Actividad - Tu Aventura

#1
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• Tu Aventura •
Saludos entrenador. Es acá donde comenzará tu aventura.

Recuerda que es un rol narrativo, tu decides si deseas narrar en primera o tercera persona; ten en cuenta de que debes mantener la forma de la narración durante todo el rol.

Una vez hayas solicitado tu Pokémon Inicial y formalizada la entrega en el Laboratorio Pokémon deberás narrar en este tema tu llegada al Reino de Valora y la solicitud y entrega de tu Pokémon inicial. Después de ello podrás continuar por el resto del mapa para descubrir las otras regiones que conforman el reino.

Debes tener presente lo señalado en el tema de Información General, en especial lo correspondiente a la Experiencia y Dinero obtenido de los otros entrenadores.

Si tienes alguna duda puedes activar el SmartRotom que te fue entregador y acceder al Centro de Soporte.

Los 'capítulos' que incluyan combates tendrán que ser aprobados para que el usuario pueda continuar su aventura. Esto con el fin de garantizar el mayor realismo en los combates y evitar los Metapod con Hiperrayo.

Se sugiere que los combates de un pokémon no sean menores a tres (03) turnos ni mayores a quince (15) turnos.  Debes tener presente de que los pokémon reciben daño y no podrán participar en más de dos (03) combates consecutivos sin ser curados en un Centro Pokémon (que se encuentran en todos los pueblos y ciudades), usando Pociones (que se pueden comprar en las PokéTiendas) o tomando un descanso en una Posada o al aire libre.


 

• Importante •

• Se ha actualizado la información referente al sistema de experiencia y agregadas algunas modificaciones. Ver tema de Información General.
♦ Si no tienes idea de como avanzar en el rol consulta el Mapa de la región que encontrarás en tu SmartWatch.


Medallas. ¡Importante!
En vista de que el sistema de experiencia actualizando tendrá a romperse en algún momento se establecen la limitación de nivel máximo por medalla obtenida.
Sin medallas: Nivel 15
1 medalla: Nivel 20
2 medallas: Nivel 30
3 medallas: Nivel 40
4 medallas: Nivel 50
5 medallas: Nivel 60
6 medallas: Nivel 70
7 medallas: Nivel 80
8 medallas: Nivel 100
El pokémon que alcance su nivel máximo no seguirá acumulando experiencia en caso de que participen en combate y gane. Ej.: Nivel 14 - Exp. 1450 + 100 = Nivel 15 - Exp. 0

• Actualizaciones •
• Se actualiza el sistema de monetización. Se aumenta la cantidad de 20 a 50 Pokés, lo que se multiplicará por el nivel más alto de los pokémon del rival.
• El mapa se hace más libre; pueden tomar rutas alternas a las ya predefinidas, y si llegan a una ciudad o pueblo nuevo tendrán la oportunidad de bautizarlo y será agregado como ruta alterna (deben tener presente que deben indicar su ubicación y describir el poblado para futuras referencias)

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• Indigno de ser humano •

Mi Aventura en la Liga Valora
Episodio #02
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#2
Era una grandiosa mañana, donde en momentos veía a la gente pasar fuera de la pequeña habitación compartida. Donde ya un "adulto" comenzaba a ser una molestia. Si bien lo que me platicó fue para hacer más llevadero el viaje, realmente resultaba irritante que fuera tan redundante. Al menos ya habían dado el aviso de que era hora de comenzar a recoger nuestras cosas para desembarcar en Valora, más específicamente, en Castella, en un puerto al que llaman "Puerto Franco".

Sin más me retiré de la ventana y me levanté para comenzar a tomar mis cosas. Que, realmente, no era mucho, mi chamarra junto con mi mochila y mis tenis de repuesto.

—¡Nos vemos Sarut! ¡Ya quiero empezar!—y yo ya quiero que te largues... Aquél chico no tardó en irse como una bala, el chico... Ah, hasta olvidé su nombre, y no es como que me importe.

Suspiré un tanto de mala gana y al fin me dispuse a salir, caminando tranquilamente hacia la salida.
Algunas familias se tomaban de la mano, los niños jugaban, los adultos platicaban mientras estaban al pendiente de sus hijos, o sobrinos, o lo que fueran. Había de todo, estar con ese sujeto simplemente me puso de mala gana.

Minutos más tarde, al fin bajé del dichoso navío y me detuve en medio del puerto, mirando alrededor. Habia bastante gente, la vista, admito era impresionante, trabajadores como turistas se paseaban, se podían ver pequeñas y enormes cajas cargándose hacia algunos otros navíos mientras muchos otros eran descargados, el gran balbuceo de la gente era de esperarse, continúe mi camino mientras me pongo con cuidado mi chamarra y al fin me coloco la mochila para caminar de forma más cómoda.

Un señor da la bienvenida, pero lo paso de largo, yo solamente quiero llegar al dichoso laboratorio y pensar qué hacer, mi paciencia no estaba en buenas condiciones, al fin piso lo que es el resto del puerto en general mientras observo un poco.
Un enorme edificio se puede ver a lo lejos, no, son varios, así como otras edificaciones más próximas tienen distintos y pintorescas decoraciones, un poco... Extraño, tanto en un lugar tan junto. Podía ser abrumador, pero no venía al caso.

Camino otro poco para al fin ver la dichosa colina donde esta el Laboratorio Pokémon, según lo que me reportaron, ahí era mi primer destino antes de prácticamente empezar a apañarmelas para ir al primer gimnasio. Suspiro para tratar de acumular paciencia y sin más me dirijo allá.

Pasan los minutos y sin nada destacable que mencionar en todo el trayecto, llego al fin al dichoso sitio, me detengo un momento e ingreso.

No tardan en recibirme un par de empleados, me preguntan qué quiero, y simplemente les respondo que soy Nuvoir Verentain, y que venía a ver al profesor para la entrega de mi Pokémon y todo lo necesario para viajar por toda Valora. Ellos sin mas reconocen la información y me dejan pasar, más al fondo, termino en una gran sala donde se halla el Profesor... ¿Oak? Esto sin dudas es inesperado.

Se le veía algo apurado, pero aún así, apenas me ve y me saluda cortésmente, explicándome lo que todo mundo ya sabe acerca de cualquier aventura Pokémon. Aún así expreso una grata sonrisa y lo escucho con atención, en ese momento, me hace entrega por medio de una caja lo que estaba esperando. Todo lo esencial para comenzar la travesía. Recojo y guardo las cosas cuando Oak me dice que esperara un momento, en ese instante, se va un poco al fondo, entregándome una Lujoball, algo que me extrañó un poco. Acto seguido, vuelve a ir hasta el fondo y de una cápsula que parece tener específicos cuidados, saca un huevo, lo cierra y me la entrega.
Me dice que allí dentro, pronto nacerá un Riolu, y por eso la entrega de la Lujoball, me quedé sorprendido, ¿un Riolu? ¿A una persona como yo? Digo, no es como que tuviera la mejor historia de trasfondo, y ver la furia de mucha gente en contra mía, menos. Ironías de la vida, supongo. De igual forma el Pokémon en sí me agrada bastante, así que juro cuidarlo y atenderlo como es debido, todo iba bien hasta que mencionó a aquél sujeto. Fingí sorpresa y alegría mientras me relataba, intercambiamos un par de diálogos más y me despedí con el huevo entre brazos.

Realmente no me importaba que ese sujeto me ganara el paso, es precipitado el muy idiota. Y así, las cosas no le van a salir bien, como sea, apresuro un poco el paso y abandono el Laboratorio sin más.

Afuera, me detengo a pensar qué hacer... Realmente no esperé que me dieran un huevo, y menos que se supiera desde antes que fuese un Riolu. ¿Acaso lo habrá elegido para mí? Como fuese, vuelvo por donde vine, dirigiéndome de vuelta al Puerto Franco, parece que tendré que pasar un rato allí cuando el huevo al fin eclosione. No es precisamente el inicio que todo entrenador tiene. Pero me daba igual.

Llegando, me dirigí a toda esa área con el popurrí de culturas, deteniéndome en varias como la Egipcia, la China, la Árabe. No estaban mal, pero no me vi realmente interesado en comprar algo. Continúe mi camino hasta el centro de la ciudad donde parece estar más modernizado, enormes edificios podían verse, no le dí importancia con los pisos, aunque esa sensación de sentirse pequeño estaba presente. Desvié mi atención y seguí buscando con la mirada para ver si había algún sitio donde reposar para cuidar mejor del huevo.

No tardé en ver una zona residencial, así que me dirigí allí. En una de las tantas calles, vi algunas bancas, cerca se hallaba el Centro Pokémon, pero decidí esperar un poco y me senté. Viendo con atención el huevo... ¿Y exactamente como cuido muy bien de uno? Igual, puse mi mano y acerqué mi oído, se podían sentir los movimientos y unos golpes, parece que no tomará mucho.

Al final decidí quedarme ahí y tapar con mi chamarra gran parte del huevo, mirando alrededor. Realmente no sabía qué hacer con él... Ugh, ya venía esperando que andar de incógnito del Team Rocket sería complicado. Pero tener que hacer esto era empezar con el pie izquierdo.

Sin más me recargué y suspiré una última vez, limitándome a acariciar sutilmente el huevo mientras en interludios volteaba alrededor. Supongo que debo mostrar sumo cariño, cuidado y afecto pero... Aquél sujeto me lo desgastó. Y no me encontraba de lo mejor ahora.

A pesar de todo, de alguna forma me dejé relajar y comencé a quedarme dormido, el viaje fue mucho más agotador de lo que pareció por culpa de ese tipo...

Descanso hasta el día siguiente.

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Aprovechen, aún tengo dudas así que seré el conejillo de indias por el momento (?)

Y si digo aprovechen es porque soy el primero, lel.

EDIT: Se corrige la región inicial, es Castella.
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#3
Advertencia: no tengo la más mínima intención de desplegar aquí mis mayores dotes literarias e imaginativas. Esas me las reservo para fics. En su lugar, mi única intención aquí va a ser intentar no romper el sistema de experiencia. Eso que lo haga otro. Ah, y cuidado porque va a venir una horda de chistes peores que los de Cazadores de Recuerdos, referencias con calzador, Arceus ex machina cutres y rupturas de cuarta pared sin sentido.

Dicho esto, empecemos.

 


Capítulo 1: No hay huevos de convertirse en Coordinadora

Mi nombre es Jana, y esta es la historia de mi vida, de cómo el destino cambió mi movida. Ah, ¿esa referencia? Culpa del autor, que se aburre.

En realidad, yo quería ser coordinadora y participar en concursos. Actuar con un Pokémon ante un escenario abarrotado siempre ha sido mi sueño. Pero...

— ¡¿Concursos?! ¡¿Estás loca?! ¡Eso no sirve para nada! Además, aquí no se celebran, y tanto Hoenn como Sinnoh están lejísimos.

Esa era la respuesta de mi madre cada vez que salía el tema. Una y otra vez. Pero tenía un plan: me haría entrenadora solo para salir y acabaría en Hoenn o en Sinnoh. No me hacía mucha gracia hacer daño a Pokémon, pero no me quedaba otro remedio. En realidad tal vez lo hubiera, pero por razones de guion dejémoslo así de momento.

Entonces, todo comenzó el día que cumplí 14 años. Uno está acostumbrado a que sea a los 10, pero por un motivo que no tiene que ver con la edad de consentimiento en algunos países ocurrió cuatro años más tarde. Mi madre decidió por fin dejarme ir al laboratorio a por mi primer Pokémon. Ah, lo olvidé, yo vivía en Puerto Franco, en Castella, en una casa normal y corriente de una zona residencial de las afueras, clonada del resto de la zona. No sé por qué, pero las casas de ese tipo de zonas residenciales siempre son todas iguales: una parcela ajardinada y la casa en mitad, de madera, fácilmente destruible por cualquier desastre natural; un copia y pega de todas las que hay en un kilómetro a la redonda.

El laboratorio estaba en una colina algo alejada de la ciudad, lo suficientemente lejos para que hubiera que andar mucho pero lo suficientemente cerca para que la hierba no subiera demasiado en altura y empezaran a aparecer Pokémon salvajes a cada paso que dieras. El lugar era un edificio aparentemente pequeño, pero daba la impresión de que tendría varias plantas por debajo del suelo, de acero y con un extraño cartel de "caramelos gratis". El hecho de que el camino, que era de tierra, diera lugar antes de llegar al edificio a una zona de acero que quedaba claro que estaba hueca al pisarla también daba alguna pista en ese sentido.

Llamé a la puerta y, tras unos instantes, fui recibida por el profesor Oak. Resultaba que era él quien dirigía el laboratorio por motivos de guion y porque a Darkus no se le ocurrió nadie distinto para poner en este rol.

— Ah, Jana, así que ya estás aquí —dijo. El cómo me conocía es algo que omitiré del relato—. Pasa, tengo tu Pokémon preparado...

Entré tras él hasta una habitación. Omitiré también la descripción de la misma; solo imaginen la típica habitación de un señor mayor con serios problemas para distinguir hombres de mujeres. Lo que nos interesa para esta historia es que había un escritorio desordenado donde se podía distinguir una cápsula con un huevo dentro y que Oak se dirigió hacia él para dármela.

— Este es tu Pokémon. No le falta mucho para nacer y querría que fueras tú quien se quedara con él.
— ¿No me va a dejar elegir? —pregunté.
— Normalmente lo haría, pero el autor ya eligió por ti.
— ¿Y qué hay dentro?
— Es una sorpresa.

Oak sonrió. Yo también sonreí. Entonces me di cuenta de la situación e hice ademán de salir corriendo.

— ¡Espera! Todavía tengo algo más para ti.
— ¡No! ¡Guárdese eso!
— ¡No me refiero a lo que los lectores piensan! —me calmé—. Verás, esto es el SmartWatch. Aquí no hay Pokédex como tal por motivos de guion. En su lugar, hemos metido aquí un Rotom y el aparato resultante hace las veces de Pokédex, mapa y tutorial. También puedes llevarte este mapa en papel y el juego de mesa del rol, pero creo que el SmartWatch sirve para todo eso.
— ¿Entonces para qué habéis gastado papel y tinta en imprimir el mapa?
— Culpa de Darkus.

Cogí el SmartWatch, el mapa y el huevo, dejando atrás el juego de mesa ya que no me iba a hacer falta en un viaje donde podía quedar destruido por literalmente cualquier cosa que se moviera.

— Solo una cosa más, Jana. ¿Eres un chico o una...?
— ¡Adiós! ¡Muchas gracias, profesor! —interrumpí en un ejemplo de manual de OoC que no debería hacerse en un rol como este.

Salí corriendo y me alejé todo lo posible del lugar. Me senté entonces en una zona verde, no muy lejos de entrar de nuevo en Puerto Franco, y miré al huevo.

— ¿Y cómo se abre ahora esto?

