajo por si te mareas. ¡Yo paso de eso! ¡Echa la vista atrás y mira todo lo que has subido, lo que has logrado gracias a tu equipo pokémon! ¡Mira cuántos escalones has subido a lo largo del año y lo cerca que estás de alcanzar la cima! No te confíes, en las alturas hace más frío y el déficit de oxígeno puede pasarte malas jugadas, pero si logras mantener los pies en la tierra todo será un poco más fácil. ¡Seguro que acabas disputando combates de vértigo! ¡No te marees y dalo todo en la pista!
 
¿Te has fijado alguna vez en las telas de los spinarak? Son complicadas, intrincadas, difíciles de entender y perfectamente elaboradas para conseguir su propósito, como las estrategias del Alto Mando. No esperes menos de sus combates, te desafiarán y te llevarán al límite de tus capacidades, ¡no lo dudes ni un momento! Pero lo que tampoco debes poner en duda es tu capacidad para superar dichas telarañas. Ya lo hiciste una vez, en mi gimnasio, ¿te acuerdas? Por entonces estabas empezando tu aventura y no sabías ni un cuarto de todo lo que sabes ahora. ¡Es lo maravilloso del saber, que no ocupa lugar! Así que utiliza lo que has aprendido y ve a por todas. ¡Estamos contigo!
 
La belleza está en todas partes. Es algo que me repetía mi padre día sí y día también y lo he podido comprobar gracias a mis pokémon. ¡No solo porque son los más monos del mundo mundial, que también! Sino porque he podido vivir un montón de aventuras maravillosas gracias a ellos que me han permitido conocer en profundidad el mundo en el que vivimos. Hay belleza en la sonrisa de la victoria, en las lágrimas de la derrota y en el puñetazo de la frustración. Para mí no hay nada más bonito que un equipo comprometido con su entrenadora, que lo da todo por ella y viceversa, por eso no me tiembla la mano al afirmar que el tuyo es el más bello que he visto en mucho tiempo. Usa eso a tu favor para deslumbrar al Alto Mando, ¡seguro que los dejas sin palabras!
 
Por mucho que nos empeñemos en buscar la luz, la oscuridad también tiene su encanto. Es gracias a ella que podemos reflexionar y hacer frente a nuestras sombras, aquellas que nos ayudan a progresar y evolucionar como personas. Ten en cuenta esto la próxima vez que te encuentres con un obstáculo difícil de superar y afróntalo como lo que es: una oportunidad para equivocarte y aprender. No sé qué te deparará el destino, no he querido preguntárselo a mi abuelo, pero estoy seguro de que saldrás ganando incluso aunque pierdas. No desesperes y sigue como lo has hecho hasta ahora.
 
¡Hola, pequeña diablilla! No se me dan muy bien las palabras, yo soy más de dar mamporros y meditar bajo cascadas, pero ya ves, ¡aquí estoy intentando darte ánimos! Si me pidieras un consejo te diría que visualices a tu equipo ganando y te creas que ya has conseguido el título de Campeona. ¿Qué? ¿Crees que eso no sirve de nada? Ay, pequeña, si conocieras la fuerza del inconsciente… Pero eso es algo que ya descubrirás por tu cuenta. Por el momento no tengas miedo de entregarte al máximo y hacerte unas cuantas heridas, ¡es la mejor forma de aprender! ¡Demuestra quién manda y destrózalos! Por cierto, mi mujer te envía recuerdos.
 
¿Sabes cuál es el material más duro del mundo? La respuesta que siempre se da a esta pregunta es el diamante, a veces el acero, e incluso la seda de spinarak. Para mí hay algo más fuerte que todos estos materiales y es la voluntad de un entrenador que está dispuesto a ir hasta el fin del mundo con y por su equipo. Tú tienes esa férrea voluntad, por eso no me cabe la menor duda de que sabrás encajar los golpes del Alto Mando. No será fácil, pero derrotar al Team Rocket tampoco lo fue, ¿cierto? ¡Muéstrales el poder que llevas dentro y no te conformes con la victoria!

 
—Fredo y Débora no han querido firmar —señaló Antón antes de que Lira pudiera darse cuenta de eso— pero ya los conoces. Te desean suerte a su manera.
 
—No importa —contestó Lira mientras intentaba contener las lágrimas. Guardó la tarjeta con cuidado en su bolso y miró a los líderes con una gran sonrisa—. Es un detalle precioso. Muchas gracias.
 
—Te diría que nos dieras las gracias derrotando al Campeón pero ¡argh! ¡No sé quién quiero que gane esta vez! ¡Es como elegir entre mamá y papá! —exclamó Blanca, lo que hizo que los ojos de Lira se abrieran al instante.
 
—¡Cierto! ¡Vosotros conocéis al Campeón! ¿Cómo es? ¿Podéis darme algún consejo?
 
—Venga, Lira. Si has estado toda tu aventura sin saber quién es ¿qué gracia tendría que te diéramos una pista al final? —preguntó Pegaso mientras los otros dos líderes asentían y Lira tuvo que darle la razón, si había estado toda su vida sin saber quien era el entrenador más fuerte de su región no le mataría esperar un poco. Aunque la verdad es que sí lo hacía. Quiso presionar un poco más, pero antes de que tuviera la oportunidad el teléfono de Pegaso sonó. Él lo cogió y lo colgó al instante, lo que le extrañó a Lira, aunque empezó a entenderlo al ver la mirada que le estaba empezando a dedicar Blanca. Era una que conocía muy bien.
 
—¿Es Sachiko?
 
Porque era la misma que le dedicó cuando hablaron sobre Lance en Ciudad Trigal.
 
—No, no lo es —dijo verbalmente, aunque su lenguaje corporal le contradecía por completo. Ni su enorme flequillo fue capaz de ocultar el rubor que crecía conforme Blanca le presionaba, lo que resultó ser su perdición.
 
—Uy, has aprovechado que nos acercábamos a Kanto para quedar con ella. Qué pillo, déjame que le diga una cosa.
 
—No, te he dicho que no es ella. ¡Blanca!
 
Mientras uno trataba de huir con su móvil y la otra intentaba perseguirlo, Antón se acercó sutilmente a Eco, que se había mantenido al margen de la conversación para esperar a que los líderes se fueran y despedir a su amiga como se merecía. El especialista en tipo bicho le dedicó una amable sonrisa y se quedó a unos centímetros de él.
 
—Oye, tú no serás por un casual el ayudante de Elm, ¿verdad?
 
—¿Hmm? Quién, ¿yo? —preguntó señalándose a sí mismo. Antón asintió y Eco vaciló un poco— Eh. sí, sí lo soy.
 
Los ojos de Antón brillaron al oír su respuesta y Eco le miró confundido. ¿Por qué le estaba hablando, qué podía querer de él?
 
—Verás, Carol me ha estado hablando mucho y muy bien de ti. Dice que eres un investigador excepcional y resulta que hace tiempo que quiero llevar a cabo una macroinvestigación en el Encinar para la cual me hace falta un par de cocos pensantes. Como llevas tiempo bajo la tutela de Elm estoy seguro de que me podrás ser de mucha ayuda así que, qué me dices, ¿te gustaría unirte a mi proyecto?
 
—E-espera —tartamudeó Eco mientras daba un paso hacia atrás y movía las manos en el aire—. Yo no soy un entrenador, no creo que pueda-
 
—Si quisiera la ayuda de un entrenador se la pediría a Lira, pero lo que necesito es otro investigador tan apasionado como Carol y yo —insistió Antón mientras volvía a acercarse a Eco—. He oído maravillas de ti, si dices que sí podemos ponernos a ello esta misma tarde.
 
Esta misma tarde. Eco miró a Lira, porque él se había quedado sin aliento ni palabras, como en las cataratas Tohjo, y le sabía un poco mal abandonarla así de repente. Ella le sonrió, intuyendo lo que estaba pensando, y asintió. De todas formas no podía seguir acompañándola, ¿qué más daba si se iba ya con Antón? Eco asintió y miró al especialista en tipo bicho con los ojos llenos de determinación y alegría.
 
—Será todo un honor ayudar a un líder de gimnasio, más si eso ayuda al progreso de la ciencia.
 
—¡Genial! ¡Esa es la respuesta que estaba esperando!
 
Los dos jóvenes chocaron los cinco y Lira no escondió su sonrisa al ver aquello. Le divertía no saber quién de los dos estaba más emocionado por haber conseguido la aprobación del otro. Por suerte lograron llegar a un acuerdo antes de que Pegaso volviera a reunirse con ellos después de que Blanca le prometiera que no le intentaría quitar el móvil para ver su registro de llamadas.
 
—Venga, vámonos ya —pidió apurado, porque no se fiaba ni un pelo de la palabra de su amiga. Antón se acercó a Scizor y le dedicó una sonrisa brillante al especialista en tipo volador.
 
—Vale, pero yo me llevo a Eco, así que ahora tienes que llevarte a Blanca de vuelta.
 
La mirada de Pegaso dijo más de lo que podría haber expresado con las palabras. Sus hombros y su mirada se hundieron, la flecha de la traición hirió su corazón de gravedad, y Blanca no disimuló su sonrisa mientras se sentaba detrás de él.
 
—Venga, que si salimos ahora te da tiempo a volver antes del mediodía.
 
—Hazme un favor y mantén el pico cerrado durante todo el trayecto.
 
Con los tres líderes subidos en sus respectivos pokémon, solo faltaba que Eco se despidiera de Lira para que se fueran de ahí. El investigador le dio un último abrazo y procuró apretujarla con todas sus fuerzas antes de soltarla, con la intención de pasarle toda la buena energía posible.
 
—Tú sabes mejor que yo cómo afrontar esto así que no tengo mucho que decirte, solo que estoy muy orgulloso de lo que has conseguido y lo seguiré estando ganes o pierdas, aunque sepa de sobra que vas a ganar. Ve a por todas, da todo lo que tienes y recuerda, cabeza fría.
 
—Sí, cabeza fría —repitió Lira mientras se separaban. Eco le dedicó una última sonrisa y le revolvió el cabello antes de subirse en Scizor, momento en el que los dos pokémon alzaron el vuelo y comenzaron a alejarse. Lira les dijo adiós con la mano y los cuatro jóvenes hicieron lo mismo desde las alturas, hasta que se perdieron entre las nubes y ya no los vio más. Fue entonces cuando se dio la vuelta y se encaró al edificio que tenía delante.
 
No se había dado cuenta hasta que se había quedado sola, pero estaba muy nerviosa.
 
La ausencia de la compañía de Eco permitió que los nervios afloraran y reclamaran ese territorio como suyo, aunque Lira no se dejó vencer. Agarró con fuerza su bolso y entró en la recepción con la cabeza alta, preparada para hacer frente a lo que había ahí, que no era mucho. Un par de guardas cuyos ojos desprendieron chispas al verla entrar, fue lo que necesitó para entender que por ahí no pasaba mucha gente y estaban deseando que apareciera alguien para entretenerse un poco.
 
—Venga por aquí, por favor.
 
El que estaba más cerca de ella y se encontraba detrás de un mostrador le indicó que se acercara y Lira le hizo caso. Se trataba de un hombre mayor, muy mayor, no le quedaría mucho para jubilarse. Le pidió que le enseñara las ocho medallas y ella le dio el estuche con cuidado, el cual revisó con suma atención, como si fuera un banquero contando el dinero que quedaba en la caja fuerte. Mientras comprobaba que todo estaba en orden Lira reparó en la placa donde llevaba su nombre, en la que ponía Stevenson. El hombre alzó la mirada con una amplia sonrisa tras unos segundos y le devolvió el estuche cerrado.
 
—Todo en orden, puede pasar.
 
—Gracias.
 
Lira cogió el estuche y volvió a guardarlo a buen recaudo, después de lo que le había costado conseguirlas no le gustaría perderlas por nada del mundo. Miró a Dratini, quien estaba ansiosa por avanzar, y Lira siguió adelante junto a ella con una sonrisa. Sin embargo, antes de llegar al final del pasillo, pasó por el lado de una joven de pelo morado que llevaba una ropa bastante extraña. Parecía disfrazada de ninja, con ese traje negro y una bufanda fucsia que le cubría la mitad de la cara. Ella se dio la vuelta y miró a Lira durante unos segundos, aunque no pareció prestarle mucha atención porque estaba hablando por teléfono con alguien mientras jugueteaba con una bolsa en la que llevaba su almuerzo. Lira no reparó mucho más en ella y continuó caminando hasta que al fin entró en la Calle Victoria. ¡Estaba deseando ver qué se encontraba ahí!
 

 

 

 
Aunque, teniendo en cuenta que esta estaba sumida en una gran oscuridad, tal vez ver no era el verbo más adecuado para esa situación.
 
—No fastidies. Menos mal que llevo a Ampharos —susurró mientras la sacaba de su Poké Ball. Enseguida, la tipo eléctrico hizo uso de su cola para iluminar unos pocos metros a la redonda, lo que le permitió a Lira ver que de momento se trataba de una cueva normal, con su pared de roca y suelo de tierra. Eso ya estaba mucho mejor—. Gracias, preciosa. ¡Sigamos!
 
Sus dos pokémon se juntaron a ella mientras avanzaban por los caminos laberínticos. Las dos miraban frenéticamente de un lado a otro con el cuerpo tenso y Lira entendió, mientras los nervios volvían a intentar dominarla, que había una buena razón para no dejar pasar a los entrenadores que no tuvieran ocho medallas. Su equipo no había tardado en notar que aquel se trataba de un lugar peligroso, lleno de pokémon de gran nivel, por eso no se atrevían a separarse de ella ni un milímetro. Algo que les agradecía, más cuando una roca salió de la nada y estuvo a punto de llevársela por delante si no hubiera sido por los rápidos reflejos de Dratini.
 
—¡Gra!
 
—¡Dra!
 
La dragona se lanzó para combatir aquella extraña amenaza en la oscuridad, ya que quiso llevarse al graveler salvaje lo más lejos posible de Lira, y Ampharos no pudo acercarse a ayudarla porque no quería abandonar a su entrenadora. Durante unos segundos lo único que oyeron las dos fueron los gritos de los dos pokémon, luego hubo un destello de luz azul, luego un grito extraño y silencio. Lira miró a Ampharos, quien entendió su súplica al instante y accedió no muy convencida a acercarla al lugar del combate. Las dos caminaron hasta que se toparon con la piel de Dratini, que dejaba atrás de vez en cuando por su habilidad mudar. Lira intentó no alarmarse mientras se agachaba para inspeccionar la piel, la cual no tenía ningún rastro de sangre.
 
—¡Aaaair!
 
Ampharos dirigió la luz hacia arriba, que es de donde provino el grito extraño del final del combate, y alumbró a una enorme dragona de cuatro metros de longitud que estaba volando encima de ellas gracias a la extensión de las alas blancas que tenía a la altura de las orejas. De su frente salía un pequeño cuerno y, además, llevaba una esfera en el cuello y otras dos en la cola. Decir que era la viva imagen de la elegancia es quedarse corto. Lira sacó su Pokédex rápidamente cuando salió de su asombro y la enfocó a ella. 
 
Dragonair.
 
Descripción: la evolución de dratini. Sus cristalinos orbes parecen darle al Pokémon el poder de controlar el clima libremente.
 
—¡Mírate! ¡Ya has evolucionado! ¡Estás preciosa y radiante de energía!
 
Dragonair aterrizó y envolvió a su entrenadora con su cuerpo después de que guardara la Pokédex. Ampharos bajó su cola, aliviada, y la dirigió a su izquierda para buscar al graveler salvaje, al cual vio debilitado a escasos metros de ellas. Dejó de hacerle caso en cuanto su entrenadora reanudó la marcha, porque había otros pokémon en activo que merecían toda su atención.
 
—¿Lira?
 
Y seres que no eran pokémon también, como el humano que llamó a su entrenadora. Ampharos dirigió la luz al chico que habló, el cual se cubrió los ojos para no quedarse ciego, aunque pasados unos segundos se acostumbró y bajó los brazos. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro al comprobar que era ella, al mismo tiempo que sus hombros se relajaban y su expresión se suavizaba.
 
—Anda, mira. Sí eres tú.
 
—¡Silver!
 
Al reconocer a su amigo, Lira fue corriendo a su encuentro con los brazos extendidos, ¡hacía tanto que no se veían que se moría por abrazarlo! Sin embargo, antes de acercarse demasiado, se lo pensó dos veces y encogió los brazos, limitándose a plantarse delante de él con una sonrisa. No tenía muy claro que le gustara el contacto físico y no quería molestarlo.
 
—¿Qué tal? ¿Cómo has estado? Hace mucho que no nos vemos, desde Ciudad Trigal.
 
—Sí, he estado un poco ocupado haciendo turismo por la región con Carol y entrenando —dijo sacudiendo su cabeza hacia la derecha para señalar a Meganium, que emitió un sonido alegre al ver a Lira. Magneton, que levitaba encima de ellos, era el encargado de alumbrarles la cueva—. Los pokémon que hay aquí son muy, muy fuertes. No me extraña que no me haya encontrado con ningún entrenador hasta ahora.
 
—Ya lo creo que lo son. ¡Casi me arrolla un graveler!
 
—A mí uno me ha lanzado una roca a la cabeza que si no la llega a pulverizar Meganium me habría mandado directo al hospital —dijo mientras empezó a caminar. Lira se puso a su lado y le siguió—. Si estás aquí intuyo que vas a retar al Alto Mando.
 
—Sí. ¿Tú también?
 
—No, todavía no he conseguido la octava medalla.
 
Lira se detuvo al oír aquello, pero Silver no, así que solo pudo detenerse durante unos segundos antes de echar a correr porque empezaba a perderlo de vista.
 
—Espera, espera, espera. ¿No tienes la octava medalla? ¿Y cómo has conseguido pasar la seguridad?
 
—No es muy difícil cuando los guardias tienen un pie en la tumba.
 
—Mira que eres bruto —dijo negando con la cabeza, dándose cuenta al instante de que había sonado justo como Eco. No sabía si aquello le parecía divertido o preocupante, así que decidió seguir hablando—. Pero si no tienes las ocho medallas no podrás enfrentarte al Alto Mando, imagino que allí tendrán mejor seguridad que aquí, pero eso tú ya lo sabes. ¿Por qué has venido si no vas a poder retarlos?
 
Esa vez fue Silver quien se detuvo y Lira se mordió el labio inferior al ver su reacción. ¿Había dicho algo que no debía? El entrenador se quedó en silencio durante unos segundos y Lira vio en su mirada que estaba debatiendo algo en su mente, por lo que se apresuró a retirar su pregunta.
 
—Si no me lo quieres contar-
 
—No, no. Está bien —dijo mientras retomaba la marcha. Parecía que había tomado una decisión y esa decisión era contarle lo que pensaba—. ¿Sabes cuál era mi razón para convertirme en el entrenador más fuerte del mundo?
 
—Llamar la atención de algún legendario, o eso me dijiste.
 
—Exacto. Quería llamar la atención de un legendario, pero no para presumir ni esas chorradas, lo quería para que me prestara su ayuda y salvar a Carol —Los ojos de Lira se abrieron al escuchar su respuesta. Ya intuía por dónde estaba yendo—. Así que ahora que Carol está sana y salva con nosotros, ¿qué motivo tengo para seguir fortaleciendóme? ¿Por qué quiero ser fuerte? ¿Qué es ser fuerte? —Silver miró a su Meganium, que iba delante junto a Magneton velando por su seguridad, y luego miró a Lira— Quiero encontrar la respuesta a esas preguntas y creo que la mejor forma de hacerlo es seguir combatiendo con mi equipo, pero a mi rollo. No me apetece mucho enfrentarme a Débora y tampoco me llama la atención alzarme con el título de Campeón, no de momento al menos, tengo que aclarar algunas cosas antes. ¿Y qué hay de ti? ¿Por qué quieres ser la entrenadora más fuerte de la región?
 
—¿Yo? Pues… —Era una buena pregunta, una buena pregunta a la que nunca le había dado muchas vueltas. ¿Cuál era su motivación para hacer lo que hacía? ¿Para querer llegar tan lejos?— No sé, el profesor Elm me dio mi inicial para ayudarle con una investigación y a partir de ahí emprendí mi viaje. Tenía ganas de explorar mi región, de ver a todo tipo de pokémon y conocer a gente nueva, siempre veía lo mismo en Pueblo Primavera así que empecé el desafío de los gimnasios porque parecía divertido y luego comprobé que era divertido. Si lo he seguido hasta el final es porque quería demostrarme hasta dónde podía llegar y darle las gracias a mi equipo por todo lo que han hecho por mí, creo que esta es la mejor forma de devolverles lo que me han dado.
 
—Suena bien, es una razón muy- —Silver no acabó la frase. Agarró el brazo de Lira y se la acercó a él mientras le gritaba una orden a Meganium—. ¡Hoja afilada!
 
Su pokémon lanzó una ráfaga de hojas afiladas al frente mientras Dragonair atacaba un golbat en las alturas. Magneton y Ampharos se acercaron a sus entrenadores y no se separaron de ellos hasta que Dragonair y Meganium volvieron victoriosos de sus enfrentamientos. Silver suspiró y soltó el brazo de Lira mientras volvía a caminar.
 
—No puedes distraerte ni un segundo. Los pokémon de aquí son de otro mundo, no había visto nada igual, no sé si es porque estamos en la Calle Victoria o es que los de Kanto están locos.
 
—Sí, tenemos que ir con todos los sentidos en alerta —coincidió mientras se acordaba del hombre que la asustó al llegar a Kanto. No quería pensar mal, pero todo apuntaba a que los de esa región, en efecto, estaban locos—. Por cierto, ¿tú sabes quiénes son los BTS?
 
—Ah, veo que también te has cruzado con el tarado ese al llegar aquí. Lo que te diga, no están bien de la azotea —Lira rio al ver la mueca de desprecio que apareció en el rostro de Silver y él negó con la cabeza—. Sí, sé quiénes son los BTS, los TXT, las BLACKPINK, las aespa… Son grupos de K-pop, a Carol le gustan mucho, y cuando digo que le gustan me refiero a que lo suyo con ellos roza la obsesión. Si tienes curiosidad por alguno pregúntale, aunque te advierto, se podría pasar semanas hablando de este tema.
 
—Oh, K-pop… —susurró Lira. Sabía algo de eso, recordaba vagamente algunas conversaciones que había oído de pasada en su aventura. Que si sus bailes creaban tendencia, que si los videoclips parecían películas, que si los grupos podían llegar a tener la friolera de quince miembros, que si era una moda pasajera y era cuestión de que cayera como todo cae… Silver se encogió de hombros.
 
—No es mi estilo, pero hay algunos grupos que me gustan. ATEEZ y Stray Kids están bien. BIGBANG tiene lo suyo, también.
 
—Para no ser tu estilo ya me has nombrado a tres.
 
Como respuesta Lira obtuvo un ligero puñetazo en el brazo que le sacó una risa e hizo que una sonrisa se quedara en su rostro durante un buen rato. Después de la liberación de Carol, Silver parecía mucho más relajado, contento y cercano. Era imposible no estar de buen humor al verlo tan bien.
 
Los dos entrenadores siguieron andando por la cueva haciendo frente a los pokémon que se cruzaban en su camino y hablando de lo que habían estado haciendo durante las últimas semanas. Silver se sorprendió al ver que Dragonair ya había evolucionado y no paraba de echarle miradas de vez en cuando, hasta que Lira le dijo que podía acariciarla si quería, y eso hizo sin que se lo volviera a repetir. Por su parte, Lira se enteró de que él y Carol visitaron los lugares más emblemáticos de Johto juntos y disfrutaron del baile de las chicas kimono en el Teatro de Danza entre otros espectáculos. El tiempo se le estaba pasando volando a la entrenadora, por eso cuando llegaron a una abertura en la pared que parecía llevar al exterior Lira se detuvo y miró a Silver, confundida. Aunque tenía la sensación de que iban rápido no podían haber llegado a su destino tan pronto, ¿verdad?
 
—¿Es la salida?
 
—Sí.
 
—¡Qué dices! ¿¡Ya hemos atravesado la cueva!?
 
—Sí. Llevo unos días aquí, me conozco la cueva como la palma de mi mano, supuse que querrías salir lo antes posible así que te he llevado directo a ella. De nada por guiarte.
 
Lira se quedó anonadada. Le estaba tomando el pelo, no podía haber otra explicación. Ella se asomó un poco para echarle un vistazo a lo que le esperaba y Silver sonrió mientras se cruzaba de brazos.
 
—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?
 
—¿Yo? ¿Miedo? —Lira le miró enderezando su postura y Silver negó con la cabeza. Se acercó a la salida y echó un vistazo, admirando el gran edificio que podía verse al final.
 
—No te culpo, la verdad es que impone bastante, pero tampoco esperaba menos de la Liga —dijo mientras volvía a mirar a Lira. Le bastó eso para entender que él no saldría de ahí—. Yo me quedaré por aquí, no quiero que algún SuperSetentón me vea fuera y me saque por no tener todas las medallas.
 
—Está bien, pero ten mucho cuidado, y gracias por guiarme. Si no fuera por ti seguro que habría tardado días en llegar.
 
Lira empezó a caminar hacia la salida, pero se detuvo cuando sintió que Silver le dio un puñetazo en el hombro. Fue uno suave, casi imperceptible, uno que buscaba atención más que pelea. Lira se dio la vuelta y vio que lo que le quería decir su amigo era una sonrisa.
 
—Suerte.
 
Y, con eso, el entrenador volvió a adentrarse en la Calle Victoria. Lira le dedicó otra sonrisa, aunque él no la vio porque ya le había dado la espalda, y por fin salió definitivamente de aquella cueva.
 
Campos de flores. Estatuas con forma de Poké Balls. Escaleras que conducían a un gran edificio que brillaba en mitad de la oscura noche. Lira las subió corriendo junto a Ampharos y Dragonair, intentando no pensar mucho en lo que estaba a punto de hacer, porque esa vez sí corría el riesgo de acabar paralizada por los nervios. Sin embargo, antes de entrar en el edificio, un cartel que había al lado de la puerta llamó su atención, y se vio en la obligación de leerlo antes de dar otro paso.
 
Meseta Añil. ¡Objetivo final de los Entrenadores y Cuartel General de la Liga Pokémon!
 
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
 
Lira se cubrió la boca para ahogar su grito, aunque lo hizo un poco tarde. Sus piernas la impulsaron a saltar y sus manos agarraron el resto de sus Poké Balls para lanzarlas al aire y sacar a todo su equipo. Este se materializó delante de ella y se contagió al instante del entusiasmo de su entrenadora.
 
—Muy bien, chicos y chicas. Mirad hasta dónde hemos llegado —dijo señalando la entrada de la Liga con mucho orgullo. Los ojos de sus pokémon empezaron a brillar y Lira sintió que su sonrisa creció hasta que la comisura de sus labios acarició sus orejas. ¡No sabía cuánto podía llegar a doler sonreír, y aun así no quería dejar de hacerlo!—. No hace falta que lo diga, pero si hemos llegado hasta aquí ha sido gracias al esfuerzo que hemos hecho. Todo lo que hemos vivido nos ha llevado a este momento y a este lugar. ¿No estáis contentos? ¡Porque yo estoy a punto de explotar!
 
Un rugido colectivo le dio a entender que el sentimiento era mutuo. Si había alguien durmiendo en la Liga era cuestión de tiempo que saliera a quejarse del griterío, pero para la suerte de Lira ese no parecía ser el caso.
 
—Así me gusta. No tengo ni idea de lo que nos espera ahí dentro, pero tampoco teníamos ni idea de lo que nos esperaba en los gimnasios y aun así logramos ganar en los ocho. Lo que tengo claro es que vamos a darlo todo como lo hemos hecho hasta ahora, porque es ahora más que nunca cuando hay que dejarse la piel en el campo de combate. El Alto Mando no nos va a poner las cosas fáciles y ¡nosotros a ellos tampoco! ¡No sabemos hacerlo de otra forma! ¿¡Estamos listos para afrontar la recta final!?
 
Otro rugido colectivo le indicó que su equipo estaba más que preparado. Lira no se había sentido tan unida a sus pokémon como hasta ese entonces, por eso no pudo evitar hacer un abrazo grupal antes de entrar. Feraligatr, Ampharos, Togekiss, Ninetales, Espeon y Dragonair estaban listos para enfrentarse a los cinco entrenadores más fuertes de la región y ella no tenía pensado defraudarles. Sencillamente no podía, después de lo que se habían esforzado para llegar hasta ahí la derrota ya no era una opción.
 
Cuando acabaron las muestras de afecto Lira enderezó su postura e inspiró hondo. Se ajustó la capa que llevaba en los hombros y sonrió mientras soltaba el aire que había respirado. Ahora sí, había llegado el momento de la verdad, y estaba dispuesta a dar el doscientos por cien con tal de devolverle a su equipo lo que merecía.
 
—¡Venga! ¡Entremos juntos!
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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Al final ayer tuve un montonazo de trabajo, pero por suerte hacia la noche me liberé un poco y pude leerlo más o menos de corrido. Cuando terminé ya estaba a nada de irme, así que el comentario tuvo que esperar unas horas más.

En este capítulo atravesé distintos estados de ánimo a medida que lo iba leyendo, y es definitivamente el más desenfadado y "Es mi fic y me lo cojo como quiero" que escribiste en toda la historia. Desde la parte emocional, hasta los detalles de conexiones familiares y la cotidianeidad que te gusta retratar, los toques de comedia inocente y los diversos empujones que le van dando todos los personajes importantes de la historia a Lira mientras atraviesa ese "Path to Glory", dejando la sensación hacia el final del capítulo de que la prota ya alcanzó la gloria con toda esa gente que conoció y que la ayudó tanto como ella pudo ayudarlos en los momentos críticos de la trama. Creo que es acá cuando realiza completamente el aprecio que se ha ganado desde sus pares como Eco, Silver y Carol hasta las mayores figuras de la Liga, y se termina de cerrar un círculo para llevarla de vuelta hasta Primavera y encontrarse con el mejor personaje de todo el fic... ¡La señora Manecillas! Estoy con Leire acá: el nombre es perfecto y adorable.

Pero vamos al principio del capítulo, porque acá te lucís con ese prólogo donde se le rinde tributo a los legendarios que ayudaron durante el quilombo en Trigal (y en toda la región, bah). El tono de solemnidad, el silencio respetuoso por parte de todo el mundo, la absoluta seriedad con la que Morty lleva adelante la ceremonia... La verdad es que ni siquiera la aparición del otro mejor personaje del fic (el Seel que sustituye y representa diplomáticamente a Fredo) puede hacer que me deje de tomar en serio una escena como ésta, que abre muy bien un capítulo que terminará viajando por toda la región hasta la mismísima KANTOOOOOOOOOOO.

Luego vamos a la nueva vida de Carol y los momentos que esta vez sí me sacaron de la narración insertando esos descaradísimos enlaces directos a videos de youtube con kpop bombástico y ultra comercial. Por un lado me parece espantoso que en una región japonesa como Johto rindan culto a música de una nación rival (?), pero unos párrafos más adelante nos regalás ese momentazo de la chica quebrándose y sincerándose ante Celebi por sentir que está viviendo una vida que no le pertenece, que no le corresponde o que simplemente ella no puede terminar de asimilar por la libertad con la que cuenta ahora, y por lo rodeada que está de una auténtica familia que la acepte y la trate como a una chica normal de su edad, como una hermanita mayor y como una nieta. Celebi (y en menor medida, el tercer mejor personaje del fic que es el Slowpoke con la cola cortada y que retomás de forma magistral acá) son lo único que la conectan directamente con la parte más oscura de su pasado, y casi que ella necesita recordarse todavía por todo lo que ha pasado. Es un enfoque agridulce y que revaloriza mucho los momentos más desenfadados al principio como sus interacciones súper cute con la hermanita y su baile de kpop en la ducha, porque son expresiones de liberación que necesitaba el personaje, y también parecen ser decisiones liberadoras para vos misma como autora.

Tenemos un breve vistazo al entrenamiento de Lira con Débora y la participación de las gemelas más locas del mundo a punto de revelar lo que la fucking protagonista ya debería MÍNIMO intuir a estas alturas (creo que hinteaste por ahí que por un momento se plantea la posibilidad de Lance, pero de forma muy vaga y poco clara). Pero como acá la preparación tiene que ser más espiritual y emocional que táctica, porque Lira ya mejoró bastante en ese apartado como entrenadora, vamos rápidamente a Primavera y luego a Kanto para, ahora sí, llegar a los momentos más emotivos tanto con Eco (qué tipazo es este chico, cualquiera querría un amigo así de férreo) como especialmente en ese adorable detalle de las cartas a mano de los diferentes líderes que le dan ánimos a Lira. Que te hayas tomado la molestia de escribir carta por carta, con su respectivo color, con su respectiva FIRMA, es fantástico. Literalmente son cartas de amor hacia tus personajes y tu propia historia, y se nota todo el sentimiento que pusiste ahí, además de parecerme comiquísimo cómo cada líder tira frases recontra alusivas al tipo en el que se especializan, pero de manera muy orgánica y que se lee como algo que realmente habrían dicho todos estos personajes. Una pena que Fredo y Débora sean unos fucking ortivas fríos como un témpano, pero igual como se dice por ahí, ellos ya le transmitieron todo el respeto y la confianza que Lira necesitaba para saber que estaba a la altura del desafío que le espera contra la Elite.

¡Ah! Pero no te vas a salvar de que diga lo MUCHO que detesté al fan de kpop que se aparece para darles la bienvenida a Kanto, que lo recuerdo bien de los juegos porque los jugué hace menos de un mes, pero... ¡DALE! ¿Ese también tenía que ser fan del kpop? ¿¿¿¿Y SILVER??? AAAAAAAAAAGH PARECE UN FIC EVANGELISTA TRATANDO DE LAVARNOS EL CEREBRO, CORTALA. Asdf ok, te lo recontra compré con Carol porque era un momento súper ganado por ella, y tengo que reconocer que a punto de terminar tu historia y, luego de la rigidez con la que lo abordarte en un principio a la libertad que fuiste adquiriendo para llevarlo por caminos más altos que como mera adaptación paso por paso de los remakes, también te ganaste ese derecho a "cojerte como querés" a tu fic y llenarlo de todas las referencias y fangirleos a las capas (porque también hay un momento capa, of course) y a los coreanos. Pero ya ver a Silver en una transición a volverse fan de BTS... Es como mucho, ¿no? Tal vez no, tal vez esté súper en personaje algo así, y sea otra forma de conectarse con Carol y de mostrar su lado más tibio y más blando como ser humano. En ese sentido me parece un detalle cute, pero no deja de parecerme un emo que prefiere mil veces escuchar Linkin Park y Slipknot antes que Dynamite. (?)