Escuché entonces una voz:

— ¡Hey, escucha! —entonces me di cuenta de que era el SmartWatch—. Si quieres que el huevo se abra, tienes que hacer que el guion también quiera.
— ¿Cómo haces que el guion quiera que se abra un huevo?
— Fuérzalo. Me ha dicho el autor que cantas fatal, ¿es eso cierto?
— ¡Mentira! ¡Ahora verás cómo canto estupendamente!

La melodía que le canté al huevo fue algo así: la cuarta, la quinta, caía la menor y subía la mayor.

— No he escuchado más desafines en mi vida
— ¡Cállate!

Pero entonces, dentro de la cápsula, que tenía una Lujo Ball convenientemente preparada por motivos de guion, el huevo empezó a moverse mucho. Luego, a resquebrajarse. Quité el cristal y entonces el huevo evolucionó a un Swablu. Lo cual no tiene mucho sentido, pero es así, cuando van a abrirse los huevos empiezan a brillar como cuando un Pokémon evoluciona y entonces sale el bebé. Y sí, sabía cómo evolucionan los Pokémon porque echaban todas las semanas por la tele un programa de Pokémon evolucionando durante una hora.

El Swablu, que sabía por conveniencias del guion que era macho, me miró fijamente con una mezcla de curiosidad y miedo. Quise ponerle algún mote, pero al autor le falta imaginación y no se le ocurrió ninguno.

— Hola, pequeñín —le dije con una voz suave y dulce.

Swablu rápidamente escondió su cabeza detrás de sus alas. Saqué un poco de comida Pokémon que convenientemente había llevado para la ocasión y me agaché para ofrecérsela.

— No tengas miedo, quiero ser tu amiga —dije con una sonrisa. Swablu abrió levemente sus alas—. ¿No tienes hambre? Tengo comida para ti.

El Pokémon volador fue mostrándose poco a poco, hasta que pareció coger algo de confianza y acercarse a mí lentamente. Al final empezó a picotear la comida y, con la mano que tenía libre, me puse a acariciarle ¿las antenas? Culpa del autor que tampoco sabe qué es eso.

Una vez hubo terminado, Swablu bostezó, voló hasta mi pelo con cierta dificultad, se acomodó encima y se echó a dormir. Noté que sus alas eran esponjosas y realmente me sentía cómoda con él encima así que no quise meterlo en la Lujo Ball aún. Pero habiendo un Centro Pokémon en la ciudad que además no estaba muy lejos de donde me encontraba, decidí ir allí con Swablu en mi cabeza...

Continuará...

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[Imagen: PRqtAec.gif]
[Imagen: gXaPuxm.gif][Imagen: mK5wrxG.gif]
[Imagen: 4ZexBGM.gif](Sin mote) | Hab.: Cura Natural
Nivel 5 | Exp.: 0
-Picotazo | -Impresionar | -Canto | -Vozarrón

Dinero: 2.000
Inventario:

[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | [Imagen: fPrqZMl.png]x3

Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa • [Imagen: q43QcgT.png] SmartWatch

EDIT del GM1: Vamos a llamarlo Fabrix y ver que sucede (?)
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#4
Azai — Capítulo 1

Dicen que la única cosa más triste que un joven pesimista antes de los veinte años, es un optimista después de los treinta. El día de hoy entro en esa franja intermedia de diez años, y no estoy seguro de cómo debería sentirme. Demasiado mayor para tratar de ser un renegado que quiere destruir el mundo y demasiado joven para sentir nostalgia por hacer un viaje pokémon.

Valora parece un sitio apacible, y eso por sí mismo ya es una mala señal. Esa diversidad pokémon casi ilimitada, las celebridades, la publicidad y esas condiciones de acceso tan estúpidamente sencillas... algo malo pasa aquí. Me lo dicen mis tripas.

Pero ya está bien, esos son mis viejos hábitos. Vamos a pensar positivamente...

No, soy demasiado joven para pensar positivo. Y mis tripas me dicen que algo saldrá mal...

Hay mucha gente reunida en el laboratorio. Hasta hacen una fila. Una de las primeras cosas que nos enseñaron en la Academia fue el truco de actuar natural y entrar directamente como si todos te conocieran. Un par de saludos a desconocidos, pasos rápidos y voila, estamos dentro.

Oak parece un buen hombre, hasta tiene nombre de árbol.

—¿Y qué te lleva a empezar tu viaje pokémon a... ya sabes, tu edad?

Un par de malas decisiones en el trabajo... no le puedo decir eso.

—Quería salir de viaje a los diez años, pero mis padres lo prohibieron. Algo acerca de una mariposa asesina y crocos con muy mal carácter.

—No sé a qué clase de lugar hayan ido, pero no encontrarás nada de eso por aquí.

Otra vez ese mal presentimiento. El profesor árbol miente.

—De cualquier forma, estoy seguro de que lo harás bien. Es más, voy a confiarte un pokémon muy especial.

Abre las puertas de cristal de una incubadora que contiene decenas de huevos y empieza a mirarlos.... y sigue mirándolos. Por la forma en que tiembla su mano, creo que no sabe qué hay en cada huevo.

—Probemos con este —murmura—. Sí, es tu compañero ideal.

¡Mentira! ¡Acabas de elegir al azar!

Me entrega un huevo azul con algunas franjas blancas. Cinco pokéball, un reloj, algunas pociones y demás. No sé dónde voy a guardar todo esto... Para terminar, me da una Lujoball.

—Para cuando el huevo abra —me explica—. Tu pokémon inicial debe tener una pokéball especial.

Gracias abuelo árbol.

Salgo de su oficina con las manos llenas. La fila sigue siendo larguísima, así que digamos que tuve suerte. De todos modos, mis brazos empiezan a cansarse. ¿Qué pokémon hay aquí que pesa tanto?

Hay una pequeña mochila rosa en el suelo con un par de alitas de ángel a los costados. Seguro alguna niña distraída la dejó ahí. La levanto con el pie y abandono discretamente el laboratorio.

Para ser una región llena de peligros, he tenido buena suerte hasta ahora. Una mochila gratis, un pokémon gratis, y una Lujoball gratis. Cuando el huevo abra lo pondré en una pokéball normal y venderé esta. Ese es el paso 1.

El paso 2 es esperar a que nazca y vender el pokémon. Con tantos entrenadores por aquí, será pan comido.

—Hey, amigo. Amigo.

Y... un sujeto me habla. Baja estatura, medio redondo, gafas gruesas que esconden sus ojos, nariz afilada, orejas afiladas, un sombrero de copa y una capa negra con plumas negras de murkrow para hacer juego con esa aura siniestra que lo envuelve.

Debe ser un buen sujeto.

—¿Vienes del laboratorio del profesor? Sí, seguro que sí. Eso que llevas en la espalda es un huevo, verdad?

Un huevo con alitas, por ahora.

—Puedo decir que eres un tipo listo, no como la mayoría de esos entrenadores incautos. No, en tus ojos brilla el ingenio de un comerciante, alguien que sabe aprovechar una buena oportunidad de negocios...

—Interés ante... ¿de qué clase de negocios hablamos?

—¿Sabes cuánto cuesta mantener un pokémon hoy en día? Pociones, antídotos, objetos, todo eso sin hablar de la alimentación. ¿Todo para qué? ¿Para pasarse el día combatiendo contra entrenadores por unas miserables monedas? Vamos, vamos. Tú estás hecho para cosas más grandes que cazar caterpies y retar gimnasios.

Bueno, en eso tiene razón, pero...

—¿Qué es lo que propones?

—Me vendes ese huevo a mí. Estoy dispuesto a darte $5000 porque me caes bien. ¿Es un buen trato, no crees?

—Suena como un buen trato, pero ¿Para qué arriesgar tanto dinero por un huevo?

—Oak tiene algunos especímenes interesantes en su laboratorio, y ocasionalmente desliza algún pokémon raro entre ellos. ¿Puedo ver tu pokémon por un momento?

Es un buen tipo, así que puedo confiar en él. Saco el huevo de la mochila y se lo entrego. Por la forma en que se aferra a él, puedo apreciar que ama mucho a los pokémon.

—Interés ante, muy Interés ante... A juzgar por la coloración, podría contener un swablu, un horsea, un raro froakie o quizás... un pokémon aún más valioso.

—¡Alto ahí, ladrón!

Mierda, me descubrieron.

El buen hombre de devuelve el huevo y se lanza de cabeza al agua. Yo corro en dirección contraria hasta perder de vista a la oficial, pero también hay un par de patrullas y growlithes. ¿Tanto escándalo por una mochila?


Bueno, perdí mi posibilidad de venta. Todo por culpa de la Policía.

Pero el buen hombre tiene razón, tal vez sea mejor venderlo ahora que es un huevo. Si es un inútil swablu no me darán nada por él.

Sosteniendo el huevo con ambas manos, me pregunto qué tendrá dentro. Oh, ¿qué pasa? ¿Por qué se agita y brilla? ¡Esto va a explotar!

La cáscara cae y mi pokémon nace. Es un... es un...

¡Dratini! ¡Un dratini!

Soy tan feliz que quiero bailar. Estas cosas son rarísimas, y al evolucionar son aún más valiosas. Puedo venderlo por una fortuna...

¿Venderlo? ¡Puedo criar más y vender las crías por montones! ¡Papá estará orgulloso! ¡En tu cara, Mónica! ¡Dijiste que nunca haría nada bueno con mi vida!

Lo levanto para examinarlo mejor. Es estúpidamente grande para un recién nacido y...

Es un macho.

Un maldito macho.

—Está bien, no pasa nada. Aún puedo venderte por una buena suma...

Saco una pokéball de la mochila para capturarlo, una de color rojo y negro. Él accede sin problemas y pronto queda sellado...

¿Wh? ¿Acabo de usar la Lujoball...?

—Esta región es tan injusta...

Pero el dratini no está contento después de todo, así que vuelve a salir. Ahora usa su cuerpo serpentino para rodear mi cintura con su cabeza y cuello apuntando hacia el frente.

—No todo está perdido amigo. Vamos a capturar un ditto para que puedas tener toda la acción que quieras.

Así empieza nuestra nueva vida en esta región, el día de mi cumpleaños número veinte. ¿Debería ser pesimista, o ser optimista?

Bah, tal vez tengo mala suerte, pero mi mente aguda me sacará de problemas.

 


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[Imagen: yC20lUn.gif]
[Imagen: d070U18.gif]
[Imagen: 622fGXU.gif]Pretzel | Hab.: Muda
Nivel 5 | Exp.: 0
-Constricción | -Onda Trueno | -Malicioso |
-Niebla

Dinero: 2.000
Inventario:

[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | [Imagen: fPrqZMl.png]x3

Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa • [Imagen: f7vvhTj.png] SmartWatch

EDIT del GM1: Corregido el sprite, pensé que te había salido un Missingno (?)
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#5
Notas de autor: Aquí está. Vamos a ver que tal nos va...

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En un rancho pequeño, de los tantos dispuestos alrededor de la ruta uno con camino hacia ciudad Nerea, los Miltank y el Tauros se levantaban para recibir la dotación de comida diaria. Esto hubiera sido un buen cuadro para apreciar, si es que no fuera por el hecho de que eran como las 3 de la madrugada. 

- ¿Tu crees que deba decirle a mamá que me lleve de una vez al laboratorio? - mencionaba un... ¿chico, chica? Mientras jalaba un carrito con heno. 
- Tenemos trabajo que hacer, ademas, estoy casi seguro de que el profesor debe estar aun en las faldas de Creselia para esta hora - le mencionó un chico mucho mas grande que ella mientras cargaba una paca en su espalda - Tu despreocúpate, se que estas super emocionada por irte a ver la región y todo eso, pero es mejor tomarlo con calma, ¿no crees Mizuki? 
- ¿No sería mejor que me fuera a pie?
- ¿A que los pokemon salvajes te coman? Seguro. Aunque supongo que igual no creo que les intereses siendo tan flacucha. 
- Minato, eres un idiota - le dijo la chica inflando sus cachetes. 

Mizuki tenía 11 años, aparente edad mínima para recibir un pokemon en la región de Valora, y estaba en camino para ir al laboratorio del profesor regional a recibir su primer pokemon. A diferencia de su hermano, quien quería heredar el rancho, ella no buscaba quedarse en el mismo lugar todo el tiempo. Quería conseguir los conocimientos suficientes de crianza, para luego ayudar a su hermano a expandir su rancho y poner un centro de cuidados pokemon. Pero para eso necesitaba explorar y de paso hacer un equipo pokemon el cual pudiera llamar 100% suyo, pues por mas que cuidara al ganado y al Stoutland de la familia, ellos no fueron criados por ella.    

Pero primero lo primero... 

- Bueno, abre la verja que después de que coman tenemos que ordeñar a los Milktank, ya papá preparó la maquina. 

Tenía algunas obligaciones que cumplir. 

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Tras un viaje en el pick up desvencijado de la familia, la chica se bajo al frente del laboratorio en el puerto Franco, una ciudad no muy grande pero con vista a la playa, donde estaba el laboratorio pokemon. 

- ¿Traes lo que te dio tu hermano? - mencionó una dama esbelta al lado de la chica. 
- 5 pokebolas y 3 posiones, yep. 
- Jejejeje. Bien. Una vez que tengas a tu primer pokemon y antes de ir a Nerea, ¿porque no te pasas por el rancho? Seguro tu y tu compañero querrán descansar antes de ir al gimnasio - le dijo su madre antes de dejarla - Ademas, quiero al menos ver a tu pokemon. 
- No se preocupen, los veré en cuanto lo tenga. 
- Diviértete cariño. Oh, y por cierto...

La madre de la chica le dio una cartera con 2000 pokecoins

- Cuídala, nadie sabrá cuando ocupes plata. 
- Gracias. 

La mujer se fue en el auto y la chica entró al recinto. Tras pasar a la recepción, donde la dama le dijo que fuera adentro, y después de un montón de tubos y sujetos saludándola, la chica se topó con un hombre afable con una bata amarillenta. 

- Un saludo joven, soy el profesor Oak
- ¿Como el de Kanto? 
- Je, si algo así. Supongo que vienes por tu primer pokemon. 
- ¡En efecto!
- Je, espera un poco. 

La pasó a una incubadora industrial que estaba llena de huevos de pokemon, el hombre le pidió que se acercara.

- Perdona que no te lo entregue directamente. De momento los pokemon que estamos entregando a los entrenadores no han eclosionado - dijo con una gota de sudor - Cosas de la temporada alta. Pero puedes elegir el que quieras. 

A Mizuki le llamo la atención un huevo amarillo con rayas negras en los costados, la chica lo tomó y lo abrazó. 

- Así esta bien, que mejor que empezar la crianza de un pokemon que desde 0. 
- Jajajaja, bueno, me alegro que seas tan entusiasta. Pero bien antes de que te vayas, dejame darte algo mas. 

Abrió una gabeta y le dio a la chica un par de objetos. 

-El primero es un mapa, te servirá para guiarte por Valora. El otro es un Smarthwatch, sirve como pokedex y como medio de comunicación. Por cierto, dejame darte esto también. 
- ¿Una pikaball? - dijo la chica inspeccionando la extraña pokebola de su mano. 
- Para el pokemon que saldrá de tu huevo - rió el hombre 
- Cielos. Muchas gracias 
- Bueno, esto seria todo. Espero que te vaya bien en tu aventura jovencito. 
- No se preocupe, y por cierto, soy chica - dijo la chica mientras se iba. 
- Diablos, y luego la gente se queja de que les pregunto por su sexo...

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Sentada en una banca, mientras envolvía a su futuro camarada en su chamarra, la chica miraba el mar sintiendo el calor del huevo que tenia entre sus piernas. 

- Quizás si terminamos de ver este sitio podríamos irnos al otro lado del mar- mencionaba hacia el huevo - Oh cierto. Siendo que me dieron una pikaball, quiero suponer que eres un pichu o un pikachu, seria bueno que me ponga a pensar en un nombre para tí... Algo que vaya contigo. Sparky, quizás Boruto... O quizás algo que sea mas concorde con tu personalidad. 
- ¡Alto ahí ladrón! -

La chica escuchó a alguien tirándose al agua y a la policía correr. 

- Oh quizás sea mejor que nos vayamos de aquí - dijo con una gota de sudor. 

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Llegando al centro pokemon, la chica tomo asiento junto a su huevo para ver pasar a una chica con un swablu en la cabeza. algo que no le pasó desapercibido. 

- Hay muchos entrenadores que se miran muy talentosos - decía en voz baja al huevo mientras lo acariciaba - Quizás nos las veamos algo duras en los combates Chu... Chuchu... ¡Oye! Tengo una idea, ¿que te parecería llamarte Chuyu?   

En ese momento el cascaron del huevo comenzó a quebrarse y una cabeza con una par de orejitas negras se asomaron de entre los pedazos de huevo. El pichu que salió la miró un segundo con confusión y luego estiró las piernitas para sentarse en el regazo de su entrenadora, sobre su cascarón. La chica sonrió. 

- Jeje. Bienvenido al mundo Chuyu
- Pichu..

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Pokemon
[Imagen: pichu.png]Pichu @ Chuyu
[Imagen: lRJg2z2.png] 
Habilidad: Electricidad Estática
Nivel: 5 | Exp.: 0
-Impactrueno
-Encanto
-Látigo

Inventario:
Dinero: 2.000
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa •  SmartWatch
[Imagen: AmksQRC.png](x5)Pokéball • [Imagen: HIgJ8Q5.png] (x1)Pikaball (Pichu)• (x3)Poción
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#6
Arche I: Sigue girando

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—Tu madre me dijo que una niña saliendo de aventuras le parecía demasiado peligroso, así que crié este específicamente para ti. Todos los niños salen de aventuras estos días, así que es principalmente para que esté tranquila, ¿de acuerdo?

Arche asintió en silencio. El huevo que Oak le había dado medía casi un metro de alto. ¿Cómo se suponía que iba a llevar eso de vuelta a su casa? Afortunadamente, al tomarlo se percató que era sorprendentemente liviano: debería pesar dos kilos como mucho. Nada que una chica que llevaba encerrada en su casa durante casi 27 meses no pudiera cargar... durante doce manzanas...

Tosiendo un poco para romper el hielo, Oak se volteó y le entregó una pequeña mochila cargada de objetos.


—Pokéballs, pociones, mapa, Rotom...

—¿Rotom?

—Sí, es un aparato bastante útil —comentó, mientras la chica se colocaba el pequeño reloj en la muñeca derecha—. Tiene mucha información, así que no dudes en consultarlo si estás perdida. Y también te dejaré una Pokéball especial para tu Pokémon. Captúralo apenas nazca, ¡no te olvides!

Cruzándose de brazos con satisfacción, esperó que esta le hiciese alguna pregunta. Veinte. Treinta. Sesenta segundos pasaron. Arche seguía ahí plantada, mirándolo fijamente a los ojos y sin decir una palabra.

—¡Ejem! Y bueno niña, ¿tienes alguna pregunta?

—No.

—¿Y entonces que estás esperando?

—Pensé que iba a seguir regalándome cosas si me quedaba aquí parada.

—Tus padres pagaron por todo lo que llevas. Yo no te estoy regalando nada.

Dejando el enorme huevo entre sus pies y abriendo la mochila, la chica rebuscó un poco hasta encontrar un papel enrollado de aspecto formal.

—Aquí dice que el Kit de Entrenador incluye dos mil...

—¡Oh sí, casi lo olvido! —exclamó el profesor de forma poco convincente, sacando un par de billetes del bolsillo de su bata de laboratorio con apuro—. Sí, aquí está. Eeeeeen fin: deberías regresar a tu casa, ese huevo estaba muy cerca de eclosionar. ¡Vamos, vamos, apúrate!


 



“¿Cuál es tu nombre?”

—Me llamo Arche.

“¡Hola Arche! Soy SmartRotom, tu SmartWatch de confianza, creado por la compañía Silph Co. y seré tu guía...”

La niña frunció el ceño con un poco de molestia. ¿Iba a estar ese reloj parlante hablándole todo el tiempo?

—¿Puedo configurarte para que no hables a menos que te lo pida?

El pequeño rostro en su reloj cambió a una cara entristecida, para dejar inmediatamente de hablar. El camino a su casa era cuesta arriba, y el viento que la golpeaba de frente no la ayudaba. De hecho, sentía que iba a salir volando de un momento para otro.

—Necesito información sobre los Huevos Pokémon.

“Todos los Pokémon son criaturas ovíparas. Debido a su carácter social, son propensos a eclosionar en compañía de humanos y otros Pokémon. Deberías notar pequeños movimientos cuando-- ¿Qué estás haciendo? ¡No lo sacudas!”

Un sonido hueco se escuchaba en el interior del huevo. Parecía uno de esos huevos de chocolate enormes con sorpresa que comían durante las pascuas. Las ganas de estrellarlo contra el suelo crecían cada vez más y más.

—¿Puedo romperlo?

 
“¡No! Los huevos se rompen solos cuando la criatura en su interior está por nacer, es sólo cuestión de tiempo”.
 
—Salió volando.
 
“No, generalmente los Pokémon no aprenden como volar inmediatamente, si eso es a lo que te… refieres…”
 
Los ojos en la pequeña pantalla de su reloj se abrieron de par en par, mientras un huevo gigantesco rodaba colina abajo, rebotando de vez en cuando debido a su forma ovalada. Con un sonido espantoso, el Rotom dentro de su reloj empezó a chillar desesperadamente.
 
“¿¡QUÉ HAS HECHO!?”
 
—Hay demasiado viento. El Profesor debería haberme dado algo para sujetarlo, se me resbaló.
 
“¿Y QUÉ HACEMOS AQUÍ PARADOS? ¡VE A POR ÉL!”
 
Aferrándose a las correas de su mochila, la chica comenzó a correr colina abajo. Sabía que no iba a alcanzarlo: era demasiado pequeña y la colina demasiado empinada: si sus cálculos no fallaban, en unos seis segundos el huevo debería terminar…
 
¡CRASH!
 
Trozos de cáscara de huevo salieron volando en todas direcciones, al estallar en mil pedazos frente a uno de los autos parados en medio de la calle. Sí, la probabilidad de error era de unos tres segundos.
 
“¡Oh por Arceus! ¡Oh por Arceus!”
 
Su reloj estaba fuera de control. Si seguía así de histérico, terminaría arrojándolo en las aguas del puerto. Se acercó lentamente hacia la escena del crimen, para encontrar un sencillo objeto clavado en el capó, mirándola con un solo ojo parpadeante.
 
“¡Está vivo! ¡Y es un Honedge! Has tenido suerte, son Pokémon muy resistentes.”
 
—Explícame esto— preguntó, sujetando a la pequeña espada por el mango.
 
“Los Honedge son tipo Acero, la rama más resistente de-“
 
—No. ¿Cómo puede nacer una espada de un huevo?
 
La respuesta lo dejó mudo. Abriendo y cerrando la boca un par de veces, su cara desapareció por un momento mientras buscaba la respuesta en su interior. Al cabo de unos segundos, reapareció con una mirada culpable.
 
“No puedo acceder a esa información: el filtro NSFW del SmartRotom está activado. Sólo puede desactivarse con el código de seguridad.”
 
—¿Y quién tiene ese código?
 
“Probablemente quien ordenó el equipo en primer lugar.”
 

 
El sonido de la televisión le hizo rechinar los dientes al entrar en su casa. Aquel maldito dibujito que su hermana veía a toda hora, como era de esperarse, estaba encendido.
 
Soy Teppa la cerdita, ¡oink! Y este es mi hermanito Tep, ¡oink-oink!
Ella es mamá Pignita, ¡OINK! Y el es papá Emboarcito, ¡OOOOOINK!”
¡Ja-ja-ja-ja-ja! ¡Teppa! ¡Oink!
 
—Mari está demasiado grande para seguir viendo Discovery Kids.
 
—Déjaselo, a ella le gusta —le cortó su madre, acercándose a saludarla—. ¿Qué es ese juguete que llevas en la mano?
 
—Es un reloj. O una enciclopedia. Por cierto, ¿sabes cuál es el código de seg-?
 
—Me refería a esa espada de juguete…
 
—Es un Honedge, el Pokémon que me dio el Profesor. ¿Sabes cuál es-?
 
Su pregunta fue interrumpida por el grito de su madre, que retumbó en las paredes de la sala de estar como una sirena de policía.
 
—¡¿Ya nació?! ¡El profesor me dijo que todavía era un huevo! Busca, busca tú que sabes de tecnología, a ver si dice algo sobre él.
 
“Cuentan que este Pokémon nace cuando el espíritu de un difunto toma posesión de una espada antigua. Se aferra a las personas y absorbe su energía.”

—Vaya. ¿Cómo lo habrá conseguido Oak?
 
“Si alguien osa empuñarlo, se enrolla en el brazo del desafortunado con su paño azul y le absorbe toda la energía hasta que pierde el sentido”.
 
—¡Quítatelo ya mismo!
 
—No me está haciendo nada.
 
—¡Que te lo quites, Arche!
 
Usando su mano libre, metió la mano en la mochila que había dejado sobre la mesa y tomó la Pokéball que le había indicado el Profesor, una de color verdoso. En un rayo de energía rojizo, la espada que tenía en la mano desapareció.
 
—Deberías darle un nombre, mi amor.
 
"Una vez capturado, puedes ver los datos de tu Pokémon. Aquí está tu Honedge."
 
En la pequeña pantalla de su reloj, podía ver una miniatura de su Pokémon, así como sus ataques, habilidad, nivel y movimientos.
 
—Te lo dije, mamá. Aquí dice “indefenso”. No va a hacerme nada.
 
“Indefenso hace que todos los movimientos, tanto del usuario como del oponen-”
 
—Creo que había dicho que no hables a menos que te lo pida.
 
Era macho. Seguramente su madre sabía el código de seguridad, pero estaba más que decidida a esquivar su pregunta. Aunque a decir verdad, no quería saber cómo es que Rotom sabía ese dato en particular. Un nombre. Tenía que pensar en un nombre. Sus ojos se fijaron en su hermana, que tenía la boca abierta como una estúpida mientras veía a aquella cerda del demonio estornudar llamas por la nariz.
 
—Creo que voy a llamarlo Mare.

—¡Igual que tu hermana! Qué linda, así te acordarás de ella cuando salgas de aventuras.

Lo que fuera con tal de no tener que oír a la familia de cerditos nunca más en su vida.


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[Imagen: honedge.gif]
[Imagen: cgHyDwr.gif][Imagen: idAM1Kz.gif]
Mare | Hab.: Indefenso
Nivel 5 | Exp.: 0
Placaje | Danza Espada | Cortefuria | Mismodestino

Dinero: $2.000
Inventario:
[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | [Imagen: fPrqZMl.png]x3

Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa • [Imagen: f7vvhTj.png] SmartWatch
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#7
Prólogo
Carta de despedida.


Para la más amable del mundo, mi única y preciada amiga,
Emilia.

Lamento que las cosas acabaran así, que alguien como yo no fuera capaz de darle más opciones a mi padre, causando que tú y tu familia se vieran envueltos en mis problemas.

De verdad agradezco tu amistad durante todos estos años, fuiste quien le daba fuerzas incluso a un inútil como yo, aún cuando no pude devolverte el favor. Que siempre te quedaras a mi lado fue lo que me permitió tomar esta decisión.

Sé que esto traerá dificultades a nuestras familias y a todas las personas envueltas, incluyéndote a ti, lo cual me causa gran tristeza y una culpa que no te imaginas, pero no se compara con lo mal que me sentía cada día desde que el matrimonio se decidió. No quiero arrebatarte tu libertad, por lo que no puedo casarme contigo.

Cuando estés leyendo esta carta ya me habré ido muy lejos, de esa forma no podrán encontrarme a tiempo para la boda, aunque la verdad dudo que mi padre se tome las molestias. Aunque se trate de mí, intentaré encontrar alguna forma de solucionar todo, lo juro.

Te deseo lo mejor.
Francis.

 
La chica que leía silenciosamente en su habitación apenas podía contener las lágrimas, sin poder distinguir sus emociones y con su pecho apretado. Su única compañía era el sobre vacío a su lado en la elegante cama, cuyo contenido sostenía firme, aunque gentilmente mientras sus ojos lo repasaban una y otra vez, pero sin volver a leerlo; simplemente admirando la forma en que estaba escrita.

—Menos mal… por fin pudiste oponerte a tu padre, Fran —dijo silenciosamente la chica—. Y yo que pensaba que serías obligado a casarte conmigo. Cuanto me alegro.

La más pura de las sonrisas se esbozó en su rostro, ocultando casi por completo sus ojos a punto de estallar en llanto. Con lentitud y cariño comenzó a doblar la carta para devolverla al sobre, sorprendiéndose al notar tras un pliegue las últimas palabras que contenía el escrito.

PD: No creas que olvidé que desde pequeña siempre quisiste casarte con alguien elegante y caballeroso, algo que jamás podré ser. Aún así no me hubiera molestado casarme contigo en absoluto.
 
—Fran idiota…

Finalmente, una lágrima escapó de sus ojos, seguida de muchas más; el llanto que la joven intentaba suprimir no terminaba, aún cuando no era lo suficientemente ruidoso para escapar del cuarto. Aunque no del todo…
 


Capítulo 1
La decisión de Francis.

 
Una vez atravesado el bosque Petalia en dirección a ciudad Petalia, el chico de cabellos claros se encontraba con el mar. Gracias al buen clima, se tenía una bella vista en compañía de los Wingull que suelen sobrevolar las playas de Hoenn. El camino hacia Petalia iba sin contratiempos y aunque el joven se encontraba un poco cansado de caminar sin pausa desde ciudad Férrica, sólo le quedaba avanzar mientras esperaba no ser atrapado.