Dratini finalmente evoluciona a Dragonair, y ya me huelo una evolución final toda épica y a esta altura casi necesaria a Dragonite contra el propio domadragones. PEEEERO tampoco me desagradaría que Lira se pase la Liga (Lira Liga Leire SEÑORA MANECILLAS, ¿ven? esa bola de plumas vino a romper esquemas en este fic, por eso es el mejor personaje) con Dragonair sin evolucionar porque, vamos, es una circunstancia súper común en los juegos el llegar a esa instancia sin arañar los niveles altísimos a los que estos pseudo legendarios evolucionan (ni hablar de pasárselas con Haunter o Kadabra por no tener amiwiish con quién intercambiarlos ;__;). Así que Dragonair, Pupitar y todos estos bichitos entrañables son recontra válidos para plantarle cara al mismísimo campeón.

En definitiva es un último paso recontra necesario y merecido tanto para Lira como para vos, Saku, de cara al gran final de una historia con la que crecieron un montón y atravesaron cambios bastante duros en el proceso. Una aventura final y un desfiladero lleno de manos extendiéndose para darles ánimo y llenarlas de valor para el último desafío, que es el de cerrar el viaje de todos estos personajes. Este capítulo ya cerró muchísimos arcos y lo hizo de forma plenamente satisfactoria, situando a personajes que habían empezado en lugares muy oscuros como Carol y Silver en una especie de paz y liberación que necesitaban y con los que a partir de ahora tendrán que aprender a lidiar y a aceptar. A Silver se lo ve un poco perdido al tener que elegir qué quiere hacer con su vida ahora que ya no es una obligación para él el volverse más fuerte, pero es una especie de perdición sana y lógica para cualquier adolescente que tiene que tomar un nuevo camino en su vida. Sus pokémon siguen a su lado y lo respetan y quieren, y además ganó valiosos amigos durante el tortuoso camino que le tocó recorrer, así que también tiene un montón de lo que aferrarse para ser feliz y seguir su propio viaje con la fuerza necesaria.

Parece que quedan cuatro capítulos de Alma y tengo curiosidad por ver cómo vas a distribuir los combates finales. Tengo mucha intriga por el cierre que vas a darle a la historia, pero podés estar tranquila de que ya aprovechaste muy bien los últimos dos capítulos para cerrar muchísimos arcos y darles una conclusión a la altura a prácticamente todos los personajes. Lo que ocurre de ahora en más será pura diversión y entretenimiento deportivo, digamos, y estoy seguro de que vas a seguir sorprendiendo.
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Y tenemos otro episodio más de "Aventuras en Sakulandia" (?)

El inicio ha sido precioso, uno de mis momentos preferidos del episodio y que demuestra que puedes ser solemne cuando te lo propones (?) Luego ha venido lo de Carol... ha sido... curioso, natural, pero muy curioso. El estrés post-traumático es una ocurrencia usual en estos casos y has tenido muy buen tino para retratarlo en este fragmento, sobre todo en la conversación con Celebi (also, Vicky es adorable), así como el nuevo rumbo que ha decidido tomar. El entrenamiento con Débora ha sido toda una sorpresa al principio, pero considerando el camino que han tenido estas dos, es normal que sea ella quien más quiere que Lira esté preparada para lo que se avecina. El camino hacia Kanto junto a Eco, el bonito gesto de los Líderes hacia la protaginista, la conversación con Silver dentro de la Calle Victoria (después de la evolución de cierta dragona) y el último abrazo grupal de Lira con su equipo antes de lanzarse a su mayor desafío. Muchas cosas, una montaña rusa de emociones, que si bien no tan intensas como la del episodio anterior, son importantes porque nos muestran el significativo cambio en el status quo de la historia, que sienta que estamos en la recta final y nos aboquemos completamente en el reto que le queda a Lira por delante. Porque no va a ser nada sencillo, ¿pero qué de su viaje post-Fredo lo ha sido? Ahora toca verla poner de nuevo todo de sí para salir adelante, por su propia mano y el poder de SU equipo o.o

No tengo mucho que decir a nivel técnico a riesgo de hacerme reiterativo, pero lo disfruté, mucho, sobre todo por tener los santos ovarios de poner lo que te gusta sin miedo, como tiene que ser. Kudos, Sakura, por tu valor owo

Mostrar La selección de citas del Sr. Stevenson (?)
(07 Jan 2022
11:26 PM)
Sakura escribió:
Fredo no había podido acudir porque todavía estaba en el hospital, pero envió un seel en su representación que no se separaba de la líder de tipo dragón, quien le daba alguna caricia discreta cuando pensaba que nadie miraba.
Jaja, qué cuca xD
 
Cita:El baile no se extendió mucho, y cuando acabó no hubo aplausos, ni silbidos, ni gritos de euforia. Al llegar a su fin la ciudad quedó sumida en el silencio de nuevo, para que cada habitante pudiera dedicar su propia oración a los legendarios. Ese silencio transmitía un mensaje mayor que cualquier palabra podía aspirar a alcanzar, demostraba que todos los habitantes se habían puesto de acuerdo para decir lo mismo. Aunque de puertas para dentro el discurso cambiaba, de puertas para fuera estaba claro cuál era el mensaje general: gracias. Gracias por cuidar de nosotros, gracias por cuidar nuestros hogares, gracias por colaborar junto a nosotros para mantener la paz y acudir en nuestro auxilio.
 
Gracias por ser los salvadores que permiten que sigamos con nuestras vidas como si nada hubiera pasado.
Soberbio final de la introducción, menudo texto más emotivo
 
Cita:
Capítulo 49: Path to Glory
*Y tras una justificada demanda judicial, AJ tuvo la vida solucionada* [?]
 
Cita:—Nada que no te haya contado —respondió Carol con un suspiro—. Aceptaron trabajar en una investigación importante poco después de que Victoria naciera y no han dado señales de vida desde entonces. El abuelo ha intentado ponerse en contacto con ellos un montón de veces con la ayuda de Antón, pero no hay forma, es como si hubieran desaparecido. Tragados por la tierra sin dejar el más mínimo rastro.
Oh, ¿un posible sequel hook? owo
 
Cita:Los dos jóvenes se quedaron hablando durante un rato más sobre las aventuras que les esperaba al duo de Pueblo Primavera. El tiempo corría a su favor y ya era cuestión de horas que Lira llegara al destino que marcaría el final de su viaje.
dúo
 
Cita:—¡No! ¡Por supuesto que no! —exclamó Lira mientras hacía un saludo militar. Dratini la imitó poniéndose a su lado y llevándose el final de su cola a su frente— Muchas gracias, Débora. Me has ayudado un montón estos días.
Jajaja, me encanta su dragoncita xD
 
Cita:Porque, sí, Leire fue muy clara con eso de que si no se pasaba por casa antes de irse dormiría en un Centro Pokémon durante el resto de su vida. A las madres hay que hacerles caso, está muy feo dejarlas de lado.
Jajajajaja
Esto es amor a los chicharrones, no al chancho (?)
 
Cita:—Oye, colega, es solo una sugerencia, pero tal vez no deberías ir asustando a entrenadores que tienen ocho medallas —dijo Eco mientras se encogía de hombros después de haberse tranquilizado—. Tienen pokémon muy fuertes que pueden llevarte directo a urgencias si se asustan.
Este tipo es un loquillo, conocido, pero loquillo (?)
 
Cita:El hombre se hizo a un lado cuando terminó de hablar y los dejó pasar. Al estar más relajados, los jóvenes se dieron cuenta de que llevaba una camiseta blanca con letras extranjeras en negro, ponía algo parecido a 방탄소년단 y había un dibujo de un perro amarillo con orejas negras y cara blanca debajo de estas. Los amigos aligeraron el paso y se alejaron de él lo más rápido y discretamente posible.
Haré caso a este consejo la próxima vez que nos veamos (?)
 
Cita:—Espera, espera, espera. ¿No tienes la octava medalla? ¿Y cómo has conseguido pasar la seguridad?
 
—No es muy difícil cuando los guardias tienen un pie en la tumba.
JAJAJAJAJAJAJA
Me lo imaginaba xD
 
Cita:—Ah, veo que también te has cruzado con el tarado ese al llegar aquí. Lo que te diga, no están bien de la azotea —Lira rio al ver la mueca de desprecio que apareció en el rostro de Silver y él negó con la cabeza—. Sí, sé quiénes son los BTS, los TXT, las BLACKPINK, las aespa… Son grupos de K-pop, a Carol le gustan mucho, y cuando digo que le gustan me refiero a que lo suyo con ellos roza la obsesión. Si tienes curiosidad por alguno pregúntale, aunque te advierto, se podría pasar semanas hablando de este tema.
Más humor hipócrita (?)
 
Cita:—No es mi estilo, pero hay algunos grupos que me gustan. ATEEZ y Stray Kids están bien. BIGBANG tiene lo suyo, también.
 
—Para no ser tu estilo ya me has nombrado a tres.
Touché (?)
 
Cita:Cuando acabaron las muestras de afecto Lira enderezó su postura e inspiró hondo. Se ajustó la capa que llevaba en los hombros y sonrió mientras soltaba el aire que había respirado. Ahora sí, había llegado el momento de la verdad, y estaba dispuesta a dar el doscientos por cien con tal de devolverle a su equipo lo que merecía.
 
—¡Venga! ¡Entremos juntos!
El episodio no podría haber acabado mejor, siendo algo tuyo xD

Lo único que puedo agregar es que tengo muchísimas ganas de ver cómo sigue, nada más. ¡Muchos ánimos en la recta final! :D

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[Imagen: anh12KW.png]

Wasureruna saigo no buki wa ai sa
♪♪
 
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Ha costado lo suyo llegar hasta este punto con la duración de este capítulo (antes era que subías el contador de palabras gradualmente, pero esta vez te has lucido). Cómo se nota que venías casi babeando por llegar hasta este punto, en que Lyra ahora debe hacerle frente al Alto Mando para posteriormente encontrarse con el campeón (¿quién será?). Las cartas fueron bonitas, eso fijo, y se nota que tienes una mejor letra que yo (no te sientas demasiado halagada. Escribir más bonito que yo no representa ninguna hazaña), aunque el punto fuerte sin lugar a dudas es el contenido mismo, con todos esos deseos, consejos y reflexiones que personalmente me han conmovido mucho, muchísimo  RaltsLewd Chespin

Haciendo backtracking porque sí, se me hizo hilarante de las hermanas que participaron en el entrenamiento de Lyra ante la supervisión de Clair (Debora), que se nota que estuvieron un tanto indiscretas, que casi se les va la lengua revelando la identidad del campeón que está esperando por Lyra. También me generó bastante ternura el tema de Carol estando nuevamente en casa, con su hermanita tan celosa y posesiva que no sé si reír y o qué, pero la cosa es que esa parte también fue bastante bonita de leer. Ciertamente Carol sentirá que varias cosas están un poco raras, cosa normal tomando en cuenta el nivel TAN radical en que ha cambiado su vida gracias a la caída del equipo Rocket, pero al menos esos cambios que ha experimentado son en su gran mayoría para bien, y los está llevando de buena manera, por lo que perfectamente se puede decir que va bastante bien en la recuperación de su vida normal.

En fin, en este capítulo se ha visto de TODO, al menos en el buen sentido de la palabra, pues ya las cosas malas han quedado atrás. Que Lyra sólo se preocupe por lo que tiene enfrente. Eso sí, me parece curioso que Carol tenga esa afición tan empedernida por los grupos de K-pop. Me pregunto en base a quién le has dado esa faceta tan fan de esa música xD.

En vista que no hubo la oportunidad en su justo momento y que es ahora que sí se puede, pues te deseo un feliz Año Nuevo. Ya veremos qué tal esta aventura ante el Alto Mando y cómo va eso de si Kanto sí o Kanto no (yo creo que sí, que no vas a convencerme fácilmente que la presencia de Sachiko fuera simplemente un guiño), y que te vaya bastante bonito. Mewwave totodile
nadaoriginal: La historia de un escritor de fanfics que te liga todo lo que se mueve mientras se burla
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Honestly, pensé que tardaría bastante más en subir este capítulo, ¿no lo he hecho demasiado pronto? Es la sensación que me da, y puede que tampoco tarde mucho en subir el siguiente, es que estoy en un frenesí de escritura maravilloso. ¡Será porque nos acercamos al final y estoy deseando llegar a él! Además, ahora voy a contar con más tiempo libre porque el lunes hice mi último examen de la carrera jeje así que prepararos, que a lo mejor en un mes se acaba Alma (bah, tal vez no tan poco... pero puede que en dos meses sí. Veremos).

Hoy no me voy a explayar mucho más con la intro, solo os quiero decir que el formato de estos combates va a ser diferente y pronto veréis en qué sentido. Dado que no son mi fuerte y no quiero forzaros a leer algo no muy espectacular, menos cuando se intuye quien va a ganar, he decidido intercalarlos con algo más gracias a una idea que me dio Meri en su momento. Ya me diréis qué os parece y si lo mejorariais de alguna forma, porque estoy innovando un poco con esto así que me interesa saber qué os parece. En fin, ahora sí, ¡los comentarios!

@Tommy: me alegra que te gustara tanto la señora Manecillas, hará otra aparición estelar antes de que se acabe Almita así que la volverás a ver (a estas alturas sabes que me encanta darle más personalidad a los personajes secundiarios/terciarios y, no sé, después de decir que Leire solía ir de aventuras con Elm y Eduardo me apeteció darle su propio pokémon <3). Chabón, no te haces ni una idea de lo que disfruté escribiendo ese cap, hacía mucho que no lo pasaba tan bien escribiendo de esa manera y creo que fue por la libertad que me di, literal puse lo que me dio la gana. Ya sabes que Alma es un vivo reflejo de mí, vuelvo a estar obsesionada con el K-pop y tenía que plasmarlo ahora que estoy en un momento del fic que me lo permite, para que cuando lo relea en un futuro diga “ah, sí, se me refue la olla aquí”. Somos jóvenes, Tomás, divirtámonos mientras podamos.

Dada la importancia que tienen los legendarios en una región como Johto e incluso más en Ciudad Iris, donde le rinden un gran culto, me parecía obligatorio poner una escena en la que se viera lo agradecidos que están con ellos, aunque luego pasemos a la locura del K-pop (tenía pensado decir que la K era de Kanto, pero al final lo voy a dejar ambiguo). No te creas, a pesar de que Japón y Corea no son BFF precisamente sí se consume bastante K-pop ahí, de hecho muchos grupos sacan canciones en japonés para sus fans de ese país. Además el baile es una forma maravillosa de expresión y así Carol puede desahogarse bastante, porque la pobre ya ha pasado por demasiado. Y no sé si dio esa impresión, pero no, Silver no es fan del K-pop, hice que dijera algunos grupos que creo que podrían gustarle porque tienen canciones más cañeras y para que, como dices, mostrar ese lado humano de conectar con los gustos de su amiga. Escucha lo que le dice y pone Carol por el amor que le tiene pero ni muerto se pondría a bailar Dynamite en sus ratos libres, él es más de Butter.
 
Lo de hacer a mano la carta de los líderes fue una idea que se me ocurrió así de repente y supe que tenía que hacerla. Me divirtió pensar las firmas de cada líder y ver la manera de incluir fases relacionadas con sus respectivos tipos, hasta intenté darle a cada uno un tipo de letra diferente (la de Blanca supuestamente sería más redonda, la de Morti más puntiaguda... si te fijas algunas letras cambian de forma dependiendo del personaje) pero eran las 3 AM y ya no me daba la vida para personalizar tanto los mensajes. Aun así me alegra que te gustaran, fue divertido ponerse en sus pieles. Y, sí, Eco es un tipazo de aquí a la luna <3

@SoujiFujimura: está claro que puedo ser solemne y todo lo que quieras, soy una escritora versátil, pero el K-pop es más divertido (? Sep, aunque Carol ya no esté en el Team Rocket está claro que este le va a perseguir durante una bueeeeena temporada, no fue poco lo que vivió ahí y todavía le queda para recuperarse, pero con el apoyo de sus seres queridos ya va creando poco a poco la vida que quiere.

Débora acariciadora de seels besto Débora (? Este capítulo me genera incertidumbre, porque por un lado creo que sí os puede gustar, pero por el otro no es para nada como os lo podéis haber imaginado así que estoy un poco nerviosa, tbh. Pero bueno, ya me diréis qué os parece.

@nakun92: pues la letra me habría salido más bonita aún si hubiera escrito bien, pero no, tendrías que verme a las tres de la madrugada escribiendo los mensajes sentada en mi cama de cualquier forma. ¡La impaciencia! Las gemelas son de lo mejor de Almita y no veas lo que adoré escribir las escenas de Carol con su adorada hermanita, que ya se merecía tener momentos bonitos, jolines. Te lo dije por FFN pero qué narices, ¡feliz año por aquí también! Espero que te vaya de maravilla y sea mejor que los anteriores.

 

 
Capítulo 50: La voluntad del veneno
 


—Su hijo es una persona altamente sensible, señora Mitsuki.
 
Mitsuki se giró en su asiento para echarle un vistazo a su hijo. Él estaba sentado en el suelo, detrás de ella, ojeando un libro ilustrado sobre árboles y cubriéndose parcialmente los ojos con las manos. Mitsuki pensó que con el calificativo que había utilizado la doctora López sería capaz de ver al niño con otros ojos, pero no fue así, porque no había entendido del todo aquel término, así que volvió a mirar lentamente a la psicóloga.
 
—Una… ¿qué?
 
—Persona altamente sensible o PAS —repitió la doctora en psicología con una dulce sonrisa—. Es un rasgo de personalidad normal presente en un cuarto de la población, aproximadamente.
 
La mujer seguía mirando a la doctora como si le estuviera hablando en otro idioma, un idioma que escuchaba por primera vez. Parpadeó un par de veces y cuando pareció que había recuperado el habla solo le surgió una pregunta.
 
—¿Cómo…?
 
—No se cura porque no es una enfermedad. Es un rasgo de personalidad, como he dicho —repitió la doctora amablemente, intuyendo su duda—. Su hijo es sencillamente más sensible que otras personas, su sistema nervioso es capaz de captar más estímulos que el resto. Eso se traduce en que tiene una alta empatía, procesa en profundidad la información que recibe y percibe con facilidad las sutilezas de su entorno lo cual, lógicamente, tiende a que se sobreestimule y sature pronto. En su hijo esta sobreestimulación se manifiesta en las rabietas y lloros que tanto le preocupan, porque todavía no tiene las herramientas necesarias para decir qué le afecta y en qué medida, mucho menos para regularse, pero no tiene de qué preocuparse porque esto no le impedirá llevar una vida normal.
 
La doctora López se levantó de su asiento y se dirigió a la enorme estantería de su despacho, en la cual había una cantidad ingente de libros. Se acercó a uno, lo sacó y acarició con cuidado su tapa antes de acercarse a Mitsuki para dárselo.
 
—Una de mis lecturas favoritas, escrita por la psicóloga Elaine Aron. Aquí explica muy bien las características de este tipo de personas. Se lo presto, creo que le ayudará a entender mejor a su hijo.
 
El don de la sensibilidad era su título. Mitsuki lo leyó con curiosidad y echó un breve vistazo a sus páginas mientras la doctora miraba brevemente al niño que había tras ella.
 
—Mento, cariño, la próxima vez que te moleste la luz del sol me lo puedes decir y bajo las persianas.
 
El niño no alzó la mirada hasta que la mujer bajó las persianas y encendió una pequeña luz que alumbró la estancia lo justo para que los tres pudieran verse las caras. Cuando al fin estableció contacto visual, él le sonrió tímidamente y ella le devolvió la sonrisa. Mitsuki sintió una mezcla de emociones nada agradables al presenciar aquella escena: esa mujer había entendido la necesidad de su hijo con un simple vistazo, mientras que ella no era capaz de comprender qué necesitaba por mucho que se esforzara.
 
—No sea muy dura consigo misma —le susurró la anciana al darse cuenta de lo que estaba sintiendo la mujer. Le apretó el hombro suavemente y le dedicó la misma sonrisa cargada de afecto que le había mostrado al niño segundos antes—. Puede llegar a costar aprender a lidiar con todo esto, pero usted quiere a su hijo, se nota a kilómetros, y eso es más importante que tener todo el conocimiento sobre esta materia. Encontrará la manera de darle lo mejor y yo la ayudaré a conseguirlo, somos un equipo que vela por el bien de Mento.
 
Mitsuki asintió, guardó el libro en su bolso y se despidió de la doctora, ya se había acabado la sesión de ese día. Al salir de la consulta un mar de pensamientos inundó su mente, todos relacionados con su hijo, y estos no se detuvieron hasta que sintió cómo él se aferraba a sus piernas y escondía la cabeza en su falda cuando fueron bañados por la luz del astro rey. Rápidamente, Mitsuki recordó lo que había pasado en el despacho de la doctora López.
 
—Cielo, ¿quieres mis gafas de sol? —preguntó mientras rebuscaba en su bolso y sacaba un estuche rojo. Mitsuki apartó con delicadeza a su hijo y se agachó para ponerle las gafas; en cuanto sintió que ya las tenía, Mento abrió los ojos y parpadeó un par de veces. Miró hacia ambos lados, aliviado, y su madre sonrió al verle así, pero para su desgracia un camión de la basura pitó al pasar por su lado y Mento volvió a esconderse en su falda. Mitsuki suspiró mientras maldecía a ese camión, ¿por qué en la ciudad había tanto ruido?— Creo que hoy volveremos por el parque, ¿qué te parece?
 
Ir por el parque para llegar a casa suponía dar una vuelta que hacía que tardaran veinte minutos más, pero el tiempo no le importaba a Mitsuki con tal de comprobar si lo que le había contado la doctora López y lo que había ojeado en el libro era cierto. Al llegar allí los estímulos se fueron reduciendo, porque no había tanto ruido y los árboles creaban una reconfortante sombra, por lo que a los pocos minutos Mento sacó la cabeza de nuevo y sonrió. Sus ojos escanearon el parque, llenos de curiosidad por la naturaleza, y al divisar un árbol lleno de flores rosas fue corriendo hacia él para enseñárselo a su madre.
 
—Mira, mami. ¡Es una sakura! ¡Lo sé porque tiene los mismos pétalos que la de mi libro favorito! —dijo señalando el árbol con una amplia sonrisa. Mitsuki se acercó a su hijo con una sonrisa igual de grande y le acarició la cabeza, sintiendo que era la primera vez en mucho que empezaban a entenderse. Se aferró al bolso donde llevaba el libro que le había prestado la doctora López y permitió que un par de lágrimas cayeran libremente por sus mejillas.
 
—Sí, cariño. Y es precioso.

···
 
El edificio de la Liga no decepcionó en absoluto por dentro. Dos pisos llenos de todas las comodidades que un entrenador podía esperar, desde enfermeras que contaban con equipos de sanación de último modelo a tiendas a rebosar con los productos del momento en cuidados Pokémon. Entre eso y las flamantes alfombras rojas que cubrían el suelo Lira pensó que había llegado al cielo más bien, pero su equipo no dejó que se le subiera la cabeza a las nubes, así que después de recibir un empujón por parte de Ferligatr la entrenadora se acercó a la enfermera que había en el turno de noche para pedirle que cuidara y prepara a sus pokémon. Eso fue anoche, ahora estaba en su cuarto mentalizándose para lo que haría dentro de unos minutos.
 
No sé cómo he podido dormir con todos estos nervios, pero menos mal que lo he hecho.
 
Lira estaba sentada en la cama de uno de los cuartos reservados para los entrenadores que conseguían llegar hasta la Liga, sosteniendo la tarjeta que le habían dado los líderes. No podía dejar de leer aquellas palabras llenas de aliento, sentía que cada vez que lo hacía su energía se recargaba por completo. Estaba esperando a que la enfermera le llamara para recoger a su equipo y, mientras lo hacía, intentaba calmar su mente recordando los ánimos que le habían dado todos sus seres queridos.
 
Riiing riiing
 
Y hablando de seres queridos. Lira agarró su Pokégear al escuchar que empezó a sonar y se lo llevó rápidamente al oído sin mirar quien le había llamado.
 
—¿Sí?
 
—¡Lira! ¡Soy Elm! Siento no haberme despedido de ti como tocaba ayer, me puse con el trabajo y se me pasó por completo salir a recibirte.
 
—¡Ah! N-no se preocupe profesor, sé que está muy liado —Una pequeña luz roja que había al lado de su cama se iluminó, la señal de que su equipo ya estaba en perfectas condiciones. Lira se levantó de un salto, fue a por su bolso, apagó las luces de la habitación y salió a por sus compañeros—. Muchas gracias por llamarme ahora, lo ha hecho justo a tiempo.
 
—Me puse una alarma ayer para que no se me olvidara. Imagino que estarás a punto de retar al Alto Mando, así que seré breve. ¡Chicos!
 
—¡Mucho ánimo, Lira!
 
Lira tuvo que apartarse el Pokégear al oír los gritos de ánimo de los ayudantes de Elm y del mismo profesor. La enfermera la miró divertida y le susurró que tuviera buena suerte mientras le daba sus Poké Balls. La entrenadora inspiró hondo mientras empezaba a subir las escaleras que la conducirían al lugar del primer enfrentamiento.
 
—Muchas gracias, profesor. Por todo —dijo sin poder disimular una sonrisa llena de afecto—. Usted fue quien me dio a Totodile, si no hubiera sido por eso no habría llegado hasta aquí, así que gracias a usted he sido capaz de llegar tan lejos. ¡Le prometo que no le decepcionaré!
 
Una risa se pudo oír al otro lado de la línea.
 
—Lira, después de haber llegado a la Liga ya no me puedes decepcionar. Solo te queda disfrutar y dar el máximo en la recta final, lo más duro ya está hecho. Devuélveles el favor a quienes te apoyaron desde el principio y ve a por todas. ¡Estamos contigo!
 
—¡Lo haré!
 
Lira terminó la llamada justo cuando se situó delante del guardia que custodiaba las salas del Alto Mando. Ese, a diferencia de quien le había revisado las medallas, era más joven, alto y sus músculos se marcaban bastante más, por no mencionar que tenía un cinturón con seis Poké Balls que parecían contener aliados fuertes. Estaba claro que la Liga no escatimaba en gastos a la hora de tener lo mejor de lo mejor en su edificio.
 
—¡Bienvenida a la Liga, entrenadora! ¡Detrás de mí se encuentran las cinco estancias a las que todo aspirante desea llegar! ¡Sin embargo, antes de dejarte pasar debo advertirte de que una vez que entres no podrás salir hasta que te enfrentes al Campeón o el Alto Mando acabe contigo! Sabiendo esto, ¿estás segura de que quieres continuar?
 
Lira inspiró hondo. No conocía esa condición de que tendría que enfrentarse al Alto Mando sin descanso, lo cual consideraba que jugaba en su contra, pero no tenía pensado dar marcha atrás por eso después de haber llegado tan lejos. Apretó el cinturón donde sus seis pokémon descansaban dentro de sus Poké Balls y sintió que una corriente de energía le pasó a las manos después de tocarlo.
 
—Sí, estoy segura.
 
—En ese caso solo me queda decir buena suerte.
 
Cuando acabó de hablar, el guarda se hizo a un lado para que pudiera continuar y Lira entró en la primera habitación. La puerta se cerró detrás de ella con un sonido sordo que la sobresaltó, pero no dejó que eso la inmovilizara y siguió caminando.
 
En lo primero que reparó fue en que el lugar estaba a oscuras, Lira tuvo que atravesar el pasillo a tientas para poder llegar a la primera sala. Esta tampoco contaba con mucha luminotecnia; un par de luces lila de baja intensidad que rodeaban la estancia a ras de suelo era lo único que alumbraba el lugar, lo suficiente para que ella pudiera ver que, a un par de metros, había alguien de pie. La entrenadora sintió que el corazón le latía con más rapidez. ¿Sería él? ¿Sería el primer integrante del Alto Mando?
 
Lentamente, retomó la marcha y se posicionó en el centro de la sala. Al estar más cerca podía verle mejor, parecía que llevaba un traje formal y tenía los brazos detrás de la espalda. De repente, y sin previo aviso, el hombre empezó a mover los brazos y dibujó un círculo con ellos, del cual surgieron cuatro Poké Balls de la nada. Estas empezaron a girar envueltas en una luz verde y Lira se quedó completamente embelesada, hasta que el hombre dejó de mover los brazos para señalar el bolsillo de su peto. Lira se señaló, confundida, pero hizo lo que aparentemente le estaba pidiendo y lo abrió. Al hacerlo, salió de este un haz de luz y, después, una pequeña Poké Ball levitando. Las luces se encendieron, el hombre se hizo completamente visible.
 
—Ta-chán.
 
Y Lira entendió que había sido un truco.
 
La entrenadora aplaudió entusiasmada y el hombre sonrió. Hizo una reverencia y, al fijarse en él, Lira se dio cuenta de que era el mismo que apareció en Ciudad Trigal para entregar a Atlas a las autoridades. Llevaba el mismo traje fucsia de aquel día y sus ojos seguían escondiéndose tras un antifaz negro y blanco, era lo que más le llamaba la atención junto a su pelo morado.
 
—Gracias, gracias. Un público verdaderamente excelente —dijo mientras enderezaba su postura—. ¿Qué te ha parecido mi pequeño truco?
 
—¡Muy chulo! No sabía que eras un integrante del Alto Mando.
 
—No sabías que… ¡Ah! Cierto, nosotros ya nos hemos visto antes, me alegra que te acuerdes de mí —dijo con una enigmática sonrisa. Lira sintió que sus hombros se destensaron ligeramente, entre el truco que había hecho y que ya conocía de vista al primer integrante del Alto Mando sus nervios habían remitido un poco—. Pero no me presenté como debía aquella vez, permíteme que lo haga ahora. Me llamo Mento, soy experto en pokémon de tipo psíquico e integrante del Alto Mando de Johto. Llevo mucho tiempo entrenando por todo el mundo y, por fin, tras mucho esfuerzo me han aceptado en sus filas. ¡Solo puedo seguir mejorando! ¡Es imposible que pierda! Pero supongo que tú pensarás lo mismo, ¿verdad?
 
—No estaría aquí si no fuera así.
 
Mento sonrió de nuevo. La luz que había salido de la Poké Ball de su bolsillo materializó a un pokémon que Lira no había visto nunca, se trataba de un enorme pájaro verde con alas blancas, rojas y negras que miraba intensamente hacia adelante. No pestañeaba y tampoco se movía, si no lo hubiera visto salir de la Poké Ball Lira habría pensado que se trataba de un tótem que estaba ahí por mera decoración.
 
—Perfecto. Entonces no veo ninguna razón por la cual debamos retrasar esto —dijo señalando al frente, esperando que Lira sacara a su primer pokémon—. Aunque somos pacientes Elisa lleva mucho tiempo esperando librar un combate así. ¡Danos con todo lo que tengas!
 
Mostrar Vs. Mento
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—Ampharos, ¡pantalla de luz!
 
Con esa orden su primer combate para alzarse como Campeona de Johto dio comienzo. Ampharos creó una enorme pantalla de luz que brilló durante unos instantes antes de desaparecer, lo cual alivió a Lira porque por muy fuertes que fueran los ataques de su oponente al menos estarían protegidas. Aun así, no pudo evitar inquietarse un poco al tener la sensación de que la pantalla había brillado de forma un poco distinta a lo que estaba acostumbrada. No quiso darle mucha importancia, pero se vio obligada a dársela cuando a los segundos Ampharos empezó a girar sobre sí misma y a dar tumbos por la sala, algo que no le gustó nada.
 
—Ampharos, ¿estás bien? —preguntó Lira, preocupada. No obtuvo ninguna respuesta de su pokémon, pero no le hizo falta para saber que estaba confundida— No pasa nada, ¡mantén los pies en la tierra!
 
De repente, y antes de que pudiera decir algo más, la sala se sumió en la oscuridad. Lira le pidió a Ampharos que usara chispazo, no le importaba que no le diera a su rival porque solo quería ver, pero al estar confundida fue incapaz de ejecutar esa orden. La entrenadora entrecerró los ojos para intentar ver algo, pero no pudo, y tardó unos segundos en darse cuenta de que la oscuridad no se había producido por un apagón inconveniente sino por un viento denso y viciado que le arrancó un grito de dolor a su pokémon. Casi igual de confundida que su compañera por no saber qué estaba pasando, cuando el viento se fue Lira miró a Mento, quien no había pronunciado una sola palabra desde el comienzo del combate. Vio cómo él sonreía mientras se ajustaba la máscara y Ampharos temblaba al mismo tiempo que los ojos de Elisa se llenaban de una energía morada.
 
Psíquico. Elisa había actuado sin que su entrenador le hubiera dicho nada y eso hizo que varias gotas de sudor empezaran a asomarse en la frente de Lira.
 
No me digas… no me digas que no va a dar las órdenes en voz alta.
 
Todo indicaba que Mento era un psíquico, y entre la habilidad que había mostrado al hacer flotar las Poké Balls y la capacidad que tenía el tipo que entrenaba de comunicarse telepáticamente no sería extraño que se comunicaran leyéndose la mente. De ser así Lira lo tenía bastante difícil para anticiparse aunque fuera un poco a sus movimientos, por lo que solo le quedaba recibirlos y actuar después. Maldijo en voz baja mientras su mente elaboraba todo tipo de estrategias para intentar hacer frente a esa adversidad, ya estaba empezando a sufrir en sus carnes qué significaba enfrentarse al Alto Mando.
 
···
 
Tuvo una buena infancia, eso no lo negaría nunca. Su madre le dio todo lo que necesitaba —sin llegar a consentirlo— y fue muy feliz. Salían a pasear al parque siempre que podían, ella estaba pendiente de que los estímulos no llegaran a afectarle demasiado, lo consolaba cuando lloraba y tenía buenos amigos en clase con los que compartir aventuras. Sin embargo, como con muchos, todo cambió cuando empezó a acercarse a la preadolescencia.
 