Una vista al puerto bastó para notar que algo inusual ocurría. Además de los habituales barcos pesqueros y uno que otro barco mercante, había más barcos para transportar pasajeros de lo común y, con ellos, más personas de las que normalmente son vistos por esos lugares. Por el equipaje que llevaban, no daba la impresión de que turistas, sino que, más bien, parecían listos para zarpar. Lo extraño era que casi no se observaban Pokémon con ellos, sólo unos pocos iban acompañados por estos.

Cuando ya más de dos tercios de las personas habían abordado, el chico, que no se había detenido mientras observaba, notó como un joven cercano a su edad olvidaba un bolso pequeño mientras abordaba un barco con una incubadora en un brazo y una maleta en el otro. A pesar de su intento por llamar la atención del chico, la distancia que los separaba y el bullicio típico de un puerto evitaron que el joven de ojos azules llegara a tiempo.

El pequeño bolso parecía contener un único objeto con una forma esférica, pero el chico no era tan descortés como para revisar sus contenidos sin el permiso del dueño. Mientras pensaba si seguir hacia la ciudad o buscar una forma de hacerle llegar el bolso al chico, uno de los tripulantes de uno de los barcos lo llamó.

—Oye, chico, ¿vas a subir o te quedarás ahí embobado? —gritó el sujeto.

—Eh- pero no tengo un pasaje ni nada —respondió sorprendido.

—¿Es que estos jóvenes no saben nada? Estos barcos que se dirigen a Castella son gratuitos.

Castella era una región que formaba parte del reino de Valora, lo que significaba que no era un viaje corto para nada. A pesar de que la palabra “Castella” le sonaba de algo más, el joven se preocupó en exceso de aquello, ya que ese viaje era el método más rápido de escapar de allí, además que había muchas posibilidades de encontrarse con el dueño del bolso.

—Lo siento —respondió el chico por inercia.

Corrió hacia el tablón que hacía de entrada al barco de unos 100 metros de largo, notando como ya no quedaban pasajeros a la espera ni más barcos aparte de ese. Se detuvo frente al marinero y con una leve reverencia avanzó por puente para abordar.

—Necesito tu nombre.

—Francis- lo siento.

Sin tener tiempo para inventarse un nombre, el chico dejó escapar su nombre, deteniéndose justo antes de dar su apellido. Dio una reverencia nuevamente y continuó hacia el barco con la cabeza baja. El sujeto lo observó mientras escribía su nombre en la lista y preparaba todo para la salida del barco.

—Qué chico más extraño eres —se quejó el tripulante.

Una vez adentro, Francis caminó por el barco en busca del lugar con menos gente a quienes serles una molestia, llegando finalmente a la cubierta trasera del segundo piso. Desde allí pudo observar como el barco se alejaba de la costa y la compañía habitual de los Wingull iba desapareciendo. Perdido en sus pensamientos, principalmente acerca de si había escrito bien la carta a su amiga, un par de horas pasaron y ya se podía ver el sol ocultándose en el horizonte. Notando como ya no podía verse tierra por ningún lado, sus malos pensamientos se esfumaron por un segundo hasta que un extraño movimiento entre sus brazos irrumpió. El origen era la bolsa abandonada que había abrazado inconscientemente desde que subió al barco; intentando culpar a su mente o al movimiento del barco, la bolsa volvió a agitarse levemente. Esta vez debía abrir el pequeño bolso contra su voluntad para verificar su contenido, el cual daba la impresión de tener vida; al soltar el simple cordel que volvía ese trozo de tela en un bolso, vio el pequeño huevo Pokémon que escondía, el cual tenía una coloración de celeste y blanco.

—¿Cómo pudo ser tan descuidado ese chico? —pensaba Francis.

En ese momento, un brusco golpe en la espalda que su mochila amortiguó un poco hizo que sujetara con más fuerza el huevo Pokémon entre sus manos. Al voltear pudo ver al mismo marinero de la entrada.

—Así que era un huevo. Tenía curiosidad de que era lo que sujetabas con tanta fuerza —dijo el tripulante, continuando antes de darle la oportunidad a Francis de hablar—. Mejor dicho, ¿qué haces aquí tan solo? La hora de comer ya pasó y no te vi entre los pasajeros, ¿acaso tienes mareo?

—Lo siento, pero no tengo dinero para pagar por el almuerzo...

—¿De qué hablas? Te dije que era todo gratuito, de verdad eres raro. Además, ¿qué haces aquí con ese equipaje? Pudiste dejarlo en tu habitación.

—Lo siento, señor, creí que-

—No me digas señor, mi nombre es Jaime, recuérdalo —interrumpió el hombre—. Vamos a buscarte una habitación y luego a comer algo, me está dando hambre.

Francis no pudo negarse ante la oferta. Aunque intentara disimular, no era difícil dejar pasar a alguien que viste un par de minutos en medio de mucha gente comiendo, por lo que Jaime había tenido que dar varias vueltas en el comedor, eso sin contar que debió buscarlo por todo el barco; probablemente aún no almorzaba.

La recepcionista, que Francis se había saltado, inmediatamente le dio la llave de la habitación que le habían asignado y el chico rápidamente fue a dejar su mochila, para no hacerle perder tiempo a Jaime. Luego Jaime le hizo acompañarlo al lugar en dónde come la tripulación del barco a un lado de la cocina, dónde conversaron, principalmente, de los motivos de Francis para abordar el barco.

—¡HAHAHAHAHA! Entonces me dices que querías devolver ese huevo y subiste al barco sólo para ello —soltó Jaime entre risas.

—Algo así…

—El objetivo de estos barcos es conseguir entrenadores de diversas partes del mundo y llevarlos a Valora, lo mejor que podrías hacer es ir al laboratorio cuando lleguemos a Puerto Franco en unos días más. Allí podrás inscribirte con el profesor y comenzar desde cero como un entrenador Pokémon, incluso podrías elegir ese huevo como tu Pokémon si es que nace a tiempo.

—No creo que sirva como entrenador ni que este huevo quiera hacer equipo conmigo, además ya tiene un dueño. Si no fuera una molestia para alguien, ya le habría encomendado el huevo —respondió Francis con un suspiro.

La conversa siguió hasta que terminaron de comer y Jaime volvió a su labor por su cuenta a pesar de la insistencia de Francis en ayudarle, por lo que el chico volvió a su habitación. Luego esperó a que se desocupara un poco el comedor para ir a cenar, de lo contrario Jaime se enfadaría con él por no comer. Al terminar se refugió en la habitación hasta el día siguiente, el huevo no volvió a moverse.

Pasaron tres días más en que Francis aprovechaba los momentos cuando había poca gente en el comedor o a veces era llamado por Jaime al comedor de la tripulación para conversar, aunque aparte de eso pasaba todo el tiempo en la habitación.

Al despertar del quinto día de viaje, se divisó tierra desde el barco, ya sólo quedaban minutos para abandonar la nave. Nuevamente Francis fue el último, y tras despedirse de Jaime, partió hacia el laboratorio al oeste del puerto.

En el trayecto vio muchos Pokémon que jamás había visto en Hoenn, sin duda se trataba de un lugar rico en culturas, tal como le contaba Jaime. Cuando vio una embarcación cuyas cajas decían “Dorado Castella”, recordó que era el vino favorito de su padre y que por eso le sonaba tanto el nombre de la región.

Tras pasar la zona urbana del lugar, Francis notó que el delicado sonido del viento entre los árboles iba siendo opacado por la muchedumbre de jóvenes que se encontraba a las puertas de lo que parecía ser el laboratorio. Se ubicó en unas rocas y comenzó a observar a cada uno de los visitantes del laboratorio; a veces salían algunos grupos dentro del edificio acompañados por un hombre en bata blanca que hacía entrar a un nuevo grupo cada vez. Hubo una ocasión en que el hombre observó a Francis a lo lejos y le hizo un gesto para que se acercara, pero éste desvió la mirada como si no lo hubiera notado. Cuando parecían quedar las personas suficientes para dos grupos, Francis distinguió al chico que buscaba, pero como entró al laboratorio con los demás, le tocó esperar un poco más a que saliera.

Un poco menos de 10 minutos fueron los que tuvo que esperar, el chico iba con su maleta y la incubadora en su espalda, aunque había algo que lo diferenciaba, un Pokémon alado con un plumaje oscuro, que en su cabeza daba la impresión de tener un sombrero.

—Disculpa —llamó su atención Francis.

—¿Qué quieres? —preguntó con algo de hostilidad.

—Verás, olvidaste este huevo Pokémon y tu bolso —dijo sosteniendo el huevo con ambas manos y el bolso entre sus dedos.

—Dejé ese huevo cuando un sujeto me vendió este —dijo mostrando la incubadora con otro huevo—, pero gracias por traerme mi bolso.

Francis se mantuvo en silencio cuando el chico recuperó su bolso, pero no porque quería evitar faltarle el respeto, sino que estaba enfadado. El desalmado joven continuó su camino creyendo que, aunque estaba enojado, no sería capaz de reprocharle nada.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó Francis enfurecido.

—No es algo que te importe. Si no necesitas nada más, piérdete.

—¿Cómo es posible que abandones un Pokémon sin importarte qué pueda pasarle? Este huevo pudo morir.

—No tengo tiempo para cuidar de un debilucho, y te demostraré lo débil que es ese huevo. ¡Picotazo!

El Murkrow a su lado voló hacia Francis con su pico envuelto en energía. El ataque fácilmente pudo romper al frágil huevo Pokémon, pero Francis logró darse la vuelta, recibiendo el Picotazo en la espalda, lo que causó que cayera al suelo. Alcanzando a reaccionar, el chico puso una mano delante mientras sostenía al huevo con la otra, pero nada le aseguraba que no vendrían más ataques.

El entrenador se fue antes de ordenar otro ataque, porque el hombre de bata se acercó ante tal alboroto. Lamentándose de la situación, el hombre le ofreció una mano a Francis.

—¿Te encuentras bien?

—Por suerte no tiene ningún rasguño —dijo Francis al ver que el huevo estaba a salvo.

Poniéndose de pie sin la ayuda del hombre se pudo ver como Francis tenía su mano lastimada y sus pantalones gastados en la parte de las rodillas. A Francis no le importaba su situación, pero el hombre insistió en que lo acompañara al laboratorio dónde estaba el último grupo.

—Puedes ir al patio con los demás a buscar un Pokémon de tu agrado —dijo el profesor al llegar al laboratorio.

Asintiendo con la cabeza, el chico salió al patio del lugar, pero en vez de dar vueltas como todos los demás, se quedó observando como todos encontraban un compañero Pokémon. Pasados un par de minutos, todos, excepto él, entraron a registrar sus Pokémon. Francis miró a los Pokémon restantes hasta que el hombre de bata se asomó y lo llamó.

—¿No encontraste uno de tu agrado?

—Para serle sincero, no debería estar aquí. No creo que sea digno de entrenar a un Pokémon y dudo mucho tener madera para los combates.

En ese momento, el huevo Pokémon en sus brazos comenzó a agitarse y comenzó a emitir un brillo cada vez más intenso, ocasionando que tanto el profesor como Francis debieran cerrar los ojos. El destello se detuvo, dejando ver un pequeño Pokémon de los mismos colores del huevo; era un Pokémon bípedo y la forma de su cabeza asemejaba a un casco, pero con una punta arriba. En su cara destacaban sus oscuras pupilas negras y sus mejillas coloradas, eso sin contar su brillante sonrisa al mirar a Francis fijamente.

—Al arriesgarte para salvar la vida de este pequeño Meditite demostraste ser un entrenador extraordinario, ya que cuidar de los Pokémon es a mi parecer la cualidad más importante de uno. No conozco tu situación, pero estoy seguro de que serás un buen entrenador junto a este Meditite y por lo visto, él piensa lo mismo.

—¡Medimedi! —exclamó el Pokémon con una angelical sonrisa.

Por primera vez en su vida alguien reconocía las virtudes de Francis. Al menos eso era lo que él pensaba, porque cada vez que alguien lo hacía, él se convencía de que esa persona sólo estaba siendo amable, ya fuera su amiga Emilia o cualquier otro. Como fuera, en esta oportunidad las palabras de este hombre llegaron a lo profundo de Francis y le permitieron tomar una decisión para él y nadie más.

—Profesor, me gustaría registrarme como entrenador.

—¡Medi! —gritó el pequeño mientras llevaba un puño al aire.
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#8
Capítulo 2 - El primer paso.

—Oye, chico. ¡Despierta! ¿Acaso no tienes un hogar a donde ir?—una voz fue la que me despertó de golpe mientras parpadeaba confundido, tardé un poco en cavilar lo que sucedía cuando al fin miré con atención al sujeto. No era nadie relevante, solamente un tipo que me despertó porque sí.

—Ah... Hm, disculpa. Estoy de visita, realmente no tengo donde hospedarme.

—Bueno, al menos estas aquí, en Puerto Franco. Agradece que aquí no suceden asaltos ni nada similar ya que normalmente descubrimos y atrapamos a la gente maleante, en especial todos esos tarados grupos como los famosos Team Rocket. ¿Sabes? Muchos han intentado sacudir Valora, pero siempre, de alguna manera, logramos expulsarlos.

—No lo entiendo... ¿Porqué me cuenta esto?—. Respondí mas bien confundido, sabía perfectamente quién era yo, y de donde venía. Pero a pesar de todo mi confusión era verdadera.

—¡Eso! Que la gente Malvada nunca logra su cometido. En fin, supongo que eres de los tantos que desde hoy muchos, literalmente, decenas de entrenadores han empezado su odisea para proclamarse el primer campeón de Valora. Hm, inclusive se han precipitado tanto como para que el Profesor Oak no le alcance eclosionar a varios Pokémon. ¿Cuanto llevas aquí?—me dijo el sujeto mientras lo miré algo sorprendido... Hace unos momentos no había nada de gente en el laboratorio. A menos, claro, que ya lleve rato y ahora sí se haya atiborrado.

—Llevo apenas unas pocas horas aquí, provengo de Kanto. Y sí, estoy aquí para probar suerte

—Unas pocas horas. No te creo

—¿Porqué?

—El Pokémon que tienes ahí no me dice eso

—¿Pokémon? Ah, se refiere al huevo, sí. Hace unas hora- ¡Woa! ¡¿Pero qué..?!—. Exclamé sorprendido cuando, donde había un huevo, ahora efectivamente se hallaba un Riolu. Mi susto y mi sorpresa hizo que el canino despertara con un poco de mala gana, parecía haber disfrutado de la siesta que le acabo de interrumpir.

—... Eres, extraño

—¿Cómo..? Ah, como sea. Hace unos momentos esto era un huevo. Realmente no sé que hice para que eclosionara

—Pues si te hice la pregunta del porqué no te creía era porque, creo yo. Desde ayer te vi, y después de un rato te observe desembarcar junto a las decenas de turistas. Una hora mas tarde regresaste al puerto con un huevo entre brazos

—Bueno, supongo que- eh, espere. ¡¿Dijo ayer?!

—Viaje agotador, ¿eh? Como sea, mira, realmente no me importan los turistas, pero si vas a ser entrenador te deseo suerte. Tienes mucha competencia muchacho. Me sorprende que la noche ni te haya inmutado, tanto a ti como el ahora tu Riolu. Igual, es algo que ya ha llegado a pasar con otros turistas, solamente. Procura no hacer eso frecuentemente, ¿quieres? No siempre estarás en una zona segura... Suerte—el sujeto sin más se fue dejándome atónito, eso explicaba que el huevo estuviera eclosionado.

Escucho un bostezo y siento algunos movimientos, así que miro hacia mi izquierda y veo como Riolu se talla un ojo, a pesar de todo. La escena era, tierna, cuanto menos.

—Hey, disculpa el haberte despertado, la verdad no creí que nacieras tan pronto. Y mucho menos que te quedaras conmigo. ¿Sabes? Dicen que eres un Pokémon justiciero, no me parece que seas el indicado para la clase de cosas que hice y estoy por hacer, como sea. Siempre puedo apañarmelas a conseguir a alguien más, así que si gustas. Puedes irte—. Dije de manera más calmada, después de todo. El descanso me sirvió de mucho, ahora sin dudas me sentía mejor, aunque recordara a esa maldita persona que me acompañó en el viaje.

Sin embargo, miro un momento al Poke quién hizo un gemido que supe era de extrañeza y pronto me miró de manera confundida, como si no comprendiera lo que le dije.

—Vamos, puedes ver los auras. ¿No te intimido con solo estés aquí conmigo?—apenas termino de hablar y el canino retrocedió un poco la cabeza en señal de confusión, mientras la mueve de un lado a otro dando una negación. Sin dudas... este viaje es peculiar.

—Eres extraño, ¿en serio quieres estar conmigo?—. Digo mientras el Pokémon me responde con un sí con la cabeza mientras se alegraba al mismo tiempo. No lo entendía, tengo una misión, pero dudo que la organización se tomara la molestia de decirle a Oak que clase de Pokémon tenía que recibir, digo, ya que en cierta medida me pareció que sabía lo que me daba, eso. O era el clásico cliché del "novato con suerte". Como fuera, el pequeño Riolu al fin se aparta de mi chamarra y desciende de un brinco, colocándose enfrente de mí y asintiendo de nuevo mientras cerraba los ojos de manera alegre, como si esperara que le dijera algo.
Me rasco la cabeza un poco y pronto recordé lo de la Lujoball. Así que lo saco y lo miro un momento. Veo al Pokémon en cuestión quien seguía expectante, de alguna forma no me sento del todo cómodo con la situación.

Sin muchas ganas, aprieto el botón para agrandar la esfera y la arrojo hacia el Pokémon quién se vio envuelto en una luz roja, la esfera cayó sin mas y apenas agitándose levemente, el aparato dio por capturado al ser. Me levanto y tomo la pokeball arrojándolo de nuevo al aire quién sin mas, salió Riolu. Nuevamente, parecía estar a gusto. La máquina regresa a mí y la atrapo sin problemas.

—Siempre me contaban que las "vibras" que uno le da a un Pokémon, en especial al nacer, son sinceras... El monstruo en cuestión sabe lo que le espera y sabe con la clase de persona con la que convivirá. Personalmente nunca me creí eso, pero... Me agradas. En mis inicios, todo Poke que tenía nunca les agradaba o no confiaban en mí. Nunca. Pero tú, pareces estar realmente a gusto—apenas termino y Riolu gime emocionado mientras me afirma el comentario de nuevo.

—Jeje, esta bien. Riolu. Serás mi inicial entonces, cuanto antes comencemos nuestra travesía, mejor. Nos espera un muy largo trayecto. Ven, súbete en mi espalda, seguro mis tenis te servirán de soporte—el canino no tardó en asentir y sin más me salta encima, asomándose fácilmente por encima de mi cabeza, posando sus dos diminutas manos en todo mi cabello por encima, como si se apoyara en mí para observar. Aunque su peso era realmente más grande a lo que esperaba.

—B-Bueno... Seguro ya me acostumbraré, parece que el Centro Pokémon esta cerca. Tengo que hacer una llamada, vamos. Uhm, me parece que debería ponerte un mote, tu sabes. Para que no necesariamente te tenga que llamar por tu especie... seguro ya se me ocurrirá algo—. Digo un poco reflexivo mientras me acomodo un poco las cosas y me dirijo sin más ahí.

No pasó mucho cuando al fin ingresé, viendo algunas personas ahí. Vi a una niña... O a un niño, no sabía con certeza. Con trozos de cascarón encima suyo mientras parecía que un Pichu salia de él, no le di mucha importancia mientras vi a otra chica con un Swablu en su cabeza, algo que realmente no veía frecuente en las tantas imágenes que la gente se compartía por internet. Igual, tengo a un Riolu en la cabeza, no es como que fuese el único. ¿Verdad?

Sin más miro alrededor y veo un pequeño apartado donde se hallaban unos teléfonos colgados en la pared, seguro era arriesgado decir cosas explícitas con gente presente. Pero había formas, así que con calma me dirijo allí y descuelgo el teléfono marcando una peculiar secuencia de números, poco después, me atienden.

—¿Eres tú, Nuvoir? Me parece que el código que digitaste es para dar una breve actualización.

—Sí, así es. Dejémonos de rodeos. Ya consulté al porfesor Oak que admito no esperé que el estuviese aquí. Y ya tengo a mi primer Pokémon, estoy disponiéndome a hacer unas pocas pruebas y comienzo a dirigirme a la primera ruta.

—Entendido... ¿Sospechas?

—Me parece que nadie las tiene, estuve preguntando por todos lados y deberé hacer dos cosas; o me espero aquí, o mejor me pongo a vagar un rato haber qué encuentro.

—Ah, entiendo. Excelente... No olvides porqué hacemos esto, chico. Será arduo, y muy extenso. Pero si lo consigues, seguro que conseguimos dar ese avance que tanto ha añorado el Team Rocket.

—Sí, lo sé. Oye... ¿Seguro que estas bien? No me da mucha seguridad el tono que usas conmigo, ya sabes lo que te dije. Eres muy susceptible a los chismes, y te he repetido hasta el cansancio que dejes de hacer eso

—Y sigues cuestionando nuestros métodos, esta operación es especial, no solamente porque eres el único que está de incógnito. Si no porque en serio sería un gran progreso. Sé paciente Nuvoir. Esta, como muchas otras excursiones, nos la estamos tomando muy en serio

—En fin, lo que digas. Te llamaré cuando consiga mi primera medalla, ¿de acuerdo? Verás como te hago sentir orgulloso. Usted que siempre insiste que no lograría pasar ni en broma la primera prueba. Jejeje, ¡adiós amigo!—sin más cuelgo y me dispongo a salir, aunque me detengo a medio camino y decido sacar el mapa para revisarlo. Uhm, no parece haber algo más interesante por aquí. Supongo que estar por entrar a la Ruta 01 y poner a prueba algunas habilidades de Riolu no estaría mal. La única pega que esté encima mío, es que no me permite ver sus expresiones, pero de alguna manera sé y siento que en realidad, le da igual.

—Riven...—murmuré—¿Qué te parece el nombre de Riven? Creo que no es tan distinto a Riolu y me parece hace un poco de juego de palabras con un par de cosas. No soy muy bueno dando motes a decir verdad, pero creo ese te puede gustar. O dime... ¿Alguna sugerencia?—como puedo, volteo detrás mío mientras inclino la cabeza y el canino trataba de hacer lo mismo para vernos, puedo ver que me niega y pronto brincotea un poco delatando emoción.

—Así que no te molesta, si no que encima te agrada. ¡Excelente! Vamos entonces Riven, tenemos un viaje que emprender.—sin más salgo del Centro Pokémon y me dirijo hacia la aclamada Ruta 01, llevará otro rato hasta arribar, pero al menos, creo yo. Por el momento no hay presión.
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[Imagen: 351EVYa.png] Riolu @ Riven

Habilidad: Foco Interno
Nivel: 5 | Exp.: 0
-Ataque rápido
-Profecía
-Aguante
-Patada Ígnea
Pokémon en Fase Intermedia

Kit de Entrenador
Dinero: 2.000
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa •  SmartWatch
[Imagen: AmksQRC.png](x5)Pokéball • [Imagen: GkMEQlS.png](x1)Lujoball (Riolu) • (x3)Poción
[Imagen: qWRNSIv.gif]
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#9
Diario de mi primera aventura pokemon.
Día 1 en Valora

Querido diario, después de escapar de mi madre y que me gritara por teléfono al fin estoy en Valora, estaba emocionada y extasiada por dentro, y jodida por fuera, no podía creer el calor que hacia en esta playa.

"¿Así son las playas del mundo? ¿Calientes?". Me pregunte a mi misma.

Pensé en no llamar a mi madre en un par de días. Si me viera con esta cara derretida que tengo, aparte de un enorme te lo dije, seguirán los sermones de regresa a casa, y los te extraño y esas cosas.

Pero vengo preparada para un clima cálido, este clima es especial para los pokemon tipo bicho, espero.

Mi primera parada en Valora fue el puerto Franco. Es un lugar enorme. Es un puerto mucho mas grande que el que hay en ciudad Puntaneva, se nota que es un área comercial. El edifico enorme al centro del todo da muy buena vista desde que uno desembarca.

Mucha gente bajo del barco junto conmigo. Algunos quizás vienen a hacer cosas importantes porque estan de traje, otros tienen pinta de ser entrenadores de mucho tiempo, y otros novatos al igual que yo. Creo que soy la única que no esta haciendo nada y esta sudando. Pero no vine a este lugar para que me de un golpe de calor viendo los barcos y la arquitectura del lugar.

El lugar es muy pintoresco, todos te saludan y te hablan con facilidad. Me encontré a un tipo que estaba viendo las grúas, y lo rápido que bajaban y subían las cargas de los barcos, cuando me le acerque me dijo "la ciencia es genial". Solo se me ocurrió decirle "ya lo creo", pues era tipo bastante curioso.

Busque a alguien que me indicara donde encontrar el laboratorio pokemon, rápido me preguntaron si venia a ver a Oak, yo le respondí que si, ni sabia que Oak estaba aquí. Rápido me indicaron donde estaba el lugar, también donde estaba una tienda cercana. De seguro me vio con sed, sudo lo suficiente para atraer a los surskit al charco que estoy dejando en el suelo.

Rápido decidí ir directo al laboratorio. Mire a todos muy ocupados, recopilando datos y revisando correos. Trataba de no estorbar cuando de repente lo vi. Oak el profesor pokemon, mola mas en persona y es muy amable. Me molestó un poco que me preguntara por mi sexo. Se que soy alta y pero no es para tanto.

Charle un poco con el. Me explico cosas básicas sobre los pokemon, y luego me pregunto si me interesaba mucho lo de ser campeona de liga. Yo le dije que eso es muy común, yo quería tener mi propio gimnasio de pokemon bicho. Sabia que muchos no son muy fuertes, pero guardan un espíritu competitivo en su interior que es difícil de parar. De seguro tuve ese raro brillo en los ojos cuando hablo de pokemon bicho, ese que mi madre dice que es muy típico de mi, y que se ve raro en una chica. A Oak no le pareció poco normal, quizás ya se a topado con muchos fanáticos de los pokemon. De hecho me dijo que tenia algo especial para mi, y me dio una Malla Ball. Eso solo podían ser 2 cosas, un pokemon de agua o un pokemon tipo bicho.

Creo que comencé a sudar de mas, porque creo que se me quedaron viendo los ayudantes del profesor. No se si es por que es la primera ves que ven a una chica sudar tanto por nada, o mi charla con el profesor sobre los pokemon bicho. Al abrir la pokebola, no podía creer lo que vieron mis ojos. ¡Mi propio venipede! Creo que le di muchas gracias al profesor y le di un abrazo. Espero no haberlo dejado cubierto de mi sudor.

Baje por la pendiente hasta una tienda que me indicaron. Compre un par de pociones, unas pokebolas y agua para refrescarme de ese día.

Después me dirigí al centro pokemon. Creo que descansare para aclimatarme un poco, tanto sudar me va a matar y dejara inconsciente antes de siquiera atrapar mi primer pokemon. Me quede un poco para revisar el mapa y el SmartWatch que me dio Oak, me dijo que me servirían de mucho. Me puse a revisar los lugares donde podría conseguir un compañero a Quilo, el mote que le puse a mi venipede.

Creo que pasare la noche en esta ciudad. Primer tropiezo, mi meta de ser líder de gimnasio y es parada por un día soleado, tengo que tener eso en mente.

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 Quilo | Hab.: Punto Tóxico
Nivel: 5 | Exp.: 0
Rizo Defensa |Desenrrollar | Picotazo Venenoso


Dinero: 2.000
Inventario
[Imagen: AmksQRC.png](x5) • (x3)


Objetos Clave
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa •  SmartWatch
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#10
Capítulo 1
 
     El viento soplaba con confianza, aunque sin molestar, apaciguando el calor de un día despejado de nubes. La brisa parecía ser más fuerte sobre un barco blanco que se encontraba a minutos de atracar en el puerto. En su cubierta, un chico de cabello rubio oscuro y ojos marrones avistaba con ansias su destino. Ahí comenzaría su aventura por el Reino de Valora.
 
     Se bajó del barco, se sentía nervioso, llevaba puesta su ropa favorita, una camiseta rosada sin ninguna decoración, y unos pantalones negros, además de su mochila y una chaqueta de cuero negro para abrigarse.
 
     Caminó por la colorida ciudad, para sus ojos, era difícil creer que lo que veía. Puerto Franco, la primera ciudad de la Región Castellia, era una mezcla multicultural enriquecida con un montón de tradiciones. Ahí llegaban las personas de todo el mundo, debido a eso era su interesante y armoniosa mezcla de colores, personas y ritmos. En aquel puerto desembarcaban enormes barcos, mercantes y trasatlánticos. La arquitectura del lugar seguía la misma tendencia, áreas medievales, de influencia árabe o mediterránea.
 
     El chico sintió mucha curiosidad por todo, tenía ganas de explorar la zona, pues había una feria muy llamativa que se robaba todas las miradas. Veía la posibilidad de aprender sobre los pokémon en todas partes.
 
     Siguió su camino por la urbe, adentrándose por una zona medieval, todo estaba construido con ladrillos y madera, con algo de metal para ayudar con los soportes o las rejas, con un toque moderno y actualizado. Las edificaciones eran majestuosas, los colores que le faltaban eran suplantados por flores, las que abundaban a más no poder.
 
     A cada paso que daba, las casas parecían alejarse entre ellas, para llegar a su destino en la ciudad debía subir una pequeña colina, al oeste, alejada del bullicio de la ciudad. Tenía muchos arbustos y varios árboles, como pinos y robles. Arribó al Laboratorio Pokémon, era un edificio no muy grande, de murallas blancas, tejado verde y dos pisos. Desde ahí se podía ver todo el puerto, era una vista hermosa, el sol ya se estaba poniendo, reflejándose cálidamente sobre el mar, las luces ya comenzaban a prenderse tímidamente.
 