Lo notaba, él siempre lo notaba, todos los cambios sutiles de energía en el ambiente. Las miradas, los susurros, los codazos, las burlas; todo lo que sucediera en el mismo lugar en el que él estaba lo captaba. Con el tiempo, sus lloros pasaron de ser algo normal a algo extraño en un niño de primaria, sus pasatiempos tranquilos se convirtieron en las raras aficiones de un niño al que no le gustaba ser igual de bruto que los demás y su silencio llegó a considerarse una molestia. Pasó de ser un niño normal a uno raro por no comportarse como el resto de los de su clase, por lo que no tardó en recibir mofas por parte de sus compañeros, que no paraban de buscar formas de hacerle rabiar para reírse de sus explosiones. Por eso no era extraño que se saltara alguna clase para ir al bosque que había detrás de su escuela, aquel en el que ni los comentarios de sus iguales ni las campanadas que marcaban los cambios de clase podrían molestarlo.
 
Mento suspiró mientras se echaba a la sombra de un cerezo y cerraba los ojos, aquel estaba siendo un día particularmente estresante. Ya había tenido que contenerse las lágrimas cuando unos de un curso superior le habían alumbrado directamente a los ojos con una linterna para ver si estallaba en lloros, y encima había tenido que usar todos sus sentidos para evitar que le dieran algunos balonazos en educación física. Se merecía, no, necesitaba descansar, porque no había forma de que pudiera seguir el día si no tenía unos preciados minutos de tranquilidad en la naturaleza.
 
Por eso estuvo a punto de alcanzar el límite de la sobreestimulación cuando notó que algo le estaba tocando el abdomen. Mento abrió rápidamente los ojos para ver qué le estaba importunando, haciendo un esfuerzo increíble por contener las ganas de soltar un berrinche, aunque se relajó al ver que se trataba de un pokémon. Era uno bastante pequeño, su cuerpo redondo estaba cubierto de plumas verdes y en su pequeño pico dorado llevaba un par de ramitas. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue su mirada, una que pareció leerle la mente y conectar con su alma para brindarle la tranquilidad que tanto ansiaba.
 
Se trataba de una natu, la había reconocido porque había visto una igual en un libro. Ella le miró con curiosidad y Mento hizo lo mismo. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué se había acercado a él si le gustaba estar en sitios tranquilos sin personas?
 
—¡Eh! ¡Vamos a ver si asustamos a algunos pokémon!
 
Los gritos de unos chicos mayores llegaron a sus oídos claramente y con eso y el temblor de natu al oírles lo entendió. Era la hora de que ellos salieran al recreo y con todo el revuelo que causaban seguramente se habría asustado. La pobre no volvería a estar tranquila hasta que esos brutos volvieran a clase.
 
—¿También te están molestando? Se ve que el mundo se empeña en no dejarnos en paz —susurró mientras la abrazaba y se tumbaba de espaldas al patio. Natu le miró sorprendida, pero no hizo nada por salir de sus brazos—. Venga, vamos a dormir un poco. No te preocupes que yo te cubro.
 
Mento cerró los ojos e intentó ignorar los gritos de aquellos chicos. Sin embargo, pronto aquel ruido se esfumó en cuanto la natu juntó su frente con la de él. Ella estaba usando sus poderes para bloquear los estímulos que le agobiaban. Mento sonrió mientras la abrazaba con más fuerza, nunca se había sentido tan en paz tan rápido.

 
Las gotas de sudor siguieron acumulándose en la frente de Lira cuando vio caer a Ampharos delante de ella. La xatu de Mento estaba paralizada y bastante herida, pero seguía manteniéndose en pie con un espíritu inquebrantable. No había habido forma de superarla, aunque contaba con ventaja de tipos estaba aprendiendo a las malas que eso no bastaría para derrotar a los cinco entrenadores que tenía por delante.
 
Muy bien hecho, Elisa dijo Mento telepáticamente mientras la devolvía a su Poké Ball. Le prometió ser la primera por todo lo que le había ayudado desde que se conocieron, pero no iba a arriesgarse a perder a su as en el inicio del combate. Descansa, porque te necesitaré más adelante. Ahora es el turno de nuestra compañera Aloe.
 
Mento lanzó otra Poké Ball y de esta salió una palmera con tres cocos que parecían cabezas, o tres cabezas que parecían cocos, su aspecto resultaba un poco confuso. La mano de Lira se quedó dubitativa entre dos cápsulas mientras barajaba varias estrategias, por eso sus dedos rozaron tímidamente ambas durante varios segundos hasta que se detuvieron definitivamente en una. La agarró con decisión y liberó a su compañero sin más demora.
 
—Oooh, qué bonito —dijo Mento al ver salir a Espeon. Si no fuera por los nervios, Lira habría sentido ternura por la genuina alegría que le produjo verle—. Sin duda elegiste la mejor evolución para eevee. ¿Lo has sacado porque tienes pensado copiar mi truco?
 
—No, es que- ¡Ah! ¡Esquiva!
 
Lira dio la orden justo cuando vio a Aloe lanzar un par de ondas a Espeon, pero si no hubiera sido porque su pokémon lo detectó antes no habría esquivado esa hipnosis. Claro, como Mento daba las órdenes telepáticamente podía hablar con ella como si nada y despistarla mientras seguía combatiendo. Lira se dijo que sería la última vez que le daría conversación mientras sus pokémon se estuvieran enfrentando.
 
—¡Premonición!
 
La gema de la frente de Espeon brilló durante unos segundos, antes de verse obligado a saltar para esquivar un bomba huevo que fue lanzado discretamente en su dirección. Por lo menos Espeon podía hacer uso de sus poderes para detectar los movimientos y evitarlos, si jugaba bien sus cartas tal vez podría empezar a hacer que el combate fuera a su favor.
 
···
 
—Lleva saltándose todas las clases después del patio desde que empezó el curso. ¡No hay forma de que esto sea normal, doctora, por muy sensible que sea!
 
Mento se revolvió en su asiento, bastante incómodo por haber sido expuesto de esa forma delante de su psicóloga. Era la única persona a la que no parecía molestarle su forma de ser y no quería que sus recientes escaqueos le causaran una mala impresión.
 
—Tranquilícese, Mitsuki. Seguro que-
 
—No, no hay ninguna explicación razonable. ¿Estás cansado? ¡Yo también me canso de trabajar y no por eso me salto turnos! ¿Te imaginas qué pasaría si lo hiciera? ¡Nos quedaríamos sin dinero para comer! —Mento giró la cabeza para evitar que su madre viera las lágrimas que empezaban a caer por sus mejillas, pero no sirvió de nada, porque Mitsuki las vio antes de que pudiera esconderlas— Oh, por favor, otra vez no. ¡Siempre es lo mismo! En cuanto le confrontas o intentas preguntar qué le pasa se pone a llorar. ¡Siempre llora! ¿Tanto te cuesta aguantarte? ¿No puedes hacer un esfuerzo? ¿Por qué no puedes…? ¿Por qué no puedes…?
 
¿Por qué no puedes ser más hombre? ¿Por qué no puedes ser menos llorón? ¿Por qué no puedes ser menos sensible? Las palabras no salieron, pero no importó, porque el mensaje llegó claramente: ¿por qué no puedes no ser tú?
 
—Esto no es sano, cariño —añadió la mujer con suavidad después de darse cuenta de que había levantado el tono y lo que había transmitido de forma implícita—. Siempre te he apoyado, pero me mata verte así. Doctora-
 
—Mento, ¿puedes esperarnos fuera?
 
No hizo falta que se lo dijeran dos veces, Mento se levantó y abandonó el cuarto tan rápido como se lo permitieron sus piernas. La doctora se levantó para cerrar la puerta, pues el niño la había dejado abierta, y se dio la vuelta para mirar a su madre.
 
—Mitsuki-
 
—¿Me he pasado?
 
—¿Usted qué cree?
 
Mitsuki se llevó una mano a la boca. Agachó la cabeza y su flequillo morado le cubrió los ojos azules, en los cuales se estaba empezando a formar un mar de lágrimas. La doctora López agarró un pañuelo de la caja que tenía en su mesa y se lo tendió a la mujer que tenía delante, quien lo tomó rápidamente entre sollozos e hipidos.
 
—Mire, entiendo que esto le está resultando muy difícil, pero más difícil le resulta a su hijo —dijo mientras la mujer se secaba las lágrimas—. Le puedo asegurar que todas las cosas que le haya dicho se las ha dicho él a sí mismo con mayor dureza. Si no ve que tiene el apoyo y comprensión de su entorno, él tampoco se va a apoyar y comprender, y cada vez se va a aislar más en su mundo interior hasta que el dolor acumulado le haga romperse en pedazos.
 
La doctora López esperó a que esas palabras se asentaran en Mitsuki, quien estaba intentando controlarse. Parecía que ya respiraba con normalidad, pero la doctora quiso darle un poco más de tiempo para no presionarla. La anciana se sentó en su silla y cruzó las manos sobre el abdomen; no todas las sesiones eran sencillas y de vez en cuando recibía un recordatorio de eso.
 
—Yo solo le voy a pedir una cosa —susurró cuando escuchó que los sollozos ya se habían silenciado casi por completo—. Hagamos entre todos que no sienta que su sensibilidad sea lo peor que le haya podido pasar en la vida, que no se odie por ser como es y que no sienta que viene a terapia para que cambiemos su forma de ser. Viene a adquirir herramientas que le ayuden a vivir plenamente, no a transformar su personalidad. No hay nada que solucionar en él porque no hay nada que esté roto.
 
Mento no se quedó a espiar el resto de la conversación. ¿Que no había nada que solucionar en él? ¿Y por qué todos le miraban como si fuera un bicho raro? Como si él hubiera elegido ser tan sensible a todo. Indignado después de oír aquello salió a la calle con un único destino claro en mente, el parque que tanta tranquilidad le daba. Por lo menos ahí nadie le juzgaría ni le diría mentiras.
 
—No hay nada que esté roto. ¿Y por qué lloro tanto?
 
¿Y por qué siempre se sentía tan mal y tan cansado? No lo entendía, no se entendía, al final acabaría dándole la razón a la gente que lo dejaba de lado o se metía con él. Es lo que se merecía por ser un bicho raro, por no ser como los demás. Mento se sentó cerca del lago que había en el centro del parque y al cabo de un rato se tumbó. Por un momento pareció que el rumor del agua le ayudó a rebajar los nervios, ya no estaba tan estresado como cuando su madre le había gritado, pero enseguida otra ola de tristeza y soledad barrió su pecho. Mento frunció el ceño, no, aunque las sentía esa tristeza y soledad no eran suyas, ya le había pasado antes. A veces captaba las emociones del ambiente y estas se metían dentro de él sin permiso, y aunque no sabía qué hacer para impedir que entraran, al menos sabía identificar cuando eran suyas y cuando de otros. Al principio hizo lo de siempre, intentar ignorarlas.
 
¿Dónde estáis? Os he perdido la pista.
 
Pero cuando esas emociones vinieron acompañadas de una voz que se alojó en su mente el cuento cambió radicalmente. Parecía que era alguien que necesitaba ayuda, así que Mento se puso de pie y empezó a buscar a su alrededor, aunque no vio a nadie en apuros.
 
Me he vuelto a quedar sola… Y ahora no sé cómo encontraros… Quiero reunirme con vosotras.
 
Pero esas palabras llenas de angustia no le dejaban en paz, así que hizo lo único que podía hacer en una situación así, cerrar los ojos y confiar en que su sexto sentido le guiara a quien tenía que ser rescatada. Enseguida notó todas las emociones de quienes estaban en el parque, lo que estuvo a punto de tirarle al suelo, pero Mento resistió y se centró en la que tenía que seguir, aquella que irradiaba tanta inconformidad.
 
No quiero… no quiero…
 
Mento siguió el rastro hasta que este le llevó a unos arbustos. Abrió los ojos y rebuscó en ellos, lo que le hizo encontrar un huevo. Sorprendido, lo tomó con delicadeza, y al darle la vuelta vio que no se trataba de un huevo sino de una cabeza de exeggcute. La cabeza lloraba, afligida por haberse perdido del resto de sus compañeras. Mento leyó en un libro que el vínculo psíquico que unía a las cabezas era tan fuerte que, si alguna vez se separaban, podían rastrearse gracias a él, pero por lo visto esa pequeña estaba tan asustada y compungida que era incapaz de concentrarse. Al notar que alguien la había elevado del suelo primero se estremeció, pero luego pareció notar algo bueno en él, porque se tranquilizó y dejó de llorar. Mento le sonrió.
 
—Yo te ayudaré a buscar a tus compañeras, ¿te parece? Se me da bien rastrear.
 
Exeggcute asintió y Mento juntó su frente con la de ella. Así fue capaz de detectar el vínculo psíquico y seguirlo hasta la otra punta del parque. Ahí vio a un grupo de cinco cabezas moverse frenéticamente entre la vegetación, buscando a la sexta sin descanso, y Mento se acercó rápidamente a ellas antes de que se alejaran más.
 
—¡Eh! ¡Aquí, está aquí!
 
Al oír los gritos de un humano el instinto de la mitad de las cabezas fue huir, pero el instinto de la otra mitad fue quedarse al notar algo distinto en él del resto de personas, y fue gracias a ese parón que tuvieron que Mento las alcanzó y fue capaz de entregarles la sexta cabeza. Ella se reunió con las otras dando un salto y el grupo empezó a llorar de felicidad, contento y aliviado por haberse reunido al fin. Mento no pudo evitar llorar también, se las veía tan felices…
 
—Menos mal que os hemos encontrado, me alegra que- ¡ah! —El grupo se abalanzó encima de él y el niño cayó el suelo. No se asustó porque no notó que tuvieran malas intenciones, al contrario, era su forma de darle las gracias. Mento empezó a reír mientras intentaba quitárselo de encima; parecía que su extraño don podía servir para algo útil después de todo— ¡Jajaja! ¡Eh! ¡Me hacéis cosquillas!

...
 
Aloe lo estaba haciendo bastante bien, aguantando las ofensivas de Espeon y arreglándoselas para pillarle desprevenido y atacar. Ambos pokémon estaban muy igualados y aunque Espeon podía usar sol matinal para recuperar algo de salud de tanto en tanto, Mento confiaba en que sería su amiga la que acabaría con él. Solo tenía que aprovechar sus descansos para dormirlo y atacar más fuerte, pero eso sería luego, ahora estaban pendientes de esquivar otra premonición que no sabían cuando se ejecutaría.
 
La chica también lo estaba haciendo bien, pero claro, no habría llegado hasta ahí si no supiera manejarse. De momento tenía los nervios bajo control, aunque que Ampharos hubiera caído debilitada por un tipo volador le había afectado un poco. Aun así, parecía que había vuelto al combate, guiando a Espeon y confiando ciegamente en sus habilidades. Mento alternaba entre mirar al felino y a la chica, pues muchas veces era capaz de adivinar cuándo atacaría con premonición si leía su lenguaje corporal. Gracias a eso, en un determinado momento detectó que los músculos del pokémon se tensaron un poco y el vello de la chica se erizó. Era la ocasión. Hizo lo propio y avisó a Aloe para que estuviera preparada, sin embargo, también captó algo más en los movimientos de la chica. Normalmente se tensaba por los nervios que le producía el no saber si daría en el blanco o no, pero esa vez no se tensó, se limitó a mirar a Aloe mientras la comisura de sus labios se levantaba lentamente. ¿El comienzo de una sonrisa? Si estaba tan relajada era porque el combate estaba yendo como ella quería y fue entonces cuando se dio cuenta.
 
Era una trampa.
 
—¡Cuida-!
 
Al mismo tiempo que Aloe intentó huir de premonición un rayo salió de la frente de Espeon y le dio de lleno, tirándola al suelo y noqueándola al instante. Lira soltó un suspiro de alivio mientras Mento se acercaba a comprobar el estado de su compañera, pero no había nada que hacer, ese doble rayo le había pillado desprevenida y dado con una fatalidad tal que la había debilitado. Ya estaba bastante herida así que recibir ese movimiento de tipo bicho terminó con ella, para un tipo planta y psíquico pocas cosas había más demoledoras que esa.
 
Ha usado premonición varias veces a lo largo del combate para que nos acostumbráramos a defendernos cada vez que atacaba con ese movimiento y no nos fijáramos en nada más, así que esta vez ha aprovechado para pedirle telepáticamente que usara doble rayo mientras evitábamos premonición para pillarnos desprevenidos y derrotar a Aloe. Muy astuta.
 
Mento devolvió su compañera caída a su Poké Ball y al momento hizo levitar otra. Un pokémon debilitado y otro herido, los dos estaban igualados en ese momento. Ese Espeon resultaba más problemático de lo que pensaba, por lo que necesitaba incapacitarlo cuanto antes, y la pokémon humanoide de piel morada, cabello rubio y vestido rojo que salió de su cápsula era la indicada para ello.
 
—Lavanda, ¡beso amoroso!
 
Mento sonrió al ver cómo su jynx le dio un beso a Espeon que lo dejó dormido. Lira volvió a tensarse y él se tranquilizó, estaba seguro de que Espeon sería el siguiente en caer y a partir de ahí no desaprovecharía la ventaja. Pondría el marcador de nuevo a su favor costara lo que costara.
 
La doctora López sonrió al ver el pokémon que tenía Mento en su regazo. Por lo que le había contado, la smoochum no se había separado de él desde que le había salvado el fin de semana en una expedición que hizo con su madre a las montañas. En un momento determinado entraron en una gruta gélida y nada más pusieron el pie dentro Mento sintió que algo iba mal. Mitsuki, que con el tiempo había aprendido a confiar en el instinto de su hijo, sugirió que dieran media vuelta inmediatamente, pero el niño la animó a adentrarse en ella porque detectaba que no eran ellos quienes estaban en peligro, sino alguien más. Dubitativa, Mitsuki accedió, y se encontraron a unos metros de la entrada con una smoochum que estaba a punto de caer por una sima. Sin saber cómo, Mento la hizo levitar hasta sus brazos y la rescató de un destino fatal, y desde entonces la pequeña se convirtió en su sombra.
 
—Por lo que tengo entendido es el segundo pokémon que salvas gracias a tu sensibilidad, ¿cierto?
 
Mento asintió energéticamente mientras su sonrisa crecía. La smoochum le imitó con fervor, porque además de seguirlo a todas partes también hacía todo lo que él hacía. Era su salvador, la persona más importante de su mundo, ¿cómo no iba a hacer todo lo que él hiciera y estar siempre con él?
 
—Me alegra que fueras capaz de despertar tus poderes en una situación como esa, resulta que además de ser una persona altamente sensible eres un psíquico. No es raro que esos rasgos coincidan en una misma persona, lo cual resulta extremadamente beneficioso porque se potencian entre sí. ¿Cómo te sientes al respecto?
 
—Un poco raro —contestó el niño mientras acariciaba el pelo del pokémon—. Mi madre se asustó al ver lo que había hecho y yo también. Los compañeros de mi clase ya no me hacen nada porque me tienen miedo y yo me sigo cansando a menudo porque noto todo lo que me rodea. ¡Pero! —exclamó mientras levantaba a la pequeña en sus brazos— ¡Es todo eso lo que me ha permitido conocer y entablar tan buena relación con estas pokémon! Ellas sí me entienden y me ayudan un montón, nos ayudamos un montón. Cuando estoy con ellas no me siento ningún bicho raro, no me juzgan como el resto de personas y siento que no hay nada malo en mí.
 
—Es que no hay nada malo en ti, Mento. Me alegra que ellas te lo hayan hecho ver —dijo la doctora con una sonrisa y el niño estuvo a punto de llorar, porque sintió que decía esas palabras de verdad. Su psicóloga era la única persona del mundo que lo veía como otro más, como alguien normal, y qué sensación tan bonita era esa—. Podrías rodearte de más pokémon de tipo psíquico, son muy parecidos a ti y creo que te ayudarán a entenderte mejor. Mientras, nosotros seguiremos trabajando en terapia cómo puedes regularte por ti mismo y sacar a florecer el resto de tu personalidad, porque debes recordar que tu sensibilidad es una característica de las muchas que tienes, no la única. Así que, ¿qué quieres tú, Mento? ¿Qué te gustaría conseguir algún día y cómo quieres que los demás te vean?
 
Mento se quedó pensativo tras esa pregunta. La smoochum alzó la cabeza y le miró con curiosidad, ¿tan importante era lo que le había dicho esa mujer? ¡Entonces ella también pensaría junto a él! Mento volvió a acariciarla al notar lo que se estaba esforzando y, finalmente, volvió a mirar a la doctora.
 
—Quiero… quiero que la gente se sienta tranquila en mi presencia y confíe en mí. Quiero aprender a dominar mi habilidad para ayudar a todo el mundo, no solo a los pokémon. ¡Quiero descubrir quién soy más allá de mi sensibilidad y estar para los demás cuando me necesiten!
 
La doctora sonrió al escuchar su respuesta. Le alegraba que no hubiera perdido su entusiasmo, necesitaría toda su voluntad para alcanzar aquello que deseaba.
 
—Eso está muy bien. Empecemos a trabajar en ello, entonces.
 

···
 
Como se siguiera mordiendo el labio inferior se haría sangre, lo sabía, pero Lira no podía evitarlo. Esa jynx, Lavanda, había debilitado a su Espeon gracias a su besuqueo incesante y estaba camino de hacer lo mismo con Ninetales. Dormía a sus pokémon para luego atacarlos según le parecía, estaba empezando a resultar irritante. La vulpina había usado día soleado y una mísera onda ígnea contra ella que, si bien le afectó bastante, todavía no había sido capaz de darle otro golpe. Lira tuvo que evitar las ganas de tirarse del sombrero cuando vio a su pokémon quedarse dormida de nuevo, ¡estaba a punto de perder la paciencia! ¿Era lo único que sabía hacer, besar? ¡Qué ganas le daban de-!
 
… Un momento, ¿tanto necesita besar?
 
Lira sacó un despertar de su bolso y se acercó a Ninetales con él. Era una idea absurda, pero a esas alturas era mejor que quedarse de brazos cruzados enfadándose por un espectáculo repetitivo.
 
—Toma, preciosa. Ya verás como esta vez sí puedes con ella —le susurró mientras le daba el líquido con cuidado. Ninetales empezó a despertarse poco a poco, pero no del todo porque Lira le daba la medicina con medida lentitud—. ¿Quién es mi princesa bonita? Tú eres mi princesa bonita. Eres la mejor de todas, más que una princesa, una reina.
 
Mientras le curaba le susurraba todo tipo de cumplidos y le daba un montón de mimos. Lavanda veía con claridad cada beso, cada abrazo, cada caricia, y cómo Ninetales se revolvía del gusto al sentir el cariño de su entrenadora. Eso hizo que no tardara en darse la vuelta hacia Mento, quien ya se estaba oliendo la estrategia de Lira. Sus pokémon, como él, eran muy empáticas y sentían las emociones del resto, por lo tanto ella sentía los mimos y lo bien que lo estaba pasando Ninetales y quería lo mismo, más cuando sus labios eran la parte más sensible de su cuerpo y necesitaba tocar algo con ellos para entender qué sucedía a su alrededor.
 
Espera, Lavanda. Cuando acabemos te daré todos los mimos que quieras.
 
Lavanda esperó, pero Lira tardaba lo suyo y las ganas no se le iban, así que volvió a mirar a su entrenador. Mento se mantuvo firme, no podía darle la espalda en una situación como esa, con día soleado todavía haciendo efecto y un movimiento de tipo fuego tan potente…
 
Aguanta, Lavanda, aguanta.
 
Lavanda aguantó y esperó, hasta que no pudo seguir aguantando y esperando y fue a por su entrenador. En ese momento Lira se apartó de Ninetales y señaló el costado de su adversaria.
 
—¡Rayo solar!
 
La razón por la que le había pedido ese movimiento era para alejarla de Mento, así se pondría más nerviosa y, lo más importante, el miembro del Alto Mando no saldría perjudicado por el siguiente ataque.
 
—¡Onda ígnea!
 
Rayo solar hizo que Lavanda acabara en una pared lateral de la sala de enfrentamiento y onda ígnea se encargó de darle el toque final. Ninetales se dio la vuelta hacia Lira, orgullosa de haber acabado con su oponente, y la entrenadora se acercó a ella para darle más afecto por lo que había conseguido. Mento, por su parte, se acercó a Lavanda, que estaba conteniéndose las lágrimas por no haber podido aguantar sus instintos ni los ataques de su contrincante.
 
—Está bien, bonita. Llora, llora, ¿quieres quedarte a ver el resto del combate? Puedes abrazarme lo que quieras, te lo has ganado.
 
Lavanda se levantó con la ayuda de Mento y se apoyó en él mientras sacaba a otra compañera. Se trataba de un pokémon rosado y bípedo que tenía una concha en la cola y la mirada perdida. Mento se moría de curiosidad por ver cómo le haría frente Lira.
 
Necesitamos ponerle un freno. Confío en ti para esto, Lotto.
 
···
 
Tic-tac
 
Tic-tac
 
Tic-tac
 
Habían pasado ya unos minutos y Lotto apenas se había movido un par de centímetros desde que se había despertado. La slowpoke estaba a la otra punta del cuarto de Mento y él estaba sentado con la espalda en el suelo y las piernas apoyadas en la pared, leyendo una revista sobre el tipo psíquico. Aloe y Lavanda estaban durmiendo en su cama mientras Elisa y Salvia, otra natu amiga de Elisa que a veces se unía a ellos, vigilaban lo que ocurría desde su ventana.
 
—Leeeeeeeennnnnnnnnntaaaaaaaaaa
 
 Los fonemas se alargaron conscientemente en la lengua de Mento y Lotto abrió los ojos al escucharlo, sorprendida de estar ahí, pues se había vuelto a olvidar de dónde estaba y cómo había llegado hasta ese cuarto. Sin embargo, la pokémon cerró los ojos de nuevo y se durmió, lo que causó la risa de Mento. Los slowpoke tenían una memoria terrible y eran muy lentos, para ellos el paso del tiempo no importaba. Aquella tarde, con su nueva amiga vagueando y el resto de sus compañeras descansando, Mento sentía que tampoco pasaba para él. Cerró los ojos y se dejó contagiar por la tranquilidad de su equipo, ¿qué más le podía pedir a aquel día maravilloso?
 
 Ding
 
Su teléfono sonó una vez, indicando que alguien le había enviado un mensaje. Mento alargó el brazo y abrió los ojos para ver quién le había escrito.
 
vienes a ver la peli d zombies cn nosotros?
 
No pudo esconder la sonrisa al ver que se trataba del nuevo amigo que había hecho en el instituto. Después de años de trabajo, las sesiones con la doctora López habían dado sus frutos y Mento había aprendido a dominar su habilidad casi del todo. Ya había hecho un grupo de amigos y se manejaba bastante bien en su día a día, por lo que ya no iba tan a menudo a sus sesiones; aun así, la veía de tanto en tanto porque era muy consciente de la importancia de cuidar la salud mental. Tenía pensado seguir visitándola durante muchos años y compartirle todas sus anécdotas, pero no con la misma frecuencia de antes.
 
Con la tranquilidad característica de Lotto, Mento le confirmó a su amigo que iría a ver la película y se preparó para salir de casa. Mitsuki estaba en el salón, viendo la televisión, así que se acercó a darle un beso a su madre antes de irse. Ella le dio un abrazo y le dijo que lo pasara bien, que si la película terminaba muy tarde podría ir a por él y sus amigos para que cenaran en casa y pasaran la noche ahí. Él se lo agradeció y ella le despidió con una sonrisa, hacía tiempo que su relación también se había calmado. Hacía tiempo que todo parecía salirle bien.

  
···
 
Ver cómo sus oponentes perdían la paciencia por la lentitud de Lotto era, cuanto menos, satisfactorio. La slowbro había terminado con Ninetales después de unos minutos de aparente inactividad en los que lo que había hecho era usar maldición una y otra vez. ¿Qué más daba hacer más lenta a una pokémon que ya lo era de por sí si así conseguía aumentar su defensa y su ataque? Era una de sus estrategias favoritas y sabía que nunca se cansaría de usarla.
 
 No hacía falta que Lira sacara a Feraligatr para saber que estaba a punto de perder los nervios, su cara lo expresaba claramente. Mento sabía que Lotto acabaría perdiendo ante el reptil, pero eso le costaría tiempo, y para entonces él se habría desgastado lo suficiente para que Salvia pudiera acabar con él después de confundirlo un par de veces.
 
Pero eso sería luego. Ahora disfrutaría, mientras Lavanda seguía a su lado, de la lentitud y tranquilidad que Lotto aportaba al combate. Eso le ayudaría a calmarse y retrasar un poco la inevitable sobreestimulación que acabaría sufriendo.
 
Cuando llamó preguntando por ella su intuición le dijo que algo no iba del todo bien y, como era habitual, su intuición no fallaba. El silencio momentáneo y el repentino cambio en el ambiente —lo notó aunque estaba hablando por teléfono— le dijeron lo que el recepcionista le terminó de confirmar con palabras. Lo tendría que haber esperado, ya era una mujer mayor cuando fue a su consulta de niño, pero aun así…
 
La muerte actúa sin avisar, es lo que aprendió ese día.
 
Consideró que ella era más importante que todo lo que tenía pensado hacer durante la semana, así que después de hacer unas rápidas preguntas y de dar sus condolencias terminó la llamada y se quedó mirando la pantalla del teléfono.
 
No podía creérselo, parecía una broma de muy mal gusto. Esperaba que a los segundos el recepcionista le volviera a llamar y le dijera entre risas que era una broma, que le habría encantado ver su cara y que por las molestias tenía un diez por ciento de descuento en su siguiente sesión de terapia, pero sabía que esa llamada no iba a llegar. No, no lo sabía, lo sentía.
 
Mento se apoyó en la pared, esperando la ola de tristeza que no le inundó. Todavía seguía en shock por la noticia y sus emociones no habían reaccionado a ella como esperaba, algo que le sorprendió, pero tampoco le dio muchas vueltas porque tenía algo más importante ocupando su mente. Por eso se separó de su soporte, se puso el abrigo y salió a la calle en dirección a la floristería de su barrio. Solo paró ahí antes de llegar a su destino, el cementerio. La muerte fue por causas naturales, según le había dicho el hombre, y el funeral, lo más íntimo posible. Al tratarse de una mujer que ayudó a mucha gente su familia sabía que muchas personas irían a darle el último adiós, pero ellos querían pasar esos momentos tan duros solos, por eso la clínica había tomado la decisión de comunicarle la noticia solo a aquellos pacientes que llamaran preguntando por ella.
 
Tras dejarse indicar por la funcionaria que guardaba el lugar de día, Mento llegó a los pies de la tumba que buscaba. Estaba bajo las ramas de un árbol de cerezo, llena de pétalos rosas, entre los cuales podía vislumbrarse parte del epitafio-
 
Hic
 
Sus piernas temblaron y fallaron y Mento cayó de bruces al suelo. Al menos le dio tiempo a poner las manos en la tumba para evitar partirse la nariz, pero eso hizo que aplastara un poco las lilas que había comprado. Eran sus flores favoritas.
 

Elisa López
 
19XX- 20XX
 
Gran hermana, adorada tía y respetada amiga. Apasionada de la psicología, su objetivo en la vida siempre fue ayudar a los demás. Quienes te conocimos nos llevamos un poco de la luz que tan desinteresadamente repartiste por el mundo. Nunca te olvidaremos.
 
Las lágrimas limpiaron parte de la tierra y el polvo que se había acumulado en la lápida, pero Mento no reparó en ello. Un par de horas antes se estaba preguntando por qué no había sentido nada al oír que una de las mujeres que más impacto había tenido en su vida había muerto y ahora estaba luchando por respirar entre hipidos y sollozos.
 
Muerta. Está muerta.
 
Sus emociones no despertaron hasta que vio la lápida, hasta que su cuerpo entendió lo que esta implicaba de verdad. Que no la volvería a ver, que no volvería a escuchar sus consejos, que no volvería a contarle sus anécdotas. El dolor partió su pecho en dos y creó una obertura por la que la tristeza y la ira salieron sin control, quemándole la garganta y los ojos. ¿Por qué nadie le había dicho nada? ¿Por qué no se había enterado antes? ¿Por qué-?
 
A nuestra mente le gusta mucho pensar, te sorprendería la cantidad de pensamientos que generamos en un día, muchos de los cuales ni salen a la consciencia. Está bien reflexionar sobre lo que nos sucede, pero no le des manga ancha a tu cerebro, porque puedes acabar en un círculo vicioso de pensamientos que no llevan a ninguna parte y solo generan dolor. Acepta la realidad tal y como es, honra tus emociones e intenta darle a las situaciones la importancia que tienen, ni más ni menos.
 
Las palabras de la doctora resonaron en su mente con tanta claridad que casi parecía que se las estaba susurrando al oído. Mento se arrodilló y se secó las lágrimas con la palma de la mano, aunque no tardaron en ser reemplazadas por otras. Agachó la cabeza e intentó silenciar esos por qué, por ella, y se limitó a aceptar y sentir lo que había sucedido. Ella había muerto, su familia quería despedirse de forma íntima, él se había enterado de su fallecimiento cuando tenía que haberse enterado. Así de sencillo, así de neutro, que es como es la realidad, neutra. Nosotros somos quienes interpretamos y le damos significado a unos hechos que no tienen sentido en sí mismos.
 
A su madre le habría gustado venir, lo sabía, pero prefirió ir solo justo porque podía haber colapsado sobre la tumba sin que nadie le dijera nada, sin miradas de lástima ni nadie que le animara a sonreír porque, supuestamente, a ella le gustaría verle contento. No, justamente la doctora entendería más que nadie sus lágrimas, y justamente ella le animaría a soltar todo lo que tenía dentro. Llora lo que tengas que llorar, Mento, para que la tristeza no tenga que venir a reclamarte cuentas pendientes en un futuro. Era una de sus frases que no olvidaría en la vida.
 
—Gracias… por ser la primera en entenderme y aceptarme y la que más me ayudó a hacerlo —susurró mientras besaba la yema de sus dedos y acariciaba la lápida con ellos—. Gracias… por todo lo que me has enseñado. Estaré en deuda contigo siempre, que tengas un buen viaje.
 