     Golpeó la puerta, con moderada insistencia, un anciano le abrió la puerta, tenía las cejas pobladas y su cabello era canoso, llevaba una bata blanca de científico sobre su ropa, él dirigía aquel recinto.
 
     —Buenos días profesor —saludó cordialmente, aunque algo tímido y nervioso—. Lamento la tardanza, es que el barco tuvo un retraso.
 
     —¡Ah! Alec. Sí, no te preocupes —le contestó haciéndole un gesto para que ingresase al laboratorio—. Ven, sígueme.
 
     Lo condujo por dentro del lugar, había un montón de máquinas y pokéballs por todas partes, un desorden generalizado.
 
     —Desde que escuché de tus ganas de ser investigador y que vendrías a Valora para participar en la Liga, pensé en un pokémon para ti —le comentó—. Es un pokémon relativamente común, aunque no menos misterioso —lo llevó hasta una mesa con un enorme huevo en ella—. Creo que será ideal para ti, con él aprenderás también a criar un pokémon. Me costó mucho conseguirlo.
 
     —¿El huevo? —preguntó algo incrédulo— ¿Aún no se abre? ¿Qué pokémon tiene?
 
     —Eso tendrás que descubrirlo por ti mismo. También ten esto —le pasó cinco pokéballs, un mapa, tres pociones y un smartwatch, éste último se lo puso en la muñeca, lo demás lo echó a su mochila—. Y toma esto —le pasó una sexta pokéball, pero con un diseño diferente, tenía círculos verdes sobre un fondo negro, la línea que separa ambas semiesferas era roja.
 
     —¿Una duskball?
 
     —Úsala en el pokémon que salga del huevo. Ahora vete, debes descansar antes de comenzar tu viaje, ve al Centro Pokémon de la ciudad, es muy grande.
 
     —Sí, gracias —el chico se despidió con el huevo en los brazos, devolviéndose por el camino que había transitado.
 
     Alec llegó a la feria que tanto le había llamado la atención, ahora había más gente que antes, las luces colgantes brillaban por los pasillos, los puestos ofrecían sus productos a cada persona que pasaba, con muestras gratis para captar a los clientes. Era viernes, y la noche recién había caído sobre la urbe, era una pequeña fiesta al aire libre que se realizaba todas las semanas.
 
     Siguió su camino, cada puesto, cada tienda, cada artista era digno de ser contemplado por unos minutos, las degustaciones renovaban su paladar como ninguna otra comida lo había hecho antes. Poco a poco, sin soltar su huevo, llegó a un puesto en particular, donde se lucían varias botellas de un líquido dorado en su interior.
 
     —¿Qué es esto? —preguntó Alec muy curioso.
 
     —Es Dorado Castella —explicó la encargada del puesto, era una mujer regordeta y de mirada simpática—. Es vino de altísima calidad que se exporta a varias partes del mundo, está hecho de baya uvav. ¿Quieres probar un poco? Eres mayor de edad, ¿cierto?
 
     —Tengo dieciocho años.
 
     —Muy bien, aquí tienes un poco —le sirvió en un vaso pequeño, el chico tomó un sorbo y sintió un sabor dulce muy bien mezclado con un toque ácido que amenizaba la experiencia—. Vaya, está muy rico.
 
     —¿Vas a comprar? —lo miró con ilusión, pensando que había captado un cliente.
 
     —No, no tengo dinero.
 
     Alec siguió recorriendo el jolgorio de la ciudad, de un momento a otro comenzó un pequeño desfile de disfraces, con temática orientales, muy bien elaborado. Había algunos payasos o stands dedicados a pintar la cara a los niños. Incluso había una cancha de tierra disponible para librar batallas pokémon.
 
     Luego de una extensa jornada, Alec decidió dirigirse al Centro Pokémon, dar un paseo por una ciudad, luego de viajar en barco, y cargando un huevo, era sumamente exhausto. Además, había caminado mucho, era necesario descansar.
 
     Llegó al Centro Pokémon, se registró con la enfermera y le asignaron una habitación, estaba de suerte, era la última que quedaba disponible. Subió a su cuarto y se desplomó cuidadosamente sobre la cama, no quería dañar al huevo. Se quedó inmediatamente dormido, ni siquiera se alcanzó a sacar la ropa.
 
     Alec comenzó a sentir el calor del sol sobre su rostro, era molesto, así que decidió abrir los ojos para ir a bañarse, pero lo único que vio fue una aterradora cara oscura, con enormes ojos blancos de pequeñas pupilas, y una enorme sonrisa.
 
     —¡Aaaahhh! —pegó un grito, pero la criatura no se espantó— Eres un Gastly, ¿saliste del huevo? —la criatura sólo lo observó, manteniendo esa sonrisa en su cara, estaba rodeada de un gas púrpura y no era nada más que una esfera flotante— Lo siento, soy Alec y seré tu entrenador.
 
     El Gastly se le acercó y le dio un lengüetazo en todo el rostro, el chico cayó sobre la cama, paralizado, sentía cosquilleos por todo su cuerpo.
 
     —Parece que le agrado —con sus ojos, que era lo único que logró mover, pudo observar que su nuevo compañero seguía sonriendo, pero con una expresión sin maldad, más bien ternura—. Creo que te llamaré Sonriente.

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Equipo
[Imagen: Gastly_XY.gif]
Sonriente (Gastly ♂) [Imagen: JO8FnBs.png] Niv. 5
Tipos: Fantasma - Veneno
Habilidad: Levitación
Exp: 0
Movimientos:
Hipnosis - Lengüetazo - Rencor - Canto mortal

Mochila
Dinero: 2000 - Ficha de Entrenador [Imagen: VRIeVFd.png]
Mapa [Imagen: 0n13ktF.png] - SmartWatch [Imagen: V9xr8wo.png]
Pokéball (x5) [Imagen: AmksQRC.png] - Poción (x3) [Imagen: F1RxlKW.png]

[Imagen: giphy.gif]
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#11
Prologo: VALORA Tu Vida
I
El olor a sudor en el pequeño barco que se dirigía hacia el Puerto Franco en la región de Castella era de lo más insufrible, ni hablar del calor que hacía. Si no se quitaba ni desabrochaba la chaqueta, era porque no quería darle el gusto a los agradables tripulantes que le acompañaban entre costales de bayas, con miembros tan variopintos como un señor barbudo quien sostenía una figurilla de Arceus mientras daba vueltas en el piso y unos marineros sin camisa que le causaban una ansiedad comparable con la de una wooloo paseándose debajo de una bandada de corviknight.

—Al menos lo conseguiste con tu trabajo, Beatriz —dijo la aprendiz ranger abanicándose con su boina—. Recuerda eso.

Aun le dolían las manos de cuando tuvo que hacer limonadas para pagarse un espacio en ese carguero; ese maldito exprimidor estaba más duro que un geodude con la defensa al máximo. Su madre nunca le regaló nada y desde que era bebé tenía que ganarse el biberón posando para diferentes revistas, aún tenía varias de esas en la casa familiar de la que tuvo que irse tan solo con diez años. El profesor Ciprés estaba indispuesto por una enfermedad de esas nuevas que aparecían de repente y para sobrevivir tuvo que unirse a los ranger quienes tampoco estaban pasando por una buena situación.

La prueba de ello era esa chaqueta descolorida, una boina que habían encontrado tirada en el suelo y una falda de monja que era de lo más impráctica para alguien que tenía que pasarse varias horas entre el pasto. Sus recuerdos fueron interrumpidos por el sonido de la sirena del barco, señal de que habían llegado al Puerto Franco. Su instinto de supervivencia, que adquirió en el momento que su madre la dejo flotando a la en el mar con su flotador de Teppa Pig, le hizo recluirse en la esquina a esperar que los demás tripulantes bajaran. Se quitó los mechones blancos que se habían pegado a su frente mientras suspiraba.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al recordar porque había venido. Era el día en que le iba a demostrar a su madre que podía cuidar de pokémon y que lo de ese pachirisu que acabó en la licuadora fue un estúpido accidente, al igual que el rockruff que cayó al lago por motivos que no tenían nada que ver con un pequeño raspón en su rodilla. Aquel día iba a recibir su doceavo pokémon, pero que sería el primero de su nueva vida, sin magikarp yéndose por la coladera.

II

Al riesgo de que sea el peor chiste de la existencia, Bea debía decir que el Puerto Franco era francamente espectacular con sus construcciones, que pareciera que un machamp gigante hubiese partido varias ciudades del mundo para combinarlas de un plumazo. Dependiendo de a donde miraras aparecía gente con kimono, altos castillos e iglesias custodiados por viejos brozong y edificios frescos de arenisca. Al parecer no era la única que recogía a su pokémon puesto que podía ver a jóvenes con diversas criaturas con aspecto de recién nacidos, incluyendo a un chico con un huevo de color amarillo raro y una chica de coletas con un swablu en la cabeza.

—Más le vale a ese viejo tener uno para mí —murmuró dirigiéndose hacia el borde del pueblo donde le dijeron que estaba el laboratorio.

El lugar de trabajo de ese viejo fue bastante difícil de encontrar entre tanto edificio peculiar, pero finalmente lo encontró encima de una colina. Una pareja de pokémon pajaros estaban besuqueándose en el alfeizar de una de las ventabas del laboratorio pokémon. Uno de ellos era un pidove que desapareció en cuanto alzó la vista, después de abrocharse las botas.

Ana Beatriz soltó un suspiro de resignación mientras comenzaba subir la colina.


Una puerta hortera apareció frente a ella cuando lo logró subirla. Al menos el calzado que le habían dado funcionaba bien. Algunas miradas de los científicos le seguían al entrar, sobre todo por su peculiar atuendo. El laboratorio del profesor Oak no era más que cualquier laboratorio genérico en este mundo. Los ayudantes miraban plantas de manera fija por alguna razón que no tenía humor de averiguar, había varios libros de biología metidos en las estanterías y pequeños insectos paseándose en los rincones, aunque en realidad sospechaba que esos chicos no eran parte de ninguna investigación.

—Ah, bienvenida —dijo Oak ajustándose la bata—. ¿Eres Ana Beatriz Miller?

—La misma —asintió Bea colocando sus manos detrás de ella.

—Bien. Acá esta.

El viejo profesor tenía una esfera negro carbón con detalles dorados.

—¿Este es mi pokémon? —preguntó la aprendiz de ranger.

—No. Ese es.

Bea puso los ojos en blanco cuando miró a su nueva compañera. Era una pidove con la pata atada con una cuerda al alfeizar de la ventana. Al parecer le habían arruinado el pequeño momento romántica a la paloma. La muchacha volvió a suspirar mientas agarra viada y lanzaba la lujoball que le dio en la cabeza al ave. Antes de que pudiese sentir dolor, la esfera se abrió, absorbiendo a la pequeña tortolita, la cual cayó al suelo junto al artefacto antes mencionado.

Menos mal que su entrenamiento de ranger le había proporcionado de buena puntería.

La pidove no tenía muchas ganas de resistirse, así que después de unas cuantas sacudidas, un chasquido anunció la captura de su primer pokémon. Se guardó la lujoball en la mochila de cuero que tragó desde casa.


—Felicidades. Ya tienes a tu primer pokémon.

—Gracias.

—Una cosa más.

La arrugada mano del científico le ofreció un reloj que abrochó a su muñeca, un aparato azul, cinco esferas de menor calidad, tres botellas espumeantes de vidrio tintados y dos billetes de 1000 pokés.

—Tengo un mal presentimiento —dijo Beatriz abandonando el laboratorio.

III
—¡Ese maldito pervertido me estafó!

—Creo que tienes que tenerle paciencia, querida. Desde mi ventana he visto que le ha dado muchos pokémon a muchos jovencitos.

Beatriz estaba sentada en un banco con Pilar (así quiso llamarse) en el regazo. El poder hablar con los pokémon le parecía más una maldición que una bendición. Supo de este supuesto don cuando escuchó las suplicas del rockruff por encima de la música de Gloria Trevi que escuchaba en su poképod.

—¿¡Ahora que vas a hacer!? —dijo la pidove inclinando su cabeza—. Me debes una.

—Yo no le debo nada a una paloma. Quieras o no, ya eres mi pokémon, así que me temo que me tienes que ayudar.

—Arruinaste mi apareamiento, ¿eso te parece poco?

—¿Y qué quieres que haga?

—Vas a necesitar a otros pokémon para completar esa liga tuya, ¿no?

—Supongo.

—¡Quiero un compañero! ¡De mi mismo grupo huevo a poder ser!

—¿Y qué ganó yo con eso?

—Que no me deje debilitar en el peor momento.

Beatriz entrecerró los ojos.

—No serías capaz de hacer esa estupidez…

Pilar le devolvió la mirada con esos ojos muertos.

—Tú más que nadie debes de saber lo que puede hacer una hembra por amor.

—Deja de decir, estupideces —murmuró Bea sonrojada.

—Ahora, si me disculpas…

Pilar aleteó hasta aterrizar en la boina.

—Creo que me quedaré aquí. Vamos, a la primera ruta, he visto a varios pidgey que están para morirse.

Ana Beatriz Miller soltó un gruñido de exhaustación. Ya era demasiado tarde para echarse atrás.
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#12
Arche II: Insaciable

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 —¿Por qué no vas a dar una vuelta con tu nuevo Pokémon? A lo mejor te termina gustando eso de la aventura regional.
 
—Estoy en eso.
 
Más de ochocientas especies conocidas por el mundo. Más de setecientos movimientos registrados en la pequeña enciclopedia que llevaba al reloj. Rotom decía que para una eficiencia óptima, un Pokémon no debería practicar más de cuatro movimientos a la vez. Si naturalmente su pequeña espada con un ojo aprendía quince movimientos, más lo que la enciclopedia refería como “movimiento huevo”, la cantidad de combinaciones de ataques de las que era capaz su Pokémon Inicial era de… cuarenta y tres mil seiscientas ochenta.
 
Ni una más, ni una menos. Y era justo lo que estaba buscando. Incluso si decidía no asentarse con su pequeño y afilado Honedge, elegir seis de entre ochocientos… podían armarse más de doscientos setenta mil billones de equipos diferentes. Trece mil trillones de combinaciones de ataques libradas al azar en el momento en que una Pokéball se abría para dar comienzo a un combate completo.
 
—Dile a mamá que estaré en el camino a Ciudad Nerea. Volveré para la hora de la cena.
 
A pesar de que parecía la numeración menos original jamás imaginable, el sistema de identificación de las rutas era increíblemente práctico para la gente que llegaba a Castella desde el puerto. Si quieres llegar centro de la región, levántate para una buena caminata por la ruta 1, tómate una leche sin pasteurizar de los tambos de Nerea para conseguir una buena dosis de salmonella, sigue por la ruta 2 y para el anochecer estarás en Foresta.
 