Agarró la Poké Ball que contenía a Elisa y la sopesó mientras recordaba las preguntas que la doctora le había hecho tiempo atrás. ¿Qué quieres tú, Mento? ¿Qué te gustaría conseguir algún día y cómo quieres que los demás te vean?
 
—Ayudar a los demás está bien, pero quiero emplear mi habilidad para otra cosa —susurró mientras sacaba a la xatu que la había acompañado desde que se conocieron en el bosque de su escuela. Ella miró al frente, inamovible como siempre, y Mento sonrió al verla tan concentrada—. Sé que estoy destinado a conseguir grandes logros, por eso voy a dedicarme en cuerpo y alma a ser el entrenador de tipo psíquico más respetado del mundo. Voy a poner el nombre de esos pokémon bien alto y demostrar de lo que somos capaces las personas como yo. Verás lo que sirvió que te esforzaras y creyeras tanto en mí.
 
Eso ya no era la formulación de un deseo, una respuesta o una mera promesa. Era una afirmación, algo que sí o sí acabaría sucediendo, solo era cuestión de tiempo que llegara a cumplirse.
 
Mento tenía dieciocho años al salir del cementerio municipal en uno de los días más dolorosos de su vida y cumplió veintitrés el día que fue aceptado como miembro del Alto Mando de Johto. Cinco años llenos de entrenamientos exhaustivos, de risas, de lágrimas, de dolor y de frustración. Cinco años dedicados a cumplir lo que le respondió a la mujer que más le había apoyado en su vida.
 
Y los que le quedaban.

 
···
 
—¡Togekiss, poder pasado!
 
—¡Elisa, psíquico!
 
Lotto había hecho un buen trabajo desgastando a Feraligatr, pero no fue suficiente para que Salvia terminara con él, y antes de que pudiera darle el golpe de gracia Lira lo cambió por Togekiss. El ave se encargó de debilitar a su otra estimada xatu, por lo que ahora solo contaba con Elisa. Aunque a Lira todavía le quedaba un pokémon intacto, Feraligatr estaba a medio golpe de ser debilitado y Togekiss estaba empezando a cansarse, por lo que confiaba en que Elisa tenía posibilidades de ganar. El panorama no era prometedor para él, pero no pensaba venirse abajo. No había llegado tan lejos rindiéndose ante las adversidades, esa mentalidad no era la que le permitía ser un miembro del Alto Mando.
 
—¡Vuelo, no dejes que te alcance!
 
—¡Viento aciago!
 
Elisa tembló por el veneno que le había inoculado Togekiss con tóxico, pero fue capaz de crear de nuevo ese viento denso y viciado. Togekiss descendió en plena oscuridad y fue capaz de darle a su objetivo, aunque no se libró de sufrir daño por parte del movimiento de tipo fantasma. Lira se quedó expectante, deseando que el viento se fuera a otra parte para ver lo que había sucedido. El último enfrentamiento estaba siendo muy intenso, tanto que Mento ya había dejado de dar las órdenes telepáticamente para gritarlas junto a ella y disfrutar al máximo del combate. Hacía tiempo que no vivía uno así y ya se estaba dejando llevar por la adrenalina para disfrutarlo, y lo estaba haciendo tanto que esa sensación de diversión no se fue ni cuando vio a Elisa derrotada en el suelo. A su lado, Togekiss cayó inconsciente, habían sido debilitados al mismo tiempo.
 
Lira se quedó quieta, mirando a Elisa con detenimiento para asegurarse de que no era otro truco y sí había quedado fuera de combate. Eso se confirmó cuando Mento se acercó a ella y juntó sus frentes antes de devolverla a su Poké Ball para tener el descanso que merecía. Era oficial, había derrotado al primer miembro del Alto Mando.
 
La entrenadora cayó de rodillas al suelo mientras hacía lo mismo con Togekiss y lo guardaba en su cápsula. ¡Menudo combate! ¡Entre que Mento no había dado las órdenes en voz alta hasta el último momento y sus pokémon hicieron lo imposible por estirar la duración al máximo sentía que había librado tres en vez de uno! Estaba agotada y casi todo su equipo había sido derrotado. Sí, todavía tenía a Dragonair en perfecto estado, pero Mento había combatido con cinco pokémon y ella con seis. Si él también hubiera tenido un sexto integrante en su equipo…
 
—Ha sido un combate estimulante. Felicidades.
 
Todos sus pensamientos se acallaron en cuanto el aura de Mento la alcanzó. El entrenador se acercó a ella y estiró el brazo para ayudarle a levantarse, Lira le tomó la mano y se puso de pie gracias al tirón que dio el hombre.
 
—Ha sido… Increíble, de verdad. ¡Me he quedado sin aliento! ¡La forma en la que Elisa ha acabado con Ampharos a pesar de estar en desventaja y y y cómo tu slowbro ha estado lo que me ha parecido una hora aguantando los golpes que recibía! ¡Ha sido, ha sido-! —Lira sacudió la cabeza, intentando ordenar las palabras para decir algo coherente y dejar de gritar— Ahora entiendo el poder del Alto Mando.
 
—Y eso que soy el más débil de mis compañeros. Si crees que esto ha sido duro espera a enfrentar el siguiente integrante.
 
La puerta que había detrás de Mento se abrió y Lira contuvo la respiración. Ya había superado el primer obstáculo y ante ella tenía el pasillo que la llevaría al segundo. Sin embargo, antes de irse la entrenadora se dirigió a Mento una última vez y tomó su mano entre las suyas para apretarlas suavemente.
 
—Tienes un aura muy tranquila. Entre el truco que has hecho al principio y tu serenidad has hecho que me calme bastante. Gracias, seguro que aprecian un montón tu presencia aquí.
 
Lira no esperó a que Mento respondiera, tal vez porque sabía que no iba a responder, y cruzó la puerta que la llevaría a la otra sala. Cuando se fue las luces principales volvieron a apagarse y únicamente se quedó encendida la tenue luz lila que había a ras de suelo. Solo entonces Mento se quitó su antifaz y dejó que las lágrimas que había estado conteniendo hasta entonces cayeran libremente por sus mejillas. Qué alivio le daba llorar.
 
—Por todos los… Qué intenso —murmuró mientras una sonrisa se formaba en sus labios y alzaba la mirada al techo. Las batallas así lo llevaban al borde de la sobreestimulación, pero siempre le dejaban con un buen sabor de boca, incluso aunque perdiera. Sí, no iba a negar que le molestaba perder, más cuando eso le alejaba de su objetivo, pero el aprendizaje que sacaba era tan enriquecedor que no podía molestarse mucho por ello. Además, era lo que siempre le decía ella, y ella siempre tenía razón—. Espero que hayas visto eso, Elisa. No cesaré en mi empeño, si acaso esto solo me ha motivado para seguir adelante y mejorar. Todavía estoy lejos de alcanzar mi verdadero poder, por eso seguiré entrenando y me convertiré en el mejor especialista en tipo psíquico de todos los tiempos.
 

 
—Menuda decepción.
 
La sala de entrenamiento estaba patas arriba; los muebles, boca abajo; el tatami, destrozado. Una sombra se eregía imponente en medio de todo ese caos y de ella emanaba un aura oscura, fría y amenazadora, que hacía que los otros dos seres vivos que se encontraban en esa estancia temblaran de pavor.
 
—Incluso con todo el entrenamiento, incluso con todos los métodos tan variados que he empleado no… No…
 
Un niño que no tardaría en entrar en la adolescencia se encontraba arrodillado tras esa sombra, con las manos apoyadas en el suelo, pues era lo único que le impedía caer. Jadeaba e hiperventilaba como si estuviera poseído, porque su cuerpo le pedía más oxígeno del que le podía dar después del entrenamiento intensivo al que se había visto sometido. Quería decir algo, quería disculparse por no ser suficiente, pero todavía le costaría un buen rato recuperar el aliento así que hablar le resultaba imposible, bastante era que no se había desmayado. El pokémon que había a su lado, un golbat, le miraba profundamente avergonzado.
 
—No eres digno, Koga —dijo la sombra dirigiéndose a la puerta. Dio un paso para salir del área de entrenamiento y, antes de desaparecer por completo, echó una última mirada por el hombro a su hijo—. Sigues sin ser digno y, a este paso, dudo que algún día lo seas.

 
···
 
La siguiente sala tampoco estaba muy iluminada. Lira no sabía si era para poner a los retadores más nerviosos o para ahorrar luz —un edificio de ese tamaño debía costar lo suyo de mantener— pero esperaba que al menos en su enfrentamiento contra el Campeón hubiera más focos para tener un combate decente.
 
Si es que llego hasta él.
 
Las palabras de Mento no abandonaban su mente. Si crees que esto ha sido duro espera a enfrentar el siguiente integrante. Tenía claro que retar al Alto Mando no sería un paseo por el parque, pero ¡tampoco sabía cuanta verdad había en los mensajes de los líderes que avisaban que la llevarían a su límite! No tener la oportunidad de salir a descansar se sentía más injusta ahora, pero Lira no pensó mucho en eso.
 
Porque tenía la sensación de que alguien le estaba vigilando.
 
No sabía dónde estaba el siguiente integrante del Alto Mando, pero no era en el campo de batalla, cuyo suelo era de piedra y la hierba se hacía un hueco entre las grietas. ¿Tal vez estaba esperando en algún cuarto secreto a que le dijeran que había derrotado a Mento? Eso tenía sentido, no iban a estar encerrados día sí día también a que llegara un entrenador a retarlos, podrían volverse locos con tanta espera.
 
Fiuuu
 
Una corriente de viento sopló a sus espaldas y Lira se dio la vuelta al sentirla, pero ahí no vio nada. Su cuerpo se tensó al sentir movimiento por el lado derecho y fui ahí hacia donde dirigió su mirada aunque, como antes, no vio nada.
 
—Tienes buenos reflejos, pero eres lenta.
 
La voz provino de su izquierda y Lira estuvo a punto de saltar al escucharla. Se dio la vuelta y al fin lo vio con claridad: se trataba de un hombre adulto con un shinobi shozoku y una bufanda roja anudada en el cuello. Aquel atuendo le recordaba al que llevaba la chica con la que se había cruzado en la recepción de la Calle Victoria, ¿estarían relacionados de alguna forma? Era la primera vez que veía a dos personas con ese tipo de ropa.
 
—No vamos a quedarnos así todo el día, ¿no? Que esto no es un concurso de miradas. Ven.
 
Lira siguió la instrucción de aquel hombre y fue al campo de combate junto a él. Intimidaba, bastante, no tenía la misma calidez que Mento en su voz, pero aunque imponía no llegaba a sentir miedo. No, se notaba que era un hombre estricto, pero no había nada más, nada que temer.
 
—Me presento. Soy Koga, miembro del Alto Mando y especialista en el tipo veneno. A muchos entrenadores les gusta usar la fuerza bruta para ganar los combates y hacerse lucir. Yo no soy muchos entrenadores, mis técnicas confunden y debilitan sin que te des cuenta hasta que sea demasiado tarde. ¿Crees que tienes lo que hace falta para aguantarlas?
 
—Lo sé.
 
Koga asintió, tratando de reprimir una pequeña sonrisa. Le gustaba enfrentarse a adversarios confiados, era más satisfactorio ver su reacción cuando perdían. Sin decir nada más agarró una Poké Ball y de esta sacó a Akiro, su fiel ariados, mientras que la chica sacó a Togekiss.
Mostrar Vs. Koga
[Imagen: vANX0eE.png]
 
—¡Velo sagrado!
 
—¡Telaraña!
 
No estaba mal, proteger a su equipo de las confusiones y envenenamientos desde el primer momento. Eso retrasaría la diversión, pero no había llegado a ser el entrenador que era basándose únicamente en los cambios de estado. Pidió a Akiro que volviera con relevo y sacó a Hagoku, su forretress, para encargarse del resto.
 
—Púas tóxicas.
 
Su pokémon cumplió y llenó el campo de unas púas que envenenarían a los futuros compañeros de la muchacha. El efecto de velo sagrado no duraría para siempre y con telaraña se había asegurado de que Togekiss no pudiera ser cambiado hasta que cayera debilitado, y pocas posibilidades tenía de ganar a su tipo acero. Lira intentó empezar el combate defendiéndose y al final acabaría perdiendo su escudo en el primer enfrentamiento, Koga ya había visto demasiadas estrategias parecidas que le habían hecho prepararse para ese tipo de situaciones. Sería interesante ver cómo le haría frente a su veneno ahora.
···
—¡Mi pokémon!
 
Un hombre gritó horrorizado al ver cómo su pokémon caía al suelo. Un poco de sangre salía de la herida que le habían provocado en el cuello, por la cual estaba entrenando una sustancia morada y viscosa. Su meganium cerró los ojos al empezar a sentir los efectos del veneno, lo que hizo que su entrenador se indignara todavía más.
 
—¡¿Pero qué haces, colega?! ¡¿Es que no tienes corazón o qué?! ¡Flora ya había sido derrotada, no hacía falta que le dieras ese golpe fatal!
 
Su contrincante, un hombre con shinobi shozoku y una bufanda roja que le cubría la mitad de la cara, ni se inmutó. Miró al entrenador con una frialdad que lo dejó temblando y, sin darse cuenta, dio un paso hacia atrás al sentirse intimidado por él.
 
—La compasión y la empatía no llevan a ningún lado. Si quieres ser el mejor debes asegurarte de que tu adversario no se vuelva a levantar cuando caiga —dijo el ninja mientras su golbat volvía a su lado. Su voz no contenía ninguna emoción, al igual que su mirada, y fue esa ausencia de calor y humanidad la que hizo que el entrenador guardara a su pokémon y empezara a sentir miedo—. Si no estás preparado para afrontar la crudeza del mundo será mejor que te vayas. Enseguida.
 
—E-estás fatal de la cabeza. ¡Eres un monstruo!
 
Gritar fue lo último que hizo antes de huir de ahí. La habilidad de Koga en los combates era de sobra conocida por muchos en Kanto, que lo retaban día sí y día también con la esperanza de superar al venenoso maestro ninja. Sin embargo, él contaba con otra arma además de su veneno, pues el filo de sus palabras y miradas podía causar heridas más graves que las de sus shuriken. Quien se enfrentaba a él lo comprobaba de primera mano y algunos quedaban tan aterrorizados después de combatir que terminaban por desarrollar una fobia al tipo veneno. A Koga eso no le sabía mal, no era su culpa que su región estuviera llena de debiluchos.
 
Riiing riiing
 
Su móvil le sacó de sus cavilaciones y le bastó con echar un breve vistazo al número para saber que era del hospital. Supuestamente, su mujer daría a luz a su hija hoy y estaba pendiente de que le avisaran cuando se produciría el parto. Sí, a su hija, una niña. Ya se podía imaginar la mueca de decepción en el rostro de su padre; las mujeres son físicamente inferior a los hombres, ¿lograría alcanzar lo que se espera de un ninja? Ni siquiera tenía hijos bien, era una deshonra total.
 
Koga salió del gimnasio de Ciudad Fucsia sin prisas, de la misma forma que llegó al hospital, tranquilo. El profesional de la salud que lo recibió lo llevó a la sala de espera, el parto ya había empezado y era mejor que esperara fuera para no alterar a su mujer. Koga conocía a su mujer y sabía que ella no se alteraría porque era como él, pero aun así no dijo nada, poco le importaba estar presente o no en ese momento. Así que ahí estaba, esperando para ver si al menos la niña había nacido sana, que era lo menos que podía esperar. Aunque hacía ya tiempo que su padre había muerto no podía quitarse la sensación de que lo estaba observando profundamente decepcionado, como siempre. No importaba los años que pasaran, no dejaba de sentir que lo hacía todo mal.
 
—Señor Koga, venga.
 
Una de las doctoras salió y le condujo a la habitación en la que estaba su mujer. Él entró y la vio, con su pelo rubio recogido en un moño y sus ojos morados mirando indiferentes a la pequeña criatura que tenía en el pecho. El parto ha sido un éxito, la niña está sana, no ha habido ninguna complicación bla bla bla. Palabrería que no le interesaba, solo quería ver a la niña por él mismo, así que extendió los brazos para que se la dieran. Los enfermeros se la acercaron al instante y él la sostuvo con cuidado, preparado para afrontar su nueva vergüenza.
 
Que tenía los ojos de su abuela paterna.
 
Koga perdió la respiración durante un segundo. Los enfermeros seguían diciéndole lo bien que había ido todo, pero él los seguía ignorando, esa vez por una razón bien distinta. El bebé lo miraba con curiosidad y él no podía negarlo, tenía los mismos ojos que su madre. Por instinto, de forma inconsciente, vete a saber por qué, él acercó un dedo a su cara y su hija lo agarró. Tenía unos dedos tan pequeños, ni cinco suyos hacían uno de él. El bebé se aferró a él y lo miró por última vez antes de cerrar los ojos, momento en el que la doctora se lo quitó de los brazos para devolvérselo a su madre, porque era muy importante que sintieran la piel materna nada más nacer y bla bla bla. Koga ya no escuchaba, Koga estaba ocupado intentando averiguar qué era esa calidez que había sentido en el pecho cuando había sostenido a su hija y por qué le había molestado tanto que no le hubieran dejado tenerla en brazos durante más tiempo.

 
···
 
—¡Ninetales! ¡Intenta detectarlo bajo tierra!
  
La vulpina excavó en el campo de combate y se escondió en el agujero que había creado, preparándose para atacar a Momo en cuanto notara las vibraciones que causaba con su movimiento. Sí, Momo, un muk que en otras circunstancias sería gigantesco había encogido tanto gracias a un uso desmedido de reducción que Lira tenía problemas para localizarlo.
 
A la entrenadora no le estaba gustando nada la dirección que estaba tomando el combate. Hagako terminó con Togekiss porque por alguna extraña razón no pudo devolverlo a su Poké Ball, luego sacó a Ninetales pero en cuanto pisó el campo de combate se envenenó. Aun así, pudo derrotar al forretress, pero ahora estaba haciendo frente a Momo y no sabía durante cuánto tiempo aguantaría. El veneno le quitaba vitalidad y cada vez le costaba más atacar.
 
—¡Lanza mugre!
 
Y, encima, había cavado su propia tumba sin darse cuenta.
 
Lira vio con horror cómo el muk se metía en el agujero que había creado Ninetales para emboscarla y darle de lleno. Ninetales no pudo salir a la superficie lo suficientemente rápido, así que el ataque la alcanzó y la sacó por la fuerza. La vulpina dio un par de vueltas en el aire antes de caer debilitada al suelo y Lira no pudo hacer otra cosa más que devolverla a su Poké Ball. Ahora tendría que sacar a otro pokémon que se envenenaría y volvería a estar en desventaja, ¿cuál sería mejor para terminar con Momo cuanto antes?
 
… Pues claro, casi lo había olvidado.
 
—Dragonair, ¡no toques el suelo y danza dragón!
 
Su dragona salió de la cápsula tras un estallido de luz azul y extendió sus alas para elevarse en el aire. Se envolvió en un aura negra y roja mientras su velocidad y ataque subían y se quedó arriba hasta que el muk de Koga lanzó otro lanza mugre.
 
—¡Sigue la dirección del ataque y cola férrea!
 
Lira sabía que Momo se dejaría atacar para agarrar a Dragonair y tirarla al suelo para que se envenenara, lo que él no sabía es que aunque le había pedido volar no le importaba tanto que sufriera ese cambio de estado gracias a su habilidad mudar. Dicho y hecho, el muk la tiró al suelo, pero Dragonair pudo asestarle un carga dragón que lo debilitó y volvió a alzar el vuelo mientras su habilidad la curaba. Miró a Koga y vio que el ninja no cambió su expresión en absoluto, seguía estando igual que al principio del combate. No sabía qué estaba pensando, así le costaba más saber si lo estaba haciendo bien o no, pero después de deshacerse de ese molesto muk tuvo la sensación de que, aunque fuera un poco, estaba progresando.
 
···
 
Sachiko. Le pusieron Sachiko. Una niña alegre y movida cuya energía le vino de maravilla para iniciarla en el camino del ninja. A Chieko, su mujer, no le importó que él la instruyera en esas artes, siempre y cuando sacara buenas notas en el colegio y fuera una niña independiente. Koga pensó que no chocarían a la hora de criarla, porque los dos buscaban lo mejor para ella y mientras él le sacaba partido por el lado físico Chieko lo haría por el intelectual, pero no tardó en darse cuenta de lo equivocado que estaba.
 
Hacía tiempo que lo había notado, pero terminó de entenderlo una madrugada en concreto. Él estaba en el sofá, viendo una película a la que hacía tiempo que no estaba prestando atención, y su hija estaba durmiendo acurrucada a su lado. A veces tenía pesadillas y Chieko le decía que tenía que dejar que superara ese miedo sola porque de lo contrario no lo haría nunca. Sin embargo, Koga discrepaba, y sentía la necesidad de acompañar y proteger a su hija en esas noches tan duras para ella. ¿No lo superaría mejor si sentía que tenía el apoyo de alguien cercano?
 
—Hi-hipno… F-fuera.
 
Koga acarició el cabello de su hija cuando empezó a tiritar y llegó a la conclusión de que no lo entendía. No los entendía. No entendía cómo su mujer podía estar durmiendo tan tranquila sabiendo que Sachiko temblaba literalmente de miedo por los terrores nocturnos que sufría y tampoco entendía cómo su padre pudo ignorar el mismo instinto paternal que le empujaba a quedarse despierto con su hija toda la noche. ¿Cómo era posible ignorar o no sentir aquel instinto? ¿O es que era de buen padre llevar a los hijos al límite ignorando los sentimientos para sacar su verdadero potencial y nadie se lo había dicho? A lo mejor él estaba equivocado-
 
—Papá, acaba con él.
 
Koga se sobresaltó al sentir que Sachiko se movió en sus sueños y le agarró el dedo índice. La niña sonrió mientras le seguía animando para que acabara con ese tipo psíquico —al que aniquilaría sin dudar si no estuviera en el mundo de los sueños— y de nuevo sintió que una agradable calidez invadió su pecho. Otra diferencia, Sachiko se dirigía a él como papá y a Chieko como madre. Ella no entendía por qué él prefería que le llamara así, él tampoco entendía por qué ella prefería que le llamara así.
 
Era una de las tantas cosas que no entendía. Ser padre le había abierto un mundo lleno de incógnitas, su hija había venido para cambiarle los esquemas y confrontarle sobre todo lo que pensaba, aunque ella no fuera consciente de eso. Desde su nacimiento, Koga sintió que cada vez comprendía menos los actos de sus familiares, pero había algo que cada vez tenía más claro. Apagó la televisión y envolvió a Sachiko en sus brazos antes de cerrar los ojos. Si hacer caso al amor que sentía hacia su hija le convertía en un debilucho inútil, con mucho gusto se convertiría en el hombre más patético de Kanto.

 
···
 
Como le había pedido que no tocara el suelo, Koga no recordó que la habilidad de los de su especia era mudar, lo cual fue un fastidio, pero no importó porque Yemon se encargó de darle la vuelta a la tortilla. Su venomoth confundió a Dragonair y a Lira le dio miedo pedirle que atacara en ese estado, más cuando su ataque había aumentado tanto por danza dragón, así que pudo acabar con ella lentamente sin mayor problema. Él tenía a dos pokémon caídos y ella a tres, a los dos les quedaban tres para seguir combatiendo por lo que estaban igualados. Estaba siendo un combate reñido, pero todavía no tenía la sensación de que podía perder.
 
—Espeon, ¡adelante!
 
El tipo psíquico podía llegar a ser bastante odioso, pero él estaba tranquilo. En cuanto el felino salió a combatir se intoxicó y Yemon usó tóxico para potenciar el veneno y hacerle más daño. Al cabo de un rato Espeon se vio obligado a usar sol matinal para recuperar vitalidad, y Koga falló al confiarse un poco, porque al verlo descansando no imaginó que había preparado premonición antes, así que su venomoth lo sufrió de lleno y estuvo a punto de caer al suelo. Pudo recuperarse, pero quedó patente que el ataque especial de ese felino no era ninguna broma y que aun estando gravemente envenenado tendrían que andarse con mucho ojo con él.
 
Koga seguía sin tener la sensación de que podía perder, pero no pudo negar que el corazón empezó a latirle un poco más deprisa después de presenciar la magnitud de ese ataque.
 
···
 
El divorcio fue inevitable. Discrepaban mucho, discutían mucho, no había forma de que se pusieran de acuerdo en la crianza de su hija y al final terminaron por acabar la relación definitivamente. No le dolió, la única razón por la que se casó con su mujer fue porque era igual de fría y obtusa que él, se soportaban mutuamente y como el modelo de vida correcto era casarse y tener hijos se juntaron porque sabían que no encontrarían a otra persona que quisiera estar con ellos.
 
—Has cambiado, Koga. Has cambiado mucho.
 
Fue lo que le dijo una tarde después de volver del parque. Sachiko le había pedido que se quedaran un cuarto de hora más y él accedió, porque se lo estaba pasando muy bien y le encantaba verla correr de aquí para allá con una sonrisa en la cara, así que pensó que no pasaría nada porque se quedara unos minutos más ahí. Su madre, en cambio, tenía otra opinión sobre el tema.
 
—Ahora cedes a lo que te diga tu hija solo porque te pone ojitos. ¿Qué le ha pasado a ese hombre impasible que conocí?
 
—¿Qué daño va a hacerle pasar un cuarto de hora más moviéndose y descubriendo las posibilidades de su cuerpo?
 
—Es cuarto de hora que no aprovecha para estudiar.
 
—Ya ha estudiado un montón este curso, su media no baja del excelente. Necesita desestresarse.
 
—No, necesita ponerse las pilas, que a este ritmo se convertirá en la segunda de su clase.
 
—¿En serio te preocupan más un par de décimas que su felicidad?
 
—¡No va a ser feliz si no saca la mejor nota para entrar en una de las mejores universidades de la región!
 
—¡Tiene nueve años, Chieko! ¡Ni siquiera sabemos si querrá ir a la universidad cuando crezca!
 
Esa fue la última discusión que tuvieron antes de que su mujer tomara la decisión de divorciarse y a Koga le sorprendió no haber contemplado esa opción en ningún momento, pero aceptó sin dudar. Al menos para eso sí se pusieron de acuerdo: durante dos semanas uno la educaría a su manera y durante las otras dos el otro lo haría a la suya, y así sucesivamente, sin opinar sobre los métodos de crianza del otro. Fue un pacto al que Koga accedió y no le dijo nada a Chieko durante meses, aunque ganas no le faltaban, pero entendía que como su madre tenía derecho a educar a su hija de la forma que creyera conveniente.
 
Hasta ese día.
 
La puerta de su casa se abrió y cerró con una fuerza y un ímpetu que lograron sobresaltarlo. Eran las cuatro de la tarde y normalmente su hija llegaba a las ocho cuando volvía de casa de su madre, pero esa vez pasó algo que la hizo salir antes.
 
—¿Cómo ha ido?
 
Koga salió del salón para recibirla, pero Sachiko no respondió, se limitó a subir las escaleras que llevaban a su habitación y cerrarla de un portazo. Koga no la iba a presionar para que le contara las cosas, no era su estilo, pero sí se acercó a la puerta y apoyó su oreja en ella, lo que le permitió oír que estaba llorando. Él tuvo que apretar los puños para contener la ira que estaba empezando a sentir, lo que no pudo evitar fue llamar a la puerta y entrar. No le preguntaría nada, pero quería que ella supiera que él estaba ahí por si le necesitaba. Sachiko se dio la vuelta en su cama para mirarle y abrazó su almohada con más fuerza mientras se preparaba para decirle algo.
 
—Papá, ¿soy una inútil?
 
Después de meses aguantando, la gota que colmó el vaso fue ver a su hija en ese estado. Koga no respondió, bajó al salón directo a por el teléfono fijo y marcó un número que, por desgracia, se sabía de memoria. Ya había ido muy lejos e iba a asegurarse de que todo terminaría ese mismo día.
 
—¿Koga? ¿Qué quieres ahora?
 
—Sachiko está llorando. ¿Qué le has hecho?
 
No le he hecho nada —dijo Chieko con ese tonito que seguro estaba acompañado de una sonrisa. Le gustaba verle enfadado por lo que le hacía a Sachiko, le gustaba saber que podía causar emociones en él aunque fueran negativas, le gustaba usar a su hija para hacerle sufrir y, de paso, sentirse superior a ella—. Ha vuelto a sacar un excelente cuando le pedí una matrícula de honor, tiene que saber que si no mejora no llegará a ser nada.
 
—Eso es ridículo y hasta tú deberías saberlo. No puedes hacer que sienta que no ha logrado nada cuando ha rozado la perfección.
 
—Sí que puedo porque soy su madre.
 
Ah, la frase estrella. Puedo invalidarla porque soy su madre, ser su madre me da derecho a hundirla y hacer lo que me plazca con sus restos porque puedo utilizar la autoridad que tengo sobre ella como me venga en gana. Sí, ellos tenían cierto poder sobre ella, pero ¿con qué derecho podían usarlo para despreciarla? ¿Abusar de tus ventajas sobre alguien no te hacía alguien despreciable?
 
¿Era eso lo que pensaba su padre sobre él? ¿Puedo llevar a mi hijo al borde del desfallecimiento y llamarlo indigno porque soy su padre y tengo ese poder? No, no, a Koga le quedó muy claro esa tarde, ese tipo de personas no eran padres, eran progenitores. Quienes traían personas a ese mundo pero, lejos de dar la vida, la quitaban. En otras palabras, escoria, y él no quería escoria cerca de su hija, por eso no le tembló la voz al volver a abrir la boca.
 
—Escúchame bien, Chieko. Como mi hija vuelva a casa llorando, como vuelva a casa pensando que es una inútil por tu culpa, pido la custodia y no la vuelves a ver en tu vida. Te lo juro por la tumba de mi madre.
 
Al contrario de lo que se podría esperar, no se alteró al pronunciar esa amenaza, y ese frío tuvo más efecto que el calor del enfado. Durante unos segundos solo se pudo oír un enorme silencio al otro lado de la línea y, después, un sonido que indicaba el fin de la llamada. Esa fue la última vez que Koga habló con su exmujer y el último día que Sachiko vio a su madre, porque la mujer decidió desentenderse por completo al considerar que mantener la relación con su hija le daba más dolores de cabeza que otra cosa.
 
—Argh. He vuelto a fallar. ¡Lo siento!
 
Sachiko no nombró a su madre desde entonces y Koga se preguntaba de tanto en tanto si le habría afectado de alguna manera o, de lo contrario, si había vivido esa separación como un alivio. Parecía más contenta, relajada y auténtica, aunque se sentía bastante insegura e inferior. Eso se reflejaba en los entrenamientos que hacían, porque siempre que estaba a punto de realizar alguna técnica nueva o compleja los nervios le hacían dudar y se equivocaba. Él lo veía en sus ojos, cómo ella quería sorprenderle y hacer que se sintiera orgulloso, pero al mismo tiempo pensaba que no se merecía su admiración.
 
—No paras de enseñarme técnicas y yo no paro de fallar, no sé lo que me pasa. Lo siento, no soy digna-
 
—No hables. No recuerdo haber dado un tiempo muerto.
 
Sachiko alzó la cabeza y le miró confundida. Koga se mantuvo de brazos cruzados, impasible, y su hija esperó a que elaborara el mensaje que había tras esas palabras.
 
—Cuando estamos entrenando solo debemos tener la mente en un lugar, en el entrenamiento, y la boca de una forma, cerrada. Hablas y piensas demasiado, Sachiko, por eso los nervios te traicionan. Si esos pensamientos aún tuvieran algún sentido… —susurró mientras se acercaba a ella para poner sus manos en sus hombros— Pero no lo tienen. Deja de pensar que creo que no tienes el nivel, que nunca darás la talla o que no mereces que invierta mi tiempo en ti, porque si fuera así no estaríamos aquí. Tú eres digna desde que naciste y no debes dejar que nadie, ni yo, ni siquiera tú, te diga lo contrario. Así que deja de perder el tiempo con esas tonterías y ¡ven a por mí con todo lo que tienes!
 
Koga soltó los hombros de su hija y ella sollozó. Por un momento el hombre se asustó, ¿había levantado demasiado la voz? No, Sachiko no lloraría por eso, y lo terminó de confirmar cuando la vio sonreír. Ella se secó las lágrimas con la palma de su mano y adoptó una postura ofensiva, dándole a Koga el tiempo justo para defenderse de su próximo ataque.
 
—¡Voy, señor!
 
A partir de ese momento su hija se volvió más centrada en sus entrenamientos. Más ágil, más veloz, más confiada. No pensaba en tener que sorprenderle, no pensaba en tener que ganarse el honor; pensaba solo en derrotarle y eso es lo que estuvo a punto de conseguir varias veces. La gente trabaja mejor cuando solo se centra en una cosa y eso fue lo que logró con Sachiko aquel día. Koga se dio el lujo de sonreír aquella tarde, pero solo porque la bufanda le cubría la mitad del rostro. Sabía que su niña estaba en el camino de convertirse en una mujer imparable.
 

···
 
Yemon y Espeon lo dieron todo, por eso cayeron debilitados al mismo tiempo. El venomoth por otro premonición, el felino por envenenamiento. A ambos entrenadores les quedaban dos pokémon y parecía que no había forma de que uno superara al otro, seguían quedando en empate y el marcador no favorecía a ninguno. Sin embargo, cada vez quedaba menos para el final, y estaba claro que la balanza acabaría desequilibrándose hacia algún lado, por lo que tenían que seguir presionando con todo lo que tenían.
 
—Akiro, ¡sal!
 
—Feraligatr, ¡tu turno!
 
¿Tal vez tendría que haberse reservado a Feraligatr para el último pokémon de Koga? A lo mejor, pero Lira necesitaba sentir otra victoria para encarar mejor el enfrentamiento final. Si Akiro caía ahora podría hacer que Feraligatr dañara un poco al siguiente pokémon para dejárselo en bandeja a Ampharos y ganar, aunque sabía que no sería tan fácil como sonaba. Koga tendría alguna estrategia preparada para ir desgastando a su compañero, así que tenía que estar alerta y preparada para adaptarse al transcurso del combate.
 
—¡Puño hielo!
 