Pero para eso debías estar en forma. En su vida iba a ser capaz de caminar casi treinta kilómetros en un día. ¿Cómo diablos iba a llegar a Nerea sin alguien que mamá la llevara en el coche? Sería mucho más cómodo, sí… pero eso significaba que Mari iría con ellas. Lo que incluía tener que escuchar a "Teppa La Cerdita" durante todo el viaje en la pantalla que había atrás del auto.
 
No, no no. Los Entrenadores hacían los viajes por su cuenta. La gente conocía esa tradición, por eso los Centros Pokémon eran gratuitos para cualquiera que poseyera una Tarjeta de Entrenador.
 
—Rumba.
 
“Estoy en desacuerdo con el nombre personalizado que has elegido para mí.”
 
—Me gusta Rumba.
 
“¡Es el nombre de tu aspiradora, pero con una letra cambiada! Y has hecho lo mismo con tu Honedge...
 
—He estado leyendo un poco sobre Mare— comentó, ignorando sus quejas por completo—. Al parecer tener una espada voladora a mi lado hace que los Pokémon se me echen encima.
 
“Sí, Indefenso atrae a los Pokémon salvajes, debido a que los ven como un blanco fácil para entrenar. Cabe aclarar que con una buena estrategia de combate, Mare puede ser… un tanto peligroso.”
 
Era bastante extraño que un Pokémon recién nacido tuviera la versatilidad de usar cuatro movimientos desde el comienzo. Aunque siendo realistas, Oak probablemente se las había ingeniado para meter una espada en un huevo y hacerlo pasar por “una criatura que debes cuidar y proteger desde su nacimiento”. Con una chance del 0,03% de adivinar el código de seguridad en tres intentos, prefería no poder acceder a esa sección de la crianza Pokémon en lugar de bloquear a Rumba y a su casi infinita enciclopedia de información sobre los combates.
 
El pequeño Honedge flotaba a su lado sin emitir ningún sonido, a diferencia de su reloj parlante. Mare había atravesado el capó de ese auto como si fuera mantequilla. Estaba segura que sería capaz de convertir a un puñado de Pokémon planta en ensalada para la cena en un par de cortes.
 
Esperaba que uno de los Pokémon planta de la lista de especies conocidas de la Ruta 1 saliera a su encuentro, pero en su lugar, un pequeño castor regordete salió a saludarlos desde la costa del pequeño riachuelo que las granjas de la ruta usaban para el riego.
 
“¡Es un Bidoof! Nivel 3: con el suficiente cuidado, pueden convertirse en excelentes-“

—Danza Espada.

 
Mare desprendió un brillo azulado mientras giraba sobre su eje como un pequeño trompo. El Bidoof lo miró un poco confuso, sorprendido de que no fuera un simple trozo de leña brillante que pudiera llevar a su dique en Puerto Franco.
 
—¿Puedes hacerlo una vez más?
 
“Todavía no sabemos la habilidad de este Pokémon. Si se trata de un Bidoof ignorante, los aumentos de ataque no surtirán ningún efecto en él. ¡Deberías tratar de ordenarle un ataque!
 
—Usa Placaje entonces.
 
¡BONK!
 
No quería saber qué hubiera pasado si Mare no se hubiera enfundado en su vaina antes de atacar al inocente castor. Lo único que supo es que la estocada que le lanzó en su peluda cabeza lo desplomó de un golpe, sin que alcanzara a saber lo que había sucedido. Lentamente, su Honedge empezó a perder su brillo adquirido, hasta volver a su estado natural.
 
—Ganamos.
 
“Eso fue… un tanto anticlimático para tu primer combate.”
 
—Pero ganamos. ¿Qué datos has juntado, Rumba?

Juraría haber oído a su reloj-aspiradora chasquear la lengua, antes de que su rostro desapareciera de la pantalla en busca de más información.

 
“Se trataba de un Bidoof simple. Luego de dos incrementos de ataque, las posibilidades de que fuera noqueado de un golpe eran de un 37%, así que has tenido bastante suerte… ¿¡qué estás haciendo!?
 
—Danza Espada. Danza Espada.
 
¡BONK! ¡BONK!
 
—Danza Espada. ¡Danza Espada!
 
¡BONK! ¡BONK!
 
Los castores empezaron a correr despavoridos mientras una niña albina corría con una espada atada a la mano que brillaba cada vez más y más. La mayoría huyó al ver lo que había sucedido con el original, pero eso no evitó que un puñado de familiares distraídos del primero quedaran desplomados en la orilla, producto de su despiste.
 
“¡Esto no es un juego de feria! ¡Detente!”
 
—Mare todavía puede pelear.
 
“¡Estás abusando de él! ¿Sabes al menos si quiere seguir peleando?”
 
Arche se detuvo un momento a mirar a su brillante Pokémon. La forma de su vaina parecía dibujar una sonrisa pícara en el filo de su hoja. Si no se apuraban, todos los Bidoof se les iban a escapar.
 
—Avísame si estás cansado de entrenar.
 
“¡Los Honedge no pueden hablar!”
 
—Desearía que tú tampoco— protestó en voz baja.
 
Entre un pequeño griterío, la familia de castores se zambulló en el río corriente abajo, abandonando a sus compañeros inconscientes como si se trataran de un botín a cambio de que no persigan al resto.
 
“Incluso aunque quisieras seguir entrenando, forzar a tu Honedge a combatir no te servirá de nada. Las tasas de crecimiento de los Pokémon tienen rendimientos nulos a partir del tercer combate consecutivo.”
 
—Oh.
 
Sabía lo que eso significaba. Daba lo mismo que jugara al Whack-A-Mole con tres Bidoof o con cuarenta. Si Mare no obtenía experiencia, estaban perdiendo energía para absolutamente nada. Por primera vez, observó a los castores desmayados con un poco de lástima.
 
—Quizás deberíamos volver a casa.
 
No importara que tan rápido quisiera ver aquellos números danzar junto a la imagen de su Honedge en la pequeña pantalla de Rumba, entrenarlo no era algo que iba a conseguir en una tarde noqueando Bidoof distraídos. Si quería ponerse a prueba con las millones de posibilidades que le ofrecía convertirse en una Entrenadora Pokémon, tendría que tomárselo en serio.
 
Salir de su zona de satisfacción, y lanzarse a lo desconocido.

Y aprovechar todas las herramientas que tuviera a su alcance.


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[Imagen: honedge.gif]
[Imagen: cgHyDwr.gif][Imagen: idAM1Kz.gif]
Mare | Hab.: Indefenso
►Exp. Ganada: 300

​​​​​​Nivel 7 | Exp. Actual: 0
Placaje | Danza Espada | Cortefuria | Mismodestino

Dinero: $2.000
Inventario:
[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | [Imagen: fPrqZMl.png]x3

Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa • [Imagen: f7vvhTj.png] SmartWatch

Corregido:
Primer combate: Danza Espada + Danza Espada + Placaje = 3 turnos.
Segundo combate: Danza Espada + Danza Espada + Placaje + Placaje = 4 turnos.
Tercer combate: Danza Espada + Danza Espada + Placaje + Placaje = 4 turnos.

EDIT del lagarto: Okay, Trollko me ha mandado a editar así que cualquier cosa culpa de él. Estamos de acuerdo en que has hecho 3-4 turnos tuyos. El problema aquí es que tienes que narrar también los 3-4 turnos de los Bidoof, que también deben atacar aunque obviamente a un Honedge no le pueden hacer nada. La corrección que te pide Trollko es eso
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#13
Capítulo 2: Un combate negro

Empecé a sentir mi pelo removerse tras mucho tiempo en el Centro Pokémon. Tenía claro que era cosa de Swablu.

— Buenos días, dormilón.

Swablu bostezó y salí del Centro Pokémon con él aún en la cabeza. Se bajó al suelo e intentó volar sin demasiado éxito.

— Vamos a tener que practicar eso antes de nada —dije riéndome. Swablu me miró mal—. Creo que te llamaré Siro.
— Eso no es tan fácil de hacer —objetó el Rotom del SmartWatch.
— ¿Cómo?
— Tienes que ir a que te evalúen el mote y ahí te ayudan a cambiarlo.
— Espera un segundo...

Hice un arreglo en el SmartWatch abusando claramente del libre albedrío y, de paso, marcándome otro OoC inadmisible.

— "Siro" registrado como mote de Swablu.
— Gracias.
 
Al Pokémon volador pareció gustarle. Pero se hizo entonces un incómodo silencio. Podía aprovechar un árbol que había en el lugar para entrenar pero, ¿qué diablos podía hacer Siro?
 
— Rotom, ¿qué movimientos conoce Siro?
— Picotazo, Impresionar, Canto y Vozarrón
— ¿Cómo ha podido aprender Vozarrón si acaba de nacer?
— Cosas del guion y culpa del autor.
 
Me encogí de hombros y me dirigí a Siro.
 
— ¿Practicamos algo esos movimientos? —Siro asintió—. Bien, usa Picotazo contra ese árbol.
 
El Pokémon volador saltó hacia el árbol y lo golpeó con su pico. No era una ataque como para llenar un párrafo en este rol, desde luego.
 
— Hmm… tendrás que aprender a volar bien para poder usarlo mejor —sin contar que era aún un ataque demasiado tosco—. Prueba ahora con Impresionar.
 
A Siro se le oscureció la cara por motivos de guion y empezó a intentar dar miedo. No lo daba realmente, pero vamos a suponer por el bien de la coherencia que sí. A algún Pokémon pequeño asustaría por lo menos.
 
— No es muy vistoso —murmuré. Siro giró levemente su cabeza en señal de extrañeza—. Canto.
 
El Swablu entonó una melodía muy dulce. Demasiado dulce. Cantaba mejor que yo, y eso era mucho decir. Tan dulce que me quedé dormida.
 
Por motivos de guion diremos que tardé cinco minutos en despertarme y por los memes haremos un Arceus ex machina para que Siro me haya podido pintar la cara mientras dormía. Que en realidad no ocurrió pero, ¿y las risas?
 
… Vale, quizás eso es forzar demasiado el guion y Darkus va a reprender al autor. Dejémoslo solo en que me desperté de algún modo.
 
— Ahora… —le dije a Siro mientras me desperezaba de la siesta— usa Vozarrón.
 
Y si el Canto del Pokémon volador era una melodía suave y muy dulce, el Vozarrón era su antítesis: un grito insoportable y ensordecedor; tanto que me tuve que tapar los oídos hasta que paró.
 
— Vaya birria de ataque.
 
La voz que dijo eso era masculina y sonaba burlona. La noté detrás de mí y, cuando me giré, vi que se trataba de un chico, probablemente no mucho mayor que yo, negro de piel y que vestía una camiseta con más colores de los que el autor podría reconocer.
 
— Una entrenadora nueva, ¿cierto? Con un Pokémon tan débil no vas a llegar a nada.
 
Siro se enfadó. En realidad yo no tenía intención de ser entrenadora en serio, pero el guion me obligaba a ello.
 
— ¿Qué pasa? ¿Te ha quemado la lengua el Litten?
— Oye, no te he hecho nada para que andes metiéndote con mi Pokémon.
— Creo que no lo pillas.
— ¿Cómo?
— Pero bueno, es normal. Eres nueva y tienes un Pokémon débil. Este pequeño te derrotaría tan rápido que Darkus reñiría al autor.
 
Me mostró una Pokéball. Era obvio que me estaba retando, pero esas no eran formas.
 
— Ya basta. Combatamos si es lo que quieres.
— Vaya, por fin. Pensaba que solo iba a perder el tiempo. Adelante, Jangmo-o.
 
De la Pokéball salió un reptil de color gris con algunas escamas amarillentas que rápidamente se puso en guardia.
 
— Swablu de nivel 5 contra Jangmo-o de nivel 5 —le aclaró el SmartWatch a Darkus.
 
Espera, ¿eran del mismo nivel? ¿De verdad ese tipo se estaba burlando de mí cuando también era un novato?
 
— Siro, usa Canto.
 
Pero aunque entonó una melodía tan dulce como la que me había hecho dormir antes, el Jangmo-o ni se inmutó. No vi sus ojos cerrarse ni nada que pareciera indicar que el movimiento hubiera hecho algo.
 
— Qué bonito —dijo el chico con un tono irónico—. Jangmo-o, usa Malicioso.
 
El dragón miró mal a Siro, que se asustó. Quizás este combate le resulte pesado al lector pero la culpa aquí es de Darkus.
 
— Usa ahora Vozarrón —ordené.
 
Pero el Jangmo-o seguía sin inmutarse. No solo eso, sino que por orden del autor porque es un dragón se puso en una postura adorable. Era como si no hubiera atacado y no entendía por qué. Hasta que…
 
— Pero serás estúpida —dijo mi contrincante con un tono burlón—. ¡La habilidad de mi Jangmo-o es Insonorizar! ¡No vas a hacerle nada con esos ataques de sonido!
 
Se rió. Me estaba poniendo de los nervios y ni siquiera había atacado aún a Siro como tal. Los maldije a él, al guion y al autor.
 
— Vamos a darle otro turno para que haga algo, ¿sí? Malicioso otra vez, Jangmo-o.
 
A estas alturas no creo que haga falta que narre otra vez lo que hizo el dragón. Al menos el autor puede terminar el combate en el próximo turno y dejar de aburrir a los lectores.
 
— Tsk. Siro, usa Picotazo.
 
Al menos esta vez el reptil sí recibió un golpe por parte del pico de Siro.
 
— Jangmo-o, Placaje.
 
El golpe que recibió Siro fue fuerte, pero consiguió a duras penas levantarse gracias a que el autor sintió que se le quedaba el capítulo corto.
 
— Picotazo de nuevo —. Vamos a acelerar esto un poco para que no le resulte aburrido al lector
— Placaje de nuevo.
 
Los dos ataques, uno después del otro en lugar de los dos a la vez por culpa de Darkus, dieron en sus blancos, pero el que salió peor parado fue Siro, que quedó en el suelo debilitado. En ese momento, por motivos de guion, caí yo también desmayada y, ante mis ojos, aparecieron Unown:
 
[Imagen: InMFGxA.png]
 
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[Imagen: gXaPuxm.gif]
Siro | Hab.: Cura Natural
Nivel 5 | Exp.: 0
-Picotazo | -Impresionar | -Canto | -Vozarrón


Dinero: 2.000
Inventario:
[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | x3


Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa •  SmartWatch
Hic sunt dracones

[Imagen: coURMrK.gif] 
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#14
Azai 2: Su nombre es Pretzel


Ese niño es extraño. Pantalones cortos, gorra roja, zapatillas rojas, mochila roja... y ojos marrones que por alguna razón no dejan de acosarme mientras aprieta los dientes y frunce el ceño.

¿Quiere golpearme o algo así?

O tal vez es el dueño de la mochila. En ese caso estoy en problemas. Trato de alejarme disimuladamente, pero él me sigue, me sigue y me sigue.

—Escucha niño —digo al darme la vuelta—, si esta era tu mochila acabo de ahorrarte un par de palizas en el colegio.

Ahora que lo pienso, lleva su propia mochila. Debe ser otra cosa...