El brazo de Feraligatr empezó a brillar mientras una dura capa de hielo lo envolvía y se lanzaba a por el ariados. Sin embargo, antes de que pudiera darle un golpe efectivo, Akiro se subió al techo de la estancia haciendo uso de su telaraña y abrió la boca todo lo que pudo.
 
—¡Gigadrenado!
 
De esa forma fue capaz de bajarle bastante la vitalidad a su adversario y esquivar su ataque. Por supuesto que no iba a ser tan fácil, un miembro del Alto Mando debía tener muchos ases bajo la manga, pero Lira no pensaba rendirse. No, conseguiría superar sus estrategias, sabía que tenía la habilidad de sobra para hacerlo.
···
 
—Me han llamado de la Liga. Voy a formar parte del nuevo cuerpo del Alto Mando.
 
Sachiko dejó de poner los cereales en su cuenco y miró a su padre durante un segundo, antes de apartar la vista para añadir un poco más y llenarlo de leche.
 
—Buena broma —se limitó a decir. Koga alzó una ceja y le miró dubitativo.
 
—¿Crees que es una broma que me quieran entre sus filas?
 
—Creo que te llaman tarde —contestó mientras le señalaba con una cuchara antes de meterse un par de cereales en la boca y masticarlos—. Lo que no me creo es que vayas a dejar el gimnasio desatendido.
 
—Es que no lo voy a dejar desatendido —dijo mirándola fijamente, pero su hija no lo vio porque estaba bebiendo un vaso de zumo. Koga resistió el impulso de llevarse la mano a la frente e intentó hablar con la mayor neutralidad posible—. Sachiko, te he dicho mil veces que me mires a los ojos cuando hablamos de temas importantes. Esto no es una broma.
 
Ella dejó el vaso en la mesa y le miró atentamente. Esa vez sí tenía toda su atención, esperaba que captara el mensaje y se creyera que iba en serio. Porque lo iba, iba muy en serio.
 
—Estaba diciendo que no tengo pensado dejar el gimnasio desatendido porque se lo voy a pasar a alguien —repitió mirándola con la misma intensidad de hace un momento. Sachiko parpadeó un par de veces, esperando a que le dijera el nombre del afortunado, hasta que dedujo por el lenguaje corporal de su padre por dónde iban los tiros.
 
—Espera un momento. No… No será a mí, ¿no? ¿Es a mí? —preguntó señalándose con el pulgar. Koga asintió mientras se cruzaba de brazos y se reclinaba en la silla.
 
—Tu evolución de los últimos meses ha sido exponencial. Tenía más candidatos en mente, no creas que te he elegido por ser mi hija, pero me has demostrado que tienes lo que hay que tener para llevar las riendas del gimnasio. Será difícil, que no te quepa la menor duda, pero ¿cómo progresa la gente?
 
—Con retos.
 
—¿Y qué va a suponer esto para ti?
 
—Uno muy grande.
 
—Por lo que vas a tener un progreso enorme. ¿Qué te parece la idea?
 
Koga casi no pudo terminar la frase, porque Sachiko no lo aguantó más y se puso de pie rápidamente, tirando del mantel que había en la mesa y con él el desayuno de ambos al suelo. Al ninja no le dio tiempo a molestarse por eso, porque estaba ocupado intentando respirar con el abrazo mortal que le estaba dando su hija.
 
—Gracias, papá —dijo Sachiko conteniendo las lágrimas antes de separarse y mirarle a la cara—. Gracias por confiar siempre en mí. ¡Voy a hacer que te arrepientas de no haberme puesto antes al mando! ¡Ya verás como no llega a desafiarte ningún entrenador de Kanto! ¡Nadie pasará de Ciudad Fucsia!
 
Koga le tiró de la oreja a su hija y ella se llevó las dos manos a esta, intentando soltarse de su agarre, aunque sabía que no lo conseguiría.
 
—¡Ayyy! ¡Vale, vale! ¡Me calmo, me calmo!
 
—Me alegra verte contenta, pero no dejes que la fuerza se te escape por la boca. ¿Qué hemos dicho de la humildad? —preguntó mientras le soltaba la oreja y empezaba a limpiar el estropicio que había causado—. El listón que marcas está muy alto, empieza por objetivos pequeños antes de afirmar algo tan grande.
 
Aunque estoy seguro de que lo alcanzarás.
 
—¡Sí, señor! —exclamó Sachiko mientras iba a por una fregona y desaparecía momentáneamente del salón. Aprovechando que estaba fuera de su alcance visual, Koga volvió a darse el lujo de sonreír hasta que volviera.
 
Eres mi hija. Si alguien puede hacerlo estoy seguro de que serás tú.

 
···
 
Sakori y Ampharos. Uno paralizado y el otro envenenado, menuda escena. Aunque había hecho un buen uso de gigadrenado para debilitarlo e ir recuperándose, Akiro había sucumbido al hielo de Feraligatr, pero el reptil no podía casi respirar cuando terminó el combate por el efecto del veneno así que Lira lo tuvo que cambiar por Ampharos. Así es como ella había acabado enfrentándose al crobat de Koga, que había perdido velocidad por la parálisis que sufría.
 
—¡Doble equipo!
 
Pero eso no le había afectado demasiado, porque se estaba defendiendo creando copias idénticas de sí mismo que llenaban toda la sala, las cuales iban a atacar a la vez a Ampharos. Lira contuvo la respiración, solo le saldría bien la jugada una vez, tenía que concentrarse y dar la orden en el momento adecuado o Koga conocería su estrategia y no podría repetirla de nuevo.
 
Un poco más.
 
Un poco más.
  
Un poco más.
 

 
—¡Ahora! ¡Joya de luz!
 
Ampharos abrió los brazos y un par de rocas medianas salieron disparadas en todas las direcciones, dándole a las copias que se cruzaban en sus trayectorias. Todas desaparecieron en cuanto fueron rozadas por ellas y solo hubo un crobat que descendió tras ser golpeado. Ese era el que estaban buscando y el que no podían dejar escapar.
 
—¡A tu izquierda! ¡Trueno!
 
Ampharos se giró hacia la izquierda para localizar a Sakiro y envió un trueno en su dirección, el cual lo hizo caer definitivamente al suelo para no volver a levantarse. Ampharos también se sentó, agotada por el veneno que todavía recorría su cuerpo, y Lira se acercó corriendo para curarla.
 
—Toma. Aquí tienes- ¡Ah! —gritó al poner una rodilla en el suelo y sentir que se había clavado algo en ella. Al levantarla vio que se trataba de un resto de púa tóxica, el cual se quitó inmediatamente, aunque no impidió que un poco de veneno entrara por su herida. Lira entró en pánico, pero antes de que pudiera preocuparse en exceso vio que alguien le cubrió la rodilla con un algodón y lo pegó a su piel con una tirita.
 
—Debes ir con cuidado. Los campos de combate no siempre se regeneran inmediatamente después de las batallas.
 
—Sí, sí. ¡Lo siento, señor! —exclamó un poco asustada por el corte y por la rapidez del ninja. Se desplazaba en un abrir y cerrar de ojos— Gracias, y gracias por el combate.
 
—No te noto muy contenta. ¿Sabes que has ganado?
 
—Sí, pero he acabado tan cansada y ha sido tan igualado que todavía sigo con los nervios —dijo mientras se llevaba una mano al pecho. Había estado muy reñido y esa vez había terminado con más pokémon perjudicados que con Mento. El especialista en tipo psíquico tenía razón, conforme fuera avanzando más difíciles se volverían los combates. Por un lado eso la abrumaba pero, por el otro, encendía una llama competitiva que la empujaba a seguir hacia adelante y dar el dos cientos por ciento a pesar del cansancio. Koga asintió al ver cómo los puños de Lira empezaron a temblar y se hizo a un lado para que pudiera continuar.
 
—Eso está bien, pero no dejes que te dominen —susurró mientras la miraba por última vez—. No pienses ni hables demasiado, céntrate en tu único objetivo y así tendrás más posibilidades de alcanzarlo.
 
Tras decir eso el ninja se esfumó, se desvaneció en el aire sin dejar rastro y dejó la estancia vacía. Lira avanzó prestándole especial atención al suelo para no volver a herirse y llegó a la puerta que conducía a la otra sala, la cual parecía que estaba más iluminada que las anteriores.
 
Dos de cuatro. Dos miembros del Alto Mando derrotados y otros dos por delante. Lira se golpeó la cara con sus manos para salir del trance y siguió caminando, estaba impaciente por conocer al tercer integrante.
[Imagen: rrYl76h.jpg]
 
 
[Imagen: vS2axv2.png]
 
Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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Mi primera reacción al ver el título de este episodio:


 
En fin, vamos a lo que toca. ¿Cómo te digo que ha sido hermoso sin decirte que ha sido hermoso? No sabía cómo ibas a afrontar este reto, pero has sabido estar a la altura del mismo y presentarnos la primera parte de la travesía de Lira por el Alto Mando de manera entretenida. Realmente has sacado a relucir tus dotes de escritora al hacerlo de este modo, dejándonos ver los trasfondos de Mento y Koga, ambos sobre la autoaceptación, aunque en circunstancias muy distintas. De algún modo, siento que con este episodio te has acercado muchísimo más al mundo real que con todos los anteriores (o como dice Tommy, bajarnos este mundo de fantasía a nivel de suelo, o algo así), al haber sido tan personales. Y es curioso, porque ya lo habías hecho con personajes como Carol, Silver, Lance, Débora y tantos otros, pero supongo que ha sido la combinación de tener una batalla importante en medio y que fueran ellos el centro del episodio, en lugar de mostrarlo en medio del avance de trama.

Mento ya dejaba ver en su aparición previa que era más de lo que dejaban ver los ojos, pero wow, pobre muchacho. Realmente pudo empatizar con todo lo ocurrido, en especial esa desesperación al no sentirse capaz de "encajar" por ser diferente; su crecimiento me resultó orgánico y llevado magníficamente, mientras que Mitsuki me resultó muy natural, un ser humano que se equivoca pero realmente quiere mejor. Y la buena doctora... qué pocas líneas, pero menudas líneas, llenas de sabiduría y ese deseo de hacer el mundo un lugar mejor. Y todo lo que ocurre luego... ay. Mento nunca me resultó un personaje llamativo, pero ésta debe ser mi versión favorita del mismo, realmente se hace muy entrañable.

Y Koga no se queda atrás. El tema con su padre es una cosa muy jodida que plaga nuestra sociedad desde hace mucho tiempo, y su esposa demuestra no ser mucho mejor. El nacimiento de Sachiko y las sensaciones que le hace descubrir lo vuelven muy humano, en especial al darse cuenta de qué es lo realmente importante al criar a una nueva vida que depende completamente de ti al principio. Es hermoso ver cómo Koga crece junto a su preciosa niña, y ese aire frío que proyecta es más bien seriedad y enfoque para afrontar el mundo de un modo sano, no lo que Chieko quería imponer en la pobre Sachiko. Y el valor para cortar con esas relaciones tóxicas. No hay nada que me reconforte más que eliminar la odiosa noción de que "la familia tiene que mantenerse unida pase lo que pase", porque esto acaba siendo perjudicial si no existe una voluntad de cambiar para mejor, como en el caso de esa mujer. Con esto, este Koga también se convierte en mi versión preferida del mismo.

No digo que esto haya sido perfecto, porque he visto errores, pero honestamente he preferido pasar de ellos en favor de lo más importante. Y es que no veo forma posible en que hayas podido abordar este episodio y hacerlo mejor de lo que ya es. Por lo que sólo te queda seguir adelante y llevar AdP a buen término, como no dudo que será el caso.

Mostrar Citas
(18 Jan 2022
07:40 PM)
Sakura escribió:
Sep, aunque Carol ya no esté en el Team Rocket está claro que este le va a perseguir durante una bueeeeena temporada, no fue poco lo que vivió ahí y todavía le queda para recuperarse, pero con el apoyo de sus seres queridos ya va creando poco a poco la vida que quiere.
Sin duda... es lo que tiene el estrés post-traumático ówò
 
Cita:—Cielo, ¿quieres mis gafas de sol? —preguntó mientras rebuscaba en su bolso y sacaba un estuche rojo. Mitsuki apartó con delicadeza a su hijo y se agachó para ponerle las gafas; en cuanto sintió que ya las tenía, Mento abrió los ojos y parpadeó un par de veces.
Tengo que decir muchas cosas, fuera del hecho de que toda esta apertura ha sido preciosa. Mitsuki, buena referencia al nombre en japonés de Mento (Itsuki); algo, las gafas de sol, que hacen alusión a su antifaz y le dan una razón práctica aparte de la estética del personaje. Nice, very nice owo
 
Cita:Elisa tembló por el veneno que le había inoculado Togekiss con tóxico, pero fue capaz de crear de nuevo ese viento denso y viciado. Togekiss descendió en plena oscuridad y fue capaz de darle a su objetivo, aunque no se libró de sufrir daño por parte del movimiento de tipo fantasma.
Y antes de que nos diéramos cuenta, Togekiss ya era de tipo hada (?)
 
Cita:—Por todos los… Qué intenso —murmuró mientras una sonrisa se formaba en sus labios y alzaba la mirada al techo. Las batallas así lo llevaban al borde de la sobreestimulación, pero siempre le dejaban con un buen sabor de boca, incluso aunque perdiera. Sí, no iba a negar que le molestaba perder, más cuando eso le alejaba de su objetivo, pero el aprendizaje que sacaba era tan enriquecedor que no podía molestarse mucho por ello. Además, era lo que siempre le decía ella, y ella siempre tenía razón—. Espero que hayas visto eso, Elisa. No cesaré en mi empeño, si acaso esto solo me ha motivado para seguir adelante y mejorar. Todavía estoy lejos de alcanzar mi verdadero poder, por eso seguiré entrenando y me convertiré en el mejor especialista en tipo psíquico de todos los tiempos.
Awwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww :'3

E iba a hacer citas de la parte de Koga, pero es que jope, se ha hecho tan conmovedora que aquí quedé, de principio a fin. Menos mal que padre e hija se tienen entre sí, aunque pronto él podría tener además un buen yerno en Pegaso owo

Y no sé qué más agregar, ahora mismo. Aún tengo las sensaciones muy a flor de piel tras esta lectura (te entiendo muy bien, Mento owó) y te agradezco que compartas esta historia, Saku. Sé que todavía queda mucha tela por cortar con AdP, así que espero con muchas ganas lo siguiente :o

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[Imagen: anh12KW.png]

Wasureruna saigo no buki wa ai sa
♪♪
 
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Sí, el título de este post fue el mejor chiste / juego de palabras que se me ocurrió con los dos personajes que elevan el capítulo por la estratósfera.

No sé si pueda afirmar tan categóricamente que fue mi favorito de Alma de Plata, pero decididamente fue el mejor craneado y estructurado, y puede leerse perfectamente como un One Shot mostrando solo una fotografía (una muy espectacular y satisfactoria, he de añadir) del final del viaje de Lira, pero donde sabés meternos de LLENO en las biografías tanto de Mento como de Koga, las dos bien diversas y abordadas con una sensibilidad maestra que siempre fue tu punto fuerte a la hora de volcar emociones y evocar ese humanismo y esa empatía que sentís como autora por los personajes.

El arranque con el mentita peque fue... ah, fue demasiado hasta para un témpano de hielo como yo. Me partió en mil pedazos, y la sutileza del chico ilusionándose por la flor de sakura y la emoción de su madre, pero también la dureza con la que sincera su dolor por ver a su hijo tan diferente me pareció tan realista. Las sesiones de terapia estuvieron re bien bajadas a tierra, y aunque los pokémon iban y venían por la vida de Mento para hacerle compañía y mostrar una conexión que no podía forjar fácilmente con otros niños, bien podría haber sido la historia de cualquier chico con esa condición.

Exactamente lo mismo se aplica para Koga y la presión a la que fue sometido desde chico, y la sequedad con la que transcurrió su matrimonio por mera formalidad, y finalmente la paternidad que afloró en él no solo los sentimientos más puros que puedan sentirse por la vida que viste nacer y por la inocencia que tenés que aprender a proteger, sino también su propio remordimiento por notar que él nunca fue mirado con esos ojos de amor por su propio padre, y que su propia esposa tampoco sentía un especial aprecio hacia su hija. Tengo que detenerme en la madre narcisista, porque mi vieja pasó por lo mismo con la suya y al día de hoy sufre por eso. Abordaste con un tacto muy especial ese apartado, y me encantó que te refieras al concepto de "progenitora" para llamar por su nombre a lo que había sido esa mujer para Sachiko, y su propio padre para él.

La muerte de la Dra. López también fue relatada con un tacto casi mágico, y la reacción de Mento durante esta escena hasta pasar a su liberación emocional despojándose del antifaz tras que Lira dejó el recinto fue un clarísimo highlight no solo del capítulo, sino de toda la historia de Alma de Plata. Precisamente vos tenés un talento muy particular para retratar el alma de tus personajes, y queda clarísimo leyendo los últimos tres capítulos publicados hasta ahora.

¡Ah! Pero no puedo pasar por alto la actuación de Lira, y estructuralmente pasar los combates a un segundo plano intercalándolos con los flashbacks fue una valiente y acertada decisión narrativa. Porque reduciéndole screen time también generaste una sucesión de estrategias por parte de la prota que fueron para sacarse el sombrero; especialmente esa BRILLANTE idea de perturbar la propia psiquis de Jynx llenando de mimitos a su Ninetales. Que justo la retadora entienda que puede DESESTABILIZAR PSICOLÓGICAMENTE a su oponente, un pokémon psíquico entrenado por un experto en el tipo psíquico, habla mucho de todo lo que creció como entrenadora, aprendiendo a pensar fuera de la caja y a tener una visión mucho más amplia de todo lo que sucede simultáneamente durante una batalla.

Plus, no puedo no mencionar el puntazo que fue ese momento de Koga mandando a Muk a hacerse bieeen chikitito y a Crobat a hacerse bieeen multiplicoso. LA PUTA MADRE KOGA NO PODES SER ASI DE GARCA EN LOS JUEGOS Y AHORA TAMBIEN EN EL FIC DE SAKU. Está bien está bien, me conmovió un montón su historia y su desarrollo. Me encantó que tuviera el tacto de curar a la chica cuando se clavó una de las púas tóxicas que su Ariados había desprendido. Pero... ¡Vamos! Podías pelear como hombre y atacar de frente. Además tenías TODA la ventaja contra Togekiss ahora que Saku decidió por algún motivo que deje de ser tipo normal. No, en serio nena, vas a tener que explicar eso si no querés comerte un baneo espectacular. (?)

Me MUERO por saber cómo abordas a personajes tan diferentes como Bruno y Karen en el próximo capítulo. A esta altura no creo que la presión pueda asustarte, porque te adueñaste más que nunca de tu historia y la estás escribiendo mejor de lo que ninguno de nosotros podría hacerlo por vos. A ver qué tan alto vuela tu imaginación y qué tan bien podés echar un cable a tierra a estos personajes tan improbables pero que, de manera fascinante, convertiste en seres humanos mucho más tridimensionales que cualquier modelo en los juegos actuales de la franquicia.
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Primeramente debo decir que me ha dejado anonadado que actualizaras tan pronto, y encima con un capítulo más largo que el anterior, sin tarjetas ni nada ¿Acaso tienes todavía los dedos? Se te tienen que haber caído en el proceso con esta actualización tan salvaje y poderosa que te mandaste. Realmente eres una grande  PikaSwag

Tremendos pasajes has montado con los flashbacks de Mento y Koga mientras Lyra va sudando balas en cada uno de sus enfrentamientos que resultan duros como nada más en este mundo. Alucinantes de principio a fin, aunque eso sí, está mal que le quitaras presencia a los combates para entrar en el tema sobre la vida de los dos primeros integrantes del Alto Mando. Te lo aplaudo porque me gustó, me conmovió y me interesó de forma bastante grata, pero no estuvo bien, que conste. Castigada, señorita  [Imagen: mewtwoLUL.png]

El flashback más emocional es sin duda el de Mento. Ya empieza el capítulo y me encuentro con una escena que no sabía ni qué era ni de donde salió. Por unos instantes me pregunté si se te había cruzado el capítulo con otro de un fanfic distinto, pero leo el nombre de Mento y todo cobra rápidamente sentido. Ya a partir de ahí ha sido una serie de pasajes conmovedores de la historia de un niño con una capacidad perceptiva exageradamente desarrollada que en ocasiones lo dejaba muy mal parado ante el bullying o ante situaciones puntuales que lo sometieran a un cierto nivel de presión, y que entre la doctora y los pokemon fue consiguiendo ese consuelo que necesitaba para finalmente trazarse un camino en la vida. Hermoso de principio a fin, y con un remate más que digno con el propio Mento llorando por la sobreestimulación de su batalla contra Lyra. Y qué decir de su Jynx, bien besucona ella que se ponía verde de envidia cuando veía a Lyra poniéndose mimosa con su Ninetales. Ese es otro detalle bastante bueno, que cada uno de los pokemon de Mento fueran entrando en escena progresivamente en los flashbacks de Mento y formaran parte de su vida en pleno proceso de formación y tratamiento para que el propio Mento no se viera superado por su propia habilidad supersensitiva. Ese chico habrá perdido la batalla, pero la historia fue un auténtico baile emocional, y algo que le da un peso adicional a esta minitrama es que ya habías dejado trazos de esos detalles del propio Mento en capítulos anteriores, por lo que la trama se siente completamente creíble, no hay un solo detalle que se sienta que salió de la nada y que sea prescindible. No. Muy por el contrario, esto convierte lo que antes eran simples detalles personales en todo un lore alrededor del propio Mento, y eso está genial.

Lo de Koga puede que no fuera tan detallado, largo ni profundo en muchos aspectos, pero tomando en cuenta el contexto en que se desarrollan sus respectivos flashbacks, pues tampoco es que necesitaba demasiado de eso. Ya no era la convivencia de Koga con sus pokemon, sino su evolución personal de ser un niño que nunca hizo suficiente a los ojos de su padre a redescubrirse emocionalmente cuando tiene a su hija. Está implícito con estos detalles que Koga pasó buena parte de su vida llevando una existencia vacía y rígida, moviéndose únicamente en la dirección de una meta que jamás veía que se acercara por tener su mente incrustada en los recuerdos de su padre. Y que encima se casara con alguien simplemente por cumplir y ya dice también de lo vacío que estaba entonces. Casi es milagro que les naciera Sachiko, siendo la clase de elementos que eran esos dos. Y luego está el tema de que el flashback pasa a tratar prácticamente de la vida de la propia Sachiko, aunque desde el punto de vista de Koga. Dos desarrollos por el precio de uno. Hasta entonces todo bien, pero en este punto diste a entender que siempre estás dispuesta a más.

El tema de cómo Koga se va descubriendo a sí mismo y recupera su humanidad gracias a la presencia de Sachiko en su vida me parece maravilloso. Un trabajo grandioso que efectivamente no podía ser completamente liso, teniendo sobre el escenario a su esposa que de ninguna manera ganó sensibilidad alguna como sí lo hizo Koga, y que de hecho terminó su papel haciéndose ver exactamente como el padre de Koga, generándole un shock bastante importante que le marca un antes y un después. Claro que iba a enseñarle a Sachiko a ser ninja como él y le daría todos sus conocimientos del tipo veneno, pero de ninguna manera podría presionarla de aquella manera tan brutal como él mismo fue marcado, a riesgo de convertir a su querida niña en una muerta sentimental como lo fue él tiempo atrás. Maravillosa manera la de Koga de verse finalmente como un ser humano por medio de estar procurando la humanidad de su pequeña, y todo rematado con la entrega del gimnasio a manos de Sachiko, junto con la advertencia de estar siempre lista para los retos, pues solo de ese modo es que puede mejorar continuamente. Preciosísimo.

Ahora hay que ver a los dos últimos integrantes del Alto Mando. Bruno estará interesante ver qué historia le tienes pensada, y Karen, pese a que en los memes se burlan de ella debido a que su filosofía no suele ser adecuada para armar buenos equipos en el competitivo, también deberá estar con una hermosa historia. Me imagino a Karen en un escenario ligeramente parecido a Mento, en el sentido de que sean los pokemon una parte muy importante en su crecimiento personal, pero eso habría que esperarlo para cuando actualices mañana... que después de esto no me extrañaría que salga otra notificación de actualización de tu parte precisamente mañana  umbreonwhat
nadaoriginal: La historia de un escritor de fanfics que te liga todo lo que se mueve mientras se burla
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En primer lugar, felicidades por ser una adulta responsable y contribuir con el bienestar de tu familia y segundo, tenía pensado comentar de mi manera usual que era leer los comentarios que tengo pendientes de un golpe y comentar al respecto. Es en eso cuando me doy cuenta de que el capítulo comienza a otro arco que continua con el capítulo cincuenta y además esta larguísimo, tanto que podría olvidarme de lo que tengo que hablar respecto a este arco y quedaría raro. Es por eso que para darle el cierre a la batalla de Mewtwo que se merece, voy a comentar los primeros dos capítulos que me quedaron pendientes y unos días después, vuelvo para darle cobertura al arco de la liga con su comentario pertinente. O sea, este va ser un comentario de dos partes.

¿Qué decir de la conclusión? Fue bastante buena. Las características por la que Lira ha sido la elegida se han demostrado en el resultado. La comprensión ante la situación de Mewtwo y la manera en la que se le ocurrió la solución ante del desastre, con ese combo entre Fuego Sagrado y Danza Lluvia, que además le da razón de ser a la presencia de los dos legendarios. Las tramas que has manejado cierran bien. Esa escena con Lugia después del desastre es una de mis favoritas. No es una redención a todo lo malo que hizo sino que hace que el lector comprenda las razones por las que el legendario actuó como actuó, quizás también funcionando como respuesta que se sale de la narrativa misma. O sea, recuerdo que al menos dos personas te llamamos la atención sobre que la ballena macarena no despertaba simpatía y tomaste nota de eso.

Sobre el siguiente capítulo, mentiría si no dijera que comparto la opinión de Tommy de que un episodio entero de reencuentros se me hizo pesado de a ratos, pero también mentiría si dijera que ninguna de las escenas me han conmovido, pero a partes diferentes. Aunque todas las escenas son hermosas, me quedo con el encuentro entre Carol y Silver, sobre todo porque al chico se le cae la careta de tipo mamón y frío y le dio las gracias a los chicos de una manera muy linda, y por supuesto con el de Carol y su abuelo, que es satisfactorio después de que sabemos su historia desde el principio del fic e incluso el encuentro de los muchachos ahogados fue tierno a su manera. Ah, casi se me olvidaba lo de Carol y Mary es la cosa más adorable que ha existido en el mundo 

¿Te has fijado como todas esas escenas, salvo la de los muchachitos mojaditos, tienen una relación con Carol? Eso es muy buena señal. Significa que has hecho a un personaje tan humano, tan detallado y con tantas emociones encima que causó una enorme empatía en todos los lectores. Es una muestra de lo buena que eres haciendo personajes y hacer que nos preocupemos por ellos.

Es increíble como tus personajes originales se han ido complejizando cada vez más desde el inicio de la historia hasta el punto en el que llegamos.

Creo que eso sería todo por ahora. Nos vemos en la siguiente parte, donde veremos las grandes peripecias de Lyra en una liga que pinta estar buena.

Saludos.
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He estado viendo mucho anime últimamente, es la conclusión que sacaréis de este capítulo.

...

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH MENTIRA NO PUEDO EMPEZAR ASÍ. MADRE MÍA CUÁNTO HACÍA QUE NO ME PASABA POR AQUÍ. Al entrar desde el ordenador y ver todos los temas que se han creado durante estos meses y volver a la sección de fics en progreso me ha invadido una nostalgia tremenda. Fck, he estado tiempo alejada de aquí, pero ¡esto se acaba hoy! Al menos por un rato. No voy a mentir, echaba de menos esto, y espero no tardar medio año para publicar el siguiente capítulo porque... se vienen cositas jeje.

@SoujiFujimura: muchas gracias por tus lindas palabras <3 Verás que este capítulo sigue la tónica del anterior y creo que la parte de Bruno hará gritar y emocionará a más de uno por las personas que aparecen en sus flashbacks. Me parece muy interesante mostrar el pasado de estas eminencias del combate y revelar que no todo les fue de color de rosa, que tuvieron que vivir lo suyo para finalmente autoaceptarse/autoperdonarse y llegar a alcanzar su verdadero poder cuando fueron capaces de conectar con su esencia. ¡Yay! ¡El tipo de cosas que me gustan!

La parte de Karen vuelve a ser más personal y más centrada en su persona y, por una serie de razones, le tengo bastante cariño. A pesar de lo verde que te he puesto este capítulo por lo mucho que me ha costado sacarlo hacia adelante la verdad es que he quedado muuuy satisfecha y contenta con él. Espero volver a tocaros la fibra sensible y sacaros alguna lágrima porque, damn, no miento cuando digo que me he estremecido al escribir algunas escenas de aquí.

@Tommy: juju, cada vez que dices que te emocionas con algo de lo que escribo siento que gano en la vida. Por alguna razón siento que este capítulo me quedó mejor que el anterior, o tal vez es porque muestro cosas que me gustan más, pero esto es ya bastante subjetivo. Lo que sí debo admitir es que aquí no pensé tanto las batallas como en el anterior porque me metí de lleno en los flashbacks y los trabajé como no tienes idea. Karen fue a la que más me costó asignarle una historia, pero al final me surgió una idea que me gustó y fui tirando del hilo hasta que salió lo que ya verás. Me parece muy loco que en solo dos capítulos haya tratado tanto sobre el Alto Mando, pero me alegra haber tomado esa decisión de centrarme en revelaros sus vidas porque me parece que para una historia como Alma de Plata resulta más provechoso y porque, qué narices, a estas alturas ha quedado claro que amo a los personajes y quiero darles lo que siento que merecen. Me alegra haberles cedido un buen tiempo para brillar y que gracias a eso les hayáis tomado más cariño y los veáis más humanos y no solo como los entrenadores mega cool de élite de los que se sabe el nombre y poco más. Espero que Bruno y Karen se ganen un hueco también en vuestros corazones y disfrutéis de lo poco que queda.

@nakun92: me encanta que dijeras que te quedaste sorprendido con lo rápido que actualicé y ahora va y TARDO MEDIO AÑO EN SUBIR ESTE. Pero he tenido mis razones y, con suerte, no tardaré tanto para el próximo. Como bien dices, la historia de Karen podría decirse que se parece en parte a la de Mento y, por su parte, la de Bruno se parece a la de Koga por no ser el único protagonista de sus flashbacks. Sin embargo, cada uno tiene su toque personal que lo hace único respecto a sus compañeros, y creo que después de esto se puede ver claramente cómo es cada miembro del Alto Mando de Johto y su estilo de lucha, aunque no le haya dado tanto protagonismo a los combates. Aun así creo que son unos capítulos bastante disfrutables y no es para menos, al tratarse de los finales tengo que ponerme las pilas para estar a la altura del cierre. Dos más y esto habrá llegado a su fin, saquémosle el máximo partido a lo que le queda.

@DoctorSpring: muchas gracias mi estimado Doc. Veía necesario dar un motivo por el cual Lira había sido elegida más allá de por ser la protagonista, que demostrara que Lugia se había fijado en ella por algo. Y, aunque agradezco tus bellas palabras y críticas constructivas, tengo que decir que esta vez me chupa un pie lo que Tommy y tú penséis sobre el capítulo de los reencuentros, porque después de lo que me costó cerrar el arco de la batalla de Trigal ME MERECÍA MIS MOMENTOS PASTELOSOS ENTRE TODOS Y QUE SE ABRAZARAN Y SE DIJERAN LO MUCHO QUE SE QUERÍAN Y QUE BÁSICAMENTE TODOS FUERAN FELICES POR UNA VEZ. Ejem, perdón, es que amo demasiado ese capítulo, ya sabéis lo pastelosa que puedo llegar a ser (? Eeeen fin, continuamos ya con el último arco, el de la Liga Pokimon de Johto. Espero que el Alto Mando y su Campeón te generen simpatía, porque les ha costado lo suyo llegar tan alto.
 

 
Capítulo 51: La fuerza de las sombras
 

 

—Soy Lorelei, especialista en el tipo hielo. Es un honor compartir este título con vosotros.
 
—Agatha, maestra de los fantasmas y el veneno. No me hagáis enfadar y nos llevaremos bien.
 
—Yo soy Lance, ¡imbatible domadragones! ¡Llevaré mi equipo a lo más alto de las dos regiones!
 
Tres pares de ojos se posaron en él cuando sus respectivos dueños acabaron de presentarse. Era consciente de que esperaban su turno, de que dijera alguna frase motivadora o elocuente con la que causar una buena impresión en ellos.
 
—Bruno. Tipo lucha.
 
Pero ese no era su estilo y así lo hizo saber desde el primer momento. La mujer pelirroja sonrió, la anciana chistó y el otro hombre se acercó a él con la palma de la mano extendida.
 
—Encantado, Bruno. Formemos un equipo indisoluble que se erija como el más poderoso de la región.
 
Bruno miró la mano que le había tendido Lance y la tomó con delicadeza para darle un suave apretón. Vio la sorpresa formarse en sus ojos al instante, seguro que esperaba que le apretara con fuerza, pero él siempre había sido capaz de controlarse. Ventajas de que sus padres fueran los directores de una escuela de artes marciales, no había tenido problemas para conocer, potenciar y manejar sus habilidades para no dañar al resto.
 
—Espero que también dejes sin palabras a tus oponentes, grandullón.
 
La anciana le miró con cierto escepticismo, pero él no le respondió. En su lugar sacó a Jacky de su Poké Ball y fue entonces cuando Agatha le sonrió por primera vez mientras sacaba a su gengar.
 
—Veo que prefieres que tus pokémon hablen por ti. Eso ya me gusta más.
 
Y a él le gustaba que no se hubiera sentido intimidada por su propuesta de combate, aunque si había llegado a formar parte del Alto Mando junto a él después de un cuidadoso proceso de selección no podía esperar menos. Lance y Lorelei se hicieron a un lado mientras los dos pokémon se preparaban para pelear y disputar el primer combate entre los entrenadores más fuertes de Kanto. Bruno estuvo tentado de sonreír junto a su oponente.
 
Qué bien se sentía estar en un grupo en el que no tenía que esconder su poder.