—¡Pelea!

—¿Qué?

—Cuando dos entrenadores cruzan miradas, empieza un combate pokémon. ¡Lo sabe todo el mundo!

Ah, claro. Lo sabe todo el mundo.

—Mira, estoy un poco ocupado ahora mismo, ¿por qué no vas a mirar a los ojos a alguien más? Vamos, esto está repleto de entrenadores.

Quiero decir, ¿cuánta gente recibió su primer pokémon hoy? Prácticamente puedes retar a media ciudad. Pero aún así, el niño insiste.

—¡Son las reglas, pelea conmigo!

Espero nunca tener hijos.

—Si quieres pelear conmigo, tienes que jugar según mis reglas. Significa que si pierdes, tienes que entregarme a tu pokémon.

Pretzel sigue enrollado en mi cintura, pero extiende su cuello hacia adelante para mirar al niño con la expresión más amenazante que puede hacer.

—Éste es mi pokémon, tan grande y fuerte. ¿Estás dispuesto a apostar el tuyo contra mí?

[¡Pretzel ha usado malicioso!]

[¡La decencia de Azai ha bajado!]

—¿Qué diablos crees que estás haciendo?

Una chica corre hacia el niño para apartarlo de mí, graciaaaaas.

—¿Qué pasa contigo, degenerado?

¿Ah? Si fue este mocoso el que me retó.

[¡Pretzel usa Malicioso!]

Ahora ella tiene una extraña expresión de asco en su cara... mientras el niño se aferra a su falda.

—¿Hermana, es verdad que si pierdo se va a llevar a mi pokémon?

—¿Qué? ¡No! —me mira furiosa—. ¿Qué fue lo que le dijiste?

—Vale, vale. Sólo quería asustarlo un poco para que dejara de molestar con que quiere una batalla.

—¡Cuando dos entrenadores cruzan miradas, deben combatir!

¡Está igual de loca que el mocoso!

 


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—¡Kratos, yo te elijo! [Lv.5]

Y de algún modo estamos combatiendo. El niño manda a su pokémon inicial, un pequeño perro verde con mechones amarillos.... creo que he visto estos antes. Como es su primer pokémon, supongo que debe tener el mismo nivel que el mío. Aún así, ese nombre...

—Oye —le digo a la hermana—, ¿qué clase de juegos le compran a este mocoso?

—¡Usa Ira de los Dioses!

El perrito salta hacia Pretzel mientras estaba distraído y lo muerde, pero no logra hacerle mucho daño.

—Bueno, todo tuyo Pretzel.

Decidido, mi pequeño mina de oro atrapa a su pokémon con un ataque de Constricción. Gracias a la diferencia de tamaño puede envolverlo completamente.

—¡Resiste, Ira de los Dioses!

El perrito lucha por liberarse, o por entender las órdenes de su entrenador. Pretzel lo mira fijamente de nuevo con sus ojos maliciosos y el pobre pokémon tiembla indefenso.

—Kratos...

Esto casi me hace sentir mal... el perrito no merece esto.

—Bueno, termina con él.

[¡Pretzel usa Constricción!]

[¡Kratos se ha debilitado!]

[¡Pretzel gana 100 puntos de experiencia!]

—Ah, claro. Era un electrike. Oye, niño, para usar la Ira de los Dioses necesitas las Espadas del Caos, ¿por qué no mejor le enseñas algo que puedan hacer los pokémon?

Aunque creo que sólo estaba usando Mordisco.

—¿¡Cómo te atreves!?

Ahora es la adolescente la que me mira mal... no me digan que quiere vengar a su hermanito.

—¡Toad, yo te elijo! [Shroomish Lv 6]

Oh, venga ya...

—Pretzel, Constricción en el honguito.

Pero algo va mal, porque cuando envuelve a su pokémon, Pretzel empieza a cerrar sus ojos y se queda dormido. Además, esa chica sonríe con malicia. ¡Diablos!

—¡Caíste en mi trampa! ¡El Efecto Espora de mi Toad puede dormir, envenenar o paralizar a mi oponente!

Ahora que lo pienso, su pokémon es de un nivel más alto. ¿Significa que tiene más experiencia que yo?

—¡Usa Venganza!

[Toad está acumulando energía!

Pero hay una falla en su plan. Tal vez Pretzel está dormido, pero sigue siendo más grande y pesado que su hongo, y más aún, su Constricción sigue en efecto, asfixiando lentamente al pobre pokémon.

—¡Vamos, tú puedes!

[¡Toad está acumulando energía!]

Y Pretzel sigue dormido...

[¡Toad usa Venganza!]

Pero ha fallado. El pobre shroomish apenas y puede respirar. Mientras tanto, mi mina de oro ha despertado y lo suelta por un momento.

—Constricción de nuevo.

—¡Espera!

Y Pretzel vuelve a dormirse. Y aquella pobre cosa sigue aplastada, hasta que...

[¡Toad se ha debilitado!] [Pretzel +100]

Eeeeh, ahora la chica también está molesta...

—¡Ve, mi mejor pokémon! ¡Diosa del agua, Aqua! [Magikarp Lv 8]

Debe ser una p*ta broma.

Pero espera, los magikarp solo saben salpicar, debería ser una victoria fácil.

—¡No creas que mi Aqua es como otros magikarp! ¡El profesor Oak me la entregó personalmente y conoce un movimiento huevo! Uno que va a derrotar a tu dragón.

—Sí, bueno. Pretzel, haz... algo.

[¡Pretzel usa Onda Trueno!]

Chispas de electricidad cubren a su magikarp, pero aún así pone una mirada fiera en sus ojos.

—¡Aqua, usa Bote!

Y salta con todas sus fuerzas. Pretzel trata de atarlo pero está demasiado arriba, decidido a caer como un meteoro sobre él, cuando sus músculos se tensan y queda paralizada en medio vuelo. La pequeña carpa inútil cae al suelo como si fuera una bolsa de agua... espero que no se haya roto nada.

—Amigo, usa Constricción otra vez.

Pretzel va hacia la carpa inútil y la aplasta con todo su cuerpo. Aunque trata de agitarse para salpicar, no puede hacer más daño del que recibe y finalmente, se debilita. [Pretzel +100]

Y ahora la adolescente cae de rodillas y empieza a llorar también... ¿qué les pasa a estos dos? De todos modos no quiero quedar como el malo, así que me acerco a los hermanos y les pongo una mano en el hombro a cada uno.

—A veces se gana y a veces se pierde. Lo importante es nunca dejar de luchar. Si siguen entrenando, llegarán a ser entrenadores tan buenos como yo.

Ambos me miran con ojos cándidos. Todo va bien...

—Ahora entreguen a sus pokémon. Fue el trato, ¿recuerdan?

—¿Qué? Pero...

Nah, es una broma. No tengo dinero para alimentar a cuatro pokémon.

—¡Por favor, no te lleves a nuestros pokémon! ¡Haremos lo que sea!

—Bueno, su espíritu me ha conmovido. Creo que podemos llegar a un trato...
 



Qué desperdicio. La chica sólo tenía $400, y su hermano $250. Esto de ser entrenador pokémon no es muy rentable...

Ahora estamos en el centro pokémon. La enfermera está tratando a Pretzel por las heridas de sus combates, si es que se le puede llamar a eso "combate". Al menos parece feliz y subió un par de niveles.

Date prisa compañero. Tienes que crecer y empezar a hacer crías.



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[Imagen: yC20lUn.gif]
[Imagen: d070U18.gif]
[Imagen: 622fGXU.gif]Pretzel | Hab.: Muda
Nivel 7 | Exp.: 0
-Constricción | -Onda Trueno | -Malicioso |
-Niebla

Dinero: 2.650
Inventario:

[Imagen: iOgBUdi.png]x5 | [Imagen: fPrqZMl.png]x3

Objetos Clave:
[Imagen: 0n13ktF.png] Mapa • [Imagen: f7vvhTj.png] SmartWatch
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#15
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Vengo a sacarme la espinita de haber fracasado sin haber empezado en mi primera odisea, espero que esta vez vaya mucho mejor. Pienso trabajar sobre la marcha y escribir sin planificación.

Capítulo 0
 
El viaje hacie el reino de Valora ha sido de lo más apacible, no me puedo quejar. Tampoco es que tenga muchas opciones, prácticamente sin pensarlo ya me encontraba abordando este barco y antes de que me diera cuenta estaba en mar abierto camino a un lugar totalmente desconocido para mi. Otra cosa que no es mucha novedad tampoco, no es la primera vez; pero esta vez era diferente.

Había pasado una semana quizás, desde el día en que comenzó ésta travesía. El sonido de la bocina del crucero indicaba que la costa esta próxima. Subí a cubierta desde mi camarote y como todos los pasajeros admiré la tierra que nos daba la bienvenida; un calor casi tropical se sentía en el ambiente. En unos minutos estaríamos atracando en el muelle.

El desembarco de pasajeros fue algo confuso, todo el mundo quería salir de ese barco donde había pasado la última semana rodeados de mar infinito, yo no era la excepción. El muelle bullía de actividad, no eramos el único barco que había llegado, personas y mercancías iban y venían por donde mirases.

Así que esto es Valora. Me dije para sí cuando puedo comencé a caminar por las callejuelas cercanas al puerto. La gente parecía agradable, y lo mejor es que nadie se detenía a verte, era casi como ser invisible.  Le pedí indicaciones a unas personas que parecían lugareños de donde se encontraba el laboratorio pokémon.

¿Quieres ser un entrenador pokémon? ¿Estás seguro? Nunca has tenido uno, no sabes como se cuidan. Es más, te apuesto que ni siquiera sabes que es un 'pokémon'.  Me repetía una y otra vez en las conversaciones conmigo mismo, no es que tengas muchas opciones para conversar cuando te la pasas encerrado en tu camarote, saliendo apenas para comer y recibir algo de sol.

Mientras divagaba llegué al comienzo de una pequeña colina, sobre ella estaba un gran edificio, mi destino. Fui recibido por una chica, apenas unos años menor que yo; me hizo pasar a una de las habitaciones para que esperara mientras preparaban lo que iba a buscar.  Después de media hora que ya parecía una eternidad vi entrar a la chica, entre sus brazos llevaba un objeto extraño de forma ovalada ¿un huevo?

Perdona que te haya hecho esperar tanto, es que estamos algo congestionados y faltos de personal.
—No te preocupes -
dije tratando de que no se notara mi impaciencia-. ¿Necesitas ayuda con eso?
—Si, por favor.
—¿Esto es un pokémon? -
pregunté mientras tomaba el huevo de sus manos, se sentía ligero.
En realidad es un huevo pokémon, de allí es que 'nacen' los pokémon.

La forma en que recalcó el 'nacen'no me generaba mucha confianza, tal parece que oculta algo o es que me he vuelto muy desconfiado.

¿Y que se supone que haga con él?
—Tendrás que cuidarlo hasta que eclosione, no te preocupes, no tardará mucho. Nosotros llevamos días cuidándolo así que debe estar a punto de nacer. -
la chica parecía muy divertida tratando de explicarme, o quizás era mi cara de confusión- Solo necesita un poco de calor y que le hablen.
—¿Hablarle?
—Si, así como los bebés los pokémon también pueden crear lazos con los humanos; se ha descubierto que este enlace se hace más fuerte si se comienza en esta etapa, es por eso que estamos entregando huevos pokémon a un grupo selecto de entrenadores.
—Comprendo. -
No, no es cierto. La verdad me parece que habla en otro idioma.
—Además del huevo te haré entrega de otros artículos que te serán de mucha utilidad a lo largo de tu viaje. -de uno de los bolsillos de la bata sacó dos artefactos que conocía muy bien, por suerte.
¿Un móvil y un reloj? Pero ya tengo uno, igualmente gracias. -la chica comenzó a reir y no entendía el porqué.
Estos son dispositivos para entrenadores. El primero se llama SmartRotom, es un nuevo modelo. Es algo así como una enciclopedia que almacena la información de cada pokémon conocido hasta el momento. En dado caso de que te encuentres con una especie desconocida su escaner se activará y recopilará datos iniciales; aunque lo ideal es capturar a ese pokémon para un mejor estudio. Esa es su función principal; también te mantiene comunicado con otros entrenadores y con este laboratorio en caso de que lo necesites, cuenta con GPS y funciones básicas de otros dispositivos móviles. Ahora bien, este otro se llama SmartWatch, es una especie de reloj que se conecta al SmartRotom y ambos funcionan como uno solo, así no tendrás que tenerlo todo el tiempo en la mano.
—Entonces toda la información que se almacena aquí la puedo consultar en este reloj ¿correcto? -
pregunté mientras lo colocaba en mi muñeca.
En efecto, tienen la misma función. Ese es el equipamiento básico, también necesitarás esto. Esta es tu tarjeta de entrenador, te identifica como uno de los aspirantes de la Liga Valora, en ella se encuentra toda la información personal que nos has facilitado. -en ese momento la acercó al reloj y este se activó mostrando en su pequeña pantalla toda mi información, incluída una foto- Prosigo, esta Ultraball te será útil para cuando eclosione el huevo, allí capturarás al pokémon que salga y podrás transportarlo con mayor facilidad; estás otras son Pokéballs normales y con ellas puedes capturar a otros pokémon que desees adicionar a tu equipo. -frente a mi colocó cinco pequeñas esferas roji blancas y una negra con franjas doradas.
¿Eso es todo?
—Casi todo, también necesitarás esto. -
comenzó a teclear algunas cosas en su SmartWatch de color rosa que no había notado hasta ese momento y luego lo acercó al mio y con un pequeño toque ambos sonaron. Te acabo de transferir 2000 Pokés; es el dinero inicial que se le da a cada entrenador, con el podrás comprar artículos especiales para los entrenadores en las tiendas pokémon. Puedes obtener más dinero de otros entrenadores siempre y cuando lo derrotes en combate; el perdedor tiene que dar una parte de su dinero al ganador como recompensa y para ello solo tiene que marcar el monto y tocar ambos SmartWarch para que se transfieran.
—¿Alguien se puede volver millonario combatiendo con pokémon?
—No que yo sepa, a menos que seas un profesional.  Como no puedes abandonar la ciudad hasta que eclosione el huevo te puedo sugerir que te registres en el Centro Pokémon y descanses allí hasta que eclosione el huevo. Con eso hemos concluído. Oficialmente eres ya un entrenador de la Liga Valora, felicidades.
—Muchas gracias. -
fue lo único que alcace a decir, no tenía idea de que se hacen en esos casos.

Después de la despedida y con la ayuda del SmartRotom llegue al Centro Pokémon.  Fui recibido por otra joven que gentílmente me facilitó una de las habitaciones que estaban disponibles para los entrenadores. Allí me encontraba yo, mirando fijamente a ese extraño huevo pokémon; un huevo blanco nacarado con una franja roja, en algunas partes azules, en forma de rayo.
[Imagen: Q8Btjas.png]
• Indigno de ser humano •

Mi Aventura en la Liga Valora
Episodio #02
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