 
···
 
No es que pareciera que la siguiente sala estuviera más iluminada, es que lo estaba. El campo de combate se encontraba encima de un mar de lo que parecía ser lava, justo como el gimnasio de Débora, lo que le hizo pensar que Dragonair y Ninetales se sentirían más cómodas ahí. Claro que eso significaba que Feraligatr lo pasaría un poco mal, pero no todo podía serle favorable y menos cuando se estaba enfrentando al Alto Mando.
 
La estancia era amplia, reconfortante y agradable, lo cual le dejó impresionada después de venir de dos habitaciones más lúgubres, pero quien le quitó el aliento fue el hombre que estaba en el centro de esta. Estaba sentado e incluso en esa posición parecía ser más alto que Lira. Sí, la altura no era una característica que definiera a la entrenadora, si acaso la ausencia de esta, pero ese hombre era enorme en todos los sentidos de la palabra. Al establecer contacto visual Lira se aseguró de endurecer su expresión y caminar con más seguridad, ¡no se dejaría intimidar solo porque midiera el doble que ella y se lo iba a dejar bien claro! Sin embargo, parte de esa seguridad se desmoronó cuando él le señaló rápidamente con su brazo. ¡Si hasta sus bíceps parecían más grandes que su cabeza!
 
<<Como me dé un empujón me envía a Pueblo Primavera en un abrir y cerrar de ojos.>>
 
—Come.
 
Lira parpadeó al oír la orden y se quedó quieta durante unos segundos, hasta que entendió que el hombre no le estaba señalando a ella sino detrás de ella. Se dio la vuelta lentamente y vio que al lado de la entrada había una pequeña despensa con todo tipo de comidas y bebidas. La entrenadora volvió a mirar al gigante, insegura, y él asintió.
 
—Te has enfrentado a dos miembros del Alto Mando seguidos y todavía no has descansado.
 
El cuerpo y la mente necesitan energía para funcionar y ella ya había gastado bastante enfrentándose a Mento y Koga, nada mejor que comer para reponerla. No fue hasta que él se lo dijo que Lira se dio cuenta del hambre que tenía —hasta las tripas le sonaron un poco— así que se acercó para hacerse con un poco de comida. Onigiri, barritas energéticas, bebidas isotónicas… Había de todo un poco, aunque sobre todo había productos pensados para deportistas. Lira se hizo con un onigiri y un zumo de bayas y volvió al centro de la estancia, donde el hombre seguía igual. Al llevar unos minutos dentro la entrenadora empezó a sentir los efectos del calor al sudar y entendió perfectamente porqué él llevaba solamente unos pantalones blancos con un cinturón negro.
 
—Me daré prisa. ¡Itadakimasu!
 
Lira engulló la bola de arroz y se bebió el zumo para calmar su sed y combatir el calor. Aun así, no fue suficiente para saciar su hambre y vencer el bochorno, así que volvió a la despensa para coger una barrita y dos botellas de agua. Cuando avanzó hacia el campo de combate le lanzó una a Bruno y ella se acabó la otra; por muy acostumbrado que estuviera al calor era importante mantenerse hidratado.
 
—¿Ya estás satisfecha? —preguntó cuando acabó de comer. Lira asintió y el hombre abrió la botella de agua para tomar un trago antes de volver a hablar—. Bien, no me gusta que mis oponentes estén en desventaja. Soy Bruno, miembro del Alto Mando y experto en artes marciales —dijo mientras cerraba la mano en un puño y lo envolvía con la palma de la otra. Lira pensó que añadiría algo más a su escueta presentación, pero entendió que las palabras se acabaron cuando escuchó su pregunta—. ¿Empezamos ya?
 
Aunque todos formaban parte del mismo grupo, Lira estaba empezando a ver que los integrantes del Alto Mando solo se parecían en la fuerza, y hasta eso mostraban de forma distinta. La entrenadora acarició su cinturón de Poké Balls y asintió con determinación.
 
—¡Cuando quiera!
 
Mostrar Vs. Bruno
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 —Bimba.
 
Bruno le tomó la palabra y sacó a su primer compañero después de lanzar una Poké Ball. Retar al Alto Mando le estaba permitiendo ver a pokémon que no había visto antes, como el que tenía delante, que estaba boca abajo y de vez en cuando giraba haciendo uso del cuerno que tenía en la cabeza. Su cuerpo y sus piernas eran azules y en sus ojos negros se notaba su hambre por los combates, el cual compartía con su entrenador.
 
—¡Espeon!
 
El felino salió con la gema de su frente igual de reluciente que siempre, aunque eso no hizo que Lira se confiara. Todavía tenía presente cómo Elisa había derrotado a Ampharos a pesar de contar con la ventaja de tipos, pero al estar más cerca del Campeón quería ir por lo seguro y contar con esa ayuda. El momento de relajarse y disfrutar tendría que venir después, lo que tenía en mente ahora era esforzarse al máximo para no quedarse a mitad de camino.
 
···
—¡He vuelto a superar a tu equipo de hielo! ¡El tipo dragón es el mejor!
 
Lorelei se subió las gafas con el dedo índice mientras suspiraba. Retiró a su adorada lapras con un deje de fastidio mientras intentaba sonreír, aunque en lugar de un gesto bonito le salió una mueca de cansancio.
 
 —Sí, Lance, los dragones son increíbles. Ya me ha quedado claro con las cincuenta veces que lo has dicho esta semana —dijo mientras dejaba al domadragones atrás para acercarse a sus otros compañeros. Agatha y Bruno habían mirado el combate desde la otra punta de su sala, aunque sin mucha expectación, porque sabían de sobra cuál sería el resultado del enfrentamiento.
 
 —Míralo, siempre igual con sus dragones. Se está volviendo insoportable, un par de bastonazos le daba yo para bajarle los humos —murmuró la anciana mientras le daba un golpe seco al suelo con su bastón para indicar que iba en serio con su amenaza—. Me recuerda al nieto de Oak, no sé cuál de los dos es peor. Está empezando a acabar con la paciencia de Lorelei y mira que ella tiene bastante.
 
Bruno no dijo nada, se limitó a esperar a que la pelirroja llegara hasta ellos. Cuando se reunieron su sonrisa floreció un poco, aunque la fatiga seguía estando presente en su rostro.
 
 —No hay manera de vencerle, sigue siendo el más fuerte de los tres.
 
 —Sí, sí. Nadie pone en duda su fuerza, pero ¿por qué ha de tener tanto ego también? Le estaba diciendo a Bruno que me recuerda a Azul, me pregunto cuál de los dos ganaría en un combate de estupidez.
 
 —Hablando de él, ya le queda poco para llegar hasta aquí, ¿no?
 
 —Sí, el bueno de Blaine me dijo que consiguió la séptima medalla hace un par de días —contestó Agatha mientras agarraba con fuerza su bastón—. Estoy deseando que llegue para darle una lección. Va a salir con el rabo entre las piernas, me va a oír bien ese granuja.
 
 Lorelei se contuvo las ganas de reír, aunque no pudo evitar fruncir el ceño al ver que el especialista en tipo lucha parecía estar preocupado por algo.
 
 —¿Estás bien, Bruno?
 
 Él no respondió porque estaba demasiado ocupado mirando a Lance, quien a su vez estaba demasiado ocupado elogiando a Dragonite.
 
 —¿Bruno?
 
 Formemos un equipo indisoluble.
 
 —Cuanto más alta es la caída más duele.
 
 Lorelei y Agatha se miraron sorprendidas, sin entender muy bien a qué venían las palabras de su compañero, porque de repente soltaba frases que no parecían estar muy relacionadas con lo que estaba pasando en ese momento. Sin embargo, esa mirada no duró mucho porque se cortó cuando Lorelei empezó a toser, y enseguida Bruno le pasó un pastillero que contenía la medicación que debía tomar.
 
 —Gracias. Estás más pendiente de él tú que yo.
 
 —Bruno está más pendiente de nosotros que cualquiera —dijo Agatha mientras le daba un par de palmadas en el pecho—. Está claro que tienes un cuerpo enorme para contener un corazón igual de grande. ¿Qué haríamos sin ti?
 
 —Nada. ¡Somos un equipo! —exclamó Lance mientras se acercaba al grupo con una sonrisa radiante. Agatha frunció el ceño y le señaló con su bastón, lo que hizo que el domadragones se escondiera detrás del especialista en tipo lucha.
 
 —Ya, somos un equipo para lo que te conviene. Tienes tres segundos para borrar esa sonrisa de la cara antes de que te la quite yo.
 
 —Venga, no seas así, Agatha. ¿Dos contra dos? ¡Me pido ir con Bruno!
 
 La unión hace la fuerza, era un mantra que le repetía su madre día sí y día también. No hay nada más fuerte que un grupo de personas fuertes, no solo porque son más en número, sino por lo que se aportan mutuamente gracias a su estrecha relación. Lorelei conseguía que todos tuvieran los pies en la tierra y que reflexionaran tras sus combates para extraer sus punto débiles y fuertes, Agatha contaba con mucha experiencia y una confianza contagiable y Lance siempre tenía algún as bajo la manga con el que hacer frente a aquellos que se preparaban a conciencia para superarles. Eran un grupo fuerte, un equipo, y Bruno tenía la sensación de que si permanecían unidos serían invencibles durante mucho tiempo.
···
 
—¡Excavar!
  
Lira abrió los ojos lo máximo posible al ver cómo Bimba hacía un agujero en el campo de combate y se escondía en él. El hitmontop estaba aguantando muy bien, demasiado bien para no tener nada con lo que contrarrestar los ataques de Espeon, y como no podía ir a por él directamente se escondía para darle de improvisto unos golpes que le quitaban la respiración y le dejaban sin ser capaz de moverse durante unos segundos.
 
 —¡Triple patada!
 
 Como las veces anteriores, fueron incapaces de determinar cuándo saldría, por eso no pudieron hacer nada por evitar que saliera justo de debajo de Espeon y le diera tres patadas en el abdomen que lo mandaron volando cerca de Bruno. Incluso con sus poderes no podía localizar a su adversario cuando se escondía, tal vez el especialista en tipo lucha había acondicionado el campo de combate para protegerse de las habilidades del tipo psíquico. Como con Mento, estaba demostrando que contra ellos tener la ventaja de tipos no importaba, por una razón eran los entrenadores más fuertes de Johto.
 
 —¡Psíquico!
 
Aun así no dejarían de intentarlo las veces que hicieran falta. Espeon se levantó lentamente en cuanto aterrizó, con las patas temblando de cansancio, y consiguió emitir un par de ondas que terminaron por hacer que Bimba dejara de bailar. Bruno agachó la cabeza para mostrar gratitud hacia su compañero y lo retiró para sacar a su siguiente pokémon, una mole hecha de piedras que parecía más grande y alto que los de su especie.
 
 —¡Dwayne! ¡Tormenta arena!
 
Cuando el onix enorme salió a escena hizo temblar con su caída todo el campo de combate, haciendo que Lira perdiera el equilibrio, pero lo recuperó justo a tiempo para ver cómo ejecutaba la orden y creaba una enorme tormenta a partir del polvo que había levantado con su entrada. Este impidió que Espeon le viera, lo cual no le preocupó mucho al principio. 
 
—¡Terremoto!
 
Hasta que otro temblor movió de nuevo la sala y descentró al felino. Mientras intentaba volver en sí, Dwayne hizo que un par de pedruscos cayeran del cielo y, como Espeon se había desorientado por terremoto, terminó enterrado bajo estos. Lira vio aquello con horror y, cuando se aseguró de que ya no caería ninguna piedra más, salió corriendo al campo de combate para intentar salvar a su pokémon. Se acercó a la primera roca y la intentó levantar, pero todas eran igual de grandes que su tronco, por lo que no pudo moverla ni unos milímetros. Lo siguió intentando con insistencia hasta que sintió que la sombra de Bruno se cernía sobre ella y, al alzar la vista, vio que el miembro del Alto Mando había abandonado su puesto para ayudarle a quitar los escombros. Cogió una piedra y la levantó como si fuera una caja vacía, dejando a la joven boquiabierta, y eso hizo con todas hasta que el cuerpo magullado e inconsciente de Espeon se hizo visible. Lira se lo acercó al pecho y le dio un beso en la frente antes de darle un par de caricias y devolverlo a su Poké Ball para que descansara.
 
—Gracias.
 
Bruno asintió y volvió a su puesto sin decir nada. Lira hizo lo mismo, momento en el que la tormenta de arena volvió a desatarse, y fue entonces cuando se dio cuenta de que Dwayne la había detenido para que pudiera ir a salvar a Espeon sin mayores complicaciones. Sintió que empezaba a conmoverse por la bondad silenciosa que mostraban Bruno y su equipo, pero decidió esconder los sentimientos para más tarde y poner la atención donde tenía que hacerlo. Que la arena se le metiera en los ojos estaba empezando a ser molesto, así que lo primero era deshacerse de ella cuanto antes.

—¡Ninetales! ¡Día soleado!
 
La vulpina aterrizó extendiendo su cola y creando una ola de calor que barrió la tormenta y la hizo desaparecer. Lira se quitó el sombrero y por un momento consideró la idea de darse la vuelta para coger una botella de agua y tirársela por encima, pero contuvo la tentación de hacerlo. Si ya hacía calor de por sí el movimiento de Ninetales aumentó la temperatura considerablemente, pero era un sacrificio que debía hacer si quería tener alguna oportunidad de ganar. Se secó las gotas de sudor de la frente con el antebrazo y tomó aire, ese desafío la estaba poniendo a prueba en todos los sentidos.
···
 
—Demonios y diablos. ¿Cómo ha podido derrotarnos a los tres? ¡Espero que hoy tenga mil pesadillas! ¡Habrá tenido suerte!
 
No, Azul Oak no había tenido suerte, era sencillamente más fuerte que ellos tres. Agatha maldecía cualquier ser vivo e inerte que se le pasara por la cabeza mientras Lorelei repasaba mentalmente el combate que había tenido con él para detectar sus debilidades y poder mejorar de cara al siguiente. Bruno era el único que se mantenía medianamente tranquilo, porque sabía que era imposible ser el ganador siempre y porque todavía no estaba todo perdido. Contaban con Lance, su integrante imbatible, con él de su lado no había nada que temer.
 
—Espero que Lance no se deje vencer, como nos gane a los cuatro no dejará de repetírmelo hasta que me muera y tengo pensado vivir un par de décadas más. A ver si es verdad que los dragones son invencibles y no era palabrería para hacerse el superior.
 
—Defenderá nuestro honor, somos un equipo. No es la primera vez que alguien llega hasta él, siempre se las arregla para ganar, es el más fuerte de Kanto. Venceremos, estoy seguro de ello.
 
Lorelei y Agatha miraron a Bruno, un poco más tranquilas después de oírle hablar. Sí, eso era verdad, ya habían estado en una tesitura parecida más de una vez y Lance había sacado las castañas del fuego, consiguiendo que el Alto Mando defendiera su título de entrenadores más fuertes de la región. La anciana sonrió mientras su mirada se suavizaba por primera vez ese día.
 
—Aunque no seas de muchas palabras siempre sabes qué decir y cuándo, ¿eh? A pesar de ser el más silencioso de los cuatro, sin duda tienes el don de la palabra.
 
De repente, el móvil de Lorelei sonó y ella aceptó la llamada con un semblante que preocupó un poco a sus compañeros. Estuvo escuchando lo que le decía su interlocutor durante unos segundos y antes de colgar le dijo que estaría lista en cinco minutos. Cuando acabó la llamada alzó la cabeza y le dirigió una fría mirada a sus compañeros.
 
—Ha venido otro retador. Tenemos que ir a recibirle.
 
—¿Otro? No será…
 
—Sí, es Rojo.
 
Rojo. El rival de Azul y el que había conseguido la disolución del Team Rocket, el que siempre estaba un paso por delante del nieto de Oak pero sin hacer mucho ruido, como una sombra a la inversa. Si Azul les había derrotado había una gran posibilidad de que Rojo también lo hiciera, pero el Alto Mando no se vendría abajo tan rápidamente. ¡No, su fortaleza no era solo física! También estaban orgullosos de su aguante mental y, aunque perder contra Azul había sido un duro golpe, haría falta mucho más para que se vinieran abajo.
 
Algo, como que la puerta que diera a la sala de Lance se abriera con un débil quejido en vez de con un fuerte portazo, como acostumbraba a hacer cuando estaba de buen humor. Los tres se dieron la vuelta al oír aquello, esperando verle con su sonrisa triunfal de siempre y su elegante capa ondeando al viento gracias a la ayuda de Dragonite, pero no. Ahí no había ni Dragonite, ni capa, ni sonrisa, ni triunfo, solo el pesar de un hombre que no sabía cómo decirle a su equipo lo que había sucedido, porque sería la primera vez que pronunciaría esas dos palabras, pero no hizo falta que lo hiciera. No, porque toda su cara y cuerpo las gritaban, así que el mensaje le llegó alto y claro al resto de los integrantes del Alto Mando.
 
He perdido.
···
 
Ninetales salió del agujero que había cavado jadeando, haciendo un intento inútil de responder a la orden de Lira. La entrenadora había cometido un fallo, un fallo enorme al pedirle que usara excavar, porque Dwayne había respondido con terremoto así que al encontrarse bajo tierra la vulpina había sufrido el doble de daño. La joven pensó que de esa forma podría protegerse y atacarle con un movimiento efectivo, pero la jugada le había salido al revés, y no tardaría en notar las consecuencias.
 
<<He cavado mi propia tumba, literalmente.>>
 
—Está bien, bonita, todavía tenemos otra arma —dijo mientras comprobaba que el clima seguía a su favor. Tenía que aprovechar la velocidad que le daría que estuviera soleado para contraatacar antes de que Dwayne reaccionara—. ¡Rayo solar!
 
Ninetales usó la energía del sol artificial para crear un rayo que salió despedido hacia el onix y le hizo retroceder un poco, levantando otra vez una gran cantidad de polvo tras la cual se escondió. Ni Lira ni su pokémon podían ver nada y para cuando ya vieron salir la cola del pokémon de su escondite fue demasiado tarde. Esta impactó contra el suelo de forma que creó un nuevo terremoto de tal magnitud que hizo temblar toda la sala, tiró todo al suelo y creó un par de grietas en el campo de combate. Lira y Ninetales se cayeron y si Bruno no hubiera estado sentado tal vez él también habría sucumbido al ataque de su propio pokémon, pero no fue el caso. La entrenadora se reincorporó lentamente antes de echar un vistazo a la vulpina, haciéndose a la idea de que su compañera no volvería a levantarse.
 
—Lo has hecho muy bien, pequeña —susurró mientras la devolvía a su Poké Ball. Si no le hubiera mandado excavar… ¡Si le hubiera pedido que usara rayo solar desde el principio a lo mejor no se habría debilitado tan rápido! Pero de nada servía lamentarse ahora, no podía cambiar lo que estaba hecho. Chasqueó la lengua y se levantó con fastidio, Dwayne estaba algo dolorido, pero sabía que le costaría terminar con él— ¡Necesito tu poder, Dragonair!
 
La dragona salió a escena y dio un giro sobre sí misma en el aire, algo que, para la sorpresa de Lira, hizo sonreír a Bruno. No era una sonrisa burlona, era como si la presencia de su pokémon le hubiera hecho sentir alegre por algún motivo que desconocía. ¿Tal vez le gustaba el tipo dragón?
 
<<Qué tiempos…>> pensó el especialista en tipo lucha, permitiéndose el lujo de echar un breve vistazo al pasado. Cerró los ojos y su sonrisa creció, pero ese momento duró un segundo, que fue lo que tardó en volver a abrirlos y adoptar el semblante serio que tanto le caracterizaba.

—Avalancha.

 
—¡Danza dragón!
 
Dragonair se rodeó de una energía roja y negra que le ayudó a sortear los pedruscos que caían del techo, esquivándolos con una elegancia digna de admiración. Eso le permitió acercarse sin problemas a su adversario y dar vueltas a su alrededor para descentrarlo, algo que logró con éxito, porque los ojos de Dwayne fueron incapaces de seguir los rápidos movimientos de Dragonair.
 
—¡Cola férrea!
 
La dragona se detuvo delante de la cabeza de la mole y endureció su cola para darle un fuerte golpe en la frente que lo tumbó, haciendo que la sala temblara y Lira cayera de nuevo, pero esa vez cayó sonriendo, porque al estar en el aire a Dragonair aquello no le afectó y pudo seguir danzando como si nada.
···
 
No hacía falta preguntarle cómo había ido, verle arrodillado con los hombros y la cabeza hundidos fue suficiente para saber que había sido vencido por Rojo también. Había pasado un buen rato y al no saber nada de él Lorelei sugirió entrar para ver cómo iba el combate o si ya había terminado, solo para encontrarse con esa lamentable escena. Los cuatro entrenadores más fuertes de Kanto derrotados el mismo día por dos niños, parecía el final de un chiste malo pero, para la desgracia del grupo, aquello de ficción no tenía nada.
 
—¿No decías que los dragones eran invencibles?
 
Lance no respondió a la pregunta retórica de Agatha. Se había quedado inmóvil, sin ganas ni energía para moverse. Todavía estaba integrando lo que había sucedido, porque el shock de ver caer a Dragonite dos veces seguidas había sido demasiado grande como para poder recuperarse al instante. La anciana se acercó un poco a él y le dio un bastonazo al suelo que retumbó de forma intimidante por toda la habitación, mostrando la ira que tenía acumulada.
 
—Agatha-
 
—¿No decías que los dragones eran invencibles? —preguntó de nuevo en voz alta, a pesar del intento de Lorelei de impedírselo— ¡Nuestro nombre ha quedado hoy por los suelos después de todo lo que has presumido de tu fuerza! ¡Ya veo como gracias a ti nadie nos iba a superar! ¿El Alto Mando? ¡Los cuatro tontainas!
 
—L-lo siento. Yo-
 
—Tú eres un fraude. Tanto alardear de tus dragones para dejar que dos niños pasen por encima de ti como si nada.
 
—¡Agatha! —exclamó Lorelei mientras la expresión de Lance pasaba del dolor a una fría neutralidad. El brillo de sus ojos se apagó y sus hombros se hundieron todavía más junto a su cabeza, sumiéndose en un silencio del que le costaría salir— ¡No tenemos nada que reprocharle! ¡Nosotros también hemos perdido!
 
—¡Sí! ¡Pero yo no iba diciendo por ahí que el tipo fantasma y veneno eran los mejores y nadie conseguiría ganarme! ¡No me he atrevido a poner el nombre de nuestro grupo en un pedestal inalcanzable para que luego dos-!
 
—¡BASTA!
 
Las dos entrenadoras de élite se callaron en cuanto el grito de Bruno retumbó por toda la estancia. Ellas le miraron sorprendidas y él también se sorprendió de lo que había hecho, porque contadas eran las veces en las que había alzado la voz a lo largo de su vida, pero ese grito le había salido de lo más hondo de su alma. No le gustaba lo que estaba viendo, no le gustaba tener la sensación de que el grupo se estaba rompiendo, por eso esa orden salió como medida desesperada para intentar evitar lo inevitable. Tomó aire y se tranquilizó un poco, sabía que si él se alteraba todo se perdería, necesitaba estar lo más calmado posible para elegir bien las palabras y no meter la pata.
 
—Los equipos se mantienen unidos en las adversidades, la unión es lo que nos da fuerza, no echarnos las culpas entre nosotros. Los buenos guerreros son capaces de aceptar la derrota con humildad y la cabeza alta, asumiremos lo que ha sucedido hoy y volveremos al campo de batalla más fuertes que antes.
 
—El problema esta vez, mi querido Bruno, es que aquí nuestro amigo ha sido de todo menos humilde desde el principio y ahora nos van a llover críticas por todos lados —dijo Agatha mientras señalaba a Lance, que seguía sin reaccionar—. Si somos un equipo como dices a lo mejor habría pensado un poco más en el bienestar de sus compañeros en vez de su desmedido ego, pero ese no ha sido el caso, por eso toda tu palabrería sobre permanecer unidos ahora no me dice nada. Yo lo único que veo es que nos ha usado para hacerse un nombre, un nombre que ahora ha quedado por los suelos, así que si me disculpáis…
 
La anciana abandonó la estancia con la frase a medio acabar, dejando tras de sí un aire frío característico del tipo que entrenaba. Lorelei miró a Bruno con una disculpa que no se atrevió a pronunciar y se fue también, dejando a los dos hombres lidiando por su cuenta con el amargo sabor de la derrota.
···
 
 Cuando Dwayne cayó debilitado frente a Dragonair, Bruno no se molestó.
 
—¡Sí! ¡Lo conseguimos!
 
No se podría haber enfadado ni aunque lo hubiera querido. Ver a la dragona rodear alegremente a su entrenadora y a la joven saltando emocionada, haciendo que su capa se moviera en el aire, le trajo recuerdos muy bonitos y queridos. El fuego que emanaba de los ojos de Lira se parecía demasiado al rojo del cabello de un entrenador al que le tenía mucho aprecio, por eso al darse cuente de sus similitudes no pudo evitar sonreír. Retiró a su onix en un silencio respetuoso y sopesó con cuidado su siguiente Poké Ball, porque que aquella escena le produjera ternura no iba a hacer que se ablandara con su adversaria.
 
—Rocky.

Su hitmonchan salió dedicándole un jab al aire. Adoptó una postura defensiva y se escondió detrás de sus puños mientras espiaba por encima de estos a Dragonair. La dragona entrecerró los ojos y le sostuvo la mirada, aceptando su reto y preparándose para enfrentarse a él.
 
—¡Carga dragón!
 
Dragonair se deslizó por el aire con la misma gracia de antes mientras su cola empezaba a brillar de un intenso azul al cargarse de energía. Cuando estuvo lo suficientemente cerca del hitmonchan dio una vuelta en el aire y la bajó rápidamente para darle en la cabeza.
 
—Puño hielo.
 
Pero Rocky dio un pequeño salto para evitar por centímetros con unos reflejos de vértigo el ataque de la dragona y, en un abrir y cerrar de ojos, logró mandarla a la otra punta del campo de combate temblando de frío. Lira no lo vio por la rapidez con la que fue ejecutado el movimiento, pero Rocky realizó un crochet con el puño revestido por una capa de hielo, lo que hizo que su pokémon quedara mal parada y tardara en recuperarse del ataque.
 
—¡Dragonair! ¿Estás bien?
 
La respuesta evidente era que no, pero el orgullo de su tipo le impedía quedarse tirada en el suelo más tiempo del necesario. La dragona se levantó en cuanto se le pasó el shock por haber vivido un cambio de temperatura tan brusco que, además, le resultaba muy desfavorable, e hizo lo posible por disimular su temblor. Rocky, por su parte, seguía dando pequeños saltitos rápidos que combinaba con un par de jabs, haciendo gala de una gran velocidad y coordinación de movimientos dignos de un buen boxeador.
 
—¡Danza dragón!
 
Por lo que, si quería enfrentarse a él en un mínimo de igualdad de condiciones, debería empezar por ponerse a su nivel. Dragonair volvió a envolverse en una energía bicolor que le ayudó a acercarse a su rival más rápido que antes y aumentó su fuerza, aunque aún estaba por ver si eso bastaría para terminar con él. La diferencia de nivel que había entre ambos era notable y, por mucho que aumentara sus características, no podía pretender igualarlo tan fácilmente.
···
—Se han cansado de mí, ¿no?
 
Las semanas siguientes a la derrota del Alto Mando fueron duras. La prensa no tardó en hacer eco de la noticia y esta escampó como la pólvora, que alimentó el fuego de entrenadores resentidos por haber perdido anteriormente ante ellos. Fue un golpe difícil de superar para el orgullo de todos, y para Lance y Bruno lo fue más cuando Lorelei y Agatha renunciaron a sus respectivos puestos. Ambas dejaron una carta en la que presentaban su dimisión, una que el domadragones no podía dejar de leer y que usaba para martirizarse por lo sucedido. Tal vez, si se castigaba continuamente, llegaría un momento en el que no sentiría dolor.
 
—Lo tengo merecido por ser un niñato —bufó mientras se hundía en la silla de su despacho. Bruno, que se encontraba delante de él, no estaba del todo de acuerdo con esa afirmación.
 
—Lorelei ha preferido dejarlo para cuidar su salud y Agatha ya está mayor para desempeñar un cargo tan demandante, aunque nunca llegará a admitirlo. No hay por qué autoflagelarse, no se van únicamente por la derrota.
 
Lance sonrió. No era una sonrisa alegre, era posiblemente el gesto más triste que había esbozado en toda su vida, pero no iba a darse el lujo de derrumbarse ante el otro miembro del Alto Mando que quedaba en pie. Si todavía tenía un poco de dignidad haría lo posible por conservarla y dar la imagen de hombre fuerte sobre la que no se cansó de aladear durante tantos años, la cual había perdido cuando Azul y Rojo dejaron a su imbatible equipo de dragones por los suelos.
 
—Está bien, Bruno, tú también puedes irte. No tienes que aguantar esta vergüenza, fue a mí a quien se le llenó la boca con que seríamos invencibles así que me toca pagar por ello. Ya… me las apañaré, seguro que encuentro a entrenadores fuertes que quieran formar parte de esto. Vete a descansar, lo mereces.
 
El domadragones no había levantado la cabeza desde el día de su derrota, tanto literal como metafóricamente. Sus ojos iban de un lado a otro, perdidos, mirando todo y nada a la vez, como el fantasma de un emperador vagando en las ruinas de lo que alguna vez fue su glorioso imperio. Aquel golpe le había quebrado, roto por completo para obligarle a reconstruirse, y aunque Bruno sabía que él saldría de esa no le parecía correcto abandonarle. Sí, podría rehacer su vida y volver a la escuela de sus padres para convertirse en un gran profesor de artes marciales, pero ¿cuál era el punto? ¿Y qué pensarían ellos? Ya podía imaginarse a ambos con el ceño fruncido, decepcionados porque no había sido capaz de aceptar la derrota con integridad. Ellos no habían educado a un guerrero que toma el camino fácil y abandona a las personas cuando más lo necesitan, a sus amigos cuando están en sus momentos más difíciles, aunque hacerlo implicara recibir comentarios despectivos por parte del resto. ¿Qué había de honor en eso?
 
Nada. Por eso Bruno no se dio la vuelta, no le dio la espalda a Lance y salió por la puerta, dejándole a su suerte con sus demonios internos. No, se acercó a él y le tocó el hombro con la suficiente fuerza como para obligarle a apartar la mirada de las cartas y alzarla para ver, con curiosidad, qué quería.
 
—Formemos un equipo indisoluble que se erija como el más fuerte de la región.
 
Lance se había esperado que le dijera de todo. Que finalmente estallara y le culpara de la derrota, que intentara buscar el lado positivo y siguiera animándole, que le diera la razón a Agatha y se fuera… Pero nunca se habría esperado que Bruno repitiera las mismas palabras que le dedicó cuando se conocieron. Era la reanimación de una promesa olvidada y retirada en lo más profundo de su mente, que parecía haber muerto a raíz de los últimos acontecimientos.
 
Aquello le conmovió tanto que sintió que los ojos se le humedecieron. Por primera vez en mucho la luz encontró un hueco en su pecho y se quedó ahí, echando raíces en las grietas de su interior. Podría echarse a llorar, pero no lo hizo, en su lugar estampó su cabeza contra la mesa de su despacho con una fuerza que asustó a Bruno. El especialista en tipo lucha se acercó para ver si estaba bien, algo que no tardó en comprobar cuando su amigo volvió a levantar la mirada.
 
—¡Muy bien! ¡Ya basta de autocompadecerse! —exclamó con un ímpetu característico del tipo al que entrenaba. Se levantó con una energía que hizo ondear su capa mejor que nunca, arrancando una sonrisa al especialista en artes marciales— ¡Un domadragones no cede ante nada, saldremos de esta como siempre lo hemos hecho!
 
Lance alargó su mano y Bruno se la estrechó, reformulando un pacto que no volvería a caer en las sombras tan fácilmente. Sería difícil, costaría tiempo y energía, pero por Arceus que la reputación y las andaduras del Alto Mando no terminarían ahí.
···
 
—¡Puño hielo!
 
—Puño trueno.
 
Los puños de Rocky y Feraligatr volvieron a chocar y los dos pokémon retrocedieron de vuelta con sus entrenadores. Feraligatr se cubrió la cara con los brazos, imitando los movimientos defensivos de Rocky, mientras que este resopló antes de hacer lo mismo.
 
—¡Surf!
 
Pero su defensa no fue suficiente para hacer frente a la enorme masa de agua que el reptil envió en su dirección, por lo que terminó viniéndose abajo y perdiendo. Feraligatr sonrió, contento de haber vengado la derrota de su compañera Dragonair, aunque tuvo que ponerse en posición cuadrúpeda cuando la parálisis que había sufrido después de encajar un puño trueno de Rocky volvió a recordarle que seguía ahí.
 
Ese pokémon era toda una bestia. A Bruno se le habían iluminado los ojos durante todo el combate al ver la entereza con la que aguantaba los golpes de Rocky y la potencia de sus golpes, si no se hubiera quedado paralizado estaba seguro de que le habría derrotado un poco antes.
 
—Sawamura.
 
Ardía en deseos de seguir viéndolo en acción y ¿qué mejor forma de ponerlo a prueba que con su hitmonlee? La potencia y velocidad de sus patadas no tenían rival en Johto, por no mencionar que si la media de la completa extensión de sus piernas estaba en dos metros para los de su especie, el suyo podía alargarlas hasta dos metros y medio. Estaba muy orgulloso de los frutos obtenidos en su duro entrenamiento y pensaba ir con todo contra el temible inicial de la muchacha.
 
—Foco energía.
 
Feraligatr retrocedió un poco, pero sin agachar la cabeza, preparándose para el combate que estaba a punto de librar manteniendo la dignidad. Extendió los brazos y dio un grito de guerra que dejó su mensaje bien claro: por muy cansado y paralizado que estuviera, no se dejaría vencer tan fácilmente.
···
 
Rojo terminó por renunciar al título de Campeón cuando ya habían elegido a dos candidatos para sustituir a las anteriores integrantes del Alto Mando, por lo que Lance y Bruno se vieron obligados a buscar a otro más. La posición de Campeón no podía quedar desatendida por mucho tiempo así que, como él era el miembro más fuerte del Alto Mando, esta pasó a ser ocupada automáticamente por Lance.
 
—Aunque si el nuevo consigue vencerme el puesto sería para él.
 
La estructura del cuerpo de élite no era lo único que había cambiado en los últimos días. Que el domadragones aceptara la posibilidad de que alguien pudiera vencerle era algo impensable no hace mucho, pero perder dos veces en el mismo día le marcó tanto que su personalidad cambió radicalmente. Seguía siendo igual de carismático y confiado que siempre, pero ya no actuaba cegado por su ego y sus pies habían bajado finalmente a tierra. Si Agatha siguiera con ellos, sus ganas de darle con el bastón habrían bajado significativamente.
 
—He estado hablando con mis contactos y Cintia dice que un miembro de su Alto Mando conoce a un especialista en tipo psíquico muy bueno. Contacté con él la semana pasada y vendrá dentro de unos minutos para que le hagamos una entrevista aquí en el despacho.
 
Bruno asintió, sonriendo para sus adentros. Después de unas semanas llenas de dudas parecía que empezaban a ver la luz al final del túnel; que alguien de la talla de Koga se hubiera unido a sus filas acalló muchas críticas y despertó el interés de gran parte de la región, porque si una persona tan seria y estricta estaba dispuesta a formar parte de su equipo debía ver valor en él. Por otro lado, al parecer la mujer que aceptaron no hace mucho contaba con un buen historial que la hacía ser adorada y respetada por muchos entrenadores, así que las nuevas incorporaciones estaban haciendo mucho a la hora de volver a poner su nombre por lo alto.
 
Ding
 
Como esperaba que también hiciera el siguiente. Lance hizo un gesto hacia la puerta con la cabeza sin levantar la vista de los papales para que Bruno la abriera, suponiendo que Mento estaría en el otro lado.
 
—Bienvenido, Mento. Por favor, pasa-
 
—¿Mento? Ya sé que hace tiempo que no me ves, pero pensé que te acordarías de mi nombre. Justamente tú tenías buena memoria.
 
Pero no fue así, porque en vez de una voz de hombre ambos escucharon una voz de mujer demasiado familiar. Lance alzó la vista rápidamente y Bruno se quedó todavía sin más palabras al ver que ahí, justo delante de él, estaban Agatha y Lorelei.
 
—¿Podemos pasar? —preguntó Lorelei con una sonrisa. Él asintió y se hizo a un lado para que pudieran entrar, aunque todavía estaba tan sorprendido que no cerró la puerta, tuvo que hacerlo la especialista en tipo hielo. Lance se revolvió un poco en el asiento y su semblante se ensombreció, porque las palabras que le dedicó la anciana la última vez que se vieron habían dejado una herida que, aunque no lo mostrara, le estaba costando cicatrizar.
 
—Venimos a-
 
Agatha empezó a hablar, pero se detuvo. Frunció el ceño y maldijo para sus adentros, algo que divirtió a Lorelei e hizo que Lance no estuviera tanto a la defensiva. Cerró los ojos y suspiró, como si llevara una pesada carga que le hubiera echado varios años encima, y dejó caer gran parte de su peso en el bastón para tener algo de apoyo.
 
—… Disculparnos —dijo mientras abría los ojos y miraba a Bruno y Lance, quienes pudieron observar la pena que había en su rostro—. Nos fuimos de malas maneras y sin hablar las cosas, y a mí se me fue un poco la lengua cuando me enfadé por nuestra derrota. Proyecté mi enfado con Oak y mi frustración por haber perdido contra él en Lance y eso no estuvo bien. Además, con la edad una pierde el filtro y dice lo que piensa sin pensar, estaba en caliente y tendría que haberme callado.
 
—Como decimos en las cartas no nos fuimos por perder, sino por motivos personales, pero las formas no fueron las adecuadas. Tuvimos que hablar las cosas con vosotros y no terminar nuestra relación laboral así —continuó Lorelei, viendo que Agatha ya había superado su cupo de hablar de emociones—. Durante estos meses la culpa nos ha visitado muy a menudo, así que queríamos solucionar lo que hicimos en persona.
 
—No. Está bien —respondió Lance con una pequeña sonrisa y relajándose, viendo que el objetivo de la reunión era uno distinto al que había temido. Pasó un mano por su cabello y se levantó para acercarse a las mujeres—. En parte lo tenía merecido, era un niñato que no sabía cerrar el pico y por mi culpa todos lo pagamos caro.
 
—Oh, ya lo creo que lo eras, pero aun así nosotras no actuamos de las mejores formas.
 
—Hemos oído que estáis reclutando nuevos miembros —intervino Lorelei mientras se acomodaba las gafas con el dedo índice—. Y, si bien no tenemos pensado volver, queríamos asegurarnos de que ellos están a la altura del Alto Mando.
 
—Claro, será un placer presentároslos. ¿Verdad, Bruno?
 
Los tres miraron al especialista en tipo lucha, quien se había mantenido a un lado de la conversación durante todo este tiempo, porque ver a su equipo inicial junto de nuevo le había emocionado tanto que se había quedado paralizado. Lance y Lorelei sonrieron mientras que Agatha no tardó en soltar una gran carcajada.
 
—Vaya, quién lo diría, ahora el grandullón se nos pondrá a llorar- ¡AH!
 
Los tres dieron una exclamación de sorpresa en cuanto Bruno se acercó a ellos y los levantó por los aires a la vez en un gran abrazo. Porque sí, había echado mucho de menos volver a tener a los tres de buenas en un mismo espacio, a los primeros que reconocieron su poder sin asustarse de él y le enseñaron lo que significaba ser un equipo. Agatha empezó a maldecir a diestro y siniestro mientras intentaba deshacerse de la muestra de afecto dando bastonazos, por su parte Lance y Lorelei la aceptaron de buen gusto y esperaron a que Bruno les bajara cuando hubo terminado.
 
—Em, ¿puedo ayudarte? ¿Estás bien?
 
Koga alzó una ceja en cuanto vio cómo el hombre que tenía delante, Mento si no lo había entendido mal, empezó a llorar un río. Un guarda le había visto dando vueltas por la recepción de la Liga y se había acercado para preguntarle si buscaba algo y este le respondió que era el entrenador prodigio en tipo psíquico que iban a entrevistar Lance y Bruno, así que fue a avisar al miembro del Alto Mando más cercano de su presencia, que resultó ser el especialista en tipo veneno.
 
—S-sí. Estoy bien. ¿Puede decirme dónde está el baño?
 
El ninja señaló un pasillo que quedaba a su izquierda y Mento fue corriendo hacia él para poder tranquilizarse ahí dentro. No es que le avergonzara llorar en público, ya no, solo que había sentido una mezcla de emociones tan intensa al entrar en el edificio que necesitaba aislarse para poder regularse. Nostalgia, dolor, incomprensión, alegría, esperanza y, por encima de todas estas, amor, mucho amor. Todo eso inundó su pecho en cuanto puso un pie ahí dentro y al no estar preparado para recibirlo se vio sobrepasado con facilidad. Suspiró con pesar mientras lograba volver a la calma tras realizar unos ejercicios de respiración, ¿qué demonios estaba pasando en ese edificio? ¿En qué clase de equipo estaba a punto de entrar? Solo esperaba que no fuera siempre tan intenso a nivel emocional, o su rendimiento se vería afectado negativamente.
···
 
Lira no tardó en verse obligada a cambiar a Feraligatr por Togekiss, porque era obvio que no aguantaría mucho, y como Togekiss tenía la capacidad de volar eso le daba más posibilidades de esquivar los ataques de Sawamura.
 
—¡Patada ígnea!
 
Más posibilidades, pero no siempre podía, porque las piernas del hitmonlee se extendían tanto y eran tan flexibles que era capaz de darle aun estando a varios metros sobre el campo de combate. El tipo lucha tomó impulso, giró su cadera ciento ochenta grados y levantó la pierna derecha al mismo tiempo que esta se rodeaba de fuego, lo que hizo que, aunque no llegara a darle con el talón, las llamas alcanzaran a Togekiss y le hicieran daño.
 
—¡Vuelo!
 
Tal y como lo veía Lira, solo le quedaba poner distancia de por medio y atacar rápidamente. Su pokémon le hizo caso y ascendió todavía más alto para tomar impulso en la bajada y darle con más fuerza a su objetivo.
 
—Patada salto alta.
 
Sin embargo, para su horror, cuando Togekiss ya estaba bajando hacia Sawamura este dio un salto espectacular para evitarlo y, en el aire, le dio una patada en la espalda para lanzarlo al suelo. El pokémon de Lira rodó por el suelo hasta que se chocó con una pared de la estancia y se quedó ahí, inmóvil.
 
—¡Togekiss!
 
Bruno vio con satisfacción la derrota del tipo volador, aunque no tuvo mucho tiempo para celebrarlo, porque su pokémon tampoco había sobrevivido al combate. El veneno que corría por sus venas, producto del tóxico que había realizado Togekiss al principio de su enfrentamiento, le hizo sufrir un espasmo en el aire que le obligó a aterrizar mal, de forma tan aparatosa como su adversario, así que los dos quedaron fuera de combate tras el mismo turno. Los entrenadores retiraron a sus compañeros a la vez, preparándose para la pelea que decidiría el ganador del encuentro.
 
—Adelante. ¡Ampharos!
 
—Sal, Jacky.
 
Su machamp, el pokémon más fuerte de su equipo y quien había estado a su lado desde que era un niño. Juntos habían pasado innumerables adversidades que, lejos de ablandarlos, solo habían reforzado su vínculo. El pokémon se dio la vuelta para sonreír a su entrenador y Bruno le devolvió el gesto. No era la primera vez que estaban contra las cuerdas y, si por alguna razón terminaban perdiendo, sabía que ahora eso no afectaría a la integridad del Alto Mando, lo cual le tranquilizaba mucho. Ya que hacía tiempo que no se veía en una tesitura parecida, disfrutaría aquella ocasión todo lo que pudiera y más sacando a relucir su verdadero potencial.
 
—¡TAJO CRUZADO!
···
 
—Soy Mento, especialista en el tipo psíquico. ¡Muchas gracias por admitirme en el Alto Mando!
 
—Koga, maestro ninja especializado en el tipo veneno.
 
—Yo soy Karen. No me especializo en ningún tipo, pero el siniestro me gusta bastante. Es un placer para mí formar parte de este equipo.
 
—Bruno. Tipo lucha.
 
Mento se llevó las manos detrás de la espalda para intentar disimular su emoción, aunque estaba tan radiante que era imposible no darse cuenta de su felicidad, algo que sin duda contrastaba bastante con la impasibilidad de Koga. Karen se permitió sonreír mientras jugaba con un mechón de su pelo plateado y Bruno, por su parte, sintió que estaba teniendo un déjà vu. Ellos no eran su primer equipo, pero verlos juntos en la misma habitación despertó sensaciones parecidas. No podía negar que la emoción y las ganas de empezar una nueva etapa recorrían sus venas, por eso le dedicó una mirada cómplice a Lance, quien se la devolvió con una sonrisa. El domadragones dio un par de pasos hacia el grupo para presentarse, iniciando así de manera formal el nacimiento de un nuevo Alto Mando.
 
—Yo soy Lance, Campeón de Johto. Formemos un equipo indisoluble que se erija como el más poderoso de la región.
···
—Ya no puedo más.
 
Lira cayó de rodillas cuando el combate llegó a su fin. Había sido intenso, un intercambio constante de movimientos poderosos que hizo temblar la estancia varias veces y que estuvo muy igualado hasta el final. Las marcas de los puños de Jacky estaban por todas partes, tanto en el suelo como en la pared, ni paralizándole había sido capaz de detener su espíritu combativo. Ciertamente ese cambio de estado le dio la ventaja que necesitaba para que Ampharos pudiera recuperarse de los ataques y golpeara primero, pero aun así había ganado muy por los pelos.
 
Ampharos se dejó caer en el suelo cuando Bruno retiró a Jacky. Tanto Lira como su pokémon estaban agotadas, el cansancio acumulado de tres combates de alta intensidad seguidos estaba empezando a hacer mella en ellas. Al verlas así, Bruno fue a por un poco de bebida y comida para ayudarles a recuperar energía.
 
—Muchas gracias por todo —dijo Lira cuando recuperó las ganas de hablar. Partió un onigiri en dos y le dio la mitad a Ampharos, quien lo aceptó de muy buena gana—. Tanto por esto como por ayudarme a rescatar a mi Espeon al principio del combate. Eres muy buena persona.
 
Las puertas que llevaban a la siguiente sala del Alto Mando se abrieron. En cuanto Lira y Ampharos terminaron de comer se levantaron y le hicieron una reverencia a Bruno para despedirse de él antes de seguir con su recorrido.
 
—El músculo más importante de todos es el corazón. Recuerda que, si eso falla, el resto no sirve para nada.
 
Sin embargo, cuando estuvieron a punto de atravesar la puerta él les dedicó esa última frase. Lira se detuvo para darse la vuelta y vio que Bruno estaba de espaldas a ella, mirándole por encima del hombro con una sonrisa, un gesto que ella le devolvió. Al final no había resultado ni la mitad de temible de lo que había esperado por su aspecto.
 

 
El despertador sonó a las siete y media, pero ella ya llevaba en pie un par de minutos. Tenía el desayuno calentándose, el lavavajillas puesto y la lavadora lista para tender, que es lo que estaba haciendo. El microondas indicó con un ding que su bebida estaba lista así que la sacó y la puso en la mesa justo cuando su padre entraba por la puerta de la cocina, bostezando y frotándose los ojos, los cuales abrió en exceso al ver todo lo que había hecho.
 
—Madre mía, Karen —susurró sorprendido y encantado a partes iguales. Ella sonrío al verle y le dio un beso de buenos días—. No tenías… Hoy me tocaba a mí tender y hacer el desayuno, que tienes los exámenes finales dentro de poco y quiero que descanses bien para estar centrada.
 
—No te preocupes. Ya sabes que llevo los estudios al día y tú volviste ayer tarde de trabajar, es lo menos que puedo hacer por ti.
 
—Eres un cielo.
 
Los dos se sentaron a comer para disfrutar el escaso tiempo que pasaban juntos, porque entre lo que trabajaba él y lo que estudiaba ella, Karen y Fushiguro apenas se veían. Aun así, cuidaban su relación lo mejor que podían y procuraban que el rato que pasaban juntos fuera de la mayor calidad posible, porque no sabían cuando volverían a coincidir.
 
Al terminar de desayunar Karen dejó la vajilla sucia en el fregadero, se lavó los dientes y le dio un beso en la frente a su padre antes de ir al instituto. Ese era un día especial, porque daban las notas de un proyecto individual que presentaron la semana pasada cuya calificación valía la mitad de la nota final de la asignatura de ciencias. Por eso no se sorprendió al ver un mar de estudiantes en la entrada, que es donde estaban colgadas en orden descendente las notas por clases. No pudo disimular una sonrisa cuando, al acercarse lo suficiente, vio que su nombre estaba en el primer lugar, como siempre.
 
—Jo, Karen —suspiró una de las compañeras que estaba a su lado, quien se impacientaba por momentos al no encontrar su nombre—. Eres lista, guapa y fuerte. Podrías dejar algo para el resto de mortales, que siempre estás en la cima.
 
Karen podría haberle dicho algo, pero en su lugar se dio prisa para llegar cuanto antes a su clase y sacar una libreta. Era la libreta en la que escribía todo lo relacionado con su equipo pokémon, tanto sus integrantes como características como estrategias. Sacó un boli y retomó el plan de entrenamiento que estaba ideando para el enfrentamiento entre escuelas locales de dentro de un mes, el cual tenía pensado ganar como siempre. Sí, siempre llevaba los estudios al día y procuraba mantenerse en forma siguiendo a rajatabla un buen plan de dieta y ejercicio, pero también se esmeraba en ser una gran entrenadora que fuera respetada por todos y, de momento, ya se había hecho un nombre en su barrio. Dar el máximo en todas las áreas de su vida era agotador, no lo iba a negar, pero ella podía con eso y mucho más. Era trabajadora, era resiliente y constante, era de ese tipo de personas que cada vez se ven con menos frecuencia.
 
Era, sencillamente, perfecta.
···
 
La última habitación le dejó con la boca abierta. El morado era el color predominante, aunque el negro también se dejaba ver en los espacios que este le cedía. Había pequeños motivos dorados en el suelo que convertían la senda hasta el campo de combate en un puente estrellado, lo que le daba a la estancia cierto ambiente celestial propio de las últimas horas del crepúsculo. Al caminar sobre esta, Lira tenía la sensación de que se estaba adentrando en un nuevo mundo, uno en el que la oscuridad era la soberana.
 
Cuando llegó al centro de la habitación finalmente reparó en la mujer que había ahí. Lo que más le llamó la atención fue su largo pelo plateado, el cual bajaba por su espalda como una cascada iluminada por la luz de la luna, aunque aquello no tardó en quedarse atrás en cuanto se dio cuenta de la seguridad que irradiaba. Era fuerte, lo notaba en su confianza y en el aura que le rodeaba, y aunque eso era de esperar teniendo en cuenta que era el cuarto miembro del Alto Mando no pudo evitar sentirse un poco intimidada.
 
—Bienvenida a la última sala del Alto Mando —dijo cuando ya estaban cara a cara—. Soy Karen. Me gusta el tipo siniestro, pero no es el único que entreno. Encuentro difícil adherirme solo a uno, con todo lo que nos tienen que ofrecer estas maravillosas criaturas no me gusta elegir basándome en una visión reduccionista. ¿Tú cómo te llamas?

—Lira.
 
—Ajá. Dime, Lira, ¿qué criterios sigues a la hora de elegir a tus amigos pokémon?
 
—Pues… —La pregunta le pilló tan desprevenida que tuvo que pararse a pensar un buen momento. Lira echó la vista atrás en el tiempo e hizo memoria, los primeros momentos que vivió con todos los miembros de su equipo se sucedieron uno tras otro como una película. Gracias al bueno de Elm había conseguido dos, Bill y Ryuu le habían dado otro, en cuanto a los demás…— Creo que no tengo uno en concreto, los que están conmigo llegaron a mi equipo por casualidad gracias a otras personas o los capturé porque me llamaron la atención por su aspecto o porque se cruzaron en mi camino y se negaban a salir de él. Supongo que la única regla que tengo es que estemos de acuerdo en seguir el mismo camino y luchar por el mismo objetivo, mientras estemos cómodos todos con todos puede unirse quien sea.
 
—Ya veo, muy interesante —susurró con una sonrisa mientras agarraba una Poké Ball y se la acercaba a la boca—. Hay algunos que dedican su vida a un tipo y no salen de ahí, otros dicen que se dedican a entrenar dragones cuando el único tipo que comparte su equipo es el volador, algunos se centran más en el físico y hacen equipos de pokémon adorables o grandes. Hay muchas formas de crear equipos, tantas como entrenadores, y me interesa mucho conocer distintos puntos de vista sobre este tema. Perdón por hacerte esa pregunta, pero me encanta hablar sobre pokémon y me gusta saber a qué clase de persona me estoy enfrentando.
 
Finalmente, Karen apretó el botón de su Poké Ball y un umbreon salió de esta. Las líneas y círculos amarillos que tenía por el cuerpo brillaron durante un segundo, lo que hizo juego con las marcas doradas que había desperdigadas por todo el suelo de la estancia.
 
—Pero no estamos aquí para hablar y todo el mundo sabe que la mejor forma de conocer a un entrenador es combatiendo contra él. Así que, si estás lista, ¿podemos empezar ya?
Mostrar Vs. Karen
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—Sí, lo estoy. ¡Togekiss! —exclamó mientras lanzaba su Poké Ball al aire para liberarlo—. ¡Vuelo!
 
—¡Kohi! ¡Finta!
 
···
 
Tic… Tac… Tic… Tac… Tic…
 
El lento pasar de los segundos se le metía en la cabeza y no había forma de quitárselo. A veces le pasaba, cuando se le juntaban muchas cosas que hacer (más de lo normal) se quedaba en un estado de hipervigilia constante en el que le costaba conciliar el sueño. Podía tomarse una pastilla, pero su padre ya estaba en casa y no quería preocuparle, así que decidió aprovechar ese tiempo y levantarse de la cama para hacer algo productivo en su habitación, como seguir pensando en estrategias para el enfrentamiento colegial. Si no iba a poder dormir le sacaría provecho al insomnio de una forma o de otra.
—Debería potenciar las habilidades de Kadabra y pensar en conseguirle alguna cuchara, Tauros se esforzó mucho en el antiguo entrenamiento así que debería descansar un poco en este porque no quiero que llegue exhausto. Snorlax…
Chansey y Rhydon. Sin darse cuenta, al sentarse en su escritorio y agarrar el boli y la libreta ya se había metido de lleno en el mundo de los combates pokémon. Su equipo descansaba tranquilamente dentro de sus respectivas Poké Balls, encima de la mesa, ajeno a lo que pasaba por la mente de su entrenadora. Karen escribía y tachaba las ideas que exploraba y no le llevaban a ninguna parte, centrándose en conseguir una estrategia perfecta, por eso no se dio cuenta de que su houndour también se había despertado hasta que decidió saltar para sentarse encima de ella.
 
—¡Jiga! No me des esos sustos —le reprendió amablemente después de contener un grito. La houndour se acomodó en su regazo y Karen no pudo evitar sonreír mientras le acariciaba la espalda.
 
En verdad se alegraba de que la pequeña se hubiera despertado porque disfrutaba mucho su compañía y es que no podía evitarlo, adoraba el tipo siniestro. Si por ella fuera la incluiría en su equipo de competición y tendría más pokémon de ese tipo, pero Karen quería un equipo de ganadores y uno no llegaba a convertirse en el mejor entrenador de todos eligiendo a sus acompañantes por puro gusto. No, el resultado del éxito era un equipo cuyos miembros habían sido seleccionados cuidadosamente para que cumplieran cierto rol, los cuales debían seguir un entrenamiento igual de riguroso para asegurar la victoria. Un suspiro escapó de sus labios mientras sus ojos se perdían en el reflejo de su ventana, el cual parecía estar suspendido en la oscuridad de la noche rodeado de brillantes estrellas. Cuánto, cuánto le gustaría darse la oportunidad de hacer las cosas con más libertad, pero-
 
—Karen, ¿estás despierta?
 
El sonido de la puerta de su cuarto abriéndose y la voz de su padre la sacaron de sus cavilaciones enseguida. Karen cerró su libreta y giró la cabeza para mirar a su padre, visiblemente avergonzada de que le hubiera descubierto despierta tan tarde. Las niñas buenas dormían a esas horas, ¿es que quería preocuparle innecesariamente?
 
—Papá, lo siento. Yo-
 
—No te preocupes, imagino que estarás nerviosa por los exámenes y el combate intercolegial. Me alegra que estés despierta porque así puedo darte esto.
 
Karen se limitó a asentir mientras Fushiguro cerraba la puerta y se acercaba a ella. Cuanto menos abriera la boca menos posibilidades tenía de equivocarse, por eso en lugar de hablar se limitó a dedicarle una radiante sonrisa a su padre. Él le dio una Poké Ball que hasta entonces había mantenido oculta tras su espalda y Karen la tomó con sumo cuidado. Se trataba de su pokémon, un eevee que era para él lo que Jiga era para ella, un amigo muy querido cuya compañía le resultaba inestimable. Karen le miró un poco confundida y su padre procedió a explicar ese gesto.
 
—Como tienes una vacante en el equipo y no sabías qué pokémon entrenar pensé que tal vez Kohi te serviría de ayuda. Al tener la capacidad de evolucionar en diversos tipos creo que te será de gran utilidad ya que tienes un gran abanico de opciones con él.
 
—Entonces ¿me lo estás dando? —preguntó incrédula. Conocía de sobra el amor que sentía su padre por él, por eso no podía terminar de creerse que se lo estuviera cediendo tan desinteresadamente.
 
—Sí. Yo no tengo el tiempo suficiente para entrenarlo como corresponde, se merece estar con alguien que le sepa sacar todo tu potencial, como tú, y como también necesitas a otro compañero creo que os podéis ayudar mutuamente. Si es que te parece bien —Karen asintió lentamente mientras Fushiguro se sentaba en su cama—. ¿Sabes? Será una tontería, pero me haría mucha ilusión que este pequeñín te ayudara a ganar el torneo entre escuelas. Tengo ganas de ver lo que eres capaz de hacer con él, seguro que puedes darle lo que necesita.
 
Karen inspeccionó con cuidado la Poké Ball de Kohi. Iba a ser todo un desafío, prácticamente tenía que entrenarlo desde cero y el nivel que tenía el resto de su equipo ya era alto. No iba a ser nada fácil.
 
—Seguro que le saco algo de provecho. El torneo es dentro de un mes, tengo tiempo para prepararme —concluyó con una confianza desbordante. Ella siempre conseguía lo que se proponía, por muy complicado que pudiera parecer, ¿por qué iba a ser diferente esa vez?—. No te preocupes, papá. Haré que tu preciado pokémon se luzca delante de todos.
 
—No me cabe la menor duda, cariño —dijo con una sonrisa que alegró el corazón de Karen—. No me cabe la menor duda.
 
···
 
La satisfacción recorrió el cuerpo de Karen al ver a Togekiss derrotado a sus pies. Kohi se plantó delante de ella con una elegancia sublime, alzando la cabeza bien orgulloso de haberle dado el primer tanto ganador a su entrenadora, dedicándole a Lira una mirada de soslayo que le advertía que haría lo mismo con el siguiente compañero que sacara.
 
—No te preocupes, lo has hecho muy bien —susurró Lira a la Poké Ball de su pokémon cuando la devolvió a esta, ignorando la provocación del tipo siniestro.
Si las patadas de Sawamura le habían resultado infernales anteriormente era porque todavía no había conocido a Kohi. El umbreon de Karen se multiplicaba y desaparecía con una habilidad que no había visto nunca, lo cual le permitía golpear a sus adversarios según le apetecía. Esa libertad de movimiento estaba empezando a ser un peligro y bastante desquiciante, por lo que le vendría bien sacar a una compañera inteligente que no cayera en sus trampas y pudiera realizar ataques de larga distancia.
 
—¡Ninetales!
 
La vulpina salió a escena en cuanto escuchó su nombre y lo primero que hizo fue olfatear el ambiente. Lira sonrió, si identificaba el olor de Kohi no se dejaría engañar por las copias visuales que hiciera de él mismo. Eso ya era un paso adelante, confiaba en que esa vez sí sería capaz de derrotarle.
 
···
<<No va a dar la talla.>>
 
Karen estaba en el campo de entrenamiento que había en la parte de detrás de su casa, con su equipo y la nueva incorporación a este. Llevaban solo tres días entrenando y esos fueron suficientes para que se diera cuenta de una realidad dolorosamente obvia.
 
<<No da la talla.>>
 
Sonrió en cuanto Kohi le dirigió la mirada, lo cual aumentó la determinación del pokémon, menos mal que no se dio cuenta de que estaba fingiendo. Sí, no hacía falta ser un experto para saber que en un mes no sería capaz de alcanzar el nivel de su bien entrenado equipo, pero pensó que tal vez podría hacer algo, desempeñar un rol que fuera de ayuda. Sin embargo, ese eevee aprendía lento, no tenía ninguna característica innata que le hiciera resaltar y le estaba costando integrarse en el equipo, lo cual retrasaba el progreso del resto de miembros.
 
Bum bum, bum bum, bum bum.
 
Sin darse cuenta, se agarró del brazo con fuerza en cuanto empezó a escuchar sus cada vez más rápidos latidos del corazón. Lo odiaba, a veces hasta lo sentía retorciéndose dentro de su pecho cuando empezaba a sentirse sobrepasada por la situación, por eso consideró ir rápidamente a por un par de ansiolíticos pero su padre estaba dentro de casa y no quería preocuparle innecesariamente. No necesitaba la medicación, podía tranquilizarse por sí misma, ya lo había hecho muchas veces durante los últimos meses. Era fuerte, podía soportarlo y regularse por ella misma.
 
<<A ver. Controla la respiración, di cinco cosas que puedes ver, cuatro que puedes tocar, tres que puedes oír…>>
 
Poco a poco ese ritual le fue bajando de nuevo a la tierra y los nervios se esfumaron. Sí, ese eevee tenía pocas posibilidades de triunfar, pero le había prometido a su padre que le haría brillar y eso haría. Comprobó la hora en su móvil y no tuvo más remedio que cambiar el horario que había creado para ese día; en teoría ese entrenamiento de la mañana terminaba en media hora y luego tenía un descanso de quince minutos antes de ponerse a estudiar, pero si se quedaba entrenando una hora más y eliminaba el descanso solo empezaría a estudiar quince minutos más tarde de lo que tenía pensado. No era un retraso tan considerable y eso le permitiría acercarse más a su objetivo.
 
—Con pequeños sacrificios se consiguen grandes logros —se dijo a sí misma para animarse mientras volvía a centrarse en su equipo—. Vamos, Kohi. ¡Una vez más!
 
Entre entrenamientos y estudios el mes se le pasó volando. El día del torneo intercolegial llegó en un abrir y cerrar de ojos, el fin de semana antes de los exámenes finales. Este se celebraba en su colegio, el cual estaba lleno de estudiantes que corrían de un lado para otro en busca de las listas en las que ponían las parejas de contrincantes. Ella ya sabía dónde y contra quién se iba a enfrentar, por eso estaba sentada en los bancos de su patio repasando las estrategias de su libreta. Eran combates de tres contra tres y había decidido elegir a Kadabra, Chansey y Kohi, a quien todavía no había evolucionado porque pensaba que en su caso le venía mejor aprovechar que el tipo normal solo es débil ante el lucha, contra el cual Kadabra no tenía problema. Confiaba en que sus dos pokémon pudieran hacer frente a lo que les echaran encima y que Kohi pudiera aguantar los combates contra los más débiles, porque la verdad es que todavía no estaba en condiciones de disputar ese torneo, pero como se lo había prometido a su padre…
 
—¡Karen! ¿Te has enterado?
 
La voz de Megumi, una de sus compañeras, le hizo alzar la vista de su libreta. Se dirigía hacia ella corriendo a una velocidad de vértigo, visiblemente emocionada por algo que todavía desconocía.
 
—¡Ha venido la tele local a grabar los combates! —exclamó emocionada cuando llegó a su lado— ¡Todos vamos a tener nuestros segundos de fama! Aunque seguro que a ti te enfocan mucho, que eres la estrella de nuestro insti y de nuestro barrio.
 
Como si de un cielo despejado en una noche de verano se tratara, las estrellas salían por los ojos de Megumi cada vez que hablaba con Karen. No disimulaba ni un poco la adoración que sentía por ella y eso a veces le incomodaba, pero otras, como esa, le recordaban la posición en la que se encontraba. Todo el colegio contaba con ella para poner su nombre por las nubes y eso es lo que pensaba hacer, ganaría el torneo con Kohi para darle una alegría a su padre y demostrarle a todo el mundo lo buena que era entrenando. Mataría a dos pájaros de un tiro y, de paso, lo haría rápido para que le diera tiempo a revisar los exámenes de la semana que viene. En ese momento lo tuvo más claro que nunca, ganaría todos los combates costase lo que le costase.
 
···
 
—Aguanta, ¡aguanta! ¡Puedes contra ella! ¡Tienes la ventaja de tipos!
 
Karen sonrió al ver cómo Haku, su adorada vileplume, barría el suelo con la vulpina de Lira. Las flores de su danza pétalo eran capaces de causar heridas de gravedad hasta a los pokémon de piel más dura y con su luz lunar podía recuperarse de casi cualquier ataque. Era todo un portento, la resiliencia de la naturaleza hecha pokémon junto con su lado más cruel gracias a su tipo veneno. Era belleza en estado puro, una gran aliada que siempre ganaba aunque estuviera en desventaja.
 
—Las flores son muy bonitas, pero algunas tienen espinas y te pueden hacer mucho daño si no vas con cuidado —dijo Karen mientras movía la cabeza para hacer que su pelo ondeara en el viento—. No te dejes engañar por la belleza, el dolor se esconde en los lugares y personas más insospechadas. ¿Quién será la próxima víctima de mi amada amiga?
 
Feraligatr no, eso lo tenía claro, si había sido capaz de vencer a Ninetales no quería saber qué podría hacer contra él. Lira se quedó un buen rato pensando, porque no quería tomar la decisión a la ligera, ya que sabía que cualquier movimiento que hacía equilibraba la balanza del combate a su favor o a su contra.
 
—¡Espeon!
 
Al final consideró que la mejor opción sería el felino. Ya había aguantado bastante veneno en los innumerables combates que libró contra los reclutas del Team Rocket, así que era el miembro de su equipo que más acostumbrado estaba a lidiar con ese tipo, y con sol matinal de su lado podía recuperarse cuando Haku lo hiciera. Era perfecto para ese combate, o eso pensaba, solo esperaba que su teoría también se plasmara en la práctica y no tuviera que lamentarse después.
 
···
 
El portal de su edificio nunca le había parecido tan frío, ni el silencio tan acusador. Apenas se podía ver, pues a esas horas la única luz que había era la de emergencia, pero ella no quiso encender ninguna mientras subía las escaleras que llevaban a su casa. Encontraba cierto consuelo en la oscuridad que impedía ver su miseria y, en ese momento, lo necesitaba, necesitaba algo que le hiciera sentirse apoyada tras su tremendo fiasco.
 
¡Solo quedan en pie sus últimos pokémon! ¡El eevee de Karen contra el dusclops de Fátima! ¿Quién ganará?
 
Había llegado a la final del torneo, con dificultades, pero había llegado. Kadabra y Chansey se habían encargado de casi todo, por eso estaban demasiado cansados para disputar el último combate en condiciones, y Kohi directamente nunca había tenido ninguna oportunidad. Todavía recordaba las caras, la incredulidad de sus compañeros al ver que había llevado un pokémon así a un evento tan importante como ese, pero aun así algunos confiaron porque sabían lo buena que era. Confiaron en que tenía alguna estrategia bajo la manga, confiaron en que sería capaz de sacarlo hacia delante de alguna manera, pero todo eso se esfumó en cuanto el eevee cayó debilitado ni cinco minutos más tarde de salir a escena. El silencio que se hizo en el campo de combate fue total y este solo se rompió cuando la comentarista habló.
 
¡Eevee ha sido derrotado! ¡Por lo tanto, en contra de lo que todos estaban esperando, la ganadora del torneo intercolegial este año es Fátima, quien ha logrado vencer a la favorita en la final!
 
Abrió la puerta del piso y se fue directamente a su cama para sentarse en ella. Ya habían pasado horas de la derrota pero todavía no podía creer que había sucedido, todavía no se había quitado de la cabeza las miradas y los susurros críticos e incrédulos de sus compañeros cuando abandonó el colegio corriendo, sin siquiera despedirse de su contrincante ni darle la enhorabuena, porque el shock y los nervios eran de tal magnitud que había necesitado alejarse de ese sitio para poder gestionarlos.
 
Por qué… ¿por qué había tenido que ser cuando la televisión había ido a grabar el combate? ¿Por qué había tenido que ser delante de todo el mundo, en algo tan importante? ¿Por qué no había podido ganar? ¿Por qué no había podido controlar sus emociones y se había ido sin despedirse, quedando como una mala perdedora, como una mala persona?
 
<<Es que lo eres… Los buenos ganadores no necesitan aprender a perder porque siempre ganan, pero has perdido así que eres una mala ganadora. No sabes ni ganar ni perder, no sabes hacer nada, eres patética.>>
 
La voz crítica de su cabeza la había estado torturando durante toda la tarde. Si ya de por sí le gustaba meterse con ella aprovechaba cada mínimo error para alimentarse y crecer en su contra, para terminar de hundirla en el barro. Karen se abrazó a sí misma mientras empezaba a temblar, en un intento de consolarse ante esas palabras.
 
<<Tenías la oportunidad de lucirte y mostrar todo tu potencial como entrenadora y la has desperdiciado. Te has equivocado con tu equipo y lo has hecho delante de todos.>>
 
—No, yo soy perfecta —susurró, como si decir eso acallaría de alguna manera la voz.
 
<<Hiciste mal en aceptar el pokémon de tu padre, deberías haberte dado cuenta desde el principio de que no llegaría a ninguna parte.>>
 
—Lo he hecho bien.
 
<<¿Bien? ¿Llamas a perder hacer las cosas bien, más si tenemos en cuenta cómo lo has hecho? Definitivamente has perdido la cabeza, eres->>
 
—¡Yo soy perfecta! —exclamó mientras se levantaba de la cama con el pelo revuelto y la respiración muy agitada. No podía aceptarlo, era superior a ella, de ninguna de las formas diría que se había equivocado, así que si la culpa no la tenía ella la tenía otra persona, o más bien otro pokémon. Su mano agarró la Poké Ball de Kohi y la apretó con fuerza antes de lanzarla al suelo, revelando al eevee, quien agachó las orejas al ver la ira plasmada en el rostro de su nueva entrenadora— ¡Eres tú, tú tienes la culpa de todo esto! ¡Si hubieras dado la talla en los entrenamientos y te hubieras esmerado no habríamos perdido!
 
El pequeño empezó a retroceder lentamente, pero Karen le siguió. ¿Pensaba que iba a librarse del escarmiento que merecía? Tenía mucho que decir y no iba a permitir que se le escapara la oportunidad de sacar lo que durante tanto tiempo había acumulado.
 
—Ni siquiera has terminado de encajar con el resto de los compañeros, a pesar de que te he aceptado y he dado todo de mí para hacerte brillar no has puesto el empeño suficiente. ¡No das la talla! ¡Eres inservible! ¡Los pokémon débiles me dais asco!
 
Finalmente, Kohi quedó arrinconado en una esquina y Karen no dejó de andar. Sin embargo, sin darse cuenta al tener la vista fija en él, pisó su Poké Ball con uno de sus tacones, rompiéndola en varios pedazos. Al hacerlo los ojos del pokémon se abrieron, llenos de sorpresa, alivio y dolor, mientras que a Karen se le fue el enfado completamente al ver lo que había hecho. Se agachó rápidamente y juntó los pedazos, intentando unirlos de alguna manera, y Kohi aprovechó ese momento para correr por su lado e ir a la ventana abierta de su cuarto.
 
—¡No! ¡Kohi, espera! ¡Yo-!
 
Pero Kohi ni escuchó ni esperó, y saltó por la ventana para huir de ella. Karen se asomó justo a tiempo para ver cómo se colaba en un callejón cercano y se perdía en la oscuridad de este, lo cual le impidió ver por dónde continuaba su huida. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?
 
—Vale, vale, tranquila —susurró mientras pasaba una mano por su cabello en un intento de calmarse, porque con lo nerviosa que estaba no podía pensar con claridad. Lo único que podía hacer en ese momento era realizar su ritual para volver a tener los pies en la tierra—. Solo tengo que decir cinco cosas que puedo ver, cuatro que puedo oler… ¿o era que puedo tocar? ¿Cómo era el orden?
 
Bum bum, bum bum, bum bum.
 
<<Idiota, ahora va y se te escapa el pokémon de tu padre. ¿Es que no habías tenido suficiente con lo de hoy?>>
 
—Cinco cosas que tocar, cuatro que ver, tres que oír…
 
Bum bum, bum bum, bum bum.
 
<<Después de todo lo que ha hecho por ti así se lo agradeces. ¿Y dices que eres una hija modelo? Será modelo de lo que no hay que hacer.>>
 
—Cinco… cinco…
 
Bum bum, bum bum, bum bum.
 
<<Vas a romperle el corazón. Inútil.>>
 
—¡Las pastillas!
 
Entre el malestar de lo que acababa de suceder, el sonido de su corazón acelerando y la voz crítica de su cabeza su mente se estaba sumiendo en el caos a una velocidad de vértigo. Por suerte, en medio de todo aquel embrollo, el último poso de su sanidad le recordó que tenía su caja casi intacta de ansiolíticos en el baño, y lo exclamó a los cuatro vientos como si fuera la única solución a todos sus problemas. Ellos le darían la claridad mental que necesitaba, por eso fue rauda a abrir el cajón en el que estaban, se echó un buen puñado en la mano y se metió una quincena de golpe en la boca, deseando que los químicos le devolvieran en segundos la capacidad de pensar racionalmente. Sin embargo, al empezar a masticarlos notó algo aterrador.
 
<<¡Espera! Si tomo tantos de golpe->>
 
En cuanto se dio cuenta de lo que había hecho y lo que eso podía implicar los escupió y cayó de rodillas. Quiso limpiar ese desastre, pero todavía le quedaba un par de restos en la boca, así que se levantó rápidamente para limpiársela.
 
PUM
 
Solo para darse un golpe fuerte en la cabeza con la pila. El dolor hizo imposible que volviera a intentar ponerse de pie, por lo que se limitó a buscar un lugar en el que pudiera apoyarse durante un rato.
 
—Cinco, cinco cosas que…
 
Las lágrimas caían por sus ojos mientras se apoyaba en la taza del váter en busca de un mínimo de descanso, pero los preocupados ladridos de Jiga hicieron que el mareo aumentara hasta que sintió que la ansiedad había alcanzado su máximo nivel cuando no pudo respirar. La puerta de su casa se abrió, su padre fue corriendo al baño en cuanto escuchó el jaleo que estaba haciendo su pokémon y encendió corriendo las luces de este, pero Karen no se dio cuenta porque para ese entonces ya había perdido la consciencia.
 
···
 
Karen torció el gesto al ver que el combate se le estaba complicando a Yuri. Al ser un gengar pensó que no podría tener muchas dificultades contra un espeon, pero se equivocaba, porque el felino estaba siendo capaz de detectar y esquivar sus jugarretas antes de que pudieran hacerle un daño real. Su inteligencia y capacidad de anticipación estaban a otro nivel, si eso seguía así…
 
—¡Psíquico!
 
No le quedaría más remedio que recurrir a un truco poco ortodoxo para algunos entrenadores. Ella no era muy devota de él porque prefería mostrar la fortaleza de su equipo de otras formas, pero como último as bajo la manga al que recurrir en situaciones desesperadas admitía que no estaba mal. Y esa era una de ellas.
 
—¡Psíquico!
 
Sus labios se curvaron en una sonrisa al oír la que sería la última orden que Lira le dedicaría a su amado gatito. Karen extendió el brazo para señalar a su víctima y, antes de que pronunciara el movimiento, Yuri se estremeció de alegría al saber qué era lo que le estaba a punto de pedir.
 
—¡Mismo destino!
 
Yuri no hizo nada por evitar el ataque de Espeon por lo que, al darle de lleno y estar ya debilitada por los turnos anteriores, acabó derrotada. Lira dio un salto por lo contenta que estaba, aunque la luz se le fue del rostro en cuanto vio cómo la sombra de Yuri se separaba de ella y se colaba entre las líneas del suelo para llegar hasta Espeon. Cuando ya estuvieron a sus pies se alzaron y rodearon al felino, envolviéndolo en un mar de sombras que le fue quitando la vitalidad hasta que también cayó derrotado. La cara de Lira al ver aquello se convirtió en un poema, un epitafio que mostraba la incredulidad ante una pérdida tan repentina.
 
—No te preocupes, no ha sufrido nada —dijo Karen con una sonrisa traviesa mientras agarraba su siguiente Poké Ball—. Se merecía descansar un poco después de todo lo que se ha esforzado.
 
—¡Krow! ¡Se merecía descansar un poco después de todo lo que se ha esforzado!
 
Quien imitó a la experta en tipo siniestro no fue otro que su siguiente pokémon, una murkrow sonriente que encontraba regocijo en la desdicha de sus oponentes. Lira estuvo a punto de retroceder un poco ante la malévola expresión de la mujer, pero ¿se podía saber quién era ella? Sus estrategias y expresiones resultaban mucho más intimidantes que el físico de Bruno y eso, sumado al frío de la estancia, le hacía inquietarse con más facilidad.
 
—Esto se está poniendo muy lúgubre. ¿Por qué no lo alumbramos un poco? —le preguntó a Ampharos mientras señalaba al frente. El pokémon sonrió y asintió, gestos que le transmitieron más seguridad y confianza a la joven entrenadora—. ¡Chispazo!
 
···
 
Se despertó con una sensación extraña. Extraña porque hacía tiempo que no la sentía, tanto que se había olvidado de que todavía era capaz de tenerla. La paz que ahora reinaba en su interior le resultaba incómoda por lo poco familiar que le era, por eso no tardó en poner su mente en marcha. ¿Qué tenía pendiente? ¿No había algún evento importante que tenía que realizar? Estaba a punto de acordarse, quedaba poco para-
 
—¡Los finales!
 
Karen se sentó rápidamente en su cama y miró el reloj que había delante de ella, el cual marcaba que eran las doce del mediodía de una semana posterior al día que empezaron los exámenes. La joven se quedó mirándolo durante unos segundos, pensando que debía tratarse de un error o de una pesadilla, hasta que poco a poco fragmentos de lo sucedido en el torneo intercolegial fueron sumándose en su mente hasta crear el puzle de lo sucedido. Un gemido escapó de sus labios y volvió a tumbarse lentamente, tapándose la cabeza con la almohada, deseando que la luz que se colaba por la ventana de su habitación no le alumbrara.
 
No la sacó de ahí hasta que notó que alguien le tocó el hombro. Levantó un poco la almohada y vio que se trataba de su padre, que le miraba bastante preocupado. Al establecer contacto visual la culpa se duplicó y se vio incapaz de seguir conteniendo su malestar.
 
—Lo siento, papá —dijo en un susurro apenas audible. Un par de lágrimas empezaron a deslizarse por sus mejillas y, esa vez, no hizo nada por impedirlo, no hizo nada por no mostrarse vulnerable—. Perdí el torneo, hice que Kohi se fuera y ahora me he perdido los finales. Soy un desastre, lo he hecho todo mal, lo siento.
 
Al final de la oración su voz se quebró y empezó a llorar. Los sollozos que salían de su boca recordaban a los de una niña, una niña perdida y asustada, una niña que se había venido abajo ante la inmensidad del mundo. Fushiguro no dijo nada, esperó a que su hija llorara lo que tuviera que llorar, y cuando le pareció que ya se había desahogado lo suficiente empezó a hablar.
 
—Quien lo siente soy yo, Karen —se lamentó mientras se sentaba a su lado y le acariciaba la espalda con afecto. Nunca le había visto tan desolada y le afligía no haber sido capaz de ver, como padre, los síntomas hasta que había sido demasiado tarde—. No me di cuenta de toda la presión que llevabas encima con solo quince años, cómo querías hacerlo todo perfecto tú sola. Estaba muy orgulloso de ti y de tu deseo de alcanzar la perfección, pero debí enseñarte a poner límites y no tener miedo a perder, a disfrutar también de la vida y no perseguir un objetivo utópico. Lo siento mucho, de verdad, no te he prestado la suficiente atención.
 
—No digas eso. No tienes la culpa de que no valga para nada —dijo mientras se alejaba de su tacto, porque en ese momento no sentía que lo merecía—. He quedado como una debilucha delante de todos y he manchado mi expediente académico. En un día he tirado por la borda el trabajo de meses. ¿Cómo voy a volver al instituto así? ¿Cómo voy a volver a combatir? Se acabó, no tendré un historial perfecto y no seré la mejor entrenadora de todas, mi carrera tenía aquí.
 
Karen cerró los ojos y le dio la espalda a su padre. Lo que en ese momento quería hacer era dormir, durante un par de semanas a ser posible, olvidar lo que había sucedido y empezar una nueva vida lejos de ahí, con gente que no la conociera. Una escapada al extranjero no le vendría nada mal, o eso pensaba ella. Sin embargo, Fushiguro no la iba a dejar ir tan fácilmente, y estaba decidido a ayudarla como hiciera falta. Se tumbó a su lado en la cama y se quedó mirando el techo durante unos minutos, pensando en cómo iba a transmitirle el mensaje que tenía en mente.
 
—La vida tiene muchas caras y momentos, algunos agradables y otros no tanto, pero ¿sabes cuál es para mí su cualidad más bonita? —preguntó retóricamente— Que sigue, siempre sigue, nunca se detiene. Recuerdo que esto me parecía injusto, ¿cómo puede seguir la vida cuando he perdido a mi madre? ¿Cuando me han despedido del trabajo? ¿Cómo puede seguir girando el planeta cuando necesito tomarme un tiempo para procesar lo que me está sucediendo? ¿Dónde está el botón de pausa para descansar lo que necesito? No hay, porque la vida no necesita uno. Al principio nos sentimos abrumados cuando nos equivocamos y queremos que todo pare o, mejor dicho, pensamos que va a parar, estamos convencidos de que nuestra vida ha terminado y ya no tenemos nada más que hacer aquí… Pero eso no es verdad. El sol sigue saliendo, los pokémon siguen a nuestro lado, y aunque no hayas conseguido lo que te hayas propuesto o hayas tenido una gran pérdida el mundo sigue girando para que todo esté listo para tu regreso cuando te recuperes.
 
Su mano volvió a buscar la espalda de su hija y esa vez Karen no la rechazó. Estaba escuchando con atención lo que estaba diciendo su padre porque, aunque no se estaba recuperando del todo, esas palabras le estaban brindando cierto alivio que necesitaba desesperadamente.
 
—El sol volverá a salir mañana, es algo que pasará durante un buen puñado de siglos. Las clases del instituto seguirán su curso y los pokémon del mundo seguirán merodeando a la espera de una entrenadora con gran potencial. Hablaremos con la directora sobre lo sucedido y encontraremos una solución a este contratiempo, mientras, crearás un equipo pokémon de cero con los que a ti de verdad te gustan y los que te interesaría entrenar. Empezarás a vivir tu vida, Karen, a tu ritmo y manera, y yo estaré aquí ayudándote en lo que necesites.
 
No sabía si merecía esas palabras, o los gestos, o la simpatía de su padre, pero por una vez Karen decidió que no le importaba. Ella se dio la vuelta para poder abrazarle y él correspondió su muestra de afecto, sosteniéndola con todo el amor del mundo. Ya que no había estado ahí cuando más le necesitaba, quería hacerle saber que las cosas cambiarían a mejor de ahora en adelante y darle el apoyo que necesitaba.
 
—Muchas gracias, papá.
 
—A ti por existir.
 
···
 
Ese perro tenía que haber salido del infierno, no le veía otra explicación.
 
—¡Jiga, triturar!
 
La poderosa houndoom se lanzó de cabeza a por Feraligatr, quien detuvo el ataque con sus garras al mantener las fauces de su adversaria abiertas. Aun así, fue algo que duró solo unos segundos, porque Jiga logró cerrar su mandíbula y morder las muñecas de Feraligatr, quien retrocedió mientras se las masajeaba con una evidente expresión de dolor.
 
¿Cómo la había acorralado tan rápido? Ampharos pudo contra Tojo, la murkrow, pero cayó debilitada ante Jiga en el primer turno. Dratini hizo lo que pudo contra ella, pero solo le causó un par de arañazos antes de que la venciera haciendo gala de un gran poder. Así que ahí estaba, ganándose el derecho a retar el Campeón en un combate uno a uno. Los nervios y el cansancio acumulado luchaban por hacerse con el control de su cuerpo y sabotearla, pero ella no lo permitiría, no cuando su equipo la necesitaba más que nunca.
 
—¡Feraligatr! —le llamó al ver que estaba sangrando. El reptil se acercó a Lira a regañadientes, sin dejar de tocarse las muñecas. Intentaba contenerse las lágrimas, pero le estaba costando bastante, y eso fue lo que le indicó a Lira que estaba sufriendo de verdad. Para que su pokémon llorara tenía que sentir mucho, mucho dolor— Sé que está siendo una adversaria dura y que hasta sus ataques de fuego te duelen, pero no te seguirá molestando durante mucho tiempo —dijo mientras le trataba superficialmente las heridas. Al terminar, tomó sus enormes garras entre sus diminutas manos y le miró a los ojos para que supiera que lo que iba a decir iba en serio—. Te doy permiso para usar eso.
 
La mirada del reptil se iluminó en cuanto escuchó las palabras de su entrenadora. El dolor se esfumó de su rostro y fue sustituido por una gran satisfacción, una que le hizo sonreír hasta que todos sus dientes se hicieron completamente visibles.
 
—¿Ya has terminado? —preguntó Karen mientras fingía aburrirse con un bostezo— No hay por qué alargarlo más de lo necesario. Tranquila, haré que sea breve-
 
—¡Fuerza bruta!
 
En cuanto escuchó la orden Feraligatr extendió las garras, mostró sus colmillos y tensó todos los músculos de su cuerpo mientras acumulaba una cantidad ingente de energía. Se dio la vuelta para mirar a Jiga con un instinto casi asesino en los ojos y un disfrute primitivo, lo que hizo que, por primera vez en el combate, ella le mirara con respeto. Se puso a cuatro patas y se impulsó para darle con todo lo que tenía, en un combate cuerpo a cuerpo que sirvió para que empezara a sentirse superior a ella.
 
···
 
Ver a Jiga derrotada en el suelo le causó una sensación de impotencia y amargura indescriptibles. Sus manos se cerraron en dos puños y su cuerpo entero tembló, tratando de contener la ira que amenazaba con salir de un momento a otro.
 
—¡Vamos, Karen-chan! ¡Que no es el fin del mundo por perder!
 
Pero las palabras de Megumi consiguieron quitarle el enfado de un plumazo, gracias sobre todo al mote que había utilizado, el cual le daba una vergüenza considerable. Karen se puso roja hasta las orejas y dirigió su mirada a su compañera, quien le dedicó una gran sonrisa.
 
—Te he dicho que no me llames Karen-chan.
 
—Lo haré cuando dejes de comportarte como una niña —dijo mientras se acercaba a ella para pellizcarle el puente de la nariz. Karen gritó y se apartó, pero no tardó en sonreír cuando se le pasó el dolor.
 
—Está bien, está bien. Tienes razón, acepto que todavía tengo mucho que cambiar —admitió mientras se acercaba a su pokémon. Le acarició la espalda con suavidad antes de devolverla a su Poké Ball y se levantó para hacerle frente a su adversaria, una joven de piel oscura y pelo corto que llevaba dos adornos florales en la cabeza. La chica contra quien perdió en el torneo intercolegial—. Quiero combatir contigo otra vez. Mañana a la misma hora.
 
Fátima sonrió al oír su propuesta. Devolvió a su casi inconsciente dusclops a su Poké Ball y asintió con la cabeza, lo que le sacó otra sonrisa a Karen. Ya habían pasado semanas desde su colapso y estaba rehaciendo poco a poco su vida gracias a su red de confianza. Cuando volvió al instituto se encontró con el rechazo y la desaprobación de algunos, pero también con el apoyo de otros, como Megumi, que no se había separado de ella desde entonces y estaba pendiente de que no le faltara nada. El afecto de la chica a veces le resultaba sofocante, pero entendía que lo hacía con la mejor de las intenciones.
 
Por otra parte, había empezado su carrera como entrenadora pokémon desde cero, eligiendo como inicial a su adorada Jiga. Todavía no eran invencibles, como estaba acostumbrada a serlo, pero gracias a los combates que disputaba contra Fátima sentía que estaba progresando y encaminada a convertirse en la entrenadora que realmente quería ser. Además, también le estaba viniendo bien para terminar de aprender a aceptar la derrota.
 
—Bueno, yo creo que nos merecemos un buen descanso, que habéis empezado a combatir a primera hora de la tarde y ya está anocheciendo —opinó Megumi mientras veía cómo el sol pintaba con sus últimos rayos el cielo del crepúsculo—. ¿Cenamos por ahí? Mañana es sábado, así que no tenemos ninguna obligación escolar.
 
—No sé, yo creo que debería-
 
—¡Señor Fushigurooooo! —gritó Megumi a los edificios que había delante del campo de combate al ver la negativa de su compañera. Karen se puso nerviosa e intentó silenciarla, pero no fue lo suficientemente rápida— ¡Su hija vuelve a negarse a pasar un buen rato con nosotras!
 
En unos segundos, el padre de Karen se asomó por el balcón de su piso. El hombre sonrió y puso sus manos alrededor de la boca para que las chicas oyeran bien lo que tenía que decir.
 
—Está bien, Karen. Todas las tareas del hogar están hechas y yo me iré a dormir pronto. Sal y disfruta con tus amigas, te lo mereces.
 
—¡Gracias, señor! —gritó Megumi mientras agarraba a Karen del brazo y se la llevaba a rastras de ahí.
 
—¡No la devolveremos muy tarde! —aseguró Fátima mientras seguía a la pareja de amigas.
 
—Chicas…
 
En verdad Karen no encontró ningún motivo para enfadarse con ellas. Sus ansias de perfeccionismo le causaban alguna mala pasada de vez en cuando, pero antes de que fuera a más ahí estaban su padre y sus amigas para recordarle que no se acababa el mundo por cometer un error y la importancia de disfrutar de la vida. Mañana sería otro día, y mañana sería otra oportunidad que tendría de derrotar a Fátima con su adorada Jiga, con los pokémon que ella quería. Sonrió y le dio un gran abrazo a las otras dos chicas, parecía que la vida volvía a tener sentido.
 
···
 
Karen se pellizcó el puente de la nariz y cerró los ojos. Tomó aire y lo soltó un par de veces, tratando de calmar el volcán que amenazaba con despertar dentro de ella.
 
<<Cuánto odio perder. Lo odio, lo odio, lo odio.>>
 
Hacía tiempo que nadie la vencía en un combate, por eso hacía tiempo que había olvidado qué se sentía al ver a Jiga inconsciente en el suelo. El bruto de Feraligatr perdió el control de sí mismo con ese movimiento tan potente y, en su intento de lucirse, terminó cebándose con su pokémon e hiriéndola de gravedad. Estaba tan ido que Lira tuvo que devolverlo a su Poké Ball porque seguía atacando incluso aunque la hubiera derrotado, por eso ahora ella estaba de rodillas y pidiendo perdón en bucle, a pesar de la gran hazaña que había logrado.
 
—Lo siento mucho. Me da miedo que se vuelva loco, por eso no le dejo usar ese movimiento a menos que le dé permiso explícitamente, como ahora, pero no pensé que-
 
Karen se clavó las uñas en el puente de la nariz y volvió a abrir los ojos. Tomó aire por última vez y se acercó a Lira sonriendo, haciendo que el ruido de sus tacones se sobrepusiera a sus disculpas. Sí, tenía que manejar su malestar, pero eso sería después de despedir a su retadora como correspondía. Además, mentiría si dijera que no había disfrutado de la intensidad del combate, y de haberla obligado a llevarla al extremo para derrotarla.
 
—Vamos, no te pongas así. ¿Eres consciente de lo que acabas de hacer? —preguntó mientras extendía una mano en su dirección. Lira levantó lentamente la cabeza y le tomó la mano a la mujer, dubitativa, y ella la puso de pie con una fuerza que no sospechaba que tenía— Acabas de vencer el último obstáculo necesario para enfrentarte al Campeón. ¡Felicidades! ¿Qué se siente al haber llegado tan lejos?
 
Al oír aquello y asegurarse de que Karen no tenía nada en contra de ella Lira comenzó a temblar. Apretó su bolso contra ella y sus mejillas se pusieron rojas de la emoción, al mismo tiempo que sentía que el corazón se le iba a escapar del pecho.
 
—¡Estoy muy nerviosa! —exclamó en un grito que le sacó una risa a la Alto Mando. Ella rodeó sus hombros con su brazo y le guiñó un ojo en señal de complicidad.
 
—Normal, no todo el mundo tiene el privilegio de enfrentarse a él —dijo mientas pasaba una mano sutilmente por su capa—. Pero tranquila, lo harás bien, y si no lo haces el simple hecho de llegar hasta aquí ya es todo un logro. Formas parte oficialmente de la élite de entrenadores de Johto, eso no lo vas a perder aunque aunque no salgas victoriosa en tu siguiente combate. Venga, que te acompaño.
 
Karen entrelazó su brazo con el de Lira y le ayudó a llegar al final de su sala. Los nervios que sentía la joven eran paralizantes, por eso agradeció que la mujer le diera el empujón final, aunque no fue capaz de verbalizarlo en ese estado.
 
—Pokémon fuertes, pokémon débiles —susurró Karen mientras la puerta que daba a la sala del Campeón se abría—. Con el tiempo aprendí que es una distinción que carece de sentido, lo que verdaderamente te convierte en un buen entrenador es la capacidad de sacar adelante un equipo hecho a tu gusto con tus mejores amigos. Por eso no me ataño a un tipo en concreto, por eso disfruto al ver equipos tan variados, por eso me enorgullezco de ser un miembro del Alto Mando —dijo con una sonrisa carente de maldad, una que, a diferencia de las otras, le transmitió calma—. Sigue así, Lira, y no cambies nunca.
 
Finalmente, Karen se soltó para que Lira pudiera avanzar, porque el camino que le quedaba por recorrer solo lo podía hacer ella. La joven le dijo adiós con un ademán de despedida antes de que la puerta se cerrara, dejándola a oscuras en el último pasillo, pero no sola. No, porque de su cinturón colgaban seis amigos que le habían acompañado durante todo su viaje, seis amigos que le habían apoyado en todo momento y seis amigos que le habían permitido llegar tan lejos. Intentó controlar su respiración y, cuando se sintió mejor, los fue liberando uno a uno para tratar sus heridas y prepararlos para el combate contra el Campeón, porque la conclusión de su aventura estaba tan solo a unos metros de ahí.
[Imagen: rrYl76h.jpg]
 
 
[Imagen: vS2axv2.png]
 
Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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Wow... no sé si me sorprende más ver a una Sakura con harto sass acabando este fic o lo que voy leído de capítulo xD

En fin, vamos a lo que toca. He hecho una pausa al acabar la parte de Bruno, y en serio, qué tipazo. Si Mento es las emociones del Alto Mando actual, Bruno ha sido el corazón desde el inicio del mismo. Me ha resultado refrescante que su trasfondo esté más relacionado al grupo en sí que a experiencias por su parte, como fue el caso con Mento y Koga (ambas bien logradas, pero de eso ya hablé en su momento), porque va mucho con su carácter. Las menciones justas a su pasado, para dejar claro lo importante que esa aceptación fue para él, que realmente formar ese gran equipo poderoso es su vida, con sus buenos y malos momentos (y que me está dando inspiración para ciertas cosillas que quiero hacer a futuro). Y lo mejor de todo, que has podido escribir este episodio a tu manera, se nota que es un texto muy tuyo.
 
Cita:La anciana abandonó la estancia con la frase a medio acabar, dejando tras de sí un aire frío característico del tipo que entrenaba. Lorelei miró a Bruno con una disculpa que no se atrevió a pronunciar y se fue también, dejando a los dos hombres lidiando por su cuenta con el amargo sabor de la derrota.
Ay... la ampliación de lo ocurrido y que formaba parte del trasfondo de Lance, visto desde los ojos de Bruno. Menos mal que pudieron hacer las paces al respecto, pero vaya, todo esto nos muestra lo íntegro y fuerte que es realmente este artista marcial :o
 
Cita:—El músculo más importante de todos es el corazón. Recuerda que, si eso falla, el resto no sirve para nada.
Awwwwwwwwwwwww :'3
Esta frase es muy tuya, y a la vez, algo que le veo diciendo con sinceridad D:

Y ahora, vamos a la parte de Karen owo...

Que menudo guantazo me has dado con esto. Perfeccionismo, intentar cumplir expectativas ajenas, acabar explotando como consecuencia inevitable... qué viaje emocional el de Karen, como para acabar de completar este retrato del Alto Mando de Johto. Todos tan humanos, escritos de un modo que realmente sacar a relucir tu amor por este juego y la región en el que se desarrolla. La historia de Karen en particular resuena mucho conmigo, en virtud de cierta personaje a quien tengo mucho aprecio y ya quiero hacer salir, cuando sea posible. Ha sido genial que tuviera gente que la apoyara no porque fuera perfecta, sino porque realmente la apreciaran sin sus logros, por quien era. En algún momento caeremos, tendremos errores, pero si contamos con gente que nos estima así, siempre nos podremos levantar.
 
Cita:otros dicen que se dedican a entrenar dragones cuando el único tipo que comparte su equipo es el volador,
Cuando hasta la autora hace bullying a Lance por esto... xDDD
 
Cita:
¡Solo quedan en pie sus últimos pokémon! ¡El eevee de Karen contra el dusclops de Fátima! ¿Quién ganará?
Oh, este cameo owo
 
Cita:Dratini hizo lo que pudo contra ella, pero solo le causó un par de arañazos antes de que la venciera haciendo gala de un gran poder.
Alguien ha involucionado (?)

Y ahora nos queda Lance, aunque Lira sea la única que no lo sepa aún. Tengo curiosidad por cómo afrontarás el siguiente episodio, dado que el campeón es alguien de quien ya hemos visto mucho, e incluso la parte de Bruno ahondó mucho en esos momentos difíciles que marcaron su comportamiento actual. Sea como sea, lo espero con muchas ganas, pues este episodio me ha encantado y me ha dejado muy hypeado en cuanto al siguiente. Supongo que... será una cosa que ahondará en ambos, como para cambiar el enfoque, dado lo significativo que será para los dos. Pero esto sólo soy yo intentando adivinar. Escribe lo que te salga del alma, que ha sido así que has logrado transmitirnos tus sentimientos por todos estos geniales personajes.

Así pues, nos vemos en el siguiente comentario :3

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[Imagen: anh12KW.png]

Wasureruna saigo no buki wa ai sa
♪♪
 
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Hay que ir por partes, que este fic demuestra una vez más el cariño creciente que le estás poniendo. Vamos, que hasta un ciego lo vería.

Bruno es nobleza pura. Mira que no sabía qué esperar de él después de lo que hiciste con Mento y Koga, pero he de decir que el grandote de la Elite 4 original es definitivamente de lo mejor. Incluso cuando las cosas iban mal y parecía que todo se desmoronaba, él se mantuvo siempre leal a Lance y al objetivo de ser los entrenadores más fuertes, no solo como individuos, sino como un grupo. Cuando Agatha y Lorelei debieron retirarse justo cuando habían quedado en aquella situación tan negativa con Lance, de verdad se sentía que la situación era insostenible, que Lance se terminaría de venir abajo por todo el cargo de consciencia que llevaba sobre los hombros, y a pesar de todo Bruno le dio esperanza al domadragones para así hacerlo todo de nuevo, pero ahora con un enfoque más maduro. Esas palabras de despedida que le dedicó a Lyra no solo funcionan para dejar en claro a la chica cuál es el camino correcto a seguir, sino que también es un reflejo tremendamente fiel de quién es justamente Bruno. Mucho músculo, tamaño y porte, pero definitivamente todo eso flaquea en comparación con el tremendo corazón que tiene. Me encantó completamente.

Con Karen fue completamente inesperado. Pensaba que sería como Mento, sólo que sin su hipersensibilidad, pero terminó siendo justo lo contrario. Obsesa al extremo, se podía ver que para ella todo debía salir bien, debía ser excelente en todo lo que hiciera, ser vista como perfecta por todo el mundo para sentir que vale algo. Obviamente que su gran problema está precisamente en la idea de querer ser perfecta, algo imposible por ser humana. Y de cualquier manera ser perfecto no sirve de nada, pues implica que se acabaron los retos, ya no hay espacio para mejorar, ni para innovar, ni para entrenar nada, ni para recurrir tan siquiera a la imaginación. Obvio que eso la terminaría dejando muy mal, y si a eso se le suma que se medicaba para manejar el estrés y las emociones fuertes, pues de verdad había pasado buena parte de su adolescencia con unos cuantos problemas especialmente graves, por más que quiso pretender que no era así. Literalmente se estaba volviendo loca con esa rutina tan sobre-exigente. Incluso en el presente, si bien ha cambiado una barbaridad en cuanto al enfoque de las cosas y en sus aspiraciones personales, parece que todavía conserva un poco de esa vena que no toma de la mejor manera la derrota, aunque lo sabe disimular bien, y esa madurez que ha adquirido le ayuda mucho a sopesarlo. La mención de Fatima me gustó mucho, pero incluso eso palidece ante el spoiler escondido que Karen le soltó a Lyra con respecto a los amantes de dragones que en realidad tiene puros tipos voladores. Ya casi que le dice directamente que Lance está más adelante.

El capítulo en un todo ha sido precioso y entretenido, y ahora se viene un final que sé bastante bien que deseas hacer ideal, lo más emotivo y bonito posible. A esperar lo que terminará saliendo.
nadaoriginal: La historia de un escritor de fanfics que te liga todo lo que se mueve mientras se burla
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